20 Jun 2008
à la recherche du clic perdu (buscando el clic desesperadamente)
(hoy no era el día en que veinte minutos bien valen una cuesta: el estreno de la jornada continua añadía un plus de ansiedad que haría imposible la espera dilatada)
tras la cuenta atrás, desandando la ida con la vuelta, el premio al esfuerzo es un bouquet de malas hierbas a lo Ignasi Aballí -como aparición real de la fisicidad salvaje de la naturaleza, recordada doblemente enlatada en el Botánico, emergiendo ahora entre coches averiados y mecánicos aspirando (exhalando) una nube de nicotina, grasa y gasolina - que se abren paso en las aceras, entre el cemento, al natural -a este lado del objetivo- con ese sol que a ratos parece ganar la batalla a las nubes en esta ya caduca primavera otoñal y yo bastante tengo con subir, mirar y callar, preguntándome si medir las instantáneas por blinks (quería decir 'parpadeos'). en cualquier caso, la incalculada suma resultaría el fin de la cuesta y en el metro: cima sin meta, consigo sentarme, a modo de imperfecta vacuna temporal contra la codofobia, al menos durante este viaje que no me lleva a home y se me queda cara de turista despistada o igual ya la llevaba puesta (eso me pasa por sentir la tarde viernes, pero peor será mañana cuando amanezca martes y no haya diamantes para desayunar que valgan).
aquí me veo, con mi cahiers para merendar: revolver la espuma que dibujan en faborit sobre el café últimamente me resulta violento, es como plantearse chupetear un Vik Muniz (y esta tarde, que parece que pegaría más el modelo de hoja, me encuentro ante el dibujo en forma de corazón). en realidad me da un poco de asquito su Medusa Marinara, no tanto, pero casi como la comida fermentada de Cindy Sherman. la contemplación del motivo (ese corazón de espuma) siempre es más breve de lo que me gustaría tratándose de un café y no quiero que se enfríe ni me convence tomármelo amargo.
Los paisajes sólo se constituyen como tales cuando una mirada los contempla. Una mirada implica un encuadre, una panorámica o incluso un travelling; es decir una selección que recoge un espacio y deja otro fuera de campo. El paisaje es, por consiguiente, una parte de un todo mucho más amplio, un fragmento que pertenece a una totalidad. Esa totalidad se puede cartografiar para hacerla transitable y conocible, para establecer sus perfiles y sus accidentes.
Carlos F. Heredero, El paisaje y la cartografía, Cahiers du Cinéma España, junio 2008, especial nº 3
al salir, el olor a tierra delata la proximidad de la tormenta, hubiese sido agradable continuar andando.
Aunque hay pocas cosas tan agradables como pasear por un hermoso
(Ignasi Aballí, Fotografía para jardines)
ONAGRACEAU | GERANIACEAE | cuadro 5 y 6 plantas medicinales | EUPHORBIACEAE
en resumidas cuentas, los de PHE tienen razón. entro en el metro.
13 Jun 2008
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de la habilidad al dosificaR el consumo a medida depende el regusto que pueda dejar en el paladar una feria, da igual cuál o de qué; en Es el verbo tan frágil (Sandra Santana) los poemas no son anónimos ni se distinguen por un número ni por el primer verso: tienen títulos de verdad que, además constituyen en sí mismos toda una condensación del sentimiento pensado que es el pensamiento sentido en la verbalización
Nos miramos al caminar por la orilla.
Así, en progresión infinita,
aparece toda la arena
que nos permitió desembocar
al borde de mis ojos.Al borde de tus ojos
aparecen:
AGUA,
HORIZONTE.
Sandra Santana, Reflexión sobre la posibilidad de perder la propia identidad en el blanco mar de la hoja de papel
caminandO [navegando a la orilla de los ojos] la pantalla líquida deslizante, dejarse arrastrar por la marea hipertextual cuyas rosas (también) tienen espinas
El mar. ¿Pero es que el mar existe?
Encima me diréis que en su zona abisal
almacena reveses de las cosas.
[...]
¿Pero es que el mar existe?
¿Es que vagan sus olas la memoria
de Nemo o de Neptuno
ese azul gris que le arrancó Picasso
o el refugio que nadie ha descubierto
del primer trasatlántico de niebla?
¡Cuánta lujuria blanca ha cometido el mar!
Condenado a no ser se desvanece.
Es una pompa sola.
Es un islote turbio de lágrimas salinas,
más salinas aún que las del hombre.
Pero el mar ya no existe, es otra tumba.
(Dolors Alberola, Mar de nadas)
piSando las huellas de estas palabras, se presenta, oferente al chapuzón de la inexistencia, el clausurado cajón abisal de déficit de glucosa en sangre,
Yo recogí el mar.
Lo albergué en la cadencia de la nada.
Rescaté el cadáver de Alfonsina
y lo limpié de algas.
Ahora me pertenece.
Soy el dueño de algo que no existe. (Dolors Alberola, Mar de nadas)
lA inmersión con calculada imprudencia en su fluida salinidad, produce el mismo efecto que dejar que la materia líquida fluidifique en exceso la densidad sanguínea. siguiendo los pasos de libertad de la Catherine-Jeanne Moreau en Jules et Jim (François Truffaut) [o lo que es casi lo mismo, de la Luisa-Maribel Verdú de Y tu mamá también (Alfonso Cuarón)] en el vértice de sus respectivos triángulos, ahogando muertes que son (serán o habrán sido) amores a seis manos e igual podrían haber sido amores a cuatro manos: nacen de la negación derramando cabello o derramando dolor o derramando perfume o derramando... (vida líquida derramada)
(y a todo esto, percibir en el reflejo del filo el atisbo de un incierto germen S&M desprendido por el recuerdo del dolor en la complacencia ajena mutiladora de la propia [auto-]complacencia)



