15 Dic 2010

El hombre que hablaba a las cometas

Escrito por: estel-julia el 15 Dic 2010 - URL Permanente

Fotografía: Michel Comte

Entre puentes

Algún día de la semana pasada, entre puentes, reanudé mis paseos por la playa. El día era cálido y soleado y el viento ligeramente intenso parecía limpiar de impurezas todos los rincones de la geografía de la ropa que llevaba puesta.

Algo hizo detenerme. Alcé la mirada al cielo y allí estaba, portador un vistoso traje de figuras geométricas azules y verdes fluorescentes, se elevaba, bajaba acercándose a las olas, simulaba ser un barco con una doble chimenea. Coqueteaba al salir a la arena y caminaba dando pequeños saltitos con sus dos puntiagudas patas.

De pronto se acercó muy lentamente reteniendo en su cuerpo, sujeto a los invisibles hilos, todo el viento que tenía en su contra. Entonces fue cuando apenas sin rozarme se puso frente a mí. Con mi dedo índice le rocé alguno de sus bordes, le pregunté cuál era su nombre. No me respondió.

Permanecimos muy juntos el uno frente al otro, después de un majestuoso silencio unos instantes. Aún así, me atreví a conversar con él y entre risas le dije que era un presumido, un osado al pavonearse del modo en que lo hacía ante mis ojos. Pareció temblar al escuchar mis palabras. Me sentí emocionada ante aquel trozo de tela bicolor, que se mostraba trémulo, sin pies, ni cabeza.

El viento fue testigo de un extraño rumor no surgido de las olas. Después un poco triste bajé la cabeza y seguí mi camino hasta casa.

Fotografía: Manuel Vason

Las cosas que no son de este mundo

Al llegar a casa, antes de comer, estuve ojeando la página de Babelia. Como siempre con retraso. Al leer el artículo de Antonio Ortega me pregunté acerca del término contemporáneo. ¿Qué es ser contemporáneo? ¿solo decir las cosas que suceden en el tiempo en que suceden a la vez que suceden?

Seguí leyendo y no supe muy bien de qué lado estaba: si del amor o de la muerte porque me dio la sensación de que cuando uno escribe compilando su obra se está más próximo de la muerte.

Juan Antonio González Iglesias parece estar del lado del amor y haber tomado su relevo generacional. Tal y como lo han hecho algunos de sus coetáneos que han optado por lanzar al mercado, en este momento tecnológico, sus obras completas como si fueran a morir súbitamente o como si todos los libros fueran a ser guillotinados mañana. Igual dentro de poco lo tenemos presentándonos sus memorias.

Tal vez por una falsa creencia mía de que estas cosas solo sucedían después de la muerte, pienso que ser contemporáneo hoy es síntoma de vejez prematura.

Y los inéditos, me pregunto ¿qué hacen en una obra completa los inéditos? ¿qué sucederá con ellos? Creo que son equivalentes a decir algo así como: esperen, por favor, no pongan todavía la losa que aún late mi corazón.

¿Y qué sucede cuando todo lo que se posee en el mundo-apartheid de la poesía son inéditos?, supongo la respuesta, es que estás muerto o muerta.

Fotografía: Steven Meisel

Cerca de la irrealidad

Tener inéditos es posible que sea un síntoma de juventud. ¿Tal vez es síntoma de que todavía se está en el útero materno? De pronto ¿te conviertes en un no-nacido? me pregunto.

Tras esta serie de preguntas sin respuesta, frente a la pantalla del ordenador seguí leyendo y he de añadir que me sentí próxima a la irrealidad de un mundo en el que todavía no se ha nacido y, en el que tal vez equivocadamente, nos haya tocado vivir.

Recordé al hombre que hablaba a las cometas. A través de aquel invento multicolor me habló con palabras invisibles. Y me sentí más cerca del aire de ese día de paseo en el que fui transportada «a ese lugar donde todo es posible hasta lo inverosímil» (seguía leyendo…) en el que un hombre a menos de cien metros dirigía los hilos de su cometa. Provocador se aproximaba a alguien que se había parado cerca de las olas a contemplar el vuelo de sus brazos. Fue como estar en otro mundo aún estando en el real.

Cuando acabé de leer el número de Babelia, por un momento me hizo pensar que convertida en una garza perdida en los mares del sur estaba soñando, aunque para muchos de los que me vieron aquel día en la playa tan solo les parecí la Cerdita Peggi envuelta en un mar de mermelada.

Estel Julià

Chillout Music

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02 Dic 2010

Metáforas para una utopía

Escrito por: estel-julia el 02 Dic 2010 - URL Permanente

Fotografía: Joel Peter Witkin

La Utopía

Hace tan solo unos pocos días que regresé de la ciudad utopía (Zamora) y una vez más cumplo con este ritual, hoy en cierto modo provocado por un reetwitt recibido. Era un artículo de Cesar Antonio de Molina sobre, digamos, el estado actual de la cultura.

Vivimos en un mundo real donde parece que no hay cabida a la utopía. Priman las relaciones transaccionales frente a la utopía de la amistad, la confusión del sexo ante la imposibilidad del amor o los libros fast food en unos maravillosos dispositivos que sacamos en los lugares más insospechados. Y no es que esté en contra, al contrario, solo que me sentí extraña al sacar en el viaje de regreso a mi ciudad un puñado de grillos que cantaron mientras repasaba el abecedario escrito en las hojas de un libro.

Me siento arcaica ante la búsqueda de la metáfora en la telebasura diaria y me produce tristeza ver cómo el ser humano hemos incorporado con una frialdad cadavérica insospechada a nuestro ideario lo más oscuro de nosotros. Como si necesitáramos una sobredosis de adrenalina cada instante para llegar a un clímax que no es más que un orgasmo consumible de todo a cien que jamás pasará a la historia porque hay tantos de esos que uno más ya nada importa.

Hemos perdido la capacidad de conmovernos con lo minúsculo. Casi todo está mass mediatizado y al hilo he recordado los años en que irrumpió, en la sociedad industrializada, la gran maquinaria propagandística utilizada por ciertos personajes que consiguieron suplantar la identidad de un país entero.

Fotografía: Joel Peter Witkin

La metáfora

La metáfora no es hacer ruido sino escuchar el ruido y darle forma de pájaro. Pensar que se eleva y dibuja estrellas en el firmamento. La metáfora no es producir un servicio sino tomar conciencia de que estamos al servicio de nuestro pensamiento, de nuestra voluntad y que somos capaces de abrir una ventana frente a las barreras impuestas por una oscura masa que no sabemos muy bien dónde se ha enquistado en nuestra sociedad.

Y no es que haya que buscar a los mormones o a los budistas (comunidades que respeto y admiro enormemente) para copiar su modelo, sino más bien, hay que reinventar un nuevo modelo que convierta el eufemismo en una verdadera metáfora que nos haga más libres y comprensivos.

Comprensivos. Tal vez necesitamos una buena dosis de comprensión, no de fe, no, comprensión, para entender lo que le sucede al otro, lo que nos sucede a todos. Tal vez es necesaria la utopía y elegir el camino de la metáfora que no es más que una lección magistral de cómo explicar algo que con palabras reales no se explica.

Algo así como decirle a un niño, no que su padre ha muerto, sino que se convirtió en pájaro y se posó en el árbol que hay en el parque. La metáfora propiciará una actitud distinta a la que hubiera sido en el niño y es posible que en sus juegos un día recuerde las palabras, se detenga, mire la copa del árbol esperanzado al ver el pájaro (su padre) con el que poder entablar un diálogo interno.

Fotografía: Joel Peter Witkin

El camino

Y no es que esté hablando de religión porque al paso del tiempo la metáfora cambia de sentido. Es como un camino que se recorre en el que salen al encuentro todo tipo de alimañas que hacen que el color del celofán con que está envuelta cambie ante nuestros ojos. Sin embargo, no debemos caer en la desazón, sino seguir el camino al ritmo que imponga nuestro corazón que finalmente es el que late y riega nuestro cerebro.

El cerebro de un hombre tecnológico se está secando o, más bien, el corazón del hombre se queda exangüe. Esta revolución tecnológica, digital y audiovisual es posible que nos lleve a la desproporción: nuestros cerebros crecerán tanto que apenas podremos sostenerlos sobre nuestros hombros, perderemos las extremidades y por el contrario desarrollaremos un sistema de transmisión central capaz de retroalimentarse, con el que a través de unos pequeños cilios consigamos avanzar.

Habremos de adaptar nuestras ciudades, viviendas, espacios. Sin embargo, no nos servirá de nada porque seremos incapaces de deglutir todo lo que se nos ha echado encima. El camino nos llevará posiblemente a perder el contacto con la realidad y no le echo la culpa a las nuevas tecnologías, sino a su mal uso.

Probablemente en el encuentro con un ser humano real en el camino y nos salude y nos tienda la mano, suframos una descarga eléctrica tan poderosa al sentir su piel que irremediablemente moriremos. Entonces, ¿de qué nos servirá facebook, la televisión o todos los bienes materiales que habremos atesorado?

Entre tanto, me inclino por inventar una metáfora capaz de trazar un camino que a la utopía nos lleve pese a que hoy es jueves y me he pasado 521 caracteres.

Estel Julià

This Is The New Shit - Marilyn Manson

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20 Oct 2010

Divagaciones sobre la periferia

Escrito por: estel-julia el 20 Oct 2010 - URL Permanente

Fotografía Francesca Woodman

Dos conceptos en un mismo territorio

El viernes pasado mientras viajaba en tren hacia Alicante reflexioné sobre algo que estuve leyendo y que escribió Fernando Aramburu en el prólogo de Los hombres intermitentes de Francisco Javier Irazoki (Hiperión, Madrid, 2006). Aramburu, explicaba el fenómeno de los escritores periféricos y sus aportaciones en relación con el idioma.

Parte del texto que escribió Aramburu decía así: «Vivir en los bordes del idioma se conoce que incentiva en los individuos una singular conciencia lingüística que los mantiene vigilantes y como desconfiados respecto al instrumento que emplean para expresarse.».

La palabra periferia resonaba todavía en mis oídos como una confabulación, desde hacía algunas semanas, gracias a comentarios recientes. Alguien me habló de la periferia, me ubicó en ella cuando yo reconocía mi desconocimiento de algunos autores de fuera de mi territorio. Fue entonces cuando pensé que vivir en la periferia tiene sus desventajas. Por un lado se produce un desconocimiento del centro, lo que supone a la vez una escasa visión desde la posición que ostenta un individuo en su territorio, en su país o en el mundo.

Sin embargo, la periferia nos dota de una perspectiva diferente a la que posee quien se halla en el centro. Si indagamos en este espacio, la periferia, a su vez, tiene un centro propio. El centro de la periferia, en ocasiones, es incluso desconocido en este pequeño territorio perfectamente explorable sin necesidad de tomar elemento de transporte alguno.

El centro en sus afanes de autocomplacencia muchas veces desconoce los parajes limítrofes donde se ubican las costas, los mares y los espacios repletos de verdor.

Mark Rothko

El paisaje de las lenguas
La lengua tiene a su vez periferia. La periferia a su vez la integran otras lenguas que conforman, en su totalidad, un territorio vasto y plural. Sin embargo, el territorio tiende a omitir en las páginas del libro de su historia que existe una rica periferia.

En realidad el territorio necesita rodearse de mar casi siempre. Sin él, el ser humano, queda desprovisto de horizonte, el mismo que nos proporciona una visión que podríamos definir con las distintas tonalidades del azul que van desde el mar hasta el cielo. Este paisaje es similar al que podemos contemplar en algunos de los cuadros de Mark Rothko. Así el azul periférico se aleja de la tierra y transcurre hasta el inicio del ocaso. Allí se diluye en la noche para conformar un espacio uniforme y sin techo, lugar donde duermen todas las lenguas.

Todos los seres humanos somos centro y periferia al mismo tiempo. Una lengua es centro y también tiene su periferia: En ella, los dialectos son pequeños nombres que se agolpan como una pequeña orquesta de instrumentos de viento, cuerda y percusión, según sus vocales o consonantes vibren en las bocas de quienes las hablan.

Nombrar la periferia es sacralizar su condición de espacio diferente al centro, aunque no siempre en plano de inferioridad, sino como una relación con el límite de las cosas. Este límite pone fin al centro de algún modo y señala con un dedo a quienes se hallan en la periferia.

Hombre lobo

Los lobos del corazón

En la lengua no existen los límites como no existe centro o periferia. El individuo puede incorporar cuantas lenguas como quiera, tantas como centros o periferias existen en este mundo. Tampoco hay límites en el corazón de las personas y el buen hacer siempre dependerá de a cuál de los lobos alimentemos. Esto lo dijo un viejo indio a su nieto, según lo leí media hora antes de tomar el tren del que hablaba al comienzo. Estaba escrito en una bolsa de una de las tiendas Natura donde compré uno de esos artilugios para apoyar la cabeza cuando quieres dormir durante un viaje.

Los lobos de los que hablaba el indio y que pueblan nuestros corazones eran dos, uno es el enojado, el violento, el vengador. El otro es el que se halla lleno de amor y compasión. Sus aullidos reclamando su alimento no me dejaron dormir durante todo el trayecto.

Estel Julià

Lobo hombre en París. La Unión.

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25 Ago 2010

Nombres para una revolución

Escrito por: estel-julia el 25 Ago 2010 - URL Permanente

Torso, 1936. Erwin Blumenfeld.

Todo es como ayer

Desaparezco del mapa durante unas semanas y ¿qué me encuentro? Lo mismo. Los mismos papeles, los mismos nombres. Parece que nada ha cambiado: las mismas editoriales en primera portada, los mismos descubrimientos, los mismos críticos que se citan unos a otros, o los mismos poetas que hacen más de lo mismo; libros de poemas sujetos a intereses comerciales…

Afortunadamente, en este retorno a medias encuentro a Ingeborg Bachmann y a Katherine Mansfield en el último Babelia como referentes obligados por sus cuentos o relatos, pero yo añadiría algo más. No fueron solo eso, Mansfield incursionó en la poesía discretamente, así podemos comprobarlo en Té de manzanilla y otros poemas, un libro de tan escaso como poco conocido del que nadie habla; y Bachmann, lejos de asemejarse a Mansfield, fue la reina de las letras alemanas con una extensa e interesante obra poética. No olvidemos que el premio que se concede anualmente en Klagenfurt lleva su nombre.

María del Villar Berruezo

Deliro Patria

Pero volviendo al comienzo, parece que la historia no corre, sigue en el mismo lugar donde se deja a la espera de una desamortización que no llega para que por fin saque a la luz del día las ruinas de un románico austero o el gótico florido de la poesía escrita por mujeres.

Y así es como me permito desempolvar, sin ningún tipo de retórica reivindicativa, a una mujer que latía en mis oídos antes de partir a tierras extrañas. Su nombre: María del Villar Berruezo (1888 - 1977), artista navarra y además poeta. Triunfó en el Olympia de Paris en 1920 y su inquietud la llevó a saltar el muro que separa la estética de la danza de la praxis literaria.

En 1912 salió de Tafalla con la ilusión de ver cumplidas sus expectativas en la capital de nuestra España donde se forjó como artista. Pero nadie es profeta en su tierra y por ello en Lisboa, bajo el nombre de La Sphinx se estrenó en los escenarios. Fue después bajo el seudónimo de Noré y finalmente como María Villar, como se la conoció por toda la geografía española por sus danzas orientales en todas sus variedades.

María del Villar recorrió medio mundo: Inglaterra, Argelia, Venezuela… hasta que un día saltó su gatillo poético. Su primer libro Alma desnuda (1954) en edición bilingüe (castellano / francés), fue prologado y traducido por el hispanista, poeta y ensayista Francis de Miomandre, fue el comienzo de una lista de títulos entre los que además se hallan el relato y la novela.

Georgette Kokoczinski. Mimosa.


El eslabón perdido de la Wikipedia

Sin embargo, reiterándome en lo antes escrito en este ir y venir de páginas virtuales parece increíble que la wiki recoja nombres de poetas nacidos en 1978 y permanezca muda ante la llamada a esta mujer que marcó un hito en los círculos artísticos de la época, o por ejemplo, a otra no menos interesante (encontrada casualmente): Mimosa.

Si seguimos el eslabón de la cadena, veinte años más tarde que nuestra polifacética Noré nacía en París la también artista Georgette Kokoczinski (1908 – 1936). Abandonó el domicilio familiar para frecuentar los cabarets de Monmartre. Allí fue donde le cautivó la poesía y el mundo del espectáculo. Más tarde unida a Fernand Fortín ingresó en los círculos libertarios.

Conocida como Mimosa participó en un grupo artístico que se dedicaba interpretar canciones, obras teatrales o recitar poemas en los festivales y reuniones que organizaban. Según algunos testimonios al finalizar cada actuación bajaba del escenario a repartir los pasquines.

Años más tarde, casada con el socialista francés Kokoczinski, como enfermera, pasó a formar parte de la resistencia durante la guerra civil española donde tuvo un desafortunado final.

Es posible que experiencia, inteligencia y afecto, sea lo que hace falta para hablar de los otros, pero yo añadiría voluntad y andar con pasos firmes y sin muletas por el sendero de la literatura para desenterrar a quienes fueron hitos en una época difícil y por fin se reconozcan como se merecen.

Me pregunto, ¿cuál fue el eslabón que falló en la cadena?

Estel Julià

Habanera (Carmen). Nana Mouskouri

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28 Jul 2010

Desde Roma con pasión

Escrito por: estel-julia el 28 Jul 2010 - URL Permanente

Demolizione in via delle Botteghe Oscure 1920

Lugares de Roma

A propósito del arte de la observación hablando de exilios, no sé si con las prisas a Ramón Gaya se le conoció «tarde y a medias» como decía Benjamín Prado (fue quién inspiró esta reseña que escribí la semana pasada). Lo que sí sé es que a María Zambrano, alojada en un apartamento de la Piazza del Popolo se la conoció en Roma, ciudad donde vivió durante casi diez años.

En un local próximo al lugar sucedían las tertulias en las que participaba la intelectual malagueña con sus amistades italianas. Desde aquí (mejor, desde allí ahora) inicio el paseo literario por las calles de Roma hasta llegar allí donde la parada se hace obligatoria: la calle Botteghe Oscure y me detengo frente al Palazzo Caetani.

Allí fue desde donde la princesa Caetani dirigía la prestigiosa revista que adoptó el nombre de la calle y en la que colaboró la gatuna y otros muchos autores españoles, especialmente los de la denominada Escuela de Barcelona. Barral, Goytisolo o Biedma con un potente despliegue propagandístico consiguieron hacer llegar sus letras hasta la misma Roma y de allí, al resto del mundo.

En el paseo por la Via Ripeta, para después cruzar el Tevere, resulta inevitable no pensar en Rafael Alberti y admirar la estatua romántica del poeta Giuseppe Gioacchino Belli, que no deja de recordarme siempre a nuestro Bécquer. Casi diría que fue su predecesor y sonetista, cuya vida poética se halla llena de contrastes.

Poco a poco me adentro en el barrio, me alejo del bullicio, del andén del tranvía me sumerjo en los lugares que vio el poeta del 27, hasta llegar a la Via Garibaldi. Durante sus estancias romanas jamás coincidió con Zambrano, será porque este lugar es casi una isla dentro de la misma Roma («la verdadera capital», como él decía). Una isla de terracota y azoteas alcanzables, de lugares pequeños y empedrados tortuosos donde sucumben los zapatos de aguja (y no es cuestión de fetichismo) de cualquier princesa que pudo perder finalmente su tacón en una de las ranuras del suelo del Trastevere.

Y no es casual que Gil de Biedma, frecuentara esta ciudad que tiene mucho de secreta. Aquí, o mejor allí, era donde hacía escala, cuando emigraba a Manila y en alguna ocasión se entrevistó con María Zambrano.

Ana Mendieta. Body art performance

El agua, el amor y la muerte

La visita obligada a Piazza Navona nos lleva al camino del agua donde enamorados, escritores y poetas se detuvieron. El murmullo del agua y los transeúntes apagan las conversaciones y cerca de Trevi dicen que en las noches de silencio y bullicio intermitentes comparte la luz anaranjada de las farolas el humo de los cigarrillos de Ingeborg Backmann. Se escuchan sus pasos desde el Pantheon, su sombra silenciosa espera fumando apoyada en una esquina con su rubia melena alborotada a un hombre que regresará de México.

Pero también Roma es el lugar de la muerte y haciendo honor a alguna de las tragedias que supuestamente tuvieron lugar seiscientos kilómetros al norte, Ana Mendieta pinta las fachadas de los museos con su cuerpo, con las manos llenas de la sangre del pasado y reescribe una luna nueva de miel en la ciudad. Dibuja un sol, la hierba de un prado cercano o el malecón de una isla y entre tanto se escucha el tambor de un hechicero caen al suelo algunas plumas de ave que el viento transportó desde América.

Fotografía Tina Mondotti

Città eterna

En la Piazza di Spagna al amanecer sentado en su biblioteca el joven Keats espera a que se apague la última estrella. Y así uno y otro día se respira el hedor de la muerte lánguida de los edificios, que al paso del tiempo, todavía aún hoy perdura sin que nadie haga nada.

Porque Roma es así y será una de esas ciudades en las que la finitud se hace patente. El transcurrir de los turistas interminables, casi perpetuos, el exilio de los que escriben allí su historia, a la vez es un contrasentido. Roma perdura entre las idas y venidas y ella, convertida en diosa, mujer y madre acoge en su seno a cualquiera que se aproxime, le amamanta como una vieja loba y le confiesa su gran secreto: por qué la llaman città eterna.

Estel Julià

Renata Tebaldi. O mio Babbino Caro (1965)

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14 Jul 2010

Entre churras y merinas

Escrito por: estel-julia el 14 Jul 2010 - URL Permanente

Imagen de Dorothea Lange

El realismo sucio entre churras y merinas

A propósito del artículo publicado por Javier Aparicio en Babelia el pasado sábado, llevo unos días retrocediendo en el tiempo. Me sitúo, en 1976 cuando Jayne Anne Phillips con solo veinticuatro años publicaba su primer libro de relatos Sweethearts, sin embargo, su primer contacto con la poesía fue a los nueve.

Relatos inspirados en un territorio secreto en el que Jayne se sumerge para arrancarse una a una las espinas del pasado. Tal vez sea inevitable encuadrar su obra primigenia en el realismo sucio aparecido en Estados Unidos en la década de los 70, de la que participaron básicamente escritores de relatos en los que solo el concepto por el concepto sin más florituras obliga al lector a desentrañar el secreto escondido en este tipo de escritura.

Julio Llamazares escribía por el año 1987 sobre el realismo sucio. Seguramente es quien más sabe de estas cosas y mi escaso conocimiento no me permite más que saltar, en el mejor de los casos, de un par de hipervínculos neuronales a otro más, después me pierdo. Pero si algo me sorprende de esta red en la que vivimos inexorablemente es que he llegado a otra autora que también comenzó con relato corto: Maxime Chernoff. Coetánea de Phillips, además poeta, también vio publicada su primera obra en 1976 (The last Aurochs). Chernoff parece más próxima al territorio de las merinas (la poesía) aunque ha transitado el sendero de las churras (también la poética).

Ambas autoras comparten mucho, no obstante, hay datos que me hacen pensar en el mestizaje de géneros que postulaba Margarita Riviere, extrapolado, con todos mis respetos, a los géneros literarios.

Imagen de Dorothea Lange

Experiencias compartidas

Y así llego a preguntarme qué fue antes el huevo o la gallina mientras miro los azulejos blancos de mi cocina. Con el propósito de separar a las churras de las merinas, no sé si es posible saber cuándo se produce el clic que hace saltar por los aires la delgada línea que limita, poesía, prosa poética o relato, o traspasar la barrera hasta las páginas de una novela.

¿Cuáles fueron los antecedentes del realismo sucio surgido con tanta fuerza al otro lado del Atlántico?, ¿tal en una generación anterior de poetas suicidas como Sylvia Plath o Anne Sexton? Sus poéticas dejaban entrever el color de la carne con que habían sido concebidas, cuna decadente de una sociedad mediatizada por los mass media, el consumo y las preguerras.

¿Cómo se traspone esta corriente en el viejo continente? Sin querer he recordado a Ingeborg Backmann, sus cigarrillos, el humo, Roma… e intento buscar algún movimiento próximo en nuestro país (con el consiguiente retraso) que me dé alguna referencia. Y tal vez influida por las últimas lecturas me llega el nombre de Gil de Biedma. ¿Será la experiencia un grado en esto del realismo sucio?

Imagen de Dorothea Lange

Inconfesables confesiones

Me empeño en buscar mujeres en la línea generacional de Biedma y no sé por qué aparece Carmen Laforet, escritora catapultada con Nada, su primera novela. Después siguió con novela corta. Laforet es un caso curioso, ¿una visionaria? Aunque con diferencias respecto a las americanas, me hace rizar el rizo y comenzar de nuevo con la dialéctica entre churras y merinas.

Buscando entre churras, ayer en mi librería habitual, justo entre los libros de autoayuda (confieso que en ocasiones paso por la sección para sorprenderme acerca de las cosas tan inverosímiles sobre las que se puede escribir: Cómo una oveja mejorará tu karma o En busca de la suerte con el color de la merina). De pronto mi cabeza gira 45 grados a la derecha. Mis ojos se arrastran sobre la portada de un libro. Una guitarra desdibujada, un fondo tipo collage, marrón, verde botella, negro… ¡Sorprendente! otro retroceso hacia las vanguardias americanas en las que tuvo que ver T.S. Eliot (muy admirado por Biedma, por cierto). Abro el libro y leo:

La vida se contrae y se espera la muerte
Como en tiempo de otoño.
Cae el soldado
.

Wallace Stevens. ¡Posiblemente, el lobo del rebaño!



Estel Julià

Walk on the Wild Side - Lou Reed

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07 Jul 2010

Portugal, México, Bilbao

Escrito por: estel-julia el 07 Jul 2010 - URL Permanente

Sacrificio. Graciela Iturbide

Todos los nombres de la muerte

Al leer Penúltimas voluntades en Babelia esta semana (como siempre, domingo) he pensado que este mes nos ha traído inesperados viajes a lugares donde habitan las ánimas de los nombres extinguidos.
Saramago es uno de esos nombres. Uno de esos poetas portugueses que quitan la razón a los que se empeñaron en tenerla. El 16 de junio moría en Lanzarote tras un largo exilio voluntario.
Tres días después Carlos Monsiváis abandonaba también su México natal para dirigirse, al igual que Saramago, al lugar de las cenizas. Amante de la poesía, se inició en la literatura con una ambiciosa antología: Poesía mexicana del siglo XX, en 1966 (su año cero para algunos). Diez años después le llegaron los premios.
Así podríamos citar todos, o casi todos, los nombres de la muerte pero como dijo el poeta colombiano Oswaldo Ospina en la presentación de Carlos Monsiváis en Casa de América en 2008, es fácil escribir acerca de lo que se conoce, de aquello que otros han escrito y muy difícil hacerlo de lo que nunca se ha visto, leído o escuchado.

Procesión. Graciela Iturbide

Los oficios, el olvido

Sin embargo difiero de Muñoz Molina en que cuando muere un escritor se desmesura todo. Tal vez suceda en el caso de nombres que han tenido una proyección social fuerte como Saramago o Monsiváis. Esto me hace pensar en Miguel Hernández cuyo centenario de su nacimiento celebramos este año, sin embargo, murió casi en el anonimato. Después llegaron los homenajes.
Pero sí, estoy de acuerdo con Antonio en otras cosas, por ejemplo, en que existe una especial tendencia a hacer de la muerte, en algunos casos, una cuestión de estado. Me pregunto qué habrían dicho Saramago o Monsiváis observando el relato de los hechos tal y como lo explica Muñoz Molina en su artículo, con banderas y desfiles militares, todo incluido.
Y también he pensado en el oficio de escritor, como decía Pavese y reflexionado sobre el hecho de aquellos que quieren hacer de los muertos un mero instrumento para acometer su propio homenaje en vida o liderar causas sin sentido. He recordado que la muerte, con el tiempo acaba limando asperezas, enjugando lágrimas y dejando únicamente visible aquello susceptible de ser eternizado.
Y he recordado algo que dijo Sergio: «Poeta solo hubo uno: Miguel Hernández» porque así quedó escrito en su tumba, con las mayúsculas de todos los alfabetos, como le gustaba a Sergio. Pero… se preguntarán, ¿quién era Sergio?

Chalma. Graciela Iturbide

Testatio mentis apocryphus

Desde mi ignorancia, podría decir acerca de Sergio Oiarzabal que fue un poeta nacido en Bilbao, que se marchó el pasado 12, en el mes del oscuro solsticio, con toda su juventud y solo dos poemarios publicados.
Y seguramente haciendo honor a todo aquello que menciona Muñoz Molina, digo de él que posiblemente se convierta en un poeta vasco de culto (al menos lo es ya en mi biblioteca) que escribió en castellano, que fue un apasionado de la literatura y la docencia. Especialmente inclinado hacia las causas perdidas y traductor de sueños a un lenguaje de potentes imágenes donde la metáfora y los tropos tenían un púlpito sobre un mar de letras que juntaba cuidadosamente para construir el más grande de los alfabetos que pude conocer.
Sergio, fue ese eslabón perdido entre la vieja literatura de nuestra posguerra, a veces lúcida, a veces mohosa, y la literatura de la modernidad donde el sujeto poético se ubica en el mismo centro del poema, tal vez consecuencia de este mundo miserable tan individualista y lleno de egos y vanidades.
Así es como surge la poética violenta de Oiarzabal que pulula en esta historia con su testamento apócrifo pendiente de ser descubierto. Y así resurge en forma de poema en prosa, sí poema en prosa, inspirado por los malditos franceses y porque así lo defendió siempre el hombre que bajó a los avernos de la literatura (experiencia similar a la de Buda) para convertirse en dios de aquí en adelante.
Ahora el poeta descansa allí, en la tierra donde los aviones cosen con sus alas el cielo herido a cada instante.

Estel Julià

Hans Zimmer - Gortoz a Ran

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29 Jun 2010

El verso oculto de Yeats

Escrito por: estel-julia el 29 Jun 2010 - URL Permanente

The echo, 1868. Julia Margaret Cameron

El mito y la sal

Este pasado domingo volví a leer Babelia. Digo domingo, para aclarar dudas por si alguien pensó que no sabía que se publica puntualmente todos los sábados. Me llamó la atención la reciente aparición de la obra completa de Yeats. Recordé que hace poco más de un año adquirí una de tantas antologías (Lumen, 2005) del citado autor que apareció antes de que Pre-Textos, lanzara la obra completa al mercado -42 euros- de lectores en crisis económica. He recuperado algunos apuntes y versos del místico y mítico poeta con el fin de desenmascarar el sexo de lo oculto que merodea entre sus versos o la sal, el condimento espiritual que los alimentó.

Colaborador de Edwin Ellis en la primera edición completa de los escritos de William Blake, este hecho no deja duda de una de las fuentes que impregnó su poesía de una renovada atmósfera prerrafaelita que dio un tinte distinto a la poesía que se escribía en Irlanda.

Influido por el místico Manuel Swedenborg (Estocolmo, 1688) cuyos escritos eran predominantemente en latín, perteneció a diversas sociedades o hermandades ocultas, muy típicas en los seguidores de la corriente postromántica. Se unía a esta corriente la evocación del arte renacentista que incorporaron escritores, poetas y pintores como patrón de la auténtica belleza.

Merlin and Vivien, 1874. Julia Margaret Cameron

La última mujer

La expresión del amor queda contenida en los versos de Yeats, sin embargo un universo expansivo se manifiesta con la misma vehemencia con la que se interesó por lo oculto, lo esotérico o lo enigmático.

En su peculiar culto a lo místico, la representación de la mujer fue la llave hacia lo trascendido. De la mano de mujeres tan controvertidas como Helena Blavatsky por sus afirmaciones de tono racista, conoció la transferencia del conocimiento desde instancias inimaginables. Maud Gonne (más conocida como la Juana de Arco irlandesa) pese a que rechazó la oferta de matrimonio de Yeats, mantuvo un idilio durante toda su vida. Fue amante de Dorothy Shakespear, pocos saben que su hija, Olivia, sería quien años más tarde se casaría con Ezra Pound (hombre de poderoso versolibrismo) y que a su vez, estuvo influido en sus comienzos por la citada mística.

Así Yeats, llegó a la madurez con el peso del fracaso de no haber conocido el amor verdadero cuando conoció a Georgie Hyde-Leeds. Incluso se operó para incrementar su potencia sexual, (parece ser que era directamente proporcional a su producción literaria). Con Margaret Collis (Margot Ruddock), actriz cuarenta años más joven que él, fue con la que mantuvo la última de sus pasiones.

Julia Margaret Cameron

El sexo de los ángeles

Y en este cruce de caminos en busca de los versos ocultos de Yeats me preguntaba si existió alguna mujer con pigmentación prerrafaelita en su obra. Así fue como encontré las fotografías de Julia Margaret Cameron, (India, 1815) fotógrafa educada en Francia y residente en la Isla de White (tía abuela de Virginia Wolf). Su obra está inspirada en las imágenes de los pintores románticos de su época, sus retratos de mujeres desprenden un misticismo inusual que causó un gran impacto entre los conocedores de su obra.

Cameron trabajó intensamente en ilustrar un libro de poemas de Alfred Tennyson (Somersby, 1809), algo poco frecuente en la época. Este autor inspiró casi toda su obra en temas medievales y mitológicos, lo que me ha hecho pensar en el poder del prerrafaelismo en el arte pese al paso del tiempo.

Y para cerrar este círculo casi propio de la mitología celta diré que, respecto a la traducción de la obra completa de Yeats que en estos días circula, estoy de acuerdo con las afirmaciones de Rivero Travillo (su traductor) en cuanto a que una traducción supone la creación de una nueva obra, frente a otras, como la de George Steiner que aboga porque «debe transmitir el sentido más preciso de lo resistente» y que también comparto.

Esperemos que el experto celtista y traductor, también oficial de la obra de Shakespeare, haya conseguido desvelar el verso oculto y más en los poemas de Yeats.

Estel Julià

Gothic Bellydance featuring Zahara

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22 Jun 2010

Mapplethorpe no era Nostradamus

Escrito por: estel-julia el 22 Jun 2010 - URL Permanente

Patti Smith por Annie Leibovitz

Musa o mentor

Al leer el pasado domingo en Babelia Las profecías Mapplethorpe pensé en las simbiosis que se han producido entre hombres y mujeres a lo largo de la historia. El artículo hizo que me cuestionara qué era lo realmente profético en el ser humano, ¿su capacidad de dar en la diana y anticiparse al que será su futuro (o el de otros)? Conecté a su vez con la esencia de las relaciones y también con el mito de la musa (género femenino) que ha inspirado poetas, escritores o artistas frente a la figura del mentor, personaje instaurado desde la antigüedad (género masculino) procedente de la Odisea (no deja de ser curiosa la dicotomía sexista que sugieren ambos términos).

Remontándonos al pasado recuerdo los casos de Rodin o de Rilke. Camille Claudel, con una obra escultórica dotada de personalidad propia, fue la musa y amante de Rodin (su mentor). Los celos profesionales deterioraron la relación que avocó finalmente en la separación después de diez años de colaboración y enriquecimiento mutuo en sus obras.

White Gauze.Marpplethorpe, 1984.

¿Cuestión de amor?

Según recuerda Clara Janés en La palabra y el secreto, Rilke se cuestionaba: «Si somos siempre insuficientes en el amor, inseguros en las decisiones e incapaces frente a la muerte, ¿cómo es posible existir?» y sin embargo, existimos, e incluso algunos creen que aman, añado. Cabría mencionar a las dos amantes de Rilke en la sombra: la escritora Lou Andreas-Salomé confidente hasta su muerte y Baladine Klossowska, más conocida por haber sido la madre del pintor Balthus y del escritor Pierre Klossowski (estudioso de la obra de Sade).

En esta sucesión de personajes que oscilan entre los dos estereotipos anteriores no podemos olvidar a la poeta estadounidense Emily Dickinson. Los mentores a los que se entregó fueron dos: Edward Everett Hale quien le enseñó la inmortalidad y Thomas Wentworth Higginson (más conocido como el maestro de las cartas) con quien mantuvo una intensa correspondencia. Como se observa, musa y mentor, interactúan a través de una relación comunicativa. Rafa Cervera en su artículo lo expresa con el modo en que se relacionaron Patti Smith y Robert Marpplethorpe. Se hace difícil dilucidar en este ejemplo quién fue la musa y quién el mentor. ¿Qué habría sido de Robert si Patti no le hubiera animado a coger una cámara de fotos? o ¿de Patti si no hubiera sido fotografiada por Robert?

Al igual sucede con la relación de amistad que unió a Paul Thek y Susan Sontag. Si conocemos más datos sobre la vida y la obra, injustamente olvidada de Paul Thek, es gracias a la escritora Susan Sontag. ¿En qué medida contribuyó Sontag a la difusión de la obra de Thek? o ¿fue la obra de Thek la que inspiró los lúcidos ensayos que le dedicó Sontag?

Marty & Veronica. Mapplethorpe, 1982.

La magia de las relaciones

Todo ello me hace reflexionar sobre lo profético, los géneros y sobre la capacidad del ser humano para dirigirse hacia su destino. Detrás de la profecía de Mapplethorpe no solo había un ojo que aspiraba a la perfección, además un hombre soñador percibía con optimismo un futuro profesional lleno de dudas e interrogantes. En el caso de Thek, su obra refleja varias de sus obsesiones, la religión, la muerte o el ansia de plasmar la belleza efímera.

Extrañas, controvertidas o sencillamente amistosas, estas relaciones contaron con múltiples elementos comunes: el arte, la fotografía, la música o la literatura. Si damos una vuelta de tuerca al asunto, hay algo más profundo que une sus vidas, la muerte, la enfermedad, la confusa identidad de sus géneros o la transgresión.

En cualquiera de ellos la idea de profecía se desvanece. En sus cajas negras quedaron registrados los indicios antes de que sucedieran. El refuerzo que obtuvieron en sus relaciones fue lo realmente mágico sin que se eclipsara la personalidad de ninguno de ellos, tal vez esto fue lo que hizo que sus palabras se convirtieran en certeza.
Patti Smith, la única superviviente en esta historia tendrá la palabra futura, esperemos que, con mejores presagios que sus predecesores.

Estel Julià
Tribute to Robert Mapplethorpe | Delerium


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3311 caracteres - Impresiones a partir de la experiencia lectora

Desde que dejé las colaboraciones en el diario local MV7 INFORMA un gusanillo me corría por dentro. «3311 caracteres», ¿por qué?, posiblemente porque la red de redes, a la vez que ofrece la posibilidad de dar visibilidad a nuestras creaciones, nos chantajea cruelmente limitándonos a la lectura de contenidos-relámpago, o lo que es lo mismo, reducción a un pantallazo, a lo sumo dos, de la web a la que accedemos. Así es la vida de corta, miserable y cruel de los que escribimos en este ciberespacio; también la sociedad en la que vivimos nos condiciona en este maldito hábito de lectura fast food.

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