11 Jul 2007
Un factor despreciable
Los hijos son el factor despreciable. Se me ha ocurrido la expresión tras leer varias noticias: la mujer a quien se ha retirado la custodia de la hija porque la indisponía contra el padre; la otra mujer a quien otro juez no ha querido reconocer como madre de una niña porque la tal era pareja de hecho de la madre biológica; esa mujer a la que un ex marido al parecer celoso ha matado porque asimismo era pareja de hecho de su (la de él) ex mujer... Tras leer la noticia he pensado: he aquí una mujer que harta de recibir malos tratos de su pareja masculina ha decidido cortar por lo sano y echarse una pareja femenina. En primer lugar, el que la pareja sea de tu mismo sexo no garantiza que vayas a ser mejor tratada que antes, con pareja de sexo contrario. Pero, bueno; supongamos que tú al menos hayas tenido razón y que hayas resuelto el problema de vivir en pareja sin ser maltratada. A continuación viene la segunda parte, no sólo quieres vivir en pareja, es decir, resolver el problema de tener una vida sexual, es decir, de nuevo, garantizarte una cierta medida de placer lúbrico, sino que también quieres tener descendencia, tener hijos, como es de suponer los quiere quien forma una pareja ordinaria, de hombre y mujer. Al menos antes se daba por sentado, en la mayoría de los casos, que formar pareja conllevaba el tener hijos; ahora ya no estoy tan seguro. Bien, quieres tener hijos, esa mujer quería un hijo, se hizo fertlizar mecánicamente y tuvo una hija. Mas es por lo menos dudoso que el vivir en pareja del mismo sexo sea lo mejor para el hijo. Yo diría de plano que no lo es. Porque esa niña crecerá convencida de que la relación homosexual es la relación normal, puesto que habrá vivido en un hogar en que su madre compartía la cama con otra mujer. Crecerá creyendo que la aberración es la norma. Entonces, la madre resolvió su problema de goce sexual, pero a la hora de tener descendencia no pensó en el bien de sus hijos. Por eso digo que el hijo fue un factor negligible, un factor despreciable, el factor despreciable. También estos días se ha visto la protesta de una pareja homo a la que no se permite adoptar. De nuevo, por las mismas razones que he apuntado, esa pareja no piensa en el bien del hijo adoptado, sino en su idea de sí misma, idea en la que entra el tener descendencia. De nuevo, el hijo un factor despreciable. Otro tanto cabe decir de tantas parejas que alegremente se echan a adoptar hijos africanos o chinos. Se ufanan del gesto. Han querido ser padres y lo han conseguido; pero de nuevo no han pensado en los hijos. Porque necesariamente todo hijo adoptado vive un trauma. Es corriente adoptar hijos de un año cumplido, cuando menos, y el separar a esos niños del medio en que han vivido hasta entonces es necesariamente traumático. Mas los ufanos padres adoptivos no piensan en eso; solo piensan en que lo han conseguido, ser padres. Amar a los hijos sería conocer sus necesidades y satisfacerlas. Pero esos padres que adoptan empiezan desconociendo las necesidades del adoptado. Mientras a la pareja 'se la ama', a los hijos 'se los tiene'. La capacidad de amor se agota en la pareja; los hijos son el adorno, el complemento a juego, la guinda que corona la tarta. Los niños, los hijos, un factor que no cuenta, un factor despreciable.
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