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10 Mar 2009

FRAGMENTO de DIARIO DE UN ESCRITOR. FEDOR DOSTOIEVSKI

Escrito por: ameliadiezcuesta el 10 Mar 2009 - URL Permanente

Cuadro de Miguel Oscar Menassa

CERVANTES POR DOSTOIEVSKI

Don Quijote es un gran libro; es del número de los eternos, de esos con que sólo de tarde en tarde se ve gratificada la Humanidad. Y observaciones análogas respecto de lo más profundo de nuestra humana naturaleza se hallan en ese libro, en cada página. Ya el solo hecho de que Sancho, esa encarnación de la sana razón, de la prudencia y la áurea medianía, se consagrase a ser amigo y compañero de aventuras del más loco de los hombres, él precisamente y no ningún otro, es notable. Se pasa todo el tiempo engañándolo como un niño y, no obstante, está plenamente convencido del gran talento de su amo; se conmueve hasta lo patético ante su grandeza de alma, cree a pies juntillas en todos los fantásticos sueños del caballero y ni una sola vez pone en duda que aquél habrá de conquistar algún día una ínsula para regalársela. ¡Cuán de desear sería que nuestros jóvenes conociesen esa gran obra! No sé lo que ahora pasará en las escuelas, con la literatura; pero sí sé que ese libro, el más grande y triste de cuantos libros ha creado el genio de los hombres, levantaría el alma de más de un joven con el poder de una gran idea, sembraría en su corazón la semilla de grandes problemas y apartaría su espíritu de la sempiterna adoración del estúpido ideal de la medianía, del orondo amor propio y la vulgar sabiduría práctica.

Ese libro, el más triste de todos, no olvidará el hombre llevarlo consigo el día del Juicio Final. Y denunciará el más hondo, terrible misterio del hombre y de la Humanidad en el contenido: que la belleza suprema del hombre, su pureza mayor, su castidad, su lealtad, su valor todo y, finalmente su talento más grande, se consumen hartas veces, por desgracia, sin haber reportado a la Humanidad provecho alguno, convirtiéndose en un objeto de irrisión, sólo por faltarle al hombre con tan ricos dones agraciado, un don supremo: el genio necesario para dominar la riqueza y poder de esas dotes, gobernarlas y dirigirlas –esto es lo principal–, no por fantásticos caminos de locura, sino por la senda recta, empleándolos en el bien de la Humanidad. Pero, desgraciadamente, son tan pocos, tan poquísimos los genios concedidos a las razas y pueblos que, con frecuencia, estamos obligados a presenciar esa ironía del Destino: que la actuación del más noble y ferviente filántropo sea blanco de burlas y pedradas, por no atinar en la hora decisiva con el verdadero sentido de las cosas y no encontrar una palabra nueva. Pero este espectáculo del desperdicio de fuerzas más grandes y nobles puede, efectivamente, inducir a desesperación a más de un amigo de los hombres, moviéndolo no a risa, sino a llanto ardiente, emponzoñando para siempre con la duda su hasta entonces crédulo corazón.

Por lo demás, solo he querido aludir a uno solo de los rasgos característicos de Don Quijote, a una de las observaciones incontables que Cervantes ha hecho sobre el corazón del hombre y expuesto de forma magistral.

El hombre fantástico, persuadido hasta la locura de la más fantástica ilusión que pueda imaginarse, se ve de pronto asaltado por la duda que amenaza dar al traste con toda su fe. Y es notable que lo que motiva esa duda no sea la incongruencia de su locura naciente, ni la descripción de aquellos caballeros que corrían aventuras por el bien de la Humanidad, ni el desatino de los sortilegios de los magos, que refieren esos libros tan fidedignos, sino algo completamente secundario, lo que bruscamente suscita su duda. El hombre fantástico siente de pronto el ansia de realismo. No lo desconcierta el hecho de que súbitamente queden tropas enteras encantadas. ¡Oh, eso no le inspira la menor duda! ¿Cómo habrían podido demostrar su heroísmo esos caballeros magníficos si no se hubiesen visto en trances tales, si no hubiesen tenido gigantes y hechiceros malignos y envidiosos de su grandeza? El ideal del caballero andante es tan alto, tan bello y útil, y de modo tal se ha apoderado del corazón de Don Quijote, que se le hace ya imposible renunciar a la creencia incondicional en él, pues eso equivaldría a traicionar el deber y traicionar el amor a Dulcinea y a la Humanidad. Pero cuando, al fin, renunció a todo; cuando se curó de su locura y se convirtió en un hombre listo, no tardó en irse de este mundo, plácidamente y con triste sonrisa en los labios, consolando todavía al lloroso Sancho y amando al mundo con la gran fuerza de aquel amor que en su santo corazón se encerrara, y viendo, sin embargo, que no hacía ya falta alguna en la Tierra. No, lo que lo desconcertaba era, sencillamente, una consideración en todo punto exacta, en todo punto matemática: la de que por más poderoso que un caballero fuese, espada en ristre, a descargar mandobles a diestro y siniestro, había de serle, con todo, imposible vencer a un ejército de cien mil hombres, en el espacio de unas pocas horas, y aunque fuese en un día y, además, no dejando con vida a ningún enemigo. Pero ¡así se dice, no obstante, en esos libros fidedignos! ¿Se tratará de una mentira? Pero ¡sí ésa fuera mentira, todo lo demás lo sería también! ¿Cómo salvar la verdad? Y he aquí que entonces, para salvar la verdad, idea él otra ilusión, dos, tres veces más fantástica, ingenua y disparatada que la primera: imagina cien mil hombres hechizados, con cuerpos de molusco, que la aguda espada del caballero puede traspasar con facilidad y rapidez diez veces mayores de las que consentirían cuerpos de hombres corrientes. De esta suerte queda satisfecho el realismo, salvada la verdad, y él puede seguir creyendo tranquilamente en la ilusión primera y máxima, y todo esto gracias a la ilusión segunda, mucho más absurda todavía, concebida por él sencillamente para salvar el realismo de la primera.

Recojámonos ahora en nosotros mismos y examinémonos:

¿no nos ha ocurrido a cada uno de nosotros otro tanto en la vida, un centenar de veces? Supongamos que te has encariñado con un sueño, una ilusión, una idea, una convicción o un hecho externo que hizo mella en tu ánimo, o finalmente, con una mujer que te encantó. Con toda el alma te consagras al objeto de tu amor. Pero, no obstante estar tan enamorado, pese a toda tu ceguera, si hay en ese objeto de tu amor una mentira, una excelencia, algo que tú mismo exageraste y descubriste en tu primer arrebato de pasión, únicamente para hacer de eso tu ídolo y postrarte ante él, a pesar de todo, en secreto, no dejas de sentir cierto escozor: la duda te atosiga, importuna tu razón, se pasea por tu alma, y no te consiente que vivas tranquilo con tu sueño amado. Pues bien: ¿no recuerdas, no te lo confiesas a ti mismo en tu interior? ¿Qué fue entonces lo que de pronto te sirvió de consuelo? ¿No fuiste y fraguaste un nuevo ensueño, una nueva patraña, acaso horriblemente vulgar, pero en la que te diste prisa a poner tu fe sólo por haber disipado tu primera duda?

07 Mar 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA II

Escrito por: ameliadiezcuesta el 07 Mar 2009 - URL Permanente

Querida:

Entregado a un destino que me depara lo mejor, lo más grande, te escribo, para que no pienses que riquezas y famas, me han separado de ti, oh, diosa de los encantamientos más puros; espejismo todo real.
Te llamo querida, porque así han de saber que te amo. Y nadie andará diciendo por ahí, que nuestra relación fue vana o que nuestros besos no eran lo más puro del amor. Y si hundo mis manos en tu vientre es para definir la situación con mayor claridad. El hombre vuelve a la tierra y en la tierra se consumen miles de historias que no han sido publicadas. Por eso te escribo para que la serpiente de la duda anide para siempre en nuestros corazones. Un poema para que nuestros cuerpos sean inmortales en ese silencio del amor, o un gran amor, tal, que alguna vez inmortalice algún poema.
Oh, querida, querida, cuántas veces me desmoroné en tus labios. A veces llevado simplemente por las horas del día, caía sobre vos, amada desde grandes alturas siempre en el medio preciso de una frase. Sin saber lo que quería decir, todavía, pero intuyendo de sesgo, algún final.
Siempre me faltaban palabras, siempre había algo indecible entre nosotros. No era el sexo, sino la historia sangrante y cruel que lo hace cantar. No eran de carne nuestras historias. aunque se grabaran sobre nuestro cuerpo.
Cuando amanecía tus brazos se quebraban sobre la lluvia y un llanto infinito nos acogía para morir. Cuando amanecía, la luz hacía trizas nuestra soledad

05 Mar 2009

LA POESÍA. AFORISMOS Y DECIRES. UN LIBRO PARA PENSAR.

Escrito por: ameliadiezcuesta el 05 Mar 2009 - URL Permanente

Atardecer en el lago

Miguel Oscar menassa


868. Un gran poeta es, por ahora, como se las arreglan las grandes civilizaciones cuando decaen, para que no se diga que todo fue malo.

873. Psicoanálisis y Poesía quier decir psicoanálisis y poesía; si es sólo psicoanálisis, es psicoanálisis, si es sólo poesía, es poesía, quiere decir: no es Grupo Cero.

877. Lo grande sólo asusta a los solitarios.

891. Un pueblo, sometido durante casi medio siglo a las mismas oscuras perversiones, mata su imaginación, su espíritu creativo.

916. La muerte es, para un escritor, un punto y aparte. Y, si es más que eso, el escritor tedrá que psicoanalizarse.

949. Escribir, para ser un escritor, no me parece del todo suficiente.

964. Bastaría por lo tanto un mínimo desvío, casi imperceptible, para que sea todo diferente. Una gran desviación siempre está más cerca de la normalidad que de la poesía.

965. La poesía vaga sin saber, pero sabe.

966. La poesía no nace a la luz, ni proviene de ninguna oscuridad profunda y misteriosa.

967. Es de omnipotentes querer dar cuenta uno mismo y en solitario, de lo que se acaba de escribir. Es como querer arrancar a lo que se escribe la promesa de que , la próxima vez, ella gozará con uno.

968. Imagen que nunca se verifique, exactamente, como tal, en tanto la lógica no es límite de su devenir, sino más bien, condimento indispensable de su producción como imagen. Más que par antitético, donde una puede triunfar sobre otra, par dialéctico, donde, si una desaparece, la otra pierde su sentido como tal.

969. No hay mentes que se adecúen a ciertos mecanismos de creación. Hay mentes creadas por ciertos mecanismos.

970. Para la poesía, no existen los esfuerzos y, menos que menos, los esfuerzos mecánicos y, por otra parte, es absolutamente imposible evadirse de ella o bien sustituirla por monótonos frutos espirituales. Ella no teme a lo desconocido, ni a lo inaudito.

975. La poesía no necesita ni quinientos mil lectores ni ninguna potencia sexual exagerada. Ella se conforma con una hoja en blanco y, si la hoja en blanco es la propia vida del poeta, mejor.

978. Nada se puede revolucionar sin escritura, ni siquiera el amor.

21 Ene 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA III

Escrito por: ameliadiezcuesta el 21 Ene 2009 - URL Permanente

Después de aquel encuentro donde le confesé que era ciego, Ella, llegaba, siempre, diez minutos tarde y un día me dijo: ¿ Vió que, siempre, llego diez minutos tarde? Es porque no quiero psicoanalizarme más con Usted. Mire, le di muchas vueltas al asunto y no lo puedo soportar. Hay algo en su ceguera que yo no puedo tolerar. Si usted es ciego... quiere decir, que cuando yo le digo, por ejemplo: Hoy estoy hermosa, usted no tiene como constatarlo y, eso, es terrible. Cuando le digo que estoy fea, usted no puede decirme: Pero no, querida, usted es hermosa. Y sabe por qué no puede porque usted nunca me vió. ¡Qué terrible! ¡Qué terrible!

A mí, el problema, así como lo planteaba Ella, nunca se me había ocurrido planteármelo. Así, que si la intención de Ella era sorprenderme, esta vez lo había conseguido en profundidad.

Preferí quedarme callado, esperando sus próximas palabras. Ella no me dijo nada, pero lo pensó: Mejor me quedo callada y espero a ver qué opina el doctor.

Así nos quedamos en silencio durante diez años.

Cuando Ello volvió a hablar fue para decirme entre enojada, y feliz, ¡Como me engaño, doctor, usted nunca fue ciego!.


13 Ene 2009

UN LIBRO PARA PENSAR

Escrito por: ameliadiezcuesta el 13 Ene 2009 - URL Permanente

Cuadro de Miguel Oscar Menassa

Este libro abarca 50 años de producción escrita y muestra en 1560 aforismos y decires una manera de pensar en acto, un pensamiento en movimiento. Y aunque sea un libro de 1560 aforismos y decires y escritos a lo largo de 50 años, lo que sorprende es la unidad que de él se desprende.

Su seriedad es ser cierre de la serie de libros producidos que llevan la marca Miguel Oscar Menassa y apertura de los próximos.

Presentar un libro es dejar que el libro se haga presencia, es hablar desde él y que nos conduzca hasta él. En este libro hablan aforismos y decires, hablan de los seres hablantes y se dirigen a los seres hablantes, generando cada uno de ellos su propio silencio. Hablar de un libro es ponerse de camino, no para llegar y establecernos sino para encaminarse y abrir caminos.

Aforismos y decires, donde los aforismos se abren hacia los decires, pues los decires no se dejan capturar en ningún enunciado, sino que se mantienen en el rango de la enunciación. Los efectos de los decires agitan, remueven y conmueven a los seres que hablan. El aforismo se mantiene como una afirmación definicional o sentencia, renunciando al orden preconcebido y tiene el don de impactar por su evidencia.

“El aforismo trabaja políticamente”, podemos decir que es el arte de hacer posible lo imposible, es para todos, habla de algo para todos, “el aforismo puede conducir o salvar una vida”. El decir trabaja poéticamente, es el arte de hacer imposible lo imposible, habla de todos para algunos, “los decires pueden liberar una parte del mundo”. Los aforismos hablan de la humanidad, los decires hablan del sujeto, ambos son actuales, ambos tienen el poder de transformar el pasado y el futuro.

Decir es mostrar, dejar aparecer, dejar ver y oír, donde lo presente y lo ausente se dice, se muestra o se ausenta.

Detrás de este libro hay un pensamiento que nos habla, pero sabemos que no hay posibilidad de acceder a un pensamiento sin trabajo, sin trabajo de lectura y sin el trabajo de transformación necesario para hacerse el lector capaz de esa lectura.

En este libro lo particular y lo universal se cruzan sin encontrarse y sin perder el anudamiento que los sostiene como tales

Un sujeto desplegado en aforismos y decires, un sujeto que se muestra inevitable, estructurado como lenguaje, capaz de apropiarse de lo que le produce. Un sujeto que no se define, ni navega entre lo positivo y lo negativo como si fuera un átomo individual, sino un sujeto grupal, un sujeto que depende de sus relaciones sociales. El aforismo 1535 lo expresa así: “El desgaste no es de las células nerviosas, el desgaste es de lo que rodea la célula nerviosa, es decir, de las relaciones sociales”. O bien el aforismo 942 que dice: “Nuevas relaciones para que se rompan los espejos. Un grupo es, en tanto consiga ser una cadena humana inagotable”. O bien el decir 295, “Soy un grupo, una partícula de luz. Cuando miro, me incluyo en la mirada”.

En el prólogo podemos leer “la inteligencia del escritor tiene el don del desplazamiento”, el don de la metonimia, porque la metonimia del deseo es el corazón de la realidad más seria, la de los humanos, la única seria, la metáfora del sujeto.

El psicoanálisis es el pensamiento más moderno que se ha alcanzado hasta la actualidad y en estos aforismos y decires está presente como trabajo de interpretación.

Y esto se muestra claramente en estos aforismos:

1478­ _La lástima es un dique incestuoso

1481_ El problema no es que alguien no sirva, sino que no deje servir a nadie.

1066_ Antes de la luz, no fue la oscuridad, fue la ceguera.

308_Todos los hombres tienen mujeres inolvidables. Todas las mujeres, siempre, se encuentran con un hombre y lo olvidan todo.

Y también en estos decires:

1458_ Alejo de mí toda venganza, dejo el rencor para los pobres , la vergüenza para las almas puras.

778- Un encuentro entre un hombre y una mujer , debería ser un encuentro sin esperanzas y, sin embargo, Ella ambiciona que él transforme su deseo , y Él ambiciona que ella hable de su deseo. Ambos saben que no podrán.

La doble otredad, la Otredad del lenguaje, es decir la Otredad del inconsciente , y la otredad del semejante, están presentes en el pensamiento que se sostiene y sostienen estos aforismos y decires.

Lo podemos observar en estos:

782. Un pedante es un hombre que tiene más de lo que es.

826- La poesía es de todos, y darme cuenta de esto me hará bien

842. Si soy poeta, algo habré de decir, algún día, que hiera la sensibilidad de los poderosos.

Y termino con el decir 873 que aunque es una enunciación define aforísticamente lo más característico del escritor Miguel Oscar Menassa, en tanto él mismo pertenece al pensamiento Psicoanálisis y Poesía, y todas sus producciones como poeta, psicoanalista, pintor, editor, cineasta, director de Escuela, están inmersas en esa manera de pensar.

“Psicoanálisis y Poesía quiere decir psicoanálisis y poesía; si es sólo psicoanálisis, es psicoanálisis, si es sólo poesía, es poesía, quiero decir: no es Grupo Cero”

Gracias por tu deseo puesto en tu trabajo incesante en la producción de poetas, psicoanalistas, actores, pintores, hombres, mujeres, y también porque tu escritura al tocar la vejez ha hecho que la podamos pensar de una manera diferente y nueva.

AFORISMOS Y DECIRES 1958-2008

MIGUEL OSCAR MENASSA

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