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07 Mar 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA

Escrito por: ameliadiezcuesta el 07 Mar 2009 - URL Permanente

No habiendo encontrado. después de intensa búsqueda. el tiempo donde fuera posible decirte algunas palabras fundamentales para que puedas alcanzar en más oportunidades un estado creativo gozoso. he decidido. ya lo ves. que ese tiempo sea el tiempo de la escritura.
El encuadre, estas páginas blancas, donde te iré diciendo del Otro tu mensaje, de otros. para otros. hundiéndose en la niebla acústica que producen las palabras y sus esotéricas combinaciones.
En el decir de Freud, haremos el amor seis veces por semana, en principio. porque después. vendrán los largos seminarios donde estaremos todo el día juntos y los grandes congresos internacionales donde nos reuniremos con el mar. ¿Te das cuenta? Tú. yo y el mar: como si el mundo fuera esa belleza. Y volveríamos a nuestra ciudad. a nuestros hogares y, cada vez, seríamos más jóvenes y aún más hermosos y terminaríamos sepultados vivos y ahí lo siniestro. por un millón de palabras en varios idiomas y sus combinaciones perfectamente engarzadas al azar.
Sé, me has dicho, que tus intenciones son alcanzar del corazón su centro. Urdir en el propio corazón del hombre una maniobra que, aunque en ella se rompa el corazón, atestigüe tu presencia en el mundo.
Hablar tiene el encanto de no hacer y ahí tu maldición. Porque no hacer no se consigue con el cuerpo, sino con las palabras.
Tendidos sin mirarnos, porque los ojos son los que ponen colores a la muerte. Sin ojos, no hay posibilidad de engaño: la muerte siempre es negra.
Tu cuerpo muerto, tendido y vacío, sólo forma y belleza, tratando de alcanzar sin conseguirlo, ese otro cuerpo, también muerto, mi cuerpo, a tu lado, pleno, condenado por tu carencia a poseer lo que te falta.
Inalcanzable cuerpo muerto, por ser tu propia voz su canto.
Voz de tu voz, palabra de tu palabra,
enredadera atada sin piedad sobre ti.

14 Feb 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA XIX

Escrito por: ameliadiezcuesta el 14 Feb 2009 - URL Permanente

A medida que voy entendiendo lo que nos pasó. Lo que hice que pasara con mi vida en Madrid estos diez años pasados, me quiero morir, cada vez más y, sin embargo, sé que no lo haré y con el tiempo terminaré recordando con cariño y benevolencia a mis torturadores. Algún poema rendirá homenaje, también, al mal.

Ya verás, cuando termine de desnudarme, también saldrán
corriendo, pero esta vez impactados por mi pureza.

Nunca he sido tocado sino por mí mismo.

Cuando ella me besaba, en realidad besaba la imagen que yo proyectaba, amándome, sobre ella.

Siempre mentí, querida, siempre engañé, nunca dije, exactamente, una verdad, a nadie. Ni a mi madre, ni a Dios.

Y si ahora quieres que te diga la verdad te la digo:
He mentido siempre

Y no puedo ya sino mentir.

El no decir del todo. El decir a medias. Decirlo, pero
metafóricamente. Decir, diciendo otra cosa. Enredar, enrrollar, des realizar, forma parte fundamental de mi estilo.
La palabra me había comido el corazón.
Llegué a ser una llanura infinita de sinsentidos.

Habían desaparecido las normas que mantenían unidas unas palabras a otras. La precisión dependía de imponderables. La belleza del azar.

Después, me encontré con un montón de cocodrilos y les dije, cómo era que se hacían los versos y los cocodrilos me dijeron que sí y se comieron todos los frutos que yo había conseguido reunir cerca de mí.

Después, pretendieron escribir y se hundieron, sin más, en sus remordimientos de cocodrilos.

¡estoy vivo! ¡Estoy vivo! y eso es lo que cantaré.

13 Feb 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA XVIII

Escrito por: ameliadiezcuesta el 13 Feb 2009 - URL Permanente

Encuentro estos momentos de nuestra relación propicios para comenzar a decirte cómo es que a mí me gustarían las cosas entre nosotros. Y, sin embargo, elijo el silencio entrecortado de mis versos para no decirte del todo, para dar cabida, una vez más, a tu frondosa imaginación, sin la cual, debo reconocerlo, ya me sería muy difícil seguir viviendo.

Soy, mi querida señora, el que quiso matar la paloma de la paz. El buitre ensangrentado lleno de furia por haber sido maltratado en el amor desde pequeño. Por eso, en los encuentros mortales, en la desavenencia nocturna del alba, allí puedo decirle los olores de las tristes mariposas muertas antes de volar verdaderamente. Esas almas sin destino.

Voladoras para recreación de algún espíritu volador ,
sin nada para ellas en ese arte de volar.

Quisiera, junto contigo, amada, ser el estruendo mortal de la ineficacia.

Portero de la nada, del viento contra el viento,
un ser confundido con las más airadas protestas de libertad.

Embelesado de no saber volver a ningún sitio,
abierto después de la tremenda ineficacia, en llamas multicolores, envuelto entre las razones de su odio, la espero. Malherido, lleno de horror por lo inevitable.

Envuelto en ramas, sacrificando algún olor, conteniendo la ira y el miedo, el amor ha permanecido en mí, inalterable. Lo sé, en los odios y las envidias más fuertes, en los desgarros más profundos, ahí, anida la poesía

No es a un imbécil liberado a quien se le entrega la poesía. sino a quien le costó la vida liberarse, es a quien se le entrega la poesía

Me ama cuando le muestro mi rostro ensangrentado. Cuando en mi cara aparece la mueca de la muerte, me adora

.


11 Feb 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA XVI

Escrito por: ameliadiezcuesta el 11 Feb 2009 - URL Permanente

El impacto que te produjeron mis primeras cartas, me hizo dudar acerca de seguir escribiendo de nuestra apasionante aventura, por temor a dañar tu sensibilidad, tu orgullo.

Tu silencio es aún más hondo, tu disociación más extrema.

Tratando de ayudarte te diré, que las últimas veces hablamos del dinero, de la relación entre el dinero y tu cuerpo, yeso, siempre te perturba de alguna manera espectacular.

Tú hubieses preferido que fuese todo por amor.

Si hubiese sido todo por amor, mi pequeña, ahora no habría ninguna necesidad de separarnos. Pero quiero recordarle, querida, que usted llegó hasta mí para volar y no para morir, como a veces parece que usted quisiera, pequeña, y muerta de miedo entre mis piernas.

«No me deje, doctor, espere un tiempo más, todavía no pude ni escribirle un poema a mi madre. Yo vine a usted, es cierto, porque quería ser como las grandes escritoras que no temen, a nada. Esas escritoras que no mueren en la guerra, esas escritoras que no sucumben frente a ningún amor, esas que se ponen a llorar, sólo, en presencia de un poema bien escrito. No me deje, doctor, justo ahora, que había comprendido que usted no era el bramido del viento, llamándome a la muerte, ni la superficie helada de los vientos donde, al anochecer, plasmaba mi locura.»

No dije que se fuera, sólo que el tiempo se abre camino entre nosotros.

«Sí, el tiempo, doctor, claro... nuestro adiós, la propia muerte de nuestras cosas, doctor, nosotros y el tiempo.»

09 Feb 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA XV

Escrito por: ameliadiezcuesta el 09 Feb 2009 - URL Permanente

A veces, tu egoísmo me parte el corazón y, sin embargo, sigo ambicionando esta maravillosa, a mi entender, conversación contigo, aunque para que eso sea posible, yo tenga que llegar al borde mismo de la soledad.

A veces, quiero decirte, te veo más obligada que apasionada. Como si nuestra conversación fuese un paso necesario, obligatorio para tu vida y no una terrible, tremenda decisión.

A pesar de haber clamado con todas tus fuerzas por una situación semejante a la que estamos construyendo, ahora, te pasa como si no pudieras soportar bien la cristalización de tus propíos deseos.

Tu destino antes de conocerme estaba sellado.
Un día después de muchos intentos, lograrías enamorarte de un hombre y ese mismo hombre, propiamente enamorado de vos, te mataría.

Quiero decirle, que usted sabe que de mí puede enamorarse sin temores. Soy el hambre que ha decidido no matar. Ahora, claro está, usted, para que nuestro amor sea posible, tiene que abandonar la idea de suicidarse entre mis brazos.

Salvados estos deseos absurdos de matarte y matarte, la conversación podría llegar hasta el mismo centro de la filosofía.

Quiero decirle que tendremos tiempo para todo.

Nos pasaremos dando vueltas alrededor de lo mismo durante largos años, hasta que un día la luz ilumine tus ojos y cierre los ojos de tu madre, mis ojos, para siempre. Mis ojos, aquellos ojos inmensamente abiertos, escrutadores y felinos, ¿ te imaginas? , cerrados para siempre.

Para que tú puedas volar, querida, el universo se quedará sin una luz.

No blasfemes. mi amor, no blasfemes, contra esta virtud inmaculada que te ofrezco. Aprieta contra mis palabras tus últimas esperanzas. Vamos a saltar hacia adelante, hacia un futuro que el hombre en general, todavía, no puede.

Todo circula a velocidades más allá del sol. Un mundo donde todo retrocede, porque más allá, sólo el vacío negro del sol agonizando.

Un mundo. querida, donde todo el pasado se hace carne viviente, ¿te das cuenta? ,un mundo donde los viejos amores vengan constantemente a instalarse en nosotros, donde nos persiguen los viejos fantasmas, donde la vieja humanidad nos sobrecoje cada vez. Un mundo, querida, donde nadie podrá perder sus sentidos, porque los sentidos ya fueron perdidos.


03 Feb 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA XII

Escrito por: ameliadiezcuesta el 03 Feb 2009 - URL Permanente

Hoy soy el vientre amable de la locura, hoy tendré que molestarte, evidentemente, con mis cosas.

Lo del coche me tiene mal, no es tan fácil comprarlo como me hicieron creer en principio mis amigos españoles, me meten de por medio demasiadas pegas y, la verdad, yo no tengo las energías necesarias, para demostrar que soy pudiente. Ahorrar , parece mentira, según el gerente del banco, es lo único que puede dar sentido a mi vida.

Me llamaron de la financiera para decirme que una otra persona que yo, es decir, una persona con alguna propiedad que le permita ser, debería salirme de aval. Primero casi me desmayo después pensé que el gerente del banco tenía sus razones. Tengo que ahorrar. ¡Viva el ahorro!

Intento nuevamente pedirte disculpas, debo dejarte, debo ir a mi casa para decir: Queridos hijos, por ahora no habrá automóvil, vuestro padre, es decir, yo mismo, y desconociendo los motivos, soy considerado, por el banco, la financiera, y el resto de los habitantes de España, un insolvente.

Y ellos me preguntarán a coro, pero papá tú no eres médico psicoanalista. Sí, les contestaré yo, pero, también, poeta.

Hoy nuestro desencuentro fue espectacular, cuando volví de hablar de mi aparente pobreza con mis hijos, nadie supo decirme dónde estabas, ni siquiera, ella, tu madre, sabía de ti.

Intenté recordar la última vez que estuvimos juntos y te vi imitando a gritos los aullidos de un lobo amante y criminal, a la vez. Y quisiste clavar en mi propia carne las garras de la locura. Te separé de mí un poco bruscamente. Reaccionaste al empujón, bestia amante de la sangre, como una niña candorosa y comenzaste a gritar. Hijo de puta, usted a mí no me va a tocar, mi voz son los rituales efímeros de su cuerpo. No me toque, porque en mí sólo encontrará un vacío altisonante y hueco.

Querida, mi pequeña, encuentras siempre dentro de ti, aún para tu mal, lo que debería ser buscado en los confines de mundos lejanos y desconocidos. Cuando llegue a nosotros la soledad de ser, seremos como albatros volando en cualquier dirección, de un lado para otro y no sabremos en ese momento encontrar una palabra que nos anime a seguir un camino.

En ese instante tendremos culpa de no haber sido durante el recorrido totalmente virtuosos y que ya haya pasado la peor parte.

Ya verás, seremos encantadores compañeros de viaje, nuestro pasado comenzará en nosotros, llegaremos a sentir haber nacido uno del otro. Llegaremos a saber que será absolutamente imposible separarnos. Si por fin somos capaces de amar tanto encadenamiento, acontecerá entre nosotros la belleza, la poesía, fundirá nuestro cuerpo con el cuerpo del mundo, nuestro amor con el amor del universo. Hoy, claramente, hubiera preferido encontrarte.

02 Feb 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA X

Escrito por: ameliadiezcuesta el 02 Feb 2009 - URL Permanente

Hoy, después de un encuentro prolongado, aún más que nuestros encuentros prolongados, me hiciste reconocer que, yo, estaba equivocado.

Ahora, a solas, sin la presencia de tu voz temblorosa, no puedo recordar ni los motivos de tu tristeza. ni el argumento de mi equivocación. Lo que recuerdo es que tú lloraste toda la noche y gran parte del día siguiente y que yo tuve angustia como cuando niño le tocaba el culo a una vecina y mi madre al verme me pegaba una cachetada.

Cómo explicarle a mi madre, entonces, que yo en verdad la amaba a Ella y que con la vecina era por puro juego, por pura diversión.

Cómo explicarte, compañera mía, de este viaje insondable, que el amor nunca renunció a nada y, por eso, no existe.

Renunciemos mi amor a nuestro amor, para poder amarnos.

Renunciemos mi amor a ser el uno para el otro, para poder tenernos.

Renunciemos mi amor a nuestras mezquinas ambiciones, para poseer, junto con el poeta, lo más grande.

Vivimos en un mundo, querida, que el que no necesita dinero, necesita amor, y es en este mundo desesperado y perplejo por no poder, donde te planteo el arrebato de un diálogo. Una antigua manera de encontrarle nuevos caminos a la vida. Te propongo un diálogo mantenido a cierta distancia, una verdadera prueba de fuego. En principio nos miraremos como pensando cada uno su propio peso. Encontrar en el otro en esa mi- rada el lugar donde será vencido. No ya la muerte, sino el espacio infinito y negro de la locura será nuestro lugar de trabajo. Todo será maravilloso y siniestro, ganaremos y perderemos varias veces, en varias situaciones. Podremos y no podremos con el amor. Triunfaremos y seremos vencidos jugando el mismo juego con los mismos rivales. Quiero que lo recuerdes para siempre, en esos momentos, Ella se parece a la máscara de una alegría pasada. Ella es impenetrable cuando está muerta y, sin embargo, tu cuerpo se contrae bajo tus ropas, tu cuerpo se quiebra por debajo de tus más viejos sentimientos. Se trata, querida, de la repetición de una frase que Ella más que hablar, prefiere temblar. Un viejo rito se establece en los contornos de tu cuerpo, como cuando en mi barrio encendíamos la fogata de San Juan. Ahí, como hoy en tu cuerpo, querida, se quemaba todo lo viejo. Ahí, se quemaba cada vez, el pasado. Ahí se quemaban los tibios rencores, los azulejos brillantes de la muerte.

29 Ene 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA IX

Escrito por: ameliadiezcuesta el 29 Ene 2009 - URL Permanente

Usted ya se dio cuenta, soy una paloma despedazada por pequeños deseos infantiles. Por mi ambición, extrema, de tenerlo todo para mí.

Soy la que sufre en vano. El dolor ardiente de la noche y, también, de la mañana. Cuando consigo alejarme de mí, me sigo viendo a mí misma, retorciéndome, con ganas de hacer pis, temblando de miedo, sintiendo que le estaba transmitiendo mis perversidades. Porque yo soy perversa. No se dio cuenta cómo me duelen las tetas cuando lo miro. No se dio cuenta. que después de hacer el amor, soy la hiena capaz de comerse a sí misma, para que nadie la vea sonreír.

Soy incurable, doctor, en el centro propio de su inteligencia de la vida, un cáncer maligno, su pequeña nenita enamorada le envía de regalo esta hermosa mierda tallada para usted.

Espero que usted sepa interpretar apropiadamente mi desacuerdo con su lengua materna. cuando pretendo insinuarle que sin ayuda, usted, no podrá ser famoso o tardará mil años.

Mi vértigo, doctor, lo ayudará a crecer. Mis ansias por las pasiones celestiales lo ascenderán al cielo. No tema, doctor, soy una hembra poderosa. Mi madre vive en mi dolor, abierta a los perfumes de la muerte.

28 Ene 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA VII

Escrito por: ameliadiezcuesta el 28 Ene 2009 - URL Permanente

Doctor, sabe una cosa, puedo llegar a ser una escritora genial. Ayer a la tarde le dije a mi marido que me había acostado, perdón por la palabra, con usted, con mi psicoanalista. Y yo, sabe doctor, asombrada, con los ojos abiertos por sus gritos le pregunté, ¿por qué, querido, es más grave que haya sido con mi psicoanalista?

La pregunta detuvo mi corazón, mi pensamiento, la pregunta estaba dirigida a mí. ¿Por qué? , me pregunté yo a mi vez, habría de ser malo hacer el amor con el psicoanalista y entonces le pregunté a Ella, ¿y cómo le fue? Pero si todavía no hemos hecho el amor, doctor, qué me pregunta ¿Cómo le fue? ¿Sintió acaso deseos de morir, deseos de ser otra? No, doctor, usted ya sabe cómo me fue, se lo digo yo, para que usted no se gaste, si hiciéramos el amor a mí, su pequeña reina, me iría mal, yo sólo puedo con mi madre, con Ella en general, con la Muerte, con usted, si fuera capaz de llevarme toda la vida con usted. Pero usted es más que un cobarde, usted es una fruta madura a punto de pudrirse, ya casi no desea y sin embargo este arrebato que siento por usted, pero no, no podría.

Y a usted, doctor, ¿cómo le fue?

Hasta aquí y sin saber del todo por qué, te he complacido más que lo que tu propia salud mental podía soportar, sin sufrir los desequilibrios que en el momento actual te aquejan. Yo he sido tu madre y, ahora, te pasa como a ese niño que la madre tiene en sus brazos hasta los siete años y después lo lleva al médico porque el niño tiene un retraso para caminar. Acepto sin dilación tus reproches a mi trabajo, por no haberme dado cuenta antes de semejante situación entre nosotros, para poder decirte inmediatamente, que en muchas otras oportunidades hablamos estas mismas palabras y quiero recordarte, que tú rechazabas la idea, te ponías muy nerviosa, encendías un canuto y por fin me decías que me dejara de decir tonterías y que si yo seguía trabajando de esa manera tan brutal, no me volverías a pagar nunca más cinco mil pesetas la página.

Hoy no podré llegar hasta el final, hoy será preferible que guarde cierto silencio, ella ya dirá cuando diga.

Señor, Somos las tristes marionetas amordazadas. El tiempo se ha roto, las horas huyen despavoridas unas de otras.

Ha llegado el amor. Los minutos son siglos, usted es el sol, su calor llega a mí desde lejos, cuando estoy enamorada, su luz, me acompaña todo el día y gran parte de la noche en mis sueños, por eso, doctor, yo prefiero odiarlo, alejarme de usted, olvidarlo.

27 Ene 2009

PSICOANÁLISIS DE UNA PSICOANALISTA VI

Escrito por: ameliadiezcuesta el 27 Ene 2009 - URL Permanente

En el rosado rozagante espectro
donde el moderno amor se deshilacha
encuentro tu perfume de mujer
y el tiempo es irreal, antigua la mirada.

Y para que no confundas más filete empanado con corazón enamorado, te diré: encanto espectral y diurno, como las espléndidas mariposas de la casa de mi abuela la conchuda. María, la inolvidable María, la de los pelos hondos y los ojos verdes como una 1echuga recién nacida.
Huyamos del hambre, veneno cruel, que es simplemente por una locura que escribo. El ruido de la máquina me enorgullece como si fuera una canción famosa que un cantor famoso canta para mí.
Un ruido de lata contra lata, con variaciones de sepulcros abiertos a los gritos nupciales de las babosas cuando cohabitan entre los altos espineles alados. Voy vociferando lentamente mi destino como si mi destino fuera el destino de 1as pobres bestias inmaculadas, que no pudieron todavía hablar con ningún dios que les explicara el misterio de la vida. Como esas pobres bestias amantes de la muerte.
Oh, cuerpos del calor extremo, perfectas mariposas desesperadas, tenues ruiseñores alocados y ciegos, como usted, cantores de los días más espectaculares de nuestro proceso de fracasar, de nuestro gran error .

Yo soy el que se hunde silenciosamente en mí, para que puedas volar.

Ya tienes alas, vuela para donde quieras, yo sigo en mi rincón a pan y mate, el resto es triste, lo cantaré a solas cuando tú ya no estés. Querida, quiero que comprendas, ¿cómo decirle a Dios que deje de serlo, cuando ya ha sido amado como tal?

Cuando ella me insulta es porque me pertenece, cuando ella me injuria es cuando más me ama. Está desesperada de amor, por eso me insulta, tiene celos de las letras de la máquina, porque las letras de la máquina tomadas en su conjunto son más que ella.

Alguna vez dirás que escribo porque escribo, y tendrás tus razones. Sin mucho dinero como para que las muertes cotidianas sean más breves o insignificantes, la mejor muerte a mi alcance es morir escribiendo. Se pierden con la escritura las necesidades pequeñas y el hombre escribiendo está hambriento de libertad más que de pan y cuando está hambriento de pan, siempre es algo general, muchos hombres y millones de niños mueren por falta de pan. El que escribe si no lo matan antes, los Estados o los medios de comunicación social, termina amando cosas grandes, praderas inmensas como las palmas del cielo, varios millones de piojos queriendo rescatar el picor que producen, un verdadero ejército de piojosos queriendo rescatar del mundo la mugre que padecen. Y, mientras tanto, una estrella se parte entre los ojos de los amantes.

Y todo es grande para el que escribe, cometas enarbolando banderas invisibles, espacios subterráneos, cárceles abiertas como brazos abiertos.

Velocidades supersónicas donde cada música encuentra su palabra.

El vuelco de los días, querida, ha de ser para adelante, nadie morirá del pasado.

Mis manos vuelcan sobre el papel palabras condenadas a morir en mí. Desarticulado aluvión de nuevas combinaciones para detener la muerte del moribundo.
Sólo tu madre puede más que la muerte.

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