07 Mar 2009
PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA
No habiendo encontrado. después de intensa búsqueda. el tiempo donde fuera posible decirte algunas palabras fundamentales para que puedas alcanzar en más oportunidades un estado creativo gozoso. he decidido. ya lo ves. que ese tiempo sea el tiempo de la escritura.
El encuadre, estas páginas blancas, donde te iré diciendo del Otro tu mensaje, de otros. para otros. hundiéndose en la niebla acústica que producen las palabras y sus esotéricas combinaciones.
En el decir de Freud, haremos el amor seis veces por semana, en principio. porque después. vendrán los largos seminarios donde estaremos todo el día juntos y los grandes congresos internacionales donde nos reuniremos con el mar. ¿Te das cuenta? Tú. yo y el mar: como si el mundo fuera esa belleza. Y volveríamos a nuestra ciudad. a nuestros hogares y, cada vez, seríamos más jóvenes y aún más hermosos y terminaríamos sepultados vivos y ahí lo siniestro. por un millón de palabras en varios idiomas y sus combinaciones perfectamente engarzadas al azar.
Sé, me has dicho, que tus intenciones son alcanzar del corazón su centro. Urdir en el propio corazón del hombre una maniobra que, aunque en ella se rompa el corazón, atestigüe tu presencia en el mundo.
Hablar tiene el encanto de no hacer y ahí tu maldición. Porque no hacer no se consigue con el cuerpo, sino con las palabras.
Tendidos sin mirarnos, porque los ojos son los que ponen colores a la muerte. Sin ojos, no hay posibilidad de engaño: la muerte siempre es negra.
Tu cuerpo muerto, tendido y vacío, sólo forma y belleza, tratando de alcanzar sin conseguirlo, ese otro cuerpo, también muerto, mi cuerpo, a tu lado, pleno, condenado por tu carencia a poseer lo que te falta.
Inalcanzable cuerpo muerto, por ser tu propia voz su canto.
Voz de tu voz, palabra de tu palabra,
enredadera atada sin piedad sobre ti.
21 Ene 2009
PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA III
Después de aquel encuentro donde le confesé que era ciego, Ella, llegaba, siempre, diez minutos tarde y un día me dijo: ¿ Vió que, siempre, llego diez minutos tarde? Es porque no quiero psicoanalizarme más con Usted. Mire, le di muchas vueltas al asunto y no lo puedo soportar. Hay algo en su ceguera que yo no puedo tolerar. Si usted es ciego... quiere decir, que cuando yo le digo, por ejemplo: Hoy estoy hermosa, usted no tiene como constatarlo y, eso, es terrible. Cuando le digo que estoy fea, usted no puede decirme: Pero no, querida, usted es hermosa. Y sabe por qué no puede porque usted nunca me vió. ¡Qué terrible! ¡Qué terrible! A mí, el problema, así como lo planteaba Ella, nunca se me había ocurrido planteármelo. Así, que si la intención de Ella era sorprenderme, esta vez lo había conseguido en profundidad. Preferí quedarme callado, esperando sus próximas palabras. Ella no me dijo nada, pero lo pensó: Mejor me quedo callada y espero a ver qué opina el doctor. Así nos quedamos en silencio durante diez años. Cuando Ello volvió a hablar fue para decirme entre enojada, y feliz, ¡Como me engaño, doctor, usted nunca fue ciego!.
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