02 Feb 2012

Sinpa

Escrito por: akme el 02 Feb 2012 - URL Permanente


No, no se me rebelen con la ortografía porque no es siMpa. Es siNpa, porque procede de SIN_PAgar. Es decir, darse el piro antes de abonar lo que se debe. Así de sencillo.

La Frikipedia lo define como «un arte que sólo con años de práctica puede ser dominado. Consiste en pedir algo (normalmente en un bar) para después hacerte el sueco a la hora de soltar la panoja y abandonar el local cómo si nada hubiese pasado».

Habla también del denominado sinpa perfecto en el que, después de pedir una ronda tras otra, se abandona el local saludando al camarero: - ¡Hasta luego, Lucas!”.

Se puede hacer estando uno solo o bien en grupo. En el primer caso, como una buena combinación de jeta y naturalidad, no debe haber problemas. En el caso de grupo, hay estrategias de abandono al unísono o de manera progresiva, lo que convierte al último del grupo en un claro candidato al sinpa perfecto... o pagar la cuenta.

Desde la entrada en vigor de la ley antitabaco, parece ser que los sinpa han proliferado hasta el punto de que en algún establecimiento se puede leer un cartel que dice: “Puedes salir a fumar, pero paga antes”. Del mismo modo, unas elecciones generales, con una clara disminución de puestos a designar, suelen motivar un aumento de corredores de fondo que realizan sinpas.

Dicen los sinpáticos, que no hay nada más tonto que hacer un sinpa y olvidarse la cartera encima de la barra. Y dicen también que lo que no entra en los valores de la comunidad sinpática es el caso del capitán araña -también llamado caso del capitán Schettino- que, habiendo invitado a unas cuantas rondas, se las pira dejando la cuenta sin pagar a cargo del resto del grupo.

Eso no es un sinpa. Eso es otra cosa.

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23 Ene 2012

El mejor de nosotros mismos

Escrito por: akme el 23 Ene 2012 - URL Permanente

Sin que ello suponga negar la necesidad de mejorar los resultados educativos de nuestros alumnos, tengo el convencimiento de que poco a poco no hemos ido instalando en una dinámica de tipo neoliberal donde lo que cuenta, por encima de todo, es la eficiencia. La consecución de resultados con el menor coste posible. La productividad. La competitividad. La cuantificación de los resultados.

Es precisamente en el ámbito educativo, donde esta dinámica eficientista se convierte en perversa en la medida en que los docentes tiendan a plegarse y someterse a ese planteamiento. Los mejores dejan de serlo. Los mediocres, se encuentran en su salsa y los malos profesionales, con un pequeño esfuerzo de enmascaramiento, logran sobrevivir. Muere la iniciativa, la crítica, la pasión por el trabajo, el esfuerzo, la pretensión de mejora.

El engaño se manifiesta cuando el objetivo se reduce a alcanzar buenos resultados a toda costa, sin que importen absolutamente nada los procesos que conducen a ellos. Una vez más, la ley del péndulo hace estragos. La calidad de los procesos desaparece frente a la trascendencia del resultado obtenido.

Se educa, así, para ser competitivos, para pelear, para lucha, para defender... pero no se educa, por ejemplo, para la ternura. Una educación para la ternura, en un amplio sentido, que exige la poner en valor el mundo de los afectos. Y que exige también el desarrollo de estrategias que permitan dar y recibir ternura.

Ante la falta de apetito de su perro, el propietario decide llevarlo al veterinario. La prescripción, después de examinarlo, se traduce en un tratamiento a base de aceite de hígado de bacalao durante varios días. Después de administradas varias dosis, al oír los pasos del amo, el perro corría a esconderse. Pero la operación volvía a repetirse: el amo lo tomaba con energía del collar, le arrastraba con firmeza hacia una sala, le sujetaba la cabeza entre las piernas, le forzaba a abrir la boca y, con una cuchara, le introducía el aceite a la fuerza.

Como al perro no le gustaba nada aquella situación, forcejeaba continuamente, tratando de librarse de aquella tortura. Cierto día, forcejeó con tal fuerza que el tarro con el aceite de hígado de bacalao, que su amo tenía sobre las rodillas, cayó al suelo y fue rodando hasta un extremo de la habitación.

En ese momento, ante la sorpresa de su amo, el perro se deshizo de él y fue corriendo a lamer el tarro. No es que no le gustase su contenido. Lo que no le gustaba era la forma en que se lo daban.

Es muy interesante conocer con qué ánimo acude un determinado docente a sus clases. Si disfruta de su trabajo o si padece con él. Si quiere a los niños y a las niñas o los aborrece. O tal vez, si le son indiferentes. Sería interesante saber cómo termina su hora de clase. Es decir, si sus alumnos tienen sentimiento de alivio al acabar, y si para él también hay un sentimiento de liberación. Porque creo que las relaciones del aula se establecen en forma de espejo. Los niños ven reflejada su imagen en el espejo del profesor y viceversa. Ambos devuelven la imagen proyectando lo que sienten, reflejando lo que viven. Ambos se retroalimentan.

Un docente que convierte sus clases en un calvario para los escolares convierte, lo que podía ser hermoso, en una tortura. Lo que podría ser una fiesta se convierte en horrible. Winston Churchill definía muy bien esta situación: “Me encanta aprender, pero me horroriza que me enseñen”. Sobretodo, si en la enseñanza domina la memorización, el aburrimiento, el fatalismo, la indolencia y la falta de expectativas....tanto propias como ajenas.

En gran parte, se produce un error de bulto que muchos utilizan para desenfocar el ámbito del esfuerzo por aprender. Hay una exigencia estándar. Mejora dicho, hay la misma exigencia para todos y una barrera estándar que se toma cono línea roja para decidir quiénes han aprovechado el esfuerzo de aprender u quienes no.

Lo explico con esa cuantificación a la que tanto estamos acostumbrados. Un alumno “de 8” es mejor valorado que un alumnos “de 4”. Por supuesto, el “alumnos de 8” no sólo es mejor valorado, sino que ha realizado el esfuerzo adecuado para certificar que ha aprendido de manera notable. Al otro lado, al “alumno de 4” no sólo no se le puede certificar la idoneidad de su aprendizaje, certificándosele de manea insuficiente, sino que, además, se da por sobreentendido su “escasez de esfuerzo”.

Un pequeño detalle: el “alumno de 8”, venía de ser un “alumno de 7”, mientras que el “alumno de 4”, partía de ser un alumno de “0”. Nuestro sistema está confeccionado para que este último alumno “repita” su proceso de aprendizaje y cando hablan los agoreros de reformas del sistema y hablan de la “pérdida del valor del esfuerzo”, se refieren precisamente a blindar la posibilidad de que el “alumno de 4” pueda seguir su proceso de aprendizaje sin “repetir”. Así nos va y así nos puede ir...

Ni siquiera en el ámbito empresarial, donde se promueven cada vez más técnicas de coaching, hay un intento de desbordar el concepto de esfuerzo en el aprendizaje más allá de “lo mejor de uno mismo”. Trabajaremos, dicen, “...para alinear nuestro potencial a la realidad, seamos el mejor de nosotros mismos”. No el mejor de lo que los demás creen que somos...

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23 Nov 2011

Isla Decepción

Escrito por: akme el 23 Nov 2011 - URL Permanente

Decepción es una de las islas más asombrosas del planeta. Se trata de un volcán activo en las islas Shetland del Sur, frente a la península Antártica. Su sorprendente paisaje está constituido por áridas laderas volcánicas, playas con fumarolas y glaciares cubiertos por cenizas. La isla tiene una curiosa forma de herradura con una amplia caldera inundada. Se abre al mar a través de un estrecho canal, los "Fuelles de Neptuno", formando un puerto bajo refugio natural. Es uno de los pocos lugares en el mundo donde los buques pueden navegar directamente en el centro de un volcán en actividad.

Sobre su nombre existe una leyenda que habla del sentimiento provocado en su momento por la creencia de que existían fabulosos tesoros de piratas y bucaneros que, una vez allí, no aparecieron nunca.

Sí que aparece, desde la unión de dos emociones absolutamente primarias, como son la sorpresa y la pena, un sentimiento de insatisfacción en el momento en que no se cumplen las expectativas sobre un hecho o una persona. Naturalmente que la decepción es subjetiva en tanto que depende de lo esperado de un acontecimiento. Si como decía Purkinje “la decepción de los sentidos es la verdad de la percepción”, es posible que la decepción de los sentimientos sea solo la verdad del corazón y no de la razón.

En cualquier caso, con base certera o no, aparece sin que lo parezca y tratándose de ocultar tras la protección de la máscara de la normalidad. Mejor así. A veces, uno no se puede fiar de la máscara que se percibe en quien muestra el rostro demasiado descubierto.

Ya lo avisaba Herbert: “presta solamente aquello cuya pérdida puedas soportar”.

Y parece evidente que si se utilizase un lenguaje transparente, al hablar de decepción, hablaríamos de engaño, que se entiende más claro. Pero con toda probabilidad, detrás de la máscara de la normalidad, suavizaríamos la expresión en un “me siento engañado”, en lugar de “me has engañado”. Efectivamente, usamos el término decepción cuando se trata de expectativas, de promesas insinuadas en la recepción de un mensaje, no de promesas hechas como emisión de un mensaje.

Algo interesante de la Isla Decepción y que no coincide con el sentimiento de la decepción, es que sales de ella por la misma puerta por la que entras. No hay puerta de atrás.

Vanitas vanitatis et omnia vanitas...

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22 Sep 2011

Iluminados y resentidos

Escrito por: akme el 22 Sep 2011 - URL Permanente

Hoy quería escribir sobre iluminados y resentidos.

Sobre el resentimiento como fenómeno complejo que se cimenta, a menudo, en la toma de conciencia de una propia insolvencia y fragilidad, sobre todo cuando la falta de capacidad no permite llevar a cabo la venganza presumiblemente deseada por el iluminado portador de ese resentimiento.

Sobre la iluminación como fenómeno sobrevenido que lo soporta y que llega al extremo de alterar la jerarquía de valores en un chispazo revelador, juzgando como superiores aquellos valores que se controlan y que no requieren inversión de ningún tipo de riesgo, y como despreciables aquellos otros que son inaccesibles para el resentido.

Quería hablar, después de observar un concreto fenómeno, del resentimiento como una especie auto inoculación psíquica surgida como represión de los afectos y las descargar emocionales, lo que no deja de revelar una propia impotencia del resentido que lleva a frenar el espontáneo impulso de venganza para acumularlo y dar salida, por ejemplo, a través de sucedáneos en forma de machacones mensajes en las redes sociales.

Se manifiesta entonces el resentimiento a través de un estremecimiento de rencor que podríamos definir como “odio retenido” y justificar la denominación de “amargos” que Tomás de Aquino aplicaba a los resentidos “porque retienen la ira por largo tiempo”.

También la desconfianza suele estar detrás de los resentidos que “han visto la luz”, detrás de los solitarios acompañados, de los desenamorados, de los enclaustrados en armarios que no tienen la voluntad y la seguridad de abrir. Dicen que la vida sedentaria, una mala alimentación y escasez de sexo, hacen ver conspiraciones oscuras.

Yo quería escribir sobre todo eso, pero hay días en que el hígado se levanta dentro de tu cerebro y la bilis se esparce entre todas las ranuras de los sesos dejándote con un dolor que no sabes si es físico o una invención del alma. Y así no hay forma de hablar de aquellos que ven más allá de lo divino y lo humano y luego no tienen ni el valor ni la decencia de ayudar a alguien que pinchó en la carretera.

Iluminados resentidos…

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18 Abr 2011

Sobrevivir con uno mismo

Escrito por: akme el 18 Abr 2011 - URL Permanente

Estás viviendo un momento de cambios importantes. Eso te genera, sin duda, inseguridades. Pero es necesario conocerlas, afrontarlas y superarlas.


Bien es sabido que convivir no es fácil, ni siquiera con uno mismo. La singularidad es tan irrepetible que, en ocasiones, resulta excesiva.


Por eso la tentación de buscar modelos fuera de ti mismo. Pero escucha: cada persona es diferente, sus debilidades y sus fortalezas son diferentes. Sus amenazas y sus oportunidades son diferentes. No se trata de que compitas en una carrera contra nadie, tan sólo procura quedarte con la mejor versión de ti mismo.

Nada es más exigente que encontrarse diariamente con que uno ha de soportarse. Y no ya solo por lo monótonos que nos parecemos, sino porque, en verdad, conocemos bien nuestras insuficiencias y obsesiones. Somos más reiterativos de lo que creemos. Con todo, no es la repetición lo más insufrible. Estamos poblados también de frustraciones y de culpa. Y no exclusivamente por las cosas hechas mal, sino por tantas otras desatendidas, no cumplidas, olvidadas, descuidadas. Una vida es una ingente cantidad de tareas sin realizar, de vidas no vividas.

No se trata tanto de que te arrepientas de los errores cometidos como de aprender de ellos. Las elecciones que haces en cada momento –no el azar o el determinismo– es la que finalmente influirá más en tu destino.


No es que hayamos de incidir en remordimientos, ya se ocupan ellos de efectuar su labor, aunque el mayor de los pesares suele obedecer, en última instancia, a lo no hecho, por indecisión, por torpeza, por vagancia o, incluso sencillamente, por esa dejadez tan activa que nos impulsa a vernos acunados por los acontecimientos, adormilados por lo que nos pasa.

No sé si recordarás cómo afrontaba mi padre los problemas. Más que enfrentarse con el problema que tenía por delante, lo que hacía era concentrarse en las soluciones. Aborda las dificultades como si fueran una oportunidad disfrazada.


No son, sin embargo, las tareas no efectuadas o mal hechas las que conforman el temblor de nuestro corazón. Los otros, el otro, este o aquella, el afecto no dado, no acogido, el daño ocasionado, la respuesta tibia, insuficiente, o negada, el desamparo provocado, la desatención, cuando no simplemente el descuido, forman parte ya de aquello con lo que tenemos que vivir y que ya nos constituye. Cada día hemos de decidir reconociendo que lo elegido, siquiera en el modo de una indiferencia, nos acompañará siempre. Hemos de saber que quizá lamentaremos no haber estado a la altura de las circunstancias, en definitiva no haber sabido querer y, ni siquiera, querernos. En cada ocasión, vayamos donde vayamos, allí estamos. Hagamos lo que hagamos, tenemos que ver con ello. Abrazar nuestras carencias no es cómodo. No hacerlo es suicida.

Sé que a veces te sientes enfadado por alguna cuestión y es posible que cargado de razón. Pero no puedes dejar que tus emociones te hagan perder el control de decisiones que afectan a personas que te importan.


No es cuestión de resignarse, ni de castigarse permanentemente de modo cada vez más sofisticado, ni de compadecerse de sí mismo, como si uno fuera la principal víctima de la injusticia del mundo. Y, menos aún, de dejarse gobernar por los propios estados de ánimo, ni de que los trabajos nos dominen y las relaciones nos agobien. Quien no se quiere es peligroso. Quien se gusta demasiado también. Éste el desafío: quererse sin, tal vez, gustarse. De lo contrario seremos, simplemente, poco soportables. Y no solo para los demás. Sobreponernos a nuestra, a veces, insidiosa compañía es también trabajar y soñar por encima de nuestra realidad, resucitar cada día y liberarnos de la resistencia a abrazarnos también a nosotros mismos. Y recrearnos para sobrevivirnos gozosos en cada ocasión.

Tú decides. Tú debes decidir sobre tu felicidad. Ser feliz no deja de ser, en bastante grado, una decisión que uno toma de amar su vida con todas las imperfecciones en la mochila. Es la decisión de disfrutar de lo que en cada momento tienes, sin dejar de actuar para conseguir aquello que deseas.

El texto en cursiva es de Ángel Gabilondo: Sobrevivir con uno mismo, en Alguien con quien hablar, pgs, 121-123, 2007.

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29 Mar 2011

A veces, cuando me paro…

Escrito por: akme el 29 Mar 2011 - URL Permanente

A veces, cuando me paro, vuelvo la cabeza y siento un aliento de nostalgia de un tiempo no lejano que comienza a exudarse entre los poros de una piel excesivamente endurecida en los últimos años.

Añoro paseos por territorios en los que me cruzaba con una miscelánea de pensamientos que desembocaban, a veces, en arroyos de palabras en los que saciaba mis escasos recursos con un baño cálido junto a ellas.

Y en esos momentos me siento como ese amigo de La Princesa Inca que oía voces por la mañana, y que cuando se las quitaron, con fármacos, sintió una soledad tan grande que decía que era más terrible que las voces, que las voces que le acompañaban.

No resulta fácil definir conceptos como soledad o compañía. La soledad no viene determinada por el hecho de estar solo, de la misma forma que para la compañía no sólo basta con la presencia de alguien. En realidad, creo que estoy hablando de sentimientos más que de evidencias físicas. No sé si me explico.

[Hago un paréntesis: me acaba de llamar mi hijo desde una larga, pero sólo física, distancia. Hoy ha hecho un pequeño camino de regreso. A ofrecer compañía y a buscar compañía. La tristeza de sus palabras me hacen temer que será más fácil lo primero que lo segundo. Hoy es noche de soledades]

¿Qué se puede hacer con una noche de soledades compartidas? ¡Menuda contradicción! Qué se puede hacer con ese sentimiento de no sentirse sólo, sino querer estar solo; o ese otro de buscar la compañía para, finalmente, sentirse en soledad…

No valen teléfonos de la esperanza. Son soledades propias, ajenas a culpabilidades externas. Soledades conscientes de que alguien espera fuera el momento oportuno para adentrarse en esta pequeña, jodida y mal hallada soledad.

Y es que es tan fácil aferrarse a esta soledad, encerrarse en este mundito alrededor del ombligo tan fácil de rodear y encontrar de nuevo, sin necesidad de levantar la mirada para observar una y otra vez toda la mugre que se va acumulando en él... Una soledad amante que se abalanza sobre uno mismo promovida desde el interior; que te besa, te acaricia y te vende una sensación de confortabilidad que finalmente te hiere hasta el mismísimo tuétano.

A veces, cuando me paro, no sé si seré capaz de encontrar el inevitable camino de regreso a Ítaca y no deja de asaltarme siempre la duda de que el día que lo haga, seré reconocido por Penélope.


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07 Oct 2010

Love me when I least deserve...

Escrito por: akme el 07 Oct 2010 - URL Permanente

Robert Louis Stevenson puso en boca de su personaje Dr. Jeckill la conocida frase «Love me when I least deserve it, because that’s when I really need it». No hace muchos días la escuché, una vez más, en una magnífica conferencia sobre educación.

¿Cuántas veces la habré recordado pensando en ti? “Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite”. Nunca se me fue de la cabeza, pero nunca ha sido fácil aferrarse a ella.

Hoy te marchas a Londres a la búsqueda de una nueva etapa en tu vida. A menudo se pone de manifiesto que determinados hechos desvían el curso de una vida, la orientan en un itinerario hasta entonces insospechado. No obstante, tales experiencias no hacen otra cosa que sumarse a lo que ya somos y con frecuencia se olvida qué fue aquello que las provocó. El impulso originado se añade a todo losdemás y reconocemos en él, según las convicciones, la fuerza del azar o el determinismo del destino.

Pero no olvides que frente al encanto de la casualidad y el fatalismo de lo determinado por el destino, se encuentra la voluntad individual de dirigir la propia vida, como un acto de libertad frente a cualquier tipo de atadura. Porque la libertad, te decía en una carta que te escribí a finales de 2001, «es también el derecho que tienen nuestros buenos propósitos de ser llevados a la práctica. Si sólo nos quedamos en la intención, nos estamos limitando a nosotros mismos». En ella te recordaba que siempre podrías contar con mi confianza y mi ayuda, pero también que tuvieras claro que «si buscas una mano que realmente te ayude, la podrás encontrar, con toda seguridad, al final de tu brazo».

Siempre podrás seguir contando conmigo, pero no te olvides de contar contigo. Te di la vida, pero no he podido vivirla por ti; no te corté las alas -¿recuerdas?- pero no puedo volar por ti ni cuidar de ellas; he tratado de enseñarte la diferencia entre elegir una cosa u otra, pero no puedo decidir por ti; he podido hablarte acerca de cómo vivir, sin que ello te asegurara mi deseo de que tengas una vida feliz; te he advertido acerca de peligros que se cruzan en tu vida, pero tuya es la decisión de actuar responsablemente; hemos hablado de metas importantes, pero no puedo alcanzarlas por ti.

A fin de cuentas, cada uno, en uso de la libertad de que te hablo, debe decidir por sí mismo la conducción de su vida. Te quiero, te acepto, y espero con todo mi corazón que decidas siempre lo mejor para ti. Y no olvides lo que te dije en alguna ocasión: «procura no dormir con un escorpión bajo las sábanas».

¡Carpe Diem!

Te quiero

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02 Oct 2010

La impagable levedad del árbol

Escrito por: akme el 02 Oct 2010 - URL Permanente

Hace tanto tiempo que no aparezco por aquí que hasta me da vergüenza asomarme y contar no sé cuántos problemas que lo justifiquen. Hace tan sólo una semana volví a escuchar la conocida frase de Anthony de Mello: "la distancia más corta entre el hombre y la verdad es un cuento
Cuentan que un granjero que había contratado a un carpintero para reparar su vieja granja. Su primer día trabajo finalizó tras una dura jornada. La sierra eléctrica había quedado averiada, lo que le hizo perder un tiempo enorme, y ahora, su viejo camión, se negaba a ponerse en marcha.

Permaneció triste y en silencio mientras el granjero lo trasladaba hasta su casa. Una vez que llegaron a ella, le invitó a conocer a su familia. De camino hacia la puerta de su casa se detuvo frente a un hermoso árbol centenario con una extraña mezcla de robustez y debilidad. Alzó los brazos y tocó el tronco con ambas manos.

Al entrar en su casa ocurrió una sorprendente transformación. En su cara bruñida se dibujaba con toda plenitud una enorme sonrisa. Abrazó a sus hijos y le dio un cariñoso beso a su esposa.Su energía había cambiado por completo. Posteriormente, acompañó al granjero hasta su coche.

Al pasar cerca del árbol, la curiosidad impelió al granjero a preguntar por el gesto que hizo al llegar.

- Ese es mis árbol de los problemas, - contestó. Sé que no puedo evitar tener problemas durante el día, como en el trabajo de hoy por ejemplo, pero me niego a traer esos problemas a mi casa. Así que cuando llego aquí al atardecer cuelgo mis problemas en el árbol. Luego a la mañana siguiente, cuando salgo de mi casa, los vuelvo a recoger.

- Lo curioso es, -continuó hablando- que cuando lo hago, ni remotamente encuentro tantos problemas como los que recuerdo haber dejado la noche anterior.

Hace sólo un par de días, Rafa -mi primo, 50 años- falleció de manera súbita cuando estaba almorzando con su familia. La fortuna quiso que en su vida hubiese un árbol sobre el que colgar cada noche sus problemas, lo que le hizo feliz.


Descansa en paz.

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23 Ene 2009

How many more?

Escrito por: akme el 23 Ene 2009 - URL Permanente

Fotos de: http://www.flickr.com/photos/anwarhit/

Sus palabras, su cadencia, su leyenda, y esa amanera de reventar los límites entre el rock y la poesía hace que Blowin' in the wind sea uno de esos raros himnos que uno puede cantar sin avergonzarse.

Antes de cantarla, Dylan, solía comentar: “Creo que entre el gran número de criminales que existe, se pueden contar los que vuelven la cara cuando ven el mal y saben que es el mal. Yo no tengo más que veintiún años y sé que se han hecho ya demasiadas guerras; vosotros, los que tenéis más, lo deberíais saber mejor aún. Ahora la mejor forma de responder a las preguntas de la canción, es exponerlas.”


¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que lo llames hombre?

¿Por cuántos mares debe una paloma blanca navegar antes que pueda dormir en la arena?

¿Cuántas veces deben volar aún las balas de cañón antes de ser para siempre prohibidas?

La respuesta, mi amigo, está en el viento.

La respuesta está flotando en el viento.

¿Cuántos años debe existir una montaña antes de que se la trague el mar?

¿Cuántos años puede algún pueblo existir antes de que se le permita ser libre?

¿Cuántas veces puede un hombre volver su cabeza y fingir simplemente que no ve?

La respuesta, mi amigo, está en el viento.

La respuesta está flotando en el viento.

¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba antes de que pueda ver el cielo?

¿Cuántas oídos debe tener un hombre antes de poder oír el llanto de la gente?

¿Cuántas muertes le llevará aún, para que sepa que demasiada gente ha muerto ya?

La respuesta, mi amigo, está en el viento.

La respuesta está flotando en el viento.

How many more?

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10 Ene 2009

Luna Llena II

Escrito por: akme el 10 Ene 2009 - URL Permanente

El día vuelve a amanecer gris; el aire de la ciudad no está preñado de gotas de agua, pero sí –tal vez- de un frío anunciado.

Quisiera poder llevarle
versos a tu luna blanca
escritos en papelitos
que tu camino adornaran

Del otro lado, hacia el poniente, la luna parece esconderse entre pespuntes de nubes: una luna con derecho de luna, como ella misma. En efecto, se dibuja una luna menguante y un hombre y una mujer caminan por su borde.

Mil recuerdos con trazos de tristeza surcan esta escena. Vuelvo a situarme delante del espejo vaporoso y empañado por la bruma. El viaje vuelve atrás…

Y sí, a pesar de todo, es nuestra luna la que se refleja en ese espejo, pero la noche me oscurece, y puede hacer de ella una caricatura de lo que fue, de lo que es…

Agua trae en el cuerpo luna con cerco.

Encadenado a la realidad miro a través de mis esencias, sin pavanas que me susurren al oído nuestro destino, sin espejismos recurrentes que cercenen nuestra luna, mientras mi mente se interroga en la partida, bayadera embrujada, con la misma pregunta de antaño: ¿habré de beber las aguas del Leteo?

¿Hasta dónde llegarás, luna menguante? Invéntame, tal vez, culpable de tus silencios y los míos, o al menos esparce algunos pétalos blancos si has decidido abrir un sarcófago, y deja una pequeña moneda debajo de mi lengua con la que pueda sobornar a Caronte mi traslado de vuelta.

El Sol busca a la Luna iluminando la Tierra entera,
pero jamás la encuentra porque ésta sólo aparece en la oscuridad.
Y cuando se encuentran…
¡ay cuando se encuentran…!

El frío de esta noche se derrama a través los poros de mi piel y puedo contemplar como la luna, aún menguante, se desnuda íntegramente ante mis ojos para sumergirse en las aguas del mar que baña los pies de sus evocaciones.

Es curioso. Uno puede escapar de casi cualquier cosa... menos de sus recuerdos. Tanto tiempo en una la rutina del ciclo lunar y ahora, reflejado en el blanco rostro de la luna, vuelve a aparecer su imagen nítida ante mi memoria. Sus enormes ojos, su manto dorado, su piel tersa... El aliento se me encoge por la autenticidad del recuerdo.

Alguien ha dicho que la luna está tan pálida
porque hace exclusivamente vida de noche

¡Silencio! Increíblemente, vuelve a sonar el violín. Lo oigo mientras esto escribo. La hermosura de la música que extrae acompaña el júbilo de la memoria y hace brillar mis ojos.

Desde aquella lejana noche en que brilló luna por vez primera, el destino parece haberse empeñado en negar su existencia cuando mengua. Pero su reflejo ha vuelto a traerme el resplandor de su mirada. Y la música del violín ha hecho aflorar a mi memoria el suave tacto de su mano en el andén del tren.

Dulce y triste, como un amor sobrecogido
por largos suspiros de lo profundo
de un sauce poco a poco va saliendo la luna.

Y recuerdo el diálogo entre el violín y el oboe sobre las tinieblas de la oscuridad. La magia de Paganini comulga con la magia de la noche y me hacen desearla. -¿Podría desunirme a ella? Durante un momento el vértigo de la eternidad se asoma a mis ojos. Pero -¿que conseguiría con ello? Aunque me convirtiese en nota, jamás volvería a ser música.

Un lejano viento de siglos ha tallado el alma de esta música y yo a su lado no soy nada. Asomarme al abismo de sus ojos es como mirar cara a cara el rostro del tiempo. Y su tiempo es un espejo de mi destino...

Suavemente se extingue el ruido. La luz de la luna permanece como un recordatorio de que su estela es un camino. No es solo el miedo a la oscuridad que representa su ausencia. Nuestro universo corre por cauces paralelos que a veces no se encuentran. Dejaría todo por seguirla. Como la misma música, también soy viejo y estoy cansado. A veces sólo quisiera cerrar los ojos y dormir.

Porque a su lado puedo dormir. De modo que atesoro su presencia entremezclada con mi aliento, a veces, dolorido. Guardo su silueta, su pelo, sus ojos infinitos. Envuelvo su sonrisa, su enorme sonrisa, entre los pliegues de mi memoria hasta que la muerte venga a borrarla...

En mi caminar se confunden palabras que cuestan ser dichas, que encarecen de ser oídas...y ya va siendo hora de anudar el hechizo; aunque.... bueno, siempre aguardamos una Luna más...







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SINAPSIS

Me cuesta, muy a menudo, desenchufar mis escasas, pero hasta el momento bienavenidas, neuronas. A veces se dan la mano y y quieren salir a pasear. Si el tiempo lo permite, lo hago y se convierte en un ejercicio interesante, cuando no en simple válvula de escape.

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