Escrito por jdminguell
05 Nov 2009 - Enlace
Milagro donde viven los monstruos
Viendo ‘Donde viven los monstruos’, la esperada nueva película de Spike Jonze y adaptación del cuento homónimo de Maurice Sendak, se me pasaron por la cabeza dos películas que lejos estaban de lo que podía esperar del rey del videoclip: ‘El mago de Oz’ y ‘El espíritu de la colmena’. Las tres comparten ese milagro que es retratar la infancia quitándose el cinturón de seguridad de la vida adulta. Todas son productos de su tiempo, todas son un viaje sensorial a la tabula rasa de los primeros pasos, todas son obras de arte dignas de admiración.
Max, interpretado por un soberbio Max Records, comparte su vida entre el tedio del colegio y su familia desestructurada. Una noche riñe con su madre y se va al bosque donde emprende un viaje a ese país donde viven los monstruos que no es otra caso que la inocencia, la fuerza de la infancia, la libertad individual. Un país sin lógica aparente en el que romper cosas está bien, donde las reglas se imponen ad hoc, donde gritar y gritar son rutina. "Un país donde las cosas que quieres que pasen, pasan". Allí Max es coronado rey. Y el espectador también.

Festín de imágenes embriagadoras en las que perderse y encontrarse. Viaje con imágenes puñetazo en las que la ilusión parece estar incluida en el diseño de producción. Ilusión por descubrir, por crear, por destruir y volver a crear, por volver a mirar nuestro entorno con ojos menos hipotecados por la vida adulta. Por volver a creer que otro mundo es posible y que ese mundo no está en manos de los Gobiernos, ni de la televisión, ni del cine. Está en nuestra cabeza. O, mejor aún, estuvo ahí. Solo tenemos que recuperar esa ilusión en un viaje en el que algunos se quedarán por el camino, se trata de una película sobre la infancia pero no para niños, pero en el que si juegas el juego de Max navegarás por una película que sin contar nada, lo muestra todo.
Al salir del cine. no se me ocurrió mejor antídoto contra la España que nos ha tocado vivir. El país de Jonze está lleno de esperanza y de fuerza. Por 7 euros puedes irte hasta allí. Eso sí, cuidado con el aterrizaje.



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