30 Nov 2008
Hoy toca Relato Dominical: "Tic-Tac".
TIC-TAC, tic-tac, una y otra vez, me retumba en los oídos el sonido de las agujas del reloj y me despierto sobresaltada.
No hay forma de retomar el sueño, ni mis nervios ni mi mente me lo permiten. Solo veo por todas partes como avanza el tiempo, y las cosas se me vienen encima. Éste, es lento en su paso, como una agonía, pero es rápido al mismo tiempo, en hacer llegar las obligaciones que no puedo o no quiero cumplir.
Desde que nacemos el tiempo marca nuestras vidas, a veces para bien, otras para mal, pero de cualquier forma, siempre está ahí presente, perpetuo, omnipotente.
Mi persona es como una batería recargable, con una constante energía que hace funcionar el tic-tac de su maquinaria a la precisión, pero que cuando le van faltando las fuerzas, comienza a ralentizar sus movimientos, y volver menos precisas sus acciones, hasta que una nueva carga la vuelve de nuevo exacta, como un ave fénix, que resurge de sus cenizas.
Ahora esa batería, esa fuente de energía que durante toda mi vida me ha acompañado, parece abandonarme por completo. No existe ya dosis suficiente de combustible, arrojo, o ilusión, que haga que vuelva a ser la que era. Quizás, no la cuide como debiera, quizás, todo tiene su tiempo, no lo sé, pero el hecho es, que el tiempo que marca mi vida, mi tic-tac, se está apagando, y cuando vuelvo a escucharlo, no hace otra cosa que sobresaltarme. ¿Habrá llegado ya mi hora? Mejor no pensarlo.
Como un presentimiento, voy dejando resueltos todos los aspectos de mi vida, empezando por los míos propios y terminando por aquellos que afectan a los que me rodean.
No quiero penas, ya hay muchas en el mundo, quiero una maquinaria nueva, un reloj, un nuevo tic-tac como el de antaño, que a pesar de las adversidades más hostiles, salía victorioso de todo. Pero eso es un imposible, lo sé, por eso, me conformo con seguir oyendo mi maltrecho tic-tac el máximo tiempo posible, y cuando éste decida parar definitivamente, haya tenido el tiempo suficiente para haber solucionado todos mis problemas y así no ser una causa de descarga de energía para nadie más.
Otra vez el tiempo, marca mi vida, ¿curioso verdad?, aunque nada raro. Pero esta vez la cita es inexcusable. Y ya lo noto. Mi tic-tac, cada vez prolonga más sus marcaciones en el tiempo, ya no tiene fuerza, y me apago poco a poco, como una vela a la que le falta el oxígeno pero que lucha por mantener viva su llama.
Tic…………………………..tac…… ya ha llegado mi hora, y tomo mi último suspiro, para ir en paz, al compás de mi tic-tac.
13 Oct 2008
La depresión es como la crisis, surge y hay que superarla.
Algunos días, en los que nuestro estado anímico no es el mejor del mundo, intentamos refugiarnos bajo las sábanas de la cama. Hacemos de nuestro lecho nuestro castillo, sólo queremos cerrar los ojos y transportarnos mentalmente a otra dimensión, a otro lugar, y sobre todo a otra realidad. Queremos que el motivo que nos ha llevado a esa situación desaparezca, que se esfume como si de humo se tratara, pero eso, no va a suceder.
Mal de amores, enfermedades propias o de gente a la que queremos, problemas de dinero, o impotencia ante la vida, nos conducen a un mal día o una mala temporada. Corazón y mente son los que más sufren y los que más nos atormentan al mismo tiempo. El motor del cuerpo, el que con cada latido nos empuja a la vida, ahora apaga sus fuerzas y su color rojo intenso parece marchito. La poderosísima mente, esa que controla y da la orden de ejecutar cada uno de nuestros movimientos parece querer ponerse en modo de “stand-by”. En esos momentos sólo queremos un breve letargo de 24 horas. Desconectar de todo. Sin teléfono, sin personas o animales alrededor a los que cuidar, sin familia que te pregunte qué tal estás o que te pasa, sin tener que mirarte al espejo o tener que hablar con los demás. Sólo quieres estar sola, y llorar, llorar y llorar. ¡Qué gran desahogo el llorar!
