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16 May 2009

CINCO TESIS PARA UNA TEORÍA SOBRE LA AGRESIVIDAD

Escrito por: ameliadiezcuesta el 16 May 2009 - URL Permanente

Entretiempo

Amelia Díez Cuesta

Tesis I: La agresividad se manifiesta en una experiencia que es subjetiva por su constitución misma.

Tesis II: La agresividad, en la experiencia, nos es dada como intención de agresión y como imagen de dislocación corporal, y es bajo tales modos como se demuestra eficiente.

Tesis III: Los resortes de la agresividad adeciden de las razones que motivan la técnica del análisis.

Tesis IV: La agresividad es la tendencia correlativa de un modo de identificación que llamamos narcisista y que determina la estructura formal del yo del hombre y del registro de entidades característico de su mundo.

Tesis V: Semejante noción de la agresividad como de una de las coordenadas intencionales del yo humano, y especialmente relativa a la categoría del espacio, hace concebir su papel en la neurosis moderna y en el malestar en la civilización.

La agresividad en relación con la dimensión del espacio viene a traslaparse con la de la angustia que se desarrolla en la diemsnión temporal.

Entre estas dos tensiones asume el sujeto su desgarramiento original, por el cual ouede decirse que a cada instante constituye su mundo por medio de la pulsión de muerte.

El sujeto "liberado" muestra sus cuarteaduras , con las neurosis de autocastgo, con los síntomas histérico-hipocondriacos de sus inhibiciones funcionales, con las formas psicasténicas de sus desrealizaciones del prójimo y del mundo, con sus secuencias sociales de fracaso y de crimen.

El psicoanálisis abre la vía de su sentido en una fraternidad discreta por cuyo rasero somos siempre demasiado desiguales.

30 Mar 2009

LA VANGUARDIA. ENTREVISTA A MIGUEL OSCAR MENASSA por MARTA CUATRECASAS

Escrito por: ameliadiezcuesta el 30 Mar 2009 - URL Permanente

EL MACHISMO EN LAS INSTITUCIONES Y LA EDUCACIÓN VICTORIANA...
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Marta Cuatrecasas | Barcelona | 02/03/2009 | Actualizada a las 01:14h | Ciudadanos

Médico, poeta, escritor, pintor, actor y director. El Dr. Menassa parece un hombre sacado del Renacimiento. Dirige una escuela de psicoanálisis y poesía porque considera que el terapeuta debe saber escribir para transmitir su interpretación y conocer el imaginario universal que te ofrece la literatura. Su escuela ha participado en el X Congreso de Psicoanálisis donde se ha hecho una aproximación al concepto de maltrato familiar. Según el Dr. Menassa, el término violencia de género no es correcto cuando se habla del maltrato entre un hombre y una mujer.

El Dr Miguel Oscar Menassa asegura que aún existe mucho machismo en las instituciones de nuestra sociedad
El Dr Miguel Oscar Menassa asegura que aún existe mucho machismo en las instituciones de nuestra sociedad / Archivo

PALABRAS CLAVE

Renacimiento

¿Violencia familiar?
El hombre no mata a la mujer por un tema de machismo, sino por celos, envidia y amor. Es muy difícil encontrar un caso de una mujer maltratada por un hombre que no esté enamorado. La criminalidad está muy emparentada con el amor.

Cree que con la nueva ley se está plantando cara al problema.
Creo que sigue habiendo mucho machismo.

¿No decía que el maltrato de un hombre a una mujer no es por un tema de machismo?
Me refiero a que hay mucho machismo en la sociedad, es decir, en las instituciones que deben proteger a la mujer.

¿Por ejemplo?
Un juez le dio la razón a un hombre porque la mujer, víctima del maltrato, iba bien vestida, "excesivamente" maquillada, llevaba pendientes. Según el juez, era una provocadora.

¡Debió ocurrir hace años!
Si no recuerdo mal, hace sólo dos, en España. Es aquí donde está el machismo y no en el asesinato o maltrato. Vivimos en una sociedad de hombres, creada por hombres, legislada por hombres. Cuando la mujer engaña, la matan, al hombre, le da prestigio.

Entonces, ¿la ley contra la violencia de género no funciona?
Yo creo que no porque sino, ¿cómo es posible que con una orden de alejamiento la mujer acabe muriendo igual? Lo quiero entender y no lo entiendo. Sigue habiendo el mismo número de víctimas. Tan sólo varía en una o dos muertes.

Como psiquiatra, ¿qué solución propone?
Hay que evitar que las mujeres estén en contra de todos los hombres ya que no serviría de nada. Hemos de reforzar a la mujer y enseñarle a cuidar sus relaciones amorosas para que no se desvíen. Recuerdo una película española "Abre los ojos" dónde muestra claramente que cuando la mujer comienza a despreciar al hombre éste deja de maltratarla. Sólo cuando se somete, él la maltrata. La mujer ha de fortalecer su espíritu para poder decidir y liberarse.

La mujer se puede salvar, ¿y el hombre?
Soy muy negativo porque pocas veces he visto buenos resultados. El criminal debe seguir una rehabilitación y terapia estrictas y aún así es muy difícil. En el último trimestre salieron tres maltratadores rehabilitados pero volvieron a reincidir.

¿Existe salvación para la pareja?
Sólo si existe un inicio de maltrato, pero si es crónico o prolongado es imposible. En este caso la única salvación es la separación de ambos y resguardar a la mujer. Estoy escribiendo un libro para demostrar que cuando las denuncias son tardías, hay mucha probabilidad de que la mujer acabe siendo asesinada. Después de 10 o 15 años de mala convivencia, las cosas que se han dicho, las cosas que saben, es mucho más difícil de que la mujer escape.

¿Cuándo debe una mujer pedir ayuda?
En el primer castigo, sin lugar a duda.

¿Una bofetada?
¡No! Una bofetada, un empujón leve, son sólo malas palabras. Hablo de una paliza. Las mujeres que atendemos vienen magulladas, con la mandíbula rota, ojos morados, etc.

¿Qué me dice del nuevo maltrato familiar, el de hijos a padres?
Los niños no nacen ni buenos, ni malos, se hacen maltratadotes y es responsabilidad de la familia y de la educación. Esto que está pasando ahora está forjado por cincuenta años de una educación victoriana donde se usaba la fuerza para castigar a un niño. Ahora se han intercambiado los papeles. No es culpa de los chicos pero hay que revisar el sistema educativo y la televisión…

¿Tanto daño hace la televisión?
Mucho. La televisión sólo muestra las malas noticias. Esto genera que desconfiemos de todo: maestros, padres, jefes. La televisión no enseña a defenderse de lo malo con lo bueno, sino con lo malo.

¿Usted es médico o poeta?
Desde los trece años soy poeta pero llevo más de cuarenta años como médico.

Hábleme de la escuela de psicoanálisis y poesía que fundó y dirige.
Nosotros estamos en sintonía con una corriente que dice que la poesía es un instrumento del conocimiento. La poesía es una manera dramática de transmitirle al futuro como estamos viviendo el presente. En la escuela los alumnos aprenden la carrera del psicoanálisis y a escribir poesía. Es una carrera muy esclava porque usamos la psique del terapeuta como instrumento y tiene que estar bien limada, pulida.

¿Qué tienen en común el psicoanálisis y la poesía?
Ambos parten de la realidad para hablar del imaginario, pero en el caso del psicoanálisis este imaginario es más restringido ya que no habla de todos los inconscientes, sólo del sexual. En cambio la poesía maneja todo el imaginario universal. Nuestros alumnos aprenden que la interpretación ha de ser analítica pero la escucha ha de ser poética.

¿Qué método se sigue para curar a una pareja que sufre maltrato?
Él o ella hablan con el psicoanalista y éste interviene sólo cuando hace falta. Lo más interesante es que el propio paciente consigue hablar de cosas que nunca se habría imaginado y que afloran durante la conversación. No es como curar una tuberculosis donde el médico puede obligar al paciente a curarse con medicación. Con el psicoanálisis la persona ha de tener voluntar y ganas de curarse.

Poeta, escritor, médico, director. Es usted un hombre del Renacimiento.
Prefiero decir que soy pluriempleado.

¿Qué hay de su futuro? ¿Le ha quedado algo por hacer? No. Seguiré con lo que estoy haciendo, que no es poco (risas)

10 Mar 2009

FRAGMENTO de DIARIO DE UN ESCRITOR. FEDOR DOSTOIEVSKI

Escrito por: ameliadiezcuesta el 10 Mar 2009 - URL Permanente

Cuadro de Miguel Oscar Menassa

CERVANTES POR DOSTOIEVSKI

Don Quijote es un gran libro; es del número de los eternos, de esos con que sólo de tarde en tarde se ve gratificada la Humanidad. Y observaciones análogas respecto de lo más profundo de nuestra humana naturaleza se hallan en ese libro, en cada página. Ya el solo hecho de que Sancho, esa encarnación de la sana razón, de la prudencia y la áurea medianía, se consagrase a ser amigo y compañero de aventuras del más loco de los hombres, él precisamente y no ningún otro, es notable. Se pasa todo el tiempo engañándolo como un niño y, no obstante, está plenamente convencido del gran talento de su amo; se conmueve hasta lo patético ante su grandeza de alma, cree a pies juntillas en todos los fantásticos sueños del caballero y ni una sola vez pone en duda que aquél habrá de conquistar algún día una ínsula para regalársela. ¡Cuán de desear sería que nuestros jóvenes conociesen esa gran obra! No sé lo que ahora pasará en las escuelas, con la literatura; pero sí sé que ese libro, el más grande y triste de cuantos libros ha creado el genio de los hombres, levantaría el alma de más de un joven con el poder de una gran idea, sembraría en su corazón la semilla de grandes problemas y apartaría su espíritu de la sempiterna adoración del estúpido ideal de la medianía, del orondo amor propio y la vulgar sabiduría práctica.

Ese libro, el más triste de todos, no olvidará el hombre llevarlo consigo el día del Juicio Final. Y denunciará el más hondo, terrible misterio del hombre y de la Humanidad en el contenido: que la belleza suprema del hombre, su pureza mayor, su castidad, su lealtad, su valor todo y, finalmente su talento más grande, se consumen hartas veces, por desgracia, sin haber reportado a la Humanidad provecho alguno, convirtiéndose en un objeto de irrisión, sólo por faltarle al hombre con tan ricos dones agraciado, un don supremo: el genio necesario para dominar la riqueza y poder de esas dotes, gobernarlas y dirigirlas –esto es lo principal–, no por fantásticos caminos de locura, sino por la senda recta, empleándolos en el bien de la Humanidad. Pero, desgraciadamente, son tan pocos, tan poquísimos los genios concedidos a las razas y pueblos que, con frecuencia, estamos obligados a presenciar esa ironía del Destino: que la actuación del más noble y ferviente filántropo sea blanco de burlas y pedradas, por no atinar en la hora decisiva con el verdadero sentido de las cosas y no encontrar una palabra nueva. Pero este espectáculo del desperdicio de fuerzas más grandes y nobles puede, efectivamente, inducir a desesperación a más de un amigo de los hombres, moviéndolo no a risa, sino a llanto ardiente, emponzoñando para siempre con la duda su hasta entonces crédulo corazón.

Por lo demás, solo he querido aludir a uno solo de los rasgos característicos de Don Quijote, a una de las observaciones incontables que Cervantes ha hecho sobre el corazón del hombre y expuesto de forma magistral.

El hombre fantástico, persuadido hasta la locura de la más fantástica ilusión que pueda imaginarse, se ve de pronto asaltado por la duda que amenaza dar al traste con toda su fe. Y es notable que lo que motiva esa duda no sea la incongruencia de su locura naciente, ni la descripción de aquellos caballeros que corrían aventuras por el bien de la Humanidad, ni el desatino de los sortilegios de los magos, que refieren esos libros tan fidedignos, sino algo completamente secundario, lo que bruscamente suscita su duda. El hombre fantástico siente de pronto el ansia de realismo. No lo desconcierta el hecho de que súbitamente queden tropas enteras encantadas. ¡Oh, eso no le inspira la menor duda! ¿Cómo habrían podido demostrar su heroísmo esos caballeros magníficos si no se hubiesen visto en trances tales, si no hubiesen tenido gigantes y hechiceros malignos y envidiosos de su grandeza? El ideal del caballero andante es tan alto, tan bello y útil, y de modo tal se ha apoderado del corazón de Don Quijote, que se le hace ya imposible renunciar a la creencia incondicional en él, pues eso equivaldría a traicionar el deber y traicionar el amor a Dulcinea y a la Humanidad. Pero cuando, al fin, renunció a todo; cuando se curó de su locura y se convirtió en un hombre listo, no tardó en irse de este mundo, plácidamente y con triste sonrisa en los labios, consolando todavía al lloroso Sancho y amando al mundo con la gran fuerza de aquel amor que en su santo corazón se encerrara, y viendo, sin embargo, que no hacía ya falta alguna en la Tierra. No, lo que lo desconcertaba era, sencillamente, una consideración en todo punto exacta, en todo punto matemática: la de que por más poderoso que un caballero fuese, espada en ristre, a descargar mandobles a diestro y siniestro, había de serle, con todo, imposible vencer a un ejército de cien mil hombres, en el espacio de unas pocas horas, y aunque fuese en un día y, además, no dejando con vida a ningún enemigo. Pero ¡así se dice, no obstante, en esos libros fidedignos! ¿Se tratará de una mentira? Pero ¡sí ésa fuera mentira, todo lo demás lo sería también! ¿Cómo salvar la verdad? Y he aquí que entonces, para salvar la verdad, idea él otra ilusión, dos, tres veces más fantástica, ingenua y disparatada que la primera: imagina cien mil hombres hechizados, con cuerpos de molusco, que la aguda espada del caballero puede traspasar con facilidad y rapidez diez veces mayores de las que consentirían cuerpos de hombres corrientes. De esta suerte queda satisfecho el realismo, salvada la verdad, y él puede seguir creyendo tranquilamente en la ilusión primera y máxima, y todo esto gracias a la ilusión segunda, mucho más absurda todavía, concebida por él sencillamente para salvar el realismo de la primera.

Recojámonos ahora en nosotros mismos y examinémonos:

¿no nos ha ocurrido a cada uno de nosotros otro tanto en la vida, un centenar de veces? Supongamos que te has encariñado con un sueño, una ilusión, una idea, una convicción o un hecho externo que hizo mella en tu ánimo, o finalmente, con una mujer que te encantó. Con toda el alma te consagras al objeto de tu amor. Pero, no obstante estar tan enamorado, pese a toda tu ceguera, si hay en ese objeto de tu amor una mentira, una excelencia, algo que tú mismo exageraste y descubriste en tu primer arrebato de pasión, únicamente para hacer de eso tu ídolo y postrarte ante él, a pesar de todo, en secreto, no dejas de sentir cierto escozor: la duda te atosiga, importuna tu razón, se pasea por tu alma, y no te consiente que vivas tranquilo con tu sueño amado. Pues bien: ¿no recuerdas, no te lo confiesas a ti mismo en tu interior? ¿Qué fue entonces lo que de pronto te sirvió de consuelo? ¿No fuiste y fraguaste un nuevo ensueño, una nueva patraña, acaso horriblemente vulgar, pero en la que te diste prisa a poner tu fe sólo por haber disipado tu primera duda?

09 Mar 2009

MÁS SOBRE EL COLOR. MATISSE

Escrito por: ameliadiezcuesta el 09 Mar 2009 - URL Permanente

El contorno de tu sonrisa

Autor. Miguel Oscar Menassa

En los Independientes oigo siempre al “padre” Pissarro exclamar, ante una hermosa naturaleza muerta de Cézanne que representa una jarra de agua de cristal tallado, estilo Napoleón III, toda una armonía azul: “Es como un Ingres”.

Cuando mi asombro pasó, encontré y sigo encontrando que tenía razón. Sin embargo, Cézanne sólo hablaba de Delacroix y de Poussin.

Algunos pintores de mi generación han visitado y frecuentado a los Maestros del Louvre, donde fueron guiados por Gustave Moreau antes de haber tenido contacto con los Impresionistas. Sólo más tarde fueron a la rue Laffite, y fueron para ver, sobre todo, en lo de Durand-Ruel, la célebre Vista de Toledo y la Ascensión al Calvario del Greco; también estudiaban algunos retratos de Goya e incluso admiraban el David y Saúl de Rembrandt. Es de destacar que Cézanne, al igual que Gustave Moreau, haya hablado de los Maestros del Louvre. Cézanne se pasaba sus tardes dibujando en el Louvre, en la época en que le hacía el retrato a Vollard. Al anochecer volvía a su casa, y cuando pasaba por la rue Laffite le decía a Vollard: “Creo que la sesión de mañana va a ser buena, ya que estoy contento con lo que he hecho esta tarde en el Louvre”. Esas visitas al Louvre enriquecían las observaciones de cada mañana, cuando el artista enfrentaba nuevamente el trabajo y juzgaba lo realizado en la sesión de la víspera.

En lo de Durand-Ruel vi dos hermosísimas naturalezas muertas de Cézanne, bizcochos, lecheras, frutas de azules apagados. Fui a verlas por indicación del padre Durand, a quien yo mostraba mis naturalezas muertas: “Vea estos Cézannes –me decía–, que no puedo vender. Trate de pintar interiores con figuras como este trabajo o de la calidad de aquél”.

Como hoy, el camino de la pintura parecía completamente bloqueado a las nuevas generaciones; los Impresionistas acaparaban toda la atención.

Van Gogh y Gauguin eran ignorados. Fue necesario derribar un muro para pasar.

A propósito de las diferentes corrientes modernas, pienso en Ingres y en Delacroix a quienes en su época todo parecía separar; y de tal manera que los respectivos discípulos hubieran podido organizar dos bandas rivales si ellos se lo hubieran propuesto. Y, sin embargo, es fácil ver sus similitudes.

Los dos se expresaban a través del arabesco y del color. Ingres, por su color casi “compartimentado” y “entero” fue llamado “un chino perdido en París”. Ambos forjaron los mismos eslabones de la cadena. Sólo los matices impiden confundirlos.

Gauguin y Van Gogh, años después, darán la impresión de haber vivido el mismo tiempo: arabescos y color también. La influencia que siente Gauguin parece haber sido más directa que la de Van Gogh. Incluso Gauguin parece salir de Ingres.

El joven pintor que no puede desprenderse de la influencia de la generación precedente va hacia un estancamiento.

Y para salvarse del hechizo de la obra de sus mayores inmediatos, que por otra parte aprecia, trata de buscar nuevas fuentes de inspiración en las producciones de diferentes civilizaciones, y de acuerdo también con sus propias afinidades. Cézanne se inspiró en Poussin.

Si es sensible, un artista no puede perder, rechazar, ni negar el aporte de la generación anterior, pues a pesar de él mismo toda esa carga va a gravitar en su aporte. Sin embargo, es necesario que él se libere para dar de sí en su momento una cosa nueva y algo de fresca inspiración.

“Desconfíen ustedes del maestro influyente”, decía Cézanne.

Un pintor joven, que sabe que no va a inventarlo todo, debe ordenar su cabeza para poder conciliar los diferentes puntos de vista, tanto de las obras hermosas que lo impresionen como de las interrogaciones que haga a la naturaleza.

Tras haber tomado conocimiento de sus medios de expresión, el pintor debe preguntarse: “¿Qué es lo que yo quiero?”, e ir en su búsqueda de lo simple a lo complejo para tratar de descubrirlo.

Si sabe conservar su sinceridad frente a su sentimiento íntimo, sin trampas ni autocomplacencias, su curiosidad no lo abandonará nunca, como tampoco lo abandonará, ni siquiera al final de su vida, el entusiasmo ante el trabajo arduo y aquella necesidad de aprender que tuvo en su juventud.

¡Qué puede existir más hermoso que esto!

París, 30 de agosto de 1945

Función y modalidades del color

Decir que el color ha vuelto a ser expresivo es hacer su historia. Durante mucho tiempo no fue sino un complemento del dibujo. Rafael, Mantegna o Durero, como todos los pintores del Renacimiento, construyeron a través del dibujo y le agregaron luego el color local.

Por el contrario, los primitivos italianos y sobre todo los orientales habían hecho del color un medio de expresión. Se tuvo alguna razón cuando se bautizó a Ingres como un chino ignorado en París, ya que iba a ser el primero en usar colores francos, limitándolos sin desnaturalizarlos.

De Delacroix a Van Gogh y sobre todo Gauguin, pasando por los Impresionistas que hacen una limpieza, sin olvidar a Cézanne, que da un impulso definitivo e introduce los volúmenes coloreados, se puede seguir esta rehabilitación de la función del color, y la restitución de su poder emotivo.

Los colores tienen una belleza propia que hay que tratar de preservar, así como en música hay que tratar de conservar los timbres. Cosa de organización, de construcción, para no alterar esta hermosa frescura del color.

Los ejemplos no faltaban. Teníamos, delante de nosotros, no sólo pintores sino también el arte popular y las telas japonesas que se vendían entonces. Para mí, el fovismo fue también la prueba de los medios: ubicar los colores, el uno al lado del otro, unir de manera expresiva y constructiva un azul, un rojo, un verde. Era el fruto de una necesidad que nacía en mí y no el resultado de un acto voluntario, de una deducción o un razonamiento donde la pintura no tiene nada que hacer.

Lo que cuenta con mayor fuerza en el mundo de los colores son las relaciones. Gracias a ellas y a esos colores en sí, un dibujo puede ser intensamente coloreado sin que sea necesario poner color.

Sin duda, hay mil maneras de trabajar el color, pero cuando se lo compone, como el músico compone sus armonías, se trata simplemente de hacer valer las diferencias.

En verdad, música y color no tienen nada en común, pero siguen líneas paralelas. Siete notas con ligeras modificaciones alcanzan para escribir un mundo de partituras. ¿Por qué no ha de ser lo mismo en plástica?

El color no es jamás cuestión de cantidad sino de elección. En sus orígenes, los ballets rusos y en especial Scheherazade, de Bakst, rebosaban color. Profusión sin medida. Se podría haber dicho que el color había sido repartido indiscriminadamente. El conjunto era alegre por la materia, pero no por la organización. Sin embargo, los ballets han sido campo de ensayo de medios novedosos, que a la vez los han enriquecido ampliamente.

Un alud de colores no tiene fuerza. La culminación del color sólo se da cuando está organizado, cuando responde a la intensidad emocional del artista.

En el dibujo, incluso en el de una sola línea, se puede dar, en cualquier zona que esa línea encierre, una infinidad de matices. La proporción desempeña una función primordial.

No es posible separar dibujo y color. Puesto que el color no ha sido jamás aplicado a la ventura, desde el momento que hay límites y sobre todo proporciones, hay escisión. Es allí donde interviene la creación y la personalidad del pintor. El dibujo cuenta mucho, también. Es la expresión de la posesión de los objetos. Cuando uno conoce a fondo un objeto puede contornearlo con un trazo exterior que lo va a definir por completo. Ingres decía sobre este punto que el dibujo es como una canasta a la que no se le puede arrancar una tirilla de mimbre sin hacer un agujero.

Todo, incluso el color, debe ser creación. Primero analizo mi sentimiento antes de llegar al objeto. Y luego hay que recrear todo. Tanto el objeto como el color.

Si los medios empleados por los pintores han sido atrapados por la moda, pierden su honda significación. Esos medios no disponen ya de ningún poder sobre el espíritu. Su influencia no modifica sino la experiencia de las cosas. Cambia solamente matices.

El color contribuye a expresar la luz, no el fenómeno físico sino la luminosidad que existe como hecho, la que está en el cerebro del artista.

Cada época aporta su propia luz, su sentimiento particular del espacio, como una necesidad. Nuestra civilización, incluso para aquellos que no hayan viajado en avión, ha traído una nueva comprensión del ciclo, de la superficie, del espacio. Y hoy se ha llegado a exigir una posesión total de este espacio.

Suscitados y sostenidos por lo Divino, todos los elementos se encuentran en la naturaleza. El creador, ¿no es él mismo la naturaleza?

Llamado y alimentado por la materia, recreado por el espíritu, el color podrá traducir la esencia de cada cosa y responder al mismo tiempo a la intensidad del choque emotivo. Pero dibujo y color no son sino una sugestión. A través de la ilusión que despierten, deben provocar en el espectador la posesión de las cosas. Y la medida del artista estará dada por su posibilidad de sugestionarse y trasladar esa sugestión a su obra, y de allí al espíritu del espectador. Un viejo proverbio chino dice: “Cuando se dibuja un árbol, se debe sentir poco a poco que uno se eleva”.

El color, sobre todo, es tal vez, más aún que el dibujo, una liberación. La liberación es el abandono de las convenciones; son los medios antiguos reemplazados por los aportes de las nuevas generaciones.

Como el dibujo y el color son medios de expresión, son modificados. De ahí la extrañeza que provocan los nuevos medios, ya que ellos se refieren a cosas diferentes de las que interesaban a las generaciones anteriores.

Finalmente, el color es suntuosidad y reclamo. Y he ahí el privilegio del artista: transformar en precioso al más humilde de los objetos y ennoblecerlo.

Reflexiones 1945

El negro es un color

El negro, como color, tiene el mismo derecho que los otros colores: el amarillo, el azul o el rojo.

Los orientales han empleado el negro como color, sobre todo los japoneses en las estampas. Más cercano a nosotros, tengo presente un cuadro de Manet, en el que recuerdo que la chaqueta de terciopelo negro del hombre joven con sombrero de paja es de un color negro franco y luminoso.

En el retrato de Zacarías Astuc, hecho por Manet, hay una nueva chaqueta de terciopelo también expresado por un negro decidido e intenso. En mi panel de los Marroquíes, ¿no hay acaso una zona grande y con tanta luminosidad como los otros colores del cuadro?

1946.

El camino del color

El color existe en sí, posee una belleza propia. Fueron los géneros japoneses que comprábamos por monedas en la rue de Saine, los que nos lo revelaron. Comprendí, entonces, que se podía trabajar con colores expresivos, que no son obligatoriamente colores descriptivos. Por cierto que los originales eran sin duda decepcionantes. Pero, la elocuencia, ¿no es acaso más poderosa y más directa cuando los medios son más burdos? Van Gogh también se entusiasmaba con aquellos géneros japoneses.

Una vez liberado el ojo, limpiado por las telas japonesas, me sentí preparado para recibir verdaderamente a los colores en función de su poder emotivo. Si admiraba instintivamente a los primitivos del Louvre, y después al arte oriental, en particular la extraordinaria exposición de Munich, fue porque encontré allí una nueva confirmación. Las miniaturas persas, por ejemplo, me mostraban toda la posibilidad de mis sensaciones. Yo podía volver a encontrar en la naturaleza cómo esas sensaciones deben venir. Por lo accesorio, este arte sugiere un espacio más amplio, un verdadero espacio plástico. Eso me ayudó a salir de la pintura intimista.

La revelación, pues, me vino del Oriente. Fue años más tarde cuando comprendí y me emocionó la pintura bizantina frente a los iconos de Moscú. Uno se libera tanto más cuando ve sus esfuerzos conformados por una tradición, por antigua que esa tradición sea. Y ella nos ayuda a saltar el foso.

Había que salir de la imitación, incluso de la imitación de la luz. Se puede provocar la luz por la invención de colores lisos, como se estila con los acordes musicales. Yo empleé el color como medio de expresión de mi emoción y no como elemento de transcripción de la naturaleza. Utilizo los colores más simples. Yo mismo no los transformo. Son las relaciones que se establecen las que se encargan de hacerlo. Se trata solamente de hacer valer las diferencias, de hacerlas resaltar, de acusarlas. Nada impide componer con sólo algunos colores, la música fue elaborada únicamente sobre siete notas.

Basta con inventar signos. Cuando se siente auténticamente la naturaleza, se pueden crear signos que establezcan una equivalencia entre el artista y el espectador.

En los primeros ballets rusos, Bakst ponía enormes cantidades de color. Era magnífico, pero sin expresión. Porque no es la cantidad lo que cuenta sino la elección, la organización. La única ventaja que se obtuvo fue que el color, súbitamente, tuviera carta de ciudadanía y entrada hasta en las grandes tiendas.

A pesar de nosotros mismos, hemos hecho esa elección; fue imposible escapar a ella, era una fatalidad. Por eso, la elección del color representa tan profundamente el espíritu de una época. Pero no hay necesidad de quedarse en eso, hay que avanzar, continuar, ir más lejos.

Reflexiones 1947.

08 Mar 2009

POESÍA POESÍA POESÍA. AFORISMOS Y DECIRES. SÉPTIMA PARTE

Escrito por: ameliadiezcuesta el 08 Mar 2009 - URL Permanente

986. Poesía, más que una danza para ser bailada por todos, una danza que tenga, de todos, el movimiento más preciso.

989. Un hombre solitario no es un hombre. Pero un hombre que construye semejante soledad, semejante fortaleza de palabras unas contra otras, no es un hombre solitario.

991. El hombre es inasible. Se pudre y no se pudre. Muere y canta a la vez. Se deja volar y para caer, pesadamente, corta sus alas.

998. Cuando veía que la realidad se me escapaba de las manos, no hacía nada para retenerla. A veces me quedaba sin nada de realidad y eso era la poesía para mí.

999. Altas cumbres me esperan, pero yo no subiré. Esperaré que las altas cumbres sean desgastadas por el tiempo.

1023. Millones de hombres, millones de pájaros en libertad, hablarán por mí. Yo soy la Poesía.

1024. Yo no tengo nada que solucionar, esta vez el mundo tendrá que detenerse para verme pasar..

1035. A mí ya nadie me reclama nada, sino sólo mis versos y ésa es mi condena.

1036. Cuando me pierdo, sólo es para encontrarla.

1037. Tal vez tengan razón mis escritos, tal vez, rechazando algo pueda gozar de algo.

1067. Abro los ojos y el mundo se ilumina, en esa apertura de mi voz, a los caminos del poema.

1068. Yo mismo caeré y me volveré a levantar otras mil veces y ese latido subterráneo se volverá palabra, remolino sin tiempo, grandiosa oscuridad abierta en finos temblores apocalípticos de luz.

1069. Estoy aquí, para iluminar ese trozo de historia.

1076. La libertad, todo el mundo en libertad, y nadie tendrá nada, porque será todo de la libertad, de la poesía.

1079. Estábamos escapándonos de todo y vino la poesía y puso a cada uno en su lugar.

1086. Ahí, precisamente, en el poema, el hombre se ha entregado totalmente a ser de la palabra. Esa libertad lo convierte en piedra inolvidable, voz inmortal.

1116. Escribe, Bestia, que el amor advendrá por el camino del poema.

1162. Si me aman me rompen. Soy un diamante en libertad. Sólo brillo en el aire. De nadie para nadie y el brillo será eterno.

07 Mar 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA

Escrito por: ameliadiezcuesta el 07 Mar 2009 - URL Permanente

No habiendo encontrado. después de intensa búsqueda. el tiempo donde fuera posible decirte algunas palabras fundamentales para que puedas alcanzar en más oportunidades un estado creativo gozoso. he decidido. ya lo ves. que ese tiempo sea el tiempo de la escritura.
El encuadre, estas páginas blancas, donde te iré diciendo del Otro tu mensaje, de otros. para otros. hundiéndose en la niebla acústica que producen las palabras y sus esotéricas combinaciones.
En el decir de Freud, haremos el amor seis veces por semana, en principio. porque después. vendrán los largos seminarios donde estaremos todo el día juntos y los grandes congresos internacionales donde nos reuniremos con el mar. ¿Te das cuenta? Tú. yo y el mar: como si el mundo fuera esa belleza. Y volveríamos a nuestra ciudad. a nuestros hogares y, cada vez, seríamos más jóvenes y aún más hermosos y terminaríamos sepultados vivos y ahí lo siniestro. por un millón de palabras en varios idiomas y sus combinaciones perfectamente engarzadas al azar.
Sé, me has dicho, que tus intenciones son alcanzar del corazón su centro. Urdir en el propio corazón del hombre una maniobra que, aunque en ella se rompa el corazón, atestigüe tu presencia en el mundo.
Hablar tiene el encanto de no hacer y ahí tu maldición. Porque no hacer no se consigue con el cuerpo, sino con las palabras.
Tendidos sin mirarnos, porque los ojos son los que ponen colores a la muerte. Sin ojos, no hay posibilidad de engaño: la muerte siempre es negra.
Tu cuerpo muerto, tendido y vacío, sólo forma y belleza, tratando de alcanzar sin conseguirlo, ese otro cuerpo, también muerto, mi cuerpo, a tu lado, pleno, condenado por tu carencia a poseer lo que te falta.
Inalcanzable cuerpo muerto, por ser tu propia voz su canto.
Voz de tu voz, palabra de tu palabra,
enredadera atada sin piedad sobre ti.

07 Mar 2009

LA VIDA. PSICOANÁLISIS DEL AMOR. 1975. MENASSA. POESÍA

Escrito por: ameliadiezcuesta el 07 Mar 2009 - URL Permanente

Soy,

lo que se dice,

un hombre aniquilado por los papeles.

Mi vida va pasando,

entre leves escrituras,

leves trámites burocráticos.

Mi vida,

va pasando con el tiempo.

Comer.

Dormir.

Desesperarme alguna que otra vez por el amor.

Ir huyendo de a poco de la vida,

temer de todo.

Del ronco aliento del mar,

de las poderosas letras de la máquina.

De mis palabras

y de tus besos mi amor,

tus besos,

tu boca abierta,

incansable y abierta,

manantial,

agua fresca,

tus besos.

Te confieso:

ser,

quise ser,

un hombre normal.

Todo me salió mal,

y tengo miedo de que la justicia se dé cuenta que poseo,

los últimos secretos del amor.

Las bombas contra las bombas.

Cada palabra contra toda palabra:

Soy inmune,

heterosexual

y poeta.

Lo reconozco,

no soy moderno.

A veces,

siento mi corazón despedazado y loco,

un cuerpo sin razón,

sin límites precisos.

En esos instantes,

amo todos los cuerpos.

En esos instantes,

mejor es dejarse llevar,

ir olvidándose de todo.

Vivir no es fácil,

a veces una ráfaga infernal se lleva todo por delante,

a veces ocurre,

fatal e inevitable,

la torpeza.

A veces el amor,

roza sin par,

la algarabía por vivir.

Tardes y noches y soledades,

apretujándose unas contra otras,

para ser,

instante único,

vuelo final.

A veces entre sueños,

conquisto mi libertad,

pintarrajeada

y vestida con sedas para la fiesta,

descansa,

ahora sobre mi pecho,

entre mis genitales.

Necesitaba,

un poco de amor,

se parece a la muerte.

Y si canto por las mañanas,

será tal vez,

que el mundo es agradable,

vivir,

ameno,

comerse una ciruela en pleno verano,

fresco.

Hacer el amor,

entretenido.

Morir,

natural,

y todo en perfecto orden,

como ustedes pueden imaginarse,

un hombre,

totalmente encaminado,

un hombre serio,

respetado,

un muerto en vida.

Una palabra estampada hace siglos,

una vejez permanente desde la infancia,

lo que se dice,

-algunos libros escritos por algunos hombres-

el peso de la historia.

Escribo por lo tanto,

no para ser histórico,

sino más bien con el intento

y no es poco decir,

de transformar el pequeño hombrecito,

que nos permiten,

las históricas leyes.

Insisto,

algunos libros escritos,

por algunos hombres.

Para empezar,

quiero empezar por el principio:

Vivir,

no es,

eso que usted tanto defiende.

Eso,

que usted argumenta con tanta pasión

que no se lo permiten,

eso,

eso es morir.

Vivir,

es siempre,

una apsión contra uno mismo.

Un levantarse todas las mañanas,

terco,

empecinado,

voluptuoso,

contra el día anterior.

Contra mi propia manera de ser,

contra mi famosa personalidad,

mis ritos.

Vivir,

os digo,

una flor que se abre,

cada mañana,

diferente.

Cada mañana

un movimiento nuevo para el amor,

cada mañana

una circulación diferente.

La familia no existe.

Mi madre,

también es una historia.

Mi padre,

esas palabras,

otros padres.

Vendavales de furia,

orgías de locas enredaderas,

creciendo hacia lo alto,

hacia la nada,

embriagan mi ser.

Me recuerdan,

la primitiva ceguera donde el hombre,

pequeño y despiadado animal,

mataba para comer.

Os digo:

el amor,

es lo que vive en el propio centro de las tripas,

el resto,

enseñanzas de la primera escolaridad,

aquel inolvidable padre nuestro,

rezado,

en brazos de mi madre,

chupándole las tetas.

En el amor,

nadie entrega,

y nadie recibe nada.

Todo es invisible,

maceración sin huellas,

sangre olvidada,

en el amor,

el crimen es perfecto.

Limpio,

inolvidable,

y no,

por la algarabía de su reinado que no existe,

sino más bien,

por el olor,

el simple olor de carne humana,

madura.

Fui,

la fuga fugaz.

Una ilusión,

poder partir,

alejarse del mundo.

Sólo entre los recuerdos

y algunas relaciones familiares,

conquisté el universo.

Todo lujuria y vértigo,

todo palabra.

Grandes espejos, disfrazados de conchas marinas,

mostrando entre sus vlavas abiertas desmesuradamente,

el ojo,

violento del amor,

clavado en mi mirada.

Y todo era luz,

ceguera y luz.

Estábamos,

lo recuerdo,

tomados de la mano,

extendidos sobre la arena,

muertos.

Vendrán los tiempos,

donde no habrá precisamente,

ni furia,

ni sonido.

Y te lo prometo,

en un tiempo más,

los niños y los poetas,

cagarán en el baño.

Y los ruidos orgánicos,

por decreto,

cambiarán sus sórdidos sonidos de cloacas,

por música de Bach.

Compuestos y almidonados,

con el pene,

-planchado por mi madre-

de los días domingo,

haremos el amor.

Y habrá fiesta,

en el corazón sublime de la esperanza,

y ese día,

nos miraremos a los ojos.

Y mi cuerpo tendrá la arrogancia,

de saberse un hombre de bien,

y recitándote al oído,

mi último poema,

"el amor existe"

hago estallar,

precisamente a medianoche,

tu culo,

en mil fragmentos ambarinos,

catarata de amor,

aguas dulces del orinoco sobre el mundo,

entre tus blasfemias.

De mi padre,

soy lo más brusco,

quiero decir,

lo permanente.

Varias mujeres,

hacen la mujer.

Varios hombres,

la guerra.

Una manera de decir,

los encuentros son raros,

las dimensiones incomparables.

Un hombre,

una mujer,

son,

quiero decirlo,

el borde de un abismo,

todavía prohibido.

De mi madre,

soy,

todo lo que vuela.

Lo que desaparece.

El milenario rimmel,

negro en sus ojos.

El carmín,

en sus labios,

y el frenético temblor de sus tetas frente a mi sonrisa,

de niño enamorado,

amante de la libertad,

contaba empecinadamente el tiempo de su cautiverio.

Reloj de sangre.

MIGUEL OSCAR MENASSA

07 Mar 2009

LA GUERRA (LA GUERRE)

Escrito por: ameliadiezcuesta el 07 Mar 2009 - URL Permanente

La guerra,

hoy estuve pensando en los señores y la guerra.

Y tengo que decirlo, aunque nadie lo crea,

mil litros de sangre coagulada rompieron a llorar.

El vientre de mi madre partido en mil pedazos,

sus brazos, sus amores, sus nervios congelados.

Mi padre, su mirada quebrada por el tiempo,

mi padre muerto, podrido, agusanado

y mis tristes hermanos y yo mismo, viviendo de silencios.


La guerra,

hoy estuve pensando en las señoras y la guerra.

En mi pueblo nadie dormía bien,

el corazón de la ciudad vivía alborotado.

Las mujeres tejían por las noches trapos de sangre,

los hombres murmuraban, urdían venganzas, se morían.

Los más jóvenes vestían de luto permanentemente

y los pequeños ángeles futuros morían antes de nacer

y mis tristes hermanas y yo mismo, muriendo de silencios.


La guerra,

esta vez, también, será con otros.

hablaré de las voces ocultas de la tierra,

con aquellos muertos que fueron, totalmente,

privados de libertad.

Hermosos muchachos, llenos de energías,

muertos antes de tiempo.

Soy esa grandisosa energía liberada,

nadie podrá conmigo, soy un millón de muertos,

el himno que la muerte reclama para sí,

lo negro de lo negro,

los brillos de lo negro,

las esmeraldas de la muerte.


LA GUERRE

La guerre,

aujourd'hui j'ai pensé aux messieurs et la guerre.

Et je dois le dire, même si personne ne le croit,

mille litres de sang coagulé se sont mis à pleures.

Le ventre de ma mère déchiqueté en mille morceaux,

ses bras, ses amours, ses nerfs congelés.

Mon père son regard brisé par le temps,

mon père mort, pourri, proie des vers

et mes tristes frères et moi-même, vivant de silences.


La guerre,

aujourd'hui j'ai pensé aux dames et la guerre.

Chez mon peuple personne ne dormait bien,

le coeur de la ville vivait troublé.

Les femmes tissaient durant les nuits des chiffons de sang,

les hommes murmuraient, tramaient des vengeances, mouraient.

Les plus jeunes portaient le deuil en permanence

et les petits soeurs et moi-même, mourant de silences.


La guerre,

cette fois, aussi, sera avec d'autres.

Je parlerai avec les voix occultes de la terre,

avec ces morts qui furent, totalement,

privés de leur liberté.

Beaux garçon, pleins d'énergies,

morts avant terme.

Je suis cette grandiose énergie libérée,

personne ne pourra me vaincre, je suis un million de morts,

l'hymne que la mort réclame pour elle,

le noir du noir,

les éclats du noir,

les émeraudes de la mort.

05 Mar 2009

LA POESÍA. AFORISMOS Y DECIRES. UN LIBRO PARA PENSAR.

Escrito por: ameliadiezcuesta el 05 Mar 2009 - URL Permanente

Atardecer en el lago

Miguel Oscar menassa


868. Un gran poeta es, por ahora, como se las arreglan las grandes civilizaciones cuando decaen, para que no se diga que todo fue malo.

873. Psicoanálisis y Poesía quier decir psicoanálisis y poesía; si es sólo psicoanálisis, es psicoanálisis, si es sólo poesía, es poesía, quiere decir: no es Grupo Cero.

877. Lo grande sólo asusta a los solitarios.

891. Un pueblo, sometido durante casi medio siglo a las mismas oscuras perversiones, mata su imaginación, su espíritu creativo.

916. La muerte es, para un escritor, un punto y aparte. Y, si es más que eso, el escritor tedrá que psicoanalizarse.

949. Escribir, para ser un escritor, no me parece del todo suficiente.

964. Bastaría por lo tanto un mínimo desvío, casi imperceptible, para que sea todo diferente. Una gran desviación siempre está más cerca de la normalidad que de la poesía.

965. La poesía vaga sin saber, pero sabe.

966. La poesía no nace a la luz, ni proviene de ninguna oscuridad profunda y misteriosa.

967. Es de omnipotentes querer dar cuenta uno mismo y en solitario, de lo que se acaba de escribir. Es como querer arrancar a lo que se escribe la promesa de que , la próxima vez, ella gozará con uno.

968. Imagen que nunca se verifique, exactamente, como tal, en tanto la lógica no es límite de su devenir, sino más bien, condimento indispensable de su producción como imagen. Más que par antitético, donde una puede triunfar sobre otra, par dialéctico, donde, si una desaparece, la otra pierde su sentido como tal.

969. No hay mentes que se adecúen a ciertos mecanismos de creación. Hay mentes creadas por ciertos mecanismos.

970. Para la poesía, no existen los esfuerzos y, menos que menos, los esfuerzos mecánicos y, por otra parte, es absolutamente imposible evadirse de ella o bien sustituirla por monótonos frutos espirituales. Ella no teme a lo desconocido, ni a lo inaudito.

975. La poesía no necesita ni quinientos mil lectores ni ninguna potencia sexual exagerada. Ella se conforma con una hoja en blanco y, si la hoja en blanco es la propia vida del poeta, mejor.

978. Nada se puede revolucionar sin escritura, ni siquiera el amor.

05 Mar 2009

PRIMER MANIFIESTO INTERNACIONAL GRUPO CERO

Escrito por: ameliadiezcuesta el 05 Mar 2009 - URL Permanente

1977 -MADRID

ENTRE TANTAS UNA MANERA DE COMENZAR

Soy,
un grupo
y todo
en el exacto
borde del abismo.
Y si todo está ocurriendo en España
(novísima esperanza para el decadentismo europeo)
y no
en las orillas sangrantes
de algún río del sur,
se debe,
simplemente
a las combinaciones de las palabras,
que,
como ustedes saben,
son infinitas.
Sabemos
sin embargo,
que,
hay una historia
que no perdona:
la historia del conocimiento.
Ahora,
le toca a las ciencias,
en general,
del hombre,
esas,
que casi,
no existen,
tan conjeturales
ellas,
tan parecidas
a las conversaciones entre amigos.
Somos,
esta materialidad,
lo fin de siglo.
El último suspiro,
de narciso,
frente al espejo.
Hijos
del hongo atómico,
sabemos,
haber participado,
en la creación
de nuestro universo.
Todo,
estaba destruido,
cuando nacimos.
Partícula
contra partícula.
Hombre
contra hombre.
Crecimos,
para ser,
un tiempo novedoso,
donde la biología y la razón,
perderán
definitivamente
sus sentidos.
Oriente y Occidente se unen,
el hilo de plata
es,
la locura.
Somos,
queremos decir,
los bárbaros modernos.
Atentar,
atentamos,
contra toda escritura,
contra toda ideología,
anterior a nosotros.
Somos,
un grupo,
una manera
de mirar
portentosa.
Cuando miramos,
quedamos incluidos
en la mirada.
De hambre
y soledad,
ya hemos muerto.
Ahora
nos toca,
el más allá,
en vida.
Todo,
es empezar,
sabemos;
el amor,
viene solo.
Sabemos también,
que las nociones y conceptos,
de los sistemas ideológicos,
son,
lectura y padecimiento,
comprensión y fe.
La fe,
hechos,
ciega acción,
transformándose,
en pasiva carne,
destinada,
a la reproducción de sentidos.
La comprensión,
actos,
donde los hechos,
fueron transformados por las palabras,
ordenados,
en una relación social
y son ahora,
herramienta,
para leer,
en las ideologías,
instrumento,
para la construcción,
de nuevos modelos ideológicos,
en general,
nuevas maneras de vivir.
El hombre
que transforme su fe en comprensión,
(y comprenderán sólo aquellos,
decididos a vivir,
en un mundo
poblado
de otros hombres,
además,
de él mismo y sus quimeras)
robará
a su ceguera,
fugaces estallidos de colores.
Dejará
de ver la parcialidad
que,
sus circunstancias históricas,
le imponen,
para ver
el resplandor,
de la universalidad de su ser,
que las mismas
circunstancias históricas,
le permiten.
Un hombre, una mujer,
una particular,
combinación arbitraria,
de relaciones y materia, puede,
de algún modo,
elegir.
Digamos:
el poeta
ama la libertad.
Elige
cuando permite que lo externo,
rasgue,
aunque más no sea,
el andamiaje ideológico,
ordenador de su mirada.
Una especie de vacilación mortal
y después,
somos hombres.
Una mirada decimos,
que suponga simultáneamente que en su orden ideológico,
haya ocurrido,
una fractura,
en el exacto,
tiempo de mirar,
un corrimiento.
Corrimiento,
sin el cual,
siempre se tratará,
de un todo unitario,
cualquiera,
haya sido el polo,
que dominó el movimiento.
La famosa dialéctica,
no se sostiene sola. (Un número dos intachable,
o su consecuencia lógica,
el número tres,
o bien,
como todos sabemos,
la conocida detención mortal,
en el número cuatro.
Cifras,
-que aunque lo parezcan-
no van más allá de la familia cristiana,
y sin exagerar,
y gozando de los beneficios,
del ejercicio ético,
decimos:
todo eso, está mal.)
Instante y mirada,
condensación,
de todos los elementos que la constituyeron,
constitución de una síntesis,
un cambio,
no de nivel,
-como habitualmente se dice-
sino más bien,
un verdadero cambio de mundo.
Como el generado,
en la combinación de elementos diversos,
que generan,
una explosión atómica.
Un hombre,
irreductible,
a la totalidad de sus sentidos.
Un ser,
inacabable,
digámoslo,
inaprensible.
Un hombre
estallando en actos -comprensiones-
nuevos sentidos,
floreciendo en su cuerpo,
-ahora social-
produce,
espectrales conceptos -ideas-
que ambicionan volar,
ser,
nuestro movimiento.
El enemigo:
yo mismo.
Enjuto, solitario,
-y sin nombrar lo humano-
más cerca de lo inanimado,
que de lo animal.
Soy también,
esa flor marchita que aborrecemos.
Esa dureza,
desprovista de sentidos.
Quiero decir,
el estallido,
traerá conflictos.
Un algo,
que se erige como opuesto a,
un algo.
Un sentido,
y su posibilidad de movimiento,
contra la nada,
contra la carne,
pasivamente sujeta.
Dolor,
habrá siempre,
pero sólo,
se lo reconocerá como tal,
sólo podrá iniciar su metamorfosis,
cuando,
la más pequeña llama de placer,
surque el espacio,
del dolor permanente,
o bien,
del tiempo cristiano para el hombre,
una especie,
de culpabilidad insostenible,
y nada más,
que por vivir,
por haber nacido Hombre.
Si dominar,
es,
gobernar la materia con las ideas,
las ideas inocuas,
no existen.
Ya que si se trata de convencer,
lo que se resiste,
es,
nuestro propio cuerpo.
Lo que se hace carne en mí,
son,
las ideas dominantes.
Mi cuerpo,
campo de batalla del encuentro,
preciado botín del vencedor,
único,
y verdadero enemigo de una nueva idea.
Un cuerpo,
mirando y haciendo,
según el color,
del cristal ideológico que lo cobija.
Un hombre,
que hace a su imagen y semejanza.
Es decir,
un poderoso dios,
judío-cristiano,
todo lo que produce,
lleva su nombre.
Y como sabemos,
el uso de un producto,
reproduce,
la ideología del productor.
O sea,
que la técnica del uso,
carece,
de la «objetividad» que se le atribuye.
¿La ciencia no será, acaso, una concepción ideológica del saber?
¿Una absolutización de la verdad?
Preguntamos,
cuando no sabemos qué decir,
y no se trata,
de destruirlo todo,
sabemos:
la poesía,
no basta.
Sólo queremos,
reconocer,
la inocencia no existe.
El hombre,
en la opacidad de su ceguera seguirá,
viendo,
siempre lo mismo,
hasta que estalle en actos,
hasta que cambien,
las circunstancias correspondientes a la ideología,
que habla en su cuerpo.
Sin explosiones,
la ética perdura.
Todo producto del trabajo humano,
tendrá,
el signo del sistema,
en el cual se genera,
y su uso,
produce al hombre que lo produjo,
al imponerle,
los hábitos de consumo,
como sabemos,
única forma de apropiación.
Nada,
queda librado al azar,
el sistema,
da su sentido,
a todo lo que abarca.
La ausencia del vacío,
irreductible a la materia,
lleva también,
los emblemas con los cuales,
el sistema,
unifica el mundo.
Tengamos cuidado,
seguir ciegos,
no conviene a nadie.
Y estas palabras son,
tan conjeturales y tan polémicas,
-debemos decirlo alguna vez-
como la ley de los números naturales,
tan conjeturales y tan polémicas,
como el término medio de vida,
en los países industrializados,
tan conjeturales y tan polémicas,
como la fórmula del agua,
o bien,
la moderna existencia,
de los tensores temporales.
Mi experiencia,
más evidente,
la de mis sentidos,
es,
simplemente,
ilusoria,
y no como se dice,
por ilusoria,
menos humana.
Será,
experiencia ideológica,
propia vida humana de los sujetos.
Hubo de haber habido,
entonces,
antes de las ciencias,
vida humana.
El privilegio de las ciencias,
es,
un privilegio contemporáneo,
y sin embargo,
en el tiempo humano actual,
todo,
no se reduce a las ciencias,
toda la práctica humana no se agota en las ciencias,
y aunque la ciencia,
pueda proclamarse,
capaz,
de teorizar todo concepto,
toda realidad,
también la poesía,
y no sólo ella,
tendrá que ver con todo esto.
La teoría,
no puede anular,
la experiencia perceptiva,
y tampoco,
sus productos.
Y como sabemos,
la experiencia perceptiva,
puede generar,
como posibilidad,
lo peor,
queremos decir:
una nueva teoría.
El sujeto,
reconoce la alienación,
reconoce,
que desde hace algunos siglos,
se vienen instalando en él,
-más allá de su deseo-
modos y modales,
que tendrá que padecer,
vivir,
de esa manera o de ninguna otra.
Que desde hace siglos,
se viene haciendo carne en él,
se viene mezclando con su sangre,
-contra su propia voluntad-
una ética.
Que,
cuando tenga que elegir,
elegirá estar de acuerdo,
con la inmoralidad del sistema,
para la propia,
eternización,
del sistema como tal,
en contra,
de cualquier recorrido histórico,
pretendidamente humano.
El sistema,
determina para el sujeto,
que,
sólo podrá mantener su lugar,
si en el mismo momento,
que,
reconoce su pertenencia al sistema,
desconoce simultáneamente,
las determinaciones que posibilitaron,
su ser sujeto.
Sujeto-sujetado,
al paroxismo
de leyes inviolables,
por ser,
aquello que prohíben,
imposible de realidad,
para el sujeto
y precisamente,
en esa imposibilidad del sujeto,
encuentra el sistema,
el punto exacto de su reproducción.
Violar las leyes,
y de esto todos tenemos conocimiento,
significa,
terminar con dicho sistema.
Y esto acontece,
en el camino que recorren los seres llamados normales
y también,
en el camino que recorren lo seres llamados anormales.
Toda desviación,
en cualquiera de los dos caminos,
determinará para el sujeto, una nueva existencia como ser.
Una especie de puesta a prueba del sentido común.
Una especie de pregunta acerca del destino del hombre,
o del sujeto doblemente encadenado.
¿El psicoanálisis es acaso en sí mismo una ciencia nueva,
es decir una ciencia de un objeto nuevo: el inconsciente
o bien es simplemente una irrupción (sobrecogedora)
en una teoría del sujeto, que de nacer,
nació con el marxismo?
Un sujeto, torpemente sujetado.
Doblemente encadenado.
Un superalienado,
un verdadero,
hombre moderno.
Un pobre hombre,
que ama lo que ama su patrón.
Un pobre hombre,
que desea lo que desea su madre.
El hombre padece una doble alteridad,
insisto, por lo menos,
una doble determinación,
económicas ambas:
política la una,
libidinal la otra.
Y al pasar me pregunto,
si el psicoanálisis legisla,
la vida de un hombre solitario,
estúpido,
chiquito,
inexistente,
muerto,
o bien,
el psicoanálisis hará sus verdaderos estragos,
en el campo donde reina la ideología.
El campo,
donde ocurren,
los fenómenos de la vida,
el campo,
donde se desarrolla,
la ética de los poderosos.
Vale decir,
en esta época,
el campo donde acontecen,
las relaciones sociales.
Que no por ser sociales,
-determinadas y determinantes-
que no por estar sometidas a las transformaciones
de su propio tiempo -el futuro anterior-
que no por todo eso,
quiero decir, son menos sexuales.
Relaciones sexuales,
que no por ser productos del trabajo inconsciente,
y por ello,
estar sometidas a las transformaciones,
discontinuas de su propio tiempo -el futuro anterior-
que no por todo eso,
quiero decir,
son menos sociales.
Un entrecruzamiento mortal,
temí morir,
dos veces en el mismo momento,
entregué mi vida,
por lo menos dos veces,
para no morir.
Tengo,
una doble marca,
una redoblada esclavitud:
un otro de mí,
que roba,
el sentido de mi trabajo,
un otro de mí,
que roba,
el sentido de mi deseo.
Producto y realización,
vuelan de nuestras manos.
Por ahora pongamos,
marxismo, psicoanálisis,
y las dos palabras en cuestión,
«valor», «falo»,
que como sabemos son dos conceptos
y como tales,
objetos suprasensibles,
materiales,
pero no corpóreos.
Invariantes sistémicas, que ocupan,
como todo dios,
el vértice del triángulo que dominan
y que por no formar parte del cuerpo de aquello que regulan,
-toda relación en la base del triángulo-
se transforman,
en objeto del deseo de todo el sistema.
Vivimos
y morirnos,
tras el vacío perfume de dos ilusiones:
tener el valor,
tener el falo.
Revolucionar este estado de cosas,
tendrá que ver con alguna toma de algún poder,
no quiero poner en duda semejante verdad,
sólo quiero decir:
que más allá de la verdad,
el poder,
no existe.
Que tomar el poder no debe alcanzar,
estoy casi seguro,
para que el hombre pueda,
participar en la elección,
del destino para el producto de su trabajo.
Para que el hombre pueda,
gozar de lo producido,
por la realización de sus propios deseos.
Decimos que la desalienación,
no tendrá que ver,
con devolverle nada a nadie.
Habrá por el contrario,
que extirpar del hombre,
todo aquello que por impuesto,
le restaba humanidad.
Sin importarnos si las imposiciones,
fueron sociales o sexuales.
Una manera de relacionarse,
de tener hijos,
de educar esos hijos,
quiero decir,
una específica manera de amar,
reglamentada,
por las mismas leyes que rigen el mercado:
la oferta
y
la demanda.
Podríamos pensar entonces,
el psicoanálisis como la única arma, por ahora,
contra el verdadero poder del estado burgués,
sus modelos ideológicos:
la familia,
la religión,
la creación,
la medicina,
las formas del ocio,
todo aquello,
que nos forma para ser dominados,
es producto,
de una filosofía de la conciencia,
una filosofía,
como sabemos,
que no ve más allá de sus propios ojos,
que no ve,
más allá de su propio pedazo de tierra.
Un hombre,
que sólo puede,
lo que pueden sus sentidos.
Un hombre empobrecido,
una filosofía,
destinada a crear idiotas,
vale decir,
un error del hombre.
Una razón,
empecinada en sus razones,
siempre,
una violencia contra el hombre,
una especie,
de burocracia del amor,
del deseo.
Razón,
que para sobrevivir como tal
debió crear,
sin que nadie se lo pidiera,
su polo dialéctico,
es decir,
el principio de su fin:
la locura.
Una clase,
empecinada en sus privilegios,
siempre,
una violencia contra otros.
Clase,
que para sobrevivir como tal,
debió crear,
sin que nadie se lo pidiera,
su polo dialéctico,
es decir,
el principio de su fin:
el proletariado.
Psicoanálisis, marxismo,
detonantes históricos cuyo destino,
es,
simplemente,
levantar los velos,
abrir los ojos,
terminar con la ceguera,
o bien,
psicoanálisis, marxismo,
dos prácticas endemoniadas,
que en su torbellino,
se llevan por delante,
la propia vida del practicante,
su propia ideología.
Prácticas,
donde los practicantes,
quedan envueltos en la determinación,
ya
que sus métodos no completan
todas las posibilidades,
en el hallazgo de verdad,
sino,
que alcanzan su plenitud,
su verdadera juventud,
en la transformación de dicha verdad.
No sólo la descripción,
más o menos acertada,
más o menos articulada,
más o menos verdadera,
de las formaciones sociales
o
de las formaciones del inconsciente
sino más bien,
una desviación,
definitiva,
en esas formaciones,
un cambio de destino,
un hecho,
claramente histórico,
una verdadera transformación.
Psicoanálisis, marxismo,
intentos destinados a subvertir,
el estado burgués
y su filosofía de sostén.
Lo que no querrá decir en ningún caso,
como dicen algunos,
que el próximo paso,
tenga que ver exactamente,
con la dictadura
del proletariado, o bien,
con la dictadura,
de la locura.
Quisiera pensar,
si ustedes me permiten,
que el proletariado
como la locura,
existen como tales,
en presencia de sus respectivos,
polos dialécticos.
En un caso,
la burguesía,
en el otro,
la razón.
Subvertir el estado burgués,
subvertir la razón,
querrá decir,
entonces,
modificarle definitivamente,
el destino al hombre,
ya,
que ser proletario,
o ser loco,
perderá,
su «razón» de ser.
Quiero imaginarme,
que cambiarle definitivamente,
el destino al hombre,
no tendrá que ver,
con ninguna dictadura.
Ni ciencias,
ni fusiles,
ni poesía,
ni amor,
lo que necesitamos es,
lo digo simplemente,
una transformación.
El cuerpo,
como vimos,
no existe.
La palabra,
tampoco.
Se trata,
de una combinación,
somos:
un grupo.

Octubre 1977- Mayo 1978

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