27 Ago 2008

Carta a un juez

Escrito por: apamos el 27 Ago 2008 - URL Permanente

Señoría:

Permítame que le hable de un niño ya que, cuando pueda hablarle él, habrá pasado su infancia y será demasiado tarde. Se llama Mario y tiene 6 años. Usted no le conoce. Sin embargo, le acaba de condenar.

Usted le ha condenado a no poder compartir ninguna noche con su padre mientras dure su infancia, a excepción de las noches de sus vacaciones como si, en período escolar, un niño no necesitase la presencia de su padre.

Seguramente usted, Señoría, también ha sido víctima de la trampa, de la inercia, de los expedientes que le sobrepasan… pero Mario no tiene la culpa y su padre, tampoco.

¿Sabe usted de la heroicidad de este hombre en lucha por poder ser simplemente lo que es: padre? ¿Sabe de su trabajo a favor de los derechos de todos los niños mientras ve como dejan al suyo sin el derecho a disfrutar de su compañía? Porque Mario quiere a su padre, Señoría, tanto como a su madre.

¿Tan difícil es eso de entender? ¿Tiene usted hijos, Señoría? ¿Tiene usted padre? Yo tengo un padre maravilloso, tan buen padre como buena madre es la mía. Para mi, la mejor.

Ella nunca hubiera permitido que el odio o la frustración fuesen más fuertes que el amor por mi y por mis hermanas. Nunca hubiese permitido que alejasen a mi padre de nuestras vidas aunque se lo hubiese puesto tan fácil para hacerlo el sistema judicial español. Mi madre me enseñó a ser justa, a valerme por mi misma y a no depender de nadie y, lo más importante, me enseño a valorar, por encima de todas las cosas, el amor. Mi marido y yo, antes de nuestra boda, firmamos capitulaciones matrimoniales acordando una custodia compartida de los hijos en caso de que algún día se separasen nuestros caminos porque el bienestar de los hijos, Señoría, se ha de decidir cuando el amor ilumina el corazón y el pensamiento y no cuando los oscurecen intereses mezquinos y negros sentimientos.

Lo más grave es que, cuando son los intereses mezquinos los que guían las actuaciones en los procesos de separación, ustedes apoyan esos intereses y los derechos de los niños a seguir disfrutando de las dos personas que les llamaron a la vida, quedan diluídos y olvidados.

Ustedes colaboran a eliminar de sus vidas la figura paterna porque un padre, por mucho que quieran justificar ustedes sus decisiones, no es un "visitador".

Ustedes matan al padre y, con eso, les rompen el corazón a los hijos. Como son corazones pequeños y se rompen sin ruido, eso no parece importar demasiado ¿verdad, Señoría?

Cuando leo esas sentencias de divorcio en que se intenta defender que lo mejor para los niños es alejarlos de sus padres, siempre pienso en todo lo que le habría faltado a mi vida si hubiesen alejado a mi padre de mi. A veces le miro y me pregunto cuánto tiempo más podré disfrutar de su compañía, de esa presencia entrañable y ahora ya desmemoriada que, en otro tiempo, me llevaba de la mano saltando por las calles y haciéndome reir.

Algunas mañanas, me despertaba entre risas y saltos porque él me sacaba del sueño con cosquillas. ¿Por qué Mario no puede tener un despertar así?

Mi madre me enseñó a crecer cantando, me contaba los cuentos más maravillosos y me enseñaba a rezar. Ninguno de los dos intentó nunca substituir al otro ni pretendió que una presencia fuese más importante que la otra, ni intentó monopolizar mi corazón. No perdonaría a la vida ni un solo instante que me hubiesen robado de esa infancia en la que nadie me pidió que rompiera mi corazón en dos y tirara al basurero del olvido una de sus mitades. Porque eso, Señoría, es lo que están haciendo ustedes con muchas de sus sentencias.

Tengo 44 años, Señoría, mi padre tiene 79 y su presencia sigue siendo esencial para mi. Yo nunca hubiera perdonado a nadie que me hubieran alejado de él durante una parte de mi vida.

A veces me pregunto qué clase de padres han tenido todas estas personas que valoran tan poco a los padres de los demás, a los padres de sus propios hijos.

El padre del que le hablo yo hoy, el padre de Mario, tiene nombre y rostro, aunque usted seguramente se ha parado poco a mirarle. Se llama Juan Carlos y tiene también una vida que ustedes se han empeñado en romper y mucho que dar a su hijo. Este hombre quiere poder hacer con su hijo lo mismo que su padre hizo con él: acompañarle en su crecimiento y darle su amor siempre que lo necesite y Mario lo necesita mucho más de lo que les otorga ese régimen de visitas al que se encuentran sometidos, como si fuesen presos de una cárcel absurda a la que han llegado sin saber dónde estuvo su culpa. ¿Amar a un hijo es ahora motivo para que el sistema judicial te de la espalda? ¿Y sabe usted como ama este hombre? ¿Sabe usted de los kilómetros recorridos en los últimos 6 años para estar junto a su hijo?

Semana tras semana, de León a Madrid y de Madrid a León… Se dice pronto, Señoría y se lee todavía más rápido cuando se tiene prisa ¿verdad? Sin embargo, se recorren lentamente, muy lentamente porque, además, la situación económica en la que queda un padre divorciado en España, no permite tener coches que alcancen grandes velocidades. Así que las carreteras se hacen largas y cansadas… pero no importa: de León a Madrid, la esperanza de ver a Mario, de abrazarle, de escuchar sus historias, de sentir sus caricias… hacen que Madrid se sienta más cerca; de Madrid a León, la compañía de las últimas horas compartidas convertidas ya en recuerdo hacen más cálido el regreso y alimentarán las horas hasta el próximo encuentro.

Este hombre es un buen padre, Señoría. Yo le he visto con Mario, he visto cómo le mira su hijo, cómo camina cogido de su mano, cómo atiende a su voz, cómo le sonríe…

He visto también los caballos que cría para que Mario crezca en contacto con la naturaleza, para que pueda tener una infancia tan hermosa como lo fue la suya, aprendiendo de los animales lo que a veces no se aprende de las personas. ¿Sabe el tiempo que dedica a cuidar todos los detalles soñando en cuando llegue Mario y disfrute de esos potrillos de los que no se quiere separar? Yo he visto las viejas cosas que pertenecieron a su padre y que él repara con esmero para poder disfrutarlas con su hijo.

Toda la vida de este hombre gira en torno a Mario. Sus sueños, su trabajo, su lucha… todo. Es un buen padre, como también fue un buen hijo. Yo le he escuchado hablar de su padre, Señoría. No es un hombre que exprese sus emociones con demasiadas palabras pero se le sale por los ojos, el corazón. Deberían ustedes aprender a escuchar los ojos de las personas… se darían cuenta de en cuántas mentiras han basado sus sentencias y de a cuántos inocentes han condenado por ser simplemente los que han amado más, los que han querido herir menos.

Todo lo que este hombre sintió por su padre quiere que pueda sentirlo su hijo porque, Señoría, como dijo Unamuno "Con madera de recuerdos armamos esperanzas"

Si privan a los niños de la posibilidad de acumular recuerdos ¿de qué van a alimentar su esperanza? Podrán tener una única y hasta magnífica casa, eso que para ustedes es tan importante después de un divorcio. Tendrán una casa y medio corazón porque la otra mitad la habrán sacrificado ustedes. Tendrán una madre que se lo quedó todo y un padre que lo perdió también todo cuando le alejaron de él y sufrirá al ver sufrir a su papá. ¿O cree usted que no sufren los niños cuando les dejan sin padre? Y, cuando vayan creciendo, no entenderán por qué permitieron ustedes que todo eso sucediera y tendrán que saldar ellos la deuda emocional que tendrán con el padre, aprender a perdonar de una forma brutal para sus maltrechas emociones y digerir que sus madres odiaron más que amaron, algo que ustedes nunca debieron permitir y, mucho menos, secundar.

Algunos ya ven todo eso de pequeños, ya sienten las culpas ajenas, ya perdonan como adultos lo que nunca debieron vivir como niños. Se asombraría usted de lo que llegan a expresar algunos niños cuando se sienten libres para hablar, cuando saben que nadie va a juzgar sus palabras y, muchos menos, sus sentimientos.

Y usted ha pretendido juzgar ahora si el espacio que Mario comparte con su padre cuando este se desplaza a Madrid para poder estar con él es tan "óptimo" como el de la madre. ¿Sólo les importa a ustedes el espacio físico? ¿De verdad es que quieren ustedes ver tan poco? ¿Tan poca memoria tienen? ¿Olvidan tan rápido que, en la mayoría de los casos, han sido ustedes mismos los que han condenado a los padres a vivir con menos medios económicos que las madres? ¿Han olvidado que esa mejor condición económica de las madres se mantiene, en la mayoría de los casos, gracias a los padres que, eso sí, para pagar, todo el mundo quiere que sigan siendo padres? Para eso, Señoría, no hay régimen de visitas.

Para recibir dinero y patrimonio, cualquier momento es bueno. Ustedes les están culpando de haberles dejado sin poco más que su dignidad. Primero les expolian y después les recriminan su escaso poder económico al que ustedes mismos les han condenado y utilizan esa situación para quitarles también a los hijos porque el hogar de la madre, según ustedes, reúne mejores condiciones. ¿Se da usted cuenta de la hipocresía y del absurdo?

Juan Carlos y Mario son padre e hijo y quieren estar juntos. Deje crecer a Mario en paz, permítale seguir siendo niño. No crecerá antes de tiempo porque viva en un espacio sin lujos: así creció la mayoría de la generación anterior, así crecen muchos niños felices.

Sí crecerá antes de tiempo si le alejan de las personas que más ama porque tendrá que endurecer su corazón.

Por favor, Señoría, dejen a los niños vivir su infancia, no permitan que ensucien su inocencia… déjenles ser niños, libres en los sentimientos, amando a las dos personas que les llamaron a la vida y sin tenerse que sentirse mal por ninguno de los dos. Déjenles ser niños con un corazón completo y sano. No les roben la mitad del corazón. Romper un corazón inocente sí que debería estar castigado por la ley.

Si ha llegado usted hasta aquí, en nombre de Mario, gracias.

Pilar morales Ibáñez

http://www.lexfamily.es/revista.php?codigo=414

17 Jun 2008

Los Hijos Compartidos

Escrito por: apamos el 17 Jun 2008 - URL Permanente

En el artículo titulado Los hijos como propiedad, publicado en este diario el 11 de junio pasado, Luisa Castro exponía sus argumentos en contra de la custodia compartida y defendía entre líneas la tesis de que los hijos son y deben seguir siendo por naturaleza propiedad de las madres. Paradójicamente, la señora Castro acusaba a los padres varones que piden la custodia compartida de este afán de apropiación sobre los hijos, echando mano para ello de viejos y polvorientos términos en latín (Pater Familias), aparte del socorrido comodín de la amenaza del retorno del patriarcado.

Su tesis se reduce, en esencia, a una vieja polémica: la dicotomía entre la naturaleza y la ley, o entre la naturaleza y la cultura. Según su opinión, la custodia de los hijos debe ser concedida a la madre pues es una cuestión de respeto a la naturaleza, de manera que la ley no debe ir contra esta naturaleza, sino ser su correlato. Es decir, el Estado no debe imponer la custodia compartida, si no es con el visto bueno de la madre, pues es la ley natural de la madre, figura ésta sí absolutamente necesaria, la que debe prevalecer. Estos planteamientos naturalistas y maternalistas no se sostienen ni desde el punto de vista del derecho contemporáneo, ni desde el punto de vista de la actual psicología evolutiva.

En los Estados democráticos es inconcebible que el derecho de una parte se haga depender de la autorización de la otra parte en litigio, pues en ese caso hay una parte que es a la vez juez y parte. Justo lo que ocurre en nuestro país con la custodia compartida, pues su concesión depende del beneplácito de la madre. Lo que preconizan quienes defienden la custodia compartida sólo con acuerdo es en realidad el derecho de veto de una parte (la madre), es decir, un contraderecho o privilegio basado en la variable del sexo.

Desde el punto de vista de la psicología, los mitos relativos a la necesidad que tiene el menor de la madre como figura de apego prioritaria por naturaleza hace tiempo que están superados por la ciencia. La psicología actual se decanta por los beneficios que tiene para el niño el apego múltiple, con independencia del sexo de los referentes. Es decir, nada más enriquecedor y fomentador de la autonomía personal y del desarrollo psíquico y emocional del menor que la conservación de una pluralidad de referentes primarios que, además, le quieren y le reconocen como ser querido. Y nada más dañino para la autoestima y estabilidad de un niño que el alejamiento forzado e injustificado de uno de sus padres y, en general, de cualquier otro ser querido, pues cuando se rompen los lazos de un menor con su padre también se destruyen los vínculos con toda la familia paterna.

En realidad, las coartadas para justificar el derecho del progenitor custodio a trasladar al menor geográficamente a donde le plazca no son más que malas coartadas. ¿Cómo puede ser bueno para un menor apartarle de sus seres queridos, de su entorno de referencia estable, de su universo relacional ya definido? Es una aberración defender, bajo pretexto de una presupuesta inocencia sobreprotectora de la madre, que el niño necesita ser llevado a una burbuja totalmente controlada por esta última, lejos de la perniciosa influencia del padre, siempre sospechoso, cómo no, de impulsos de dominación irreductibles y primordiales.

El niño no necesita el control exclusivo de la madre. Ni del padre. El niño necesita la participación de los dos en su crianza, en su cuidado y en el roce cotidiano. Porque como decía la copla, sin roce no hay cariño. Y eso es lo que más obsesiona a algunas recelosas madres, como la tristemente famosa letrada María Dolores Martín Pozo, presunta inductora del asesinato de su ex marido Miguel Ángel Salgado; mujeres que no quieren compartir con ningún igual el cariño del ser amado, el amor de los hijos, por cuya escritura de propiedad exclusiva se afanan en batallar por todos los medios a su alcance y desde los más altos castillos.

Los niños no son una propiedad, y no se pueden partir, como sí se puede partir una casa, cuyo valor material no obstante tampoco se parte, porque va en el mismo lote que la propiedad materna de los hijos. Claro que los hijos no se pueden partir, pero sí se pueden y se deben compartir. Tal vez todos deberíamos empezar a conjugar el verbo compartir, pues es nuestra obligación con nuestros hijos e hijas. Y en caso de no aprender a conjugar el verbo por nosotros mismos, entonces el Estado debería poner a cada uno en su sitio e imponer el derecho allí donde todavía no ha llegado. Precisamente para que haya más familias felices, porque como decía Tolstói, las familias felices no tienen historia, y hoy por hoy en nuestro país hay demasiadas familias y demasiados niños que arrastran una tortuosa historia.

Àssun Pérez Aicart, coordinadora de la Plataforma Feminista por la Custodia Compartida, y Fernando Basanta Ortega, vicepresidente de la Confederación Estatal de Madres y Padres Separados.

20 Mar 2008

Carta abierta de un padre

Escrito por: apamos el 20 Mar 2008 - URL Permanente

Quisiera que alguien me explicase dónde están mis derechos y por qué no existe esa igualdad por la que llevamos luchando muchos años, hombres y mujeres. Porque de qué sirve que la sociedad evolucione y que los tiempos cambien, si las personas de las que depende la justicia de este país siguen con la mentalidad de años atrás.

Nuestra sociedad ha cambiado mucho respecto en los últimos 20 años. Hoy por hoy, en una familia, tanto la mujer como el hombre trabajan fuera de su casa, compartiendo así la carga económica y teniendo que llegar a un acuerdo entre los dos para poder llevar el trabajo, la casa y los hijos.

Éste es mi caso. Me casé con 27 años y junto a mi mujer decidimos formar una familia con lo que eso conlleva, teniendo en cuenta que era necesario que los dos siguiéramos trabajando.

Tuvimos la primera niña y nuestra vida cambio por completo, tanto para mi mujer como para mi. Todo paso a un segundo plano, porque lo más importante era nuestra hija.

Aprendimos juntos lo que suponía ser padres, pasar las noches en vela cuando estaba malita o saber lo que había que hacer en cada situación nueva para nosotros, ya que nadie te enseña a ser padres y tienes que aprender por ti mismo.

Cuando mi hija tenía tres años, llegó mi segundo hijo. Con el segundo todo es distinto, ya que tienes más experiencia y desaparecen esos miedos que tienes con el primero, pero asumes una nueva responsabilidad.

Nuestras vidas cambiaron, teníamos nuestros trabajos y la responsabilidad de dos niños que asumimos de igual modo, tanto su madre como yo: sus cuidados, su educación, su bienestar, sus necesidades, sus juegos. No podría entenderlo de otro modo, ya que cuando decidimos tenerlos, lo decidimos los dos.

Una decisión que lo cambia todo
Todo cambia un día cuando al levantarte, tu mujer te dice que ya no te quiere, tu vida se derrumba a tus pies, sin explicarte qué es lo que has hecho mal. A partir de ese momento, todo cambia para ti.

En un primer momento intentas que todo se solucione, que las cosas vuelvan a ser como antes, pero te das cuenta que no puede ser.

Cuando llega el momento de la separación, lo único importante para mi son mis hijos por lo que intento llegar a un acuerdo con mi mujer para tener la custodia compartida y así poder seguir ejerciendo de padre, siendo participe de su desarrollo y educación, tal y como había sido hasta ese momento. Su respuesta es negativa, pero además te das cuenta que no conoces a la persona con la que has estado compartiendo mas de 15 años de tu vida, y de repente pasas del 50% al 0%, en todo.

A pesar de su negativa y coincidiendo con la nueva ley del divorcio exprés y la custodia compartida, decido luchar por la custodia compartida de mis hijos, porque creo que me necesitan de igual modo que a su madre y porque asumí una responsabilidad muy grande cuando decidí tenerlos, y esa decisión es para toda la vida.

Antes del juicio, tuve que pasar una evaluación llamada psicosocial, en la que tuve que demostrar ante un psicólogo y un asistente social que soy un buen padre y que estoy capacitado para cuidar a mis dos hijos de 10 y 7 años.

Además de mi evaluación, hicieron pasar a mis dos hijos por lo mismo, para poder corroborar todo lo que yo les había dicho. Su madre también paso por la misma evaluación por petición de ella, ya que una mujer no necesita demostrar que es una buena madre.

Cuando los evaluadores recomiendan la custodia compartida...
El informe obtenido después de la evaluación psicosocial determinaba que, en nuestro caso concreto, la custodia compartida era recomendable para el bienestar de nuestros hijos y su evolución.

Según solicito mi mujer, hubo un primer juicio para determinar medidas cautelares. Una vez salió la sentencia de las medidas cautelares, la jueza determinó que los niños estarían lunes, miércoles con la madre, martes y jueves conmigo, y fines de semana alternos.

Estas medidas duraron varios meses hasta que salió el juicio. Durante estos meses, mis hijos estuvieron encantados con esta nueva situación, influyendo favorablemente en su evolución diaria y escolar.

El día del juicio, yo estaba relativamente tranquilo, porque las personas más capacitadas para determinar que es lo mejor para mis hijos me daban la razón y consideraban que mis hijos necesitan a su madre y a su padre en la misma medida, como así lo considero la fiscal y la jueza en una primera sentencia, por lo que considere que no habría cambios.

... y una sentencia determina lo contrario
Una vez recibida la sentencia, mi sorpresa fue, que la jueza que instruyó el caso y que sentenció en una primera vista las medias cautelares, citadas anteriormente, determina que la custodia es para la madre, limitando mi derecho a ejercer de padre en una hora, dos días a la semana y un fin de semana cada quince días.

Decido recurrir la sentencia, porque creo que la jueza no ha tenido en cuenta la recomendación del psicólogo y que ella sabrá mucho de leyes, pero no lo que es mejor para mis hijos, además de que su sentencia es contradictoria a la anterior.

Pasaron diez largos meses, en los que tuve que acatar la decisión de la juez, hasta que salió la resolución del recurso. Esta vez, estaba convencido de que los jueces que revisaran el caso, interpondrían lo que era mejor para mis hijos sobre los intereses de su madre, teniendo en cuenta el informe favorable a la custodia compartida, emitido por la única persona capacitada para determinar este hecho. Me equivoqué de nuevo, y tres jueces determinan que la custodia es para su madre, aludiendo que me la niegan al no estar de acuerdo la madre.

Digo yo, si mi ex mujer y yo hubiéramos estado de acuerdo en la custodia compartida de nuestros hijos, no hubiéramos tenido que recurrir a la justicia para que consideraran que es lo más justo. En este sentido, ¿es lo más justo lo que los jueces han determinado?, ¿el argumento que han dado para tomar la decisión, es el más justo?, ¿dónde esta la justicia?. Yo, sinceramente, creo que no existe. O al menos no se ha hecho conmigo. Conozco mis obligaciones y las cumplo, pero ¿dónde están mis derechos como persona, y como padre, o el derecho de mis hijos a tener un padre?

Cómo explicar a un niño de siete años, cuando te insiste en que quiere estar más tiempo conmigo, que según la decisión del juez debe estar con su madre, que no es porque yo no quiera estar más tiempo con él, si no porque tengo que cumplir con lo que un juez ha determinado, sin importarle lo que mi hijo quiere o necesita.

Padre comprometido
Quiero ser el padre de mis hijos, no ese señor que los recoge cada 15 días y que cada vez sabe menos de ellos.

Todos sabemos que el roce hace el cariño y que los niños tienen la memoria corta, que toda relación esporádica se enfría y esa complicidad que tengo con ellos, se pierde. No quiero compartir un rato de juegos con ellos, ¡ME NIEGO! Quiero ser su padre, poderles preguntar que tal en el cole, poder ayudarles a hacer los deberes, poder compartir sus aficiones, poder cuidarles cuando están malos, poder regañarles cuando hacen algo mal, poder bañarles, en conclusión, poder educarles.

¿No estamos luchando por una igualdad entre hombres y mujeres?, ¿dónde esta esa igualdad?, cuando he perdido a mi familia, mis hijos, mi casa y la posibilidad de rehacer mi vida, ya que económicamente voy a depender de mis padres para poder vivir.

De qué sirve que las leyes se cambien, si los jueces no las aplican.

Sinceramente creo que algo estamos haciendo mal, que no existe igualdad y que las decisiones de los jueces no están acorde con la realidad que estamos viviendo.

Hace unos años, se beneficiaba a la mujer en un proceso de separación, porque ejercía de ama de casa, llevando la responsabilidad de la educación y el cuidado de los niños, ellas solas, y dependían de su marido económicamente. Lo más justo era que la situación siguiera siendo lo más parecida hasta el momento de la separación. Hoy en día la realidad es otra bien distinta: los dos trabajan fuera de casa y los dos comparten la responsabilidad y el cuidado de los niños, o por lo menos es mi caso. Y me pregunto: ¿por qué sigue siendo favorable a la mujer todo lo relacionado a la separación, tanto emocional como económicamente?, ¿tienen más derechos por ser mujer que un hombre?, ¿de qué igualdad se habla?

Decepción y búsqueda de justicia
Quien me iba a decir a mi, que cuando decidí tener a mis hijos, que después de quererlos como a nada en este mundo, después de cuidarlos, educarlos y necesitarles, porque sin ellos mi vida ya nunca va a ser lo mismo, que con los años alguien ajeno a su madre y a mi mismo iba a decidir cuándo puedo estar con ellos.

Me gustaría que esos jueces de quien depende LA VIDA de otras personas, reflexionaran y tuvieran en cuenta las circunstancias de cada caso, así como la repercusión de su decisión y, sobre todo, los derechos de los niños. Porque, ¿quién va a querer lo mejor para el bienestar de un niño que un padre comprometido?, ¿quién va a querer mejor que yo a mis propios hijos?

Ángel Ruiz Miguelez
http://www.sanborondon.info/content/view/3376/38/

10 Mar 2008

¿POR QUÉ?

Escrito por: apamos el 10 Mar 2008 - URL Permanente

05 Mar 2008

Una ignominia común y legal

Escrito por: apamos el 05 Mar 2008 - URL Permanente

AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA (Diario Público)

Juan y María, con mucho esfuerzo, se compraron una casa. En ella criaron a su único hijo y vivieron hasta que se hicieron mayores.

Entonces decidieron mudarse a un piso más pequeño y le dejaron la casa al hijo, que se había casado y tenía a su vez dos niños. Poco después, su nuera pidió y obtuvo el divorcio.

Obtuvo también la custodia exclusiva de los nietos de Juan y María; para ello le bastó negarse a la custodia compartida que pedía el padre, lo que le permitió, como en el 95% de los casos, convertir en visitador al progenitor varón. Obtuvo, además, una pensión de alimentos que dejó reducidos los in-gresos de su ex marido al límite de la subsistencia. Y obtuvo, por último, el uso de la casa de Juan y María, a tal efecto denominada “hogar conyugal”.

Desde entonces, el hijo de Juan y María vive acogido por ellos, los tres en el pisito de la anciana pareja. La ex nuera de Juan y María disfruta, con el hombre con el que ha rehecho su vida, de la casa que en el registro sigue a nombre de sus ex suegros. No es un cuento de terror.

Es una historia real de la España de hoy. Donde aumentan los derechos civiles, sí, pero no para los padres separados y divorciados y sus familias, que pueden verlos mermar hasta lo inverosímil.

María, por más que se empeña, no siente que la ley la proteja como mujer y madre. Pero es de izquierdas y, con todo, votará a ZP. Algún día, confía, pondrá fin al abuso que sufre junto a su hijo. Que también es de izquierdas.

21 Feb 2008

Por la igualdad en la custodia de los hijos

Escrito por: apamos el 21 Feb 2008 - URL Permanente

Cristina Ogazón (La Vanguardia 20/02/2008)
A propósito del artículo '¿De verdad quieren la custodia? El 93% de hombres no la piden. Los médicos niegan que exista el síndrome a alienación parental' (pág. 33 de 'La Vanguardia' del 19 de febrero del 2008):

Profesionalmente debo de ser muy afortunada, dado que, tal vez aúno ese estadístico 7% de padres, en toda España, que sí quieren la custodia de sus hijos. Y, digo afortunada, porque es muy buena noticia el conocer que los padres quieren, tras una ruptura de la convivencia con su pareja y/o esposa, seguir en contacto con sus hijos, participar en su formación integral, alimentarlos, velar por ellos, tenerlos en su compañía, y en definitiva dar cumplimiento a todos los deberes y derechos inherentes a la patria potestad y a la guarda y custodia de los hijos.

Aún tengo que conocer, después de 15 años de ejercicio, a un sólo padre, cuyos motivos para solicitar una guarda y custodia de sus hijos, ya bien sea unilateral o compartida, fuesen otros que los enumerados en el párrafo anterior. Si bien, no puedo decir lo mismo del otro lado, dado que, a cuenta de negociarla, sí he experimentado propuestas económicas de distinta índole.

El artículo 159 del C. Civil en su redacción dada, antes de la modificación por la Ley 11/1990, de 15 de octubre, rezaba: "Si los padres viven separados, y no decidieren de común acuerdo, los hijos e hijas menores de siete años quedarán bajo el cuidado de la madre, salvo que el juez, por motivos especiales proveyere de otro modo".

Si bien este artículo y otros fueron modificados para tratar a ambos progenitores en estricto cumplimiento del principio de igualdad y no discriminación por razón de sexo, la realidad judicial existente, hace unos años, era que las guardas y custodias de nuestros hijos se seguían atribuyendo a la madre, debido a la existencia de una realidad social que era consecuencia directa de la anterior, a destacar:

1. La no petición de la misma por parte de los padres.
2. El hecho de que durante la convivencia era la madre quién, de forma exclusiva o en abundancia, realizaba todas o la mayoría de las funciones de cuidado, vigilancia, educación y domésticas de sus hijos.
3. La mayor flexibilidad horaria de la madre, dado que, ésta o no trabajaba fuera del hogar o lo hacía de forma parcial.
4. La falta de regulación legal de la figura de la guarda y custodia compartida.

Y, pobre de aquel padre, que fuese a un despacho de abogados con una realidad diferente porque, a parte de ser conocido en todo el vecindario como un auténtico "calzonazos", o probaba que su ex mujer era la más bruja de entre todas las brujas, o no tenía posibilidad alguna de que prosperase tal descabellada petición (cuidar y vigilar a sus hijos).

Hace ya tiempo que nuestro panorama cultural y social ha cambiado, produciendo la existencia, cada vez mayor, de padres con perfil custodio. De padres que atienden a sus hijos, asisten a las reuniones de los colegios, los acompañan a pediatras, juegan con ellos, realizan su seguimiento escolar, les compran su ropa, los llevan a las actividades extraescolares, les cocinan, los acuestan, los levantan y vigilan su sueño.

De esos mismos padres que no entienden, porque tras la ruptura y existiendo una legislación que no distingue entre sexos, y llevando 5, 10, 0 12 años haciendo todas esas funciones con sus hijos, necesitan el consentimiento de la ex mujer para plantear una guarda y custodia compartida al señor/a juez, ante el temor, más que fundado, de que la guarda unilateral más bien le va a ser vedada y que la compartida, en un procedimiento contencioso, es misión casi imposible.

Insistiré en que el principio de protección de los menores está recogido en nuestro ordenamiento jurídico en múltiples normas, tanto en sentido positivo de procurarles un beneficio, como en sentido negativo, de evitarles un daño. Por señalar, una entre tantas, citaré la Convención de Derechos del Niño de fecha 20 de noviembre de 1989, ratificado por España, dónde se tutela el derecho del menor a seguir contando de forma real y efectiva con un padre y una madre.

Atendiendo a éste gran axioma "la protección del menor" a ver si entre todos (abogados, juristas, magistrados, fiscales, mediadores, peritos, legisladores y ciudadanos padres y madres) ponemos más ciencia en éste asunto y no desgarramos a nuestros hijos, tras un proceso de crisis matrimonial y/o de pareja, de la estancia, comunicación, desarrollo afectivo, efectivo y presencial de ambas figuras tan importantes, la madre y el padre.

En cuanto al psiquiatra Sr. Gardner y el SAP, sabiendo la que suscribe de no ser este posible "síndrome" una materia nada pacífica, no se debiera mezclar el autor y su obra, o lo que es lo mismo, calificar la obra atendiendo a la vida del autor, porque de incurrir en ese tipo de valoraciones nos vamos a cargar literalmente de un plumazo muchos descubrimientos científicos, médicos, históricos y de todas las demás artes y ciencias.

Lo denominemos SAP o "pepito" lo que se traslada a los Juzgados no es "una obediencia al padre de familia disfrazada de ciencia", sino una problemática real que sufren determinados menores, que tras la ruptura de la convivencia de sus padres, viven con el progenitor custodio, en un exceso de celo, recelo y abuso, con consciencia o sin ella, una conducta que provoca en ellos un rechazo hacia la figura del otro progenitor, hasta tal punto que le repudian y evitan comunicarse con él.

Huelga añadir que la probática de estas determinadas situaciones es complicada y difícil, quedando en poder de los jueces, la interpretación y valoración de los Informes y otros medios de prueba que se utilicen para tal fin.

2/3 partes de la pobreza mundial está representada por mujeres. En la actualidad existen todavía dos países dónde la mujer no puede ejercer el derecho de voto. Hemos sido y somos una fuente insaciable para las mafias de prostitución sexual y esclavitud infantil. En determinados países siguen arraigadas costumbres y legislaciones que nos mutilan el cuerpo y la mente (ablación de clítoris, existencia de la dote, incapacidad de obrar y jurídica).

Durante muchos siglos nuestra actividad intelectual ha estado vedada, negada e incluso perseguida. Seguimos ostentando ridículas cuotas de poder político y social, y en los países desarrollados, dónde teóricamente existe igualdad de sexos, siguen existiendo diferencias abismales en retribuciones, equidad y accesibilidad en oficios de medios y altos cargos. El tratamiento de nuestro sexo en la mayoría de textos religiosos también da que pensar. Y así podría estar escribiendo folios, folios y folios de soberana injusticia.

A veces pienso que ojalá llegue el día en que las mujeres tengamos una participación igualitaria, o mejor dicho, mayoritaria, en todas las esferas de poder (política, social y religiosa) para así intentar cambiar este mundo de guerras, discriminación, abusos, racismo, etc. pero ello no es óbice para secundar cualquier atisbo de injusticia que haya al otro lado, sino ¿qué es lo que vamos a mejorar?

Por ello debemos empezar por aceptar y compartir con el hombre la educación y formación de nuestra prole, porque por el mismo rasero, tal y cómo está éste nuestro mundo, en tal atribución ostentada hasta la fecha, casi en exclusiva, tampoco la hemos ejercitado tan bien.

10 Feb 2008

A la calle a reivindicar justicia

Escrito por: apamos el 10 Feb 2008 - URL Permanente

http://lacomunidad.elpais.com/custodiacompartida/2008/2/10/miles-padres-se-manifiestan-madrid-la-custodia

MADRID.- Miles de personas se han manifestado en la capital a favor de la custodia compartida de los hijos tras un divorcio y han prometido que, en las elecciones generales, votarán a los partidos que den preferencia a esta opción en sus programas electorales.

La protesta, convocada por la Confederación Estatal de Madres y Padres Separados/as y que partió de la madrileña Plaza de Callao, estuvo encabezada por una gran pancarta, rodeada de globos de colores, en la que se exigía "custodia compartida, ya".

Los manifestantes tiñeron sus manos de color azul y rosa, en recuerdo de ambos progenitores, y repartieron en forma de medicamento preventivo la custodia compartida, como "tratamiento más eficaz para suavizar y eliminar muchas de las alteraciones que sufren los menores".

En el prospecto del fármaco simbólico, recomendado por psicólogos y pedagogos, se asegura que elimina el rechazo al padre no custodio, protege al menor de manipulaciones, reduce las denuncias falsas, el impago de pensiones, los conflictos en separaciones y mejora el desarrollo emocional de los adolescentes.

"Los papas discriminados hablarán en marzo 08" y "No votes a ningún partido que no apoye la custodia compartida" fueron algunas de las proclamas de la movilización, en la que se criticaron leyes promovidas por el Ejecutivo socialista como las referidas al divorcio, la violencia de género y la igualdad.

Contra Zapatero

El portavoz de este colectivo, Francisco Zugasti, ha declarado que "del PSOE no esperamos nada, desgraciadamente", porque ha apostado por "leyes discriminatorias que sacrifican derechos civiles fundamentales". "Se niegan a hablar siquiera con nosotros", lamentó.

Algunos padres y madres, vestidos con monos de color naranja, portaron pancartas en las que se podía leer "Yo también vivo en Guatánamo" y "ZP maltratador".

Zugasti subrayó que las iniciativas legislativas del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no favorecen la igualdad de género sino que apoyan a las mujeres en detrimento de los hombres, dejan indefensos a los menores y llegan "al colmo de la estupidez".

En este sentido, recordó que para obtener la custodia compartida los partes "tienen que estar de acuerdo", algo poco frecuente en los divorcios, al tiempo que se descarta esta posibilidad en cualquier caso que haya "indicio de maltrato".

Denuncias falsas

De este modo, aseveró, "basta una denuncia" para que se niegue la custodia compartida a uno de los dos cónyuges pese a que el 80% de las que se presentan en estas situaciones terminen por demostrarse falsas.

Cambiar la legislación, a su juicio, evitaría muchos casos de violencia de género y la manipulación que los padres ejercen sobre sus hijos para que rechacen al otro progenitor, con la consecuencia del denominado síndrome de alienación parental.

Ante los comicios del 9 de marzo, pidió a los partidos que se comprometan a eliminar las "trabas y complicaciones" que se ponen a la custodia compartida, "cuando es la mejor opción según todos los expertos".

"No somos cajeros automáticos, ni delincuentes", dijo Zugasti en alusión a los padres, para recordar que "el problema principal son los pequeños que, ante esta injusticia, no pueden hablar".

La protesta concitó a niños, abuelos, tíos y primos que se declaran familiares afectados por estas medidas, y que se sumaron a la petición de que se reforme la Ley del Divorcio, puesto que "no ha servido para arreglar los problemas sino para agravarlos".

La manifestación, que tras atravesar la Puerta del Solo concluyó en la Plaza de Oriente, estuvo acompañada durante todo el itinerario por la melodía de pasacalles, juglares y varios grupos musicales.

26 Ene 2008

Un estudio más

Escrito por: apamos el 26 Ene 2008 - URL Permanente

Uno de cada cuatro niños cuyos padres se encuentran en proceso de separación con conflictos por su custodia padece el Síndrome de Alienación Parental o SAP, un estado provocado por la manipulación de los hijos por parte de uno de los progenitores (normalmente el o la que tiene la custodia) en contra del otro progenitor y que provoca, en mayor o menor grado, el rechazo de los hijos hacia este último.

Esta realidad es la que refleja un libro titulado « Conflictos entre los padres, divorcio y desarrollo de los hijos;, escrito por los profesores María Rosario Cortés, María Dolores Justicia y José Cantón Díaz, del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Granada. La obra salió publicada originalmente en el año 2000, pero ha sufrido revisiones posteriores acordes con los continuos cambios sociales en lo referente al divorcio en España en los últimos años, por lo que en 2007 volvió a publicarse con nuevos datos.

La realidad de la interferencia

El SAP es un término cargado de cierta polémica. Con él se define el proceso destinado a romper el vínculo de los hijos con uno de sus progenitores y fue propuesto por primera vez en 1985 por el también controvertido psiquiatra de la Universidad de Colombia, Richard A. Gardner. Hoy día, la existencia de este síndrome está de hecho muy cuestionada por los profesionales: la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Americana de Psicología, las dos instituciones más importantes del mundo en términos de salud y trastornos mentales, no reconocen su existencia.

De cualquier forma, tal y como declaró Rosario Cortés a Tendencias21, más allá de las polémicas «lo que sin lugar a dudas sí existen son las interferencias parentales, las situaciones en que uno de los progenitores interfiere en la relación de su hijo o hija con el otro progenitor. Esto es una realidad».

Estas interferencias consisten en que uno de los padres, al que se denomina «alienante», se sirve de la custodia del hijo para realizarle un lavado de cerebro en toda regla, basado en el dogmatismo, poniéndole en contra del otro progenitor, el “alienado”. En la mayoría de los casos, este proceso se produce de forma muy sutil, siendo frecuente que estos padres empleen frases del tipo “si yo te contara cosas de tu padre/madre…”, o hagan sentir culpables al menor por "abandonarles" simplemente por cumplir el régimen de visitas.

Síntomas del SAP

Los investigadores de la Universidad de Granada señalan que hay otras circunstancias que influyen en el desarrollo del SAP en los niños: su vulnerabilidad psicológica, la conducta y la personalidad de ambos progenitores, las dinámicas fraternales o los conflictos entre ambos padres. Con frecuencia, suele ocurrir que el niño no sólo llegue a rechazar a su padre, sino también a toda la familia y al entorno de éste. Abuelos, tíos, primos y las nuevas parejas del alienado se ven también afectados por este síndrome, llegando a ser prácticamente “borrados del mapa” por el niño que padece el SAP.

Los científicos aseguran que algunos síntomas en los niños permitirían detectar esta interferencia de uno de los progenitores entre la relación de sus hijos y el otro progenitor: justifican continua y sistemáticamente la actitud del padre alienante, denigran al progenitor alienado, no presentan ambivalencia en los sentimientos negativos hacia dicho progenitor, afirman que nadie los ha influenciado y que han llegado solos a adoptar esta actitud, la ausencia de culpabilidad por la denigración del progenitor ‘alienado' o contar hechos que manifiestamente no han vivido ellos mismos sino que han escuchado a otros

Este problema se da sobre todo en niños de entre nueve y 12 años, y no se han detectado diferencias significativas por sexos, señalan los investigadores.

Posibles soluciones

El Síndrome de Alienación Parental se produce con mucha mayor frecuencia en una situación concreta de divorcio: cuando éste es contencioso, es decir, no es de mutuo acuerdo. En casi el 25% de esos casos los niños son obligados a odiar, aunque sea injustificadamente o sin razón, a uno de sus progenitores por medio de manipulaciones. Al menos, según Cortés, “aunque los divorcios aumentan vertiginosamente en nuestro país, la cantidad de divorcios contenciosos ha disminuido en un 10% en los últimos años”.

Cortés señala que, en su opinión y en la de los otros autores, “la solución al problema de las interferencias parentales radicaría en otorgar a los padres la custodia compartida en todas las situaciones, incluso cuando los padres no estén de acuerdo con esta medida”. Según la autora, “de la revisión de estudios llevados a cabo al respecto de la situación de los niños tras el divorcio se concluye que la custodia compartida es la mejor solución y que los niños se adaptan bien a ella”.

Una vez que el SAP ha sido detectado, Cortés recomienda la mediación social para el tratamiento del problema o que el juez proponga la asistencia del niño o afectado a terapia.

27 Dic 2007

Carta a los Reyes

Escrito por: apamos el 27 Dic 2007 - URL Permanente

Queridos Reyes Magos:

Me llamo...

Este año no voy a pediros ningún juguete.
¡Quiero que me traigáis un gran regalo!
Quiero estar más tiempo con PAPÁ, para jugar, reírme, ir con él al colegio, o que me recoja a la salida, comer con él, dormir en su casa, y que también pueda regañarme como MAMÁ, pero a ser posible poquito, ya que voy a portarme muy bien. MAJESTADES, espero que hagáis todo lo posible para que el próximo año 2008, ayudéis a MAMA, a su Abogado y a una tal señora "JUSTICIA" a entender que soy hija de MAMA y también de PAPA...

Os pido que ayudéis a MAMÁ y a PAPÁ a que consigan hablar sobre lo que es mejor para mí. Así conseguiremos que poquito a poco se lleven mejor. Eso me haría muy feliz (También a ellos, aunque todavía no lo sepan)
Hace varios años, cuando yo era más pequeña, mis PAPÁS decidieron que ya no deseaban seguir viviendo juntos... Entonces mi PAPÁ pensó que lo mejor para mí era que yo estuviese el mismo tiempo en casa de MAMA que en casa de PAPÁ, ya que los dos quieren estar conmigo, y como yo también quiero estar con mi MAMÁ y con mi PAPA creo que hubiera sido la mejor decisión para los tres...

No se por qué, pero mi MAMÁ quiere que sólo viva con ella (aunque yo piense que estaría muy bien viviendo unos días con mi MAMÁ y otros con mi PAPA) y le pidió a la señora JUSTICIA que la custodia se la diera sólo a ella. Me parece que eso quiere decir que sólo puedo estar con mi PAPÁ cada quince días y algunas horas por las tarde, y esto a mí no me gusta nada. La verdad que no lo entiendo, si a mi nadie me ha preguntado y la señora JUSTICIA no me conoce, ¿cómo sabe que es lo mejor para mí?
Yo quiero estar con los dos por igual.

Yo no tengo ningún problema por estar unos días en casa de PAPÁ y otros días en casa de MAMÁ. También paso mucho tiempo en el cole, en casa de mis abuelos y no pasa nada. Mis papás dicen que les gustaría estar más tiempo conmigo, pero me dicen que han de ir a trabajar y cosas parecidas.

Yo de mayor no quiero trabajar porque entonces aún veré menos a mis papas.
Pero me han explicado que llegará el día que tenga que trabajar. Bueno, si es así, tendré que hacerlo. También tengo que comer pescadito, verduritas, lavarme el pelo y si os digo la verdad me gusta muy poco.

Quiero que sepáis que MAMÁ y PAPÁ se portan muy bien conmigo, han sido muy buenos este año. La verdad han sido buenos conmigo desde que los vi por primera vez, aquel día de año nuevo de hace casi diez años, que fue cuando yo nací.
Sé que estos últimos años lo han pasado mal, como yo, pero siempre que los veo preocupados yo les digo: "no estés triste, anda ven a jugar conmigo", y se ríen. Por eso tengo que pediros otro pequeño favor: no os olvidéis de traerles algún regalo de los que han pedido, se pondrán muy contentos y yo también.

Y sobre todo, y lo más importante: no os olvidéis de mi GRAN REGALO: decidle a la señora JUSTICIA que lo que yo quiero es estar el mismo tiempo con mi MAMÁ que con mi PAPÁ; creo que a eso lo llaman CUSTODIA COMPARTIDA.
Esto es lo que yo quiero porque así mi PAPA y mi MAMA podrán verme crecer día a día... y yo sé que esto les hace mucha ilusión.
Gracias y sobre todo no os olvidéis de nada.
¡¡¡Ahhh, se me olvidaba!!! Cuando me traigáis mi GRAN REGALO, llevaros todos los regalos del año pasado, para que se los podáis dar a los niños que no tienen.
Mis papas me han dicho que hay muchos niños que se quedan sin regalos y eso esta muy mal.

Yo no los voy a necesitar porque tendré a mis papas.
Un abrazo para los tres.
Os quiere,

http://www.extremaduraaldia.com/cartas-al-director/queridos-reyes-magos/49963-2.html

21 Dic 2007

Custodia compartida ¿Por qué solamente en vacaciones?

Escrito por: apamos el 21 Dic 2007 - URL Permanente


Este viernes comienzan, por fin, las ansiadas y esperadas vacaciones de Navidad, tanto para los niños, adolescentes y jóvenes en edad de estudiar, como para los adultos. Vacaciones enormemente esperadas, pues soy padre separado (también he sido profesor y sé lo que las vacaciones significan para los profesores y los alumnos después de un larguísimo trimestre...)

Ya están aquí las vacaciones, llegaron por fin. Por fin mi hija (de nueve añitos) va a poder gozar de mi compañía, y yo de la compañía de mi hija durante un "tiempo suficiente". Algunos que lean estas líneas dirán qué ¿a cuento de qué dirá esto este buen hombre? Pues muy sencillo, mi hija pasa conmigo apenas una semana al mes. Y algunos seguirán preguntando ¿Es que este señor es una mala compañía, una amistad peligrosa, que su hija ha de evitar por algún motivo especial?

Pues miren ustedes: esa semana al mes (muchos padres no pasan con sus hijos más allá de cuatro días al mes) la conseguí tras un acuerdo-trampa con mi ex mujer (no exento de coacciones y amenazas diversas) y con la complacencia y la estimable colaboración de una señora juez de familia y un señor fiscal "de menores", que es de suponer que están para velar por "el interés superior de los menores" ("favor filli" lo llaman, perverso eufemismo) para "hacer justicia", para solucionar problemas y no ocasionar mayores problemas a las personas que a ellos acuden...

El argumento que se utilizó era que me debía dar por satisfecho, que bastante que me concedía "tanto tiempo" (se entiende que era la madre de mi hija la que nos concedía a mi y a nuestra hija "estar tantísimo tiempo juntos") Esos "grandísimos" periodos de estancia de mi hija conmigo pasan en un "santiamén", cada separación está llena de una enorme tristeza: Papá, y ¿no me puedo quedar un poquito más? Y ¿por qué no me puedo quedar esta noche a cenar contigo y a dormir en tu casa...? Hija es que "no toca"...

Todas las Navidades, desde hace casi siete años, me pregunto lo mismo (también todas las Semanas Santas, todos los veranos...) ¿es justo un sistema en el que las madres pueden decidir, cuando se separan de sus maridos, cuánto tiempo pueden pasar sus hijos con sus padres? ¿Por qué se me niega la custodia compartida de mi hija durante el curso escolar, y sí es admisible durante los periodos de vacaciones escolares? ¿Por qué "se me permite" pasar con mi hija casi la mitad del verano, y la mitad de las fiestas navideñas, y la mitad de la Semana Santa, y no en la primavera, el otoño y el invierno? ¿Es que durante el resto del año hay una epidemia de "padritis" de la que hay que preservar a mi hija a toda costa?

¿Por qué la Juez, el Fiscal y el Equipo Técnico Psicosocial adscrito a los juzgados, consideran que mi hija sí puede permanecer conmigo "sin traumas" la próxima semana, o cambiar cada quincena de domicilio en la época estival y no puede, ni debe, hacerlo durante el resto del año? Claro que, también es un enorme misterio que consideren que es bueno que mi hija pase más tiempo con terceras personas -canguros- los días de diario, en lugar de venir conmigo, a pesar de disponer yo de más tiempo que la madre para cuidar y educar a nuestra hija...

¿Será quizá que la Juez de Familia, el Fiscal de Menores, y el Equipo Técnico Psicosocial consideran que los hijos necesitan por igual a su padre y su madre durante las vacaciones escolares y, en cambio, necesitan exclusivamente a la madre durante el resto del año? Tal vez a alguna persona le parecerá una obviedad, una perogrullada, lo que estoy preguntando, pero todo ello es motivo de grandes sufrimientos para los menores que son condenados a una orfandad estúpida, cruel y evitable -al fin y al cabo una forma de maltrato a la infancia- y por otro lado una gran tragedia para cuantos padres (también alguna madre, aunque es una cantidad anecdótica) se ven privados del contacto con sus hijos.

Como decía, soy profesor jubilado, pasé una oposición y fui considerado apto, capacitado para educar a los hijos de otras personas; sin embargo la señora juez de familia y el señor fiscal de menores han decidido que "durante lo que dura el curso escolar" no estoy capacitado para educar a mi hija...

Dirán ustedes qué algún motivo legal o alguna razón científica habrá para ello. Otros opinamos que esto se llama discriminación por razón de sexo, y dictar sentencias injustas a sabiendas, o por negligencia o por ignorancia inexcusable...

Otro día hablaremos de prevaricación en las rupturas de pareja.

Carlos Caldito Aunión. Badajoz

Sobre este blog

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Hacia la justicia compartida. Perdón, quise decir custodia.

Desde la premisa tan manida, pero no por ello menos cierta, de que te separas del cónyuge pero no de los hijos, sufrimos un particular Vía Crucis con el objetivo de alcanzar el equilibrio absoluto en la relación paterno-filial a través de la controvertida (no entiendo por qué controvertida, pero lo cierto es que lo es) CUSTODIA COMPARTIDA.

A través de este blog, y a modo de cuaderno de bitácora, pretendo hacer público (por si no lo fuera ya) la encarnizada batalla que se adivina en la lucha contra un sistema sexista, cruel, injusto y en ocasiones obsceno que ningunea sin pudor el rol trascendental (como concepto filosófico más que como sinónimo de importante) del padre en la educación de sus hijos.

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