06 Dic 2007

Antoine y Mathilde

Escrito por: akme el 06 Dic 2007 - URL Permanente

Un día extremadamente caluroso, Antoine observa de repente un pecho blanco, liso, afinadamente esférico, por el escote de la bata entreabierta. Este instante mágico duró toda una vida.

Antoine frecuentaba la peluquería desde que era pequeño, pero es a los doce años cuando su deseo de ir aumentó con el descubrimiento de la peluquera. La encantaba la forma en que esa mujer se le acercaba, su olor, su amabilidad y su voz dulce y pausada. Se imaginaba que el hombre que viviera con ella debería ser el hombre más afortunado y feliz del mundo. Desde entonces, se juró así mismo que un día se casaría con la peluquera.

Con esta sencilla historia y la música del soberbio Michael Nyman, Patrice Leconte, su director, narra la peculiar historia de Antoine y Mathilde en una película sensual, nada extraordinaria pero que te seduce a través de gestos y actitudes y en la que el simple acto de cortar el pelo se torna estimulante.

El final de la historia se concreta en la carta de Mathilde:

"Mi amor, me voy antes de que te vayas tú, me voy antes de que dejes de desearme, porque entonces sólo nos quedará la ternura. Y sé que no será suficiente.
Me voy antes de ser desgraciada.
Me voy llevando el sabor de nuestros abrazos, llevando tu olor, tu mirada, tus besos, me voy llevándome el recuerdo de los mejores años de mi vida, los que me diste tú.
Te beso infinitamente hasta morir.
Siempre te he amado; no he amado a nadie más.
Me voy para que nunca me olvides."

Esta podría ser una síntesis de la película El marido de la peluquera.

Bala es amiga mía. No llega a tres años desde que la conozco pero hace posible el fluir de una corriente de simpatía mutua. Ella es la “compi de la vida” de mi amigo Milan, un paisano que pateó las calles de mi mismo barrio, allá por los años 60 y que hoy, después de 40 años sin saber uno del otro, se ha convertido en alguien muy cercano.

La cuestión a la que da pie esta introducción ocurre en octubre de 2006, cuando nos reunimos unos cuantos amigos a pasar unos días, perdidos al fondo de un barranco. “El boquete”, le llamábamos a la casa rural. Y allí en el boquete, mi amiga Bala, me hizo una “faena de aliño” que me dejó presentable para unos cuantos meses.

Esos meses pasaron en demasía y en mayo de 2007 escribí lo siguiente:

"A mi querida Bala:

Tenía que ocurrir. Tarde o temprano era algo que ambos temíamos que ocurriera. Pero dejémonos de rodeos: SI, TE HE SIDO INFIEL. Las presiones han ido multiplicándose y yo te tenía demasiado lejos como para poder resistir la tentación más de lo que lo he hecho. Me he visto arrastrado por mi buena fe y todo ha terminado como una vulgar tomadura de pelo.

Te aseguro, que una vez derrotadas mis últimas defensas, mi intención era que sólo se tratase de la puntita. Pero ella no tuvo piedad alguna y metida en faena no tuvo la más mínima compasión, mientras lo absorbía todo completamente. Después ya sólo te queda un amargo lamento; no hay vuelta atrás y la pregunta es: ¿por qué he cedido?

Sólo queda esperar que el tiempo cure las heridas… ¡Pero qué distinto ha sido todo! Contigo fue a la cálida luz de un magnífico día otoñal y con ella, en cambio, bajo la fría claridad de unas luces fluorescentes. Tu contacto lo sentía sin verlo, el de ella lo he visto horteramente reflejado en un espejo, para escarnio de lo que estaba sucediendo y de mi propia desnudez.

Espero que sepas perdonarme. No tengáis duda, mi señora, el espejo diario será mi testigo, purgare mi culpa y con el tiempo, si me lo permite, redimiré mi honor. Y aunque para ello deba esperar a tener que anudarme la coleta, dad por hecho que la próxima vez será, sin duda, con vos.

Besos"

Y efecto, me pude contener lo suficiente y hubo una próxima vez, sólo hace un par de semanas. Bala sonreía picarona; Milan, el marido de la peluquera, observaba divertido. Al final lo hicimos. No cabía otra.

De niño bailaba

canciones del moro
el baile venía de adentro y así se inventaban los modos
de niño soñaba olores profundos
las mezclas de espuma, colonia y
sudor de unos pechos desnudos

creció con su sueño y un día le dijo:
acabo de verte y ya sé que nací pa' casarme contigo
Mathilde mi vida, Mathilde mi estrella
le dijo que sí nos casamos Antoine y bailó para ella

y abrázame fuerte que no pueda respirar
tengo miedo de que un día ya no quiera bailar conmigo nunca más

cariño y ternura, colonias y besos
te tengo, me tienes, quisiera morirme
agarrado a tus pechos
el amor es tan grande, tan sincero y sentido
que un día de lluvia Mathilde acabó por tirarse en el río

y abrázame fuerte que no pueda respirar
tengo miedo de que un día ya no quiera bailar conmigo nunca más

mejor buenos recuerdos que un pasado perdido
por eso Mathilde un buen día acabó por tirarse en el río
lo que fue tan hermoso que no caiga al olvido
te estaré recordando por siempre Mathilde que tú no te has ido

y abrázame fuerte que no pueda respirar
tengo miedo de que un día ya no quiera bailar conmigo nunca más

(Pedro Guerra, “El marido de la peluquera”)

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

El marido de la peluquera

El marido de la peluquera dijo

Que dice aquí la compi, la de la iterativa "cita peligrosa", que está hecha polvo y que mañana se pondrá en contacto contigo; que le ha hecho mucha ilusión las cosas que cuentas de ella y que si tan bien te ido, que no pruebas con otras... y que también te quiere mucho. Eso dice... y se va y me deja sólo.

P.D. No podemos ver el video, y tampoco lo encuentro en youtube ¿?

La peluquera

La peluquera dijo

No te preocupes, mi-niño, que si no me traicionas, seguiré bailando contigo. Y te seguiré cortando la puntita. Y, aunque me corta mucho hablar de mis sentimientos en público, solo ahora observo que estábamos rodeados de gente, pero entonces sólo percibía el aire que nos envolvía y se llevaba los pelillos a la mar. Solo nos separaban las tijeras... ¡pero qué cerca!

P.D. Que me han gustado mucho el video y tus palabras. Sigue así que vas por buen camino. Un beso

akme dijo

Miqueridapeluquera, mis con puntas o con dansneakers, siempre estaré presto a bailar contigo. Aunque me preocupan dos cosas: las tentaciones que tendré que superar y sobre todo... la cercanía de las tijeras.

PD: me alegro. Mi intención era poner algo de cariño a mi peluquera y, cómo no, al marido de la peluquera ¡que no me lo dejes sólo!. Besos.

Miguel A. R. R. dijo

Me voy de puente largo, sin acceso a internet por mas que lo he intentado y cuando vuelvo me encuentro todo esto. Te has soltado la melena, nunca mejor dicho.
Esto va subiendo de nivell a un ritmo imparable. Solamente te puedo decir una cosa:

Chapeau!!! ( supongo que está bien escrito , de francés n.p.i.)

Tiene mucha calidad lo que escribes, paisano.

akme dijo

Eres muy amable Miguel. Esto es un buen ejercicio personal y, a veces, hasta una aceptable alternativa a los paseos en camello por el Timanfaya.

¡Bienvenido!

ALVARO

ALVARO dijo

ME ENCANTA ESTA CANCION.

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Me cuesta, muy a menudo, desenchufar mis escasas, pero hasta el momento bienavenidas, neuronas. A veces se dan la mano y y quieren salir a pasear. Si el tiempo lo permite, lo hago y se convierte en un ejercicio interesante, cuando no en simple válvula de escape.

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