30 Dic 2007

No son genios lo que necesitamos ahora ... (Coderch)

Escrito por: Juanjo Albors el 30 Dic 2007 - URL Permanente

Esta vez no son mías las palabras. Es la transcripción de un escrito del arquitecto José Antonio Coderch, cuya lectura, dos años después de su publicación, coincidió con mi primer curso de arquitectura. Considero a Coderch como mi verdadero maestro y tuve la inmensa suerte de trabajar durante cinco años en su despacho, en el que aprendí todo lo que sé de arquitectura. Sirva esta inclusión de sus palabras en mi blog como un homenaje a su persona, a sus obras, a sus ideas.

"Al escribir esto no es mi intención ni mi deseo sumarme a los que gustan de hablar y teorizar sobre Arquitectura. Pero después de veinte años de oficio, circunstancias imprevisibles me han obligado a concretar mis puntos de vista y a escribir modestamente lo que sigue:

Un viejo y famoso arquitecto americano, si no recuerdo mal, le decía a otro mucho más joven que le pedía consejo: "Abre bien los ojos, mira, es mucho más sencillo de lo que imaginas." También le decía: "Detrás de cada edificio que ves hay un hombre que no ves." Un hombre; no decía siquiera un arquitecto.

No, no creo que sean genios lo que necesitamos ahora. Creo que los genios son acontecimientos, no metas o fines. Tampoco creo que necesitemos pontífices de la Arquitectura, ni grandes doctrinarios, ni profetas, siempre dudosos. Algo de tradición viva está todavía a nuestro alcance, y muchas viejas doctrinas morales en relación con nosotros mismos y con nuestro oficio o profesión de arquitectos (y empleo estos términos en su mejor sentido tradicional). Necesitamos aprovechar lo poco que de tradición constructiva y, sobre todo, moral ha quedado en esta época en que las más hermosas palabras han perdido prácticamente su real y verdadera significación.

Necesitamos que miles y miles de arquitectos que andan por el mundo piensen menos en Arquitectura (en mayúscula), en dinero o en las ciudades del año 2000, y más en su oficio de arquitecto. Que trabajen con una cuerda atada al pie, para que no puedan ir demasiado lejos de la tierra en la que tienen raíces, y de los hombres que mejor conocen, siempre apoyándose en una base firme de dedicación, de buena voluntad y de honradez (honor).

Tengo el convencimiento de que cualquier arquitecto de nuestros días, medianamente dotado, preparado o formado, si puede entender esto también puede fácilmente realizar una obra verdaderamente viva. Esto es para mí lo más importante, mucho más que cualquier otra consideración o finalidad, sólo en apariencia de orden superior.

Creo que nacerá una auténtica y nueva tradición viva de obras que pueden ser diversas en muchos aspectos, pero que habrán sido llevadas a cabo con un profundo conocimiento de lo fundamental y con una gran conciencia, sin preocuparse del resultado final que, afortunadamente, en cada caso se nos escapa y no es un fin en sí, sino una consecuencia.

Creo que para conseguir estas cosas hay que desprenderse antes de muchas falsas ideas claras, de muchas palabras e ideas huecas y trabajar de uno en uno, con la buena voluntad que se traduce en acción propia y enseñanza, más que en doctrinarismo. Creo que la mejor enseñanza es el ejemplo; trabajar vigilando continuamente para no confundir la flaqueza humana, el derecho a equivocarse -capa que cubre tantas cosas-, con la voluntaria ligereza, la inmoralidad o el frío cálculo del trepador.

Imagino a la sociedad como una especie de pirámide, en cuya cúspide estuvieran los mejores y menos numerosos, y en la amplia base las masas. Hay una zona intermedia en la que existen gentes de toda condición que tienen conciencia de algunos valores de orden superior y están decididos a obrar en consecuencia. Estas gentes son aristócratas y de ellos depende todo. Ellos enriquecen la sociedad hacia la cúspide con obras y palabras, y hacia la base con el ejemplo, ya que las masas sólo se enriquecen por respeto o mimetismo. Esta aristocracia, hoy, prácticamente no existe, ahogada en su mayor parte por el materialismo y la filosofía del éxito. Solían decirme mis padres que un caballero, un aristócrata es la persona que no hace ciertas cosas, aun cuando la Ley, la Iglesia y la mayoría las aprueben o las permitan. Cada uno de nosotros, si tenemos conciencia de ello, debemos individualmente constituir una nueva aristocracia. Este es un problema urgente, tan apremiante que debe ser acometido en seguida. Debemos empezar pronto y después ir avanzando despacio sin desánimo. Lo principal es empezar a trabajar y entonces, sólo entonces, podremos hablar de ello.

Al dinero, al éxito, al exceso de propiedad o de ganancias, a la ligereza, la prisa, la falta de vida espiritual o de conciencia hay que enfrentar la dedicación, el oficio, la buena voluntad, el tiempo, el pan de cada día y, sobre todo, el amor, que es aceptación y entrega, no posesión y dominio. A esto hay que aferrarse.

Se considera que cultura o formación arquitectónica es ver, enseñar o conocer más o menos profundamente las realizaciones, los signos exteriores de riqueza espiritual de los grandes maestros. Se aplican a nuestro oficio los mismos procedimientos de clasificación que se emplean (signos exteriores de riqueza económica) en nuestra sociedad capitalista. Luego nos lamentamos de que ya no hay grandes arquitectos menores de sesenta años, de que la mayoría de los arquitectos son malos, de que las nuevas urbanizaciones resultan antihumanas casi sin excepción en todo el mundo, de que se destrozan nuestras viejas ciudades y se construyen casas y pueblos como decorados de cine a lo largo de nuestras hermosas costas mediterráneas.

Es por lo menos curioso que se hable y se publique tanto acerca de los signos exteriores de los grandes maestros (signos muy valiosos en verdad), y no se hable apenas de su valor moral. ¿No es extraño que se hable o escriba de sus flaquezas como cosas curiosas o equívocas y se oculte como tema prohibido o anecdótico su posición ante la vida y ante su trabajo?

¿No es curioso también que tengamos aquí, muy cerca, a Gaudí (yo mismo conozco a personas que han trabajado con él) y se hable tanto de su obra y tan poco de su posición moral y de su dedicación?

Es más curioso todavía el contraste entre lo mucho que se valora la obra de Gaudí, que no está a nuestro alcance, y el silencio o ignorancia de la moral o la posición ante el problema de Gaudí, que esto sí está al alcance de todos nosotros.

Con grandes maestros de nuestra época pasa prácticamente lo mismo. Se admiran sus obras, o , mejor dicho, las formas de sus obras y nada más, sin profundizar para buscar en ellas lo que tienen dentro, lo más valioso, que es precisamente lo que está a nuestro alcance. Claro está que esto supone aceptar nuestro propio techo o límite, y esto no se hace así porque casi todos los arquitectos quieren ganar mucho dinero o ser Le Corbusier; y esto el mismo año en que acaban sus estudios. Hay aquí un arquitecto, recién salido de la Escuela, que ha publicado ya una especie de manifiesto impreso en papel valioso después de haber diseñado una silla, si podemos llamarla así.

La verdadera cultura espiritual de nuestra profesión siempre ha sido patrimonio de unos pocos. La postura que permite el acceso a esta cultura es patrimonio de casi todos, y esto no lo aceptamos, como no aceptamos tampoco el comportamiento cultural, que debería ser obligatorio y estar en la conciencia de todos.


Antiguamente el arquitecto tenía firmes puntos de apoyo. Existían muchas cosas que no eran aceptadas por la mayoría como buenas o, en todo caso, como inevitables, y la organización de la sociedad, tanto en sus problemas sociales como económicos, religiosos, políticos, etc., evolucionaba lentamente. Existía, por otra parte, más dedicación, menos orgullo y una tradición viva en la que apoyarse. Con todos sus defectos, las clases elevadas tenían un concepto más claro de su misión, y rara vez se equivocaban en la elección de los arquitectos de valía; así, la cultura espiritual se propagaba naturalmente. Las pequeñas ciudades crecían como plantas, en formas diferentes, pero con lentitud y colmándose de vida colectiva. Rara vez existía ligereza, improvisación o irresponsabilidad. Se realizaban obras de todas clases que tenían un valor humano que se da hoy muy excepcionalmente. A veces, pero no con frecuencia, se planteaban problemas de crecimiento, pero afortunadamente sin esa sensación, que hoy no podemos evitar, de que la evolución de la sociedad es muy difícil de prever como no sea a muy corto plazo.

Hoy día las clases dirigentes han perdido el sentido de su misión, y tanto la aristocracia de la sangre como la del dinero, pasando sobre todo por la de la inteligencia, la de la política y la de la Iglesia o iglesias, salvo rarísimas y personales excepciones contribuyen decisivamente, por su inutilidad, espíritu de lucro, ambición de poder y falta de conciencia de sus responsabilidades al desconcierto arquitectónico actual.

Por otra parte, las condiciones sobre las cuales tenemos que basar nuestro trabajo varían continuamente. Existen problemas religiosos, morales, sociales, económicos, de enseñanza, de familia, de fuentes de energía, etcétera, que pueden modificar de forma imprevisible la faz y la estructura de nuestra sociedad (son posibles cambios brutales cuyo sentido se nos escapa) y que impiden hacer previsiones honradas a largo plazo.

Como he dicho ya en líneas anteriores, no tenemos la clara tradición viva que es imprescindible para la mayoría de nosotros. Las experiencias llevadas a cabo hasta ahora y que indudablemente en ciertos casos han representado una gran aportación, no son suficientes para que de ellas se desprenda el camino imprescindible que haya de seguir la gran mayoría de los arquitectos que ejerce su oficio en todo el mundo. A falta de esta clara tradición viva, y en el mejor de los casos, se busca la solución en formalismos, en la aplicación rigurosa del método o la rutina y en los tópicos de gloriosos y viejos maestros de la arquitectura actual, prescindiendo de su espíritu, de su circunstancia y, sobre todo, ocultando cuidadosamente con grandes y magníficas palabras nuestra gran irresponsabilidad (que a menudo sólo es falta de pensar), nuestra ambición y nuestra ligereza. Es ingenuo creer, como se cree, que el ideal y la práctica de nuestra profesión pueden condensarse en slogans como el del sol, la luz, el aire, el verde, lo social y tantos otros. Una base formalista y dogmática, sobre todo si es parcial, es mala en sí, salvo en muy raras y catastróficas ocasiones. De todo esto se deduce, a mi juicio, que en los caminos diversos que sigue cada arquitecto consciente tiene que haber algo común, algo que debe estar en todos nosotros. Y aquí vuelvo al principio de esto que he escrito, sin ánimo de dar lecciones a nadie, con una profunda y sincera convicción."

José Antonio Coderch, 1960

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27 comentarios · Escribe aquí tu comentario

aránzazu dijo

he tenido que releer tu post, porque se me escapan cosas, fundamentalmente porque no entiendo nada de arquitectura; sin embargo me ha parecido entender que habría que volver un poco a los orígenes, al concepto atávico de la obra, despojándola de manierismo, de modas y de provisionalidad. gracias.
besito

Juanjo Albors dijo

Piensa que este artículo lo escribió Coderch dirigido a estudiantes de la arquitectura cuya mayoría, parece ser, se imaginaban y deseaban ser, genios y estrellas.
Fue un intento de Coderch de situarlos a ras de tierra, donde vive el hombre.
Otro día, te escribiré un resumen sobre el tema porque la arquitectura tiene un lado técnico, evidentemente, pero también debe basarse en la sociologia, en el arte, en la filosofía.

aránzazu dijo

sí, por favor.

Juanjo Albors dijo

Pues hoy me pondré en ello. Y gracias por escucharme (leerme).

Rosa, niña guerrera MaJiCor

Rosa, niña guerrera MaJiCor dijo

La sapiencia de este hombre, reflejada en este artículo me ha hecho recordar las palabras de otro hombre no menos erudito. Ambos hemos tenido maestros que pocas veces en la vida se tienen... Sin duda que usted ha aprehendido mucho de José Antonio Coderch.

Muy bien se podrían aplicar las reflexiones de este gentil hombre, en cualquier otra profesión... abarcan un sentido amplio y completo sobre la vida misma. Hay demasiada información y un contenido profundo en el contexto de sus palabras, que es necesario no sólo leer, sino entenderlo más allá de lo que expresa para aplicarlo.

Cordialmente lo saluda:
Rosa.

Juanjo Albors dijo

Te confieso, Rosa, que los cinco años que pasé en su despacho representaron algo semejante a las vivencias en un monasterio, pero éste dedicado a la arquitectura. Todo lo que sé, poco o mucho, lo aprendí allí pues tuve la suerte añadida que no era un gran despacho, en el sentido de tamaño o número de colaboradores, pues sólo éramos dos estudiantes trabajando allí, codo con codo con el maestro. Lo dicho, inenarrable.

Juanjo Albors dijo

¿Y cuál fue tu maestro, Rosa?

Rosa, niña guerrera MaJiCor

Rosa, niña guerrera MaJiCor dijo

Pues ojalá y se anime un día a compartirnos esas experiencias... aunque sea inenarrable por lo místico que intuyo debieron ser. He percibido algo muy especial en este hombre y le confieso que me gustaría conocer más sobre su vida y obra. Ahora no dispongo de tiempo pues ando de viaje, de hecho sólo he entrado a su blog, pero en cuanto me sea posible buscaré información sobre su maestro. Algo más... he tenido la oportunidad de ver varios de sus post (con detenimiento) y sin duda que es usted un ser humano extraordinario. Su obra y sus palabras hablan por usted, lo felicito sinceramente. Hay un fuerte espíritu de lucha y eso lo transmite... Hay mucho que aprender de usted, de verdad.

Feliz día de la DIADA!!!

Rosa, niña guerrera MaJiCor

Rosa, niña guerrera MaJiCor dijo

Mi padre, de profesión ingeniero químico, tuvo como segunda carrera arquitectura (en ello no ejerció) y además pintaba (sólo yo conservo su obra)... quizá algún día me anime a sacar un post sobre él. Gracias por preguntar.

Juanjo Albors dijo

Avísame cuando lo hagas, amiga Rosa. Y te notifico que levitar es una pobre expresión para explicar lo que he sentido al leer tus palabras. Ahora que ya he aterrizado te doy gracias sinceras por ellas. Pero … ¡ah, la distancia!, debo advertirte que conforme ésta se acorta el juicio se vuelve más certero al comprobar de cerca la realidad dura y cruda.

Verás más referencias (con fotos de sus casas incluídas) a ese gran hombre si entras en mi página:

http://lacomunidad.elpais.com/aa-albors-arquitecto/2008/1/7/una-arquitectura-limpia

Pensamiento errante

Pensamiento errante dijo

De haber sabido que las mías palabras lo llevarían a un estado de exaltación de su espíritu, entonces no me hubiera callado lo que por falta de tiempo iba a decirle... (ruegole no se aleje demasiado o sino... ¿quién hará realidad mí sueño?)

Pues bien, omití decirle que encontré un baúl cargado de posibilidades existenciales y surrealistas bañadas de inteligencia, donde a partir de hoy anclaré mis visitas... He decidido que este será el blog donde venga de paseo intelectual (claro esta, sino le parece una invasión de mí parte). Ultimamente pocos sitios satisfacen mí curiosidad, donde complacerla no sea cosa banal sino aprehender de lo que voy encontrando; como es este el caso.

Por ejemplo, revisando desde sus inicios, he podido ver temas de sumo interés, ya iré visitando por orden (soy metódica por disciplina)... Estos son algunos de los post que más han llamado la mía atención:

No me culpes, cuestión de confianza,¿dejarás?, libros luminosos, sueños, despertar, diseños urbanos, cuadernos de viaje -Caribe- (qué hombre!!!), cuando estas lejos, tres picapedreros, lámpara mínima, y... la casa de mis sueños, o mejor decir: el taller de mis sueños (de ello ya le diré)

Además de llevar la carga fría, desapasionada, lineal, funcional, conceptual... (en simple apariencia) la arquitectura, veo con deleite que su función dentro de las artes plásticas (pintura, arquitectura y escultura) es completa. Desconozco si acaso pinta, si ha realizado esculturas... pero me basta los diseños de sillas que he visto, como para darme cuenta que es usted un artista completo; por si no fuera suficiente, es poeta!!!

Lo dicho, es usted un dechado de virtudes... más allá de la apariencia que da (rebelde) esta el ser humano sensible (comprendo muy bien sea íntimo amigo de... otro gran hombre talentoso, al cual admiro profundamente)

Ah! se me olvidaba mencionarle que ya había investigado sobre su maestro aquí mismo en su blog... sólo pinche en Coderch y... ¿lo ve? cuando me propongo algo invariablemente lo consigo. Ya estaré visitándolo en esos post, que de entrada me tienen maravillada.

Algo más, tengo un descabellado sueño, pero soy tímida para expresárselo... quizá mañana cuando baje de la nube en la que me he subido para entrar a su santuario... además estoy regando la planta que vi tenía llorando de sudor, bebiendo sus propias lágrimas!!!

Beso su amplia frente, esa donde aterrizan sus brillantes ideas.

Rosa desde Monterrey, lo saluda.

Juanjo Albors dijo

Aprovechando esta hora en que todos duermen tengo que descubrirte, Rosa, velos que ignoraba tamizaban la realidad de mi obra y de mi persona pues debo confesarte que mi mayor cualidad en este foro ha sido la exposición real de las cosas (avatar, escritos, obras, opiniones) aún a sabiendas de no ser ejemplares sino sólo ser realizadas con pasión (excepto el avatar).

No soy pintor ni escultor pues mi deformación profesional por la arquitectura hace que me impaciente pintando o esculpiendo cuando me está esperando el diseño inconcluso de algo que será mejor o peor en función de las horas que le dedique. Y esto no es para mí obligación sino devoción. Y te aseguro que expongo mis casas con un cierto rubor, que ya he ido perdiendo pues advierto el cariño con que son recibidas por mis amigos.

Tampoco soy poeta pues los poemas que has visto corresponden a exaltaciones del espíritu (aunque no lo parezca) y reconozco que no me sentiría capaz o estimulado para escribirlos de forma continuada.

Pero celebro que el conjunto te guste. Y espero tus noticias.

Pensamiento errante

Pensamiento errante dijo

Yo todavía ando por aquí... ¿Sabe...? le confieso que suponía iba a demostrar modestia. Lo cual habla todavía mejor de usted. He meditado en el contenido de sus palabras y... esta noche he aprendido algo con su acertada respuesta: humildad.

Los poemas (mejor expresado por usted: exaltaciones de su espíritu), lo cual estoy de acuerdo... los he leído detenidamente y precisamente veo en ellos un estado de auténtica comunicación entre el espíritu y la razón.. He de confesarle, que en lo personal desconfío de aquellos que dicen llamarse poetas sólo porque se apegan a una métrica. A decir verdad, entiendo un comino al respecto... por ejemplo, cuando escribo lo hago sin pensar en la técnica sino en lo que deseo expresar, a modo de catarsis.... en fin, aunque su modestia me diga lo contrario, me alegra visitarlo.

Que tenga un buen día, para la próxima lo visito en diciembre/07

Rosa de madrugada.

Juanjo Albors dijo

Pero antes, quiero desfacer una aparente confusión. ¡En mi vida me han llamado modesto! Soy vanidoso, me muero por un piropo, expongo mis obras para que digáis "¡qué bonitas son!".

Sólo me falta la voluntad y decisión (o me sobra la inteligencia) de creérmelo. Pero una cosa sí aseguro: jamás expreso una autocrítica aparentemente humilde para provocar la reacción contraria.

Pensamiento errante

Pensamiento errante dijo

¿Ya empezamos con el pensamiento complejo a estas horas de la madrugada?

Hace que tambalee la mía elección de palabras confusas que me asaltan con su comentario deseoso de que lo contradiga!!! Me temo, mi estimado amigo que no será ahora... no ahora que estoy reconciliada con la noche y mis sensaciones vagan por el sendero del sosiego. Me temo que usted ha vivido engañando a su cerebro haciéndole creer que necesita un constante aplauso y reconocimiento para sentirse orgulloso de sí mismo. Por el contrario, su humildad me conmueve... su modestia plena de matices, me hace creer en el género humano. Si señor, por difícil que le parezca creer en mis palabras, es así: Es un hombre modesto que sabe como mezclar las complejidades de una intención, para que la otra parte (en este caso yo) lo coloque en la posición deseada.

Ahora que veo con desencanto, que ha omitido preguntarme cual es mí deseo... no tema.

Átomo dijo

Observo que todos tus sueños deben ser hermosos pues los identificas como deseos.

¡Y deja de llamar humilde a Juanjo ahora que ya lo teníamos casi amaestrado! (sólo en ese campo, no temas). Además creo que no le gusta que le llamen eso pues le da la sensación de haber engañado en algo si es que sacan esa conclusión.

Rosa Niña Guerrera dijo

Átomo... ¿Por qué átomo?
¿Eres una cosa muy pequeña para Don Juanjo...?

Debí suponer que te mandaría de emisario!!!
Venga minino!!! que tengo muy bien identificados: sueños, deseos, realidades y anhelos... Ahora que... (te voy a decir algo muy cerca de tu oreja...) Tengo un deseo muy en particular, pero dudo que el arquitecto pueda hacer algo así... lo dudo. Y es que hay deseos altos, bajos, negros, blancos, feos y bonitos... el mío es... líquido, púrpura, diáfano, orbital y vive en un ahuehete. ¿Comprendes?

Un beso al humilde servidor de los deseos antropométricos, para que la arquitectura sea funcional.

Átomo, sigueme!!!

Juanjo Albors dijo

Piensa, Rosa, que Átomo es un gato real. Que piense lo que escribo por él no cabe duda alguna. Que escriba lo que pienso por él forma parte de la fantasía.

Incluso el nombre es real. Se lo puso mi hijo cuando se lo regalaron siendo, los dos, muy pequeños.

Rosa Niña Guerrera dijo

Gracias por la explicación.
Me voy pensando en la inmortalidad del cangrejo.

Pero, por favor... no frunza en entrecejo, eso no lo hace ver guapo.

Una caricia para Átomo.

Estela Alvarado

Estela Alvarado dijo

¿Cuál es el nombre del despacho de José Antonio Coderch? ¿Aun existe?

Saludos.

Juanjo Albors dijo

Hola Estela. Cuando él vivía, su despacho estaba en la plaza Calvó de Barcelona donde pasé cinco maravillosos años. Mírate: http://www-etsav.upc.es/arxcoderch/es-ind.htm

Te interesará.

xl pharmacy

xl pharmacy dijo

Necesitamos personas que piensen en la distribucion correcta del espacio, y no aquellas que solo buscan la extravagancia y futurismo... Recordemos que en estas epocas lo mas importante es la economia misma.

Juanjo Albors dijo

El concepto de economía, aplicado a la arquitectura, estimado Xl, no es buscar la solución más barata sino la mejor al mínimo precio. Y en la mejor, como bien dices, no pueden entrar ni la extravagancia ni el futurismo. Este artículo de Coderch, cincuenta y un años más tarde, es plenamente vigente.

jose maria navarro

jose maria navarro dijo

El pasar de puntillas por aquello (de lo de construir sin ruido)
o de como doy categoría (yo,a...); y no al contrario.

Lo innato no tiene escuela, a pesar de la enseñanza. La elegancia,
......es un misterio

Juanjo Albors dijo

... Leno de voces discordantes (afortunadamente)

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Sobre este blog

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La Arquitectura

Quiero que mis casas parezcan sencillas pero sean complejas.
Ricas en espacios, ricas en vivencias.

Me gusta convertir lo difícil en sencillo.
No me gusta la arquitectura genial, con pretensiones.

Me gusta el trabajo bien hecho.

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