30 Jun 2008

Prosper Merimée por Francisco Arias Solis

Escrito por: Francisco Arias Solis el 30 Jun 2008 - URL Permanente

PROSPER MERIMÉE

(1803-1870)

«Es una amable y buena persona, desgraciadamente

un poco viciada por lecturas frívolas y por la compañía

de los mequetrefes de la capital. Aburriéndose mortalmente

con un marido del cual tiene pocos motivos de alabarse,

me hizo el honor de favorecerme con su aprecio.

Todos eran regalos, convites y proyectos en que yo era necesario.

“Abate, quiero aprender latín.... Abate quiero aprender botánica.”»

Prosper Mérimée.

LA VOZ DE UN ARTISTA DELICADO

Poco después de Balzac, en 1803, nacía un artista delicado, gran amigo de Stendhal, Prosper Mérimée. Viajó por España, donde conoció a la marquesa de Montijo, a quien dedicó una de sus obras, la historia de Don Pedro el Cruel, que, para él, no fue más que justiciero. Cuando la hija de la marquesa se convirtió en 1853 en la emperatriz Eugenia de Francia al casarse con Napoleón III, llegó a ser nombrado senador. Se dio a conocer Mérimée, en 1825, apelando a una superchería literaria: El teatro de Clara Gazul. La obra produjo gran impresión, trocada en sorpresa cuando se supo que era la invención de un joven. Tenía una tendencia especial a los asuntos en que intervenía algo sobrenatural o monstruoso, y le encantaban los países poco conocidos, los bandidos, los gitanos, como también los crímenes, mientras no fueran vulgares, mientras tuvieran algo de pintoresco. Fue modificándose, con gran ventaja para él, hasta escribir, a los treinta y siete años, ya en plena madurez, su obra maestra, Colomba (1840), tipo de corsa en el que halló pretexto para la descripción del país. Lo mismo se propuso al publicar Mateo Falcone (1829). Reconocen todos los críticos el encanto especial de ambas obras; pero Colomba, la mejor, tiene una rival española, Carmen, y Carmen no se borra ya fácilmente de la memoria de las gentes. Sobre esta novela compuso Bizet su célebre ópera. Merimée tiene otras obras en que habla de España y que es curioso leer (como Cartas de España), aunque no se le puede aplaudir siempre.

Prosper Mérimée nace en París el 28 de septiembre de 1803 y muere en Cannes el 23 de septiembre de 1870. Estudió Derecho y varias lenguas: inglés, ruso, griego y árabe. Fue uno de los primeros traductores de numerosos libros de lengua rusa. Fue funcionario, teniendo entre otros cargos el de inspector general de monumentos, que le permitió visitar toda Francia. Frecuentó los salones literarios. En 1844 fue nombrado miembro de la Academia francesa.

En 1825 publicó su primera obra, El teatro de Clara Gazul, y en 1827 La guzla, una recopilación de baladas, y presentó ambas como meras traducciones de supuestas obras españolas; posteriormente comenzó aparecer su obra narrativa: novelas históricas, como La jacquerie (1928) y Crónica del reinado de Carlos IX (1832) y, sobre todo, volúmenes de narraciones y novelas cortas, ámbito en que alcanzó una gran perfección: Mateo Falcone (1829); Las ánimas del purgatorio (1834), La Venus de Ille (1837), Carmen (1845), Arsène Guillot (1852) y La habitación azul (1866), entre las más conocidas. Resultan también destacables sus Cartas de España (1830), escritas durante un viaje a la Península, y las Cartas a una desconocida (1873). Y como escribió Mérimée: «El domingo pasado nos hizo un sermón que no era malo para sermón de pueblo, y que venía como de molde: “Que la desgracia era un beneficio de la Providencia para purificar nuestras almas”».

Francisco Arias Solis
e-mail:
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La violencia siempre ha sido reaccionaria.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Gonzalo Gala

Gonzalo Gala dijo

Es además un poco incomprendido, bueno, esa no es la palabra exacta, pero lo cierto es que Merimeé no fue juzgado con justicia. Por sus tópicos acerca de la sociedad del siglo XIX y por crear en "ficción" la realidad, en la España de la época, con bandidos, toreros y mujeres con navajas en la ligua. Por eso, Juan Goytisolo diría de él: "un Merimeé de pacotilla". Es cierto que el retrato que hace de Carmen, un personaje femenino, que según el alemán Eugen Straber, tiene el mismo valor universal que la Margarita de Fausto o la Beatriz de Dante, resulta el modelo de la andaluza de la época y que el ambiente que rodean sus escenas, corresponden con la vida alegre y festiva de la España del XIX; sin embargo, muchos consideran que no da una imagen nada serie de la realidad social. Es una imagen muy viva, casi utópica, que no corresponde con la verdadera situación, ya que la España de ese siglo es una España trágica, llena de movimientos revolucionarios y de guerras que debilitaron seriamente al país y que supuso una de las crisis que llevaron a la definitiva pérdida del Imperio. Pero, ¿no es así como se comportan los turistas de nuestros días, cuando visitan un país extranjero?. Se olvidan de los regímenes políticos, del hambre, de las guerras, y se van directos a lo que les resulta extraño para su país. Actúan como Prosper Merimeé con España.

Algo que resulta interesante para conocer algunos detalles sobre las modas y costumbres populares. En una de sus cartas, describe a las gaditanas de la siguiente manera; "peineta de carey, vestido de raso negro hecho a la francesa, abanico y mantilla de encaje negro". Relata las corridas de toros, una de las aficiones más reconocidas de España, poco aprobadas por las clases elevadas, pero bastante rentables para el sector agrario, como nos lo comenta el propio autor. Y desde este aspecto, compara el espectáculo de la tauromaquia con la acción de la guerra, "que con todos sus honores, tiene encantos extraordinarios, sobre todo para los que los contempla desde lugar seguro". También compararía los toreros con los sans-culottes.

Estas fiestas de los toros aparecían descritas en numerosas novelas de la época, al ser muy vistosas, literariamente, y al reflejar una realidad indiscutible y una de las costumbres más populares. Y aunque algunos aristócratas lo negaban, ya que se consideraba un espectáculo obsceno y salvaje, la nobleza asistía a las corridas y frente aquellas novilladas se sentían, al menos, por unos momentos, como majos y majas de Madrid. Pero además de los "cien primos del rey", como llamaban a la nobleza, asistía la familia real acompañada de ilustres personalidades como Goya o Jovellanos. En realidad, como sucede con los grandes espectáculos de hoy, por ejemplo, la Casa Real asiste a los encuentros deportivos de masa, como el fútbol o los toros.

Lo que ocurre con este autor, es que llega a identificarse con su cultura, costumbre, gastronomía, monumentos y gente, descritos a modos de cartas en su obra, que llegaría a ser todo un embajador de lujo, en Francia, de nuestro país.

Un saludo.

Francisco Arias Solis

Francisco Arias Solis dijo

Le agradezco su ilustrativo comentario sobre Merimée que comparto.

Un cordial saludo.

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