06
Nov
2010
Pasear como hacía Dédalus
Cuando salgo a pasear, simplemente a caminar o complejamente a dejar de pensar, es lo que quiero hacer, dejar de pensar, dejar, de algún modo, mi mente en blanco. Pero es imposible.
Cuando salgo a pasear solamente entregado al acto de la observación, nunca puedo dejar de pensar, hay un pensamiento en todo cuanto veo. La gente que pasa: me parece la misma vida que pasa, pasa mientras yo observo el mundo que se asemeja a una fiera cuyas vísceras no dejan de fagocitarse a sí misma, para luego en un vómito eterno lanzar los restos a millones de años luz.
Entonces, y sumido en mis meditaciones, con las que me enfrento desde el principio de los siglos, una mirada cándida me desconcierta y me lleva a un lugar también ajeno a mí. Hay hombres que hablan en la plaza de otro tiempo como si éste ya les hubiera caducado en plena nariz sin que apenas hayan tenido tiempo de asimilar el presente, que ya no reconocen porque lo confunden con ese tiempo del que ya no saben si fue cierto o solamente un guiño de su incierta memoria.
Otras veces me gusta seguir a una u otra persona que me ha parecido interesante y de la que sueño recibir el don del paraíso: quizá la eternidad. Pero sus labios quedan sellados como cosidos por una alambrada de espinos por la que no puede pasar el presente que su dios olvidadizo le entregó para mí: su corazón, tierno, palpitante, cálido y sangrante…
La miraba de alguna persona con la que me cruzo en mis paseos, me trae un nuevo pensamiento, y un vértigo recorre mi cuerpo, y hay algo de agorafobia en ese pensamiento. Doy un repaso a todo lo que he conseguido y siento terror, algo parecido al pánico que siente un cervatillo ante las fauces de un fiero león que no dudará en devorarlo. Haciendo uso de la acción de comparar me considero por debajo de todos. Me pregunto cómo han adquirido tanto conocimiento y tanta memoria, ambos en mí mermados y casi ausentes. Ellos son capaces de recitar de memoria textos enteros, poemas completos, y citar una lista casi interminable de autores con sus frases más características. Son capaces de diseccionar un párrafo y de él sacar la razón de ser del que lo ha escrito. Este punto en particular me aterra, porque tengo la certeza de que erraran al hacer la autopsia de mis textos, y entonces ya no seré nunca yo, seré lo que los forenses -halagadores en la muerte de otros- decidan que he sido.
Intento memorizar y luego citar a autores que me hayan impresionado, que han sido muchos, pero a penas puede nombrar más de cuatro seguidos, a pesar de que haya leído cientos de autores. Adjudicarles tal o cual cita, cual o tal frase, esto es un suplicio para mí.
En mis paseos vespertinos o matutinos, o a esa hora donde los cristianos católicos marianos rezan el Ángelus, sigo ensimismado en un cúmulo de pensamientos, a los que trato de dar un orden, al menos, para organizarlos si cabe, de forma cronológica o alfabética, cosa imposible porque la simple flor de un jazmín me lleva a un país lejano que nunca visité pero en el que parece que siempre he vivido. También reflexiono sobre los libros que leo, y me parece que todos los he leído con anterioridad, no sé, es como si hubiera estado corriendo por las galeradas del mundo de la literatura desde tiempo inmemorial: soy una palabra, soy un símbolo, soy la misma letra con la que están formados los mundos imaginarios de la literatura.
La mirada pasional de una señora de edad madura y ardiente de deseos me desvela de mi ensoñación y vislumbro el placer carnal como una gota de vida que cae de la copa de vino que acaba de caer al suelo desde el pedestal del mundo para cercenarme el tiempo. Pero no consigo salir del libro, estoy en él y para él vivo, y son todos ellos que lo memorizan los que me asesinan cada día, aunque ellos dicen que lo hacen para salvarme. El egoísmo no tiene límites, ni la estupidez, ni la codicia. Memorizan para apropiarse de él, de mí, de los libros, de los autores, para regodearse de que son capaces de memorizar cientos de nombres, cientos de citas que yo jamás podré retener en mi pequeña cabeza de ratón atribulado, lo hacen para ocultar que son incapaces de ser el mismo libro, de crearlo, de parirlo como parieron las Valquirias aquellos monstruos.
11
Oct
2010
Belianís, información general y cultural, número 4, año 0, 12 octubre, 2010
Una nueva entrega del periódico semanal Belianís, información general y cultural.
Director del periódico Belianís, información general y cultural, y de la revista literaria Letras.
05
Oct
2010
Belianís, información general y cultural, número 3, año 0, 5 octubre, 2010
Ya en la red puedes leer: Belianís, información general y cultural , número 3, año 0, 5 octubre, 2010, disfruta de otra forma de informar
Director del periódico Belianís, información general y cultural, y de la revista literaria Letras. http://www.belianis.es Email: info@belianis.es
http://www.alvaeno.com/letras.htm
29
Ago
2010
Agosto literario
Este verano le he dedicado más tiempo a la literatura: ¿más todavía? Ricardo Mena, mi amigo escritor, ensayista y filósofo, y yo, nos reunimos una vez a la semana para lo que nosotros hemos dado en llamar encuentros literarios, entre él y yo, mano a mano, cada uno con lo suyo. Dice Ricardo que estamos condenados por la literatura a ser denostados por el resto de la gente que nos rodea. Yo subscribo lo que dice, porque es así, el escritor es persona solitaria en su trabajo, porque nadie más que él puede entrar en el mundo que va tejiendo con una novela, con un relato, con un poema, un ensayo o un simple epigrama. Sobre todo en la fase de creación el escritor se convierte en el hombre cueva, porque se introduce en la misma para crear y allí además de engendrar da a luz su criatura. Somos lo que leemos y lo que escribimos, de eso no me cabe la menor duda. A mi derecha tengo los libros –en papel- que he leído durante este caluroso agosto; entre los que hay novelas y relatos, que para mí ninguno tiene nada que envidiar al otro. Libros en papel que leo en las horas de descanso cuando dejo de trabajar con el ordenador, donde también leo: artículos, ensayos, poemas, relatos, novelas, teatro, todo en formato digital, además de leer algunas revistas digitales de las que me gustan por sus contenidos y sus diseños, cosa elemental para mí a la hora de seleccionar de todas las que recibo a diario.
Pero en este artículo voy a hablarles sobre los libros leídos este mes, al menos voy a enumerarlos citando sus títulos y el nombre de sus autores, y si no han leído alguno de ellos, les recomiendo que los busquen y los lean, seguro que merecerá la pena el tiempo que le dediquen a la lectura de los mismos, y si los leyeron, nunca viene mal una relectura, que es lo que he hecho yo, releerlos.
La otra tarde salí a pasear y pasé por la librería que colocan en verano en el paseo marítimo de Fuengirola -que todo no lo hacen mal, al menos en un ayuntamiento donde gobierna el PP, desde hace años, y todos sabemos cuáles son las políticas de derechas con respecto a la cultura, ¿no?- y no pude evitarlo, compré algunos títulos que me interesaba releer de nuevo, con lo que ahora mismo tengo en la lista de lectura los siguientes: El signo de los cuatro de Arthu8r Conan Doyle; El parnaso de los ladrones de G.K. Chesterton; Kama Sutra; Crimen y castigo de Fiòdor Dostoievsky; Odisea de Homero; y Romero y Julieta de William Shakespeare, que según Ricardo, fiel seguidor y estudioso de este gran escritor, idealizado por él, ha descubierto que Shakespeare sólo era un máscara de la que se valió el conde Edward de Vere, conde de Oxford, para que su obra fuera publicada y puesta en escena, tema este muy extenso para dedicarle aquí unas líneas, quizá un buen libro sobre la posible autoría -de todas las obras del que hasta ahora conocemos como de William Shakespeare-, del conde de Oxford Edward de Vere.
Ricardo dice que lo que nos falta hoy en día a los escritores son redaños para escribir y denunciar toda la corrupción que padece la sociedad que nos rodea, y puede que tenga razón. Quizá sean cojones los que nos falten para escribir como lo hizo Fiòdor, Chejóv, Joyce, Baroja, Unamuno, Hernández, Machado, Alberti, Neruda… y una lista interminable de escritores que no tuvieron miedo a ser desterrados e incluso encarcelados y en algunos casos matados por contar la verdad o por luchar en contra del poder establecido, quizá sean “güevos” como dicen en mi tierra, lo que nos falta a los escritores para ponerle nombre a los corruptos, para señalar con el dedo a los que manipulan y tergiversan la verdad para crear una a su medida con la que poder hacer lo que les venga en ganas sin que se les pueda decir ni pío.
Vayamos a los libros que he leído en este agosto que también parece haber sido el agosto más caluroso desde hace no sé cuantos años, y yo, que tengo memoria, no como los peces de ciudad que dicen tener memoria de segundos, recuerdo que todos los veranos los medios de comunicación dicen lo mismo sobre las temperaturas. A esto yo le llamo manipulación del colectivo, implantación del pensamiento único y otras definiciones que me hacen temblar cuando pienso en lo que el poder político en connivencia con el mediático están haciendo en los individuos que pululan en este planeta, seres humanos a los que se les está privando de los valores básicos, y a los que se está empujando sin escrúpulos hacia la esclavitud de esta sociedad falsa, e hipócrita, llamada del bien estar, y que todos toleramos, y como dijo aquel cristiano: quien este libre de pecado que tire la primera piedra: ¿será por falta de güevos…?
A lo que iba, a los libros que he leído durante agosto: empecemos por el libro de relatos Noches blancas de Fiòdor Dostoievsky; El monje negro de Antón Chejóv; Kafka en la orilla de Haruki Murakami; El misterio del cuarto amarillo de Gastón Leroux; El cartero siempre llama dos veces de James M. Cain; La caída de la casa de Usher de Edgar Allan Poe; Cuentos de
Mi amigo Ricardo tiene razón, al igual que la tienen mi amigo el escritor Edgar Borges, y otros escritores con los que coincido al pensar que los escritores somos esos seres extraños que observan todo el tiempo y con los que corremos el riesgo de ser diseccionados en alguna de sus novelas; unos parias incomprendidos en un mundo vacío de valores, pero lo mejor es que nosotros los escritores sabemos que hay un buen número de lectores que se refugian al igual que nosotros, en la literatura, el único lugar posible para salvarse de tanta estulticia y vacuidad.
Había dejado atrás uno de los libros que también leí a 38º centígrados en el agosto más caluroso que jamás recuerden los peces de ciudad, Guerra y Paz.
18
Jun
2010
Macondo por decir algo
A José Saramago
Macondo es un pueblo que aparece en Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez y aquí en este artículo, simplemente no es nada, si es que la nada es algo simple que debe ser muy complejo para ser nada, al menos para que nosotros: fieras incapaces la comprendamos. Nada es Macondo y nada es el pensamiento, sobre todo cuando ya el cuerpo: materia, haya desaparecido. Pero no voy hablar de la nada, tampoco del todo, creo que existen la una y el otro en su total magnitud como idea, quizá más limitada en el concepto de la etimología, pero sí del pensamiento
.
Estaba comenzando a escribir este artículo y no podía imaginar, mucho menos intuir, que a la misma hora en que lo había iniciado, estaba dejándonos un gran maestro de la literatura universal, José Saramago, nos ha dejado a sus 87 años de edad con una intensa y prolífica obra que sin duda quedará como su legado, como su aportación a este mundo, Saramago nos ha transmitido a través de su obra sus pensamientos, sus ideas, sus reflexiones sobre el mundo, y sobre los seres que lo pueblan.
Poco hace del día en que otro insigne de la literatura nos dejaba, Delibes, y ahora Saramago: quizá se encuentren en sus mundos imaginarios, o en esos cielos que describieron para los mundos que inventaron. La verdad es que comencé el artículo titulándolo Macondo por decir algo, sin tener claro el contenido del que iba a dotarlo, pero por aquello de que suelo ser un alma de la improvisación, no exenta esta de documentación, improvisé el título para ver si Macondo me llevaba a algún lugar del que contar algo, y como siempre me llevó a dar un repaso a los medios de comunicación para estar al día de lo que ocurre y poder escribir con conocimiento de causa sobre la actualidad. Entonces me puse a echar un vistazo a mi correo electrónico y en un mensaje se me invitaba a leer lo que Juan Cruz ha publicado en su blog sobre Naipes marcados y sobre la presentación de este libro, esta noche, en El Ateneo de Madrid, http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2010/06/el-aburrimiento-de-las-ostras-produce-perlas.html
y tras leer el citado texto como estaba en el blog que Juan Cruz tiene en El País, decidí leer el periódico y llegué a la página principal dedicada a José Saramago que ha muerto hoy en su domicilio en Lanzarote.
Entonces, teniendo argumento para terminar el artículo lo escribo, lo doy por acabado en homenaje a tan ilustre escritor con el que de algún modo me identifico, no por su estilo, sino por su vida, ya que los dos procedemos del campo, y hemos vivido la pobreza, y hemos luchado por salir adelante ”hincándole” los dientes, sin desfallecer, a este mundo.
Saramago nos dice:
Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte.
Revista del Expresso, Portugal (entrevista), 11 de octubre de 2008
Y yo lo subscribo porque a mí también me parece que sin ideas no vamos a ninguna parte. Porque el ser humano necesita pensar, pensarse…Cada día estamos un poco más huérfanos de personas comprometidas y solidarias como Saramago.

08
Mar
2010
El fin de un trabajo es principio de otro (Séneca)
Entonces, ¿para qué escribo? no es la pregunta correcta, sino ¿para quién escribo? El escritor de hoy, además de saber escribir, y de crear historias, debe saber manejar un ordenador, y estudiar los trucos que hay para que su página se visualice entre las primeras; a no ser que el escritor tenga mucha pasta y se permita webmaster, entonces sí podrá tener tiempo para escribir. Otra cosa es el que como yo tiene que aprender todos los trucos de la red, tiene que navegar y alistarse en cuanto grupo de afinidades similares exista por si esto le ayuda a difundir su obra. Búsqueda a veces frustrante porque los editores están de vacas flacas y no le publican ni al hijo del vecino, un tal Eustaquio Trompa de Elefante que es hijo del viceprimer ministro de
Hoy puedes presentarte a un concurso con poemas, relatos, o novelas que contengan faltas de ortografía que no importa, con toda probabilidad el miembro del jurado al que le toque leer y seleccionar, primero le habrán indicado que debe seleccionar a tal o cual autor, aunque este se presente a concurso bajo seudónimo, que no es lo mismo que anónimo, y tampoco es antónimo, y mucho menos antagonista del veredicto final; segundo como ya está casi apañado de antemano, las faltas que en el manuscrito se hayan cometido no importan, ya habrá tiempo de corregirlas, y si se escapa alguna, total al el lector al que van dirigida no le parecerá grave ni leve, porque no se parará, ni se fijará en que vaca ha sido escrita con b o con v, porque ambas existen pero no se conocen las diferencias.
Creo que para no romper el molde, ni eso que algunos comienzan a definir como mi literatura onírica, mis artículos divagadores, síntoma de un mal control sobre los pensamientos y sobre la estructura a seguir para edificar el edificio, yo, como si no fuera conmigo, escribo, y por mucho que escriba, al final puede que sea lo mismo, para ustedes, y para mí, pero además de la lectura, ¿saben ustedes qué otras actividades que no sean escribir pueden rendirte tantos beneficios, y tantos perjuicios, cómo salvarse de esta vorágine literaria llena de faltas de ortografía?
En la calle, afuera, porque en la calle no puede ser adentro, sonaron disparos, en el interior de la taberna, adentro, porque en el interior de la taberna no puede ser afuera, o como bajar para abajo o subir para arriba; y esto lo he escrito ya antes, pero para variar, como dijo Miguel de Cervantes, que gracias a él yo he cursado mis estudios en la universidad que lleva su nombre, digo que el gran Miguel de Cervantes dijo aquello de cuyo nombre no quiero acordarme, yo tampoco y mientras en la calle, afuera, sonaron disparos, dentro, en el interior de la taberna dos hombres discutían sobre el precio de un misterioso libro, en los cristales de las ventanas la lluvia dejaba correr lágrimas transparentes como si los dioses se hubieran puesto a llorar…
Sobre el autor de este blog
Salvador Moreno Valencia (Setenil de las bodegas 1961 -Cádiz-) de formación autodidacta, escribe poesía, novela, relato y artículos de opinión.
Dirige la revista LetrasTRL, es editor de El Diario de Alvaeno y fundador de Ediciones Alvaeno.
Su primer libro "Una puerta en el laberinto" se publicó en 2004, año en el que ocurre el acontecimiento más importante de su vida: el nacimiento de su hijo Leo Zacarías.
Desde entonces ha publicado trece libros.
En marzo de 2011 su libro Hilos rotos para una marioneta fue finalista del I Casting Literario organizado por OnLine Studio Productions para la App Store.
En el mismo mes de marzo se publica su novela Santa Compaña que ha estado durante el 2011 entre los diez libros más vendidos de Casa Eolo libros.
Más información sobre el autor: http://alvaeno.com/salvabiografia.htm
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