30 Oct 2007

¡Vive leyendo!

Escrito por: amintas el 30 Oct 2007 - URL Permanente

LOS VIGUESES NO SON HIPOCONDRIACOS

En aquel tiempo los farmacéuticos advertían de que los vigueses consumían cada vez más medicinas antes de ponerse enfermos. Daba la alarma el periódico del día. Con los años un señor de mediana edad había sentido venírsele encima los mil achaques que se dice son propios de esa estación de la vida; y se angustiaba, al percibir debilidad donde antes había habido energías inagotables y robustez a toda prueba. Mas un día, por acaso, tal como ocurren los milagros, inesperadamente, la lectura había acudido a rescatarlo; y ya había vuelto a ser lo que había sido; y revivió pasadas épocas y marchitos esplendores. Así lo verá el que lo leyere.

EL ATROZ HIPOCONDRIACO

Un quejica quejicoso

que se quejaba de enfermo

de los más de mil achaques

que computara Galeno;

que cantidades ingentes

engullía de remedios,

de píldoras y pastillas,

polvos, grageas y sellos;

de cápsulas y de obleas,

de lápices y placebos;

que bebía a pleno morro

los jarabes, y venenos

que en dosis homeopáticas

le recetaban los médicos;

las pócimas y emulsiones

con que le daban contento;

que cada cinco minutos

ingería un cocimiento,

una tisana, infusión

u otro remedio casero;

que se ponía inyecciones

de panaceas y sueros

y tenía acribillado

más que una criba el pellejo;

que se bañaba a diario

y sólo en agua de herrero;

y atentamente leía

las cédulas y prospectos

que junto con el envase

van con los medicamentos;

que de memoria sabía

de la CIBA el vademecum,

de la Sandoz, de la Geigy

y de más que no recuerdo;

que compraba bibliotecas

de tratados muy modernos,

de patologías varias,

de dolencias y de enfermos,

de síntomas y diagnósticos,

casos y epifenomenos;

que se hacía amigo íntimo

de curas y farmacéuticos,

de practicantes callistas,

de brujas y curanderos,

de herbolarios y droguistas,

de simplistas y mancebos;

que en reboticas andaba

cual perro que busca dueño;

que se aplicaba reliquias,

lignum crucis y amuletos,

medallas, escapularios,

abrenuncios y evangelios,

aguas de diversos santos

y milagrosos ungüentos;

que más de un metro cuadrado

de su miserable pecho

cubría con los detentes

que se colgaba del cuello;

que fuera cofrade mayor

de pasos y de misterios,

de fiestas de santo patrón,

de procesiones y Entierros;

que peregrinara andando

por caminos polvorientos

a la tumba del Apóstol,

a Fátima y a Lisieux,

a los muy santos Lugares,

a Padua, Asís y San Remo

lo de San Remo es alivio

para tanto beaterio;

de vez en cuando el fulano

se echaba una cana al viento

que recitaba rosarios

y letanías a cientos,

sin olvidar los trisagios,

los via crucis y ángelus;

las novenas y los triduos,

de los que era un adepto;

que no perdía Porciúncula

ni año de jubileo,

ni perdones, ni indulgencias,

ni nueve viernes primeros

(pues a irse de esta vida

le tenía mucho miedo;

no porque creyera en Dios

o le temiera al infierno;

mas pues lo pasaba bien

en este mundo de perros)

andaba a pesar de todo

muy jodido de los nervios.

Hasta que un día de octubre,

transportándose en el Metro

de Carabanchel a Goya

(de ida y vuelta el trayecto)

alzó la vista en el aire

contaminado y espeso

y allí en la pared frontera

dióle en la vista un letrero

que en blanco sobre fondo azul,

impersonal y aséptico,

advertía indiferente :

NO ME ESCUPAN EN EL SUELO.

Y cual rayo que se abate

desde el alto firmamento,

asaltólo la conciencia

de que estaba sano y bueno.

Su camino de Damasco,

cual Paulo de Tarso nuevo,

fue aquel viaje tan tonto

en los vagones del Metro.

La lectura fue el resorte

que puso en marcha el suceso.

Pues el leer beneficia

un montón, tíos.

Por eso

¡leed, leed sin descanso!

¡Os llevaréis algún premio!

Con esto, del alfeñique,

aquí se termina el cuento.

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

antonio larrosa diaz

antonio larrosa diaz dijo

Lo último es lo mejor, haber si leemos más porque está el asunto muy mal , pues según dicen los libreros, que no venden ni un libro como no sea de cuentos, y eso es lo que yo hago y sin embargo pocos me leen y perdona tanta insistencia pero es que cuando dejo la lucha pierdo la batalla.
www.antoniolarrosa.com

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