25 Sep 2007

ese lugar llamado adolescencia

Escrito por: ammeg02 el 25 Sep 2007 - URL Permanente

(a modo de continuación de chapoteando en el asfalto, unas cuantas sinapsis después)

si identifico en mi vida [tal vez es más ajustado decir "existencia"] tres puntos de inflexión con mayúsculas, dos de ellos se corresponden con las muertes de mi-abuelo-Luis y mi-abuela-Lola

la primera de ellas, la muerte de mi abuelo, fue LA MUERTE, la que te hace conocer de golpe el significado de la que hasta entonces era una-palabra-fea y te baja de la nube, de cualquier nube

me encontraba yo en ese lugar llamado adolescencia y aquel 5 de diciembre, víspera del primer día que se celebraba la fiesta (hoy puente sólido) de la Constitución, día señalado que no pertenecía al santoral, entonces acontecimiento especial, sentí que la fea palabra arrancaba de mí la parte que me estaba reservando de la infancia (esos dibujos siempre un poco más infantiles de lo que realmente me sentía, y en cualquier caso aparentaba, enviados a mis abuelos acompañados de las cartas que me enseñaron a escribir)

meses después, en la fase fetichista post-mortem de reparto y curioseo de objetos, un minúsculo papel con números entre las primeras páginas de un libro de arte condujo el mundo de los adultos al hueco que había dejado la infancia arrebatada: era un índice secreto escrito a lápiz (como mi abuelo siempre hacía las previsiones por lo alto y sus desmesuradas reservas de todo convertían en almacén cualquier cajón o estantería, todavía escribo con lápices de las cajas que él tenía atesoradas) los números[hiper]vínculos llevaban a todos [yo, entonces lectora furtiva (y fruitiva, tiempo de televisión con rombos y padres atentos a la calificación de los programas, aunque la educación religiosa de un colegio de monjas provinciano de principios de los 80 a través de las puertas del 6º Mandamiento era el principal estímulo imaginativosexual, localizado en la lista-diccionario de pecados de la carne del libro de religión) del Diccionario secreto de Cela, me encargué de comprobarlo] los cuadros de desnudos femeninos [1], que junto a su colección de postales de desnudos de principios del siglo XX en blanco y negro coloreadas [esta afición declarada, de hecho componen un álbum familiar del mismo formato que los que contienen el resto de las fotografías familiares, incluidas las más recientes, hechas por él, con la cámara sobre el trípode y su carrera de última hora para asomarse a una esquina o a la última fila de la imagen], formarían parte (supongo) de su museo imaginario, para deleite de su alma voyeur

[1] no por ninguna razón especial, de todos los cuadros, el que se me viene a la mente siempre que recuerdo este episodio es el de Ingres, La Source y es una doble imagen: la ilustración del libro de mi abuelo, en color, esos colores descoloridos como de cromos y en blanco y negro, ilustración de La historia del arte de Gombrich (si no acudo al libro, la memoria me traiciona: ilustración de Arte y percepción visual), de Rudolf Arnheim, que años después sería uno de mis libros de cabecera

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entre el preferiría no hacerlo de Bartleby y la memoria necesaria de Primo-Levi
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