02 Dic 2009

El criterio del aterrizaje forzoso y el aborto

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 02 Dic 2009 - URL Permanente

No es lo mismo responder preguntas del alumnado en clase de moral que escuchar en el consultorio a quien solicita ayuda.

Cuando una persona dice que está angustiada y dudando, como en una encrucijada, si optar por el camino del norte o por el del sur, por el de la derecha o por el de la izquierda, no le ayuda que nos precipitemos a resolverle el problema imponiéndole una solución: “tire por el del norte” o “el bueno es el de la derecha”. Es elemental para la terapia explorar lo que hay tras de las palabras de quien expresa indecisión y perplejidad. ¿De veras está indecisa esa persona o, en el fondo, ha tomado ya una decisión?

Es posible que, en el fondo, haya dado ya el paso de optar por uno de los dos caminos, pero lo expresa en forma de duda, esperando que la apoyen o que la acompañen en su decisión. Si ha optado ya por el del norte, no le ayudará que le digamos “tire por el sur”. Pero si está solicitando apoyo para confirmar su decisión por el sur, la frutrará o decepcionará quien, deseando ser comprensivo, le ponga demasiado fácil el camino del norte.

Para acompañar a esa persona en su discernimiento necesitamos saber si ha pasado o no el “punto de no retorno”, por decirlo con una comparación aeronáutica. Despegó un avión de Madrid rumbo a Barcelona. Durante el vuelo se produce una situación de emergencia que aconseja aterrizar cuanto antes. ¿Qué decidirá el piloto? ¿Regresara al aeropuerto de partida, tratará de acelerar la llegada a destino, o intentará un aterrizaje forzoso a mitad de camino?

Si ha pasado ya el llamado “punto de no retorno” (“no return point”), no regresará a Barajas, pero si aún está lejos de Barcelona, quizás tendrá que optar por un aterrizaje forzoso en el aeropuerto más cercano.

Apliquémoslo a la siguiente escena en el consultorio. Dos muchachas, Teruko y Michiko (nombres nipones ficticios) expresan la misma incertidumbre. Por una parte, dicen, no quisieran abortar; por otra parte, se ven empujadas a hacerlo, en circunstancias extremas. Ambas dicen lo mismo, que están indecisas, mitad y mitad, entre el sí y el no.

A Teruko le dijo un confesor permisivo que “en su circunstancia se justificaba la excepción”. Teruko se quedo frustrada, porque no había pasado el “punto de no retorno”; en el fondo, aunque decía estar indecisa, esperaba y deseaba una ayuda para llevar a término su embarazo.

A Michiko le dijo un confesor riguroso que “de ninguna manera se justificaba su decisión, que sería criminal”. Pero Michiko había pasado ya el “punto de no retorno” y esas palabras no sirvieron para impedir la decisión que, en el fondo ya había tomado. No le ayudaron, sino solo sirvieron para angustiarla más, con peligro de hacer patológica la culpabilidad.

El confesor permisivo se precipitó a empujar al aterrizaje forzoso a quien podía llegar a destino con alguna ayuda. El confesor riguroso no evitó el accidente y, además, no hizo nada por facilitar que el aterrizaje forzoso no fuese fatal, ni por evitar otros males consiguientes.

Si uno y otro hubiesen seguido los consejos para confesores que daba el patrono de los moralistas, san Alfonso María de Ligorio, se habrían evitado ambos fallos. Hoy día, cuando tanto abunda el rigorismo moralizante excomulgador, por un lado, y la permisividad laxista por otro, convendría recordar la sabiduría pastoral de san Alfonso, tan bien aprovechada por el padre de la renovación de la teología moral en el siglo XX, el P. B.Häring (Libertad y fidelidad en Cristo, Herder, Barcelona, 1981).

A diferencia de la clase magisterial abstracta, la pastoral concreta consiste en acompañar a las personas en su toma de decisión. Se las ayuda a que tomen por sí mismas la decisión. Pero cuando han pasado el punto de no retorno, se las sigue acompañando de otra manera (no se las deja tiradas), aunque la decisión que hayan tomado no sea la que nos parece deseable. Se sigue acompañando antes, en y después a las personas que se autodeterminan autónomamente (como atinadamente explicaba Teresa Forcades), ayudadas por quienes acompañan el discernimiento. Imponer condenando o permitir facilitando son dos posturas que coinciden en no tratar a las personas como adultas, ni respetar su autonomía.

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9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

miguelherher dijo

buen post y buen razonamiento saludos.

Presbítero

Presbítero dijo

En el acompañamiento de una decisión los sacerdotes muchas veces caemos en el paternalismo. Influimos demasiadas veces en la opción personal de quien nos solicita consejo. Se puede aconsejar siempre dejando claro que la última decisión ha de ser de la persona. En el caso del tolerante, en un tema como el del aborto, es una pena que no se preste una ayuda real a esa mujer para llevar adelante su embarazo.
Podemos aconsejar con demasiada laxitud y no todo vale.

Luc

Luc dijo

Pues el obispo de Alcalá de Henares dice que es bueno que tiremos para la extrema derecha. Deberíamos escribir al Vaticano denunciando a estos obispos que apoyan públicamente a un partido y no acatan ni el magisterio que os exigen a otros.

carmina

carmina dijo

Pienso, que ni "imponer condenando", o "permitir facilitando" son acciones que resumen, las palabras emitidas en tu post, Padre Masiá, y en todo ello, considero que el tono de acompañamiento mas positivo, justamente no está en seguir el de la derecha o el contrario, el del norte o el sur, quizá lo que destacas como importante, es desarrollar lo que "sientes" y si ese sentir se entona con intensidad, con lo que "padece", quien ha tomado una resolución de vida.

Carmina

JMS.-

JMS.- dijo

Ni para uno mismo ni para los demás está claro cuándo la decisión está tomada. Eso del «point of no return», válido para aviadores, no cuadra igual de válidamente para las decisiones de la libertad. Se requiere serenidad, comprensión y empatía i.e. amor para acompañar y aconsejar a los demás.

Anónimo

Anónimo dijo

Vamos a ver si acierto con esto del anti spam, y entro a la primera.

Eso lo llamo yo "salto en el vacío". Resuelta la perplejidad en que se podría encontrar la persona con razones a favor o en contra, o sin terminar de resolverla por encontrarse en un empate, toma un camino, y las más de las veces lo que busca es afirmación y aprobación. Por más vueltas que se le den, el momento de la decisión es personal e intransferible. O sea, que nadie debe ni puede influir en nadie, ni forzando ni facilitando. Sí acompañando antes, durante y después.

Yo sí creo en ese instante, el de la decisión tomada, titúlese como se quiera, en el que la persona no quiere ya volver atrás, incluso con razones nuevas para modelar su criterio.

En la vida pastoral, no valen de nada o de muy poco, los vademecums al uso… Toda persona es única y sus circunstancias la hacen aún más irrepetible.

JD

JD dijo

Por una vez estoy de acuerdo con JMS. Tomar decisiones en situaciones difíciles e irreversibles te deja siempre en duda. Una vez tomada y ejecutada la decisión, siempre piensas ... ¿podría haber sido capaz de ...?. ¿Qué hubiera ocurrido si...?.
No sabemos de lo que podemos ser capaces, las potencialidades que entran en juego cuando alguien pone toda su voluntad, esfuerzo y todas sus energías en conseguir algo importante.
Por eso, menospreciar dichas potencialidades en aquellos que pasan por malos momentos en lugar de descubrirlas y hacerlas sacar a la luz, no es buen consejo.
Animar, serenar, dar esperanzas, quitar miedos e implicarse, sí, IMPLICARSE directamente con las personas y sus situaciones, eso es un verdadero acompañamiento.
La decisión es personal, pero la ayuda (no sólo de palabras) y la solidaridad, es cosa de todos.
Tengo experiencias en este sentido y he podido comprobar que ante situaciones adversas solemos perder la esperanza, nos cegamos y desesperamos con una visión negativa inducida por el miedo, sin tener en cuenta que la vida siempre trae algo nuevo, inesperado, que puede hacer dar un vuelco a nuestra situación personal.
La primera consigna de nuestra sociedad es buscar ante todo el bienestar. Pero mal vamos si no somos capaces de arriesgar parte de este "bienestar" por algo más importante.
Antes de aterrizar a medio camino, mira mejor si conviene tomar ese avión que no te llevará a ninguna parte. La educación, en y para las relaciones personales, unida a una buena educación sexual, hará que estemos en condiciones de discernir adonde vamos por voluntad propia y adonde nos puede llevar una cultura que propicia lo fácil, lo inmediato, lo débil, y que bajo barniz de libertad nos ata y arrastra a lo más inhumano. La verdadera libertad no es sólo capacidad de elección, existe una libertad creativa. Hay quien se encuentra en situaciones límite, desposeído de toda capacidad para elegir, privado de toda libertad, pero nadie puede arrancarle la libertad de decidir cuál será su actitud personal ante dicha situación (V. Frankl).
No niego que haya personas en situaciones desesperadas, casos en los que no hay otra solución y no podemos decidir por ellas ni coartar su libertad. Pero también las hay que salen adelante con esfuerzo y que gracias a ese esfuerzo y ayuda solidaria de otros, maduran y se hacen más humanas.
El proceso de humanización no puede separarse del sufrimiento, sencillamente porque forma parte del misterio de la vida y sólo la solidaridad puede mitigarlo. Dicha solidaridad propicia investigaciones para mejorar las condiciones de vida, ayudas humanitarias, leyes más justas y políticas sociales... pero todo esto no erradicará totalmente el sufrimiento.
Al final, sólo queda la actitud que adoptemos frente a él personal y comunitariamente.

carminahegar

carminahegar dijo

Dos criterios, el del "cortafuegos" y el del "aterrizaje" forzoso, y un tema, el "aborto...
En México, se "discute", y hablo de discutir , porque eso se hace literalmente, este tema, del aborto, como el cuento de nunca acabar, porque percibo, que se hace desde un enfoque "intolerante", que sobrevuela lo totalitario, y en medio del folklor que nos caracteriza, hasta es abanderado por partidos políticos para sumar votos, cuando son opuestos por antonomasia a los criterios eclesiales, y en el se oponen y se cierra a cualquier postura, que dicen, vaya en contra de la ¡vida! del no nato...aunque reconozco, que no toda la iglesia piensa igual, y entonces vemos aparecer en los medios masivos de comunicación, a los que representan posturas encontradas, en donde solo existem los de derecha o los izquierdosos, los buenos que se erigen así mismos como dioses, únicos conocedores y poseedores de yerdades absolutas, obviamente serán "malos" quienes disientan, y peor aún sino militan partido político, los que busquen nuevos paradigmas, acojan, acompañen, den fortaleza a la mujeres que padecen, sufren o sienten miedo...

Carmina

Antonio Ostojic

Antonio Ostojic dijo

No estoy de acuerdo con la substancia del artículo. Una cosa es acompañar a una persona en confesión una vez sucedido el hecho y otra muy distinta es hacerse cómplice con la excusa del respeto a las decisiones. El homicidio intrauterino es un mal, y debe serle dicho con todas las letras al consultante, al que busca acompañamiento. Otra muy distinta es que, una vez sucedido el hecho, se haga el acompañamiento desde la misericordia, que necesariamente tiene como fundamento lel reconocer la verdad de lo que ha sucedido. Acompañar no es justificar o ayudar a la autojustificación. Las cosas son más claras de lo que usted muestra, y no hay que recurrir a razonamientos laberínticos, muy simpáticos por otro lado, para no decir la verdad plena, que es lo que todos necesitamos cuando hemos pecado.

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SOBRE MÍ

Juan Masiá Clavel.

Jesuita, Profesor de Ética en la Universidad Sophia (Tokyo) desde 1970, ex-Director de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas,, Investigador del Centro de Estudios sobre la Paz de la Sección japonesa de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz (WCRP), en Tokyo.

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