Escrito por jdminguell
16 Dic 2008 - Enlace
'Milk' es la leche
‘Mi nombre es Harvey Milk’ es la nueva película del director Gus Van Sant protagonizada por Sean Penn y con fecha de estreno en España para el 9 de enero de 2009. Se trata de un biopic sobre la carrera política de Harvey Milk. Asegurador en sus cuarenta años metido a activista por los derechos de la población homosexual en el San Francisco de los setenta. O, el primer homosexual fuera del armario en ejercer un cargo público en los Estados Unidos post-revolución sexual. Una película vigorosa, por momentos apasionante y, sobre todo sorprendente.
Sorprende que el director Gus Van Sant deje los formalismos abstractos de sus últimas producciones (‘Gerry ’, ‘Elephant ’,‘Last Days ’…) para adentrarse en los lugares comunes del biopic más mainstream. Poco diferencia narrativamente ‘Milk’ de las películas sobre las vidas de cantantes, políticos o actores que hemos visto con anterioridad y un poco de alevosía. Por ello, por su normatividad, esta película ha sido muy criticada por los fans del director que se esperaban un acercamiento más arriesgado a una figura con tanto jugo fílmico como la de este activista proto-santo. Pero lejos de resultar un problema, este acercamiento respetuoso y un tanto complaciente a su figura es su mayor baza.
Tal y como postula el personaje central de la película, soberbio Sean Penn, hablar desde una minoría a una mayoría implica adaptar el mensaje a los medios que canalicen mejor las reivindicaciones políticas. Si en ‘I shot Andy Warhol’ veíamos a una Valerie Jean Solanas queriendo cortar la polla (sic.) a todo hombre viviente en su radical camino hacia la afirmación bollero-feminista, en ‘Milk’ vemos como su protagonista ajusta la forma de su mensaje, el reconocimiento de los derechos civiles de gays y lesbianas, al contexto que le ha tocado vivir, conservadurismo creciente post revolución sexual, y a los actores que pueden darle algún tipo de rédito político, el Ayuntamiento de San Francisco y la comunidad de Castro. Lejos de venderse, Milk actúa como un estratega muy consciente de lo que al final importa es llevar su mensaje al máximo número de ciudadanos para logar el cambio a través del mercado, la política y el entretenimiento. Y no contra. Lo mismo hace Gus Van Sant con su película.
‘Milk’, la película, quiere llegar al máximo número posible de personas. Quiere meter en la agenda de los multicines, de las amas de casa, de los palomiteros, de los muleros o de los comerciantes, de los medios generalistas, una lucha relegada a la agenda política de minorías y de sus clientes políticos o económicos. Más allá del ghetto de Chueca o de Castro, más allá de la autoreferencia camp, más allá de la fachada arty o de la llamada 'Cultura Gay', Van Sant transciende con su película haciendo llegar el mensaje de Harvey sin perder un ápice de crediblidad, emoción y compromiso. Gracias a, para empezar, el biopic en su versión tragedia marica (incluso con referencias a 'Philadelphia') como lubricante de género para todos los públicos y, a la postre, con la demostración de la universalidad de una demanda que, tal y como postula Milk y Van Sant, es un tema de Derechos Humanos.
Por ello, no nos detengamos en la superficie. En la España del matrimonio gay y de otros triunfos de los derechos LGTB, esta película podrá sonar desde el artificioso confort de los Chuecas de turno una obra melancólica, casi anacrónica, incluso con un puntillo derevival. Pero en los Estados Unidos post Prop-8, en el mundo post negativa del Vaticano de despenalizar la homosexualidad o, en la Europa que censura una película como ‘Brokeback Mountain’ , esta obra surge con la urgencia con la que el propio Harvey Milk gritaba al inicio de sus mítines: “Estoy aquí para reclutaros".
Harvey, bienvenida sea tu santa (a)normalidad.



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