06 Jul 2008
Sangre de tu sangre
Como en tantísimas otras cosas a lo largo de la vida, uno se va dando cuenta de que los grandes hitos en la vida de uno mismo no discurren como riachuelos cuyo cauce pensamos podríamos dirigir a nuestro gusto, y hacer cuencas donde había desiertos: no.
Por mucha pasión con las que los vivamos ciertamente, son lugares comunes, felices lugares comunes que nos da nuestra condición de humanos.
Bien , como decía en un principio, a todos nos sucede que conforme pasa el tiempo nos vamos dando cuenta de la razón que tenían nuestros padres con respecto a incontables cosas, razón nos decían, “adquirida por la experiencia, que mas sabe el diablo por viejo que por diablo” o similar. Pero no es por algo de lo que me advirtieran y me de cuenta ahora de lo que quiero hablar, mas bien de algo que he observé hace no mucho tiempo y que me hizo pensar.
Tengo un familiar cuyo trabajo (lo entenderá quien ame el deporte), reporta situaciones de grandes alegrías o penas al final de la temporada. Aquella vez no pudo ser, y se escurrió el ascenso (¡que no este año! :) ) De aquella ocasión, me sorprendió su reacción: al poco de terminar el partido, no había duelos que ensombrecieran el ambiente mas allá de lo coyuntural: él, su mujer y su madre se preocupaban tan solo del viaje de vuelta a casa con el pequeño. Sencillamente, la situación había cambiado, y ahora lo único verdaderamente importante era su cachorrito.
La lectura que extraigo (lo digo antes de ser padre), es que, al fin y al cabo, hasta ese momento, tu lucha ha sido una carrera por hacerte a ti mismo, una lucha, efectivamente, pero en última instancia estas sumando para ti mismo. Es eso lo que me fascina, hoy día, de la paternidad por venir: es como decirte a ti mismo que estas “terminado”, y desde ese momento tus esfuerzos pasan a ser por esa otra persona, esa sangre de tu sangre que en breve empezará a pelear con nuestra ayuda por hacerse persona, como lo hicimos nosotros gracias a ese apoyo constante, a ese resquicio de inocencia que conservamos de nuestra infancia para brindárselo a nuestros hijos.
Epílogo (un año despues):
Ayer soñé con una niña. Una pequeñita rubia que se me abrazaba a la pierna, avergonzada cuando se la presentaba a unos sorprendidos amigos. La impresión que me quedó de ese sueño no fue sino la sensación de tener a un aparte de ti mismo fuera de ti, aferrado a tu pierna por unos momentos o años, antes de lanzarse al mundo.
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Creo que ayer por la noche entendí que es lo que sentiré cuando tenga hijos, y de donde procede esa fuente insondable que es el amor de una madre y que espero que, ya que nos vamos igualando en todo, poder, aunque sea hombre, dárselo yo también a mis futuros hijos…
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Albores
GabrielEste blog nace como resultado de los impulsos que me dieron muchas personas en los últimos años y del naciente deseo de sacarlo del ámbito privado y llegar a la gente.
Pero sobre todo, de la necesidad intrínseca de crear.
Se publicara en forma de artículos semanalmente,cada domingo a las 12h.
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