15 Jun 2014

CIENCIA Y CONCIENCIA AL ALUMBRAR Y AL ABORTAR

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 15 Jun 2014 - URL Permanente

CIENCIA Y CONCIENCIA, AL ALUMBRAR Y AL ABORTAR

En la encuesta a favor o en contra del aborto, hay que cambiar la pregunta antes de dar la respuesta. Además, hay que hacer dos preguntas distintas. La pregunta ética : ¿En qué circunstancias se justifica éticamente la interrupción del proceso de alumbramiento de una nueva vida humana individual? La pregunta jurídica: ¿Qué límites legales puede poner la sociedad a las decisiones de dar a luz o de interrumpir la gestación, para proteger los bienes jurídicos, tanto de la mujer gestante como de la vida humana naciente?

Ciencia y conciencia son referentes ineludibles, tanto de la decisión de dar a luz como de la decisión de abortar. La interrupción responsable de un proceso de gestación en fase previa a la constitución de una nueva individualidad no es lo mismo que el aborto injusto como atentado contra la vida de un feto. No es lo mismo aborto injusto que interrupción responsable del embarazo. Puede haber ocasiones en las que sea irresponsable no interrumpir una gestación en su fase previa a la constitución de la individualidad, es decir, antes de que sea demasiado tarde para hacerlo sin que sea injusto contra el feto.

Aprendemos de la ciencia al estudiar el proceso biológico de diferenciación del embrión pre-implantado (dos primeras semanas), de constitución del embrión implantado (tercera a octava semana) y de desarrollo y crecimiento del feto (de la novena semana en adelante). La concepción no es un momento mecánico (conectar un echufe), sino un proceso vital (formarse y crecer un viviente): la interacción embrio-materna de la tercera a la octava semana, es decisiva para la constitución de la vida naciente; a medida que se aproxima el tercer mes del embarazo aumenta la exigencia de ayudarle para llegar a término.

Si aborto es la interrupción injusta e irresponsable de un embarazo, no toda interrupción voluntaria del proceso iniciado de gestación constituye un aborto en el sentido éticamente negativo de este término. Pueden darse casos en que la decisión de interrumpir un embarazo en sus primeras fases se adopte precisamente para evitar un aborto injusto. Otro ejemplo sería el de una pareja que reconoce, por serias razones, que no se puede responsabilizar de dar a luz y criar una criatura (por ejemplo, en casos de malformaciones muy graves y en el contexto de una sociedad que no ayuda con leyes eficaces a proteger la dependencia ); en vez de decir que tienen derecho a abortarla, debería decirse que tienen responsabilidad de interrumpir en sus primeras fases el proceso de gestación antes de que su interrupción se convierta en un aborto. Al interrumpir un embarazo, en esos casos, de modo justificado y éticamente responsable, se estaría evitando recurrir más tarde a un aborto injusto. En ese caso, se habría interrumpido el proceso emergente del embrión durante las primeras fases, antes de completarse la constitución del feto.

La acogida responsable del proceso de vida naciente exige que, si se plantea su interrupción excepcional, sea de un modo justificado y en conciencia. Debería presuponerse la actitud de respetar el proceso iniciado en la fecundación y favorecerlo de cara al nacimiento. Pero esta acogida debe ser responsable. Si no se va a poder asumir la responsabilidad de acoger, dar a luz y criar esa nueva vida, hay que prevenirlo a tiempo mediante los oportunos recursos anticonceptivos (antes del inicio de la fertilización) o interceptivos (antes de la implantación).

Habrá casos en los que pueda darse incluso la obligación (no el derecho) de interrumpir en sus primeras fases el proceso embrional de constitución de una nueva individualidad antes de que sea demasiado tarde. Ejemplos de estos casos de conflicto de valores serían: cuando la continuación de ese proceso entra en serio y grave conflicto con la salud de la madre o el bien mismo de la futura criatura, todavía no constituída. En estos conflictos, a la hora de sopesar los valores en juego y jerarquizarlos, el criterio del reconocimiento y respeto a la dignidad de madre y feto orientará la deliberación. Cuando, como consecuencia de esta deliberación, se haya de tomar la decisión de interrumpir el proceso, esta decisión corresponderá a la gestante y deberá realizarse, no arbitrariamente, sino responsablemente y en conciencia. La conciencia ilumina y ampara la decisión personal e intransferible de la mujer embarazada. La responsabilidad moral de decidir ante la propia conciencia no la ahorra nadie que pretenda sustituir a la persona embarazada en su toma de decisión.

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21 Sep 2012

"Cuidar la Vida" nuevo libro de Juan Masiá

Escrito por: Grupo de Apoyo el 21 Sep 2012 - URL Permanente

Ayer se presentó en Madrid el nuevo libro de Juan Masiá titulado "Cuidar la Vida".


Se trata de un libro sobre cuestiones de Bioética controvertidas, que intentan clarificar con un lenguaje sencillo, la dificil coyuntura en la que millones de personas nos encontramos y dar pistas que puedan ayudar a decicir en conciencia.

El libro está publicado por la Editorial Herder en colaboración con "Religión Digital" y se puede comprar online aquí http://www.herdereditorial.com/section/5280/

Os dejamos un video-entrevista realizado por José Manuel Vidal, Director de Religión Digital, sobre las cuestiones tratadas en el libro en que Juan Masiá explica sus planteamientos éticos desde su catolicidad como persona y como Jesuita
http://www.youtube.com/watch?v=6CiSHc5Rb0g

Podéis encontrar más información aquí

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2012/09/21/el-grano-de-mostaza-y-masia-iglesia-religion-jesuita-masia-juan.shtml

http://www.periodistadigital.com/religion/libros/2012/09/20/juan-masia-el-futuro-de-la-vida-esta-en-nuestras-manos-libros-herder-rd-cuidar-lavida.shtml


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05 Mar 2011

JAVIER GAFO, DIEZ AÑOS DESPUÉS

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 05 Mar 2011 - URL Permanente

Cinco de marzo, décimo aniversario del fallecimiento de Javier Gafo, fundador de la Cátedra de Bioética de la U.P. Comillas. Pionero, en España y Latinoamérica, de la Bioética como “punto de encuentro” de ciencias, ética y creencias.
Cuatro rasgos de su vida y obra: pedagogía, comunicación, hermenéutica y espiritualidad.(cf. Conferencia en homenaje a Javier Gafo, http://www.juanmasia.net/"
Antología de textos de Javier Gafo sobre sexualidad, ética y teologia, editada para descarga gratuita en Bubok: http://www.bubok.com/libros/200498/Sexualidad-y-Etica

Aclarar, conversar, interpretar y meditar: Con este enfoque interdisciplinar organizó Gafo, en la UPC (1985-86) el de las Comisiones episcopales para Doctrina de la Fe y Relaciones interconfesionales con más de 45 especialistas científicos.

Medicina y Ética, son hermanas; al menos en la Cátedra de Bioética. Mala medicina y mala ética se asemejan: recetar sin diagnosticar o calmar síntomas sin averiguar causas es tan malo terapéuticamente como en ética las prohibiciones que absolutizan normas e ignoran valores y circunstancias. Mala medicina, si no diagnostica; peor ética, si no se discierne.

Médicos y científicos amigos de Gafo reiteran dos eslogan: “ni buena ética sin buenos datos, ni ciencia sin conciencia”. El recorrido por los volúmenes del Seminario de la Cátedra de Bioética de la UPCo (Dilemas éticos) lo confirma.

La moral teologica, ¿diagnosticará antes de discernir? Hay que replantear; sin reduccionismo científico ni teológico, conjugar secularidad y religiosidad.

En su obra póstuma, Bioética teológica, vemos una ética de la vida apoyada en fundamentación razonable; con doble vertiente secular y religiosa; criterios bíblicos; y participación cristiana en el debate bioético, con interpretación correcta, respetuosa y crítica, pero libre y creativa, de las directivas del magisterio eclesiástico (En bioética no hay una sola cuestión que sea dogmática y no compete al magisterio eclesiástico intervenir ni para prohibir ni para permitir).

Desde que, en 1979, publicó su tesis doctoral sobre el aborto y el comienzo de la vida (aún de actualidad hoy, por contraste con posturas más retrógradas de documentos eclesiásticos), hasta su obra póstuma, Gafo fue coherente: partir del estado científico de la cuestión; antes de las conclusiones éticas, cerciorarse de los datos y pensarlos; ni sin la ciencia, ni sólo con ella, sino con una reflexión compartible intedisciplinar e interculturalmente; y remitiéndose a la teología como inspiración y orientación.

Gafo vivió el postconcilio, sus entusiasmos y crisis, y la tensión de marcha atrás, sobre todo en la cúpula de la jerarquía eclesiástica española de las últimas dos décadas.

Hoy, en el siglo XXI, es asignatura pendiente refundar, transformar y recrear la teología. Para eso, el lema que prolonga el legado de Gafo es: “repensar para renovar” (cf. el opúsculo Quiebra o conversion, descargable en la web, en Bubok ( http://www.bubok.com/libros/188470/).

En las clases de Gafo, en conferencias de divulgación, e incluso en homilías, resalta su preocupación por sacar a su auditorio de toda clase de estrecheces mentales. Con su método, diálogo, interpretación y espiritualidad, su bioética es educadora, fronteriza, global y profunda.

Gafo perteneció a comisiones de índole civil (Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida, Comité de Expertos en Bioética y Clonación, Comité para el Estudio del Estatuto del Embrión Humano), independientes, pluridisciplinares y pluralistas. Necesitaba equilibrio para mantener la seriedad científica sin ignorar el magisterio eclesiástico. Éste, sobre todo a partir de los noventa, acentúa el involucionismo y trata las cuestiones bioéticas mezclando prejuicios ideológicos, por razones de cohabitación ieologizada de la cúpula eclesiástica con la ultraderecha política (situación anómala que aún perdura en algunas diócesis del estado español).

Javier Gafo había sido reconocido como teólogo y experto en Bioética por la Conferencia Episcopal Española y miembro de su Comisión Teológica de 1988 al 2000. Como testimonio, su Bioética Teológica, publicada póstumamente en la colección de la Cátedra de Bioética de la U. P. Comillas.

Hoy interesa prolongar la reflexión de Gafo. Dos prioridades: 1) recuperar la implicación -propositiva y nunca impositiva- de las espiritualidades en la encrucijada del debate interdisciplinar. 2) tomar en serio el reto de las ciencias biológicas. De esta mutua interacción brotaría una transformación mutua, crítica y creativa.

La ideologización de los debates científico-religiosos es un obstáculo en los debates de cuestiones bioéticas controvertidas. Por una parte, tomas de posición que exageran “identidades confesionales”; por otra, beligerancias “anti-confesionales”. Frente a estos atolladeros, el puente bioético deberá mediar, como en la propuesta de Gafo, sin encastillarse en dogmatismos mitrados, ni en cientificismos anacrónicos.


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21 Mar 2010

MORAL DE INTERROGACIONES (3): SANA PERPLEJIDAD

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 21 Mar 2010 - URL Permanente

(Se reproduce en el blog anterior, en éste y en los siguientes, una antología de textos del libro de Juan Masiá, Moral de interrogaciones, de. PPC, Madrid 1998.En carta reciente del Director de PPC al autor, el 23 de febrero de 2010, se comunica que la edición de este libro está agotada y descatalogada. “Nos vemos, dice, en la necesidad de declarar obsoleto este libro, del cual ya no tenemos existencias y no vamos a reimprimir”. Ante las reiteradas peticiones de lectores y lectoras que han tenido que recurrir a librerías de viejo en Buenos Aires, México y Sevilla para adquirirlo, el autor ha optado por publicar esta antología en el blog, para poner el texto gratuitamente al alcance de quienes todavía lo consideren relevante. Es oportuno notar que el libro fue publicado con los debidos permisos eclesiásticos y el nihil obstat obtenido a través de los superiores religiosos del autor).

MORAL EXPLORADORA

  1. Encrucijadas de indecisión

  2. Retrospección y prospección: el arte de preguntar

  3. La sana perplejidad

  4. ¿Renovar o crear?

  5. Tres décadas a vista de pájaro

3. La sana perplejidad

Impresiona releer lo que escribía Pablo VI en el año 1971. Reconocía este Papa, al comienzo de la carta Octogesima adveniens, el pluralismo que caracteriza la actual circunstancia eclesial a escala mundial, la "variedad de situaciones según las regiones, los sistemas sociopolíticos o las culturas" (OA, n.3). Pero, sobre todo, lo que llama extraordinariamente la atención, ya que no suele encontrarse formulación semejante en textos papales, es su reconocimiento honesto de que "ante tal variedad es difícil un mensaje único, una solución de validez universal".

En efecto, Pablo VI no tenía reparo en reconocer la perplejidad. Para una iglesia con tradición de exceso de claridad y de respuestas, esta admisión de incertidumbre suponía toda una terapia muy necesaria. No todos los teólogos morales han seguido siempre por esa línea en las dos últimas décadas, sobre todo cuando se apoyan algunos en una lectura sesgada y unilateral de la Veritatis splendor para multiplicar las certidumbres y seguridades, sin dejar lugar para la perplejidad. Resulta interesante comprobar que la carta Octogesima adveniens era uno de los pocos documentos pontificios no citados por el nuevo catecismo. De ahí el interés de resucitar su lectura en estos días de fin y comienzo del siglo. Han pasado casi tres décadas desde que Pablo VI afirmaba la imposibilidad de dar una respuesta única; más aún, decía que no era su misión el darla. E invitaba a las comunidades cristianas a orar juntas, analizar las situaciones a la luz del Evangelio y poner en práctica esa metodología que ha dado sus frutos en la teología de la liberación: ver el mundo a la luz del Evangelio y releer el Evangelio a la luz de la experiencia humana.

Recomendaba el Papa esta metodología a unas comunidades que supieran conjugar la comunión con sus pastores y la sana perplejidad que conlleva el analizar la sociedad y el discernir comunitariamente en situaciones concretas (OA, n.4), en las que es concebible "una legítima variedad de opciones" y una "diversidad de maneras de comprometerse a partir de una misma fe" (OA, n.50). Y aunque no olvidaba el proponerles como orientación la enseñanza social de la iglesia, no la presentaba como un acervo de conclusiones, sino más bien como una referencia de la que extraer "principios de reflexión, normas de juicio y directivas de acción" (OA, n.4).

Hoy, al repensar la teología moral en la línea de una moral de adultos y para adultos, tendríamos que comenzar, entre otras cosas, por admitir una sana perplejidad. Nos vendría bien para ello escuchar más la voz que viene desde las perplejidades de vida cotidiana, en que dudan y preguntan, sufren y gozan, trabajan o descansan los hombres y mujeres que viven la fe cristiana en medio de la experiencia familiar, laboral, política o económica. Ya el Concilio invitó a que escucháramos lo que nos dicen de esa experiencia y desde ella los que la tienen. A partir de los días de la Gaudium et spes, la voz del cristiano seglar es un lugar teológico desde el que rehacer la moral cristiana. Si es cierto que hay que iluminar la vida con el Evangelio, también lo es que hay que releer el Evangelio desde la vida. Para ello hay que prestar atención a la experiencia de la vida de los creyentes, tomar en serio el sensus fidelium .

Ahora bien, no se podrá entrar por ese camino si se rehuye la perplejidad. Si se dialoga honestamente, aparecen preguntas sorprendentes, hasta hace poco inconcebibles. Necsitaremos, por tanto, una buena dosis de capacidad para soportar dudas y no angustiarse ante ambigüedades. Los problemas fácilmente solubles no suelen ser grandes problemas. Los verdaderos problemas suelen ser de difícil o casi imposible solución. Por eso hay que aprender, desde la sana perplejidad, a encuadrar en las actitudes básicas los problemas sin solución con los que hay que convivir.

Si se enfoca así la moral, el tratamiento de los problemas será muy práctico y concreto. Pero habrá que precisar: la moral práctica no es una mera aplicación a casos concretos de una moral teórica elaborada de antemano, sino una llamada a ser creativos, desde actitudes básicas ante valores fundamentales, aunque en medio de perplejidades e incertidumbres. Y, ni que decir tiene, sin esperar a que se resuelvan los problemas sin pensar y sin decidir responsablemente en conciencia, simplemente por apelación a una voz de orden y mando autoritario.

Lo más tradicional en la moral cristiana ha sido precisamente el valor de la conciencia. Tomar en serio esta tradición nos llevará a evitar el tratar a las personas creyentes como niños a los que "no se debe dejar solos". Esta ha sido una frase con la que han justificado muchos poderes absolutos su funcionamiento. Frente a ello habría que decir: a quienes no se puede ni se debe dejar solos es a aquellos teólogos con actitud inquisitorial, que se resisten a acoger nuevos planteamientos y a tomar en serio la experiencia de la vida de los laicos adultos. El miedo a la perplejidad -unido a otros muchísimos miedos- impide esta actitud acogedora de lo nuevo. Los debates pre- y postconciliares son un ejemplo claro. Había un verdadero pánico de decir lo contrario de los predecesores, en vez de reconocer con toda naturalidad que los predecesores estaban tan condicionados como sus sucesores por la época en que vivieron. Se tenía, y aún se tiene, miedo a decir algo distinto, como si ello supusiera tachar de equivocado lo afirmado hasta hace poco. Pero no tiene por qué ser así. No se equivocaban los medievales al decir que el sol da vueltas alrededor de la tierra; es que entonces era impensable decir otra cosa. Algo semejante ocurre con muchas tomas de postura concretas en temas morales. Cuanto más concreto el tema, más prudencial y provisional será el juicio que demos, quedando abierto a cambios y reformas en el futuro.

En esta encrucijada recién descrita es donde se dividen las direcciones y surge el conflicto y el disentir intraeclesial. Gran parte del problema debatido desde los días de la Humanae vitae no es una cuestión de sexualidad, ni de matrimonio, ni siquiera de demografía. Se trata de la cuestión teológica de cómo concebir la Iglesia e interpretar su magisterio, unida a la cuestión antropológica de cómo aprender a convivir responsablemente como adultos con la incertidumbre, la ambigüedad y la perplejidad. Según la postura tomada en esta encrucijada, se dividirán los moralistas en dos grupos. Los que dan soluciones y los que acompañan a las personas en el camino de búsqueda. Nuestro papel debería ser ayudar a las personas en el camino de las tomas de decisión. Ni pensar en lugar de ellas, ya sea para imponerles una carga o para aliviársela; ni dejarlas abandonadas, sino caminar juntos y acompañar el proceso de discernimiento. Así podremos ayudar a que las personas encuentren por sí mismas las soluciones que muy probablemente tienen ya dentro de sí sin acabar de percibirlo.

Esta toma de conciencia de la necesidad de una sana perplejidad es un elemento común en muchos moralistas de primera línea actuales. O’Brien titulaba así un ciclo de conferencias sobre actualización de la moral: "navegando a través del tiempo como por un río"; Häring hablaba de "asumir la provisionalidad"; Rahner llevaba años considerándose a sí mismo un modesto "oyente de la Palabra", perplejo ante el misterio; Lonergan insistió en una conversión continua a base de no dejar de plantear preguntas; Mc Cormick ha titulado uno de sus recientes escritos "Corrective wisdom": abrir los ojos a las dimensiones de la realidad que se nos escapan.


Se ha repetido mucho, en textos oficiales del magisterio eclesiástico, la frase de Pablo VI sobre una Iglesia "experta en humanidad". Pero sería mejor traducirla como "aprendiz de humanidad". De lo contrario, producirá la impresión de que tenemos ya todas las respuestas, lo cuál es justamente opuesto a la intención del pontífice perplejo. Una Iglesia experta, no en respuestas, sino en preguntas sobre el "aprendizaje de lo humano", preguntará e indagará, en vez limitarse a repetir soluciones prefabricadas; interrogará para aclarar; pero también, a veces, oscurecerá para iluminar, es decir, para poner en claro dónde está la osuridad y no rehuirla. Si es importante tener unas cuantas cosas claras, mucho más importante es tener claro cuáles son las cosas oscuras, las que probablemenbte no se van acabar de aclarar nunca por completo. Una iglesia y un magisterio conscientes de estas perplejidades podrán revitalizar lo mejor de la tradición de espiritualidad que ha alimentado el discernimiento cristiano. Un discernimiento que nos ayuda a preguntarnos quiénes somos, adónde vamos, qué queremos, qué nos mueve a caminar. Un discernimiento de una moral del ser, más que del mero hacer (EV, 22); de ceder el paso sin necesidad de semáforos; de actitudes, más que de actos; de aspiraciones, más que de obligaciones; de espíritu evangélico, más que de códigos. Una moral que vuelva a beber de las fuentes bíblicas, espirituales, antropológicas y científicas, en vez de limitarse a los estanques salados de la especulación y el legalismo.

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02 Dic 2009

El criterio del aterrizaje forzoso y el aborto

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 02 Dic 2009 - URL Permanente

No es lo mismo responder preguntas del alumnado en clase de moral que escuchar en el consultorio a quien solicita ayuda.

Cuando una persona dice que está angustiada y dudando, como en una encrucijada, si optar por el camino del norte o por el del sur, por el de la derecha o por el de la izquierda, no le ayuda que nos precipitemos a resolverle el problema imponiéndole una solución: “tire por el del norte” o “el bueno es el de la derecha”. Es elemental para la terapia explorar lo que hay tras de las palabras de quien expresa indecisión y perplejidad. ¿De veras está indecisa esa persona o, en el fondo, ha tomado ya una decisión?

Es posible que, en el fondo, haya dado ya el paso de optar por uno de los dos caminos, pero lo expresa en forma de duda, esperando que la apoyen o que la acompañen en su decisión. Si ha optado ya por el del norte, no le ayudará que le digamos “tire por el sur”. Pero si está solicitando apoyo para confirmar su decisión por el sur, la frutrará o decepcionará quien, deseando ser comprensivo, le ponga demasiado fácil el camino del norte.

Para acompañar a esa persona en su discernimiento necesitamos saber si ha pasado o no el “punto de no retorno”, por decirlo con una comparación aeronáutica. Despegó un avión de Madrid rumbo a Barcelona. Durante el vuelo se produce una situación de emergencia que aconseja aterrizar cuanto antes. ¿Qué decidirá el piloto? ¿Regresara al aeropuerto de partida, tratará de acelerar la llegada a destino, o intentará un aterrizaje forzoso a mitad de camino?

Si ha pasado ya el llamado “punto de no retorno” (“no return point”), no regresará a Barajas, pero si aún está lejos de Barcelona, quizás tendrá que optar por un aterrizaje forzoso en el aeropuerto más cercano.

Apliquémoslo a la siguiente escena en el consultorio. Dos muchachas, Teruko y Michiko (nombres nipones ficticios) expresan la misma incertidumbre. Por una parte, dicen, no quisieran abortar; por otra parte, se ven empujadas a hacerlo, en circunstancias extremas. Ambas dicen lo mismo, que están indecisas, mitad y mitad, entre el sí y el no.

A Teruko le dijo un confesor permisivo que “en su circunstancia se justificaba la excepción”. Teruko se quedo frustrada, porque no había pasado el “punto de no retorno”; en el fondo, aunque decía estar indecisa, esperaba y deseaba una ayuda para llevar a término su embarazo.

A Michiko le dijo un confesor riguroso que “de ninguna manera se justificaba su decisión, que sería criminal”. Pero Michiko había pasado ya el “punto de no retorno” y esas palabras no sirvieron para impedir la decisión que, en el fondo ya había tomado. No le ayudaron, sino solo sirvieron para angustiarla más, con peligro de hacer patológica la culpabilidad.

El confesor permisivo se precipitó a empujar al aterrizaje forzoso a quien podía llegar a destino con alguna ayuda. El confesor riguroso no evitó el accidente y, además, no hizo nada por facilitar que el aterrizaje forzoso no fuese fatal, ni por evitar otros males consiguientes.

Si uno y otro hubiesen seguido los consejos para confesores que daba el patrono de los moralistas, san Alfonso María de Ligorio, se habrían evitado ambos fallos. Hoy día, cuando tanto abunda el rigorismo moralizante excomulgador, por un lado, y la permisividad laxista por otro, convendría recordar la sabiduría pastoral de san Alfonso, tan bien aprovechada por el padre de la renovación de la teología moral en el siglo XX, el P. B.Häring (Libertad y fidelidad en Cristo, Herder, Barcelona, 1981).

A diferencia de la clase magisterial abstracta, la pastoral concreta consiste en acompañar a las personas en su toma de decisión. Se las ayuda a que tomen por sí mismas la decisión. Pero cuando han pasado el punto de no retorno, se las sigue acompañando de otra manera (no se las deja tiradas), aunque la decisión que hayan tomado no sea la que nos parece deseable. Se sigue acompañando antes, en y después a las personas que se autodeterminan autónomamente (como atinadamente explicaba Teresa Forcades), ayudadas por quienes acompañan el discernimiento. Imponer condenando o permitir facilitando son dos posturas que coinciden en no tratar a las personas como adultas, ni respetar su autonomía.

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26 Nov 2009

EL CRITERIO MORAL DEL CORTAFUEGOS Y EL ABORTO

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 26 Nov 2009 - URL Permanente

Al señor D. José Bono, desde la teología moral, con gratitud.

A los parlamentarios católicos, desde la teología moral, con ánimo.

Por contraste con la histeria poco evangélica de los “mitrados de la crispación”, el artículo del señor Bono (“El aborto: ni derecho, ni obligación”, El País 25-XI-09) es un ejemplo de serenidad y ecuanimidad, a la vez ética y religiosa, en el debate sobre la seguridad jurídica de la interrupción del embarazo. Su postura conjuga la conciencia de una persona con convicciones religiosas (conciencia interpelada por una ética de máximos) y un demócrata respetuoso de las exigencias de una ética de mínimos a la hora de legislar para una sociedad plural.

Agradeciendo al señor Bono sus aclaraciones tan pertinentes, he querido prologar con este comentario el post que tenía preparado para hoy sobre el criterio ético que podemos llamar del cortafuegos (que a veces se llama del “mal menor”, pero sería mejor llamar del “bien mayor”).

Se produjo un incendio en el monte. Acuden de los pueblos cercanos varios retenes de bomberos, agentes de protección civil y personal voluntario. Concentran todas las fuerzas en apagar las llamas en la cercanía de los caseríos que hay al este y al oeste de la falda del monte según se baja hacia los pueblos del llano. Pero constatan consternados su impotencia para impedir el avance del fuego. Tardan en llegar los helicópteros, impedidos por un temporal adverso. No va a ser posible salvar los caseríos del este. Además, si siguen trabajando para salvar esa zona, es inminente el peligro de que perezcan juntos víctimas y auxiliadores.

Pero, si cambia el viento imprevisible, no se podrán evacuar los caseríos del oeste. La situación es crítica y no se puede esperar a que lleguen más recursos eficaces. El responsable de la operación da una orden de urgencia: ”Retiren todos los efectivos y concéntrenlos en hacer un cortafuegos que, además, impida la extensión del fuego cuando cambie el viento.

Gritos de horror desde los caseríos del este, que se ven irremisiblemente perdidos. Desaliento y frustración de los efectivos que arriesgaban su vida impotentemente para salvarlos. Tensión entre los subalternos, que asesoraban al jefe. Tomó la decisión urgente en plena crisis. Estaba claro que no podía, con los efectivos a su disposición, salvar los caseríos del este. Insistir en ese esfuerzo inútil pondría en peligro al resto. Decide salvar lo que está en su mano salvar. Por eso optó por el cortafuegos.

Hasta aquí el ejemplo concreto. Puesto en el lenguaje abstracto de los manuales de moral, reza así: Cuando no puedes impedir dos males o hacer dos bienes (deseables ambos) con los recursos a tu disposición, eN vez de gastar estos recursos en evitar el mal que no puedes impedir o en hacer el bien que no vas a lograr, concentra esos recursos en evitar el mal que está en tu mano impedir o el bien que puedes asegurar.

Aplicado a un caso: Cuando aquella muchacha, que dudaba si dar a luz o abortar, venía a consultar con la terapeuta, ésta la acompañaba en su proceso de decisión. Al principio parecía que la muchacha estaba dividida en su interior y oscilaba entre dos decisiones: llevar a término la gestación o interrumpir el embarazo. En un momento dado, la terapeuta comprendió que la muchacha había dado el paso de decidir abortar y que los esfuerzos de su ayuda o consejo no iban a impedir ese aborto. Concentrarse en impedirlo solo lograría aumentar la culpabilidad, provocando otros males, además del aborto. Optó entonces por acompañar a la persona tras la toma de decisión como la había acompañado hasta entonces. Le recomendó que fuese a la clínica acompañada por una de sus amigas también la había ayudado durante las semanas anteriores.

Estas amigas, que eran personas de convicciones religiosas, dudaron perplejas. Habían oído decir por televisión a un obispo histérico ( candidato a suspenso en teología moral) que hacerse cómplice de un aborto conllevaba excomunión. Lo consultaron con su párroco, un cura sensato, con sentido común y práctica pastoral que, además, seguía estudiando, como hacen los buenos médicos, para ayudar a las personas. E

Este les dijo: No tenéis que preocuparos. Id con ella a la clínica y ayudadla después, para que no se deprima. Lo mismo que la acompañásteis antes de la decisión, acompañadla después. Concentráos en impedir otros males que está en vuestra mano impedir. Cuando yo estudiaba en Comillas, mi profesor de moral le llamaba a esto el principio del cortafuegos. Es lo que se hace también en las pandemias. Si no dan abasto los recursos para curarla en una zona, al menos se impide que se extienda a otras zonas.

(Nota: ejemplillos inspirados en la tradición moral de Vitoria y Ligorio).

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11 Nov 2009

UN VIAJE “ABORTADO” O EL ABORTO COMO VIAJE

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 11 Nov 2009 - URL Permanente

(Foto, con copyright de H. Katayanagi, del bodisatva Jizô, a quien se ora, en el ritual post-aborto, encomendándole la llamada en japonés "vida líquida", es decir, la vida de las criaturas que no llegaron a nacer, porque su vida se perdió a mitad de camino hacia el nacimiento por diversas circunstancias)

ALEGORÍA:

A Luis y Enriqueta les sonrió la suerte. Les tocó en la tómbola, como premio, un vale canjeable por el valor de quinientos euros, con dos opciones: canjearlo por el pago de compras por ese valor en el Corte inglés o por la rebaja de ese precio en un billete de vuelo internacional de Iberia. Eligieron el viaje y sacaron el billete; pero, a punto de partir, Enriqueta enfermó y decidieron cancelarlo. Fueron a la taquilla para cancelar el billete, pero era demasiado tarde. Entre las condiciones de esa clase de billetes, una cláusula decía: solamente se admitirán cancelaciones hasta una semana antes de la fecha de partida. Para que no se desperdiciara el billete, decidieron ofrecérselo a sus primos, Jesús y Matilde, que aceptaron encantados el regalo, prometiendo traerles en compensación un buen recuerdo al regreso de México.

Hasta aquí la historia. Si fuera parábola concluiríamos diciendo: Quien tenga oídos para entender, que entienda. Pero como no es parábola, sino alegoría (dos cosas muy diferentes, como explica el filósofo Paul Ricoeur en La simbólica del mal), hay que explicar los códigos de lectura.

Luis y Enriqueta se plantearon sucesivamente tres clases de preguntas:

1. ¿Qué queremos hacer con las posibilidades que nos ofrece este vale, queremos hacer compras en el Corte inglés o viajar a México? ¿Con qué finalidad lo vamos a usar?

2. Si no hay más remedio que renunciar al viaje planeado, ¿qué vamos a hacer para cancelarlo? ¿Dónde hay que ir y qué hay que hacer para cancelarlo?

3. ¿Qué hacer si se ha pasado el plazo y no podemos cancelar el billete?, ¿Qué vamos a hacer, tirar el billete? ¿No hay otras alternativas? Por ejemplo, ¿querríamos ofrecéreselo a unos amigos? ¿querrían ellos aceptarlo?

He usado esta interpretación de la alegoría como recurso pedagógico para tratar, en una clase de ética con un alumnado quinceañero, los tres temas siguientes:

A) ¿Cómo quiere una pareja, en el marco de su relación, ejercitar la intimidad sexual?¿Con finalidad reproductiva o sin finalidad reproductiva? Si es con finalidad reproductiva, ¿están en condiciones de responsabilizarse para acoger la nueva vida naciente? Si no es con finalidad reproductiva, ¿cómo ejercitar la intimidad sexual de tal modo que, al desarrollar sus funciones (1.comunicativas, 2.afectivas, 3.lúdicas y 4. relajantes) se fomente el cultivo de la relación y el crecimiento de ambas partes, dentro del respeto mutuo al reconocimiento de la dignidad y libertad de la pareja?

B) Cuando, a pesar de no haber un proyecto procreador, se ha producido un proceso de embarazo imprevisto o, por diversas razones serias, no deseable y se plantea la interrupción inevitable de ese proceso, ¿qué límites de plazos hay que tener en cuenta –biológica, jurídica y éticamente-? ¿Qué diferencia hay entre “interrumpir un proceso emergente de constitución de una nueva realidad antes de que sea demasiado tarde” y “suprimir el resultado de ese proceso cuando ya se ha constituído esa nueva realidad ?

C) Cuando, lamentable pero inevitablemente, situaciones conflictivas obligan a la pareja a plantearse desde su autodeterminación una decisión abortiva (que ni ellos mismos reconocen subjetivamente como deseable, ni objetivamente se puede considerar como éticamente permisible), ¿qué ayudas de terceras personas se deberían aportar por parte de la sociedad para acompañarles (no con complicidad, pero sí con apoyo) en esa situación difícil, antes y después de la decisión? (Por ejemplo, consejo médico, consejo psicológico, recursos de asistencia social, apoyos familiares y de amistad, oportunidades de adopción en el caso de optar por llevar a término la gestación, terapéutica psicológica en aquellos casos en que haya secuelas post-traumáticas, ayuda espiritual en aquellos casos en que se requiera sanar culpabilidades o asumir duelos, etc.).

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07 Nov 2009

Aborto y píldora en Japón

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 07 Nov 2009 - URL Permanente

En 1955, Japón era el paraíso del aborto,con más de millón y medio de interrupciones voluntarias del embarazo anuales. Pero hasta 1999 el Ministerio de Salud no aprobó la píldora anticonceptiva.

Ayako Matsumoto, en su libro ¿Por qué no se fomenta la píldora? desenmascara intereses económicos inconfesables: lo lucrativo del aborto influía en las presiones para no favorecer la píldora.

Hoy, cuando la píldora está admitida y los abortos han disminuído, se siguen denunciando intereses ocultos tras la práctica rutinaria de diagnósticos prenatales vinculados al aborto de fetos con discapacidades.
Visto desde España, donde los debates sobre aborto se polarizan en torno a la protección y el comienzo de la vida humana, es interesante que eticistas japoneses (aun sin determinada pertenencia confesional) cuestionen la problemática de intereses económicos latente en las políticas de control de natalidad.
Japón legalizó el aborto en 1949, pero hasta 1999 no dio luz verde a la píldora anticonceptiva. Actualmente las estadísticas oficiales hablan de trescientos mil abortos anuales. En 2007, 256.000 abortos, es decir, el 9,3 por mil en mujeres de edades entre los 15 y 49 años. Desde que en 1960 se intentó introducir la píldora, hubo resistencia disimulada bajo el pretexto de efectos secundarios. Tres décadas después proseguía el debate y se aducía como excusa la prevención del Sida. El preservativo era y sigue siendo, junto con el aborto, el recurso principal de control de natalidad en Japón.
En 1998, sin necesidad de debate y con celeridad, se da el visto bueno a la comercialización de Viagra para subsanar las disfunciones de erección masculinas. La reacción indignada por parte de grupos feministas no se hizo esperar. ¿Cómo aceptar que bastasen unos meses para aprobarse este medicamento para los varones, mientras tres décadas de debate no habían sido suficientes para aceptar la píldora anticonceptiva? ¿No estábamos ante una hipocresía más en la cuenta del machismo cultural? Al año siguiente se da por fin la bienvenida a la píldora. Hoy la de dosis hormonal baja se despacha con receta por un precio de unos tres mil yenes mensuales, sin ir incluida en el seguro de enfermedad y con gastos adicionales de pruebas y revisiones clínicas.
En Japón, la ley eugenésica de 1948 duró hasta el 96. En el anuncio de una clínica ginecológica, la frase «con licencia de la ley de protección eugenésica» significaba «aquí se puede abortar legalmente». El artículo primero definía claramente la finalidad de dicha ley: para legalizar el aborto y la esterilización con finalidad eugenésica. Se fue más lejos con esta ley que con la aprobada en 1940, que legisló, a imitación de la normativa nazi, la esterilización obligatoria. Después de la guerra se modificó esta ley, adoptándose la fórmula de «ley de protección eugenésica», que duró hasta el 96. En ese medio siglo se realizaron unas 16.500 esterilizaciones involuntarias. En pacientes de la enfermedad de Hansen (lepra), recluidos en centros asistenciales, fueron frecuentes las esterilizaciones y abortos sin consentimiento.
En 1996 se cambió el nombre por el de «Ley de protección maternal» y se suprimieron párrafos discriminatorios, como el que decía: «Esta ley, desde una perspectiva eugenésica, con el fin de impedir el nacimiento de vidas defectuosas, se propone proteger la vida y salud de las madres». La palabra furou, defectuosa, es la misma utilizada en los controles de calidad de las empresas para designar una mercancía deficiente que debe ser excluida de la venta al público. Fue decisivo el influjo ejercido por grupos de apoyo y asociaciones de familias de personas discapacitadas a la hora de conseguir que se revisara la ley. Desapareció de la ley la palabra yuusei («vida superior o excelente»). También se pidió y consiguió la supresión de la cláusula que permitía la esterilización y el aborto como medio para evitar el nacimiento de «vidas de clase inferior o defectuosa».

Me preguntarán si se relaciona todo esto con los debates sobre el aborto en nuestro país. Pienso que, por contraste, nos da qué pensar sobre las contradicciones e incoherencias que se dan, tanto entre antiabortistas como entre pro-abortistas.
Polarizados en el sí o no, blanco y negro, de la cuestión sobre el comienzo de la vida humana (obsesionados unos con el llamado «primerísimo instante» y exagerados otros al alargar irresponsablemente los plazos), dejan en segundo plano dos temas preocupantes: el condicionamiento de los intereses político-económicos subyacentes al debate y el reto de conjugar el respeto a la dignidad de la mujer con la protección de la vida fetal.
Sería deseable prestar más atención a estos dos temas a la hora de buscar el terreno común en que consensuar la oportunidad de las despenalizaciones.


(Publicado en La Verdad, de Murcia, el 7, nov., 2009)

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20 Oct 2009

IBB: Bios y Ethos conjugados, pero... con “seny”

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 20 Oct 2009 - URL Permanente

Como ocurre a menudo en Celtiberia, sobre telón de fondo de banderas rojigualdas y bajo pretexto de proteger la vida, hubo despliegue de manifestación de un extremo, mirada con sospecha desde el otro extremo. Mientras desde el ala ultraderecha airea un cardenal el fantasma del nazismo y otro mitrado falta al respeto a la mujer, calificando su decisión como "infanticidio suicida", desde el ala opuesta de izquierda a ultranza se proclama como presunto derecho la supresión de la vida fetal sin condiciones.

Ambas partes regando fuera del tiesto, por decirlo finamente. Menos mal que, en ética como en política, soplan vientos de seny desde el Mediterráneo para contrarrestar la aridez inquisitorial de la meseta y equilibrar la balanza inestable del estado español.

Digo, porque he leído con satisfacción el Informe “Consideraciones sobre el embrión humano”, (Véase el n.57 del vol. 15 del Boletín Bioética y Debate, del Instituto Borja de Bioetica, de la Universidad Ramón Lull).

El estudio se pregunta qué es un embrión humano desde el punto de vista biológico, cuál es el estatuto ético del embrión y en qué casos y en qué condiciones de seguridad jurídica se puede intervenir en el proceso de una vida incipiente.

Sin dejar lugar a ambigüidades o dudas sobre la “postura de una ética de máximos de orientación cristiana –donde se sitúa el Instituto Borja de Bioética-“, el informe es consciente de que “vivimos en una sociedad plural, no en una sociedad de código ético único... no se puede imponer una ética de máximos para todos, sino que se deben buscar unos mínimos éticos compartidos que garanticen la convivencia”.

El estudio merece una lectura reposada y debate plural y sereno. Dejando para posteriores comentarios la prolongación del debate a que invita este estudio, de momento quisiera subrayar aquí algunas de sus afirmaciones dignas de tenerse en cuenta para contrarrestar el bloqueo del debate sobre bios y ethos en las zonas del país más ideologizadas político-religiosamente.

Subrayo los puntos siguientes, dejando para otra ocasión el resto:

1. El inicio de la individualización humana del embrión puede durar algunas semanas.
2. Es discutible denominar embrión a realidades que aún no lo son, como el zigoto humano, la mórula o el blastocisto.
3. La fecundación es un proceso. Es en la implantación cuando se dan las condiciones indispensables para asegurar la posibilidad de crecimiento y desarrollo del embrión.
4. En el primer trimestre del desarrollo del embrión aparecen nuevas estructuras y propiedades emergentes.
5. En todo este proceso hay que considerar la unidad fisiológica materno-fetal que es constitutiva para el nuevo individuo.
6. Para poder considerar al embrión humano como persona se requiere que éste disponga de la información suficiente para darle autonomía biológica e individuación: estructura genética básica de información, condiciones de implantación, morfología mínima e interrelación embrio-materna constitutiva. Mientras no se den estas condiciones, hay vida humana, pero no una persona (también un gameto es vida humana y no es persona).
7. Un aborto en fase prematura es rechazable, pero no es un homicidio.
8. El inicio del carácter personal del embrión humano se sitúa no antes de la implantación completa (día décimocuarto después de la fecundación), ni más allá de la semana décima de desarrollo embrionario, duodécima semana de gestación.
9. Despenalizar no es normalizar, ni despreciar ni rebajar la protección de la nueva vida no nacida.
10. Las relaciones sexuales no reproductivas son aceptables siempre que se deriven de una decisión responsable.

(Continuará)

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16 Oct 2009

Antes y después de abortar: prevención, acompañamiento y sanación

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 16 Oct 2009 - URL Permanente

La controversia en torno a la legislación sobre el aborto, enrarecida por la manifestación del 17 de octubre, ha polarizado la opinión pública en los dos extremos del sí y el no al proyecto legislativo, equiparando ambigüamente el sí a la despenalización con el no a la vida y el sí a la vida con la oposición al gobierno.

La efervescencia de la disputa ha relegado a la letra pequeña tres aspectos importantes desde la perspectiva de las relaciones de ayuda (tanto en la consulta médica o en el tratamiento psicoterapéutico como en el consejo espiritual o el acompañamiento personal).

Me refiero a los tres aspectos siguientes: la urgencia de la prevención, antes del aborto; la importancia de acompañar a las personas en la toma de decisiones; y la necesidad de ayudar a quienes requieren un proceso de sanación después de haber abortado.

Sobre la prevención hay que insistir en la educación sexual integral, que incluya obviamente información sobre los recursos anticonceptivos, pero va más allá de ellos hasta el enfoque positivo y equilibrado del ejercicio responsable de la sexualidad no reproductiva con sus aspectos comunicativos, afectivos, saludables y lúdicos.

Sobre el acompañamiento hay que decir: el respeto a la autodeterminación de las personas no conlleva la renuncia a acompañarlas en sus tomas de decisión; pero este acompañamiento no significa decidir en su lugar (ni para prohibir, amenazando con condenaciones, ni para permitir, como quien otorga una licencia). Se acompaña a las personas ayudándoles en su discernimiento y caminando junto con ellas (en la consulta, en las terapias, en el confesionario, etc...). Y se sigue acompañándolas aun cuando su toma de decisión no coincida con la hubiera sido deseable. Se las sigue ayudando también cuando requieren ayuda en un proceso sanador tras la toma de decisión.

Estos tres puntos sobre la ayuda a la prevención, a la toma de decisión autodeterminada a la vez que acompañada, y a la sanación, vistos desde desde la relación de ayuda (médica, psicoterapéutica, espiritual...), me parecen especialmente importantes. Me extraña que se hable menos de ello en exhortaciones a la protección de la vida hechas por instancias presuntamente evangélicas, pero más preocupadas de la oposición al gobierno que de la protección de la mujer.

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SOBRE MÍ

Juan Masiá Clavel.

Jesuita, Profesor de Ética en la Universidad Sophia (Tokyo) desde 1970, ex-Director de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas,, Investigador del Centro de Estudios sobre la Paz de la Sección japonesa de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz (WCRP), en Tokyo.

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