05 Sep 2012
MARTINI: OBISPO PARA EL ENCUENTRO
El titular no es errata. Le gustaba al pastor de la diócesis milanesa el simple tratamiento de obispo, sin exagerar eminencias cardenalicias o pompas pontificales. Los medios lo preconizaban papable, lo que no ocurrió en la sucesión de Juan Pablo II; aceleraba ya la enfermedad que acabó el pasado 31 de agosto con su vida fecunda.
Conocí la defunción mientras redactaba una presentación de su libro Credere e conoscere (Creer y conocer, 2012). Recomendaría la traducción al castellano de este diálogo con el cirujano Ignazio Marino, que completa la famosa entrevista de ambos: Diálogo sobre la vida (L’espresso, 21-IV- 2006).
Tengo que convertir la recensión en obituario, evocando a Carlo María Martini , muy humano y muy creyente, siempre con tiempo para el encuentro y la escucha. Practicó la pauta del Concilio para una Iglesia sin respuestas prefabricadas, que recibe luz y fuerza de evangelio para caminar buscando junto con las personas de buena voluntad.
Cuatro encuentros destacan en su vida ministerial: encuentro con la palabra evangélica, con la increencia, con la juventud y con la ciencia. Sus predicaciones y publicaciones fomentaron el encuentro con la palabra bíblica. Los diálogos que promovió en el “atrio que reúne creencia e increencia” configuraron un modelo hoy heredado en otros lugares para “aprender de todas las gentes”, en vez de abrumarles con respuestas. El encuentro con la juventud no fue de exaltación multitudinarias del culto a una personalidad dirigente, sino de diálogo directo y aprendizaje mutuo con “preguntas de verdad” difíciles de contestar.
Su encuentro con la ciencia nos devuelve al tema de las entrevistas citadas. Merecerían publicarse juntas en tomo de bolsillo las conversaciones Marino- Martini: ciencia y ética, lucidez y sensatez, sin reticencias ni miedo a lo “políticamente incorrecto” o “eclesiásticamente discordante”.
Sobre la actitud negativa vaticana ante la fecundacón in vitro “habría sido mejor, dice, no precipitarse a zanjar la cuestión, sino calcular las ventajas para ayudar a las personas”. En vez rechazar los diagnósticos de selección genética, insiste en “la pregunta principal ante el poder adquirido para decidirr sobre el nacimiento y la clase de vida de la descendencia”. Ante la medicina regenerativa, reconoce la necesidad de seguir investigando con las células troncales embrionarias: “Hay que razonar sin dejarse llevar por tomas de posición emocionales... La historia enseña la inutilidad de la oposición religiosa a la ciencia y técnica, como en el caso Galileo”. No excluye la “adopción pre-implantatoria” de embriones congelados, poniendo siempre el criterio del bien del nascituro.
En ética sexual antepone la premisa antropológica: “en la especie humana los comportamientos sexuales no están vinculados únicamente a la finalidad y tiempos de la reproducción, como tampoco son cuestión exclusiva de hormonas o cerebro, hay un papel característico en la respuesta personal al estímulo sexual. La sexualidad no tiende solo a la generación, sino a la comunión de las personas, al don de sí y a su vinculación estable”. Cuando le preguntan por el Sida, recomienda su prevención: “el uso del profiláctico puede ser un mal menor”. No es partidario de demonizar ni discriminar a las personas de orientación sexual minoritaria. Asiente a la defensa de la familia tradicional, pero puntualiza: “No comparto la opinión de quienes se oponen dentro de la iglesia a las uniones civiles. Ante personas, de diverso o del mismo sexo, que consoliden jurídicamente la estabilidad de su unión, no veo razón para oponerme. Se puede apoyar la familia tradicional sin expresar desde la Iglesia ninguna discriminación hacia otras uniones”.
Sobre la dignidad en el morir afirma la postura que ha mantenido ante su propia muerte: “Las intervenciones con nuevas tecnologías exigen sabiduría para no prolongar tratamientos que ya no ayudan a la persona, recurrir a la limitación terapéutica, sedar el dolor y prescindir de lo desproporcionado... El sufrimiento insoportable requiere terapia paliativa y comprensión para quien, en situación límite de la existencia, desea su liberación”.
Concluye la conversación con una invitación a la confianza humana en la vida y a la esperanza cristiana. Pide para sí y para otras personas librarse de la prueba del desánimo. La relectura de esas páginas me ha servido de responso por el descanso eterno de su autor.
SOBRE MÍ
Juan Masiá Clavel.
Jesuita, Profesor de Ética en la Universidad Sophia (Tokyo) desde 1970, ex-Director de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas,, Investigador del Centro de Estudios sobre la Paz de la Sección japonesa de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz (WCRP), en Tokyo.
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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Anónimo dijo
Después de Juan Xxiii, surgió Juan Pablo I y, en cuanto los curiales vieron su programa, lo mataron. Muerto Juan Pablo II parecía que Martini fuera el próximo Papa pero no: no lo logró el que no quería sino el que quería serlo. Y Martini quedó a la sombra en Milán recordando al Concilio Vaticano II ya practicamente enterrado por Woytila y Ratzinger.
Surgirá otro Papa que reivindique la renovación del Concilio?
Juan Antonio Navarro dijo
Buenos dias:
Grande -como siempre- Martini, abierto, no excluyente, comprensivo y sobre todo respetuoso, siempre proclive a puntos de encuentro; acabo de leer una sinopsis sobre sus dialogos con el profesor Marino y no tienen desperdicio, no creo que lleguen a la altura de los que sostuvo con Ecco -menudo elenco de personajes "secundarios"- pero los temas tratados -que no resueltos- son apasionantes y el tratamiento de los mismos, de rigor y respeto hacia la no coincidencia de ellos de gran admiracion.
Gracias por permitir mi humilde comentario.
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