'Liverpool', mejor película en Gijón

El cine argentino ha estado muy presente a lo largo de toda la edición del 46 Festival de Cine Internacional de Gijón, tanto en la sección oficial, con dos películas a concurso, como en otros apartados, como el homenaje a la directora Lucrecia Martel. Dos de los premios más importantes, el del jurado y el de la crítica han recaído sobre dos películas argentinas, Liverpool de Lisandro Alonso, y Una semana solos, de Celina Murga. El jurado del festival ha premiado a Liverpool por su cine "arriesgado, personal y sin concesiones". 'Una semana solos' llegó al festival apadrinada por el cineasta estadounidense Martin Scorsese.
Liverpool es una árida y lenta historia sobre un marinero que regresa, tras muchos años fuera, a su hogar, en un recóndito lugar de Tierra de Fuego, donde dejó varios asuntos pendientes. El anuncio del jurado ha sido recibido con aplausos por parte de la prensa. Según el jurado, la "elección fue difícil debido a una selección muy buena de películas" y Liverpool recibe el máximo galardón por su "autenticidad, por ser una película especial". El jurado ha estado formado por Julia Loktev, Malena Alterio, Alex Brendemühl, Sergio Wolf y Hannes Stöhr.
El premio especial del Jurado ha recaido en la pelicula francesa 35 shots of Rum, de Claire Denis. Por su parte el jurado joven ha preferido el documental animado Vals con Bashir, del director israelí Ari Folman, película que también ha obtenido el galardón a la mejor dirección artística. La película estadounidense Ballast ha obtenido galardones para sus tres intérpretes, que son actores no profesionales y nunca antes habían trabajado en una película. Tarra Riggs ha obtenido el premio a la mejor actriz y Michael J. Smith y Jim Myron Ross comparten el de mejor actor. El premio al mejor guión ha recaído en Stella, de Sylvie Verheyde. El premio al mejor director ha sido para Sergey Dvortsevoy, por Tulpan.
Love, de Cristian Solimeno, ha obtenido el premio al mejor cortometraje y Je veux voir y











El punto de partida de Ballast es un suicidio, a raíz del cual cambiará la vida de tres personajes (hermano, ex esposa e hijo) en un camino oscuro y desesperante que parece no tener un final de esperanza. Ballast es tristeza, es austeridad y es tan gris como los cielos del invierno del delta...


Somers Town, que compite en la sección joven Enfants Terribles, es un oasis refrescante entre tanta película triste y oscura. Pensada en un principio como un corto de promoción del
Y una de las películas más comentadas en Gijón y candidata en firme a llevarse el premio (según se comenta entre vaso de sidra y vaso) es Afterschool, del neoyorkino Antonio Campos, una inquietante reflexión sobre la culpa ambientada en un colegio/internado bien de Nueva Inglaterra. Bob tiene 13 años y a pesar de llevar dos en el colegio, siente que nadie le respeta. Su vía de escape es Internet y la posibilidad de ver vídeos porno o clips de 30 segundos de peleas de instituto. En el colegio se apunta a una actividad extracurricular (after school)de audiovisuales. A través de una cámara, el medio perfecto para formar parte de algo sin implicarse, será testigo de varios hechos que cambiarán su vida y la de sus compañeros. Debido a lo que ocurre (no damos más explicaciones para no destripar), los diferentes personajes tendrán sentimientos de culpabilidad, tanto por haber sido parte de la acción como por no haber sido capaces de hacer algo… Afterschool está bien, ofrece puntos de vista nuevos sobre temas ya tratados cientos de veces (sexo, violencia, drogas...) y deja un regustillo inquietante que en ocasiones, y desde la distancia, recuerda a Elephant de Gus Van Sant.
Guilio Andreotti tenía que ser contado en una película. Terrorismo, mafia, el Vaticano, corrupción, poder…Todo confluye, todo está conectado. Y el director
Un artefacto montado al
‘Back soon’ (foto) es una bonita indulgencia de
Pero lo mejor de la mañana estaba aún por venir. La finlandesa ‘Black ice’ (foto) es una película sobre la infidelidad pero, también, sobre el feminismo de manual, la venganza y el kárate. Ella (foto derecha) descubre que Él (digno de una buena castración química) le pone los cuernos con una estudiante de arquitectura (izquierda). Ella decide entonces abordar a la estudiante de arquitectura por curiosidad, primero, venganza, después, y culpa, más tarde. Todo con el catálogo de diseño de interiores nórdico de rigor y un discurso tan evidente como pasado. Eso de, según su actriz principal, hacer una película en la que “las mujeres son sujetos, no objetos”. Ojo a la escena de la exploración uterina pre-rollito lésbico o de las escenas de artes marciales. Una propuesta que de tan truculenta, previsible y manida es desternillante. Una delicia que sería lo más una tarde de sábado de resaca por televisión. Una película con seis premios Jussi de 
