16 May 2008

55a entrega. UNA MUJER QUE FUE PAPA. Cap. 4 - La ciencia profana de Juana

Escrito por: amintas el 16 May 2008 - URL Permanente

(Sigue) Por fin Pan le dio once sabuesos. Capturó con ellos un par de ciervas cornígeras, las unció a su carro y probó el arco, primero contra dos árboles, después contra una fiera y por último contra una ciudad de hombres injustos.

Exige a sus compañeras sean como ella intransigentemente castas. Zeus sedujo a una, Calisto; al verla encinta, Artemis la transformó en osa y azuzó contra ella los perros; pero Zeus la salvó y la puso como constelación entre las demás estrellas. Otra vez y sin querer, Acteón vio como Artemisa se bañaba desnuda en el río; cuando ella lo supo, y para que él no se jactara de haberla visto en tan comprometida situación, lo transformó en un ciervo y con su jauría de sabuesos lo despedazó.

El año 1125 adC apareció la profetisa Débora. Tenía su sede entre Ramá y Bet-El, y en sus disputas tribales y familiares los israelitas acudían a consultarla.

He aquí que para castigar los pecados del pueblo israelita, Dios permitía que Yabín, rey de Canaán, lo oprimiese. La cosa duraba ya 20 años. Sísara comandaba a los cananeos. Entonces el Espíritu santo ordenó a Débora convocara a su presencia a Barac, hijo de Abinoam, de Quedes de Neftalí, unos 150 kilómetros al norte.

Cuando lo tuvo ante sí, lo apostrofó: "¿No te ha mandado Jehová, Dios de Israel, para que liberes a su pueblo?"

"Y yo atraeré...a Sísara...y lo entregaré en tus manos."

Mas el mandato del Señor y su promesa no bastaron a Barac, que le respondió:

"Si vienes conmigo, iré; mas si conmigo no vienes, no he de ir”.

Débora aceptó acompañarlo y le advirtió que por haber vacilado en la fe, la gloria y el honor de la batalla recaerían en la mujer que mataría a Sisara.

El Señor comunicó a Débora el día y la hora en que pondría a merced de los israelitas a Sisara y su ejército, y ella lo dijo a Barac. En el torrente Quisón sucedió la batalla. Sísara se reconoció derrotado, abandonó sus carros y caballos y huyó a pie hasta el campamento de Jéber el quenita, que se había separado de su tribu y habitaba en Quedes.

Allí pereció Sísara a manos de Jael, esposa de Jéber. Y Barac supo que con una estaca y un martillo una mujer le había dado muerte. En sus oídos resonaron las palabras de Débora: "En manos de mujer pondrá Jehová a Sísara."

"Y la mano de los israelitas fue haciéndose cada vez más pesada sobre Yabin, rey de Canaán, hasta que lo aniquilaron”. (Jueces 4:24)

Hebreos 11 y dando pruebas de odioso machismo, san Pablo cita a "Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David y Samuel y los profetas..." y no menciona a Débora; ella, conocida como "madre en Israel".

Jornada 8. Cualquier tiempo pasado fue mejor.

En el principio eran de oro los hombres; súbditos de Crono, el más joven de los siete Titanes que había engendrado Urano en la Madre Tierra. La Madre Tierra era madre de Urano, de modo que, en el principio, una de dos, o hubo un hijo que poseyó a su madre, o hubo una madre que poseyó a su hijo. O tal vez una coyunda al unísono, deseada y consentida de ambas partes.

Los hombres de la edad de oro vivían despreocupados, comían solamente nueces, frutos silvestres y la miel que destilaba de los árboles; bebían leche de oveja y de cabra; nunca envejecían, hablaban y reían mucho y para ellos la muerte era sólo un sueño.

Han desaparecido; pero sobreviven como genios de los felices lugares de retiro rústicos; como donantes de la buena suerte y como defensores de la justicia y equilibrio en todo.

Llegaron los de plata. Luego, los de bronce, y los de hierro, actuales.

Suplantaron a los hombres de la edad de oro, los de plata, diferentes de los otros en que comían pan, que da flato e infla, y no miel ni frutos de los árboles; eran pendencieros e ignorantes y no ofrecían sacrificios a los dioses.

Luego vinieron los de bronce, a mezclar la carne con el pan, crueles, insolentes, peleones. Y por último, los hombres de hierro, degenerados, injustos, maliciosos, traicioneros, malos hijos y rastreros. Los de hoy.

En una de sus obras teatrales un autor famoso celebraba a la juez Débora y le atribuía las virtudes de la prudencia y la justicia, al tiempo que reservaba para Jael las otras dos cardinales, a saber, la fortaleza y la templanza. Y yendo más adelante, puesto ya a imaginar, veía en Jael, que provista de un mazo y una estaca había destrozado la cabeza de Sisara, un enemigo de la revelación, a la Inmaculada Virgen María, que con los pies aplasta la cabeza de la vieja serpiente.

Jornada 9. Los autoritarios.

Cuando Zeus se alzó con el poder, cuando con la fuerza de las armas los aqueos patriarcales y los dorios indujeron a los aborígenes pelasgos a que abandonaran el culto de la diosa matriarcal y aceptaran en su lugar el de los dioses del Olimpo, se atribuyó tal dios derecho de pernada; le bastaría con quererlo para yacer antes que nadie con la hembra, ya humana, ya divina, que mejor se le antojara. Nadie estaba a salvo de su divinal lascivia.

Así pues, Zeus ponía cuernos a todo el que quería. Ninguna princesa un poco destacada se hallaba a salvo de que él la conociese; carnalmente. Y a los maridos o padres otra cosa no cabía que la de sentirse honrados.

En cada griego había un Zeus. Uno que aspiraba a hacer lo que le diera la real gana. No importaba que se tratara de matar y saquear. Era su derecho de griego bien nacido.

Cuando en Atenas la Asamblea debatía si se guerrearía contra Esparta, en su discurso el preclaro Pericles no se mordió la lengua: oh, atenienses, si queréis mandar, tenéis que oprimir –les dijo llanamente. Así de sencillo.

La famosa guerra del Peloponeso acabó cuando las dos irreconciliables ciudades se habían destruido mutuamente.

Y Ulises, el astuto, los embromaba; mientras él a voluntad robaba, mataba y esclavizaba a quien bien le parecía, los exhortaba a mostrarse hospitalarios y obedecer a Júpiter, que los quería benignos y complacientes con los suyos. (Continuará)

En Versuslibrería@yahoo.es Versus c/Venezuela, 80. VIGO.

se vende este libro, UNA MUJER QUE FUE PAPA.


Tengo otro blog: http://cerinto.blogs.mundo-r.com

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Anónimo

Anónimo dijo

Hola. He respondido en mi blog a su comentario y lo reproduzco aquí. Un saludo.

Es que no hay unas morales tan buenas como otras. Sólo hay una moral buena, la que permite la libertad individual de vivir como se quiera y morir como se quiera. Y sólo hay un principio moral "que la libertad de cada uno acaba donde empieza la de los demás". Cualquier otra cosa son imposiciones para mantener el control social que permite a la iglesia el poder que aún tiene sobre mucha gente.
Y no me confunda usted la gaseosa con la magnesia o la eutanasia con la eugenesia, hombre, que no tienen nada que ver. La Eutanasia es una decisión personal, libre e individual, sobre cuándo y cómo quiere uno abandonar este mundo. ¿Me va a decir Ud. o el Vaticano, el Dalai Lama o el Estado de qué manera tengo que morir?
Y en cuanto a la "conducta" homo o hetero qué le voy a decir. Más antinatural que pasarse la vida sin mantener relaciones sexuales y afectivas (o peor, manteniéndolas a escondidas, o peor, manteniéndolas ilegalmente con menores) no debe de haber y sin embargo ustedes admiran mucho esa conducta.
Miren, dense cuenta de que no les pedimos nada ni les obligamos a nada. Vivan su fé con alegía y sin represión o como quieran pero dejen de pretender que los demás comulguemos con sus ruedas de molino. Y alegrensé, que ya no estamos en la época de la inquisición y sólo están es su iglesia los que creen, los de verdad, los escogidos, los buenos.
Y haga un poco de acto de contrición y no me haga comparaciones tontas, que los nazis fueron unos aficionados a la hora de matar gente comparando con ustedes. Entre la inquisición, las guerras de religión, las cruzadas, la conquista de América, la colonización de Africa, los asesinatos politicos del Vaticano y alguna que otra matanza por descuido, han asesinado Uds. a mas gente que nadie.
Los tiempos han cambiado, adaptensé, hagan política como cualquier otro ciudadano, acepten las reglas de juego. El pequeño problema de las democracias es que no se pueden imponer las convicciones propias a los demás. Sigan creyendo que la homosexualidad es mala, que el sexo es malo, que la mujer es mala, que la libertad es mala, que el divorcio es malo... Crean ustedes en lo que quieran, yo les respeto. Respetenmé Uds. a mi y que yo haga con mi vida lo que quiera. Gracias.

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