11 Feb 2013

PESADILLAS CUARESMALES

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 11 Feb 2013 - URL Permanente

PESADILLAS CUARESMALES: TIENTA EL YO Y LIBRA EL ESPÍRITU

Midrash de Jesús en el desierto

(Por la trasncripción, Juan Masiá)

Natanael rema hasta Patmos. Le recibe en la playa el nieto de Nicodemo, cuidador del anciano Juan, el evangelista. Juan pierde vista y ya no lee ni escribe. Le regala a Natanael un tesoro heredado de Malena: papiros del diario de Jesús. Los consultó en su día Lucas para escribir con exactitud (akribós grapsein, Lc 1,3) el guión de un DVD para Teófilo en la red de Biblia Digital.

Natanael está leyendo la secuencia de los cuarenta días en el desierto. Dice así el diario de Jesús:

Día 3 de luna menguante:

Soledad inquietante. Me debilita el ayuno. Pienso en el Bautista. ¿Sobrevivirá? Santiago decía que lo degollarían. Los de Santiago querían que yo me preparase para sucederle, pero me escapé. Lo mío no es bautizar. Además, no puedo hablar de Dios como él. Juan predica diciendo: “Ay de vosotros, si no os convertís, vendrá la ira de Yavé con látigo y fuego” (Mt 3, 10-12). Yo prefiero otro estilo de predicación: “Alegraos y confiad, porque siempre estáis a tiempo de convertiros. Ya está empezando a reinar Dios en vuestro medio” (Mt 4, 12-17Mt 11, 25-30).

(Siguen unas líneas ininteligibles, luego, medio borrosas frases: a todo hijo de vecindad, a cualquier hijo de humanos... la voz le dice: “tú eres mi hijo, mi hija...”).

Noche de luna nueva:

Espléndido firmamento. Recuerdo a mi madre, cuando mi hermano José y mi hermana Myriam se oponían a mi ida al Jordán: “Tú, hijo mío, sigue tu estrella, como nos enseñó el peregrino Melchor días después de tu nacimiento“.

A mi madre le había anunciado Simeón contradicciones y soledad. Ana le anunció dolores. Pero en casa la hemos conocido siempre con cara de María de la O, Macarena de Esperanza. Mi madre ha vivido siempre animada, abrazada al mismo tiempo por la Ruah y por mi padre, antes de los partos, en los partos y después de los partos...

Día 4 de luna creciente:

Este ayuno me debilita. ¿Debería continuar? No lo veo claro. Pregunto al cielo, pero Abba se calla. ¡Abba, no me desampares! Hoy al alba recogí maná y me alimenté, pero me supo a poco. En siesta tuve pesadillas. Soñaba con usar la fuerza de la Ruah para convertir piedras en pan, trepé hasta el pináculo del templo y descendía por los aires volando triunfalmente sobre la multitud en volandas de coros angélicos, luego tuvo un mítin junto a la torre pretoria para convencerlos de unirse a los celotes en un golpe de estado contra Jerusalén y contra Roma...

Día 7 de luna creciente:

De nuevo pesadillas. Apareció Satán proponiendo con lenguaje sibilino: “La fuerza que notas en tí no es de la Ruah, sino de Belcebú que te posee. Reconócelo y adórame. El mundo entero será tuyo”. (Lc 4, 7; Mc 3, 22) Desperté con sudor frío y arritmia. El cuerpo me pedía vomitar, pero no pude; no había probado bocado anoche. ¿Cómo sacudir de mi cabeza este torbellino de imaginación? Dejaré de ayunar. Cazo un conejo, lo aso y me recupero. Lástima no tener vino, que alegra el corazón deprimido.

Luna llena de Nisán:

Últimamente todo está cambiando. Hasta mejora el aroma del romero y tomillo. Subo cada mañana a lo alto para ver salir el sol. Hay que aprender en las alturas a ser ser “teleioi”, es decir, perfectos, pero no como los perfeccionistas, sino con la anchura de corazón y amplitud de miras del “telos”(horizonte) de Abba, que envía desde las alturas sol y lluvia sobre buenos y malos, sobre justos y pecadores .

Ahora veo claro que esas pesadillas eran tentaciones del yo, pero la Ruah me libra de ellas. Haré escala en Samaria para proveerme de pan y vino.Y regresaré a Galilea. Hacia allí me empuja la Ruah. La oigo que me llama: “Ve a dar esperanza al pueblo pobre, llévales liberación, abraza al infectado sin miedo al contagio, diles que son dichosos a pesar de ser injusticiados, que son felices, no por ser pobres, sino a pesar de serlo, porque la Ruah está de su parte y quiere que se libren de su pobreza, que no solo de pan se vive, pero que hay que compartir lo que tenemos para que peces y panes se multipliquen por obra y gracia de la solidaridad, que hay que salir del engaño del poder, que se fíen del poder de la Ruah, voz de los sin voz y fuerza de los sin fuerza...”

(Aquí acaba la media página rota del papiro en puntos suspensivos. Transcribimos a continuación, un trozo del papiro de Lucas, en griego y con letra de médico, conservado en el archivo del nieto de Nicodemo. Está escrito con audacia y “parresía” (Act 4, 31), tras consultar los papiros que conservó Malena).

Dice así el texto del médico escritor Lucas para su blog de Biblia Digital (Lc 4, 1-13):

Jesús renunció a seguir en el Jordán de los bautizadores. Sintió en su interior una fuerza irresistible de la Ruah (Mc 1, 12’14;Lc 4,14 y 4,43), que le impulsaba a caminar. Presentía Quién le empujaba, pero no veía claro hacia dónde. Se adentró en el desierto, entrenándose con ayuno y meditación. ¿Lograría entender lo que dice el Espíritu de Vida a quien camina escuchando? (Lc 4, 1-2).

El ayuno le debilitó y el exceso de meditación le provocó náuseas de estómago y alucinaciones de cerebro. Tuvo pesadillas angustiosas. Se le apareció en sueños una figura extraña, medio humano, medio cabrito. Pero el rostro del monstruo parecía su propio retrato, solo que en la frente llevaba una leyenda: “yo soy yo, 666” (Ap 13, 18).

“Vamos a usar la Fuerza, gritaba el energúmeno, haremos de piedras pan, volaremos milagrosamente por los aires y todo el mundo nos adorará” (Lc 4,4)

De pronto, la extraña figura se metamorfoseó en un dragón con tres cabezas: la de un emperador coronado, la de un pontífice magno tocado de mitra, y la de un polítco corrupto millonario de derechas (Ap 13).

Jesús se despertó angustiado. Salió a la intemperie. Bebió del escaso hilillo que brotaba entre las rocas y se lavó la cara, descansó boca arriba mirando las estrellas y quedó de nuevo dormido.

Esta vez el sueño fue sereno. Pasó la nube. Soñó que dormía como Jacob: por la escala entre cielo y tierra trepaban y descendían ángeles (Gn 28, 11-19).

Una voz de querubín le animó: “¡Lo que te queda por ver, Jesús!, verás cosas mayores (Jn 1, 50), nos verás revolotear sobre todo hijo de humanos, sobre cualquier hija de hombre, sobre cualquier hijo de mujer (Jn 1, 51).

Un serafín desenrolló la Escritura y le leyó al oído: ‘Sólo al Señor tu Dios adorarás... No sólo de pan se vive... Sólo al Señor te rendirás... Él es el único poder que no te esclaviza, sino te libera... Que no te tiente tu yo, que no te tiente el poder, no tientes a Abba...’ (Dt 8,3; 6,13; Ps 90, 11-12; Dt 6,16);

Jesús se despertó pacificado (cf. Jn 12, 29-33). Se sentía ungido por Abba (Mc 1,11) y abrazado por la Ruah (Mc 1,10). Y ya no volvió a tener esas pesadillas hasta tres años más tarde: la noche antes de que lo ejecutaran soñaría en el Huerto que no quería beber el caliz de pasión (Lc 22, 41-44); al día siguiente, medio en coma sobre la cruz, soñaría que quería desclavarse para convencer con un milagro a videntes ciegos (Mt 27, 39-44). Pero de ambos sueños de última tentación le libraría la Ruah (cf. Lc 4, 18-21), en cuyos brazos exhalaría el último suspiro con todo ya consumado (Jn 19, 30). Superaría la tentación de bajarse de la cruz (Mc 15, 30) y se dejaría morir hacia Abba (Mc 15, 37; Lc 23, 46) para vivir eternamente en su seno (Jn 19, 30).

Cuando Jesús salió de su cuarentena en el desierto, su camino estaba claro: puso rumbo a Galilea. Iba a partir pan con pobres, sin negar a nadie su vino. Iría diciendo por los caminos: Amigo soy, soy vuestro amigo...


(Tomado de la página web:

www.juanmasia.com)


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19 Jun 2012

ESPÍRITU CREADOR Y RECREADOR

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 19 Jun 2012 - URL Permanente

(Serie sobre RUAH, 3)

Si no respiramos, no circula la sangre por nuestro cerebro y se para nuestro corazón.

Para vivir hay que respirar. Respirar es inhalar y expirar. En cada momento, al respirar estamos siendo creados; al expirar, estamos muriendo; y, al inhalar de nuevo, estamos resucitando.

En cada instante nacemos, morimos y resucitamos. En el camino de la meditación, aprendiendo a respirar, se nos da la lucidez cordial que nos capacita para agradecer que no moriremos, porque ya aquí y ahora hemos resucitado.

El famoso soneto de Quevedo nos dice: “Polvo sois, mas polvo enamorado”.
Más rica que la antropología dualista (cuerpo y alma) es la que se despliega en el tríptico materia-alma-espíritu.

Lo material es el polvo. Lo psíquico es el polvo animado-vivificado. Lo espiritual es el polvo resucitado. “Polvo eres y... no volverás al polvo, sino morirás hacia el Espíritu y vivirás por el Espíritu”.

Es difícil el texto tan rico de Pablo en 1 Corintios 15, 44-49. Pablo habla del cuerpo recreado en la resurrección como de un “cuerpo espiritual” (soma pneumatikon): “Se siembra un cuerpo animado, resucita un cuerpo espiritual (vivificado para siempre por el Espíritu)” (v.44).

Del Adán protológico dice Pablo que es “ser animado” (resultado de un devenir del barro “hacia lo animado”, eis psyche dsosan). Del Adán escatológico dice que es Espíritu de vida vivificador (pneuma dsoupoiun, v.45).

Pablo está recordando el libro del Génesis. En el inicio de la creación “el aliento divino (RUAH) se cernía sobre las aguas” (Gen 1,1). Ese Espíritu de Vida ejerce su dinamismo creador, “el aliento de su boca” (Ps 33,6) crea las fuerzas cósmicas, el “aliento divino hace el cielo luminoso” (Job 26, 13). Cuando Judith cantaba las alabanzas de la creación, decía: “enviaste tu aliento y todo se unificó” (Judith 16, 14).

Pero fijémonos en el pasaje descriptivo de la creación del ser humano. Cuando se infunde en el barro un aliento vital, la palabra clave aquí no es RUAH (el aliento divino), sino NESH-AW-MAW (soplo vital). El Espíritu de Vida, que se cernía sobre las aguas, envía un soplo vital para hacer respirar al barro. “Sopló en su nariz aliento de vida y el barro se convirtió en viviente” (Gen 2,7).

En el libro de Job encontramos el uso de estos dos vocablos (el aliento divino y el soplo vital): “De Dios viene el Espíritu (RUAH) que me creó. Del Todopoderoso el soplo vital (NESH-AW-MAW) que me da vida” (Job 33,4).

También en Isaías encontramos ambos términos: Quien creó cielos y tierra, “dio el respiro (soplo vital, NESH-AW-MAW) al pueblo que la habita y el aliento divino (RUAH) a quienes se mueven en ella” (Is 42, 5).

Los humanos viven “mientras tienen respiro o soplo vital (NESH-AW-MAW) y aliento divino (RUAH) en sus narices (Job 27,3). Pero mueren y retornan al polvo, si les “retiran ese respiro y aliento” (Job 34, 14 ss.).

La fe en el Espíritu Creador y Resucitador cree que “si el Espíritu del que resucitó a Jesús de la muerte habita en vosotros, el mismo que le resucitó a él (el Espíritu mediador de creación y resurrección) dará vida también a vuestro ser mortal por medio de ese Espíritu suyo que habita en vosotros” (Rom 8, 11).

En la medida en que el aliento divino de la RUAH envía su soplo vital, somos seres animados, vivientes. Vivimos con esa energía que nos ha sido dada y nos dinamiza con su poder. Vivmos sostenidos, decía la tradición paulina de Colosenses, por esa fuerza que despliegaen nosotros su eficacia (kata ten energeian autou, ten energoumenen en emoi en dynamei, Col 1,29). No dominamos, ni poseemos, ni controlamos esa energía, sino somos vivificados por ella. La RUAH es fuente de vida y vivificación.

Con y desde esta antropología, se comprende la mediación del Espíritu en la resurrección de Jesús y en la nuestra.

Toda criatura que nace, nace de sus progenitores, pero por gracia de la RUAH. Nacer es ser dado a luz por el Espíritu.

Morir es devolver el soplo vital, muriendo hacia el Espíritu para ser absorbidos por el Espíritu en la resurrección.

Resucitar es ser hecho vivir para siempre por el Espíritu y vivir en el espiritu como “cuerpo espiritual”.


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24 Dic 2010

Lucidez Cordial. Con Buda desde Jesús (Ensayo para descargar en pdf)

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 24 Dic 2010 - URL Permanente


Las páginas de este ensayo están escritas por quien sigue a
Jesús de Nazaret, el profeta de Galilea reconocido como el
Cristo y, desde Jesús, se encuentra con Siddharta Gautama, el
sabio de los Muni (Shakamuni), llamado el Buda o Iluminado.
La lucidez cordial es el resumen en dos palabras de la entraña
espiritual aprendida por un seguidor del camino de Jesús, el
Cristo, en el encuentro con quienes siguen las huellas de
Gautama, el Buda.
Lucidez cordial: lucidez, sí, pero no de cabeza solo, sino
de corazón. Corazón compasivo, sí, pero iluminado por la
lucidez del discernimiento. Lucidez que despierta y abre los ojos
para percibir el verdadero rostro de la realidad. Lucidez cordial
que no puede dejar de anhelar la liberación de todo viviente.
Tomando estas dos palabras como un lema de meditación (como
en los koan del Zen) o como un icono contemplativo ante el que
pararse en silencio, nos darían en un instante el contenido y la
conclusión de las páginas siguientes. Las redacto tratando de
expresar, para mí mismo primero y también para quien desee
aprovecharla, la conclusión en que desembocan las experiencias
de encuentro interreligioso que agradezco a mis amistades
creyentes budistas. A lo largo de la exposición, me desviaré
inevitablemente por senderos secundarios al hilo de la
asociación de ideas; pero espero retornar una y oytra vez al tema
único de estas páginas: la lucidez cordial.
He releído a la altura de hoy las introducciones con que
prologué algunos escritos anteriores de presentación sencilla de
mis encuentros con budistas y reformulo aquí algunos
pensamientos principales, modificando a veces la expresión para
ser fiel a la propia vivencia en el momento presente.

Para descargar el ensayo completo:
http://www.bubok.com/libros/196126/Lucidez-Cordial

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06 Abr 2010

MARTES DE PASCUA: Noli me tangere

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 06 Abr 2010 - URL Permanente

“Suéltame, que aún no estoy arriba, con Abba, Padre y Madre (Jn 20, 17).Ví en la vida nueva del cerezo en flor el cuerpo del Resucitado, extasiado acariciaba sus pétalos, cuando se escuchó una voz entre las ramas:"Noli me tangere..."

Por querer retenerle, lo perdemos, como también perdemos a las demás personas cuando retenemos nuestra perspectiva egocéntrica. María debe dejar que Jesús se pierda en Abba y entonces lo tendrá más cerca, absorbida ella misma también en Abba.

Querer retenerle es querer usarle para que nos resuelva los problemas. La religiosidad auténtica no resuelove los problemas, sino ayuda a situarlos y a vivir con esperanza y sentido aunque no se resuelvan.

Hay que decir a María: “No le retengas, déjale retornar a Abba. Y tú, retorna a tí mismaa, que así retornarás a Él y Él a tí”. Cuando ella intenta retener a Jesús, ni se ve a sí misma ni a él. Se pierde y lo pierde.

Cuando nos aferramos al “Cristo estrecho y reducido” de la teología exclusivista o al “Cristo disminuído” por la imagen que de él nos hacemos, el presunto encuentro con él es autoengaño. Hay que decir lo de los budistas: “Si te encuentras al Buda, mátalo”. Porque, sin duda, esa aparición es una alucinación que te has construído. Él mismo te dice “mátalo para descubrirlo, encontrarlo y encontrarte con Él”. Así te encontrarás a tí mismo, a tí misma, asentado, asentada en Abba....

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05 Abr 2010

LUNES DE PASCUA: Salomé misacantana

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 05 Abr 2010 - URL Permanente

Camino de Emaús, Juana y Lucas, Salomé y Cleofás. Se les acercó el Peregrino: Reparte el pan con los pobres, a nadie niega su vino, y va diciendo por los caminos: Amigo soy...

Salomé y Juana, Lucas y Cleofás iban camino de Emaús aquel mismo día (cf. Lc 24, 13ss.).Salomé y Juana, unos pasos por delante. Lucas y Cleofás, algo rezagados. A ritmo de marcha, ellas; cariacontecidos, ellos.

Dice Salomé exultante. “Alegrad esas caras, niños, que el campo está precioso, almendros en flor y aroma de tomillo”. “Déjate de bobadas, en pleno duelo”, dice Lucas. “¿Cuántas veces habrá que repetirlo para que nos creíais?”, dice Juana, y añade: “Él vive, nos lo aseguró el ángel, nos aguarda en Galilea”. “Eso, dice Salomé, en Emaús solamente parada y fonda”. “Callad ilusas”, dicen ellos.

A la altura del cruce de Betania un peregrino confluye con el grupo. Turbante calado, el velo protege su cara del polvo del camino. “Shalom, chicas. ¿La misma ruta?”, saluda sonriente. “Hola, caminante. Nosotras, a Emaús, de paso para Galilea”, contestan a la par con voz alegre Salomé y Juana. “Yo tengo una cita en Galilea”, dice él. “Pues se te hará de noche. Más te vale hacer escala en Emaús”. “Es que no quiero hacerles esperar".

"¿Y vosotros, chicos, al mismo sitio?”, dice el del turbante, dirigiéndose a Lucas y Cleofás. “Hmmm”, saludan elos de mala gana, sin ánimo de platicar. “Van con nosotras ,aclara Salomé, pero estos dos no tiran de su cuerpo”. “Anda, insiste Juana, apretad el paso y vamos todos juntos, que el sendero es ancho”.

Marchan de cinco en fondo, Juana a la izquierda de Lucas, Cleofás en el centro, Salomé junto a él, y a su derecha el peregrino, que comenta: “Mirad qué hermosura de lirios en la colina”. Se le ha ladeado el velo al señalar al horizonte y su rostro descubierto cruza la mirada con Salomé, que susurra: “Ya decía yo que tu voz me sonaba, Rabboní”. El peregrino se lleva un dedo a la boca y sugiere silencio.

Juana no consigue animar a Lucas y Cleofás. Les interpela el peregrino: “¿Por qué esas caras largas?”. Responden: “¿Eres el único que no sabe lo de ayer en el Gólgota?”. “¿Qué?”. “Lo de Jesús, se lo cargaron los jefes. Nosotros esperábamos su liberación, pero... está enterrado”.

Entretanto, Salomé y el peregrino se miran con complicidad. “¿No leéis vosotros las Escrituras?”, dice el peregrino. “Tenía que pasar lo de siempre, al inocente lo asesinan, pero Abba le da la razón y su Espíritu lo saca de muerte a vida: Éxodo, Tránsito, Pascua”

Descansan bajo una higuera, Salomé saca pan de su alforja: “Peregrino, vas a necesitar esto para convencerlos”. El peregrino mira al cielo y parte el pan. “¡Conque eras tú!”, exclama atónito Lucas. Pero en ese instante desapareció de su vista. De pie, pan y vino en mano, solo están ante ellos Salomé, partiendo pan, y Juana, escanciando vino. Las dos unen sus voces a coro: “Abba, envía tu Espíritu que transforme y consagre la vida de quienes comparten”.

“¿En qué quedamos?, dice Lucas desconcertado. ¿Era él o sois vosotras?, dice Cleofás perplejo. ¿Ha sido un sueño, una ilusión? ¿Alucinamos?”. “No, dice Salomé, necesitáis una homilía que lo explique. Quien nos ve a nosotras haciendo lo que Él hizo en memoria suya, le está viendo a Él”.

“Pero... ¿Adónde se ha ido? ¿Por dónde vino?”. “Ni se va ni viene, Tathâgata es Así-Siempre-Presente, decía el oriental que nos mostró de pequeñas los secretos de la iluminación en la flor del Loto. Cuando se lo contamos un día a Jesús para saber qué pensaba de ello, nos dijo: el Espíritu sopla donde quiere. Dejaos llevar por él y os dará vida; vosotras estáis llamadas a repartir esa vida al mundo”.

Cleofás y Lucas, al fin, despiertan: “¿Cómo no nos dimos cuenta mientras comentaba las Escrituras?”. “Corramos a Jerusalén, a contarlo, dicen Salomé y Juana. Él vive, esto ya no hay quien lo pare, el amor es más fuerte que la muerte.”

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04 Abr 2010

Pascua: El Crucificado es el Resucitado

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 04 Abr 2010 - URL Permanente


Imagen del Resucitado sobre el fondo de la cruz, estilo de representación más adecuado teológicamente a la fe en la Resurrección y también más apropiado, en iglesias de Japón, para la sensibilidad cultural del país, en vez de los crucificos barrocos, retorcidos y sanguinolentos.

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03 Abr 2010

REFLEXIONES DE SEMANA SANTA (Por Juan Masiá)

Escrito por: Apoyo el 03 Abr 2010 - URL Permanente

Sábado Santo: Entrevista a Nicodemo

Tras la entrevista que le hizo Celia, Nicodemo pasó el sábado Santo en silencio contemplando sus rosas de pasión...

Celia es nerviosa y delgada, periodista incisiva, viajera infatigable, ojos de azul interrogante, pluma vivaz y sonrisa traviesa. Se metió en el túnel del tiempo y arribó a Jerusalén en el siglo I. Envía desde el monte de los Olivos su entrevista a Nicodemo, al que pide unos minutos para un encuentro.

Celia: Hola, Nico, ¿te puedo tutear?

Nicodemo: Para un Matusalén como yo, es un placer que me hables así, preciosidad.

Celia: Pues estás hecho un joven, piropeando. ¿Era así como empañabas las lágrimas de las chicas de Jerusalén, cuesta arriba por la Amargura?

Nicodemo: Calla, hija, calla, no me recuerdes aquel via crucis, qué pesadilla...

Celia: Al que le pesó fue a Cirineo, que tuvo que cargar a la fuerza con el madero y, además de sudar, pasaría una vergüenza...

Nicodemo: Mayor vergüenza para nosotros, el de Arimatea y yo, vergüenza ante nosotros mismos.
Celia: ¿Por qué?

Nicodemo: Lo vimos todo desde lejos. Cuando al fin hicimos el ánimo de acercarnos a la colina de la Calavera, ya estaba en lo alto el Colgado. No nos atrevimos a acercarnos, nos tomarían por simpatizantes. Pero Malena y María, la del Cleofás, allí estaban firmes a pie de horca, una acariciando los pies helados de Jesús y la otra abrazando a la madre para sostenerla.

Celia: Si les avisan a tiempo, seguro que arman un lío la noche antes a la puerta de Comisaría. Bien calcularon los jefes atraparle a media noche. Por cierto, tú estarías en el despacho de la Curia cuando se firmó el vale para las treinta monedas.

Nicodemo: Ni vale, ni recibo, niña, esas cosas siempre se hacen con dinero negro, en secreto y ...manipulando. Que no se sepa quién tira la piedra y esconde la mano.

Celia: Bueno, pero verlo lo verías.

Nicodemo: Y por eso aún me remuerde la conciencia.

Celia: Y la noche de la bofetada en el juicio ante Anás, ¿también votaste?

Nicodemo: Fue bochornoso. A los testigos falsos les habían pagado mucho más que a Judas, para que reunieran firmas contra Jesús por ateo y blasfemo.

Celia: En mi siglo lo harían por la web, que así se alcanza a más gente en menos tiempo.

Nicodemo: Yo me salí del aula, con la excusa de ir al baño, y no voté. Por la escalinata me crucé con Juan, que tenía paso franco por amistad con los secretarios. Se tapaba la cara con la esclavina para disimular el llanto. Yo también rompí a llorar. Sofocado, abrí la ventana en busca de aire fresco y vi en el patio a Pedro, que también lloraba. Cantó el gallo y me entró un escalofrío... Justo en ese momento le sacaban, estuve a punto de bajar los ojos, pero no me dio tiempo, él me miró y, con las manos atadas, esbozó el gesto típico de señalar hacia arriba...

Celia: ¿Hacia dónde?

Nicodemo: Es una clave secreta entre nosotros dos. Lo comprendí enseguida. Tres años antes pasé una noche en su casa. Torta de harina con miel y brindis con leche de cabra. la conversación se prolongó hasta la madrugada, yo preguntaba largamente cosas difíciles y él respondía con frases cortas, fáciles pero enigmáticas. “Nicodemo, me dijo, te sobra cabeza y te faltan entrañas, tienes que volver a nacer”. “¿A mis años, Maestro?” “Sí, a tus años, Nico, dejarte dar a luz desde arriba”, dijo, y señaló al lucero del alba por la ventana de su buhardilla. Entonces no lo entendí, pero cuando le abrieron el costado, después del ultimo grito con que expiró, se me abrieron los ojos. Brotaban aguas con gozo de las fuentes de la salvación, era un chorro de Espíritu que nos transformaba. Por eso fui corriendo hasta Pilato con el de Arimatea, había que conseguir los restos y enterrarlos, había que dejar atrás la muerte y el miedo, porque él ya había resucitado desde el patíbulo, aquello solo eran restos,despojos... él ya estaba más allá de esta vida y esta muerte, en la Vida de las vidas, el era El que Vive, rompió aguas la Ruah y renació resucitado el Cristo a golpe de lanza, renació desde arriba y nos hace renacer a todos y todas hacia arriba... Quienes pidieron crucifixión violenta no se daban cuenta de lo que hacían: exaltar su renacer pacífico.

Celia: Aludes a quienes pidieron su muerte. Ahí hay algo que no me cuadra. ¿Cómo cambió la gente tan radicalmente en tan poco tiempo? El domingo gritando “¡Hosannna! Y el viernes pidiendo: “Crucifícalo, crucifícalo”. No se explica.

Nicodemo: la explicación es bien sencilla, Celia. No eran los mismos. Si hubieran sido los del “Hosanna”, se lían a tortazos con los guardias. Pero no eran ese grupo, no les dejaron acercarse. La plaza se llenó, como en las grandes concentraciones y demostraciones, con los que habían traído de los pueblos pagándoles con una merienda para que gritasen “Crucifícalo”.

Celia: En mi siglo también los traen de provincias en autobuses pagados por el partido. Pero es para que den vivas con banderas del otro régimen.

Nicodemo: Es lo mismo, Celia. Cuando oigas vivas y alabanzas, pregunta contra quién van los gritos, como diría en el siglo XX Miguel de Unamuno (que, por cierto escribió un magnífico ensayo sobre mí). Ya dijo el Maestro: “Muchos dicen Señor, Señor, pero...”

Celia: Gracias, Nicodemo, ahora te dejo y corro a por el helicóptero, que me ha invitado Paloma Borrero y mañana tengo que cubrir una asamblea multitudinaria en la plaza de san Pedro y transmitir en directo la ceremonia de Pascua en todos los idiomas, sobre el fondo florido de los tulipanes holandeses y los lirios del Aventino.

Nicodemo: Pues yo me quedo aquí. prefiero pasar la Pascua en soledad y meditación, practicando un poco de Zen (con el Koan del maestro: ¡¡¡renacer desde arriba!!!), mientras contemplo en el jardín la rosa de pasión. Ella me hace presentir en cada instante la Presencia de su Vida resucitada en todos los momentos presentes... Con razón subió arriba para expandirse y llenarlo todo (¡qué bien suena en griego!:ina pleróse ta panta... Eph 4,10).

Viernes Santo: Morir gritando

Mirándote , Jesús, gritando muerte

En tí vemos a Abba vulnerado
Secreto del Amor crucificado
Expirando Espíritu más fuerte

Ninguno de los cuatro evangelistas carga las tintas en el sufrimiento físico de Jesús, al revés que la película de Mel Gibson. La narración evangélica no es una reconstrucción histórica de lo que ocurrió (que ciertamente conllevó esos aspectos torturadores), sino una interpretación de fe pascual.

Pletórica de significados, lo transmite la narración de Marcos, breve y concisa. Destacan los dos gritos de Jesús al agonizar y expirar.

Grita como fuera de sí. Un grito de queja y un grito de victoria.

Un primer grito que protesta: “¿hasta cuándo, hasta cuándo? ¿por qué, Abba, por qué? ¿por qué a mí? ¿por qué de este modo? Es el grito de Job... Es nuestro grito, cuando creemos en Dios, no porque resuelva el mal, sino a pesar de que se calla y no lo resuelve como quisiéramos... Es un grito de queja, fuera de sí ante lo insoportable del silencio de Abba.

Y, al final, otro grito de expiración, el de quien muere “expulsando el último aliento”, “expeliendo (en griego “eksepneusen”) su espíritu, su “pneuma”, entregando su espíritu a Abba y entregándonos su Espíritu.

Si el primer grito era el desesperado “¿hasta cuándo, por qué?, el segundo grito es el que clama: “¡Por fin! ¡Al fin!”. Por fin se llega a un fin que es un comienzo. Aunque al crucificado se le quede todo por hacer en esta vida, su vida y misión sin terminar, sin embargo “todo está consumado y realizado”, no hay que añorar pasados ni soñar futuros. Es el “hoy” del Presente de la Vida. Es la entrada en la otra cara del presente: ya no hay engañó de muerte y vida, sino vida verdadera resucitada. Muerte, resurrección y ascensión son todo uno en el Pentecostés del triunfo del Espíritu.

Muere gritando un grito de victoria, porque morir es salir fuera de sí para extenderse a todo, es salir de sí para entrar definitivamente en el misterio de la Vida. Morir es resucitar: no como re-vivir, sino como vivir plenamente y de veras en la vida de la Vida.

¡Qué bien lo plasmó en su poema testamentario el cura periodista y poeta Martín Descalzo!:

Y entonces vio la luz.
La luz que entraba
por todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.

(Foto, Cristo de Dalí, co. De Arkangel)

Jueves Santo: de la casulla al delantal

La casulla para liturgias solemnes, bordada esmeradamente por las monjas de clausura, resplandecía grandiosa, pero pesaba una barbaridad.
(Torre de la parroquia jesuita de Rokko, en Kobe, Japón; flor del "ciruelo de cera": Chimonanthus praecox)) El pobre capellán sudaba la gota gorda los días de fiesta. Como era bajito, al hacer genuflexión se esfumaba su figura, mientras la pesada casulla se sostenía en pie como en escaparate de Corte inglés.

Para el Jueves Santo, la sacristana había preparado un paño de género de toalla, no menos pesado que la florida casulla, hasta con borlas y flecos de cenefa. El capellán, horrorizado, decidió darles una lección y dramatizó una parábola. “Vuelva a su asiento, hermana, que me arreglo yo solo”. Dijo, y se preparó a solas para la misa.

Cuál sería la sorpresa de la asamblea cuando lo vieron aparecer en al altar con un batín blanco de hospital y, sobre él, un delantal de cocina azul marino. “La paz de Jesús, hermanas y hermanos”, anunció sonriente y, tras leer el evangelio del lavatorio de los pies, lo comentó en ocho minutos, con gran regocijo del pueblo, que bosteza en los sermones largos.

El versículo 4 del capítulo 13 del guión de Juan dice que “Jesús dejó el manto y echando mano de un delantal se lo ciñó a la cintura”. El torero, al cambio de tercio, cambia la seda por el percal, y Jesús cambia el manto por el delantal (“perdonen el ripio”, dijo).

En el versículo 12 “toma el manto de nuevo y se queda recostado en la mesa”. ¿Ven ustedes? Deja el manto y toma el manto como “deja su vida para recobrarla de nuevo”; lo había dicho enigmática y simbólicamente en el capítulo 10, verso 17. Pero lo interesante es que no se quita el delantal. Es el símbolo del servicio. Les había secado los pies (Jn 13, 5) con ese delantal a los discípulos. Ahora le valdrá de servilleta en un apuro.

En todo caso, Jesús siempre en plan de faena. Abba trabaja a todas horas y él también (nos encarga que pongamos “él” con minúscula para recalcar el servicio...). Y dijo el capellán: “Hermanas, hermanos, oremos juntos y animémonos mutuamente a construir una comunidad que pase de las casullas a los delantales”.

La gente salió muy contenta, además de impactada. (Pero dicen los cotilleos que la marquesa y el marqués de Villapostines, siempre en el primer banco, se chivaron al presidente del dicasterio de liturgia por infracción de rúbricas...).

Nota: El cronista averiguó de dónde le vino la idea al capellán. Era un cura sencillo que, además de vivir inserto en el barrio y ponerse el delantal para fregar sus platos, estudiaba la Biblia por las noches. Había leído a Juan Mateos, El Evangelio de Juan, p. 597, que dice:

“Como se ve por el paralelo entre el principio y el final (13, 4 y 12), Jesús, al volver a la mesa, no se quita el paño, señal de su servicio, que culminará en su muerte, pero continúa para siempre. Sin embargo, al volver a la posición de persona libre (se recostó a la mesa) con el paño puesto, muestra que el servicio prestado por amor no disminuye la libertad ni la dignidad humana.

Se integra ahora en el grupo de iguales que ha creado con su gesto. Los ha hecho libres. Pero no ha dejado él de ser libre y señor. Con su pregunta: ¿Comprendéis lo que he hecho por vosotros?, quiere evitar que se interprete erróneamente su gesto, como un simple acto de humildad.

La frase de Jesús (lit. lo que he dejado hecho con vosotros) señala, en primer lugar, la intención de Jesús de dar a su acción validez permanente para los suyos; pero al mismo tiempo, desde la perspectiva de la comunidad, el recuerdo de una acción que permanece y conserva en ella su vigencia."

Miércoles Santo: Malenas y Judas

Miércoles Santo. Prólogo a la Pasión con Malena y Judas. Unción que anticipa la sepultura. Presume de dinero para los pobres quien luego traicionará por treinta monedas. Muchas Malenas, en plural. Muchos Judas, en plural.Todas y todos dentro de cada uno...

Malena es trasparencia. Judas es manipulación. Malena apoya abiertamente sin tapujos, no se avergüenza de cantar I do not konow how to love him...

Judas traiciona en secreto, manipulando a escondidas, manipulador a su vez manipulado. Lo tremendo es que es uno de los de dentro. La traición viene de dentro. Todos los via crucis terminan en "La Colina"...“Uno de vosotros...” (Mt 26, 20-25). “Si mi enemigo me injuriase... Pero eres tú, mi compañero, mi amigo y confidente, juntos íbamos entre el bullicio por la casa de Dios” (Salmo 55, 14). “El hermano pone zancadillas y el prójimo anda difamando” (Jer. 9,3).

Malena es gratuidad y dedicación. Judas es interés e indiferencia. “A los pobres los tenéis siempre con vosotros”. No dice los váis a tener, sino los tenéis ahora (éjete, en griego). Leía equivocadamente (¿o interesadamente?) este texto evangélico un rico financiero. Pertenecía este “presidente” a cierto movimiento de espiritualidad conocido como “de comunión diaria matutina, explotación cotidiana y brindis vespertino”. Interpretaba la frase evangélica diciendo que los pobres no van a desaparecer nunca y que, por tanto, no hay que exagerar lo de los pobres, aunque lo diga el mismísimo Papa (Este señor solamente es fiel al Papa, al que invita a bendecir sus fundaciones, cuando habla de defender dogmas a capa y espada, en eso no hay quien le gane; pero que no le nombren “lo social”, que huele a teología sospechosa).

Pero la frase de Marcos es de una ironía deliciosa. Dirigiéndose a los discípulos, que no están habitualmente con y entre los pobres (y con ellos, a nosotros, que tampoco estamos habitualmente con y entre los pobres), les dice: “Vosotros estáis ya siempre con el pueblo pobre, lo tenéis entre vosotros, mejor dicho, estáis donde el pueblo pobre está, estáis de su parte y véis el mundo desde ahí. Estáis ya haciendo por y con los pobres más que si ahorráseis estos trescientos denarios para dárselos”. Claro, como es evidente que los discípulos (como la comunidad de Marcos y como la nuestra) no están habitualmente en esa postura, la frase de Jesús es irónicamente incisiva, proféticamente interpelante.

Pero, ¡ojo!, no dividamos el mundo maniqueamente en Malenas y Judas. El punto de la perícopa es que Malena somos todos y todas, Judas somos todos y todas. Solamente leyéndola así, se convertirá esta narración en antropología y evangelio. Antropología, porque me dice quién y cómo soy yo. Evangelio, porque me da la buena noticia de quién y como es Jesús, que me acoge, sabiendo mejor que nadie lo que tengo de Malena y lo que tengo de Judas. Me descubre mi Malena en lo mejor de mi interior y me libra del Judas que mora en mi propio corazón...

(Foto de la torre de la parroquia jesuita de Rokko, en Kobe, Japón, vista a través del cerezo en flor, justo para la semana pascual)

Martes Santo: Jesús choca con las jerarquías

El martes es día de conflictos, controversias y destrucción. Largos capítulos 12 y 13 de la tradición evangélica según el guión de Marcos.

Frondosa la higuera estéril: solo hojas, sin fruto (Mc 11,20), como la religión establecida de su tiempo y como tantas liturgias muertas del nuestro.

Jesús enseñaba “sin carnet”, “sin licencia”, “sin papeles”, “sin credenciales”. Le increpan los de la Comisión X.: “¿Con qué autoridad hablas, teólogo sin censura? Cállate, Nazareno, y pasa primero por nuestra oficina, a que te pongan el sello” (cf. Mc 11,28).

Los jerarcas querían componendas y compromisos, pagar la mitad a Dios y la mitad al César. Jesús les dice: “No, devolved a Dios lo que es de Dios. Devolvédselo vosotros y que se lo devuelva también el César. Devolved a Dios el pueblo pobre que le habéis arrebatado. Devolved al pueblo pobre sus derechos, que le habéis arrebatado”. Y dice Marcos que “se quedaron de una pieza” (Mc 12, 17).

Cuando contó lo del asesinato del heredero de la viña “estaban deseando echarle mano, porque se dieron cuenta de que la parábola iba por ellos; pero tuvieron miedo de la multitud y, dejándolo se marcharon” (Mc 12, 12). Planearon cargárselo por la espalda: en secreto, invitando a que lo delataran, fomentando la denuncia falsa y el acoso moral, pagando traición y testigos embusteros acusadores(cf.Mc 14, 58).

A la viuda joven la obligaban a casarse siete veces, tratándola como posesión y mercancía para los cuñados y máquina de procrear para esos incansables sementales, que la dejaban agotada y muerta en vida. Pero Jesús cree en el Dios de vivos y fuente de vida, que quiere que hembras y varones resuciten de la muerte a la vida con una dignidad igual tan grande que se metaforiza llamándoles ángeles (Mc 12, 24).

Los que memorizaban filacterias, catecismos y catálogos de normas canónicas, patrocinados por Caifás, el Grande, no entendían el espíritu del Nazareno, que siempre se hizo el Pequeño y decía: “No sea así entre vosotross, no os emborrache el poder” (Mc 10,43). Lo entendió uno de ellos que, a pesar de ser jerarca, comprendió que lo importante es el mandamiento único: “Amar con todo el corazón,...” (Mc 12 32). Y el Nazareno le dio la razón: “No estás lejos del Reino de Dios” (Mc 12 34). “Amor quiero, no crispación. Nada de sacrificios, sino mucha compasión”, tarareaba Jesús con aire de saeta.

Le invitaron a una reunión de banqueros y empresarios, en buena relación con Caifás, el Grande. Pero Jesús, el Pequeño, no cayó en la trampa y denunció a quienes “devoran la hacienda de las viudas” (Mc 12, 41).

Con conflictos como estos, intentaba Jesús, aquel martes antes de su ejecución, invitar a abrir los ojos: “”Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: Espabiláos, despertáos, desengañáos, basta ya de vivir dormidos, medio muertos, anestesiados...” (M c 13, 37).

Lunes Santo: Cristo del Perdón

Hoy sale en procesión, en Murcia, el Cristo del Perdón, mi cofradía desde pequeño, heredada la tradición de mi abuelo. Evoco el himno que entonamos durante el quinario:
“Alta la sangrienta frente, baja los ojos al suelo. Es su mirada clemente firme y luminoso puente entre la tierra y el cielo”

“Alta la sangrienta frente”, el Cristo del Perdón eleva los ojos al cielo para recibir energía del Dios Padre y Madre. Y, a continuación, la difunde con su mirada sobre la humanidad. “Baja los ojos al suelo” para extender por el mundo una mirada acogedora que sane heridas, extinga crispaciones, desarme extremismos, apacigüe agresividades y facilite encuentros y pacificaciones.

“Es su mirada clemente” un rostro de misericordia. No un ceño condenatorio de juez, ni un dedo sentenciador, sino un rostro misericordioso y reconciliador. Por eso, la meditación de la Pasión no es angustiosa ni oprimente, sino consoladora. Una de las jaculatorias más atinadas de la tradicional oración Anima Christi decía así: “Pasión de Cristo, confórtame”.

No se debe exaltar el dolor por el dolor, ni caer en el “dolorismo” de algunas manifestaciones exageradas de la religiosidad popular. No tiene más mérito quien más sufre, ni Dios envía el dolor como castigo, ni tampoco lo planea para sacar bienes de él. No, Jesús no nos salva gracias a la cruz, sino a pesar de ella. Nos salva porque, a pesar de ser el inocente crucificado, está vivo para siempre en Dios y es la base de nuestra esperanza.

“Es su mirada clemente, firme y luminoso puente entre la tierra y el cielo”. He meditado estos versos de su himno ante el Cristo del Perdón y me ha parecido escuchar de sus labios tres palabras: una palabra de lucidez, una palabra de acogida y una palabra de misión.

La primera es una palabra de lucidez: “Mírate ante mí, me dice, y reconoce que tú también eres responsable.” Al escuchar esta palabra ya no puedo autojustificarme, ni decir, “los malos son ellos”. Si todos nos sentimos víctimas con las víctimas, también es cierto que, en la medida en que hay en mí rencor, odio o venganza, algo tengo que me asemeja a los agresores.

La segunda es una palabra de acogida. “Deja de mirarte a tí mismo, me dice, y mírame a mí que te acojo.”.Al escuchar esta palabra ya no puedo autocondenarme. No hay lugar para culpabilizarse patológicamente. Su buena noticia es sanación.

La tercera es una palabra de misión: “Sube aquí junto a Mí, me dice, y mira cómo se ve el mundo cuando se lo contempla desde la cruz.” Hay que dejar de mirarse a sí mismo para pasar dirigir la mirada a un mundo tan lleno de crucificados a los que hay que descolgar de sus cruces.
Sale uno de esta meditación de la Pasión animado y confortado. Su mirada clemente deja un poso de calma y serenidad y envía a la praxis de liberación, pero sin agresividades, desactivada ya toda crispación...

(Publicados en RD)

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13 Mar 2010

LIBERAR, LIBERARSE Y SER LIBERADO

Escrito por: Apoyo el 13 Mar 2010 - URL Permanente

Cuelgo un artículo de Juan Masiá que fue publicado en la
Revista Iglesia Viva
y que tiene que ver con los post de días anteriores que Juan fue poniendo.

Para leerlo en grande hay que pulsar en "full" y para salir de la pantalla completa pulsar "esc".

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29 Ene 2010

Presentación del libro "VIVIR EN LA FRONTERA". Por BENJAMÍN FORCANO

Escrito por: Apoyo el 29 Ene 2010 - URL Permanente

Benjamín Forcano

Quien lea este libro, verá que está más que atinado el título del mismo. "Vivir en la frontera" es ni más ni menos de lo que se trata y de lo que trata el autor. Es importante que el lector repare en esto, pues en mi opinión es lo que define el valor central del libro.

Nadie suele vivir en la frontera. Ella marca el límite de dos o más territorios, gente que se encuentra de lado de acá o del lado de allá, separados. Decidirse a "vivir en la frontera" resulta, para quien lo hace, una novedad y también para quienes le observan de una y otra parte. Situarse en la frontera es estar entre las dos partes, en trato y diálogo con unos y con otros, haciéndose morador y experto de un territorio distinto, que se caracteriza por el cruce, la mezcla y la superación del aislamiento recíproco. La mirada del que vive en frontera abarca las dos partes y el corazón borra muchas distancias de quienes transitan de una a otra parte.

Por ley de vida y formación, Juan Masiá desarrolló una parte de su vida dentro del territorio que le vió nacer. Ese territorio es España, su patria geográfica y espiritual, inscrita desde siglos en la historia milenaria del catolicismo. Y, como a todos, también a él le tocó fraguar sus personalidad desde las pautas dominantes en la cristiandad, que se entendía como un todo indivisible, bajo el lema de que la "religión católica es la única verdadera" y "fuera de ella no hay salvación". Un territorio definido, que marcaba a los de adentro y a los de afuera el comportamiento a seguir.

No es ese el mapa que figura en la enseñanza de Jesús de Nazaret. El habla de un Dios universal, Principio y Fin de todos, de amor omniabarcante, que no dejaba a nadie fuera, en territorio extraño o enemigo, y que pedía a todos "vivir como hermanos", aunque la existencia individual hubiera de transcurrir en los mil rincones, parajes y colores del cosmos y de la historia. La diversidad en expresar la existencia, el lenguaje, y la cultura era connatural con la primigenia unidad de todos. Por debajo de la diversidad, no menos que por debajo de la unidad, transcurría callada la presencia vivificante del Dios Amor: todos en Uno.

Esta unidad universal de territorio se eclipsó y emergió absolutizada la particularizada diversidad. La particularidad se encerraba en sí, se autoenaltecía como única, con el destino manifiesto de guiar, modelar y subordinar a todas las otras. En la Iglesia católica, y en todas las demás religiones, no fue esa la inspiración original, pero con el tiempo se hizo santo y seña en todas las religiones y en las naciones que a ellas unían su historia y destino.

El resultado es el que históricamente hemos conocido: separación, incomunicación, desconocimiento, exclusión, hostilidad, guerra. El mundo, criatura del UNICO Dios creador, se clasificó como criatura múltiple, enemistada y fragmentada, creyendo -¡oh paradoja! - tener que hacerlo así por seguir al Dios único y verdadero. Fueron las religiones que, autodivinizadas en sus propios territorios, disputaban y guerreaban por negar legitimidad de territorio a las otras.

Este es el mal histórico, heredado, pegado a la espalda de todos. Y, desde hace décadas, para algunos desde siempre, la miopía autoterritorial comenzó a desvanecerse, y creció hasta sobreponerse otra mirada limpia, más universal.

"Vivir en la frontera" no se puede hacer si uno no se embarca para salir del propio territorio, conocer los otros, admirarlos, escucharlos y aprender de ellos. Simplemente: en el mundo estamos todos, los unos junto a los otros, idénticos como seres humanos, diversos en el contorno geográfico y cultural que nos forma, pero todos unidos en un mismo comienzo y destino, con una misma dignidad y valores.

Pero este descubrimiento hay que probarlo y hoy, más menos, lo probamos casi todos: salimos del aislamiento y de la ignorancia mutuas, de la auotoexaltación infantil y boba y nos paramos a gozar del cosmos y de la humanidad entera.

Creíamos estar solos, y ser más que los demás. El espejismo se deshizo y abrimos los ojos y no pusimos a contemplar, revisar y reacomodar todo el cuadro vivencial de nuestra personalidad.
Ha sido la experiencia de Masiá: trascender por una parte el propio territorio, abrirse al de los demás, conocerlos y respetarlos y, por otra, cuestionar el propio, quitando barreras y trincheras y ensayando nuevos caminos.

¡Ay, el Vaticano II y todo lo que en su larga preparación le precedió! ¡Y ay lo que de programada y pertinaz restauración le siguió! Muchos sufrieron hasta que volvió la reacción y la plaudieron; otros apostamos por la renovación. Y entre unos y otros hacemos el momento presente, en contienda a veces dura y agresiva, nada fraternal. Con la particularidad de que los perdedores iniciales del Concilio son hoy los ganadores, y los ganadores de entonces son ahora los perdedores.

Leyendo a Masiá se avanza, casi insensiblemente, en esta tarea suave de pedir cuentas primero a sí mismo, de no autoengañarse ni enfatuarse, de relativizar y revisar lo propio, de valorar y atender los puntos de vista del otro.

Las religiones han cultivado el demonio del particularismo, del desprecio, del absolutismo y del autoengreimiento. Lo llevamos dentro y hay que descubrirlo, reconvertirlo y expulsarlo. Y, desde esa actitud, con humildad, pero con sinceridad y valentía, iremos señalando punto a punto las muchas cosas que, rayanas a veces en tonta vanidad, hemos -de buena fe por supuesto-defendido.

El libro de Masiá es una herramienta teológica y pedagógica para recorrer primero de todo el territorio propio, tierra adentro. Es mucho el campo, la llanura y los montes y por ellos hay que volver a transitar para rectificar vías y anular recovecos sin salida. El lo hace, suavemente, sin herir, con recurso al Evangelio, a la Escritura, a la Tradición, el Magisterio, al Pueblo, a los Santos y, más hacia nosotros, a la Modernidad, al Vaticano II y al forzado retroceso de este último tiempo. Pero, comienza por aplicarlo - y se ve que lo ha vivido- a sí mismo. Nadie da lo que no tiene, nadie puede vivir en la frontera sino sale de la propia, nadie puede hablar de renovación si él no se ha renovado.

Es la premisa para ir releyendo, con nuevos ojos el Evangelio, no ilusoriamente, sino desde la ayuda preciosa de la nueva Exégesis bíblica, teológica, pastoral, testimonial e incluso martirial del pueblo de Dios.

Masiá no abdica de su identidad cristiana, ni erige en tesis lo de "todas las religiones son iguales", "todas valen lo mismo". Cada religión tiene raíces comunes con las demás y es distinta y, de ahí, la necesidad del diálogo para un mutuo aprender, en todas ellas alienta el espíritu de Dios, en todas hay caminos de realización y salvación y en todas encontramos las grandes causas humanas por las que trabajar y luchar juntos.

No es preciso que lo diga, pero a Masiá le ha resultado más fácil caminar, dialogar y progresar fuera, que en el territorio propio. Dentro se tiene mucho miedo a revisar, disentir y a hablar con libertad. La inseguridad activa los hilos de alarma y de la represión. El momento presente demuestra que, aun siendo mucho lo bueno y lo avanzado, reaparece fuerte el gregarismo y la sumisión.

El autor, en actitud serena y alegre de fraternidad, invita a compartir con él la frontera, a asomarse y comprender el mundo entero, a afrontar la incomprensión por presentar la verdad del Evangelio y hacer más idónea de ella a su Iglesia católica, a no pararse y a seguir mirando el futuro con esperanza. Quien así lo haga, quizás podrá saborear lo que es: convivir en paz, creer con sensatez, discrepar fielmente, aprender de lo diferente.

Juan Masiá Clavel
VIVIR EN LA FRONTERA (Ed. NUEVA UTOPÍA)
Convivir en paz - Creer con sensatez
Discrepar fielmente - Aprender lo diferente

Páginas 284 Precio 17 Euros

Un libro sin exclusivismos ni sectarismos,
en actitud reconciliadora y profética.

PEDIDOS PARA COMPRAR EL LIBRO:

Librerías y Nueva Utopía
C/ Fernández de los Ríos, 2-3º-Izda. 28015 Madrid
Tel. 91 4472360
Tel. y Fax: 91 4454544
E.Mail : bforcanoc@terra.es

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12 Ene 2010

BAJO LA HIGUERA: AGUA Y VINO (Midrash)

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 12 Ene 2010 - URL Permanente

(Midrash de Caná, para las homilías del domingo 17 de enero)

La editorial Playeta, desde su central en Tiberíades, hizo pública la concesión del premio anual de literatura de vanguardia al autor Juan de Patmos, por su relato “A la sombra de la higuera”, presentado con el pseudónimo de “Águila enamorada”. El corresponsal J. Vetoya, ha hecho para nuestro periódico “El Maís” esta entrevista al galardonado.

    J.VETOYA: Enhorabuena, don Juan Evangelista, por el premio. Díganos, a bote pronto, ¿Cómo se le ocurrió el título?

    JUAN DE PATMOS: No es original mío, se lo debo a mi querido amigo y maestro.

    VETOYA: ¿El Galileo?¿El ejecutado `por el gobierno instigado por los del templo?

    JUAN: Sí. Jesús nos dejaba perplejos con sus salidas inesperadas.

    VETOYA: Y en una de ellas se subió a la higuera...

    JUAN: No, pero nos sorprendió con las manos en la masa. Charlando bajo la higuera, Natanael, Jacobo y yo planeábamos un sabotaje a la legión romana (éramos los del “trueno”). Al día siguiente, Perico nos presentó a Jesús diciéndole que éramos israelitas de fiar. Jesús sonrió y dijo: “me lo imagino, por lo que hablábais ayer bajo la higuera”. Natanael se quedó paralizado.

    VETOYA: Ya, ese capítulo lo he leido, cuando le dice Jesús: “Verás cosas mayores”.

    JUAN: No, Vetoya, no. Te engaña la traducción del Jeronimísimo. Lo que dijo Jesús en mi original fue: “Ay, Natanael, lo que te queda por ver!”

    VETOYA: Pues pasando a su original, ¿Cómo se inventó usted la magia química de convertir agua en vino para el capítulo 2?

    JUAN: No me lo inventé. Estuve allí. Como era el más joven tuve que cargar con las garrafas.

    VETOYA: Que pesaban, me lo creo. Pero que se convirtiera el agua en vino, eso ya no me lo trago.

    JUAN: No he dicho eso. Dije que estuve allí y acarreé las garrafas.

    VETOYA: Luego fue truco y no milagro. Llevaron ustedes el vino...

    JUAN: Tampoco es eso... Es que no véis más que o blanco o negro, o milagro o cuento, o realidad o ficción. Deberías leer al filósofo Paul Ricoeur para aprender lo que significa en hermenéutica “decir la realidad por medio de la ficción”.

    VETOYA: Muy complicado

    JUAN: No, muy sencillo. La madre de Jesús lo entendía a la primera sin ser letrada.

    VETOYA: Usted vivió con ella

    JUAN: Sí, yo dormía en el ático y escribía en la terraza. Ella estaba en la planta baja con Malena. No podía con las escaleras por la artritis. Lo pasaba mal por lo de las vértebras, la dolencia le venía ya de antiguo, tras el esfuerzo de los últimos partos... En su sillón junto al braserillo disfrutaba recordando cosas de Jesús mientras nos invitaba a tortas amasadas por ella. ¡Cuántas veces nos reímos con lo de las tinajas vacías! Malena le decía: “Madre, que te repites, ya lo has contado muchas veces...”

    VETOYA: Me cuesta creer que la señora María entendiese de simbolos y hermenéuticas.

    JUAN: Vaya si entendía. Si a Malena no le venía la regla, María insinuaba con picardía: “Malena, cariño, ¿es que te ha visitado un arcángel?”

    VETOYA: Toma, se las sabía todas... Pero mejor no toquemos ese tema. Que, aunque mi periódico es progre, los tentáculos inquisidores del portavoz del Sanedrín, el rabí Kaminazares, alcanzan hasta nuestra redacción..,.e imponen filtros.

    Pero, volviendo a Caná, ¿No le parece poco educada la respuesta de Jesús a su madre? “Mujer, a tí y a mí ¿que nos importa si falta vino?

    JUAN: No, Vetoya, eso es otra traducción inexacta (como las que gustan a los literalistas de “Info-Caifás Digital”, o “Papiros en libertad” o a los de “Atalaya de aves migratorias”... Lo que dijo María fue: “Hijo mío, solamente estábamos invitados tú y yo. ¿Cómo me traes contigo a esos doce comilones? Va a faltar vino”. Y Jesús contestó: “Tranquila, madre, que de la bebida se encargan ellos, mira las garrafas que trae Juan. Pero cállate hasta el final. Tenemos que dar el golpe echando el vino en las tinajas de las abluciones”.

    VETOYA: ¿Conque bauizásteis el vino con agua bendita, mezclándolo?

    JUAN: No, hombre, no lo has entendido. Esas tinajas, a pesar de ser tan importantes para purificarse, estaban completamente vacías. Tan vacías como la religiosidad (sin fe, ni misericordia, ni buen humor) de los mitrados del templo que criticó Jesús. Ahí está la miga del capítulo. Es fortísimo el simbolismo. Jesús en persona es vino nuevo. Yo sigo bebiéndolo a diario y es lo que me hace escribir y vivir y dar testimonio...

    VETOYA: Ahora lo veo, don Juan. Su libro se venderá gracias al premio Playeta, pero me temo que a usted le llega una cartita curial del rabino Kaminazares con un sambenito. Y lo malo es que ahora ya no tiene a su lado a la señora María para defenderlo explicando lo de las tinajas vacías.

    JUAN: Un día le decía ella a Malena: “Pensaréis que es pasión de madre por el mayor, pero es que mi hijo Jesús tenía unas cosas geniales. Claro que yo le decía: Hijo, ten cuidado, que te pasas un poco y te van a atrapar los del gazofilacio para las monedas de cobre”.

    VETOYA: Y así fue, porque se lo cargaron... como pasa siempre... es triste, la historia se repite.

    JUAN: No , Vetoya, de nuevo te equivocas, no es triste, ni mucho menos. Porque hay una parte de la historia que no se repite, no se puede repetir. Esa parte que, en vez de ser histórica es más que histórica porque se sale de la historia, es lo que ocurrió de una vez y para siempre definitivamenter (en griego, con “apax legómenon”).

    VETOYA: ¿Y qué es eso?

    JUAN: Pues que Él Vive, que es “El que VIVE”, porque entró en la Vida Definitiva y no puede volver a morir y su Espíritu nos lo hace sentir y nos hace vivir “de cara a Abba” (“pros ton theón”). De eso es de lo que iba mi relato, esa es la gran verdad que yo (portavoz de una comunidad de testigos e intérpretes) transmito por medio de la ficción. Creo que los que me han dado el premio Playeta no se han dado cuenta.

    VETOYA: Perdone, don Juan. Tenemos que cortar, el periódico no me concede más de una página.

    JUAN: Ya comprendo. Harían falta miles de páginas para contar todo lo que dijo e hizo Jesús. Pero basta un ejemplo como el de las tinajas vacías para aprender a fiarte de él y animarte a beber su vino que te da la vida...

(NOTA: Para el fundamento exegético inspirador de este midrash ver: J. Mateos-J. Barreto, El Evangelio de Juan, Cristiandad, 1982, pp. 142-157)

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SOBRE MÍ

Juan Masiá Clavel.

Jesuita, Profesor de Ética en la Universidad Sophia (Tokyo) desde 1970, ex-Director de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas,, Investigador del Centro de Estudios sobre la Paz de la Sección japonesa de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz (WCRP), en Tokyo.

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