01 May 2008
Una opción respetable
"Recién acabas de cumplir 82 años. Y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace 58 que vivimos juntos y te amo más que nunca. Hace poco volví a enamorarme de ti una vez más y llevo de nuevo en mí un vacío devorador que sólo sacia tu cuerpo apretado contra el mío. Por la noche veo la silueta de un hombre que, en una carretera vacía y en un paisaje desierto, camina detrás de un coche fúnebre. Es a ti a quien lleva esa carroza. No quiero asistir a tu incineración; no quiero recibir un frasco con tus cenizas. Oigo la voz de Kathleen Ferrier que canta Die Welt ist leer, Ich will nicht leben mehr [El mundo está vacío, no quiero vivir más] y me despierto. Espío tu respiración, mi mano te acaricia. A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro. A menudo nos hemos dicho que, en el caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos".
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Emocionante, por verídico, fragmento de ‘Carta a D.’ que el pensador André Gorz dedica a su mujer, Dorine, pocos meses antes de que apareciesen muertos en su casita de Vosnon, en Francia. No hubo dudas de que se trató de un suicidio compartido: ante la enfermedad terminal y los sufrimientos de ella, decidieron poner punto final a sus días, tal como describe el periodista Joaquín Estefanía y que publica en El País (29.4.2008).
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"Seremos lo que hagamos juntos", le dice André a Dorine, que se enfrentan a lo que pasa a su alrededor desde diferentes posiciones: el filósofo y periodista, desde las grandes construcciones teóricas, que necesitaba para orientarse en el mundo intelectual aunque fuese para cuestionarlas; Dorine no precisa esas prótesis psíquicas que son las doctrinas y sistemas de pensamiento, sino que entiende que sin las intuiciones y los afectos no puede haber inteligencia ni sentido. Cabeza y corazón.
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No es una invitación, es sólo una crítica a uno de los mayores tópicos que circulan por nuestra cultura: el rechazo a una muerte digna y elegida libremente. Otra opción, diferente y complementaria, a la eutanasia.
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La Arquitectura
Juanjo Albors, arquitecto de cabeceraQuiero que mis casas parezcan sencillas pero sean complejas.
Ricas en espacios, ricas en vivencias.
Me gusta convertir lo difícil en sencillo.
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Me gusta el trabajo bien hecho.
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8 comentarios · Escribe aquí tu comentario
NEKANE dijo
Mira, no sé si has leido mis comentarios sobre este tema.
Expongo, si no nos oponemos a la eutanasia por dolor físico, una muerte digna, piden.
Porque tiene que seguir viviendo, a quie le duele el alma, o es menos el dolor psicológico?????
Bueno, yo también te digo que no soy neutral, quizás porque he pasado la delgada línea de la cordura en ocasiones.
BESITOS
Juanjo Albors, arquitecto de cabecera dijo
Como tus habitaciones, Nekane, no están numeradas como las de un hotel, si no me das una fecha, encontrar tus comentarios difícil me será.
Recuerdo que hice algún comentario al respecto en algún cuaderno y recuerdo también que ponía objeciones por no causar dolor a los que se quedan, sólo por eso.
No es un tema que me preocupe (suspiren aliviados mis amigos y quédense decepcionados mis enemigos) pero, como en tantas otras cosas, quiero simplemente atacar los tabús de una sociedad hipócrita.
emilio dijo
Hace unos años, el aborto era un tabú (bueno, viendo la movida que se ha producido recientemente...) La tradición pesa tanto sobre nuestras espaldas que esas opciones que apuntas en tu post ni siquiera se nos pasa por la cabeza.
Supongo que no es lo mismo despedirse de este mundo como en "La fuerza del cariño" que en la situación de André Gorz...
arco dijo
La eutanasia es el último servicio solidario que puede prestar la sociedad. "Una muerte digna y elegida libremente", como el caso que comentas, es un derecho individual inseparable del derecho a la vida.
Las dudas se producen seguramente porque el cerebro está programado para sobrevivir (¿Has leido el artículo de hoy en El País de Elsa Punset "¿Hay vida antes de la muerte?"?) y la muerte se presenta como una radical contradicción a su función: sobrevivir.
Un abrazo.
Josep Joaquím Planells Benedito dijo
Igual que quiero que me dejen vivir como yo quiera, quiero que me dejen morir como yo quiera.
Forma parte de mi dignidad como persona.
Soy libre.
Gracias.
elefanteblancoster dijo
Casos como el que nos cuentas muestran como el hecho de elegir la muerte puede ser una opción vitalista, una apuesta más por la vida.
Gracias y un abrazo.
bitacoraclandestina dijo
Es una opción Juanjo desde la posición intelectual que nos marca la actual y ya larga civilización en la que nos encontramos navegando. Yo lo considera un derecho individual, algo que no debemos ni juzgar, ni plantearnos escribir en un papel como un fundamento de libertad. Es sencillamente un derecho incuestionable. Me alegra que hayas traído este tema. Cuantos de los que no creen que sea un derecho consustancial con nuestro ser se dedican a suicidarse lentamente, y a amargar la vida de los demás en ese proceso. ¿Acaso es mejor ver el dolor físico, el sufrimiento en el otro mientras recuerdas lo que fue, y te preguntas por el miedo al minuto siguiente?
Anónimo dijo
Cuando leo la exposición de un tema como el presentado y repaso los comentarios expuestos de una manera elegante me siento alegre de estar con vosotros.
Solo quiero hacer una aclaración El suicidio no existe, es la causa final de una enfermedad. En ella conocida y diagnosticada, en él desapercibida y por lo tanto no tratada.
Remontándome siglos atrás me viene a la cabeza la muerte de los Amantes de Teruel. el murió de una muerte súbita porque ella le negó un beso por ser casada contra su voluntad, pero casada. Él murió de muerte súbita al retirarse de su lado. ella acudió al velatorio enlutada. Se levantó el velo diciendo: "El beso que no te dí en vida te lo doy en tu muerte"
Después de besar el cadáver cayó muerta junto a su amado. En la Casa de Aragón de Madrid un prestigioso endocrinólogo y discípulo de Laín Entralgo nos explicó la causa a la luz de los conocimientos actuales. Severos disturbios endocrinológicos alteraron el metabolismo y como consecuencia se produjo el paro cardíaco. El Registro Civil nos impide certificar muerte por amor, pero los médicos hemos tenido que inventar otra causa. André no se suicidó, su patología le empujó a hacerlo pero su supervivencia a Dorine no habría alcanzado un mes y quizá me quede muy largo.
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