13 Jun 2008
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de la habilidad al dosificaR el consumo a medida depende el regusto que pueda dejar en el paladar una feria, da igual cuál o de qué; en Es el verbo tan frágil (Sandra Santana) los poemas no son anónimos ni se distinguen por un número ni por el primer verso: tienen títulos de verdad que, además constituyen en sí mismos toda una condensación del sentimiento pensado que es el pensamiento sentido en la verbalización
Nos miramos al caminar por la orilla.
Así, en progresión infinita,
aparece toda la arena
que nos permitió desembocar
al borde de mis ojos.Al borde de tus ojos
aparecen:
AGUA,
HORIZONTE.
Sandra Santana, Reflexión sobre la posibilidad de perder la propia identidad en el blanco mar de la hoja de papel
caminandO [navegando a la orilla de los ojos] la pantalla líquida deslizante, dejarse arrastrar por la marea hipertextual cuyas rosas (también) tienen espinas
El mar. ¿Pero es que el mar existe?
Encima me diréis que en su zona abisal
almacena reveses de las cosas.
[...]
¿Pero es que el mar existe?
¿Es que vagan sus olas la memoria
de Nemo o de Neptuno
ese azul gris que le arrancó Picasso
o el refugio que nadie ha descubierto
del primer trasatlántico de niebla?
¡Cuánta lujuria blanca ha cometido el mar!
Condenado a no ser se desvanece.
Es una pompa sola.
Es un islote turbio de lágrimas salinas,
más salinas aún que las del hombre.
Pero el mar ya no existe, es otra tumba.
(Dolors Alberola, Mar de nadas)
piSando las huellas de estas palabras, se presenta, oferente al chapuzón de la inexistencia, el clausurado cajón abisal de déficit de glucosa en sangre,
Yo recogí el mar.
Lo albergué en la cadencia de la nada.
Rescaté el cadáver de Alfonsina
y lo limpié de algas.
Ahora me pertenece.
Soy el dueño de algo que no existe. (Dolors Alberola, Mar de nadas)
lA inmersión con calculada imprudencia en su fluida salinidad, produce el mismo efecto que dejar que la materia líquida fluidifique en exceso la densidad sanguínea. siguiendo los pasos de libertad de la Catherine-Jeanne Moreau en Jules et Jim (François Truffaut) [o lo que es casi lo mismo, de la Luisa-Maribel Verdú de Y tu mamá también (Alfonso Cuarón)] en el vértice de sus respectivos triángulos, ahogando muertes que son (serán o habrán sido) amores a seis manos e igual podrían haber sido amores a cuatro manos: nacen de la negación derramando cabello o derramando dolor o derramando perfume o derramando... (vida líquida derramada)
(y a todo esto, percibir en el reflejo del filo el atisbo de un incierto germen S&M desprendido por el recuerdo del dolor en la complacencia ajena mutiladora de la propia [auto-]complacencia)


