13 May 2008
52a entrega. UNA MUJER QUE FUE PAPA. Cap. 4 - La ciencia profana de Juana
(Sigue) El Señor le escuchó con creces las plegarias, pues el marido creyó en Cristo, se hizo bautizar y tras renunciar al diablo y sus pompas se entregó por completo a la Iglesia; y los tres hijos le salieron santos e hicieron carrera. Hubo cinco santos en aquella familia. Juntos en la Tierra, siguieron estándolo en la corte celeste.
El año 325 se consagró presbítero al marido y luego se lo nombró obispo de Nacianzo. La devota Nona se dedicó en cuerpo y alma a sus feligreses y sin reservas sirvió a los menesterosos. Encabezó Cottolengos, organizó rastrillos, cuestaciones, roperos y otras quermeses, presidió mesas petitorias y en general amó a Dios y a los seres humanos hechos a Su imagen y semejanza.
En el año 359, el hijo de Nona, más tarde san Gregorio Nacianceno, terminó los estudios en Grecia, retornó a la tierra natal y su propio padre lo bautizó; dos años más tarde lo ordenó sacerdote. Con el tiempo fue Patriarca de Constantinopla, y uno de los que con mayor profundidad y hondura escribió acerca de Dios y materias relacionadas, por lo cual honoris causa se lo tituló Teólogo. Al parecer, sabía mucho de Él.
Gorgonia, su hermana, se casó y tuvo tres hijos, a los que educó con tanto esmero como con ella habían empleado los suyos. Sin otra medicina que su inquebrantable confianza en Dios, se repuso de dos penosas enfermedades. Durante la primera, debida a un grave resbalón y caída en la calle no pavimentada, no permitió que la asistiese ningún médico. Con ello se adelantaba a los Testigos de Jehová, que más tarde habían de prohibir las transfusiones. Se ignora si ya entonces desconfiaba de la medicina del tiempo. Si la movió la prudencia o una fe de lo más acendrado. Y de seguro tampoco se le vino a las mientes lo que el Salvador había dicho con respecto a la inconveniencia de poner a Dios a prueba. Se recordará lo que había respondido al demonio que lo incitaba a tirarse por un empinado precipicio, pues “los ángeles acudirían a sostenerlo para que no se hiciese irreparable daño”. Jesús había dicho: “No tentarás al Señor, tu Dios.”
Santa Gorgonia, en la suya.
De la segunda enfermedad la curó el Cuerpo de Cristo. Decía que con él bastaba y sobraba para mantenerse, y rechazaba los sopicalditos que con la mejor intención le preparaban los deudos. La dolencia le había quitado el apetito y la postraba en la cama.
Durante la noche sacó fuerzas de flaqueza y se dirigió a la iglesia para rebañar del altar algunas migajas que en él hubiese dejado el Pan de los Ángeles. Y tras haberlas comido, sanó. Cabría decir que fue un milagro de la homeopatía, pues en pequeñas dosis, aquello mismo que te daña, te cura
Quienes lo pongan en duda han de saber lo siguiente: Para los sagrados misterios se usaba entonces el pan ordinario, y por eso dejaba migajas. Mas como se sabe, una vez consagrados, el pan y el vino dejan de ser tales y se convierten en el cuerpo y la sangre verdaderos de Cristo, aunque no se los vea ni la hostia sepa a otra cosa que a masa de pan no fermentada. Como en tiempos de Carlomagno lo hubiese puesto en duda un tal Félix, obispo de Urgel, llamados a consulta los teólogos ortodoxos lo habían demostrado sin tolerar discrepancias.
Mas no por ello cuando comulgaba los viernes la santa sentía alguna especie de escrúpulo, por quebrantar el precepto de la abstinencia de carne.
Santa Gorgonia amó la liturgia y contribuyó a edificar muchas iglesias. Huía de las erróneas prácticas druidas, de adorar a Dios a la intemperie. Ella prefería venerarlo bajo techo. Vivía piadosa y sobriamente y daba con largueza limosna a los pobres. Sin embargo, sólo en la edad madura recibió el santo bautismo. Entonces se creía que el bautismo borraba todos los pecados que uno tuviese, de modo que salía más a cuenta bautizarse lo más tarde posible, para poder pecar antes sin temor y a voluntad. En una sola sesión se la bautizó en compañía de su esposo, sus hijos y sus nietos. A su muerte, su hermano Gregorio pronunció un panegírico.
Gudrun me habla de los hechos de la Mitología.
Llegados aquí, mi madre, en parte para no competir con mi padre ni hacerle sombra en lo tocante a mi educación religiosa, y en parte para desahogar su afición a los libros profanos y dar rienda suelta a lo que prefería y llevaba en el corazón, mudó sus apólogos y empezó a administrarme en pequeñas dosis los relatos de la mitología griega que más sugerentes le habían parecido.
De modo que el primer día me habló de cómo en el Olimpo y según el respectivo género se repartían los dioses y diosas las tareas. Helo aquí:
Jornada 1. A las diosas olímpicas, Zeus asignó funciones específicas: a Hera, la esposa legítima, correspondía darle hijos y amargarle la vida con las chinchorrerías; Hestia se encargaba del hogar: de hacer las provisiones, de cocinar y limpiar, de mantener caldeada toda la casa, más bien una mansión, cuyos incontables aposentos le daban muchísimo trabajo; era una especie de criada para todo; Afrodita se ocupaba sólo de las cosas del sexo y del amor; y después venía Atenea, la diosa varonil, que atendía a los asuntos de la guerra y la cultura y enamorada de su padre lo tenía por un dios.
Hera era el personaje grave y responsable; Afrodita la casquivana y frívola; Hestia la doméstica e iletrada; y Atenea, la intelectual y decidida.
Con cuatro mujeres parejas, Zeus vivía como un dios; como Dios querría que vivieran todos y como Mahoma había de instaurarlo más tarde.
Por eso no se privaba de nada; y clase pasiva ya desde el mismo momento de nacer, dedicaba a pasear entre las nubes el abundante ocio de que disponía, para ver de descubrir allá abajo, con los ojos divinos penetrantes, que veían más que los 100 de Argos afamados, en ríos, montes y cañadas del anchuroso mundo, a las hijas apetecibles y macizas de los muchos reyes, jerifaltes y caciques que entonces como ahora se repartían el terreno y las poblaciones.
Y en cuanto divisaba alguna, allá se iba a ella derechito, transformado en cisne, lluvia de oro, toro verriondo, ave aterida o lo que fuere menester; que a fuer de modelo y paradigma de varón, era traidor, mentiroso y desleal y desconocía los escrúpulos; ni paraba hasta salirse con la suya y yacer con la afortunada y disfrutarla. (Continuará)
En Versuslibrería@yahoo.es Versus c/Venezuela, 80. VIGO.
se vende este libro, UNA MUJER QUE FUE PAPA.
Tengo otro blog: http://cerinto.blogs.mundo-r.com
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