13 May 2013
INCOHERENCIA JAPONESA AL APLICAR LA LEY SOBRE ABORTO
-INCOHERENCIA JAPONESA EN LOS SUPUESTOS LEGALES DEL ABORTO-
La abogada japonesa Satoka Adachi ha demandado demanda al Estado, solicitando que se dicte sentencia (para condenarla o para absolverla con indemnización) por la interrupción del embarazo que le fue practicada en agosto de 2010, en la 18 semana de gestación. La ecografía había detectado notables anomalías en un feto previsiblemente inviable y esta gestante accedió a la recomendación médica de interrumpir el embarazo. Otra opción que le ofrecían era aguardar el fallecimiento fetal antes del alumbramiento. Sin embargo, tanto retrasar la interrupción como aguardar al alumbramiento de un feto fallecido, conllevaba riesgos graves. Finalmente, ella accedió a la recomendación de interrumpir el embarazo antes de que fuera demasiado tarde, como explica en la entrevista que le hizo el semanario Aera (7-I-2013) .
El certificado de “nacimiento sin vida” -sutileza nipónica del eufemismo- dice así: “Alumbramiento artificial de feto sin vida, a petición de la gestante, por indicación económica, de acuerdo con la ley de protección materna”. Satoka no podía firmarlo, ni justificar su aborto por “indicación económica”. Su motivación se debía a las anomalías fetales, no era por la llamada “indicación económica”. El médico le recordó lo que, como abogada que, ella debía saber bien: la ley japonesa vigente no admite la indicación por malformaciones; aducirla sería incurrir en delito. Las clínicas japonesas lo evitan registrando la operación como “aborto por indicación económica”, admitido por la “ley de protección materna”. Desde que se promulgó (1996), jamás se han condenado abortos por malformaciones, aunque los avances en diagnóstico prenatal los incrementan; pero se salvan rutinariamente las apariencias, certificando “abortos por indicación económica”. “No estoy en penuria, dice Satoka, ni abortaría por ese motivo; lo hice previendo las dificultades de supervivencia del feto. Sería hipócrita aducir la razón económica”. Tal hipocresía favorece el doble estándar: una penalización, en apariencia estricta, condena el aborto por malformaciones; pero el sistema sanitario, de hecho, la infringe acogiéndose a la indicación económica.
Satoka plantea una demanda incómoda al solicitar ser condenada o, si es absuelta, pedir una indemnización, porque el mismo sistema sanitario la obligó a mentir en documento público. Denunciando lo contradictorio de la ley, pretende fomentar su revisión. En vez de prohibir sin excepciones el aborto por malformaciones, sería preferible regular las condiciones o límites de su despenalización. Anticipando protestas por parte de asociaciones de personas discapacitadas, Satoka señala que, con la ley actual, la discriminación es mayor que si la ley determinara los límites de la despenalización.
En 1996 se modificó en Japón la “Ley eugenésica” (1949) y se cambió el nombre por el de "Ley de protección maternal", suprimiéndose párrafos discriminatorios, como el que decía: "Esta ley, desde una perspectiva eugenésica, con el fin de impedir el nacimiento de vidas defectuosas, se propone proteger la vida y salud de las madres". La palabra furô, defectuosa, es la misma utilizada en los controles de calidad de las empresas para designar una mercancía. En la revisión de la ley se suprimió el concepto de “vida superior o de calidad excelente" y se quitó la cláusula que permitía esterilización y aborto para evitar el nacimiento de “vidas de clase inferior o defectuosa”.
Cuando se debate en Japón la conveniencia de introducir en la ley la indicación por malformaciones, reaparecen en la cámara dos voces opuestas: quienes temen abrir la puerta a la discriminación por discapacidades y quienes consideran cualquier malformación como razón suficiente para esa indicación. La tendencia japonesa a evitar confrontaciones lleva a aplazar el tema, como han hecho con la demanda de Satoka, dándole largas. A la hora de redactar estas líneas, todavía no se ha recibido a trámite su solicitud. Actualmente la interesada recoge por internet una encuesta a mujeres que han padecido semejantes situaciones penosas.
Leída esta información en el contexto de los debates recientes en el Congreso de los Diputados español, me atrevería a decir, sirve de referencia. La fogosa polémica partidista favorece una impresión errónea: como si quienes favorecen la modificación de la ley monopolizasen posturas pro-vida y quienes se resisten a cambiar la ley vigente fueran posturas discriminadoras del feto. Estimo incorrectos ambos extremos. Ojalá valiese la presunción de que ambos comparten la postura pro-persona, para proteger por igual el bien jurídico de madre y de feto. La hipocresía social -fomentada en el caso de Japón por una ley que, con apariencia menos permisiva, ampara veladamente su violación-, es un caso paradigmático que nos hace pensar. Pienso que el Partido Popular debería dejar el proyecto de modificación de la ley vigente y mantenerlo por un tiempo más largo en lista de espera, para dar lugar a que la deliberación ética pública madure antes del debate parlamentario, demasiado condicionado por presiones ideológicas o confesionales.
(Publicado en La Verdad, de Murcia, el 11 de Mayo, 2013)
12 May 2013
ASCENDER AL CIELO BAJANDO A LOS SUELOS
ASCENDER AL CIELO BAJANDO A LOS SUELOS
Diálogo del ángel Rafael con el cura Juanico
Llamó con los nudillos, pero nadie respondió. Levantó suavemente el picaporte y entró con sigilo. Sobre el pupitre dormitaba Juanico, pluma en mano sobre la página emborronada. Se cortaba la frase en la segunda línea: “Hoy es el día de la Ascensión. Jesús subió a los cielos y está sentado a la dere...”
Ángel Rafael: Despierta, Juanico.
Cura Juanico: Ah, ¿eras tú, Rafael? Llegas a tiempo.
Rafael: Para echarte una mano en la homilía.
Juanico: Iba a empezar con lo del Credo, “a la derecha del Padre”
Rafael: Mal comienzo, no lo entenderán
Juanico: Me lo temía, pero...
Rafael: Tú homilía dialogada de la misa infantil, va para los mayores, ¿verdad?
Juanico: Dicen que ese día, lo entienden mejor las personas mayores.
Rafael: Pero en tu catequesis son gente avispada. Seguro que Paquito, que ve mucho cine, te pregunta si Jesús subió a los cielos con cohetes de propulsión individual en la mochila, como un héroe del 007. Y Angelita, tan espabilada, pondrá a Jesús en tercer lugar, y a la derecha del padre colocará a María como la Cospedal junto al Rajoy.
Juanico: A mis peques les pega decir eso...
Rafael: Tú empieza sin miedo, diles a mayores y menores que la ascencsión no es trepar a los cielos, sino bajarse a los suelos.
Juanico: Se quedarán desconcertados.
Rafael: Es lo que hacía Jesús desconcertando con parábolas; y, en vez de explicarlas, que quien pueda entender, entienda. La gente quedaba descolocada, luego caían en la cuenta y miraban desde el sitio en que los quería colocar Jesús. Nada de evadirse de este mundo al cielo, Jesús encarga a los discípulos bajarse al suelo.
Juanico: Bajarse a la vida.
Rafael: ¿Para qué? Como dice el salmo, “para levantar del suelo al pueblo empolvado, empobrecido e injusticiado”.
Juanico: Eso me gusta, será la homilía para la comunidad de base; se engacharán a compartir y tendrán mucho que decir. Pero los de domingo en misa de doce no van por ahí. Los hay del partido azul y del naranja, mitad y mitad. Pero ni los azules están con el pueblo, a pesar de presumir de populares, ni los naranjas por el bien común social, aunque se llamen sociales. Y ni unos ni otros están por bajarse al suelo con el Jesús del Evangelio. Esperan que les digas algo “políticamente correcto”, que no moleste, ni estorbe cuestionando, por ejemplo, sus primeras comuniones lujosas, como costumbre social poco religiosa...
Rafael: Por eso mismo necesitan que lo digas. Dílo evangelio en mano.
Juanico: ¿Cómo?
Rafael: Por ejemplo, con Marcos 16, 7: “El que Vive va por delante de vosotros... en Galilea lo veréis”. Buscad a Jesús en lo cotidiano de la Galilea de empobrecidos e injusticiados. O con Lucas, en los Hechos 1, 1-11: “No os quedéis embobados mirando hacia arriba”. No viváis la religión como evasión de este mundo. No os escabulláis de la tarea de transformarlo. No ignoréis el problema del desahucio y desempleo.
Juanico: Así lo entiendo yo. Pero protestarán quienes me acusan de muy social y poco espiritual, se quejan de que me meta en política en la homilía, dicen que menos indignación social y más mística y espiritualidad...
Rafael: Díselo citando la carta a la iglesia de Éfeso. Dice que Jesús “subió a los cielos”, es decir, que “lo llena todo para salvarlo todo”. Ese es lenguaje místico.
Juanico: Entonces se enfadará la otra parte de la comunidad. Dirán que me pasé a la mística y me olvidé de lo social.
Rafael: No, la lectura social del evangelio es muy espiritual. Praxis social y contemplación no son incompatibles. Se entiende bien aclarándolo con Mateo 28, 20
Juanico: Pero Mateo, “tan eclesiástico y jerárquico”, parece decantarse por la “derechona”.
Rafael: Tampoco es eso, Juanico. Recuerda que, en el pergamino de Mateo 28, 16-20, va con tinta roja cuatro veces seguidas la palabra “TODO” (en griego “PANTA”) : “todo poderío..., todas las gentes..., todas las cosas que os inculqué..., todos los días a vuestro lado”. Ese “todo” es la palabra clave de la catolicidad y mundialización. No de la tan cacareada globalización, la de explotar a todos para enriquecer a unos pocos, sino la auténtica mundialización que levanta del polvo a todo el mundo, hace iguales ante la justicia a todos y todas, rescata a quien necesita ser rescatado y no a unos pocos financieros que no lo necesitan y fueron causa del empobrecimiento del resto. Dice Jesús: “Se me ha dado todo poderío para liberar; no para dominar y explotar, sino para levantar del suelo a todo el mundo. Os encargo que os bajéis al polvo para levantar del suelo a todas las gentes tiradas por el suelo. Y cuando hagáis eso, estad seguros que yo estaré a vuestro lado todos los días hasta el fin de los siglos”. Ese es el “todo” de las Ascensión, ese es el “todo” de la verdadera mundialización de la paz y la justicia.
Juanico: Ya, leído así concuerda con lo que aprendía hace medio siglo en cursos de exégesis.
Rafael: Tú seguiste los de Juan Mateos y Alonso Shökel, ¿verdad? Su traducción comentada del Nuevo Testamento es de lo mejor que hay en español.
Juanico: Es la que sigo usando siempre, figúrate como será de buena que en alguna librería diocesana la prohibieron por orden del obispo.
Rafael: Señal de lo buena que es.
Juanico: Sus comentarios me ayudan a explicar cómo está presente Jesús, El Que Vive Resucitado, en la comunidad reunida por su Espíritu, la que prolonga su cuerpo y sustituye al templo. Está presente de cinco maneras, como expresan las metáforas de la Ascensión: 1) Está arriba, 2) a la derecha, 3) delante, 4) al lado, 5) y en todo.
1)Está arriba, lenguaje simbólico apocalíptico de victoria, “elevación” o “exaltación” (Lc 24,51).
2) Está a la derecha, lenguaje simbólico de juicio escatológico, “a la derecha del Padre”, desde allí vendrá a juzgar (Act 1,11).
3) Está delante, lenguaje simbólico del encuentro con Él en la praxis cotidiana, “en Galilea le encontrarán” (Mc 16, 7).
4) Está al lado, lenguaje simbólico de su presencia en la comunidad enviada en misión, todos los días hasta el final (Mt 28, 19-20).
5) Está en todo, lenguaje simbólico místico-cósmico: está en todo, ascendió “para llenarlo todo” (en griego: ina pleróse ta panta). Este quinto lenguaje es el más maduro, propio de la fe adulta, más allá de la magia, desmitificador, juntando mística y crítica social.
Rafael: Premio, Juanico. Pues ahora no hay más que ponerlo en práctica. Que la frase final de tu homilía sea la del comienzo. Ascensión significa bajarse a la vida, bajarse al suelo. Como Jesús y el Papa Francisco en el lavatorio de pies. Como el obispo Samuel de Chiapas, de quien decía los indígenas: “Desde que vino don Samuel, ya no andamos con cabeza baja. Don Samuel se bajó a nosotros y nos levantó, nos devolvió nuestra dignidad y ahora caminamos con la cabeza erguida”.
Juanico: Gracias, Rafael. Le pediré al obispo que me deje retirarme y te ponga en mi lugar al servicio de la parroquia. Una iglesia que no se baja al suelo no puede subir a los cielos.
07 May 2013
ANENCEFALIA NO ES "MERA MALFORMACIÓN"
ANENCEFALIA NO ES MERA MALFORMACIÓN
Cuando se discute superficialmente sobre el tercer supuesto para no penalizar la interrupción del embarazo, se cae a menudo en la confusión de englobar, en un solo paquete, desde un simple caso de síndrome de Down hasta las malformaciones incompatibles con la vida o incluso el caso de la anencefalia. Esta última no debería llamarse propiamente malformación, sino “imposibilidad e incapacidad para formarse o constituirse”.
También se cae a menudo en la confusión de confundir la decisión de interrupción del embarazo en casos extremos de malformaciones con la discriminación de las personas discapacitadas. No se sigue. El respeto a esas decisiones dolorosas en casos extremos, aunque no se las comparta, puede ser compatible con el esfuerzo por evitar toda clase de discriminación de las personas discapacitadas ya nacidas y por atender al cuidado de su dependencia.
Habría que evitar hablar de malformaciones en general, metiendo en un solo paquete todos los casos, desde un simple estrechamiento del conducto esofágico en un síndrome de Down hasta una anencefalia.
Por otra parte, hay que notar la incoherencia que supone penalizar la interrupción del embarazo en supuestos seriamente graves, a la vez que se recorta el apoyo con la ley de dependencia a la crianza, sanidad y educación de vidas discapacitadas.
También es incoherente lanzar la acusación de “anti-vida” a quienes optaron dolorosamente por un mal menor en situación de conflicto, así como la presunción fácil de que sean “pro-vida” quienes impongan, por motivaciones ideológicas o presiones partidistas o confesionales, la opción contraria.
Merece la pena reiterar las aclaraciones sobre malformaciones, ya expuestas en otra ocasión (El País, 2-VIII-2012).
Un feto anencéfalo, carece de las mínimas estructuras neurológicas como soporte para la formación de una persona, desde respirar autónomamente hasta capacitarse para cualquier acto estrictamente humano de sentir, pensar o querer. Aunque hubiera razones para no interrumpir su alumbramiento, no sería por considerarlo una realidad humana personal. El aborto de un anencéfalo no es el aborto de un ser humano.
Un feto con una malformación incompatible con la vida extrauterina (supongamos el caso de una agenesia renal irremediable), no podrá llegar a realizar acción humana, porque no sobrevivirá. Es asemejable al ejemplo anterior.
Ejemplos más delicados: fetos con patología grave, sin solución curativa, solo paliativa. “Ante un diagnóstico prenatal de estas características, la mayoría de padres solicita una interrupción de la gestación acogiéndose al tercer supuesto de la ley del aborto...”. Aunque objetivamente cueste asentir a este planteamiento “debemos –dice el Dr. F. Abel, ginecólogo y teólogo moral- respetar a las personas que se encuentran en esta situación y las decisiones que toman”(Diagnóstico prenatal, Instituto Borja de Bioética, 2001, pp. 3-26) . Al mismo tiempo habrá que seguir trabajando para que en nuestra sociedad no se discrimine a causa de la discapacidad y se responsabilice la sociedad entera del apoyo a la dependencia en todas las fases de la vida. Sin hacer esto último, no tendrá credibilidad el legislador que intente suprimir el citado tercer supuesto.
27 Abr 2013
PACEM IN TERRIS: HACE CINCUENTA AÑOS
El 11 de abril se ha cumplido medio siglo del aldabonazo a las conciencias dado por la encíclica Pacem in terris del Papa Juan XXIII.
Pedía el Papa Juan, el Bueno, la paz entre todos los pueblos, fundada en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. La carta, dirigida por el Papa a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, hacía suyo el lenguaje de los derechos humanos, aunándolo con el mensaje evangélico de filiación divina y hermandad e igualdad universal de la humanidad. Subrayaba que la paz se logra con justicia, amor, libertad y solidaridad; se frustra con los rearmes y la difusión engañadora de odios y divisiones. Se adelantaba unas décadas a urgir la necesidad de conjugar el respeto a la persona y las exigencias del bien común en una era de globalización de la cuestión social.
En la España de aquellas fechas todavía no había llegado la transición democrática. Hubo sacerdotes llamados a rendir cuentas en comisaría policial por haber predicado en sus misas el contenido de la encíclica. Reconocía más tarde en sus Memorias el ex-ministro López Rodó, que las Leyes fundamentales del país necesitaban revisarse para estar de acuerdo con las directrices de Pacem in terris sobre derechos humanos.
Juan XXIII, que había mediado el año anterior para impedir que la crisis de los misiles soviéticos en Cuba desencadenase un conflicto nuclear a escala mundial, recibió en audiencia a la hija y el yerno de Kruschev. Pero el entorno de la Curia no veía con buenos ojos esta apertura de Juan al diálogo y el periódico oficial vaticano silenció el encuentro. La mayoría de obispos españoles participantes entonces en el Concilio, representaban la postura del nacionalcatolicismo y no estaban de acuerdo con el documento sobre la libertad religiosa, que recogía y ampliaba el énfasis de la Pacem in terris en la defensa de la dignidad humana.
Frente a quienes insistían en el eslogan de que “el error no tiene derechos”, la encíclica corregía: hay que distinguir entre el error y la persona. El que esté equivocada no la priva de su dignidad como persona, que exige ser respetada siempre. Esto vale tanto para quienes defienden posturas que juzgamos equivocadas, como para quienes no comparten nuestras creencias religiosas. La Declaración sobre la libertad religiosa y la Constitución sobre la Iglesia en el mundo de hoy, del Concilio Vaticano II, consagraron esta actitud humana y cristiana, pilar de la convivencia democrática.
Reunido con el Papa Francisco el pasado 8 de abril, para intercambiar opiniones en relación con el conflicto en la península de Corea, Ban Ki-moon pedía al Pontífice actual un liderazgo moral en pro de la paz mundial. El Papa Francisco, que el día de Pascua había pedido la paz orando por la solución pacífica en Corea, Siria y otras áreas conflictivas, se unía a los esfuerzos del Secretario General de Naciones Unidas, para promover la reconciliación entre los pueblos.
Pero la historia se repite y cuesta superar la tentación pesimista cuando repasamos la memoria de los llamamientos a la paz lamentablemente frustrados. En los días de la primera guerra mundial, el Papa Benedicto XV, que apelaba a los dirigentes políticos de para resolver diplomáticamente el conflicto, era criticado por franceses y alemanes, acusado por ambas partes de ponerse a favor del contrincante. Pablo VI, en su visita a Naciones Unidas en 1965, pedía encarecidamente: “Nunca jamás, nunca jamás guerra”; pero su grito no hacía impacto en el Presidente Johnson para el cese de los crueles bombardeos sobre población civil en Vietnam. En 1991 el presidente Bush (padre) hacía oidos sordos al no a la guerra de Juan Pablo II, como también Bush (hijo) se negó a escucharlo cuando el trío de las Azores planeaba la intervención preventiva injusta en Irak.
Ni la capacidad de persuasión de un líder político o el peso moral de un dirigente religioso son suficientes para frenar la que Juan XXIII llamaba “locura irracional de la guerra” (Pacem in terris, n.127), si no se levanta desde abajo la ciudadanía concientizada para unirse por encima de las diferencias y derribar, como en Berlín en 1989, las barreras que nunca deberían haberse construído. Hoy Gaza o Seoul son solamente muros emblemáticos entre los muchos que quedan por desmantelar para alcanzar un mundo sin fronteras.
15 Mar 2013
FRANCISCO, OBISPO DE ROMA: PAPADO SIN ENSAYAR
FRANCISCO, OBISPO DE ROMA: PAPADO SIN ENSAYAR
A la espera de fumata blanca, unos reporteros ensayaban titulares para el día siguiente. ¿Viene de Milán, de Boston o de Manila”? ¿Será Gregorio como los Grandes o León como los Magnos? La voz del camarlengo les desconcertó. ¿Era el nombre del cardenal emérito de Buenos Aires? La aparición del Padre Bergoglio -así quería que lo llamasen de arzobispo- aumentó la sorpresa. El nuevo obispo de Roma y sucesor de Pedro, que se llamará Francisco, frustra las expectativas mediáticas presentándose sin formalidades.
Así fue la aparición del cardenal Jorge Bergoglio como obispo de Roma en el balcón de la Plaza de San Pedro: sin teatralidad, sin ensayar, sin discurso precocinado, ni en latín, ni en retórica curial. Unos segundos en silencio, con las manos caídas tímidamente. Después un simple “buenas tardes” y... “Ya veís lo que han hecho mis compañeros cardenales, trayendo para obispo de vuestra ciudad a alguien del otro extremo del globo”. La muchedumbre no acababa de caer en la cuenta hasta que, antes de bendecirla, pidió que le bendijese a él el pueblo. De pronto, se hizo la luz en la conciencia histórica: acabábamos de cruzar el umbral del siglo: de Benedicto a “Bendecido”...
Desde la fumata blanca, antes de desvelarse su rostro y escuchar el nombre, esperábamos sus primeras palabras, pero él nos invitó al silencio. Enfocaban las cámaras y aguardaban las televisiones la primicia del gesto emblemático; pero él, sin gesticular, renunció a la puesta en escena y convocó al rezo pidiendo por el Papa emérito Benedicto. Entonó el Padre Nuestro en italiano a coro con la multitud. Esperaba el pueblo romano y la muchedumbre internacional la primera bendición, pero él pidió ser bendecido primero por el pueblo y por el mundo. La imagen no casaba con las quinielas barajadas durante la semana. El jesuita argentino que, como obispo romano, ha querido llamarse Francisco, con la sobriedad de su primera aparición en público, estaba dando todo una lección en la línea del Poverello de Asís: sencillez, silencio y reforma.
Unía así la herencia de sus predecesores, Juan XXIII y Pablo VI, a la vez que proseguía la línea reformadora del Concilio Vaticano II. Fue corto su ministerio, pero le dio tiempo para reformas, como prescindir de coronarse con la pesada tiara. Le sucedió el cardenal de Krakovia, Karl Woijtila, que también eligió llamarse como él, esta vez Juan Pablo II. Al cabo de los largos años de pontificado, algún medio irónico bromeó: en vez de llamarse Juan Pablo II, merecería ser Pío XIII, por su impulso de la corriente de vuelta a la restauración de antiguo régimen de los días preconciliares. Con Joseph Ratzinger retornó la modesta apariencia. Nos preguntábamos por qué no se llamó Juan Pablo III, sino Benedicto XVI. ¿Sería que su estilo de buen liturgista y serio teólogo evocaba el ora et labora de la regla de San Benito? Luego resultó que el nombre se acoplaba mejor con su sintonía ante los sufrimientos de Benedicto XV, el Papa que tanto sufrió de 1914 a 1922, por no poder contrarrestar el avance de los fascismos en Europa y de los antimodernismos en la Iglesia. Benedicto XVI, también ocho años de pontificado como su homónimo, ha padecido tanto o más que él a causa de las críticas de fuera y las intrigas de dentro. Pero ha logrado lo que aquél no pudo: con su renuncia ha sentado un precedente reformador. Francisco, el argentino hijo de emigrantes italianos, ha iniciado su ministerio recogiendo educada y cristianamente el testigo de Benedicto y rezando el Padre Nuestro al unísono con él, con la diócesis de Roma y con la Iglesia universal.
Francisco, que ha comenzado rezando por Benedicto, nos sugiere con su modo de presentarse, que recoge el testamento transmitido en vida por su predecesor. El Papa emérito Benedicto quería un sucesor con fuerza para llevar a cabo las reformas, de las que él dio el primer paso con su renuncia. Cuando Benedicto anunció su cese en el encargo de pilotar la barca de Pedro, la noticia se transmitió como “dimisión”. Al día siguiente la prensa se corrigió y habló de “renuncia”. Los periódicos japoneses, acostumbrados al uso de honoríficos imperiales, dijeron que era “descender del rango”. En realidad, la palabra exacta era el “relevo”. Benedicto desacralizó el papado y desmitificó la exageración de que el Papa fuera vitalicio, lo que no había conseguido hacer Pablo VI cuando fijó la jubilación de obispos a los 75 y de cardenales a los 80. Al despedirse en el relevo con la sobriedad que lo hizo, Benedicto estaba convirtiéndose a la sencillez evangélica que hoy prolonga Francisco.
Cuando los reporteros se disponían a teclear los titulares del primer mensaje, Francisco se ha inclinado sobre el micrófono para iniciar el silencio orante, como un director de ejercicios espirituales antes de proponer los puntos de meditación. Pero ha sido un silencio significativo y explosivo. Muy significativo: que el pueblo bendiga al Papa antes de recibir su bendición. Y, para que el pueblo bendiga al Papa, que el pueblo ore para ser bendecido por Dios y poder así bendecir al Papa. Muy explosivo: que, en vez de la eclesiología piramidal y el pontificado feudal, se conciban los ministerios en la iglesia como servicio a un pueblo de hermanas y hermanos que, a su vez, se ponen al servicio de la familia universal de hombres y mujeres de buena voluntad. El Padre Jorge Bergoglio que, desde sus días como Maestro de Novicios y formador de sus compañeros jesuitas, inculcó el lema ignaciano: “en todo amar y servir”, ha anticipado en su primer saludo como Papa la puesta en práctica de la reforma que pidió el Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la Iglesia.
Se debatían en el aula conciliar, antes de las votaciones, las enmiendas a este documento fundamental. Una intervención del entonces cardenal Montini, luego Pablo VI, hizo resaltar el giro de ciento ochenta grados que supone la reforma de la iglesia, por contraste con el triunfalismo de la iglesia postridentida y decimonónica. Al cardenal de Milán le parecía presuntuoso decir que la iglesia es luz para el mundo y abogó por una iglesia humilde semper reformanda. La luz es Cristo, dijo, y la iglesia intenta ser espejo que refleje y transmita esa luz, pero el espejo se ensucia y hay que limpiarlo. El resultado fue que ese documento comenzase con las palabras Lumen gentium: luz de las gentes es Cristo, a reflejarla aspira la iglesia “señal e instrumento de la unidad de todo el género humano”. Es esperanzador para la Iglesia y para la humanidad que Francisco apueste también en la misma línea por esa limpieza del espejo.
10 Mar 2013
DISYUNTIVA DE BENEDICTO Y CONCLAVE ENTRE DOS AGUAS
DISYUNTIVAS DE BENEDICTO Y CÓNCLAVE ENTRE DOS AGUAS
(De la página web: www.juanmasia.com )
Aunque Joseph Ratzinger fue durante 24 años mano derecha y segundo de a bordo de Juan Pablo II, se notaba su sintonía con Pablo VI, sobre todo a la hora de dudar y elegir. Al diplomático Papa Pablo se le calificó de Hamlet por sus incertidumbres a la hora de tomar decisiones como la Humanae vitae que dejaban insatisfechos a revisionistas y tradicionales. También el Papa teólogo registra en su trayectoria una serie de perplejidades ante la disyuntiva entre acelerar o dar marcha atrás.
Cuando Ratzinger escribía Momentos brillantes del Concilio (1966), no se recataba afirmar que “catolicidad no significa latinidad”. Alababa el teólogo bávaro la “visión de futuro” del documento conciliar sobre liturgia por la participación comunitaria y el uso de la lengua vernácula. Pero, ya de Papa, Benedicto XVI publica, en 2007, la disposición sobre la misa en latín, intentando sin éxito ganarse a la oposición lefebvriana. Escindido entre la clarividencia del renovador y la nostalgia del restauracionista, sufriría a menudo por no salir de la disyuntiva.
Cuando la asamblea conciliar rechazaba, en 1962, las propuestas de las comisiones preparatorias, la voz de Ratzinger asesorando a obispos sonaba al unísono con las de Rahner, Schillebeecks, Küng y otros revisionistas para pedir el cambio. Los documentos redactados por la burocracia de la Curia romana “se apoyan, decía por aquel entonces el joven Ratzinger, en una teología en latín del último siglo, en continua lucha contra la modernidad y tienen una visión estrecha, incompatible con la catolicidad”.
Pero un cuarto de siglo más tarde, ya como Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger apadrina con la publicación del Informe sobre la fe (1984) la corriente involucionista de restauración y condiciona el Sínodo extraordinario de conmemoración de los veinticinco años del Concilio (1985) para alentar la marcha atrás de su implementación. En los años siguientes, coordina el Catecismo (1992), donde predomina la teología romana que había sido tan criticada en los días del Concilio. ¿Se había ido al otro lado del péndulo o no salía de la disyuntiva?
En uno de sus primeros discursos como Papa ante la Curia, cuestiona Benedicto XVI la interpretación del Concilio. Insiste, por una parte, para dolor de reaccionarios, en que no hay marcha atrás; reivindica la libertad religiosa, la apertura al ecumenismo, el encuentro interreligioso y el diálogo con el mundo de hoy. Pero recalca, por otra parte, con pesar para la teología avanzada, que el Concilio no significó la más mínima ruptura con la tradición y culpa a los medios de comunicación por escenificar con deformación exagerada las luchas en el interior de la iglesia. Renovación, pero sin reforma. O reforma, pero sin ruptura. Ni satisface a integristas, ni convence a revisionistas. Persiste la disyuntiva entre nostalgia del pasado o lucidez ante el futuro.
¿Consiguió el hoy Papa emérito, romper al fin la disyuntiva con su renuncia? ¿Logró, con su decisión, desacralizar el papado? No sabemos. La casa pontificia apoyó su retiro dentro del mismo Vaticano, como Papa emérito, y planeó su último adiós con lo que se ha llamado una “necrológica en vida”.
En sus últimos días de pontificado parecían acentuarse las disyuntivas entre hacer caso a la voz de la inteligencia o la del cuerpo, entre la necesidad de adoptar decisiones reformadoras y la de pasar el testigo al sucesor. Insistió repetidamente en su debilidad física y mental para acometer la tarea de reforma pendiente en la iglesia. Pero sorprendió su energía corporal y lucidez mental durante la larga exhortación al clero romano; no fue un simple adiós, sino una reflexión amplia sobre el Concilio Vaticano II, improvisada sin papeles. Hasta poco antes de su despedida final nos dejaba perplejos, diciendo en su discurso que no renuncia al compromiso adquirido al aceptar el papado y, al mismo tiempo, que se retira de la vida pública. Si él no resolvía la disyuntiva, tampoco su entorno curial que, a la vez que anula su anillo y reconoce que ya no es Papa, sigue tratándolo como Papa emérito y no se atreve siquiera a llamarle reverendo don José.
¿Seguirán estando tales disyuntivas como telón de fondo en el Cónclave, acentuando el temor de los electores, tanto ante reformas como ante frenos, obligándoles a medias tintas de compromiso diplomático? ¿Optarán los cardinales electores por un candidato gris que prolongue la inveterada costumbre de la diplomacia vaticana: sí, pero no; no, pero sí? ¿Se apuntarán con pretexto de conciliación, a apostar por una de esas vías medias que acaban en inmovilidad de ultraderechas disfrazadas de centro? ¿Caerán en la tentación de naúfragos aferrándose a lo que parece seguro? ¿O tendrán la audacia de prestar atención a la vox populi, que en este caso parece estar más cerca que nunca de ser vox Dei?
06 Mar 2013
¿Dejarán entrar al Espíritu en la Sixtina?
Más que la fría noción jurídica romana de "collegium", incluye "cuerpo" , "fraternidad", "sororidad", "estrecha unión", "comunión", no sólo entre el obispo de Roma y los demás obispos, sino entre todo el conjunto de cada iglesia local reunida en comunión con su obispo.
Insistía Ratzinger en que las comunidades locales se llamaban "adelphotes", es decir confraternidades de hermanos y hermanas. Lamentaba Ratzinger el cambio a partir del siglo tercero, que hace difícil dirigirse al clero y, sobre todo, a los obispos, como hermanos y hermanas, y fomenta el llamarles "papa". Luego los obispos se tratan entre sí como "colegas", dice, y se hace habitual hablar del "colegio episcopal". Pero lo que el Concilio redescubre al hablar de colegialidad es elretorno a lo más evangélico, que es una colegialidad en términos de corporalidad y confraternidad, que es colegialidad no solo de obispos, sino de toda la comunidad eclesial.
No se trataba meramente de compensar la exageración del Vaticano I, por un lado, ni de convertir a cada obispo, por otro lado, en un Papa en pequeño, sino de potenciar la hermandad colegial de la iglesia entera, pueblo de Dios. También hay que evitar que por haber puesto bien a los obispos en su sitio, en confraternidad colegial con el obispo de Roma" no hagamos apearse a un escalón más abajo a todo el pueblo incluidos los sacerdotes. ("Obispo de Roma y sucesor de Pedro" es el nombre con que Benedicto se designa a sí mismo al renunciar, en vez de llamarse "vicario de Cristo", título teológicamente inexacto, usado desde el siglo XII, que tiene el peligro de olvidar que no es el obispo de Roma el único vicario de Cristo).
Más aún, insistía Ratzinger en que la comunidad local contiene en sí la totalidad real de la iglesia; que no son las iglesias locales meras ramas o sucursales de una empresa multinacional con la central en Roma, sino células vivientes de un cuerpo que contienen en sí, como cada célula del cuerpo humano, toda la identidad del mismo. Estoy convencido, decía Ratzinger, de que esta idea de la iglesia local reunida por el Espíritu es de lo más rico que hay en la doctrina sobre la colegialidad.
***
Hasta aquí nada más que una "perla", de las muchas que se aprendían en clase con el profesor Ratzinger en los años sesenta. Pero, ¿cómo se casa esa visión de la iglesia con lo anacrónica del Cónclave como método para elegir un obispo de Roma que, en vez de ser un monara absoluto o un Director de empresa multinacional, sea un primus inter pares, que cuide de fortalecer en la fe, confirmar en la esperanza y unir en la caridad a todos sus hermanos y hermanas, como aspiraban a conseguir las tres encíclicas de Benedicto XVI? Habrá que hacer algún cambio, ¿verdad? ...
¿Lo conseguirá impulsar el Espíritu? Quizás, pero a condición de cambiar de vehículo. Ya no le valdrá la paloma. Necesitará alquilar de Obama un avión "drone" para atravesar con un misil las paredes de la capilla Sixtina. Perdón por lo bélico de la metáfora, poco apropiada para el Espíritu de Paz, pero es que esas paredes no caen tan fácilmente como el muro de Berlín...
12 Feb 2013
DIMISIÓN DEL "OBISPO DE ROMA"
DIMISIÓN DEL “OBISPO DE ROMA”
En el anuncio de su dimisión, Benedicto se designa “obispo de Roma y sucesor de san Pedro”, en vez de “vicario de Cristo”, expresión usada desde el siglo XII. Como si al fin estuviera de acuerdo con su colega y fraternalmente crítico Hans Küng, que indicaba la inexactitud teológica de dicho título.
Diplomáticos vaticanos y cúpulas episcopales se sienten obligadas a apenarse por la dimisión papal. Pero no tiene por qué ser ni políticamente incorrecto alegrarse del gesto profético de Benedicto. En los años sesenta Ratzinger era el teólogo abierto, joven peritus de treinta y cinco años, que asesoraba al Cardenal Frings en el Concilio Vaticano II. En 1977, es nombrado arzobispo de Munich. Pasa de teólogo a pastor, aumenta su preocupación por la ortodoxia y en 1979 pone el veto al teólogo Metz. Juan Pablo II lo lleva a Roma para presidir la Congregación para la Doctrina de la Fe. De pastor pasa a inquisidor. Durante el largo pontificado, Ratzinger es mano derecha del Papa polaco para reprimir desviaciones doctrinales. Como Papa, se esfuerza Benedicto por ser mediador. El que pasó de teólogo a pastor y de pastor a inquisidor, se encontraba en el triple papel episcopal: “guía, ministerio y profecía”. Se esforzó en pilotar la barca de Pedro por aguas de centro y le atacaron por los extremos, arribistas y radicales. Se empeñó en reconciliar y se le resistieron.. Le quedaba un gesto profético irreversible, que nadie bloqueara. Masticando soledad consiguió lo inaudito: ningún Vatileaks puedo filtrar esta noticia.
Contra la opinión de expertos vaticanistas, la decisión casa con la lucidez del teólogo bávaro. En sus últimos días, Pablo VI y Juan Pablo II quizás se plantearon dimitir. Pero el lastre de la institución resiste al cambio. Tampoco permitieron Pablo VI y Juan Pablo II que dejase de ser vitalicio el General de los jesuitas. Pero, elegido Benedicto XVI, Peter Hans Kolvenbach manifestó su deseo de dimitir y recibió el visto bueno. Nada extraño que el Papa tuviese previsto este paso. Si no desease dimitir, lo tenía fácil: bastaría filtrar la noticia de que quería marcharse para que el entorno se lo impidiera. Con razón el portavoz P. Lombardi comentó significativamente que el Papa no dimnite por enfermedad, sino por decisión personal.
Se producen reacciones diversas tan solo medio día después. Cuando escucho una voz de ultraderecha vaticana diciendo que le caído como un rayo, deduzco que ha sido un rayo profético, que sacude con su descarga. Cuando oigo decir a un político que se ha quedado “preocupado y desconcertado por lo imprevisto”, me confirma que no ha sido de mal augurio, sino de esperanza. Cuando leo que un jerarca de la cúpula eclesiástica se siente “afectado y triste”, pienso si será que le afecta no haberse retirado él a tiempo o si le entristece que el obispo de Roma predique con el ejemplo. En cambio, cuando oigo decir que se alegran obras y movimientos neoconservadores, mucho más a la derecha ultracatólica que el centro-derecha ratzingeriano, entonces sí que me entra preocupación.
Raztinger y Montini tienen en común haber pasado largos años trabajando en la cúpula misma de la Iglesia y conociendo los entresijos de su gobierno. Pero ni Pablo VI ni Benedicto XVI pudieron hacer caer el muro de la Curia. Benedicto, al menos, ha conseguido con su decisión un logro irreversible, del que no podrán dar marcha atrás sus sucesores. La incógnita de quién le sucederá ha desencadenado ya especulaciones y nos presentan quinielas de conclave. Prefiero dejar las casillas en blanco y que las rellene la divina Providencia. Oro para que no lo impida la humana malicia...
¿DIMITIR COMO DIOS MANDA?
¿DIMITIR COMO DIOS MANDA?
Juan Masiá
Se esperaba y necesitaba que Juan Pablo II dimitiera, pero no lo hizo. Se temía que no lo hiciera Benedicto, pero dio el paso. Ni Pablo VI, ni Juan Pablo II permitieron dimitir al “Papa negro”. Pero Benedicto dio luz verde a la dimisión del General jesuita Kolvenbach. ¿Tenía prevista la suya contra la tradición secular? No es tan inesperada la noticia como acentúa incluso el periodismo religioso vaticanista.
Si un “cardenal-halcón” como Sodano, antes aspirante a sucesor del Papa polaco, ve la noticia de dimisión del Papa alemán “como un rayo” y un politico financiero italiano como Monti se “siente turbado” por lo imprevisto , será más bien señal de que no es una desgracia, sino una revelación o una profecía.
Pero si se alegran obras y movimientos neoconservadores, mucho más a la derecha ultracatólica que el centro-derecha ratzingeriano, entonces será señal de preocupación. Conspicuos vaticanistas señalan que hay mucha verdad entre líneas en la frase del portavoz Lombardi: “no es dimisión por enfermedad, sino por razón personal”. Pero no iremos tan lejos con morbo novelista como para ver tramas a lo Borgia cuando fallece un Papa al mes de elegido o dimite otro a los ocho años en el cargo.
Celebramos el cincuenta aniversario del Concilio Vaticano II. Año de la Fe, símbolo ambivalente de avance y restauración: ¿Aceleración, freno o marcha atrás? Cuando el Cardenal Ratzinger pronunció antes del Conclave su discurso contra el relativismo, auguraba un pontificado inquisitorial. La primera homilía pastoral y las primeras encíclicas del Papa Benedicto sobre amor y esperanza mostraron otra imagen: al centro, al Evangelio, a lo esencial. No era la misma inquisición del papado anterior; tampoco el joven teólogo reformista de los años sesenta. Pesó sobre su era la sombra del secretismos ante la pederastia. No despejó la nube a pesar de los vientos del Vatileaks.
En el anuncio de su dimisión, Benedicto se designa “obispo de Roma y sucesor de San Pedro”, en vez de “Vicario de Cristo”, expresión usada desde el siglo XII. Al fin hizo caso a su colega y fraternalmente crítico Hans Küng, que indicaba la inexactitud teológica de dicho título.
En 1965 Pablo VI, con concesiones, concluyó el Concilio de Juan XXIII. En la década siguiente, avances en lo social y frenos en matrimonio y familia. Los 25 años de Juan Pablo II, con Ratzinger segundo de a bordo, fueron de sutil marcha atrás, citando al Concilio para decir o hacer lo contrario: nombramientos de obispos neoconservadores, represión a teólogos, censuras a publicaciones y seminarios, documentos negativos sobre bioética y sexualidad, rechazo de la promoción de la mujer al ministerio eclesial, rubricismo litúrgico.... En 1984 se publicó el Informe sobre la Fe del cardenal Ratzinger, manifiestamente restauracionista.
Como Papa, se esfuerza Benedicto por centrar la barca de Pedro. Le atacan los extremos, mientras revolotean los cuervos del carrerismo eclesiástico en la Curia Vaticana. (¿Fue traición o fidelidad lo del mayordomo? ¿Lo destapará Giorgio algún día?). Su discurso a los cardenales sobre la interpretación del Concilio fue programático: ni ruptura de la tradición, ni renuncia a la renovación.
¿Qué pensar del Conclave? ¿Es posible un milagro como en 1958 con Juan, el Papa Bueno? ¿O involución endogámica por votantes nombrados por Benedicto y su predecesor? Es la cara humana de la institución: luchas de poder y carrerismo eclesiástico, denunciado por el mismo Benedicto. Creyentes de buena voluntad, con optimismo cristiano, invitan a confiar en el Espíritu Santo. Pero ya saben el chiste. Para proteger de excrementos la cúpula de San Pedro han instalado redes eléctricas que espantan palomas. No podrá el Espíritu Santo entrar volando hasta el Conclave.
(Publicado en El País, 13 de febrero, 2013)
11 Feb 2013
PESADILLAS CUARESMALES
PESADILLAS CUARESMALES: TIENTA EL YO Y LIBRA EL ESPÍRITU
Midrash de Jesús en el desierto
(Por la trasncripción, Juan Masiá)
Natanael rema hasta Patmos. Le recibe en la playa el nieto de Nicodemo, cuidador del anciano Juan, el evangelista. Juan pierde vista y ya no lee ni escribe. Le regala a Natanael un tesoro heredado de Malena: papiros del diario de Jesús. Los consultó en su día Lucas para escribir con exactitud (akribós grapsein, Lc 1,3) el guión de un DVD para Teófilo en la red de Biblia Digital.
Natanael está leyendo la secuencia de los cuarenta días en el desierto. Dice así el diario de Jesús:
Día 3 de luna menguante:
Soledad inquietante. Me debilita el ayuno. Pienso en el Bautista. ¿Sobrevivirá? Santiago decía que lo degollarían. Los de Santiago querían que yo me preparase para sucederle, pero me escapé. Lo mío no es bautizar. Además, no puedo hablar de Dios como él. Juan predica diciendo: “Ay de vosotros, si no os convertís, vendrá la ira de Yavé con látigo y fuego” (Mt 3, 10-12). Yo prefiero otro estilo de predicación: “Alegraos y confiad, porque siempre estáis a tiempo de convertiros. Ya está empezando a reinar Dios en vuestro medio” (Mt 4, 12-17Mt 11, 25-30).
(Siguen unas líneas ininteligibles, luego, medio borrosas frases: a todo hijo de vecindad, a cualquier hijo de humanos... la voz le dice: “tú eres mi hijo, mi hija...”).
Noche de luna nueva:
Espléndido firmamento. Recuerdo a mi madre, cuando mi hermano José y mi hermana Myriam se oponían a mi ida al Jordán: “Tú, hijo mío, sigue tu estrella, como nos enseñó el peregrino Melchor días después de tu nacimiento“.
A mi madre le había anunciado Simeón contradicciones y soledad. Ana le anunció dolores. Pero en casa la hemos conocido siempre con cara de María de la O, Macarena de Esperanza. Mi madre ha vivido siempre animada, abrazada al mismo tiempo por la Ruah y por mi padre, antes de los partos, en los partos y después de los partos...
Día 4 de luna creciente:
Este ayuno me debilita. ¿Debería continuar? No lo veo claro. Pregunto al cielo, pero Abba se calla. ¡Abba, no me desampares! Hoy al alba recogí maná y me alimenté, pero me supo a poco. En siesta tuve pesadillas. Soñaba con usar la fuerza de la Ruah para convertir piedras en pan, trepé hasta el pináculo del templo y descendía por los aires volando triunfalmente sobre la multitud en volandas de coros angélicos, luego tuvo un mítin junto a la torre pretoria para convencerlos de unirse a los celotes en un golpe de estado contra Jerusalén y contra Roma...
Día 7 de luna creciente:
De nuevo pesadillas. Apareció Satán proponiendo con lenguaje sibilino: “La fuerza que notas en tí no es de la Ruah, sino de Belcebú que te posee. Reconócelo y adórame. El mundo entero será tuyo”. (Lc 4, 7; Mc 3, 22) Desperté con sudor frío y arritmia. El cuerpo me pedía vomitar, pero no pude; no había probado bocado anoche. ¿Cómo sacudir de mi cabeza este torbellino de imaginación? Dejaré de ayunar. Cazo un conejo, lo aso y me recupero. Lástima no tener vino, que alegra el corazón deprimido.
Luna llena de Nisán:
Últimamente todo está cambiando. Hasta mejora el aroma del romero y tomillo. Subo cada mañana a lo alto para ver salir el sol. Hay que aprender en las alturas a ser ser “teleioi”, es decir, perfectos, pero no como los perfeccionistas, sino con la anchura de corazón y amplitud de miras del “telos”(horizonte) de Abba, que envía desde las alturas sol y lluvia sobre buenos y malos, sobre justos y pecadores .
Ahora veo claro que esas pesadillas eran tentaciones del yo, pero la Ruah me libra de ellas. Haré escala en Samaria para proveerme de pan y vino.Y regresaré a Galilea. Hacia allí me empuja la Ruah. La oigo que me llama: “Ve a dar esperanza al pueblo pobre, llévales liberación, abraza al infectado sin miedo al contagio, diles que son dichosos a pesar de ser injusticiados, que son felices, no por ser pobres, sino a pesar de serlo, porque la Ruah está de su parte y quiere que se libren de su pobreza, que no solo de pan se vive, pero que hay que compartir lo que tenemos para que peces y panes se multipliquen por obra y gracia de la solidaridad, que hay que salir del engaño del poder, que se fíen del poder de la Ruah, voz de los sin voz y fuerza de los sin fuerza...”
(Aquí acaba la media página rota del papiro en puntos suspensivos. Transcribimos a continuación, un trozo del papiro de Lucas, en griego y con letra de médico, conservado en el archivo del nieto de Nicodemo. Está escrito con audacia y “parresía” (Act 4, 31), tras consultar los papiros que conservó Malena).
Dice así el texto del médico escritor Lucas para su blog de Biblia Digital (Lc 4, 1-13):
Jesús renunció a seguir en el Jordán de los bautizadores. Sintió en su interior una fuerza irresistible de la Ruah (Mc 1, 12’14;Lc 4,14 y 4,43), que le impulsaba a caminar. Presentía Quién le empujaba, pero no veía claro hacia dónde. Se adentró en el desierto, entrenándose con ayuno y meditación. ¿Lograría entender lo que dice el Espíritu de Vida a quien camina escuchando? (Lc 4, 1-2).
El ayuno le debilitó y el exceso de meditación le provocó náuseas de estómago y alucinaciones de cerebro. Tuvo pesadillas angustiosas. Se le apareció en sueños una figura extraña, medio humano, medio cabrito. Pero el rostro del monstruo parecía su propio retrato, solo que en la frente llevaba una leyenda: “yo soy yo, 666” (Ap 13, 18).
“Vamos a usar la Fuerza, gritaba el energúmeno, haremos de piedras pan, volaremos milagrosamente por los aires y todo el mundo nos adorará” (Lc 4,4)
De pronto, la extraña figura se metamorfoseó en un dragón con tres cabezas: la de un emperador coronado, la de un pontífice magno tocado de mitra, y la de un polítco corrupto millonario de derechas (Ap 13).
Jesús se despertó angustiado. Salió a la intemperie. Bebió del escaso hilillo que brotaba entre las rocas y se lavó la cara, descansó boca arriba mirando las estrellas y quedó de nuevo dormido.
Esta vez el sueño fue sereno. Pasó la nube. Soñó que dormía como Jacob: por la escala entre cielo y tierra trepaban y descendían ángeles (Gn 28, 11-19).
Una voz de querubín le animó: “¡Lo que te queda por ver, Jesús!, verás cosas mayores (Jn 1, 50), nos verás revolotear sobre todo hijo de humanos, sobre cualquier hija de hombre, sobre cualquier hijo de mujer (Jn 1, 51).
Un serafín desenrolló la Escritura y le leyó al oído: ‘Sólo al Señor tu Dios adorarás... No sólo de pan se vive... Sólo al Señor te rendirás... Él es el único poder que no te esclaviza, sino te libera... Que no te tiente tu yo, que no te tiente el poder, no tientes a Abba...’ (Dt 8,3; 6,13; Ps 90, 11-12; Dt 6,16);
Jesús se despertó pacificado (cf. Jn 12, 29-33). Se sentía ungido por Abba (Mc 1,11) y abrazado por la Ruah (Mc 1,10). Y ya no volvió a tener esas pesadillas hasta tres años más tarde: la noche antes de que lo ejecutaran soñaría en el Huerto que no quería beber el caliz de pasión (Lc 22, 41-44); al día siguiente, medio en coma sobre la cruz, soñaría que quería desclavarse para convencer con un milagro a videntes ciegos (Mt 27, 39-44). Pero de ambos sueños de última tentación le libraría la Ruah (cf. Lc 4, 18-21), en cuyos brazos exhalaría el último suspiro con todo ya consumado (Jn 19, 30). Superaría la tentación de bajarse de la cruz (Mc 15, 30) y se dejaría morir hacia Abba (Mc 15, 37; Lc 23, 46) para vivir eternamente en su seno (Jn 19, 30).
Cuando Jesús salió de su cuarentena en el desierto, su camino estaba claro: puso rumbo a Galilea. Iba a partir pan con pobres, sin negar a nadie su vino. Iría diciendo por los caminos: Amigo soy, soy vuestro amigo...
(Tomado de la página web:
www.juanmasia.com)
SOBRE MÍ
Juan Masiá Clavel.
Jesuita, Profesor de Ética en la Universidad Sophia (Tokyo) desde 1970, ex-Director de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas,, Investigador del Centro de Estudios sobre la Paz de la Sección japonesa de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz (WCRP), en Tokyo.
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