15 Oct 2007

nos (vestimos) hemos vestido de verde

Escrito por: ammeg02 el 15 Oct 2007 - URL Permanente

saliendo de la Sala de exposiciones de Alcalá 31 que presenta Los géneros. Los límites del crecimiento, me acuerdo del Maestro fontanero y patrón de pesca vecino y aprovecho la hora de la merienda para escribir estas líneas y publicarlas hoy

mi marca de zapatos favorita hace años se apropió de la frase me gusta caminar. yo disfruto las tardes o mañanas que me permiten plantearme rutas a pie por las calles de la ciudad dejándome sorprender por el azar (aboiar polas rúas, que dicía hai anos nunha sección de lingua galega de La Voz de Galicia o querido profesor Xosé Chao Rego )

En cuanto a la ciudad-memoria, evidentemente está sometida a la historia, a la historia futura que habrá de decidir sobre la suerte y sobre el sentido de los nuevos edificios; recordemos que Benjamin veía en la arquitectura de los pasajes parisienses del siglo XIX una anticipación de la arquitectura del siglo XX y pensaba especialmente en la función que cumplirían los nuevos materiales como el vidrio y los metales. Pero la ciudad-memoria está también sometida a la historia pasada, a la historia cuyo rastro despierta y suscita, para bien o para mal, recuerdos contrastados.
Marc Augé, El viaje imposible, "La ciudad memoria"

cuando la distancia o el tiempo lo exigen, padezco el transporte público pero no me gusta tener una actitud victimista, yo siempre he disfrutado de los trayectos más largos, libro en mano: recientemente, el Atlas de Michel Serres provocó una [historia condensada tan breve como el recorrido entre dos estaciones de metro

El metro es doblemente ejemplar porque es también el de los recuerdos personales. Quien toma todos los días hoy una línea de metro tenía antes otros trayectos, otros lugares de empalme –porque tenía otra vida profesional, familiar o sentimental y tenía también otros espacios, otros caminos por los que se cruzaba como se cruza uno con amigos perdidos de vista-: testigos del tiempo pasado y del tiempo que pasa; en las líneas más antiguas del metro la gran historia y la pequeña historia mezclan así sus palabras, sus nombres, y crean una especie de memoria intermedia o mixta que a veces se enriquece con el recuerdo de acontecimientos pertenecientes a la historia colectiva, pero que los individuos sienten como vividos personalmente (la caída del muro de Berlín, la liberación de París...).
Marc Augé, "La ciudad memoria", El viaje imposible

con un guión corto como una frase] vinculación de tensión a través de la admiración compartida hacia un texto.

este tipo de sensaciones entre lo fugaz y el deseo, entre lo real y lo imaginario que tan bien enlazadas aparecen en El tren de Zhou Yu y que recoge también En la ciudad de Sylvia.

en fin, que aparte de separar mis desperdicios para reciclar y de haber adoptado recientemente la técnica del cepillado de dientes sin el caro 'efecto cascada', este es mi lado más ecologista, en mi condición de urbanita cuya reacción orgánica dominante al espacio verde no acotado es la alérgica.

la exposición a la que me refería dice que su base conceptual se encuentra en dos libros de Ulrich Beck, Los límites del crecimiento y La sociedad del riesgo global. A mí no me emociona, en general, aunque siento cierto interés por la instalación del proyecto o más que por el proyecto en sí (la agricultura disfrazada de investigación artística; precisando, agricultura urbana de supermercado en la que, en lugar de consumir los productos vegetales adquiridos, los "revitaliza" con diferentes tratamientos hasta conseguir que la planta complete su ciclo vital y obtener así semillas que se emplean en la creación de los Giardini Lazzaro (cultivos en carritos de la compra) ¿la naturaleza/ lo natural en el supermercado? ¿laboratorio agrícola urbano? no lo entiendo muy bien. pero a mí me gustan los jardines.

algo más me dicen las fotografías de Sergio Belinchón que parecen ilustraciones para El viaje imposible de Marc Augé.

En Disneylandia, es el espectáculo mismo lo que se ofrece como espectáculo: la escenografía reproduce lo que ya era decoración y ficción, a saber, la casa de Pinocho o la nave espacial de La guerra de las galaxias. No sólo entramos en la pantalla, con un movimiento inverso al de La rosa púrpura de El Cairo, sino que, detrás de la pantalla sólo encontramos otra pantalla. Así la visita a Disneylandia viene a ser turismo elevado al cuadrado, la quintaesencia del turismo: lo que acabamos de visitar no existe. Allí tenemos la experiencia de una libertad pura, sin objeto, sin razón, sin nada que esté en juego.
Marc Augé, "Un etnólogo en Disneylandia". El viaje imposible

En fin, me voy a otra cosa, mariposa

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