28 Oct 2007

A más aborto, menos crimen

Escrito por: amintas el 28 Oct 2007 - URL Permanente

ASOCIAN EL DESCENSO DEL CRIMEN CON LA TASA DE ABORTOS. Titular de El Mundo.

En aquel tiempo las mujeres abortaban. No querían ser mujeres; no querían concebir. Querían disfrutar de la vida, pero evitar sus consecuencias. Incluso se llamaba indeseadas consecuencias a los hijos. Avanzaban las costumbres y la vida era distinta. Ahora todo el mundo quería disfrutar. Disfrutar era viajar al Caribe y tener muchos ligues, cuantos más, mejor. Primero, disfrutar; más adelante, allá por los 30 ó 40, ya tendré quizás un hijo, no más. Los hijos dan mucho trabajo. Y tampoco me gusta cocinar. Además, se cagan. ¡Qué horror, la caca infantil! ¡Puaj! ¡Qué asco! Este verano me voy de veraneo a Venecia -decía una profesora de enseñanza secundaria. Y añadía: -No, no me siento frustrada, por no tener hijos; tampoco por no tener pareja, no la quiero, los hombres no hay quien los aguante, en seguida quieren que los mimes y les seas su mamá, y siempre hay que estar animándolos, diciéndoles que son esto y lo otro, el maximun, que no hay nadie como ellos. ¡Ya me cansé! ¡Que los mime su madre! ¡A ver si aprenden! Ahora nos toca a nosotras.

La sociedad en su conjunto, los medios de comunicación, que según la voz general formaban la opinión, decían una y otra vez alborozados que las mujeres eran libres, que ya no estaban sujetas, que podían realizarse en una carrera, que abortar era un derecho, que por fin la libertad era real.

Y ya toda mujer llevaba en el bolso un condón, por si a él se le olvidaba. Lo llamaban sexo responsable, el follar sin concebir; y hasta se estaba a punto de inventar una píldora que impedía a los varones engendrar; así ya no tendrían ellas que ponerlo todo, arrimarían ellos el hombro, como ya lo iban arrimando a pasar la aspiradora, bajar la basura, hacer las camas y tender la colada. Y no hablemos ya de cambiar los pañales al niño; e incluso limpiarle las cacas y bañarlo; o darle el biberón y potitos Nestlé. Poco a poco, que no se cambia de costumbres de un día para otro.

Los hombres se iban volviendo más sensibles -había dicho en los papeles una cantante famosa que empezaba. Según ella, eran más sensibles porque ya bajaban la basura.

Ulrich lo leía y perdía el norte y la orientación. ¡Qué trabajo, mi dios, haber aprendido unos principios con Franco y ahora, en la vejez, tener que aprender otros nuevos! ¡Qué confusión! Pero los valores eran relativos -había dicho Castilla del Pino, conocido psiquiatra. Para él, también los de Hitler eran valores. Uno no sabía ya qué hacer con la corrupción de los vocablos. Lo que en tiempos de Cervantes significaba una cosa, en tiempos de Aznar significaba otra. Con razón se decía que el lenguaje era algo vivo y que como tal evolucionaba.

Lo malo era que los que iban a venir, los del año 3000, ya no entenderían lo que habían dicho y escrito los del año 2000. ¿Para qué, entonces, hablar y escribir, si ya la gente no te entendería? Mejor fuera escribir algo eterno, verdades eternas, cosas que fueran verdad incluso cuando el hombre se extinguiese, pasados 260 millones de años tal vez, si llegaban a alcanzar la vida de los dinosaurios.

El caso es que en los años 70 las mujeres se habían lanzado como locas a abortar. Y en los años 90 según las estadísticas había menos delincuentes. En los USA, por descontado. La conclusión era obvia, había menos ladrones porque habían nacido menos niños con genes alterados. Lo había dicho antes Lombroso, y últimamente lo repetía Barbacid. Si no él, alguien igual de famoso. Que la maldad era ingénita, es decir, que estaba en los genes. La Biblia tenía razón. El hombre nace malo. La culpa original. Eva y Adán habían desobedecido a Yahvé. Ahora era lo mismo, los hombres seguían naciendo malos, pero la culpa era de la Naturaleza, que les había dado genes perversos.

Con el aborto a voluntad -decían los científicos- nacían menos hijos no queridos y en hogares destrozados o chungos, donde el varón, antes sustento, apaleaba ahora a la mujer; y le clavaba incluso una navaja; en el espacio intercostal; con lo cual la infortunada fallecía; si antes, en una casa de acogida, no le habían enseñado sus derechos.

Lo raro del caso era que aprender los derechos servía de poco; la que vivía con un hombre descastado que la maltrataba, volvía con él. Una jovencita atractiva, que incluso tocaba bien el violín, se había amancebado con un hombre perverso, había tenido un hijo de él y finalmente él la había matado. ¡Qué pena! ¡Era atractiva! No quiero decir que si no hubiera sido atractiva, no fuera una pena el que él la matase; sino que es más fácil sentirlo si la joven está de buen ver. ¡Qué se le va a hacer! Es la condición humana -dice Verísimo, el cura de aquí; que por otra parte envidia a los seglares y echa de menos el que las mujeres no sean sacerdotes. Tiene toda la razón; no hay derecho; porque uno sea cura, ya no puede follar. Es discriminar. Lo dice ese cura. Que por otro lado no piensa en procrear, sino en solazarse en la cama con un ser del sexo contrario. Con un ser del mismo sexo, no lo tiene ya tan claro, le da algo de corte, no quedaría bien.

Bueno, en los años pasados más recientes, las mujeres abortaron más que solían sus madres y abuelas; y de ahí que hoy hubiera menos delincuentes; más mujeres sin medios para dar carreras al hijo y hacerlo así ciudadano de bien, habían preferido deshacerse del feto. Era más fácil que echarlo al vertedero, o dejarlo morir achicharrado en agosto, en el asiento trasero del coche. Al menos daba menos molestias; se te permitía abortar, mientras que si te sorprendían metiendo al feto en una bolsa para la basura, incluso te prendían, salías en los papeles y la televisión y te llamaban madre descastada.

Dos veces me ha salido aquí este vocablo. Descastado quería antaño decir no ser de buena casta, no tener pedigrí, vamos.

Sólo tenían pedigrí los hijos de condes y duques, si además eran legítimos, es decir, sus padres los habían engendrado en la mujer que las autoridades les habían reconocido como suya. Sin orden no se pudiera vivir. ¡Cada cosa en su sitio! ¡Ojo con desmandarse, eh; te vigilo!

Como condes y duques había ya pocos, porque se habían acabado los moros de la Reconquista y tampoco quedaban continentes por descubrir, que ahora los sustituían las galaxias, ya no se ennoblecía a nadie, todos eran el pueblo, porque el pueblo mandaba.

Encantaba a Ulrich la pluralidad, el mundo plural. En tiempos de Franco no la había, era todo singular. El mundo, es decir, aquel mundo, España, era Una, o sea, singular. Por eso ahora, que reinaba el pueblo, había modos distintos de acabar con los delincuentes: para ello unos los ejecutaban, en la cámara de gas o con la inyección letal; otros hacían la meditación trascendental, lo llamaban el efecto Maharishi; se había descubierto que si todos los jueves se sentaba la gente junta a meditar en una sala a propósito, la violencia disminuía, se acababan los robos de coches, había menos tirones de bolsos, se estrellaban menos contra las farolas y árboles e incluso no se drogaban tantos; lo llamaban el efecto mariposa o Maharishi. Y ahora venían, dos afamados científicos, dos prestigiosos académicos, y decían que si abortaban las madres -las de escasos recursos, por supuesto- nacían menos niños destinados a ser hez de la sociedad. Lo de hez de la sociedad lo decían antiguamente los bien situados, cuando Marcelino Menéndez y Pelayo andaba por el mundo y se dividía éste en malos y buenos. Malos eran El Lute y El Vaquilla y buenos Mario Conde y Roldán.

Para los cortos de alcances, se aclaraba la cosa. El aborto legal "proporcionaba una salida a las madres potenciales cuyos hijos, en caso de que nacieran, tendrían una vida muy dura, ya que acababan siendo los que las madres menos querían y por consiguiente quedaban condenados a vivir en la pobreza mayor". Por esas "madres potenciales" se entendía mujeres adolescentes, de minorías étnicas y de escasos ingresos.

Sentenciando ex cathedra, otro juez prestigioso apoyaba a los prestigiosos hombres de ciencia académicos: Es de sentido común -les decía- la idea de que los hijos no queridos tienen posibilidades redobladas de no convertirse en ciudadanos modelo.

Y mientras tanto, la gente se peparaba para votar a Rajoy.

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

KATI

KATI dijo

jurasi es un aputa y perra de per y de la ciudad de huanuco especiicamente del colegio nuestra

Amintas

Amintas dijo

chica, si lo eres y no chico, qué pena que para desfogarte contra esa o ese que te molesta tanto no emplees mejor la ortografia!

Antonio Larrosa Diaz

Antonio Larrosa Diaz dijo

Perdone usted señor Amintas pero no todos tenemos la facultad de expresarnos tan exquisitamente como usted y sin faltas ortográficas y no lo digo por nada sino porque yo soy muy faltoso en esa cuestión; de lo demás, que dice que mientras más aborto menos crimen pienso que es al contrario ya que considero un crimen el aborto . Un saludo
www.antoniolarrosa.com

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