Escrito por jdminguell
20 Mar 2009 - Enlace
A propósito de Almodóvar
Por demanda popular, nos pronunciamos ante el inusitado debate generado por una crítica del compañero Carlos Boyero a propósito de ‘Los abrazos rotos’, la nueva película de Pedro Almodóvar . ¿Es tan mala? ¿Es buena? ¿Almodóvar es ‘un vendedor de humo’?
Vaya por delante que saludamos, reverenciamos, la independencia de este crítico que es capaz de poner a parir a Kiarostami o Almodóvar y aún con esas mantener el mismo grado de legitimidad en sus escritos cinematográficos. Unos escritos llenos de ironía, humor y amor por y para el cine que devoramos con devoción todos los viernes. A buen seguro como tantos otros.
Ahora bien, creemos que la crítica es injusta con una película que bien merecía un análisis mucho más complejo, menos contemplativo, y, sobre todo, con un director que con sus defectos y cualidades es, sin ningún atisbo de dudas, uno de los cineastas más importantes de la historia del cine español tanto artística como comercialmente.
‘Los abrazos rotos ’ no nos gustó por las siguientes razones:
- El guión tiene serios problemas de ritmo, sobre todo al principio, y un desenlace que a pesar de su voluntad rupturista cae en los tics más recurrentes del realizador. No vamos a desvelar nada pero lo del accidente de coche como fatalidad catalizadora de la historia ya da un poco de grimilla.
- Por mucho que le pese al director, domina mucho más el registro neorrealista que el del cine negro. No hay más que ver las escenas en las que Ángela Molina participa y que con dos planos llenan la pantalla de intensidad, dureza y, por utilizar un término muy Boyero, verdad.
- Almodóvar es la definición de director-autor español por el control artístico y comercial que tiene de su obra. Aspiración a la que todo cineasta sueña pero que en el caso del manchego se ha convertido en su peor enemigo. Por un lado, la ausencia de un productor que le ponga las pilas en ciertos aspectos del desarrollo del guión hace que, simplemente, se repita sin remedio cayendo en la indulgencia como es el caso de su autohomenaje a ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’. El personaje devora al artista.
- Y, por otro lado, el estatus mismo de mito viviente, decía en la rueda de prensa de la película que pagaría por pasar inadvertido y escuchar conversaciones, hace que pierda pie sobre la realidad. Esa misma realidad que tan bien retrataba al principio y de la que parece ya ha perdido el pulso haciéndole caer en situaciones tan absurdas como las escenas en las que Tamar Novas pincha en un bar (Pedro, vámonos de copas cuando tú quieras) o esos diálogos impostados entre los amantes en su huída (nadie diría esas cosas ni borracho de amor y de Raymond Chandler).
‘Los abrazos rotos ’ nos gusta por las siguientes razones:
- Tiene dos secuencias antológicas. El polvo entre sábanas entre José Luís Gómez y Penélope Cruz remitiendo a Magritte y con un diálogo de escándalo y, la secuencia posterior en la que Penélope Cruz se dobla a sí misma delante de los ojos impertérritos de Lola Dueñas y el mismo José Luís Gómez, son dos pruebas de que Almodóvar tiene un ojo genial a la hora de construir imágenes y situaciones abiertas, sorprendentes, arrebatadoras.
- Penélope Cruz da un recital más que interpretativo, de estilo, elegancia y saber estar ante la cámara que le sitúa en ese lejano star system con sabor (a) clásico.
- Nos descubre a una Carmen Machi que cuanto más se aleja de su personaje en ‘Aída’, más nos hace querer a Aída y más hace darnos cuenta que es un personaje que si lo sacas de limpiar suelos y lo pones de Concejala de Asuntos Sociales, sigue siendo igual de efectivo, desternillante y genuinamente castizo, español.
- Los actores demuestran que a pesar de la dificultad de los diálogos por su naturaleza, digamos, literata son profesionales enormes en especial Lluís Homar y su cieguito dolido, Blanca Portillo en plan caja de Pandora con predilección por el Gin-Tonic y, un Rubén Ochandiano que escapa de la caricatura para construir un personaje de marica mala noventera que, sencillamente, resulta abyecto y a la postre brillante.
- Mantiene el excelente nivel de composición de planos a la que nos tiene acostumbrado Almodóvar que, esta vez, con la ayuda de Rodrigo Prieto en la fotografía juega con las luces de Lanzarote, de Madrid o de Ibiza con inusitada sencillez y fuerza. A años luz del 80% del cine español.
- Ver una película de Almodóvar es como navegar por Internet. Cada imagen, cada escena, cada diálogo, te remite a muchas otras referencias. 'Hipertexualidad' lo llaman en el Cahiers du Cinema, 'jugar' lo llamamos nosotros.
- Cierra su película con una frase de Lluís Homar que a cualquier persona que ame el cine, o que ame a secas, le dará qué pensar.
Terminar con una nota a pie de post sobre uno los aspectos que más rabia le daba a Boyero en su crítica: El marketing. El miércoles pudimos asistir a la première de la película de Madrid en los cines Proyecciones. Las ocho salas del cine proyectaban la película para un público invitado que iba desde los VIPS de cajón, léase exchicas Álmodóvar y Miguel Ángel Silvestre, hasta periodistas, taxistas, amas de casa, wannabes de Malasaña…. Casi 1500 personas llenaron los cines para después irse a la fiesta organizada por El Deseo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Una macro-fiesta tendencia cotillón que aglutinó a todo el mundillo cultural madrileño alrededor de la barra libre y de los baños. En España se produce una media de 120 películas al año… ¿os imagináis 120 estrenos así? Da qué pensar.
Dicho todo esto, nos morimos por saber vuestra opinión sobre esta película.

