Escrito por jdminguell
05 Oct 2009 - Enlace
Brain drain
Ya toca regresar al Madrid post-corazonada y me marcho de Sitges con el regusto de haber visto una gran película. ‘Mr. Nobody’ es el último y más ambicioso trabajo de belga Jaco Van Dormael. Una fascinante y apabullante ópera high-fi para hablar de la muerte, el espacio y el tiempo. Ahí es nada. El hombre más viejo del mundo (Jared Leto) recuerda su vida pensando en las posibles vidas que habría tenido si en vez de haber hecho A, hubiera hecho B. Y lo hace en una cascada de maravillosos hallazgos visuales que por momentos restan claridad a la propuesta de este brillante realizador que crea imágenes como Magritte pinta cuadros: directos al corazón, sin razón pero también sin compasión. Muy recomendable y, esperemos, que encuentre distribución en España.
La que tampoco parece tener compasión es la realizadora Marina de Van. Pero compasión hacia el espectador. Presentaba el morboso encuentro entre Monica Belucci y Sophie Marceau en esta película sobre “los secretos de la identidad”. Una mujer (Marceau) un buen día se empieza a transformar en otra mujer (Bellucci). Plantemiento que pondrá palote a muchos pero que en su puesta de largo en el Auditori se transformó en una fallida y forzada película. Como el personaje del editor le dice a la Marceau al principio de la película: “Su obra es larga, aburrida y demasiado descriptiva”. Pues eso.
Horas antes, Jaume Collet Serra presenta ‘La huérfana’. Una película que sin bien no es nada, NADA, original tiene bastante interés por diversas razones. Por un lado tiene a una protagonista, la niña Isabelle Fuhman, que será un must en tu próxima fiesta de Halloween. Muy chunga la niñita de mierda y menudo estilismo, tía. Y, por otro lado, Collet-Serra es el único director español que trabaja en Hollywood que no es un-director-español-que-trabaja-en-Hollywood. A ver si me entienden:
Este catalán cogió sus bártulos a los 18 años y se largó a EEUU a realizar su sueño: trabajar en Hollywood. Empezó en publicidad, rodó incluso una campaña para Obama en la que aparecían, entre otros Leonardo di Caprio y Steven Spielberg, para después ser nominado a los Razzies por su ‘House of wax’ que contenía, entre otras perlas, la primera actuación de Paris Hilton en el cine. Ahora justamente es Di Caprio quien le produce su última producción y prepara otra con Liam Neeson. Un ejemplo más de la fuga de cerebros del cine español, en particular, y del talento español, en general. Tomen nota señores del Gobierno que 'brain drain' casa con 'imigración' y con 'desencanto'. Tomen nota.



Para que se hagan una idea es como si en el Orgullo Gay, en vez de pluma, los participantes perdieran miembros del cuerpo y en vez de house bailaran garage o rockabilly. O, para los que nunca han disfrutado con el Orgullo Gay, una muestra de atrocidades físicas de lo más divertido y festivo. Bravo por la iniciativa y esperemos que no sólo en Sitges, también en otras ciudades de España, haya más. 
Otto es un zombie que no come carne humana. Harto del campo, decide irse a la gran ciudad, a Berlin, a conocer gente nueva. Otto es un zombie gay que ve todo rosa y el protagonista de una película experimental dirigida por una excéntrica artista underground empeñada en hacer una película de gente no muerta pornográfica y política. Otto es también el protagonista de la nueva provocación de Bruce La Bruce: ‘Otto or up with dead people’.
Jean Claude Van Damme fue una joven estrella de Hollywood para después convertirse en rey del VHS y, más tarde, en decadente actor con problemas de todos los tipos. Jean Claude Van Damme es el actor que jamás creías que te haría llorar pero que emociona y divierte en su última película ‘JCVD’. Una mezcla entre ‘Cómo ser John Malkovich’ y ‘Tarde de perros’ que convierte a ‘The muscle from Brussels’ en el desternillante mártir postmoderno que el friki católico que llevamos dentro necesita.
Hemos tenido la oportunidad de ver en la Sección Oficial tres películas de este país (tres y un tercio si contamos el capítulo de Bong Joon-Jo en ‘Tokyo!’) demostrando una vez más la vitalidad de una industria que puede presumir de crear productos culturales rentables Y de indudable identidad artística. La última película en ser presentada ha sido esta mañana, se llama ‘The Chaser’ y la realiza el primerizo Na Hon-Jin. Un taquillazo en su país para la historia de un chulo exdetecive de policía que al investigar la desaparición de una de sus ‘chicas’ descubre que el culpable es un pobre desgraciado que se dedica a descuartizarlas y a enterrarlas en su jardín.
Otra de las películas en corenao destacadas de esta edición es ‘The good, the bad, the weird’ de Kim Jee-woon. El director de la excelente ‘A bittersweet life’ rueda una reverencia al spaghetti-western de toda la vida ambientado en la Manchuria de los años 30. Y lo hace poniendo la vista en el pastiche hiperquinético de Quentin Tarantino pero, al igual que el director de ‘The chaser’, dotando a su narración de suficiente entidad como para trascender el homenaje a los referentes de género y realizar un virtuoso ejercicio que divierte, entretiene y, sobre todo asombra.
De la prensa, del público, del premio… Abel Ferrara ha venido a Sitges con ganas de guerra. Se ha labrado fama de director maldito a pulso con obras tan perturbadoras como ‘Teniente corrupto’ o ‘Funeral’. Eso por no hablar de las leyendas urbanas que circulan sobre su vida. ¿Pose? ¿Autenticidad? Abel Ferrara está cansado, se pasa las manos por cara ante cada pregunta, te pide menos preguntas estúpidas, te pide más atención, te pide toda la atención.
Michel Houellebecq es un hombre renacentista. Es un excelente poeta, un polémico novelista (‘Ampliación del campo de batalla’, ‘Las partículas elementales’…), interesante ensayista , ha hecho un magnífico disco con sus escritos (‘Présence Humaine’), incluso tanteó con la fotografía (‘Lanzarote’). Pero, a tenor de lo visto esta mañana en Sitges, Michel Houellebecq tiene que dejar el cine. Ya. La adaptación al cine de su novela ‘
De la novela ‘La posibilidad de una isla’ queda la trama sobre el clonaje humano, las referencias a Aldous Huxley y el ambientillo ‘tour operator’. Por el camino se ha perdido el humor negro, la historia madrileña y almeriense y, sobre todo, la chispa. Esa capacidad de seducción que tiene Houellebecq al hablar de la basura de nuestra cultura. Y que nos guste. 
