Hay 45 artículos con el tag literatura en el blog Psicoanálisis y Poesía. Otros artículos en La Comunidad clasificados con literatura

23 Jun 2009

Psicoanalizar no es aplicar el psicoanálisis.

Escrito por: ameliadiezcuesta el 23 Jun 2009 - URL Permanente

Autor: Amelia Díez Cuesta

Melancolia

El complejo de Edipo existe en la infancia de todo ser humano, experimenta considerables modificaciones en el curso del desarrollo y en muchos individuos subsiste con variable intensidad aun en la edad madura. Sus caracteres esenciales, su universalidad, su contenido, sus vicisitudes mismas, han sido reconocidos, mucho antes de que surgiera el psicoanálisis, por un pensador tan agudo como Diderot. Así lo atestigua un pasaje de su renombrado diálogo, Le neveu de Romeau, cuya traducción por Goethe en el tomo XLV de la Sophienausgabe dice en la página 136 lo siguiente: «Si el pequeño salvaje quedase librado a sí mismo y si conservase toda su imbecilidad; si uniera a la escasa razón de un niño de pecho la violencia de las pasiones de un hombre de treinta años, por cierto que le retorcería el cuello al padre y deshonraría a la madre.» Si se hubiese demostrado objetivamente que Philipp Halsmann mató a su padre, tendríase, en efecto, el derecho de invocar el complejo de Edipo para motivar una acción incomprensible de otro modo. Dado que tal prueba, empero, no ha sido producida, la mención del complejo de Edipo sólo puede inducir a confusión, y en el mejor de los casos es ociosa. Cuanto la instrucción ha revelado en la familia Halsmann con respecto a conflictos y desavenencias entre padre e hijo no basta en modo alguno para fundamentar la presunción de una mala relación paterna en el hijo. Sin embargo, aunque así no fuera, cabría aducir que falta un largo trecho para llegar a la motivación de semejante acto. Precisamente por su existencia universal, el complejo de Edipo no se presta para derivar conclusiones sobre la culpabilidad. De hacerlo, llegaríase fácilmente a la situación admitida en una conocida anécdota: ha habido un robo con fractura; se condena a un hombre por haber hallado en su poder una ganzúa. Leída la sentencia, se le pregunta si tiene algo que alegar, y sin vacilar exige ser condenado además por adulterio, pues también tendría en su poder la herramienta para el mismo.

La importancia de la formación del psicoanalista se muestra aquí evidente, pues psicoanalizar no es aplicar el psicoanálisis.

16 May 2009

CINCO TESIS PARA UNA TEORÍA SOBRE LA AGRESIVIDAD

Escrito por: ameliadiezcuesta el 16 May 2009 - URL Permanente

Entretiempo

Amelia Díez Cuesta

Tesis I: La agresividad se manifiesta en una experiencia que es subjetiva por su constitución misma.

Tesis II: La agresividad, en la experiencia, nos es dada como intención de agresión y como imagen de dislocación corporal, y es bajo tales modos como se demuestra eficiente.

Tesis III: Los resortes de la agresividad adeciden de las razones que motivan la técnica del análisis.

Tesis IV: La agresividad es la tendencia correlativa de un modo de identificación que llamamos narcisista y que determina la estructura formal del yo del hombre y del registro de entidades característico de su mundo.

Tesis V: Semejante noción de la agresividad como de una de las coordenadas intencionales del yo humano, y especialmente relativa a la categoría del espacio, hace concebir su papel en la neurosis moderna y en el malestar en la civilización.

La agresividad en relación con la dimensión del espacio viene a traslaparse con la de la angustia que se desarrolla en la diemsnión temporal.

Entre estas dos tensiones asume el sujeto su desgarramiento original, por el cual ouede decirse que a cada instante constituye su mundo por medio de la pulsión de muerte.

El sujeto "liberado" muestra sus cuarteaduras , con las neurosis de autocastgo, con los síntomas histérico-hipocondriacos de sus inhibiciones funcionales, con las formas psicasténicas de sus desrealizaciones del prójimo y del mundo, con sus secuencias sociales de fracaso y de crimen.

El psicoanálisis abre la vía de su sentido en una fraternidad discreta por cuyo rasero somos siempre demasiado desiguales.

14 Abr 2009

LEYENDO PSICOANÁLISIS

Escrito por: ameliadiezcuesta el 14 Abr 2009 - URL Permanente

Freud avanzaba en una investigación que no estaba marcada con el mismo estilo que las otras investigaciones científicas. Su campo es la verdad del sujeto. La investigación de la verdad no puede reducirse enteramente a la investigación objetiva, o incluso objetivamente, del método científico habitual. Se trata de la realización de la verdad del suejto, como dimensión propia que ha de ser aislada en su originalidad en relación a la noción misma de realidad.

Freud estaba comprometido en la investigación de una verdad que le concernía a él, hasta en su persona, y por tanto también en su presencia ante el enfermo, en su actividad de psicoanalista, lo cual confirió a las relaciones con los pacientes un carácter absolutamente singular.

El psicoanálisis como ciencia es siempre una ciencia de lo particular, aún cuando estos casos particulares, en el momento en que hay más de un psicoanalista, se presten, de todos modos, a cierta generalidad. Con Freud la experiencia psicoanalítica representa la singularidad llevada a su límite, ya que él estaba construyendo y verificando el psicoanálisis mismo. No podemos borrar este hecho, era la primera vez que se hacía un análisis. El método se deduce a partir de allí, pero sólo es método para los demás.

El psicoanálisis es una experiencia de lo particular. La experiencia verdaderamente original de este particular adquiere un valor aún más singular. La diferencia que existe entre esta PRIMERA VEZ y todo lo que ha venido después - nosotros no nos interesamos tanto en la verdad como en la constitución de las vías de acceso a esta verdad- es fundamental para estudiar psicoanálisis.

05 Abr 2009

EROTISMO Y AGRESIVIDAD. Sigmund Freud.

Escrito por: ameliadiezcuesta el 05 Abr 2009 - URL Permanente

Aquellas personas en las que tal sentimiento inconsciente de culpabilidad entraña intensidad predominante lo delatan así en el análisis con la reacción terapéutica negativa, de tan ingrato pronóstico. Cuando les comunicamos la solución de un síntoma, a la cual debería seguir una desaparición, por lo menos temporal, del síntoma correspondiente, observamos, por el contrario, en ellas una intensificación del síntoma y de la dolencia. A veces basta alabar su conducta en la cura o una palabra esperanzada sobre el progreso del análisis para provocar un recrudecimiento de su enfermedad. Los no analíticos dirían que tales personas carecen de «voluntad de curar», los analíticos vemos en esta conducta una manifestación del sentimiento inconsciente de culpabilidad, al cual satisface la enfermedad con sus dolores y sus sentimientos. Los problemas que el sentimiento inconsciente de culpabilidad ha planteado, sus relaciones con la moral, la pedagogía y la criminología son actualmente el tema preferido de los analíticos. Donde menos lo esperábamos hemos emergido, desde el mundo psíquico abisal, a campo abierto. No puedo yo guiaros en estos nuevos dominios; pero quiero exponeros, antes de terminar por hoy, un razonamiento. Solemos decir que nuestra cultura ha sido instaurada a costa de tendencias sexuales que, coartadas por la sociedad y reprimidas en parte, han sido también en parte aprovechadas para otros fines. No obstante el orgullo que nos inspiran nuestras conquistas culturales, hemos confesado que no nos es nada fácil satisfacer las exigencias de esta cultura y sentirnos a gusto en ella, porque las restricciones impuestas a nuestros instintos suponen una pesada carga psíquica. Ahora bien: lo que así hemos reconocido en los instintos sexuales es aplicable en igual o mayor medida a los instintos de agresión

Estos instintos son, sobre todo, los que dificultan la vida en común de los hombres y amenazan su perduración; la restricción de su agresividad es el sacrificio primero y quizá más duro que la sociedad exige al individuo. Hemos visto en qué ingeniosa forma se lleva a cabo esta doma de lo rebelde. La instauración del superyó, que atrae a sí los peligrosos impulsos agresivos, sitúa, además, una guarnición en los lugares inclinados a la rebeldía. Mas, por otro lado, desde un punto de vista puramente psicológico, hemos de reconocer que el yo no se siente a gusto cuando se ve sacrificado así a las necesidades de la sociedad, cuando se tiene que someter a las tendencias destructoras de la agresión, las cuales le hubiera gustado desarrollar con otros. Es como una continuación en los dominios psíquicos de aquel dilema de comer o ser comido, que domina el mundo de la vida orgánica. Por fortuna los instintos de agresión no aparecen nunca aislados, sino en aleación con los eróticos. Estos últimos tienen mucho que mitigar y precaver en las condiciones de la cultura creada por el hombre.

10 Mar 2009

FRAGMENTO de DIARIO DE UN ESCRITOR. FEDOR DOSTOIEVSKI

Escrito por: ameliadiezcuesta el 10 Mar 2009 - URL Permanente

Cuadro de Miguel Oscar Menassa

CERVANTES POR DOSTOIEVSKI

Don Quijote es un gran libro; es del número de los eternos, de esos con que sólo de tarde en tarde se ve gratificada la Humanidad. Y observaciones análogas respecto de lo más profundo de nuestra humana naturaleza se hallan en ese libro, en cada página. Ya el solo hecho de que Sancho, esa encarnación de la sana razón, de la prudencia y la áurea medianía, se consagrase a ser amigo y compañero de aventuras del más loco de los hombres, él precisamente y no ningún otro, es notable. Se pasa todo el tiempo engañándolo como un niño y, no obstante, está plenamente convencido del gran talento de su amo; se conmueve hasta lo patético ante su grandeza de alma, cree a pies juntillas en todos los fantásticos sueños del caballero y ni una sola vez pone en duda que aquél habrá de conquistar algún día una ínsula para regalársela. ¡Cuán de desear sería que nuestros jóvenes conociesen esa gran obra! No sé lo que ahora pasará en las escuelas, con la literatura; pero sí sé que ese libro, el más grande y triste de cuantos libros ha creado el genio de los hombres, levantaría el alma de más de un joven con el poder de una gran idea, sembraría en su corazón la semilla de grandes problemas y apartaría su espíritu de la sempiterna adoración del estúpido ideal de la medianía, del orondo amor propio y la vulgar sabiduría práctica.

Ese libro, el más triste de todos, no olvidará el hombre llevarlo consigo el día del Juicio Final. Y denunciará el más hondo, terrible misterio del hombre y de la Humanidad en el contenido: que la belleza suprema del hombre, su pureza mayor, su castidad, su lealtad, su valor todo y, finalmente su talento más grande, se consumen hartas veces, por desgracia, sin haber reportado a la Humanidad provecho alguno, convirtiéndose en un objeto de irrisión, sólo por faltarle al hombre con tan ricos dones agraciado, un don supremo: el genio necesario para dominar la riqueza y poder de esas dotes, gobernarlas y dirigirlas –esto es lo principal–, no por fantásticos caminos de locura, sino por la senda recta, empleándolos en el bien de la Humanidad. Pero, desgraciadamente, son tan pocos, tan poquísimos los genios concedidos a las razas y pueblos que, con frecuencia, estamos obligados a presenciar esa ironía del Destino: que la actuación del más noble y ferviente filántropo sea blanco de burlas y pedradas, por no atinar en la hora decisiva con el verdadero sentido de las cosas y no encontrar una palabra nueva. Pero este espectáculo del desperdicio de fuerzas más grandes y nobles puede, efectivamente, inducir a desesperación a más de un amigo de los hombres, moviéndolo no a risa, sino a llanto ardiente, emponzoñando para siempre con la duda su hasta entonces crédulo corazón.

Por lo demás, solo he querido aludir a uno solo de los rasgos característicos de Don Quijote, a una de las observaciones incontables que Cervantes ha hecho sobre el corazón del hombre y expuesto de forma magistral.

El hombre fantástico, persuadido hasta la locura de la más fantástica ilusión que pueda imaginarse, se ve de pronto asaltado por la duda que amenaza dar al traste con toda su fe. Y es notable que lo que motiva esa duda no sea la incongruencia de su locura naciente, ni la descripción de aquellos caballeros que corrían aventuras por el bien de la Humanidad, ni el desatino de los sortilegios de los magos, que refieren esos libros tan fidedignos, sino algo completamente secundario, lo que bruscamente suscita su duda. El hombre fantástico siente de pronto el ansia de realismo. No lo desconcierta el hecho de que súbitamente queden tropas enteras encantadas. ¡Oh, eso no le inspira la menor duda! ¿Cómo habrían podido demostrar su heroísmo esos caballeros magníficos si no se hubiesen visto en trances tales, si no hubiesen tenido gigantes y hechiceros malignos y envidiosos de su grandeza? El ideal del caballero andante es tan alto, tan bello y útil, y de modo tal se ha apoderado del corazón de Don Quijote, que se le hace ya imposible renunciar a la creencia incondicional en él, pues eso equivaldría a traicionar el deber y traicionar el amor a Dulcinea y a la Humanidad. Pero cuando, al fin, renunció a todo; cuando se curó de su locura y se convirtió en un hombre listo, no tardó en irse de este mundo, plácidamente y con triste sonrisa en los labios, consolando todavía al lloroso Sancho y amando al mundo con la gran fuerza de aquel amor que en su santo corazón se encerrara, y viendo, sin embargo, que no hacía ya falta alguna en la Tierra. No, lo que lo desconcertaba era, sencillamente, una consideración en todo punto exacta, en todo punto matemática: la de que por más poderoso que un caballero fuese, espada en ristre, a descargar mandobles a diestro y siniestro, había de serle, con todo, imposible vencer a un ejército de cien mil hombres, en el espacio de unas pocas horas, y aunque fuese en un día y, además, no dejando con vida a ningún enemigo. Pero ¡así se dice, no obstante, en esos libros fidedignos! ¿Se tratará de una mentira? Pero ¡sí ésa fuera mentira, todo lo demás lo sería también! ¿Cómo salvar la verdad? Y he aquí que entonces, para salvar la verdad, idea él otra ilusión, dos, tres veces más fantástica, ingenua y disparatada que la primera: imagina cien mil hombres hechizados, con cuerpos de molusco, que la aguda espada del caballero puede traspasar con facilidad y rapidez diez veces mayores de las que consentirían cuerpos de hombres corrientes. De esta suerte queda satisfecho el realismo, salvada la verdad, y él puede seguir creyendo tranquilamente en la ilusión primera y máxima, y todo esto gracias a la ilusión segunda, mucho más absurda todavía, concebida por él sencillamente para salvar el realismo de la primera.

Recojámonos ahora en nosotros mismos y examinémonos:

¿no nos ha ocurrido a cada uno de nosotros otro tanto en la vida, un centenar de veces? Supongamos que te has encariñado con un sueño, una ilusión, una idea, una convicción o un hecho externo que hizo mella en tu ánimo, o finalmente, con una mujer que te encantó. Con toda el alma te consagras al objeto de tu amor. Pero, no obstante estar tan enamorado, pese a toda tu ceguera, si hay en ese objeto de tu amor una mentira, una excelencia, algo que tú mismo exageraste y descubriste en tu primer arrebato de pasión, únicamente para hacer de eso tu ídolo y postrarte ante él, a pesar de todo, en secreto, no dejas de sentir cierto escozor: la duda te atosiga, importuna tu razón, se pasea por tu alma, y no te consiente que vivas tranquilo con tu sueño amado. Pues bien: ¿no recuerdas, no te lo confiesas a ti mismo en tu interior? ¿Qué fue entonces lo que de pronto te sirvió de consuelo? ¿No fuiste y fraguaste un nuevo ensueño, una nueva patraña, acaso horriblemente vulgar, pero en la que te diste prisa a poner tu fe sólo por haber disipado tu primera duda?

10 Mar 2009

EL HABLA

Escrito por: ameliadiezcuesta el 10 Mar 2009 - URL Permanente

"Si es verdad que el ser humano tiene por morada de su existencia la propia habla-independientemente de si lo sabe o no- entonces la experiencia que hagamos con el habla nos alcanzará en lo más interno de nuestra existencia. Nosotros, que hablamos el habla, podemos ser así transformados por tales experiencias, de un día para otro o en el trascurso del tiempo."

Esto que parecería fácil, no lo es tanto, porque "nuestra relación con el habla es indeterminada, oscura, casi muda." "Sería provechoso si desistiésemos de la costumbre de oír siempre tan sólo lo que ya entendemos"

LA PALABRA

Sueño o prodigio de la lejanía

Al borde de mi país traía

Esperando a que la Norna antigua

En su fuente el nombre hallara-

Después denso y fuerte lo pude asir

Ahora florece y por la región reluce...

Un día llegué de feliz viaje

Con joya delicada y rica

Buscó largamente e hízome saber:

"Sobre el profundo fondo nada así descansa"

Entonces de mi mano se escapó

Y nunca el tesoro mi país ganó...

Así aprendí triste la renuncia:

NINGUNA COSA SEA DONDE FALTA LA PALABRA.

M.H.

10 Mar 2009

AUTOBIOGRAFÍA (1924). ADICIÓN (1935). SIGMUND FREUD. FIN.

Escrito por: ameliadiezcuesta el 10 Mar 2009 - URL Permanente

VII. ADICION DE 1935 (*532) El editor de estos estudios autobiográficos no tomó en cuenta la posibilidad que transcurrido un lapso pudiera escribirse una secuela de ellos, y parece ser que ha ocurrido tal suceso en la presente ocasión. Emprendo la tarea dado el deseo de mi editor americano de publicar el trabajo más corto en una nueva edición. Se publicó primero en América en 1927 (por Brentano) bajo el título Un estudio autobiográfico, pero que lamentablemente se colocó en el mismo volumen junto a otro ensayo mío que le daba el título al libro (Análisis profano), oscureciendo el presente trabajo. Dos temas surcan estas páginas: la historia de mi vida y la historia del psicoanálisis, ambos íntimamente entrelazados. Este estudio autobiográfico revela cómo el psicoanálisis vino a constituir el sentido pleno de mi vida y afirma con propiedad que ninguna experiencia personal mía es de algún interés, comparándolas a mis relaciones con esta ciencia. Poco antes de escribirlo me parecía que mi vida pronto llegaría a su fin, dada la recidiva de una enfermedad maligna, sin embargo, la habilidad quirúrgica me salvó en 1923 y fui capaz de proseguir mi vida y mi trabajo, aunque no estuve libre de dolor mucho tiempo (*533). En el período de más de diez años transcurridos desde entonces en ningún momento dejé de lado ni mi trabajo analítico ni mis escritos, como lo prueba mi duodécimo volumen de la edición alemana de mis obras. (Gesammelte Schriften, 1924-34.) Sin embargo, yo mismo siento que ha sucedido un cambio significativo. Los hilos que en el curso de mi desarrollo se habían entrelazado han comenzado ahora a separarse: intereses adquiridos en la última parte de mi vida han retrocedido, en tanto que los más originales y antiguos se han vuelto prominentes una vez más.
Nota 532
Nota 533
Es verdad que en la última década he escrito importantes artículos de la labor analítica, tales como la revisión del problema de la angustia en Inhibición, síntoma y angustia (1926) y la explicación del fetichismo sexual que elaboré un año después (1927). Pese a todo, sería propio decir que desde que adelanté mi hipótesis de la existencia de dos clases de instintos (Eros y el instinto de muerte) y desde que propuse una división de la personalidad psíquica en un Yo, un Super-Yo y un Ello (1923), no he hecho posteriormente ninguna contribución decisiva al psicoanálisis. Todo lo que he escrito desde entonces sobre esto ha sido o poco importante o pronto hubiera sido elaborado por algún otro autor. Esta circunstancia se relaciona con una alteración en mi propia persona, lo que pudiera ser descrito como una fase de desarrollo regresivo. Mi interés luego en un largo détour en las Ciencias Naturales, la Medicina y la psicoterapia, volvió a los problemas culturales que tanto me había fascinado largo tiempo atrás, cuando era un joven apenas con la edad necesaria para pensar. En el cenit de mi labor analítica (1912) ya había intentado en Totem y tabú emplear los nuevos hallazgos descubiertos por el análisis a objeto de investigar los orígenes de la religión y de la moral. Llevé recientemente esa investigación un paso adelante en dos últimos trabajos: El porvenir de una ilusión (1927) (*534) y El malestar de la cultura (1930).
Nota 534
Percibí aún con más claridad que los hechos de la historia humana: las interacciones entre la naturaleza humana, el desarrollo cultural y los precipitados de experiencias primordiales (siendo la religión el ejemplo más prominente) no son otra cosa que una reflexión de los conflictos dinámicos entre el Yo, el Ello y el Super-yo, de un individuo, estudiado analíticamente, pero que los mismos procesos se repiten en una escala más amplia. En El porvenir de una ilusión expresé una valoración negativa de la religión. Más tarde encontré una fórmula que le hizo mayor justicia a ella, aunque aún, concediendo que su poder reside en la verdad que contiene, mostré que esa verdad no era material, sino histórica. Estos estudios aunque originados en el psicoanálisis y que se alejan mucho de él, tal vez han despertado más simpatía del público que el propio psicoanálisis. Puede que ellos han tenido su rol al crear la efímera ilusión que yo me contaba entre los escritores a los que una gran nación como Alemania estaría pronta a escucharlos. Fue en 1929 cuando con palabras no menos fértiles que amistosas, Thomas Mann, uno de los bien conocidos escritores alemanes, encontró un lugar para mí en la historia del pensamiento moderno. Algo más tarde a mi hija Anna, actuando como mi apoderada, se le dio una recepción cívica en la Rathaus de Francfort del Maine, con ocasión de haberme otorgado el premio Goethe para 1930. Ese fue el cenit de mi vida ciudadana. Poco después, los límites de nuestra comarca se estrecharon y la nación no sabía nada más de nosotros.
Y aquí debiérase permitirme interrumpir estas notas autobiográficas. El público no tiene derecho a saber más de mis asuntos personales, de mis luchas, mis desilusiones y mis éxitos. De todas maneras ya he sido más abierto y franco en alguno de mis escritos (La interpretación de los sueños y en Psicopatología de la vida cotidiana) que lo que son corrientemente aquellos que describen sus vidas para sus contemporáneos o para la posteridad. He tenido pocos agradecimientos de ello, y por mi experiencia no puedo recomendarle a otro que siga mi ejemplo. Debiera agregar unas pocas palabras más de la historia del psicoanálisis en la última década. Ya no caben dudas que él continuará, ha probado sus capacidades de sobrevivencia y de desarrollarse tanto como rama del saber como método terapéutico. El número de sus adherentes (organizados en la International Psycho-Analytical Association) ha aumentado considerablemente. Además de los grupos locales de Viena, Berlín, Budapest, Londres, Holanda, Suiza y Rusia, se han formado desde entonces Sociedades en París, Calcuta, dos en Japón, varias en Estados Unidos, y muy recientemente una en Jerusalén y en Sud-Africa y dos en Escandinavia.
Aparte de sus propias reservas, estas sociedades locales mantienen (o están en el proceso de formarlos) Institutos de entrenamiento en los que se da una instrucción de la práctica del psicoanálisis según un plan uniforme; y ambulatorios en los que analistas experimentados y estudiantes ofrecen tratamiento gratuito a enfermos de escasos recursos. Cada dos años los miembros de la Asociación Internacional de Psicoanálisis organiza un Congreso donde se leen trabajos científicos y se deciden asuntos organizativos. El decimotercero de estos congresos (a los que yo no podré asistir más) tuvo lugar en Lucerna en 1934. De lo medular de los intereses compartidos por los miembros de la asociación irradian trabajos en múltiples direcciones: Unos colocando el énfasis en clarificar y profundizar nuestro conocimiento de la psicología, en tanto que otros se preocupan de mantenerse en contacto con la medicina y la psiquiatría. Desde un punto de vista práctico, algunos analistas se han propuesto la tarea de llevar a cabo el reconocimiento del psicoanálisis en las universidades y su inclusión en el curriculum médico; mientras que otros prefieren mantenerlo fuera de esas instituciones, no aceptando que el psicoanálisis sea menos importante para el campo educacional que para el de la medicina. Suele suceder que un analista llegue a sentirse aislado al intentar poner énfasis en uno solo de los hallazgos o puntos de vista del psicoanálisis descartando todo lo restante. A pesar de todo, la impresión general es de satisfacción por un trabajo científico serio llevado a cabo a un alto nivel
.

09 Mar 2009

MÁS SOBRE EL COLOR. MATISSE

Escrito por: ameliadiezcuesta el 09 Mar 2009 - URL Permanente

El contorno de tu sonrisa

Autor. Miguel Oscar Menassa

En los Independientes oigo siempre al “padre” Pissarro exclamar, ante una hermosa naturaleza muerta de Cézanne que representa una jarra de agua de cristal tallado, estilo Napoleón III, toda una armonía azul: “Es como un Ingres”.

Cuando mi asombro pasó, encontré y sigo encontrando que tenía razón. Sin embargo, Cézanne sólo hablaba de Delacroix y de Poussin.

Algunos pintores de mi generación han visitado y frecuentado a los Maestros del Louvre, donde fueron guiados por Gustave Moreau antes de haber tenido contacto con los Impresionistas. Sólo más tarde fueron a la rue Laffite, y fueron para ver, sobre todo, en lo de Durand-Ruel, la célebre Vista de Toledo y la Ascensión al Calvario del Greco; también estudiaban algunos retratos de Goya e incluso admiraban el David y Saúl de Rembrandt. Es de destacar que Cézanne, al igual que Gustave Moreau, haya hablado de los Maestros del Louvre. Cézanne se pasaba sus tardes dibujando en el Louvre, en la época en que le hacía el retrato a Vollard. Al anochecer volvía a su casa, y cuando pasaba por la rue Laffite le decía a Vollard: “Creo que la sesión de mañana va a ser buena, ya que estoy contento con lo que he hecho esta tarde en el Louvre”. Esas visitas al Louvre enriquecían las observaciones de cada mañana, cuando el artista enfrentaba nuevamente el trabajo y juzgaba lo realizado en la sesión de la víspera.

En lo de Durand-Ruel vi dos hermosísimas naturalezas muertas de Cézanne, bizcochos, lecheras, frutas de azules apagados. Fui a verlas por indicación del padre Durand, a quien yo mostraba mis naturalezas muertas: “Vea estos Cézannes –me decía–, que no puedo vender. Trate de pintar interiores con figuras como este trabajo o de la calidad de aquél”.

Como hoy, el camino de la pintura parecía completamente bloqueado a las nuevas generaciones; los Impresionistas acaparaban toda la atención.

Van Gogh y Gauguin eran ignorados. Fue necesario derribar un muro para pasar.

A propósito de las diferentes corrientes modernas, pienso en Ingres y en Delacroix a quienes en su época todo parecía separar; y de tal manera que los respectivos discípulos hubieran podido organizar dos bandas rivales si ellos se lo hubieran propuesto. Y, sin embargo, es fácil ver sus similitudes.

Los dos se expresaban a través del arabesco y del color. Ingres, por su color casi “compartimentado” y “entero” fue llamado “un chino perdido en París”. Ambos forjaron los mismos eslabones de la cadena. Sólo los matices impiden confundirlos.

Gauguin y Van Gogh, años después, darán la impresión de haber vivido el mismo tiempo: arabescos y color también. La influencia que siente Gauguin parece haber sido más directa que la de Van Gogh. Incluso Gauguin parece salir de Ingres.

El joven pintor que no puede desprenderse de la influencia de la generación precedente va hacia un estancamiento.

Y para salvarse del hechizo de la obra de sus mayores inmediatos, que por otra parte aprecia, trata de buscar nuevas fuentes de inspiración en las producciones de diferentes civilizaciones, y de acuerdo también con sus propias afinidades. Cézanne se inspiró en Poussin.

Si es sensible, un artista no puede perder, rechazar, ni negar el aporte de la generación anterior, pues a pesar de él mismo toda esa carga va a gravitar en su aporte. Sin embargo, es necesario que él se libere para dar de sí en su momento una cosa nueva y algo de fresca inspiración.

“Desconfíen ustedes del maestro influyente”, decía Cézanne.

Un pintor joven, que sabe que no va a inventarlo todo, debe ordenar su cabeza para poder conciliar los diferentes puntos de vista, tanto de las obras hermosas que lo impresionen como de las interrogaciones que haga a la naturaleza.

Tras haber tomado conocimiento de sus medios de expresión, el pintor debe preguntarse: “¿Qué es lo que yo quiero?”, e ir en su búsqueda de lo simple a lo complejo para tratar de descubrirlo.

Si sabe conservar su sinceridad frente a su sentimiento íntimo, sin trampas ni autocomplacencias, su curiosidad no lo abandonará nunca, como tampoco lo abandonará, ni siquiera al final de su vida, el entusiasmo ante el trabajo arduo y aquella necesidad de aprender que tuvo en su juventud.

¡Qué puede existir más hermoso que esto!

París, 30 de agosto de 1945

Función y modalidades del color

Decir que el color ha vuelto a ser expresivo es hacer su historia. Durante mucho tiempo no fue sino un complemento del dibujo. Rafael, Mantegna o Durero, como todos los pintores del Renacimiento, construyeron a través del dibujo y le agregaron luego el color local.

Por el contrario, los primitivos italianos y sobre todo los orientales habían hecho del color un medio de expresión. Se tuvo alguna razón cuando se bautizó a Ingres como un chino ignorado en París, ya que iba a ser el primero en usar colores francos, limitándolos sin desnaturalizarlos.

De Delacroix a Van Gogh y sobre todo Gauguin, pasando por los Impresionistas que hacen una limpieza, sin olvidar a Cézanne, que da un impulso definitivo e introduce los volúmenes coloreados, se puede seguir esta rehabilitación de la función del color, y la restitución de su poder emotivo.

Los colores tienen una belleza propia que hay que tratar de preservar, así como en música hay que tratar de conservar los timbres. Cosa de organización, de construcción, para no alterar esta hermosa frescura del color.

Los ejemplos no faltaban. Teníamos, delante de nosotros, no sólo pintores sino también el arte popular y las telas japonesas que se vendían entonces. Para mí, el fovismo fue también la prueba de los medios: ubicar los colores, el uno al lado del otro, unir de manera expresiva y constructiva un azul, un rojo, un verde. Era el fruto de una necesidad que nacía en mí y no el resultado de un acto voluntario, de una deducción o un razonamiento donde la pintura no tiene nada que hacer.

Lo que cuenta con mayor fuerza en el mundo de los colores son las relaciones. Gracias a ellas y a esos colores en sí, un dibujo puede ser intensamente coloreado sin que sea necesario poner color.

Sin duda, hay mil maneras de trabajar el color, pero cuando se lo compone, como el músico compone sus armonías, se trata simplemente de hacer valer las diferencias.

En verdad, música y color no tienen nada en común, pero siguen líneas paralelas. Siete notas con ligeras modificaciones alcanzan para escribir un mundo de partituras. ¿Por qué no ha de ser lo mismo en plástica?

El color no es jamás cuestión de cantidad sino de elección. En sus orígenes, los ballets rusos y en especial Scheherazade, de Bakst, rebosaban color. Profusión sin medida. Se podría haber dicho que el color había sido repartido indiscriminadamente. El conjunto era alegre por la materia, pero no por la organización. Sin embargo, los ballets han sido campo de ensayo de medios novedosos, que a la vez los han enriquecido ampliamente.

Un alud de colores no tiene fuerza. La culminación del color sólo se da cuando está organizado, cuando responde a la intensidad emocional del artista.

En el dibujo, incluso en el de una sola línea, se puede dar, en cualquier zona que esa línea encierre, una infinidad de matices. La proporción desempeña una función primordial.

No es posible separar dibujo y color. Puesto que el color no ha sido jamás aplicado a la ventura, desde el momento que hay límites y sobre todo proporciones, hay escisión. Es allí donde interviene la creación y la personalidad del pintor. El dibujo cuenta mucho, también. Es la expresión de la posesión de los objetos. Cuando uno conoce a fondo un objeto puede contornearlo con un trazo exterior que lo va a definir por completo. Ingres decía sobre este punto que el dibujo es como una canasta a la que no se le puede arrancar una tirilla de mimbre sin hacer un agujero.

Todo, incluso el color, debe ser creación. Primero analizo mi sentimiento antes de llegar al objeto. Y luego hay que recrear todo. Tanto el objeto como el color.

Si los medios empleados por los pintores han sido atrapados por la moda, pierden su honda significación. Esos medios no disponen ya de ningún poder sobre el espíritu. Su influencia no modifica sino la experiencia de las cosas. Cambia solamente matices.

El color contribuye a expresar la luz, no el fenómeno físico sino la luminosidad que existe como hecho, la que está en el cerebro del artista.

Cada época aporta su propia luz, su sentimiento particular del espacio, como una necesidad. Nuestra civilización, incluso para aquellos que no hayan viajado en avión, ha traído una nueva comprensión del ciclo, de la superficie, del espacio. Y hoy se ha llegado a exigir una posesión total de este espacio.

Suscitados y sostenidos por lo Divino, todos los elementos se encuentran en la naturaleza. El creador, ¿no es él mismo la naturaleza?

Llamado y alimentado por la materia, recreado por el espíritu, el color podrá traducir la esencia de cada cosa y responder al mismo tiempo a la intensidad del choque emotivo. Pero dibujo y color no son sino una sugestión. A través de la ilusión que despierten, deben provocar en el espectador la posesión de las cosas. Y la medida del artista estará dada por su posibilidad de sugestionarse y trasladar esa sugestión a su obra, y de allí al espíritu del espectador. Un viejo proverbio chino dice: “Cuando se dibuja un árbol, se debe sentir poco a poco que uno se eleva”.

El color, sobre todo, es tal vez, más aún que el dibujo, una liberación. La liberación es el abandono de las convenciones; son los medios antiguos reemplazados por los aportes de las nuevas generaciones.

Como el dibujo y el color son medios de expresión, son modificados. De ahí la extrañeza que provocan los nuevos medios, ya que ellos se refieren a cosas diferentes de las que interesaban a las generaciones anteriores.

Finalmente, el color es suntuosidad y reclamo. Y he ahí el privilegio del artista: transformar en precioso al más humilde de los objetos y ennoblecerlo.

Reflexiones 1945

El negro es un color

El negro, como color, tiene el mismo derecho que los otros colores: el amarillo, el azul o el rojo.

Los orientales han empleado el negro como color, sobre todo los japoneses en las estampas. Más cercano a nosotros, tengo presente un cuadro de Manet, en el que recuerdo que la chaqueta de terciopelo negro del hombre joven con sombrero de paja es de un color negro franco y luminoso.

En el retrato de Zacarías Astuc, hecho por Manet, hay una nueva chaqueta de terciopelo también expresado por un negro decidido e intenso. En mi panel de los Marroquíes, ¿no hay acaso una zona grande y con tanta luminosidad como los otros colores del cuadro?

1946.

El camino del color

El color existe en sí, posee una belleza propia. Fueron los géneros japoneses que comprábamos por monedas en la rue de Saine, los que nos lo revelaron. Comprendí, entonces, que se podía trabajar con colores expresivos, que no son obligatoriamente colores descriptivos. Por cierto que los originales eran sin duda decepcionantes. Pero, la elocuencia, ¿no es acaso más poderosa y más directa cuando los medios son más burdos? Van Gogh también se entusiasmaba con aquellos géneros japoneses.

Una vez liberado el ojo, limpiado por las telas japonesas, me sentí preparado para recibir verdaderamente a los colores en función de su poder emotivo. Si admiraba instintivamente a los primitivos del Louvre, y después al arte oriental, en particular la extraordinaria exposición de Munich, fue porque encontré allí una nueva confirmación. Las miniaturas persas, por ejemplo, me mostraban toda la posibilidad de mis sensaciones. Yo podía volver a encontrar en la naturaleza cómo esas sensaciones deben venir. Por lo accesorio, este arte sugiere un espacio más amplio, un verdadero espacio plástico. Eso me ayudó a salir de la pintura intimista.

La revelación, pues, me vino del Oriente. Fue años más tarde cuando comprendí y me emocionó la pintura bizantina frente a los iconos de Moscú. Uno se libera tanto más cuando ve sus esfuerzos conformados por una tradición, por antigua que esa tradición sea. Y ella nos ayuda a saltar el foso.

Había que salir de la imitación, incluso de la imitación de la luz. Se puede provocar la luz por la invención de colores lisos, como se estila con los acordes musicales. Yo empleé el color como medio de expresión de mi emoción y no como elemento de transcripción de la naturaleza. Utilizo los colores más simples. Yo mismo no los transformo. Son las relaciones que se establecen las que se encargan de hacerlo. Se trata solamente de hacer valer las diferencias, de hacerlas resaltar, de acusarlas. Nada impide componer con sólo algunos colores, la música fue elaborada únicamente sobre siete notas.

Basta con inventar signos. Cuando se siente auténticamente la naturaleza, se pueden crear signos que establezcan una equivalencia entre el artista y el espectador.

En los primeros ballets rusos, Bakst ponía enormes cantidades de color. Era magnífico, pero sin expresión. Porque no es la cantidad lo que cuenta sino la elección, la organización. La única ventaja que se obtuvo fue que el color, súbitamente, tuviera carta de ciudadanía y entrada hasta en las grandes tiendas.

A pesar de nosotros mismos, hemos hecho esa elección; fue imposible escapar a ella, era una fatalidad. Por eso, la elección del color representa tan profundamente el espíritu de una época. Pero no hay necesidad de quedarse en eso, hay que avanzar, continuar, ir más lejos.

Reflexiones 1947.

08 Mar 2009

POESÍA POESÍA POESÍA. AFORISMOS Y DECIRES. SÉPTIMA PARTE

Escrito por: ameliadiezcuesta el 08 Mar 2009 - URL Permanente

986. Poesía, más que una danza para ser bailada por todos, una danza que tenga, de todos, el movimiento más preciso.

989. Un hombre solitario no es un hombre. Pero un hombre que construye semejante soledad, semejante fortaleza de palabras unas contra otras, no es un hombre solitario.

991. El hombre es inasible. Se pudre y no se pudre. Muere y canta a la vez. Se deja volar y para caer, pesadamente, corta sus alas.

998. Cuando veía que la realidad se me escapaba de las manos, no hacía nada para retenerla. A veces me quedaba sin nada de realidad y eso era la poesía para mí.

999. Altas cumbres me esperan, pero yo no subiré. Esperaré que las altas cumbres sean desgastadas por el tiempo.

1023. Millones de hombres, millones de pájaros en libertad, hablarán por mí. Yo soy la Poesía.

1024. Yo no tengo nada que solucionar, esta vez el mundo tendrá que detenerse para verme pasar..

1035. A mí ya nadie me reclama nada, sino sólo mis versos y ésa es mi condena.

1036. Cuando me pierdo, sólo es para encontrarla.

1037. Tal vez tengan razón mis escritos, tal vez, rechazando algo pueda gozar de algo.

1067. Abro los ojos y el mundo se ilumina, en esa apertura de mi voz, a los caminos del poema.

1068. Yo mismo caeré y me volveré a levantar otras mil veces y ese latido subterráneo se volverá palabra, remolino sin tiempo, grandiosa oscuridad abierta en finos temblores apocalípticos de luz.

1069. Estoy aquí, para iluminar ese trozo de historia.

1076. La libertad, todo el mundo en libertad, y nadie tendrá nada, porque será todo de la libertad, de la poesía.

1079. Estábamos escapándonos de todo y vino la poesía y puso a cada uno en su lugar.

1086. Ahí, precisamente, en el poema, el hombre se ha entregado totalmente a ser de la palabra. Esa libertad lo convierte en piedra inolvidable, voz inmortal.

1116. Escribe, Bestia, que el amor advendrá por el camino del poema.

1162. Si me aman me rompen. Soy un diamante en libertad. Sólo brillo en el aire. De nadie para nadie y el brillo será eterno.

07 Mar 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA

Escrito por: ameliadiezcuesta el 07 Mar 2009 - URL Permanente

No habiendo encontrado. después de intensa búsqueda. el tiempo donde fuera posible decirte algunas palabras fundamentales para que puedas alcanzar en más oportunidades un estado creativo gozoso. he decidido. ya lo ves. que ese tiempo sea el tiempo de la escritura.
El encuadre, estas páginas blancas, donde te iré diciendo del Otro tu mensaje, de otros. para otros. hundiéndose en la niebla acústica que producen las palabras y sus esotéricas combinaciones.
En el decir de Freud, haremos el amor seis veces por semana, en principio. porque después. vendrán los largos seminarios donde estaremos todo el día juntos y los grandes congresos internacionales donde nos reuniremos con el mar. ¿Te das cuenta? Tú. yo y el mar: como si el mundo fuera esa belleza. Y volveríamos a nuestra ciudad. a nuestros hogares y, cada vez, seríamos más jóvenes y aún más hermosos y terminaríamos sepultados vivos y ahí lo siniestro. por un millón de palabras en varios idiomas y sus combinaciones perfectamente engarzadas al azar.
Sé, me has dicho, que tus intenciones son alcanzar del corazón su centro. Urdir en el propio corazón del hombre una maniobra que, aunque en ella se rompa el corazón, atestigüe tu presencia en el mundo.
Hablar tiene el encanto de no hacer y ahí tu maldición. Porque no hacer no se consigue con el cuerpo, sino con las palabras.
Tendidos sin mirarnos, porque los ojos son los que ponen colores a la muerte. Sin ojos, no hay posibilidad de engaño: la muerte siempre es negra.
Tu cuerpo muerto, tendido y vacío, sólo forma y belleza, tratando de alcanzar sin conseguirlo, ese otro cuerpo, también muerto, mi cuerpo, a tu lado, pleno, condenado por tu carencia a poseer lo que te falta.
Inalcanzable cuerpo muerto, por ser tu propia voz su canto.
Voz de tu voz, palabra de tu palabra,
enredadera atada sin piedad sobre ti.

Sobre este blog

Avatar de ameliadiezcuesta

Psicoanálisis y Poesía

ver perfil

Tags

Fans

  • Dr. Carlos Fernández

Ídolos

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):