23 Jun 2009
Psicoanalizar no es aplicar el psicoanálisis.
Autor: Amelia Díez Cuesta
Melancolia
El complejo de Edipo existe en la infancia de todo ser humano, experimenta considerables modificaciones en el curso del desarrollo y en muchos individuos subsiste con variable intensidad aun en la edad madura. Sus caracteres esenciales, su universalidad, su contenido, sus vicisitudes mismas, han sido reconocidos, mucho antes de que surgiera el psicoanálisis, por un pensador tan agudo como Diderot. Así lo atestigua un pasaje de su renombrado diálogo, Le neveu de Romeau, cuya traducción por Goethe en el tomo XLV de la Sophienausgabe dice en la página 136 lo siguiente: «Si el pequeño salvaje quedase librado a sí mismo y si conservase toda su imbecilidad; si uniera a la escasa razón de un niño de pecho la violencia de las pasiones de un hombre de treinta años, por cierto que le retorcería el cuello al padre y deshonraría a la madre.» Si se hubiese demostrado objetivamente que Philipp Halsmann mató a su padre, tendríase, en efecto, el derecho de invocar el complejo de Edipo para motivar una acción incomprensible de otro modo. Dado que tal prueba, empero, no ha sido producida, la mención del complejo de Edipo sólo puede inducir a confusión, y en el mejor de los casos es ociosa. Cuanto la instrucción ha revelado en la familia Halsmann con respecto a conflictos y desavenencias entre padre e hijo no basta en modo alguno para fundamentar la presunción de una mala relación paterna en el hijo. Sin embargo, aunque así no fuera, cabría aducir que falta un largo trecho para llegar a la motivación de semejante acto. Precisamente por su existencia universal, el complejo de Edipo no se presta para derivar conclusiones sobre la culpabilidad. De hacerlo, llegaríase fácilmente a la situación admitida en una conocida anécdota: ha habido un robo con fractura; se condena a un hombre por haber hallado en su poder una ganzúa. Leída la sentencia, se le pregunta si tiene algo que alegar, y sin vacilar exige ser condenado además por adulterio, pues también tendría en su poder la herramienta para el mismo.
La importancia de la formación del psicoanalista se muestra aquí evidente, pues psicoanalizar no es aplicar el psicoanálisis.
28 May 2009
EL AMOR ES CONTINGENTE

Corazón de invierno
Autor: Miguel Oscar Menssa www.momgallery.com
- "La pulsión de muerte no es sino darnos cuenta de que la vida es improbable y completamente caduca", dijo Eloisa con una convicción que nadie de los presentes esperaba en ella.
- Eso sirve para todas las vidas, no me interesa.
Andrés hablaba siempre para sí, nunca se interesaba por nadie, sólo a veces parecía que era afectado por alguna palabra.
- Evidentemente para ti lo que no sea único no te resulta digno de ser pensado, y único quiere decir que sólo sirva para ti. Deberías cantar esa canción de "Sólo pienso en mí, sólo pienso en mí"
- No me interesa lo que no ha sido construido con veracidad y trabajo, no soy como tú que todo te conmueve.
- Yo me muevo con todo lo que sea capaz de arrancarme de mis propias raíces, porque las raíces son una argucia del sistema. Sin embargo a ti no te mueve nada porque estás identificado a la idea del motor inmóvil que todo lo mueve, tú crees que el mundo gira a tu alrededor, no sabes que giras alrededor de ti mismo..
- Basta, no sé por qué mis primeras palabras han interrumpido tu decir. Me encantaría que siguieras desarrollando tus propias ideas.
- Has de saber que no hay ideas propias, dime de que hablas y te diré en qué libro estás.
- Sí, pero no es lo mismo habitar en un libro que tiene en cuenta el paso que ha dado Einstein y Freud, por decir algunos de los nombres que han hecho el mundo, que habitar un libro de la Edad Media.
- Yo trabajo para habitar el siglo XXI con toda su anterioridad lógica y cronológica, cuando pienso me incluyo en lo pensado y también incluyo lo impensado.
-Tú eres un poco pedante, vamos, está claro.
-Para pensar es más saludable andar entre lo que extraña que instalarse en lo comprensible.
-Lo que más me asombra es que entiendo lo que dices, aunque me parece que dices cosas incomprensibles.
-Lo comprensible se aleja de lo posible, sin embargo lo extraño está más cerca de lo humano.
- Pero ¿de qué estabas hablando cuando te has interrumpido con la excusa de que era yo quien te interrumpía?
-Quizás algo de razón tengas, quiero hablar de un amor más allá del amor eterno.
- ¿Qué consideras "amor eterno"?
- El que creemos necesario, el que no cesa...
-¿El amor constante?
-No, el amor siempre es constante, nuestra posibilidad de amar es inconmensurable, pero ha habido un desplazamiento y el objeto que se caracteriza por ser contingente, lo que cesa de no dejar huella, se quiere eternizar. Y no es que el amor no sea posible de durar, sino que el duro deseo de durar del sujeto, el deseo de inmortalidad del sujeto ha caido sobre el objeto del deseo. ¡Demasiada exigencia!
- ¿Quieres decir que al amor se le exige lo que el sujeto exige de la vida: que sea eterna?
- Algo parecido, pero no igual, la presencia de la diferencia no puede faltar. Siempre que se entiende algo ya no es ese algo, ha habido una reducción simbólica. No se trata de meterse la ciencia en la cabeza sino de ocupar un lugar en la ciencia y trabajar ese lugar.
- ¿Acaso crees que lo que dices es científico?
- Yo creo que nada de lo que dice un ser humano escapa a las ciencias producidas antes de su frase, hasta para decir algo que no lo sea tenemos que apelar a las ciencias.
- No tengo palabras para decir algo sobre lo contingente.
- Tanto la vida como el amor son contingentes, cesan de no dejar huella, constantemente. Lo contingente es lo incalculable y el futuro no es de nadie, el futuro hay que hacerlo.
-¿El amor muestra en su origen ser contingente?
- Sí, y cuando acontece el desplazamiento de la negación , del cesa de no dejar huella, a no cesa de dejar huella, cuando pasa de contingencia a necesidad, éste es el punto de suspensión del que se ata todo amor. Todo amor, por no subsistir sino con el cesa de no dejar huella, tiende a desplazar la negación al no cesa de dejar huella, no cesa, no cesará.
- Y así muere el amor...hay que aprender a vivir en la contingencia.
- Y no en la indigencia discursiva, en la creencia de ser necesario para el otro, porque todo encuentro con el otro es un encuentro contingente. Tampoco vivir en la creencia de que el otro es necesario para mí.
- No es fácil
- Tampoco es difícil. Hay parejas que se mantienen uno junto a otro porque lo que les une es la servidumbre, la venganza o la depresión que es una de las formas de la venganza, cuando en realidad tendrían que reconocer que ni la vida ni el amor son como ellos habían pensado: llegar y besar el santo, casarse y eso era amarse para siempre, nacer y eso era vivir para siempre.
- Nos toca cambiar algo en nosotros y nos pasamos la vida esperando que sea el otro el que cambie, o peor aún que sea el mundo entero el que cambie.
- Saber es fácil pero lo que no es fácil es cambiar, eso no es posible sin la presencia del psicoanálisis, es decir sin la presencia de un psicoanalista.
- Bueno, no es tan difícil si acudes a un psicoanalista.
- Sí, pero no es algo que abunde.
Manuel escuchaba sin prestar atención cuando...
Continuará...
16 May 2009
CINCO TESIS PARA UNA TEORÍA SOBRE LA AGRESIVIDAD
Entretiempo
Amelia Díez Cuesta
Tesis I: La agresividad se manifiesta en una experiencia que es subjetiva por su constitución misma.
Tesis II: La agresividad, en la experiencia, nos es dada como intención de agresión y como imagen de dislocación corporal, y es bajo tales modos como se demuestra eficiente.
Tesis III: Los resortes de la agresividad adeciden de las razones que motivan la técnica del análisis.
Tesis IV: La agresividad es la tendencia correlativa de un modo de identificación que llamamos narcisista y que determina la estructura formal del yo del hombre y del registro de entidades característico de su mundo.
Tesis V: Semejante noción de la agresividad como de una de las coordenadas intencionales del yo humano, y especialmente relativa a la categoría del espacio, hace concebir su papel en la neurosis moderna y en el malestar en la civilización.
La agresividad en relación con la dimensión del espacio viene a traslaparse con la de la angustia que se desarrolla en la diemsnión temporal.
Entre estas dos tensiones asume el sujeto su desgarramiento original, por el cual ouede decirse que a cada instante constituye su mundo por medio de la pulsión de muerte.
El sujeto "liberado" muestra sus cuarteaduras , con las neurosis de autocastgo, con los síntomas histérico-hipocondriacos de sus inhibiciones funcionales, con las formas psicasténicas de sus desrealizaciones del prójimo y del mundo, con sus secuencias sociales de fracaso y de crimen.
El psicoanálisis abre la vía de su sentido en una fraternidad discreta por cuyo rasero somos siempre demasiado desiguales.
14 Abr 2009
LEYENDO PSICOANÁLISIS
Freud avanzaba en una investigación que no estaba marcada con el mismo estilo que las otras investigaciones científicas. Su campo es la verdad del sujeto. La investigación de la verdad no puede reducirse enteramente a la investigación objetiva, o incluso objetivamente, del método científico habitual. Se trata de la realización de la verdad del suejto, como dimensión propia que ha de ser aislada en su originalidad en relación a la noción misma de realidad.
Freud estaba comprometido en la investigación de una verdad que le concernía a él, hasta en su persona, y por tanto también en su presencia ante el enfermo, en su actividad de psicoanalista, lo cual confirió a las relaciones con los pacientes un carácter absolutamente singular.
El psicoanálisis como ciencia es siempre una ciencia de lo particular, aún cuando estos casos particulares, en el momento en que hay más de un psicoanalista, se presten, de todos modos, a cierta generalidad. Con Freud la experiencia psicoanalítica representa la singularidad llevada a su límite, ya que él estaba construyendo y verificando el psicoanálisis mismo. No podemos borrar este hecho, era la primera vez que se hacía un análisis. El método se deduce a partir de allí, pero sólo es método para los demás.
El psicoanálisis es una experiencia de lo particular. La experiencia verdaderamente original de este particular adquiere un valor aún más singular. La diferencia que existe entre esta PRIMERA VEZ y todo lo que ha venido después - nosotros no nos interesamos tanto en la verdad como en la constitución de las vías de acceso a esta verdad- es fundamental para estudiar psicoanálisis.
05 Abr 2009
EROTISMO Y AGRESIVIDAD. Sigmund Freud.
Aquellas personas en las que tal sentimiento inconsciente de culpabilidad entraña intensidad predominante lo delatan así en el análisis con la reacción terapéutica negativa, de tan ingrato pronóstico. Cuando les comunicamos la solución de un síntoma, a la cual debería seguir una desaparición, por lo menos temporal, del síntoma correspondiente, observamos, por el contrario, en ellas una intensificación del síntoma y de la dolencia. A veces basta alabar su conducta en la cura o una palabra esperanzada sobre el progreso del análisis para provocar un recrudecimiento de su enfermedad. Los no analíticos dirían que tales personas carecen de «voluntad de curar», los analíticos vemos en esta conducta una manifestación del sentimiento inconsciente de culpabilidad, al cual satisface la enfermedad con sus dolores y sus sentimientos. Los problemas que el sentimiento inconsciente de culpabilidad ha planteado, sus relaciones con la moral, la pedagogía y la criminología son actualmente el tema preferido de los analíticos. Donde menos lo esperábamos hemos emergido, desde el mundo psíquico abisal, a campo abierto. No puedo yo guiaros en estos nuevos dominios; pero quiero exponeros, antes de terminar por hoy, un razonamiento. Solemos decir que nuestra cultura ha sido instaurada a costa de tendencias sexuales que, coartadas por la sociedad y reprimidas en parte, han sido también en parte aprovechadas para otros fines. No obstante el orgullo que nos inspiran nuestras conquistas culturales, hemos confesado que no nos es nada fácil satisfacer las exigencias de esta cultura y sentirnos a gusto en ella, porque las restricciones impuestas a nuestros instintos suponen una pesada carga psíquica. Ahora bien: lo que así hemos reconocido en los instintos sexuales es aplicable en igual o mayor medida a los instintos de agresión
Estos instintos son, sobre todo, los que dificultan la vida en común de los hombres y amenazan su perduración; la restricción de su agresividad es el sacrificio primero y quizá más duro que la sociedad exige al individuo. Hemos visto en qué ingeniosa forma se lleva a cabo esta doma de lo rebelde. La instauración del superyó, que atrae a sí los peligrosos impulsos agresivos, sitúa, además, una guarnición en los lugares inclinados a la rebeldía. Mas, por otro lado, desde un punto de vista puramente psicológico, hemos de reconocer que el yo no se siente a gusto cuando se ve sacrificado así a las necesidades de la sociedad, cuando se tiene que someter a las tendencias destructoras de la agresión, las cuales le hubiera gustado desarrollar con otros. Es como una continuación en los dominios psíquicos de aquel dilema de comer o ser comido, que domina el mundo de la vida orgánica. Por fortuna los instintos de agresión no aparecen nunca aislados, sino en aleación con los eróticos. Estos últimos tienen mucho que mitigar y precaver en las condiciones de la cultura creada por el hombre.
10 Mar 2009
EL HABLA
"Si es verdad que el ser humano tiene por morada de su existencia la propia habla-independientemente de si lo sabe o no- entonces la experiencia que hagamos con el habla nos alcanzará en lo más interno de nuestra existencia. Nosotros, que hablamos el habla, podemos ser así transformados por tales experiencias, de un día para otro o en el trascurso del tiempo."
Esto que parecería fácil, no lo es tanto, porque "nuestra relación con el habla es indeterminada, oscura, casi muda." "Sería provechoso si desistiésemos de la costumbre de oír siempre tan sólo lo que ya entendemos"
LA PALABRA
Sueño o prodigio de la lejanía
Al borde de mi país traía
Esperando a que la Norna antigua
En su fuente el nombre hallara-
Después denso y fuerte lo pude asir
Ahora florece y por la región reluce...
Un día llegué de feliz viaje
Con joya delicada y rica
Buscó largamente e hízome saber:
"Sobre el profundo fondo nada así descansa"
Entonces de mi mano se escapó
Y nunca el tesoro mi país ganó...
Así aprendí triste la renuncia:
NINGUNA COSA SEA DONDE FALTA LA PALABRA.
M.H.
10 Mar 2009
AUTOBIOGRAFÍA (1924). ADICIÓN (1935). SIGMUND FREUD. FIN.
VII. ADICION DE 1935 (*532) El editor de estos estudios autobiográficos no tomó en cuenta la posibilidad que transcurrido un lapso pudiera escribirse una secuela de ellos, y parece ser que ha ocurrido tal suceso en la presente ocasión. Emprendo la tarea dado el deseo de mi editor americano de publicar el trabajo más corto en una nueva edición. Se publicó primero en América en 1927 (por Brentano) bajo el título Un estudio autobiográfico, pero que lamentablemente se colocó en el mismo volumen junto a otro ensayo mío que le daba el título al libro (Análisis profano), oscureciendo el presente trabajo. Dos temas surcan estas páginas: la historia de mi vida y la historia del psicoanálisis, ambos íntimamente entrelazados. Este estudio autobiográfico revela cómo el psicoanálisis vino a constituir el sentido pleno de mi vida y afirma con propiedad que ninguna experiencia personal mía es de algún interés, comparándolas a mis relaciones con esta ciencia. Poco antes de escribirlo me parecía que mi vida pronto llegaría a su fin, dada la recidiva de una enfermedad maligna, sin embargo, la habilidad quirúrgica me salvó en 1923 y fui capaz de proseguir mi vida y mi trabajo, aunque no estuve libre de dolor mucho tiempo (*533). En el período de más de diez años transcurridos desde entonces en ningún momento dejé de lado ni mi trabajo analítico ni mis escritos, como lo prueba mi duodécimo volumen de la edición alemana de mis obras. (Gesammelte Schriften, 1924-34.) Sin embargo, yo mismo siento que ha sucedido un cambio significativo. Los hilos que en el curso de mi desarrollo se habían entrelazado han comenzado ahora a separarse: intereses adquiridos en la última parte de mi vida han retrocedido, en tanto que los más originales y antiguos se han vuelto prominentes una vez más.
Nota 532
Nota 533
Es verdad que en la última década he escrito importantes artículos de la labor analítica, tales como la revisión del problema de la angustia en Inhibición, síntoma y angustia (1926) y la explicación del fetichismo sexual que elaboré un año después (1927). Pese a todo, sería propio decir que desde que adelanté mi hipótesis de la existencia de dos clases de instintos (Eros y el instinto de muerte) y desde que propuse una división de la personalidad psíquica en un Yo, un Super-Yo y un Ello (1923), no he hecho posteriormente ninguna contribución decisiva al psicoanálisis. Todo lo que he escrito desde entonces sobre esto ha sido o poco importante o pronto hubiera sido elaborado por algún otro autor. Esta circunstancia se relaciona con una alteración en mi propia persona, lo que pudiera ser descrito como una fase de desarrollo regresivo. Mi interés luego en un largo détour en las Ciencias Naturales, la Medicina y la psicoterapia, volvió a los problemas culturales que tanto me había fascinado largo tiempo atrás, cuando era un joven apenas con la edad necesaria para pensar. En el cenit de mi labor analítica (1912) ya había intentado en Totem y tabú emplear los nuevos hallazgos descubiertos por el análisis a objeto de investigar los orígenes de la religión y de la moral. Llevé recientemente esa investigación un paso adelante en dos últimos trabajos: El porvenir de una ilusión (1927) (*534) y El malestar de la cultura (1930).
Nota 534
Percibí aún con más claridad que los hechos de la historia humana: las interacciones entre la naturaleza humana, el desarrollo cultural y los precipitados de experiencias primordiales (siendo la religión el ejemplo más prominente) no son otra cosa que una reflexión de los conflictos dinámicos entre el Yo, el Ello y el Super-yo, de un individuo, estudiado analíticamente, pero que los mismos procesos se repiten en una escala más amplia. En El porvenir de una ilusión expresé una valoración negativa de la religión. Más tarde encontré una fórmula que le hizo mayor justicia a ella, aunque aún, concediendo que su poder reside en la verdad que contiene, mostré que esa verdad no era material, sino histórica. Estos estudios aunque originados en el psicoanálisis y que se alejan mucho de él, tal vez han despertado más simpatía del público que el propio psicoanálisis. Puede que ellos han tenido su rol al crear la efímera ilusión que yo me contaba entre los escritores a los que una gran nación como Alemania estaría pronta a escucharlos. Fue en 1929 cuando con palabras no menos fértiles que amistosas, Thomas Mann, uno de los bien conocidos escritores alemanes, encontró un lugar para mí en la historia del pensamiento moderno. Algo más tarde a mi hija Anna, actuando como mi apoderada, se le dio una recepción cívica en la Rathaus de Francfort del Maine, con ocasión de haberme otorgado el premio Goethe para 1930. Ese fue el cenit de mi vida ciudadana. Poco después, los límites de nuestra comarca se estrecharon y la nación no sabía nada más de nosotros.
Y aquí debiérase permitirme interrumpir estas notas autobiográficas. El público no tiene derecho a saber más de mis asuntos personales, de mis luchas, mis desilusiones y mis éxitos. De todas maneras ya he sido más abierto y franco en alguno de mis escritos (La interpretación de los sueños y en Psicopatología de la vida cotidiana) que lo que son corrientemente aquellos que describen sus vidas para sus contemporáneos o para la posteridad. He tenido pocos agradecimientos de ello, y por mi experiencia no puedo recomendarle a otro que siga mi ejemplo. Debiera agregar unas pocas palabras más de la historia del psicoanálisis en la última década. Ya no caben dudas que él continuará, ha probado sus capacidades de sobrevivencia y de desarrollarse tanto como rama del saber como método terapéutico. El número de sus adherentes (organizados en la International Psycho-Analytical Association) ha aumentado considerablemente. Además de los grupos locales de Viena, Berlín, Budapest, Londres, Holanda, Suiza y Rusia, se han formado desde entonces Sociedades en París, Calcuta, dos en Japón, varias en Estados Unidos, y muy recientemente una en Jerusalén y en Sud-Africa y dos en Escandinavia.
Aparte de sus propias reservas, estas sociedades locales mantienen (o están en el proceso de formarlos) Institutos de entrenamiento en los que se da una instrucción de la práctica del psicoanálisis según un plan uniforme; y ambulatorios en los que analistas experimentados y estudiantes ofrecen tratamiento gratuito a enfermos de escasos recursos. Cada dos años los miembros de la Asociación Internacional de Psicoanálisis organiza un Congreso donde se leen trabajos científicos y se deciden asuntos organizativos. El decimotercero de estos congresos (a los que yo no podré asistir más) tuvo lugar en Lucerna en 1934. De lo medular de los intereses compartidos por los miembros de la asociación irradian trabajos en múltiples direcciones: Unos colocando el énfasis en clarificar y profundizar nuestro conocimiento de la psicología, en tanto que otros se preocupan de mantenerse en contacto con la medicina y la psiquiatría. Desde un punto de vista práctico, algunos analistas se han propuesto la tarea de llevar a cabo el reconocimiento del psicoanálisis en las universidades y su inclusión en el curriculum médico; mientras que otros prefieren mantenerlo fuera de esas instituciones, no aceptando que el psicoanálisis sea menos importante para el campo educacional que para el de la medicina. Suele suceder que un analista llegue a sentirse aislado al intentar poner énfasis en uno solo de los hallazgos o puntos de vista del psicoanálisis descartando todo lo restante. A pesar de todo, la impresión general es de satisfacción por un trabajo científico serio llevado a cabo a un alto nivel.
07 Mar 2009
PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA
No habiendo encontrado. después de intensa búsqueda. el tiempo donde fuera posible decirte algunas palabras fundamentales para que puedas alcanzar en más oportunidades un estado creativo gozoso. he decidido. ya lo ves. que ese tiempo sea el tiempo de la escritura.
El encuadre, estas páginas blancas, donde te iré diciendo del Otro tu mensaje, de otros. para otros. hundiéndose en la niebla acústica que producen las palabras y sus esotéricas combinaciones.
En el decir de Freud, haremos el amor seis veces por semana, en principio. porque después. vendrán los largos seminarios donde estaremos todo el día juntos y los grandes congresos internacionales donde nos reuniremos con el mar. ¿Te das cuenta? Tú. yo y el mar: como si el mundo fuera esa belleza. Y volveríamos a nuestra ciudad. a nuestros hogares y, cada vez, seríamos más jóvenes y aún más hermosos y terminaríamos sepultados vivos y ahí lo siniestro. por un millón de palabras en varios idiomas y sus combinaciones perfectamente engarzadas al azar.
Sé, me has dicho, que tus intenciones son alcanzar del corazón su centro. Urdir en el propio corazón del hombre una maniobra que, aunque en ella se rompa el corazón, atestigüe tu presencia en el mundo.
Hablar tiene el encanto de no hacer y ahí tu maldición. Porque no hacer no se consigue con el cuerpo, sino con las palabras.
Tendidos sin mirarnos, porque los ojos son los que ponen colores a la muerte. Sin ojos, no hay posibilidad de engaño: la muerte siempre es negra.
Tu cuerpo muerto, tendido y vacío, sólo forma y belleza, tratando de alcanzar sin conseguirlo, ese otro cuerpo, también muerto, mi cuerpo, a tu lado, pleno, condenado por tu carencia a poseer lo que te falta.
Inalcanzable cuerpo muerto, por ser tu propia voz su canto.
Voz de tu voz, palabra de tu palabra,
enredadera atada sin piedad sobre ti.
07 Mar 2009
PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA II
Querida:
Entregado a un destino que me depara lo mejor, lo más grande, te escribo, para que no pienses que riquezas y famas, me han separado de ti, oh, diosa de los encantamientos más puros; espejismo todo real.
Te llamo querida, porque así han de saber que te amo. Y nadie andará diciendo por ahí, que nuestra relación fue vana o que nuestros besos no eran lo más puro del amor. Y si hundo mis manos en tu vientre es para definir la situación con mayor claridad. El hombre vuelve a la tierra y en la tierra se consumen miles de historias que no han sido publicadas. Por eso te escribo para que la serpiente de la duda anide para siempre en nuestros corazones. Un poema para que nuestros cuerpos sean inmortales en ese silencio del amor, o un gran amor, tal, que alguna vez inmortalice algún poema.
Oh, querida, querida, cuántas veces me desmoroné en tus labios. A veces llevado simplemente por las horas del día, caía sobre vos, amada desde grandes alturas siempre en el medio preciso de una frase. Sin saber lo que quería decir, todavía, pero intuyendo de sesgo, algún final.
Siempre me faltaban palabras, siempre había algo indecible entre nosotros. No era el sexo, sino la historia sangrante y cruel que lo hace cantar. No eran de carne nuestras historias. aunque se grabaran sobre nuestro cuerpo.
Cuando amanecía tus brazos se quebraban sobre la lluvia y un llanto infinito nos acogía para morir. Cuando amanecía, la luz hacía trizas nuestra soledad
05 Mar 2009
PRIMER MANIFIESTO INTERNACIONAL GRUPO CERO
1977 -MADRID
ENTRE TANTAS UNA MANERA DE COMENZAR
Soy,
un grupo
y todo
en el exacto
borde del abismo.
Y si todo está ocurriendo en España
(novísima esperanza para el decadentismo europeo)
y no
en las orillas sangrantes
de algún río del sur,
se debe,
simplemente
a las combinaciones de las palabras,
que,
como ustedes saben,
son infinitas.
Sabemos
sin embargo,
que,
hay una historia
que no perdona:
la historia del conocimiento.
Ahora,
le toca a las ciencias,
en general,
del hombre,
esas,
que casi,
no existen,
tan conjeturales
ellas,
tan parecidas
a las conversaciones entre amigos.
Somos,
esta materialidad,
lo fin de siglo.
El último suspiro,
de narciso,
frente al espejo.
Hijos
del hongo atómico,
sabemos,
haber participado,
en la creación
de nuestro universo.
Todo,
estaba destruido,
cuando nacimos.
Partícula
contra partícula.
Hombre
contra hombre.
Crecimos,
para ser,
un tiempo novedoso,
donde la biología y la razón,
perderán
definitivamente
sus sentidos.
Oriente y Occidente se unen,
el hilo de plata
es,
la locura.
Somos,
queremos decir,
los bárbaros modernos.
Atentar,
atentamos,
contra toda escritura,
contra toda ideología,
anterior a nosotros.
Somos,
un grupo,
una manera
de mirar
portentosa.
Cuando miramos,
quedamos incluidos
en la mirada.
De hambre
y soledad,
ya hemos muerto.
Ahora
nos toca,
el más allá,
en vida.
Todo,
es empezar,
sabemos;
el amor,
viene solo.
Sabemos también,
que las nociones y conceptos,
de los sistemas ideológicos,
son,
lectura y padecimiento,
comprensión y fe.
La fe,
hechos,
ciega acción,
transformándose,
en pasiva carne,
destinada,
a la reproducción de sentidos.
La comprensión,
actos,
donde los hechos,
fueron transformados por las palabras,
ordenados,
en una relación social
y son ahora,
herramienta,
para leer,
en las ideologías,
instrumento,
para la construcción,
de nuevos modelos ideológicos,
en general,
nuevas maneras de vivir.
El hombre
que transforme su fe en comprensión,
(y comprenderán sólo aquellos,
decididos a vivir,
en un mundo
poblado
de otros hombres,
además,
de él mismo y sus quimeras)
robará
a su ceguera,
fugaces estallidos de colores.
Dejará
de ver la parcialidad
que,
sus circunstancias históricas,
le imponen,
para ver
el resplandor,
de la universalidad de su ser,
que las mismas
circunstancias históricas,
le permiten.
Un hombre, una mujer,
una particular,
combinación arbitraria,
de relaciones y materia, puede,
de algún modo,
elegir.
Digamos:
el poeta
ama la libertad.
Elige
cuando permite que lo externo,
rasgue,
aunque más no sea,
el andamiaje ideológico,
ordenador de su mirada.
Una especie de vacilación mortal
y después,
somos hombres.
Una mirada decimos,
que suponga simultáneamente que en su orden ideológico,
haya ocurrido,
una fractura,
en el exacto,
tiempo de mirar,
un corrimiento.
Corrimiento,
sin el cual,
siempre se tratará,
de un todo unitario,
cualquiera,
haya sido el polo,
que dominó el movimiento.
La famosa dialéctica,
no se sostiene sola. (Un número dos intachable,
o su consecuencia lógica,
el número tres,
o bien,
como todos sabemos,
la conocida detención mortal,
en el número cuatro.
Cifras,
-que aunque lo parezcan-
no van más allá de la familia cristiana,
y sin exagerar,
y gozando de los beneficios,
del ejercicio ético,
decimos:
todo eso, está mal.)
Instante y mirada,
condensación,
de todos los elementos que la constituyeron,
constitución de una síntesis,
un cambio,
no de nivel,
-como habitualmente se dice-
sino más bien,
un verdadero cambio de mundo.
Como el generado,
en la combinación de elementos diversos,
que generan,
una explosión atómica.
Un hombre,
irreductible,
a la totalidad de sus sentidos.
Un ser,
inacabable,
digámoslo,
inaprensible.
Un hombre
estallando en actos -comprensiones-
nuevos sentidos,
floreciendo en su cuerpo,
-ahora social-
produce,
espectrales conceptos -ideas-
que ambicionan volar,
ser,
nuestro movimiento.
El enemigo:
yo mismo.
Enjuto, solitario,
-y sin nombrar lo humano-
más cerca de lo inanimado,
que de lo animal.
Soy también,
esa flor marchita que aborrecemos.
Esa dureza,
desprovista de sentidos.
Quiero decir,
el estallido,
traerá conflictos.
Un algo,
que se erige como opuesto a,
un algo.
Un sentido,
y su posibilidad de movimiento,
contra la nada,
contra la carne,
pasivamente sujeta.
Dolor,
habrá siempre,
pero sólo,
se lo reconocerá como tal,
sólo podrá iniciar su metamorfosis,
cuando,
la más pequeña llama de placer,
surque el espacio,
del dolor permanente,
o bien,
del tiempo cristiano para el hombre,
una especie,
de culpabilidad insostenible,
y nada más,
que por vivir,
por haber nacido Hombre.
Si dominar,
es,
gobernar la materia con las ideas,
las ideas inocuas,
no existen.
Ya que si se trata de convencer,
lo que se resiste,
es,
nuestro propio cuerpo.
Lo que se hace carne en mí,
son,
las ideas dominantes.
Mi cuerpo,
campo de batalla del encuentro,
preciado botín del vencedor,
único,
y verdadero enemigo de una nueva idea.
Un cuerpo,
mirando y haciendo,
según el color,
del cristal ideológico que lo cobija.
Un hombre,
que hace a su imagen y semejanza.
Es decir,
un poderoso dios,
judío-cristiano,
todo lo que produce,
lleva su nombre.
Y como sabemos,
el uso de un producto,
reproduce,
la ideología del productor.
O sea,
que la técnica del uso,
carece,
de la «objetividad» que se le atribuye.
¿La ciencia no será, acaso, una concepción ideológica del saber?
¿Una absolutización de la verdad?
Preguntamos,
cuando no sabemos qué decir,
y no se trata,
de destruirlo todo,
sabemos:
la poesía,
no basta.
Sólo queremos,
reconocer,
la inocencia no existe.
El hombre,
en la opacidad de su ceguera seguirá,
viendo,
siempre lo mismo,
hasta que estalle en actos,
hasta que cambien,
las circunstancias correspondientes a la ideología,
que habla en su cuerpo.
Sin explosiones,
la ética perdura.
Todo producto del trabajo humano,
tendrá,
el signo del sistema,
en el cual se genera,
y su uso,
produce al hombre que lo produjo,
al imponerle,
los hábitos de consumo,
como sabemos,
única forma de apropiación.
Nada,
queda librado al azar,
el sistema,
da su sentido,
a todo lo que abarca.
La ausencia del vacío,
irreductible a la materia,
lleva también,
los emblemas con los cuales,
el sistema,
unifica el mundo.
Tengamos cuidado,
seguir ciegos,
no conviene a nadie.
Y estas palabras son,
tan conjeturales y tan polémicas,
-debemos decirlo alguna vez-
como la ley de los números naturales,
tan conjeturales y tan polémicas,
como el término medio de vida,
en los países industrializados,
tan conjeturales y tan polémicas,
como la fórmula del agua,
o bien,
la moderna existencia,
de los tensores temporales.
Mi experiencia,
más evidente,
la de mis sentidos,
es,
simplemente,
ilusoria,
y no como se dice,
por ilusoria,
menos humana.
Será,
experiencia ideológica,
propia vida humana de los sujetos.
Hubo de haber habido,
entonces,
antes de las ciencias,
vida humana.
El privilegio de las ciencias,
es,
un privilegio contemporáneo,
y sin embargo,
en el tiempo humano actual,
todo,
no se reduce a las ciencias,
toda la práctica humana no se agota en las ciencias,
y aunque la ciencia,
pueda proclamarse,
capaz,
de teorizar todo concepto,
toda realidad,
también la poesía,
y no sólo ella,
tendrá que ver con todo esto.
La teoría,
no puede anular,
la experiencia perceptiva,
y tampoco,
sus productos.
Y como sabemos,
la experiencia perceptiva,
puede generar,
como posibilidad,
lo peor,
queremos decir:
una nueva teoría.
El sujeto,
reconoce la alienación,
reconoce,
que desde hace algunos siglos,
se vienen instalando en él,
-más allá de su deseo-
modos y modales,
que tendrá que padecer,
vivir,
de esa manera o de ninguna otra.
Que desde hace siglos,
se viene haciendo carne en él,
se viene mezclando con su sangre,
-contra su propia voluntad-
una ética.
Que,
cuando tenga que elegir,
elegirá estar de acuerdo,
con la inmoralidad del sistema,
para la propia,
eternización,
del sistema como tal,
en contra,
de cualquier recorrido histórico,
pretendidamente humano.
El sistema,
determina para el sujeto,
que,
sólo podrá mantener su lugar,
si en el mismo momento,
que,
reconoce su pertenencia al sistema,
desconoce simultáneamente,
las determinaciones que posibilitaron,
su ser sujeto.
Sujeto-sujetado,
al paroxismo
de leyes inviolables,
por ser,
aquello que prohíben,
imposible de realidad,
para el sujeto
y precisamente,
en esa imposibilidad del sujeto,
encuentra el sistema,
el punto exacto de su reproducción.
Violar las leyes,
y de esto todos tenemos conocimiento,
significa,
terminar con dicho sistema.
Y esto acontece,
en el camino que recorren los seres llamados normales
y también,
en el camino que recorren lo seres llamados anormales.
Toda desviación,
en cualquiera de los dos caminos,
determinará para el sujeto, una nueva existencia como ser.
Una especie de puesta a prueba del sentido común.
Una especie de pregunta acerca del destino del hombre,
o del sujeto doblemente encadenado.
¿El psicoanálisis es acaso en sí mismo una ciencia nueva,
es decir una ciencia de un objeto nuevo: el inconsciente
o bien es simplemente una irrupción (sobrecogedora)
en una teoría del sujeto, que de nacer,
nació con el marxismo?
Un sujeto, torpemente sujetado.
Doblemente encadenado.
Un superalienado,
un verdadero,
hombre moderno.
Un pobre hombre,
que ama lo que ama su patrón.
Un pobre hombre,
que desea lo que desea su madre.
El hombre padece una doble alteridad,
insisto, por lo menos,
una doble determinación,
económicas ambas:
política la una,
libidinal la otra.
Y al pasar me pregunto,
si el psicoanálisis legisla,
la vida de un hombre solitario,
estúpido,
chiquito,
inexistente,
muerto,
o bien,
el psicoanálisis hará sus verdaderos estragos,
en el campo donde reina la ideología.
El campo,
donde ocurren,
los fenómenos de la vida,
el campo,
donde se desarrolla,
la ética de los poderosos.
Vale decir,
en esta época,
el campo donde acontecen,
las relaciones sociales.
Que no por ser sociales,
-determinadas y determinantes-
que no por estar sometidas a las transformaciones
de su propio tiempo -el futuro anterior-
que no por todo eso,
quiero decir, son menos sexuales.
Relaciones sexuales,
que no por ser productos del trabajo inconsciente,
y por ello,
estar sometidas a las transformaciones,
discontinuas de su propio tiempo -el futuro anterior-
que no por todo eso,
quiero decir,
son menos sociales.
Un entrecruzamiento mortal,
temí morir,
dos veces en el mismo momento,
entregué mi vida,
por lo menos dos veces,
para no morir.
Tengo,
una doble marca,
una redoblada esclavitud:
un otro de mí,
que roba,
el sentido de mi trabajo,
un otro de mí,
que roba,
el sentido de mi deseo.
Producto y realización,
vuelan de nuestras manos.
Por ahora pongamos,
marxismo, psicoanálisis,
y las dos palabras en cuestión,
«valor», «falo»,
que como sabemos son dos conceptos
y como tales,
objetos suprasensibles,
materiales,
pero no corpóreos.
Invariantes sistémicas, que ocupan,
como todo dios,
el vértice del triángulo que dominan
y que por no formar parte del cuerpo de aquello que regulan,
-toda relación en la base del triángulo-
se transforman,
en objeto del deseo de todo el sistema.
Vivimos
y morirnos,
tras el vacío perfume de dos ilusiones:
tener el valor,
tener el falo.
Revolucionar este estado de cosas,
tendrá que ver con alguna toma de algún poder,
no quiero poner en duda semejante verdad,
sólo quiero decir:
que más allá de la verdad,
el poder,
no existe.
Que tomar el poder no debe alcanzar,
estoy casi seguro,
para que el hombre pueda,
participar en la elección,
del destino para el producto de su trabajo.
Para que el hombre pueda,
gozar de lo producido,
por la realización de sus propios deseos.
Decimos que la desalienación,
no tendrá que ver,
con devolverle nada a nadie.
Habrá por el contrario,
que extirpar del hombre,
todo aquello que por impuesto,
le restaba humanidad.
Sin importarnos si las imposiciones,
fueron sociales o sexuales.
Una manera de relacionarse,
de tener hijos,
de educar esos hijos,
quiero decir,
una específica manera de amar,
reglamentada,
por las mismas leyes que rigen el mercado:
la oferta
y
la demanda.
Podríamos pensar entonces,
el psicoanálisis como la única arma, por ahora,
contra el verdadero poder del estado burgués,
sus modelos ideológicos:
la familia,
la religión,
la creación,
la medicina,
las formas del ocio,
todo aquello,
que nos forma para ser dominados,
es producto,
de una filosofía de la conciencia,
una filosofía,
como sabemos,
que no ve más allá de sus propios ojos,
que no ve,
más allá de su propio pedazo de tierra.
Un hombre,
que sólo puede,
lo que pueden sus sentidos.
Un hombre empobrecido,
una filosofía,
destinada a crear idiotas,
vale decir,
un error del hombre.
Una razón,
empecinada en sus razones,
siempre,
una violencia contra el hombre,
una especie,
de burocracia del amor,
del deseo.
Razón,
que para sobrevivir como tal
debió crear,
sin que nadie se lo pidiera,
su polo dialéctico,
es decir,
el principio de su fin:
la locura.
Una clase,
empecinada en sus privilegios,
siempre,
una violencia contra otros.
Clase,
que para sobrevivir como tal,
debió crear,
sin que nadie se lo pidiera,
su polo dialéctico,
es decir,
el principio de su fin:
el proletariado.
Psicoanálisis, marxismo,
detonantes históricos cuyo destino,
es,
simplemente,
levantar los velos,
abrir los ojos,
terminar con la ceguera,
o bien,
psicoanálisis, marxismo,
dos prácticas endemoniadas,
que en su torbellino,
se llevan por delante,
la propia vida del practicante,
su propia ideología.
Prácticas,
donde los practicantes,
quedan envueltos en la determinación,
ya
que sus métodos no completan
todas las posibilidades,
en el hallazgo de verdad,
sino,
que alcanzan su plenitud,
su verdadera juventud,
en la transformación de dicha verdad.
No sólo la descripción,
más o menos acertada,
más o menos articulada,
más o menos verdadera,
de las formaciones sociales
o
de las formaciones del inconsciente
sino más bien,
una desviación,
definitiva,
en esas formaciones,
un cambio de destino,
un hecho,
claramente histórico,
una verdadera transformación.
Psicoanálisis, marxismo,
intentos destinados a subvertir,
el estado burgués
y su filosofía de sostén.
Lo que no querrá decir en ningún caso,
como dicen algunos,
que el próximo paso,
tenga que ver exactamente,
con la dictadura
del proletariado, o bien,
con la dictadura,
de la locura.
Quisiera pensar,
si ustedes me permiten,
que el proletariado
como la locura,
existen como tales,
en presencia de sus respectivos,
polos dialécticos.
En un caso,
la burguesía,
en el otro,
la razón.
Subvertir el estado burgués,
subvertir la razón,
querrá decir,
entonces,
modificarle definitivamente,
el destino al hombre,
ya,
que ser proletario,
o ser loco,
perderá,
su «razón» de ser.
Quiero imaginarme,
que cambiarle definitivamente,
el destino al hombre,
no tendrá que ver,
con ninguna dictadura.
Ni ciencias,
ni fusiles,
ni poesía,
ni amor,
lo que necesitamos es,
lo digo simplemente,
una transformación.
El cuerpo,
como vimos,
no existe.
La palabra,
tampoco.
Se trata,
de una combinación,
somos:
un grupo.
Octubre 1977- Mayo 1978
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