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10 Mar 2009

AUTOBIOGRAFÍA (1924). ADICIÓN (1935). SIGMUND FREUD. FIN.

Escrito por: ameliadiezcuesta el 10 Mar 2009 - URL Permanente

VII. ADICION DE 1935 (*532) El editor de estos estudios autobiográficos no tomó en cuenta la posibilidad que transcurrido un lapso pudiera escribirse una secuela de ellos, y parece ser que ha ocurrido tal suceso en la presente ocasión. Emprendo la tarea dado el deseo de mi editor americano de publicar el trabajo más corto en una nueva edición. Se publicó primero en América en 1927 (por Brentano) bajo el título Un estudio autobiográfico, pero que lamentablemente se colocó en el mismo volumen junto a otro ensayo mío que le daba el título al libro (Análisis profano), oscureciendo el presente trabajo. Dos temas surcan estas páginas: la historia de mi vida y la historia del psicoanálisis, ambos íntimamente entrelazados. Este estudio autobiográfico revela cómo el psicoanálisis vino a constituir el sentido pleno de mi vida y afirma con propiedad que ninguna experiencia personal mía es de algún interés, comparándolas a mis relaciones con esta ciencia. Poco antes de escribirlo me parecía que mi vida pronto llegaría a su fin, dada la recidiva de una enfermedad maligna, sin embargo, la habilidad quirúrgica me salvó en 1923 y fui capaz de proseguir mi vida y mi trabajo, aunque no estuve libre de dolor mucho tiempo (*533). En el período de más de diez años transcurridos desde entonces en ningún momento dejé de lado ni mi trabajo analítico ni mis escritos, como lo prueba mi duodécimo volumen de la edición alemana de mis obras. (Gesammelte Schriften, 1924-34.) Sin embargo, yo mismo siento que ha sucedido un cambio significativo. Los hilos que en el curso de mi desarrollo se habían entrelazado han comenzado ahora a separarse: intereses adquiridos en la última parte de mi vida han retrocedido, en tanto que los más originales y antiguos se han vuelto prominentes una vez más.
Nota 532
Nota 533
Es verdad que en la última década he escrito importantes artículos de la labor analítica, tales como la revisión del problema de la angustia en Inhibición, síntoma y angustia (1926) y la explicación del fetichismo sexual que elaboré un año después (1927). Pese a todo, sería propio decir que desde que adelanté mi hipótesis de la existencia de dos clases de instintos (Eros y el instinto de muerte) y desde que propuse una división de la personalidad psíquica en un Yo, un Super-Yo y un Ello (1923), no he hecho posteriormente ninguna contribución decisiva al psicoanálisis. Todo lo que he escrito desde entonces sobre esto ha sido o poco importante o pronto hubiera sido elaborado por algún otro autor. Esta circunstancia se relaciona con una alteración en mi propia persona, lo que pudiera ser descrito como una fase de desarrollo regresivo. Mi interés luego en un largo détour en las Ciencias Naturales, la Medicina y la psicoterapia, volvió a los problemas culturales que tanto me había fascinado largo tiempo atrás, cuando era un joven apenas con la edad necesaria para pensar. En el cenit de mi labor analítica (1912) ya había intentado en Totem y tabú emplear los nuevos hallazgos descubiertos por el análisis a objeto de investigar los orígenes de la religión y de la moral. Llevé recientemente esa investigación un paso adelante en dos últimos trabajos: El porvenir de una ilusión (1927) (*534) y El malestar de la cultura (1930).
Nota 534
Percibí aún con más claridad que los hechos de la historia humana: las interacciones entre la naturaleza humana, el desarrollo cultural y los precipitados de experiencias primordiales (siendo la religión el ejemplo más prominente) no son otra cosa que una reflexión de los conflictos dinámicos entre el Yo, el Ello y el Super-yo, de un individuo, estudiado analíticamente, pero que los mismos procesos se repiten en una escala más amplia. En El porvenir de una ilusión expresé una valoración negativa de la religión. Más tarde encontré una fórmula que le hizo mayor justicia a ella, aunque aún, concediendo que su poder reside en la verdad que contiene, mostré que esa verdad no era material, sino histórica. Estos estudios aunque originados en el psicoanálisis y que se alejan mucho de él, tal vez han despertado más simpatía del público que el propio psicoanálisis. Puede que ellos han tenido su rol al crear la efímera ilusión que yo me contaba entre los escritores a los que una gran nación como Alemania estaría pronta a escucharlos. Fue en 1929 cuando con palabras no menos fértiles que amistosas, Thomas Mann, uno de los bien conocidos escritores alemanes, encontró un lugar para mí en la historia del pensamiento moderno. Algo más tarde a mi hija Anna, actuando como mi apoderada, se le dio una recepción cívica en la Rathaus de Francfort del Maine, con ocasión de haberme otorgado el premio Goethe para 1930. Ese fue el cenit de mi vida ciudadana. Poco después, los límites de nuestra comarca se estrecharon y la nación no sabía nada más de nosotros.
Y aquí debiérase permitirme interrumpir estas notas autobiográficas. El público no tiene derecho a saber más de mis asuntos personales, de mis luchas, mis desilusiones y mis éxitos. De todas maneras ya he sido más abierto y franco en alguno de mis escritos (La interpretación de los sueños y en Psicopatología de la vida cotidiana) que lo que son corrientemente aquellos que describen sus vidas para sus contemporáneos o para la posteridad. He tenido pocos agradecimientos de ello, y por mi experiencia no puedo recomendarle a otro que siga mi ejemplo. Debiera agregar unas pocas palabras más de la historia del psicoanálisis en la última década. Ya no caben dudas que él continuará, ha probado sus capacidades de sobrevivencia y de desarrollarse tanto como rama del saber como método terapéutico. El número de sus adherentes (organizados en la International Psycho-Analytical Association) ha aumentado considerablemente. Además de los grupos locales de Viena, Berlín, Budapest, Londres, Holanda, Suiza y Rusia, se han formado desde entonces Sociedades en París, Calcuta, dos en Japón, varias en Estados Unidos, y muy recientemente una en Jerusalén y en Sud-Africa y dos en Escandinavia.
Aparte de sus propias reservas, estas sociedades locales mantienen (o están en el proceso de formarlos) Institutos de entrenamiento en los que se da una instrucción de la práctica del psicoanálisis según un plan uniforme; y ambulatorios en los que analistas experimentados y estudiantes ofrecen tratamiento gratuito a enfermos de escasos recursos. Cada dos años los miembros de la Asociación Internacional de Psicoanálisis organiza un Congreso donde se leen trabajos científicos y se deciden asuntos organizativos. El decimotercero de estos congresos (a los que yo no podré asistir más) tuvo lugar en Lucerna en 1934. De lo medular de los intereses compartidos por los miembros de la asociación irradian trabajos en múltiples direcciones: Unos colocando el énfasis en clarificar y profundizar nuestro conocimiento de la psicología, en tanto que otros se preocupan de mantenerse en contacto con la medicina y la psiquiatría. Desde un punto de vista práctico, algunos analistas se han propuesto la tarea de llevar a cabo el reconocimiento del psicoanálisis en las universidades y su inclusión en el curriculum médico; mientras que otros prefieren mantenerlo fuera de esas instituciones, no aceptando que el psicoanálisis sea menos importante para el campo educacional que para el de la medicina. Suele suceder que un analista llegue a sentirse aislado al intentar poner énfasis en uno solo de los hallazgos o puntos de vista del psicoanálisis descartando todo lo restante. A pesar de todo, la impresión general es de satisfacción por un trabajo científico serio llevado a cabo a un alto nivel
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09 Mar 2009

MÁS SOBRE EL COLOR. MATISSE

Escrito por: ameliadiezcuesta el 09 Mar 2009 - URL Permanente

El contorno de tu sonrisa

Autor. Miguel Oscar Menassa

En los Independientes oigo siempre al “padre” Pissarro exclamar, ante una hermosa naturaleza muerta de Cézanne que representa una jarra de agua de cristal tallado, estilo Napoleón III, toda una armonía azul: “Es como un Ingres”.

Cuando mi asombro pasó, encontré y sigo encontrando que tenía razón. Sin embargo, Cézanne sólo hablaba de Delacroix y de Poussin.

Algunos pintores de mi generación han visitado y frecuentado a los Maestros del Louvre, donde fueron guiados por Gustave Moreau antes de haber tenido contacto con los Impresionistas. Sólo más tarde fueron a la rue Laffite, y fueron para ver, sobre todo, en lo de Durand-Ruel, la célebre Vista de Toledo y la Ascensión al Calvario del Greco; también estudiaban algunos retratos de Goya e incluso admiraban el David y Saúl de Rembrandt. Es de destacar que Cézanne, al igual que Gustave Moreau, haya hablado de los Maestros del Louvre. Cézanne se pasaba sus tardes dibujando en el Louvre, en la época en que le hacía el retrato a Vollard. Al anochecer volvía a su casa, y cuando pasaba por la rue Laffite le decía a Vollard: “Creo que la sesión de mañana va a ser buena, ya que estoy contento con lo que he hecho esta tarde en el Louvre”. Esas visitas al Louvre enriquecían las observaciones de cada mañana, cuando el artista enfrentaba nuevamente el trabajo y juzgaba lo realizado en la sesión de la víspera.

En lo de Durand-Ruel vi dos hermosísimas naturalezas muertas de Cézanne, bizcochos, lecheras, frutas de azules apagados. Fui a verlas por indicación del padre Durand, a quien yo mostraba mis naturalezas muertas: “Vea estos Cézannes –me decía–, que no puedo vender. Trate de pintar interiores con figuras como este trabajo o de la calidad de aquél”.

Como hoy, el camino de la pintura parecía completamente bloqueado a las nuevas generaciones; los Impresionistas acaparaban toda la atención.

Van Gogh y Gauguin eran ignorados. Fue necesario derribar un muro para pasar.

A propósito de las diferentes corrientes modernas, pienso en Ingres y en Delacroix a quienes en su época todo parecía separar; y de tal manera que los respectivos discípulos hubieran podido organizar dos bandas rivales si ellos se lo hubieran propuesto. Y, sin embargo, es fácil ver sus similitudes.

Los dos se expresaban a través del arabesco y del color. Ingres, por su color casi “compartimentado” y “entero” fue llamado “un chino perdido en París”. Ambos forjaron los mismos eslabones de la cadena. Sólo los matices impiden confundirlos.

Gauguin y Van Gogh, años después, darán la impresión de haber vivido el mismo tiempo: arabescos y color también. La influencia que siente Gauguin parece haber sido más directa que la de Van Gogh. Incluso Gauguin parece salir de Ingres.

El joven pintor que no puede desprenderse de la influencia de la generación precedente va hacia un estancamiento.

Y para salvarse del hechizo de la obra de sus mayores inmediatos, que por otra parte aprecia, trata de buscar nuevas fuentes de inspiración en las producciones de diferentes civilizaciones, y de acuerdo también con sus propias afinidades. Cézanne se inspiró en Poussin.

Si es sensible, un artista no puede perder, rechazar, ni negar el aporte de la generación anterior, pues a pesar de él mismo toda esa carga va a gravitar en su aporte. Sin embargo, es necesario que él se libere para dar de sí en su momento una cosa nueva y algo de fresca inspiración.

“Desconfíen ustedes del maestro influyente”, decía Cézanne.

Un pintor joven, que sabe que no va a inventarlo todo, debe ordenar su cabeza para poder conciliar los diferentes puntos de vista, tanto de las obras hermosas que lo impresionen como de las interrogaciones que haga a la naturaleza.

Tras haber tomado conocimiento de sus medios de expresión, el pintor debe preguntarse: “¿Qué es lo que yo quiero?”, e ir en su búsqueda de lo simple a lo complejo para tratar de descubrirlo.

Si sabe conservar su sinceridad frente a su sentimiento íntimo, sin trampas ni autocomplacencias, su curiosidad no lo abandonará nunca, como tampoco lo abandonará, ni siquiera al final de su vida, el entusiasmo ante el trabajo arduo y aquella necesidad de aprender que tuvo en su juventud.

¡Qué puede existir más hermoso que esto!

París, 30 de agosto de 1945

Función y modalidades del color

Decir que el color ha vuelto a ser expresivo es hacer su historia. Durante mucho tiempo no fue sino un complemento del dibujo. Rafael, Mantegna o Durero, como todos los pintores del Renacimiento, construyeron a través del dibujo y le agregaron luego el color local.

Por el contrario, los primitivos italianos y sobre todo los orientales habían hecho del color un medio de expresión. Se tuvo alguna razón cuando se bautizó a Ingres como un chino ignorado en París, ya que iba a ser el primero en usar colores francos, limitándolos sin desnaturalizarlos.

De Delacroix a Van Gogh y sobre todo Gauguin, pasando por los Impresionistas que hacen una limpieza, sin olvidar a Cézanne, que da un impulso definitivo e introduce los volúmenes coloreados, se puede seguir esta rehabilitación de la función del color, y la restitución de su poder emotivo.

Los colores tienen una belleza propia que hay que tratar de preservar, así como en música hay que tratar de conservar los timbres. Cosa de organización, de construcción, para no alterar esta hermosa frescura del color.

Los ejemplos no faltaban. Teníamos, delante de nosotros, no sólo pintores sino también el arte popular y las telas japonesas que se vendían entonces. Para mí, el fovismo fue también la prueba de los medios: ubicar los colores, el uno al lado del otro, unir de manera expresiva y constructiva un azul, un rojo, un verde. Era el fruto de una necesidad que nacía en mí y no el resultado de un acto voluntario, de una deducción o un razonamiento donde la pintura no tiene nada que hacer.

Lo que cuenta con mayor fuerza en el mundo de los colores son las relaciones. Gracias a ellas y a esos colores en sí, un dibujo puede ser intensamente coloreado sin que sea necesario poner color.

Sin duda, hay mil maneras de trabajar el color, pero cuando se lo compone, como el músico compone sus armonías, se trata simplemente de hacer valer las diferencias.

En verdad, música y color no tienen nada en común, pero siguen líneas paralelas. Siete notas con ligeras modificaciones alcanzan para escribir un mundo de partituras. ¿Por qué no ha de ser lo mismo en plástica?

El color no es jamás cuestión de cantidad sino de elección. En sus orígenes, los ballets rusos y en especial Scheherazade, de Bakst, rebosaban color. Profusión sin medida. Se podría haber dicho que el color había sido repartido indiscriminadamente. El conjunto era alegre por la materia, pero no por la organización. Sin embargo, los ballets han sido campo de ensayo de medios novedosos, que a la vez los han enriquecido ampliamente.

Un alud de colores no tiene fuerza. La culminación del color sólo se da cuando está organizado, cuando responde a la intensidad emocional del artista.

En el dibujo, incluso en el de una sola línea, se puede dar, en cualquier zona que esa línea encierre, una infinidad de matices. La proporción desempeña una función primordial.

No es posible separar dibujo y color. Puesto que el color no ha sido jamás aplicado a la ventura, desde el momento que hay límites y sobre todo proporciones, hay escisión. Es allí donde interviene la creación y la personalidad del pintor. El dibujo cuenta mucho, también. Es la expresión de la posesión de los objetos. Cuando uno conoce a fondo un objeto puede contornearlo con un trazo exterior que lo va a definir por completo. Ingres decía sobre este punto que el dibujo es como una canasta a la que no se le puede arrancar una tirilla de mimbre sin hacer un agujero.

Todo, incluso el color, debe ser creación. Primero analizo mi sentimiento antes de llegar al objeto. Y luego hay que recrear todo. Tanto el objeto como el color.

Si los medios empleados por los pintores han sido atrapados por la moda, pierden su honda significación. Esos medios no disponen ya de ningún poder sobre el espíritu. Su influencia no modifica sino la experiencia de las cosas. Cambia solamente matices.

El color contribuye a expresar la luz, no el fenómeno físico sino la luminosidad que existe como hecho, la que está en el cerebro del artista.

Cada época aporta su propia luz, su sentimiento particular del espacio, como una necesidad. Nuestra civilización, incluso para aquellos que no hayan viajado en avión, ha traído una nueva comprensión del ciclo, de la superficie, del espacio. Y hoy se ha llegado a exigir una posesión total de este espacio.

Suscitados y sostenidos por lo Divino, todos los elementos se encuentran en la naturaleza. El creador, ¿no es él mismo la naturaleza?

Llamado y alimentado por la materia, recreado por el espíritu, el color podrá traducir la esencia de cada cosa y responder al mismo tiempo a la intensidad del choque emotivo. Pero dibujo y color no son sino una sugestión. A través de la ilusión que despierten, deben provocar en el espectador la posesión de las cosas. Y la medida del artista estará dada por su posibilidad de sugestionarse y trasladar esa sugestión a su obra, y de allí al espíritu del espectador. Un viejo proverbio chino dice: “Cuando se dibuja un árbol, se debe sentir poco a poco que uno se eleva”.

El color, sobre todo, es tal vez, más aún que el dibujo, una liberación. La liberación es el abandono de las convenciones; son los medios antiguos reemplazados por los aportes de las nuevas generaciones.

Como el dibujo y el color son medios de expresión, son modificados. De ahí la extrañeza que provocan los nuevos medios, ya que ellos se refieren a cosas diferentes de las que interesaban a las generaciones anteriores.

Finalmente, el color es suntuosidad y reclamo. Y he ahí el privilegio del artista: transformar en precioso al más humilde de los objetos y ennoblecerlo.

Reflexiones 1945

El negro es un color

El negro, como color, tiene el mismo derecho que los otros colores: el amarillo, el azul o el rojo.

Los orientales han empleado el negro como color, sobre todo los japoneses en las estampas. Más cercano a nosotros, tengo presente un cuadro de Manet, en el que recuerdo que la chaqueta de terciopelo negro del hombre joven con sombrero de paja es de un color negro franco y luminoso.

En el retrato de Zacarías Astuc, hecho por Manet, hay una nueva chaqueta de terciopelo también expresado por un negro decidido e intenso. En mi panel de los Marroquíes, ¿no hay acaso una zona grande y con tanta luminosidad como los otros colores del cuadro?

1946.

El camino del color

El color existe en sí, posee una belleza propia. Fueron los géneros japoneses que comprábamos por monedas en la rue de Saine, los que nos lo revelaron. Comprendí, entonces, que se podía trabajar con colores expresivos, que no son obligatoriamente colores descriptivos. Por cierto que los originales eran sin duda decepcionantes. Pero, la elocuencia, ¿no es acaso más poderosa y más directa cuando los medios son más burdos? Van Gogh también se entusiasmaba con aquellos géneros japoneses.

Una vez liberado el ojo, limpiado por las telas japonesas, me sentí preparado para recibir verdaderamente a los colores en función de su poder emotivo. Si admiraba instintivamente a los primitivos del Louvre, y después al arte oriental, en particular la extraordinaria exposición de Munich, fue porque encontré allí una nueva confirmación. Las miniaturas persas, por ejemplo, me mostraban toda la posibilidad de mis sensaciones. Yo podía volver a encontrar en la naturaleza cómo esas sensaciones deben venir. Por lo accesorio, este arte sugiere un espacio más amplio, un verdadero espacio plástico. Eso me ayudó a salir de la pintura intimista.

La revelación, pues, me vino del Oriente. Fue años más tarde cuando comprendí y me emocionó la pintura bizantina frente a los iconos de Moscú. Uno se libera tanto más cuando ve sus esfuerzos conformados por una tradición, por antigua que esa tradición sea. Y ella nos ayuda a saltar el foso.

Había que salir de la imitación, incluso de la imitación de la luz. Se puede provocar la luz por la invención de colores lisos, como se estila con los acordes musicales. Yo empleé el color como medio de expresión de mi emoción y no como elemento de transcripción de la naturaleza. Utilizo los colores más simples. Yo mismo no los transformo. Son las relaciones que se establecen las que se encargan de hacerlo. Se trata solamente de hacer valer las diferencias, de hacerlas resaltar, de acusarlas. Nada impide componer con sólo algunos colores, la música fue elaborada únicamente sobre siete notas.

Basta con inventar signos. Cuando se siente auténticamente la naturaleza, se pueden crear signos que establezcan una equivalencia entre el artista y el espectador.

En los primeros ballets rusos, Bakst ponía enormes cantidades de color. Era magnífico, pero sin expresión. Porque no es la cantidad lo que cuenta sino la elección, la organización. La única ventaja que se obtuvo fue que el color, súbitamente, tuviera carta de ciudadanía y entrada hasta en las grandes tiendas.

A pesar de nosotros mismos, hemos hecho esa elección; fue imposible escapar a ella, era una fatalidad. Por eso, la elección del color representa tan profundamente el espíritu de una época. Pero no hay necesidad de quedarse en eso, hay que avanzar, continuar, ir más lejos.

Reflexiones 1947.

08 Mar 2009

POESÍA POESÍA POESÍA. AFORISMOS Y DECIRES. SÉPTIMA PARTE

Escrito por: ameliadiezcuesta el 08 Mar 2009 - URL Permanente

986. Poesía, más que una danza para ser bailada por todos, una danza que tenga, de todos, el movimiento más preciso.

989. Un hombre solitario no es un hombre. Pero un hombre que construye semejante soledad, semejante fortaleza de palabras unas contra otras, no es un hombre solitario.

991. El hombre es inasible. Se pudre y no se pudre. Muere y canta a la vez. Se deja volar y para caer, pesadamente, corta sus alas.

998. Cuando veía que la realidad se me escapaba de las manos, no hacía nada para retenerla. A veces me quedaba sin nada de realidad y eso era la poesía para mí.

999. Altas cumbres me esperan, pero yo no subiré. Esperaré que las altas cumbres sean desgastadas por el tiempo.

1023. Millones de hombres, millones de pájaros en libertad, hablarán por mí. Yo soy la Poesía.

1024. Yo no tengo nada que solucionar, esta vez el mundo tendrá que detenerse para verme pasar..

1035. A mí ya nadie me reclama nada, sino sólo mis versos y ésa es mi condena.

1036. Cuando me pierdo, sólo es para encontrarla.

1037. Tal vez tengan razón mis escritos, tal vez, rechazando algo pueda gozar de algo.

1067. Abro los ojos y el mundo se ilumina, en esa apertura de mi voz, a los caminos del poema.

1068. Yo mismo caeré y me volveré a levantar otras mil veces y ese latido subterráneo se volverá palabra, remolino sin tiempo, grandiosa oscuridad abierta en finos temblores apocalípticos de luz.

1069. Estoy aquí, para iluminar ese trozo de historia.

1076. La libertad, todo el mundo en libertad, y nadie tendrá nada, porque será todo de la libertad, de la poesía.

1079. Estábamos escapándonos de todo y vino la poesía y puso a cada uno en su lugar.

1086. Ahí, precisamente, en el poema, el hombre se ha entregado totalmente a ser de la palabra. Esa libertad lo convierte en piedra inolvidable, voz inmortal.

1116. Escribe, Bestia, que el amor advendrá por el camino del poema.

1162. Si me aman me rompen. Soy un diamante en libertad. Sólo brillo en el aire. De nadie para nadie y el brillo será eterno.

07 Mar 2009

LA VIDA. PSICOANÁLISIS DEL AMOR. 1975. MENASSA. POESÍA

Escrito por: ameliadiezcuesta el 07 Mar 2009 - URL Permanente

Soy,

lo que se dice,

un hombre aniquilado por los papeles.

Mi vida va pasando,

entre leves escrituras,

leves trámites burocráticos.

Mi vida,

va pasando con el tiempo.

Comer.

Dormir.

Desesperarme alguna que otra vez por el amor.

Ir huyendo de a poco de la vida,

temer de todo.

Del ronco aliento del mar,

de las poderosas letras de la máquina.

De mis palabras

y de tus besos mi amor,

tus besos,

tu boca abierta,

incansable y abierta,

manantial,

agua fresca,

tus besos.

Te confieso:

ser,

quise ser,

un hombre normal.

Todo me salió mal,

y tengo miedo de que la justicia se dé cuenta que poseo,

los últimos secretos del amor.

Las bombas contra las bombas.

Cada palabra contra toda palabra:

Soy inmune,

heterosexual

y poeta.

Lo reconozco,

no soy moderno.

A veces,

siento mi corazón despedazado y loco,

un cuerpo sin razón,

sin límites precisos.

En esos instantes,

amo todos los cuerpos.

En esos instantes,

mejor es dejarse llevar,

ir olvidándose de todo.

Vivir no es fácil,

a veces una ráfaga infernal se lleva todo por delante,

a veces ocurre,

fatal e inevitable,

la torpeza.

A veces el amor,

roza sin par,

la algarabía por vivir.

Tardes y noches y soledades,

apretujándose unas contra otras,

para ser,

instante único,

vuelo final.

A veces entre sueños,

conquisto mi libertad,

pintarrajeada

y vestida con sedas para la fiesta,

descansa,

ahora sobre mi pecho,

entre mis genitales.

Necesitaba,

un poco de amor,

se parece a la muerte.

Y si canto por las mañanas,

será tal vez,

que el mundo es agradable,

vivir,

ameno,

comerse una ciruela en pleno verano,

fresco.

Hacer el amor,

entretenido.

Morir,

natural,

y todo en perfecto orden,

como ustedes pueden imaginarse,

un hombre,

totalmente encaminado,

un hombre serio,

respetado,

un muerto en vida.

Una palabra estampada hace siglos,

una vejez permanente desde la infancia,

lo que se dice,

-algunos libros escritos por algunos hombres-

el peso de la historia.

Escribo por lo tanto,

no para ser histórico,

sino más bien con el intento

y no es poco decir,

de transformar el pequeño hombrecito,

que nos permiten,

las históricas leyes.

Insisto,

algunos libros escritos,

por algunos hombres.

Para empezar,

quiero empezar por el principio:

Vivir,

no es,

eso que usted tanto defiende.

Eso,

que usted argumenta con tanta pasión

que no se lo permiten,

eso,

eso es morir.

Vivir,

es siempre,

una apsión contra uno mismo.

Un levantarse todas las mañanas,

terco,

empecinado,

voluptuoso,

contra el día anterior.

Contra mi propia manera de ser,

contra mi famosa personalidad,

mis ritos.

Vivir,

os digo,

una flor que se abre,

cada mañana,

diferente.

Cada mañana

un movimiento nuevo para el amor,

cada mañana

una circulación diferente.

La familia no existe.

Mi madre,

también es una historia.

Mi padre,

esas palabras,

otros padres.

Vendavales de furia,

orgías de locas enredaderas,

creciendo hacia lo alto,

hacia la nada,

embriagan mi ser.

Me recuerdan,

la primitiva ceguera donde el hombre,

pequeño y despiadado animal,

mataba para comer.

Os digo:

el amor,

es lo que vive en el propio centro de las tripas,

el resto,

enseñanzas de la primera escolaridad,

aquel inolvidable padre nuestro,

rezado,

en brazos de mi madre,

chupándole las tetas.

En el amor,

nadie entrega,

y nadie recibe nada.

Todo es invisible,

maceración sin huellas,

sangre olvidada,

en el amor,

el crimen es perfecto.

Limpio,

inolvidable,

y no,

por la algarabía de su reinado que no existe,

sino más bien,

por el olor,

el simple olor de carne humana,

madura.

Fui,

la fuga fugaz.

Una ilusión,

poder partir,

alejarse del mundo.

Sólo entre los recuerdos

y algunas relaciones familiares,

conquisté el universo.

Todo lujuria y vértigo,

todo palabra.

Grandes espejos, disfrazados de conchas marinas,

mostrando entre sus vlavas abiertas desmesuradamente,

el ojo,

violento del amor,

clavado en mi mirada.

Y todo era luz,

ceguera y luz.

Estábamos,

lo recuerdo,

tomados de la mano,

extendidos sobre la arena,

muertos.

Vendrán los tiempos,

donde no habrá precisamente,

ni furia,

ni sonido.

Y te lo prometo,

en un tiempo más,

los niños y los poetas,

cagarán en el baño.

Y los ruidos orgánicos,

por decreto,

cambiarán sus sórdidos sonidos de cloacas,

por música de Bach.

Compuestos y almidonados,

con el pene,

-planchado por mi madre-

de los días domingo,

haremos el amor.

Y habrá fiesta,

en el corazón sublime de la esperanza,

y ese día,

nos miraremos a los ojos.

Y mi cuerpo tendrá la arrogancia,

de saberse un hombre de bien,

y recitándote al oído,

mi último poema,

"el amor existe"

hago estallar,

precisamente a medianoche,

tu culo,

en mil fragmentos ambarinos,

catarata de amor,

aguas dulces del orinoco sobre el mundo,

entre tus blasfemias.

De mi padre,

soy lo más brusco,

quiero decir,

lo permanente.

Varias mujeres,

hacen la mujer.

Varios hombres,

la guerra.

Una manera de decir,

los encuentros son raros,

las dimensiones incomparables.

Un hombre,

una mujer,

son,

quiero decirlo,

el borde de un abismo,

todavía prohibido.

De mi madre,

soy,

todo lo que vuela.

Lo que desaparece.

El milenario rimmel,

negro en sus ojos.

El carmín,

en sus labios,

y el frenético temblor de sus tetas frente a mi sonrisa,

de niño enamorado,

amante de la libertad,

contaba empecinadamente el tiempo de su cautiverio.

Reloj de sangre.

MIGUEL OSCAR MENASSA

07 Mar 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA II

Escrito por: ameliadiezcuesta el 07 Mar 2009 - URL Permanente

Querida:

Entregado a un destino que me depara lo mejor, lo más grande, te escribo, para que no pienses que riquezas y famas, me han separado de ti, oh, diosa de los encantamientos más puros; espejismo todo real.
Te llamo querida, porque así han de saber que te amo. Y nadie andará diciendo por ahí, que nuestra relación fue vana o que nuestros besos no eran lo más puro del amor. Y si hundo mis manos en tu vientre es para definir la situación con mayor claridad. El hombre vuelve a la tierra y en la tierra se consumen miles de historias que no han sido publicadas. Por eso te escribo para que la serpiente de la duda anide para siempre en nuestros corazones. Un poema para que nuestros cuerpos sean inmortales en ese silencio del amor, o un gran amor, tal, que alguna vez inmortalice algún poema.
Oh, querida, querida, cuántas veces me desmoroné en tus labios. A veces llevado simplemente por las horas del día, caía sobre vos, amada desde grandes alturas siempre en el medio preciso de una frase. Sin saber lo que quería decir, todavía, pero intuyendo de sesgo, algún final.
Siempre me faltaban palabras, siempre había algo indecible entre nosotros. No era el sexo, sino la historia sangrante y cruel que lo hace cantar. No eran de carne nuestras historias. aunque se grabaran sobre nuestro cuerpo.
Cuando amanecía tus brazos se quebraban sobre la lluvia y un llanto infinito nos acogía para morir. Cuando amanecía, la luz hacía trizas nuestra soledad

07 Mar 2009

LA GUERRA (LA GUERRE)

Escrito por: ameliadiezcuesta el 07 Mar 2009 - URL Permanente

La guerra,

hoy estuve pensando en los señores y la guerra.

Y tengo que decirlo, aunque nadie lo crea,

mil litros de sangre coagulada rompieron a llorar.

El vientre de mi madre partido en mil pedazos,

sus brazos, sus amores, sus nervios congelados.

Mi padre, su mirada quebrada por el tiempo,

mi padre muerto, podrido, agusanado

y mis tristes hermanos y yo mismo, viviendo de silencios.


La guerra,

hoy estuve pensando en las señoras y la guerra.

En mi pueblo nadie dormía bien,

el corazón de la ciudad vivía alborotado.

Las mujeres tejían por las noches trapos de sangre,

los hombres murmuraban, urdían venganzas, se morían.

Los más jóvenes vestían de luto permanentemente

y los pequeños ángeles futuros morían antes de nacer

y mis tristes hermanas y yo mismo, muriendo de silencios.


La guerra,

esta vez, también, será con otros.

hablaré de las voces ocultas de la tierra,

con aquellos muertos que fueron, totalmente,

privados de libertad.

Hermosos muchachos, llenos de energías,

muertos antes de tiempo.

Soy esa grandisosa energía liberada,

nadie podrá conmigo, soy un millón de muertos,

el himno que la muerte reclama para sí,

lo negro de lo negro,

los brillos de lo negro,

las esmeraldas de la muerte.


LA GUERRE

La guerre,

aujourd'hui j'ai pensé aux messieurs et la guerre.

Et je dois le dire, même si personne ne le croit,

mille litres de sang coagulé se sont mis à pleures.

Le ventre de ma mère déchiqueté en mille morceaux,

ses bras, ses amours, ses nerfs congelés.

Mon père son regard brisé par le temps,

mon père mort, pourri, proie des vers

et mes tristes frères et moi-même, vivant de silences.


La guerre,

aujourd'hui j'ai pensé aux dames et la guerre.

Chez mon peuple personne ne dormait bien,

le coeur de la ville vivait troublé.

Les femmes tissaient durant les nuits des chiffons de sang,

les hommes murmuraient, tramaient des vengeances, mouraient.

Les plus jeunes portaient le deuil en permanence

et les petits soeurs et moi-même, mourant de silences.


La guerre,

cette fois, aussi, sera avec d'autres.

Je parlerai avec les voix occultes de la terre,

avec ces morts qui furent, totalement,

privés de leur liberté.

Beaux garçon, pleins d'énergies,

morts avant terme.

Je suis cette grandiose énergie libérée,

personne ne pourra me vaincre, je suis un million de morts,

l'hymne que la mort réclame pour elle,

le noir du noir,

les éclats du noir,

les émeraudes de la mort.

05 Mar 2009

LA POESÍA. AFORISMOS Y DECIRES. UN LIBRO PARA PENSAR.

Escrito por: ameliadiezcuesta el 05 Mar 2009 - URL Permanente

Atardecer en el lago

Miguel Oscar menassa


868. Un gran poeta es, por ahora, como se las arreglan las grandes civilizaciones cuando decaen, para que no se diga que todo fue malo.

873. Psicoanálisis y Poesía quier decir psicoanálisis y poesía; si es sólo psicoanálisis, es psicoanálisis, si es sólo poesía, es poesía, quiere decir: no es Grupo Cero.

877. Lo grande sólo asusta a los solitarios.

891. Un pueblo, sometido durante casi medio siglo a las mismas oscuras perversiones, mata su imaginación, su espíritu creativo.

916. La muerte es, para un escritor, un punto y aparte. Y, si es más que eso, el escritor tedrá que psicoanalizarse.

949. Escribir, para ser un escritor, no me parece del todo suficiente.

964. Bastaría por lo tanto un mínimo desvío, casi imperceptible, para que sea todo diferente. Una gran desviación siempre está más cerca de la normalidad que de la poesía.

965. La poesía vaga sin saber, pero sabe.

966. La poesía no nace a la luz, ni proviene de ninguna oscuridad profunda y misteriosa.

967. Es de omnipotentes querer dar cuenta uno mismo y en solitario, de lo que se acaba de escribir. Es como querer arrancar a lo que se escribe la promesa de que , la próxima vez, ella gozará con uno.

968. Imagen que nunca se verifique, exactamente, como tal, en tanto la lógica no es límite de su devenir, sino más bien, condimento indispensable de su producción como imagen. Más que par antitético, donde una puede triunfar sobre otra, par dialéctico, donde, si una desaparece, la otra pierde su sentido como tal.

969. No hay mentes que se adecúen a ciertos mecanismos de creación. Hay mentes creadas por ciertos mecanismos.

970. Para la poesía, no existen los esfuerzos y, menos que menos, los esfuerzos mecánicos y, por otra parte, es absolutamente imposible evadirse de ella o bien sustituirla por monótonos frutos espirituales. Ella no teme a lo desconocido, ni a lo inaudito.

975. La poesía no necesita ni quinientos mil lectores ni ninguna potencia sexual exagerada. Ella se conforma con una hoja en blanco y, si la hoja en blanco es la propia vida del poeta, mejor.

978. Nada se puede revolucionar sin escritura, ni siquiera el amor.

05 Mar 2009

PRIMER MANIFIESTO INTERNACIONAL GRUPO CERO

Escrito por: ameliadiezcuesta el 05 Mar 2009 - URL Permanente

1977 -MADRID

ENTRE TANTAS UNA MANERA DE COMENZAR

Soy,
un grupo
y todo
en el exacto
borde del abismo.
Y si todo está ocurriendo en España
(novísima esperanza para el decadentismo europeo)
y no
en las orillas sangrantes
de algún río del sur,
se debe,
simplemente
a las combinaciones de las palabras,
que,
como ustedes saben,
son infinitas.
Sabemos
sin embargo,
que,
hay una historia
que no perdona:
la historia del conocimiento.
Ahora,
le toca a las ciencias,
en general,
del hombre,
esas,
que casi,
no existen,
tan conjeturales
ellas,
tan parecidas
a las conversaciones entre amigos.
Somos,
esta materialidad,
lo fin de siglo.
El último suspiro,
de narciso,
frente al espejo.
Hijos
del hongo atómico,
sabemos,
haber participado,
en la creación
de nuestro universo.
Todo,
estaba destruido,
cuando nacimos.
Partícula
contra partícula.
Hombre
contra hombre.
Crecimos,
para ser,
un tiempo novedoso,
donde la biología y la razón,
perderán
definitivamente
sus sentidos.
Oriente y Occidente se unen,
el hilo de plata
es,
la locura.
Somos,
queremos decir,
los bárbaros modernos.
Atentar,
atentamos,
contra toda escritura,
contra toda ideología,
anterior a nosotros.
Somos,
un grupo,
una manera
de mirar
portentosa.
Cuando miramos,
quedamos incluidos
en la mirada.
De hambre
y soledad,
ya hemos muerto.
Ahora
nos toca,
el más allá,
en vida.
Todo,
es empezar,
sabemos;
el amor,
viene solo.
Sabemos también,
que las nociones y conceptos,
de los sistemas ideológicos,
son,
lectura y padecimiento,
comprensión y fe.
La fe,
hechos,
ciega acción,
transformándose,
en pasiva carne,
destinada,
a la reproducción de sentidos.
La comprensión,
actos,
donde los hechos,
fueron transformados por las palabras,
ordenados,
en una relación social
y son ahora,
herramienta,
para leer,
en las ideologías,
instrumento,
para la construcción,
de nuevos modelos ideológicos,
en general,
nuevas maneras de vivir.
El hombre
que transforme su fe en comprensión,
(y comprenderán sólo aquellos,
decididos a vivir,
en un mundo
poblado
de otros hombres,
además,
de él mismo y sus quimeras)
robará
a su ceguera,
fugaces estallidos de colores.
Dejará
de ver la parcialidad
que,
sus circunstancias históricas,
le imponen,
para ver
el resplandor,
de la universalidad de su ser,
que las mismas
circunstancias históricas,
le permiten.
Un hombre, una mujer,
una particular,
combinación arbitraria,
de relaciones y materia, puede,
de algún modo,
elegir.
Digamos:
el poeta
ama la libertad.
Elige
cuando permite que lo externo,
rasgue,
aunque más no sea,
el andamiaje ideológico,
ordenador de su mirada.
Una especie de vacilación mortal
y después,
somos hombres.
Una mirada decimos,
que suponga simultáneamente que en su orden ideológico,
haya ocurrido,
una fractura,
en el exacto,
tiempo de mirar,
un corrimiento.
Corrimiento,
sin el cual,
siempre se tratará,
de un todo unitario,
cualquiera,
haya sido el polo,
que dominó el movimiento.
La famosa dialéctica,
no se sostiene sola. (Un número dos intachable,
o su consecuencia lógica,
el número tres,
o bien,
como todos sabemos,
la conocida detención mortal,
en el número cuatro.
Cifras,
-que aunque lo parezcan-
no van más allá de la familia cristiana,
y sin exagerar,
y gozando de los beneficios,
del ejercicio ético,
decimos:
todo eso, está mal.)
Instante y mirada,
condensación,
de todos los elementos que la constituyeron,
constitución de una síntesis,
un cambio,
no de nivel,
-como habitualmente se dice-
sino más bien,
un verdadero cambio de mundo.
Como el generado,
en la combinación de elementos diversos,
que generan,
una explosión atómica.
Un hombre,
irreductible,
a la totalidad de sus sentidos.
Un ser,
inacabable,
digámoslo,
inaprensible.
Un hombre
estallando en actos -comprensiones-
nuevos sentidos,
floreciendo en su cuerpo,
-ahora social-
produce,
espectrales conceptos -ideas-
que ambicionan volar,
ser,
nuestro movimiento.
El enemigo:
yo mismo.
Enjuto, solitario,
-y sin nombrar lo humano-
más cerca de lo inanimado,
que de lo animal.
Soy también,
esa flor marchita que aborrecemos.
Esa dureza,
desprovista de sentidos.
Quiero decir,
el estallido,
traerá conflictos.
Un algo,
que se erige como opuesto a,
un algo.
Un sentido,
y su posibilidad de movimiento,
contra la nada,
contra la carne,
pasivamente sujeta.
Dolor,
habrá siempre,
pero sólo,
se lo reconocerá como tal,
sólo podrá iniciar su metamorfosis,
cuando,
la más pequeña llama de placer,
surque el espacio,
del dolor permanente,
o bien,
del tiempo cristiano para el hombre,
una especie,
de culpabilidad insostenible,
y nada más,
que por vivir,
por haber nacido Hombre.
Si dominar,
es,
gobernar la materia con las ideas,
las ideas inocuas,
no existen.
Ya que si se trata de convencer,
lo que se resiste,
es,
nuestro propio cuerpo.
Lo que se hace carne en mí,
son,
las ideas dominantes.
Mi cuerpo,
campo de batalla del encuentro,
preciado botín del vencedor,
único,
y verdadero enemigo de una nueva idea.
Un cuerpo,
mirando y haciendo,
según el color,
del cristal ideológico que lo cobija.
Un hombre,
que hace a su imagen y semejanza.
Es decir,
un poderoso dios,
judío-cristiano,
todo lo que produce,
lleva su nombre.
Y como sabemos,
el uso de un producto,
reproduce,
la ideología del productor.
O sea,
que la técnica del uso,
carece,
de la «objetividad» que se le atribuye.
¿La ciencia no será, acaso, una concepción ideológica del saber?
¿Una absolutización de la verdad?
Preguntamos,
cuando no sabemos qué decir,
y no se trata,
de destruirlo todo,
sabemos:
la poesía,
no basta.
Sólo queremos,
reconocer,
la inocencia no existe.
El hombre,
en la opacidad de su ceguera seguirá,
viendo,
siempre lo mismo,
hasta que estalle en actos,
hasta que cambien,
las circunstancias correspondientes a la ideología,
que habla en su cuerpo.
Sin explosiones,
la ética perdura.
Todo producto del trabajo humano,
tendrá,
el signo del sistema,
en el cual se genera,
y su uso,
produce al hombre que lo produjo,
al imponerle,
los hábitos de consumo,
como sabemos,
única forma de apropiación.
Nada,
queda librado al azar,
el sistema,
da su sentido,
a todo lo que abarca.
La ausencia del vacío,
irreductible a la materia,
lleva también,
los emblemas con los cuales,
el sistema,
unifica el mundo.
Tengamos cuidado,
seguir ciegos,
no conviene a nadie.
Y estas palabras son,
tan conjeturales y tan polémicas,
-debemos decirlo alguna vez-
como la ley de los números naturales,
tan conjeturales y tan polémicas,
como el término medio de vida,
en los países industrializados,
tan conjeturales y tan polémicas,
como la fórmula del agua,
o bien,
la moderna existencia,
de los tensores temporales.
Mi experiencia,
más evidente,
la de mis sentidos,
es,
simplemente,
ilusoria,
y no como se dice,
por ilusoria,
menos humana.
Será,
experiencia ideológica,
propia vida humana de los sujetos.
Hubo de haber habido,
entonces,
antes de las ciencias,
vida humana.
El privilegio de las ciencias,
es,
un privilegio contemporáneo,
y sin embargo,
en el tiempo humano actual,
todo,
no se reduce a las ciencias,
toda la práctica humana no se agota en las ciencias,
y aunque la ciencia,
pueda proclamarse,
capaz,
de teorizar todo concepto,
toda realidad,
también la poesía,
y no sólo ella,
tendrá que ver con todo esto.
La teoría,
no puede anular,
la experiencia perceptiva,
y tampoco,
sus productos.
Y como sabemos,
la experiencia perceptiva,
puede generar,
como posibilidad,
lo peor,
queremos decir:
una nueva teoría.
El sujeto,
reconoce la alienación,
reconoce,
que desde hace algunos siglos,
se vienen instalando en él,
-más allá de su deseo-
modos y modales,
que tendrá que padecer,
vivir,
de esa manera o de ninguna otra.
Que desde hace siglos,
se viene haciendo carne en él,
se viene mezclando con su sangre,
-contra su propia voluntad-
una ética.
Que,
cuando tenga que elegir,
elegirá estar de acuerdo,
con la inmoralidad del sistema,
para la propia,
eternización,
del sistema como tal,
en contra,
de cualquier recorrido histórico,
pretendidamente humano.
El sistema,
determina para el sujeto,
que,
sólo podrá mantener su lugar,
si en el mismo momento,
que,
reconoce su pertenencia al sistema,
desconoce simultáneamente,
las determinaciones que posibilitaron,
su ser sujeto.
Sujeto-sujetado,
al paroxismo
de leyes inviolables,
por ser,
aquello que prohíben,
imposible de realidad,
para el sujeto
y precisamente,
en esa imposibilidad del sujeto,
encuentra el sistema,
el punto exacto de su reproducción.
Violar las leyes,
y de esto todos tenemos conocimiento,
significa,
terminar con dicho sistema.
Y esto acontece,
en el camino que recorren los seres llamados normales
y también,
en el camino que recorren lo seres llamados anormales.
Toda desviación,
en cualquiera de los dos caminos,
determinará para el sujeto, una nueva existencia como ser.
Una especie de puesta a prueba del sentido común.
Una especie de pregunta acerca del destino del hombre,
o del sujeto doblemente encadenado.
¿El psicoanálisis es acaso en sí mismo una ciencia nueva,
es decir una ciencia de un objeto nuevo: el inconsciente
o bien es simplemente una irrupción (sobrecogedora)
en una teoría del sujeto, que de nacer,
nació con el marxismo?
Un sujeto, torpemente sujetado.
Doblemente encadenado.
Un superalienado,
un verdadero,
hombre moderno.
Un pobre hombre,
que ama lo que ama su patrón.
Un pobre hombre,
que desea lo que desea su madre.
El hombre padece una doble alteridad,
insisto, por lo menos,
una doble determinación,
económicas ambas:
política la una,
libidinal la otra.
Y al pasar me pregunto,
si el psicoanálisis legisla,
la vida de un hombre solitario,
estúpido,
chiquito,
inexistente,
muerto,
o bien,
el psicoanálisis hará sus verdaderos estragos,
en el campo donde reina la ideología.
El campo,
donde ocurren,
los fenómenos de la vida,
el campo,
donde se desarrolla,
la ética de los poderosos.
Vale decir,
en esta época,
el campo donde acontecen,
las relaciones sociales.
Que no por ser sociales,
-determinadas y determinantes-
que no por estar sometidas a las transformaciones
de su propio tiempo -el futuro anterior-
que no por todo eso,
quiero decir, son menos sexuales.
Relaciones sexuales,
que no por ser productos del trabajo inconsciente,
y por ello,
estar sometidas a las transformaciones,
discontinuas de su propio tiempo -el futuro anterior-
que no por todo eso,
quiero decir,
son menos sociales.
Un entrecruzamiento mortal,
temí morir,
dos veces en el mismo momento,
entregué mi vida,
por lo menos dos veces,
para no morir.
Tengo,
una doble marca,
una redoblada esclavitud:
un otro de mí,
que roba,
el sentido de mi trabajo,
un otro de mí,
que roba,
el sentido de mi deseo.
Producto y realización,
vuelan de nuestras manos.
Por ahora pongamos,
marxismo, psicoanálisis,
y las dos palabras en cuestión,
«valor», «falo»,
que como sabemos son dos conceptos
y como tales,
objetos suprasensibles,
materiales,
pero no corpóreos.
Invariantes sistémicas, que ocupan,
como todo dios,
el vértice del triángulo que dominan
y que por no formar parte del cuerpo de aquello que regulan,
-toda relación en la base del triángulo-
se transforman,
en objeto del deseo de todo el sistema.
Vivimos
y morirnos,
tras el vacío perfume de dos ilusiones:
tener el valor,
tener el falo.
Revolucionar este estado de cosas,
tendrá que ver con alguna toma de algún poder,
no quiero poner en duda semejante verdad,
sólo quiero decir:
que más allá de la verdad,
el poder,
no existe.
Que tomar el poder no debe alcanzar,
estoy casi seguro,
para que el hombre pueda,
participar en la elección,
del destino para el producto de su trabajo.
Para que el hombre pueda,
gozar de lo producido,
por la realización de sus propios deseos.
Decimos que la desalienación,
no tendrá que ver,
con devolverle nada a nadie.
Habrá por el contrario,
que extirpar del hombre,
todo aquello que por impuesto,
le restaba humanidad.
Sin importarnos si las imposiciones,
fueron sociales o sexuales.
Una manera de relacionarse,
de tener hijos,
de educar esos hijos,
quiero decir,
una específica manera de amar,
reglamentada,
por las mismas leyes que rigen el mercado:
la oferta
y
la demanda.
Podríamos pensar entonces,
el psicoanálisis como la única arma, por ahora,
contra el verdadero poder del estado burgués,
sus modelos ideológicos:
la familia,
la religión,
la creación,
la medicina,
las formas del ocio,
todo aquello,
que nos forma para ser dominados,
es producto,
de una filosofía de la conciencia,
una filosofía,
como sabemos,
que no ve más allá de sus propios ojos,
que no ve,
más allá de su propio pedazo de tierra.
Un hombre,
que sólo puede,
lo que pueden sus sentidos.
Un hombre empobrecido,
una filosofía,
destinada a crear idiotas,
vale decir,
un error del hombre.
Una razón,
empecinada en sus razones,
siempre,
una violencia contra el hombre,
una especie,
de burocracia del amor,
del deseo.
Razón,
que para sobrevivir como tal
debió crear,
sin que nadie se lo pidiera,
su polo dialéctico,
es decir,
el principio de su fin:
la locura.
Una clase,
empecinada en sus privilegios,
siempre,
una violencia contra otros.
Clase,
que para sobrevivir como tal,
debió crear,
sin que nadie se lo pidiera,
su polo dialéctico,
es decir,
el principio de su fin:
el proletariado.
Psicoanálisis, marxismo,
detonantes históricos cuyo destino,
es,
simplemente,
levantar los velos,
abrir los ojos,
terminar con la ceguera,
o bien,
psicoanálisis, marxismo,
dos prácticas endemoniadas,
que en su torbellino,
se llevan por delante,
la propia vida del practicante,
su propia ideología.
Prácticas,
donde los practicantes,
quedan envueltos en la determinación,
ya
que sus métodos no completan
todas las posibilidades,
en el hallazgo de verdad,
sino,
que alcanzan su plenitud,
su verdadera juventud,
en la transformación de dicha verdad.
No sólo la descripción,
más o menos acertada,
más o menos articulada,
más o menos verdadera,
de las formaciones sociales
o
de las formaciones del inconsciente
sino más bien,
una desviación,
definitiva,
en esas formaciones,
un cambio de destino,
un hecho,
claramente histórico,
una verdadera transformación.
Psicoanálisis, marxismo,
intentos destinados a subvertir,
el estado burgués
y su filosofía de sostén.
Lo que no querrá decir en ningún caso,
como dicen algunos,
que el próximo paso,
tenga que ver exactamente,
con la dictadura
del proletariado, o bien,
con la dictadura,
de la locura.
Quisiera pensar,
si ustedes me permiten,
que el proletariado
como la locura,
existen como tales,
en presencia de sus respectivos,
polos dialécticos.
En un caso,
la burguesía,
en el otro,
la razón.
Subvertir el estado burgués,
subvertir la razón,
querrá decir,
entonces,
modificarle definitivamente,
el destino al hombre,
ya,
que ser proletario,
o ser loco,
perderá,
su «razón» de ser.
Quiero imaginarme,
que cambiarle definitivamente,
el destino al hombre,
no tendrá que ver,
con ninguna dictadura.
Ni ciencias,
ni fusiles,
ni poesía,
ni amor,
lo que necesitamos es,
lo digo simplemente,
una transformación.
El cuerpo,
como vimos,
no existe.
La palabra,
tampoco.
Se trata,
de una combinación,
somos:
un grupo.

Octubre 1977- Mayo 1978

23 Feb 2009

MÁS SOBRE POESÍA. AFORISMOS Y DECIRES

Escrito por: ameliadiezcuesta el 23 Feb 2009 - URL Permanente

606. Algún día le dedicaré un poema a la muerte que la hará sonreír.

632. Yo fui el cantor y, en ese ser todo perdido, fui otro que mis versos.

660. El poeta es un empecinado corrector de su propio destino. La inestabilidad a la cual le obligan es para que el poeta tenga siempre hambre de equilibrio.

752. La poesía es breve como la mañana. Siempre huye de mí, como huyen las horas.

764. Mi verdad, una verdad de la poesía. Supremo desvío. Más allá no hay, por eso vivo donde vivo.

806. Dios, una palabra para la poesía.

810. Soy un iluminado, moriré en manos de algún crítico.

811. Un poema que todo lo contenga y que todo lo destruya a la vez.

818. Poesía, ardiente primavera, toco tu sexo en la oscuridad y tus ojos desaparecen. Y, lo que brilla en ti, no se parece a ninguna luz.

819. El poeta es, en nosotros, el que desata los nudos más lejanos. La soledad, más que un hábito, es una condición de su trabajo.

822. La sabiduría también es un arte y ama la muerte. Temblar, eso es lo que necesita el hombre para vivir. La naturaleza ya es sabia, el hombre tiene que ser otra cosa.

823. Esta vez, me tocaba alejarme de mí mismo. Cada mirada era mi mirada. cada palabra era mi voz.

825. El poeta nombra las palabras, más que a los objetos que éstas designan. En poesía, el sentido es palabra, quiere decir, no es un sentido, sino sólo la sugerencia de muchos sentidos.

826. La poesía es de todos, y darme cuenta de esto me hará bien.

827. Seguir entregando prendas para quedarse con la poesía es, también, una tarea imposible. Ella no será de nadie, como el viento, como la ceniza de los muertos durante millones de años.

832. El poeta es voraz, todo se quema en él.

842. Si soy un poeta, algo habré de decir, algún día, que hiera la sensibilidad de los poderosos.

850. El poeta desea abrir una puerta para que entre y salga por ella lo que todavía no fue concebido, o que todavía no fue tocado por la muerte.

858. No debemos calmar el hambre nunca.

859. Lo que debería ser permanente estallido estético deviene ética.

861. El desaliento es algo que los sistemas ponen en el camino de los creadores para frenar, precisamente, los instantes de creación.

22 Feb 2009

J.A.D. INGRES. EL DIBUJO. ILUSTRACIÓN Y ROMANTICISMO.

Escrito por: ameliadiezcuesta el 22 Feb 2009 - URL Permanente

El dibujo es la probidad del arte.

Dibujar no equivale simplemente a reproducir unos contornos; el dibujo no consiste simplemente en el trazo: el dibujo, por el contrario, es la expresión, la forma interior, el plano, el modelado. ¡Ya me diréis qué queda aparte de esto! El dibujo comprende las tres cuartas partes y media de lo que constituye la pintura. Si yo tuviera que poner un reclamo encima de mi puerta, escribiría: Escuela de dibujo, y estoy seguro de que formaría pintores.

El dibujo lo comprende todo, a excepción de la tinta.

Cuanto más simples son las líneas y las formas, más belleza y más fuerza tienen.

Para construir una figura no procedáis por partes. Llevadlo a cabo todo al mismo tiempo y dibujad el “conjunto”, como suele decirse.

Nosotros no trabajamos materialmente como los escultores, pero debemos hacer pintura escultórica.

La expresión, parte esencial del arte, está íntimamente ligada a la forma. La perfección del colorido tiene tan poco que ver con el asunto, que los pintores de expresiones excelentes no han tenido como coloristas un talento equivalente. Quien se lo reproche es que apenas sabe de arte. No se puede exigir a un mismo hombre cualidades contradictorias. Por otra parte, la rapidez de ejecución que exige el color para mantener su prestigio no se acomoda con el profundo estudio que exige una gran pureza de las formas.

En un cuadro, es preciso que la luz incida con fuerza en alguna parte y que la atención del espectador se vea atraída por ese punto. Algo así podemos decir de las figuras, cuyo efecto debe irradiar de un punto central; es esto lo que produce las degradaciones. En cuanto a la forma, es preciso también que un fragmento domine sobre los demás y atraiga la mirada de inmediato. Aquí radica uno de los rasgos principales del carácter en el dibujo.

Soy partidario de que se conozca bien el esqueleto, puesto que los huesos constituyen la estructura del cuerpo, cuyas longitudes determinan, y son constantes puntos de referencia para el dibujo. Lo soy menos del conocimiento anatómico de los músculos. El exceso de conocimiento al respecto perjudica la sinceridad del dibujo y puede apartarnos de la expresión característica, acabando en una imagen trivial de la forma. Sin embargo, es preciso conocer el orden y disposición relativa de los músculos, con el fin de evitar errores de construcción en ese terreno.

Llámanse tipos de belleza los resultados de la observación frecuente de modelos bellos. Por ejemplo: un cuello largo se encuentra quince veces de veinte entre los hombres bien constituidos; en consecuencia, se puede considerar como una de las condiciones de la belleza. Sin embargo, si vuestro modelo tiene un cuello delgado, no se lo hagáis más grueso, pero tampoco exageréis su pequeñez. Para expresar el carácter es tolerable alguna exageración, a veces incluso es necesaria, sobre todo cuando se trata de destacar y hacer sobresalir algún rasgo de belleza.

Nada de maniquíes. Una vez que se ha dado con un hermoso motivo de paños, es preciso corregirlo del natural, revestir al modelo de esos paños preconcebidos y anotar sobre él el movimiento de los pliegues y la indicación de los detalles.

El color contribuye al ornato de la pintura, pero sólo es su dama de compañía, puesto que su papel es simplemente el de hacer más atractivas las verdaderas perfecciones del arte.

Rubens y Van Dyck pueden complacer a los ojos, pero los engañan. Son de una mala escuela de coloristas, la escuela de la mentira. En Tiziano es donde se encuentran el color verdadero, la naturaleza sin exageraciones, sin brillos forzados: el equilibrio.

El modo de pintar a la veneciana me fue revelado por un boceto del pintor inglés Lewis. Este boceto había sido realizado a partir del hermoso Tiziano que hay en nuestro Museo: El entierro de Cristo. Para conseguir imitar al maestro, nuestro artista ha pintado sobre una tela sin otra preparación que una ligera tinta con cola, tal y como parece que han hecho todos los pintores, extendiendo por lo general esa tinta sobre cutí. Se ha dado cuenta de que para conseguir transparencias y hermosos tonos cálidos era preciso pintarlo todo por medio de glacis de color, es decir, pintar la base en un gris más o menos matizado, como una especie de camafeo monocromo.

Las carnes claras en un gris violeta muy suave; las oscuras en un gris más intenso y los cabellos también.

Los paños verdes en amarillo, los azules en blanco y los rojos y los cielos del mismo modo.

Generalmente es preciso pintar con dureza y buscando contrastes violentos, sin titubear. Se puede abocetar muy ligeramente, pero siempre de esa manera. En una segunda fase será preciso contrastar y empastar generosamente.

Una vez así preparado, el cuadro debe expresar, pese a su monotonía, un sentimiento de color. Se le deja entonces secar no menos de un mes y cuando se vuelve sobre él para concluirlo, se pinta todo por medio de glacis de color, a excepción de los paños blancos.

No es preciso romperse la cabeza con los temas: un pintor puede hacer oro con cuatro perras. Yo gané mi reputación con un ex voto y todos los temas se pueden convertir en poemas. Tampoco debe uno preocuparse demasiado por los accesorios; hay que sacrificarlos a lo esencial, y lo esencial es la construcción, el contorno y el modelado de las figuras. Los accesorios deben jugar en un cuadro el mismo papel que los confidentes en las tragedias. Los autores los ponen allí para flanquear a los héroes y hacerlos destacar. Nosotros los pintores debemos también rodear a nuestras figuras, pero de suerte que ese contorno fije la atención sobre ellas y sirva para enriquecerlas con todo el lustre que sacamos de lo que las rodea.

Lo que se llama toque es un abuso de ejecución. Es tan sólo la virtud de los falsos talentos, de los falsos artistas, que se alejan de la imitación de la naturaleza para mostrar su destreza. El toque, por muy hábil que sea, nunca debe ser evidente, porque de lo contrario, bloquea la ilusión y lo inmoviliza todo. En lugar del objeto representado deja ver el procedimiento; en lugar de la idea denuncia la mano.

Para tener éxito en un retrato es preciso, en primer lugar, familiarizarme con el rostro que se va a pintar, contemplarlo largo tiempo, con atención, y desde todos los puntos de vista, consagrando incluso a esto la primera sesión.

Con frecuencia, a un retrato le falta parecido porque el modelo ha sido mal situado, porque se le ha colocado en tan mala disposición de luces y de sombras que él mismo sería incapaz de reconocerse si se viera en el lugar donde fue pintado.

Hay retratos que será más conveniente pintar de frente, otros de tres cuartos o de lado y otros, en fin, de perfil. Algunos exigen mucha luz, otros causan mayor efecto entre sombras. Son sobre todo los rostros delgados los que necesitan sombra en las cuencas de los ojos, pues una cabeza cobra mayor efecto y carácter. Para ello, es preciso que la luz del sol venga de lo alto y en pequeña cantidad.

En los retratos es preciso disponer un gran fondo por encima de las cabezas; una parte de ese fondo será clara y la otra sombría.

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Psicoanálisis y Poesía

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