07 Abr 2014

LEYES DE SEGURIDAD ABUSIVAS

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 07 Abr 2014 - URL Permanente


Seguridad” es palabra usada con paradójica ambivalencia por los líderes políticos. “Queremos garantizar la seguridad de la ciudadanía frente a los peligros del terrorismo”, decía con retórica de guante blanco el Primer Ministro japonés, tratando de restar importancia a la aprobación de la Ley de Secretos de Estado.

Asociaciones de juristas, movimientos cívicos pacifistas, organizaciones humanitarias no gubernamentales y grupos religiosos elevaron sus voces el pasado diciembre ante el gabinete de Shinzo Abe con protestas de inconstitucionalidad.

También la Comisión Permanente de la Conferencia episcopal japonesa enviaba una protesta ante el Primer Ministro por la aprobación precipitada, sin debate público y aprovechando el rodillo de la mayoría conservadora, de la ley. Esta ley ha sido muy criticada por hacer peligrar tres puntos constitucionales: la residencia de la soberanía en el pueblo, la defensa de los derechos humanos fundamentales y la opción por la paz del artículo 9 de la presente Constitución. La oposición por parte de juristas señala que se ha colocado al Parlamento por debajo de la Administración, al dejar en manos de la decisión de cada ministerio la determinación de qué temas constituyen secreto de Estado, y cerrar la posibilidad de transparencia para comisiones de investigación en el Congreso. Si esta ley hubiera estado ya vigente cuando se denunciaban las mentiras del gobierno al ocultar la verdadera situación de las centrales nucleares en Fukushima, los periodistas que las desvelaban podrían haber sido procesados.

La semana anterior a la votación de la ley estuvimos juntos, a pie de calle, la ciudadanía opositora, juristas por la paz, una minoría budista y católica comprometida con justicia y paz, etc., hombro a hombro en la cadena humana de manifestación ante la puerta del Congreso. La manifestación estaba permitida por el gobierno, tras los debidos trámites, y protegida por una policía con sonrisa oriental y gestos de acomodador en anfiteatro.

Las fuerzas de seguridad se limitaban a recordarnos con exquisita cortesía que nos mantuviéramos junto a la pared con las pancartas, dejando libres tres metros de la acera por la que entraban los diputados que, huelga decirlo, no se detuvieron ante la mesa de recogida de firmas de protesta.

Porque sigue siendo cierto, aunque sea tópico repetirlo, que en Japón no se protesta y no está bien vista la oposición. En japonés “WA” es el ideograma que expresa paz, seguridad y concordia. Es la palabra clave de la cultura de la armonía, proclamada en el siglo sexto por el Emperador Shotoku en el primer artículo de su constitución, que rezaba así: “Cuidar la paz y evitar la confrontación”. Pero la paz de la cultura de Yamato es ambigua. El anverso es conciliación y armonía. El reverso puede ser el totalitarismo del poder que, en nombre de la seguridad justifica el control ciudadano, recordando los dos refranes ancestrales que anulan toda oposición: “Si el gobierno te aplasta, déjate arrollar por él”, y “al clavo que sobresale, remáchesele”...

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12 Mar 2014

CUÉNTAME CÓMO PASÓ, EVANGELISTA

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 12 Mar 2014 - URL Permanente

CUÉNTAME CÓMO PASÓ, EVANGELISTA (RODAJE DEL TELEFILME

CUARESMAL)

Cómo se rodó el capítulo “Del Jordán a Galilea”

(RD, reinterpretador dialogante, entrevista a guinistas y director de teleserie evangélica)

RD: La teleserie evangélica ganó audiencia con el capítulo de Cuaresma. Vaya gira del Jordán a Galilea por el desierto. Director y guionistas estaréis satisfechos, ¿verdad, Marcos?

Marcos: Sí, el público encantado, aunque la admiración de los twits es ambigua, ¿son fans de Jesús o están desconcertados? (Mc 1, 22 y 27).

RD: Capítulo denso. ¿No pensásteis dejar Galilea para otra semana?

Marcos: Fue idea de Mateo alargarlo tanto. Lucas insistió en la secuencia enigmática del diablo: al retirarse, duda un instante, hasta dar media vuelta diciendo: “Dejémoslo, de momento, ya caerás más adelante...” Fue idea del cámara Andrés meter ahí los flashes anticipadores de próximos capítulos en Cenáculo, Getsemaní y Gólgota, donde aparecerá la “última tentación” (Lc 4, 13; 22, 3 –Judas-; 22, 46. “espabilaos, para no caer”; 23, 39: “si eres Cristo, sálvate a tí mismo”).

RD: Elegísteis bien los actores para el enfrentamientos de Jesús con el diablo o con “los del sistema y los del régimen”, que acabarán cargándoselo (Mc 3,6).

Mc: Pero la tensión mayor es entre Jesús y el Espíritu. Se destaca por el desdoblamiento de primeros planos del rostro de Jesús, cara al viento, y de perfil, dejándose alisar los cabellos por la brisa. Insistí en ese comienzo, luego Mateo y Lucas lo repitieron en el corte de secuencia (Mc 1, 12; Mt 4, 1; Lc 4, 1; 4,14; 4, 18). Soplan vientos de cambio, la gente lo espera y Jesús está por ello, aunque le tientan a triunfar con vientos marítimos de poder, sin dejarse llevar por las brisas del lago que soplan desde Galilea. Pero supera la tentación y sube el volumen de la música cuando Jesús, reinterpretando letra, canta los chips deuteronómicos: “De pan solo no vivIrás , dos señores no adorarás, a tu Dios no tentarás...” (Mt 4, 1-11; Lc 4, 1-13).

RD: Así que le da unidad a todo el capítulo el tema de las tentaciones.

Guionista “Q”: Y tanto, como que hasta Juan tiene rasgos de tentador cuando propone que sea Jesús quien le bautice a él. No olvidéis que la serie se titula “Cuéntame lo que pasó”: lo que pasó con Jesús, lo que pasaba y está pasando en las comunidades. En la de Marcos alguien discriminaba diciendo: no déis pan de hijos a los perros. En la de Mateo, unos querían que Jesús tomara el poder en la curia de sanedrínica. En la de Juan, añoraban la vía del Jordán, le habría ido mejor a Jesús dedicándose a bautizar, como sucesor del Bautista, en vez marcharse a las periferias de Galilea a estilo Francisco, estaba cantado que chocaría con los corruptos de arriba en la capital. En la de Lucas, intelectuales neoconservadores compinchados con financieros, apostaban a una iglesia de dos velocidades, regida desde Bruselas con su consejo de ministros por video-conferencia a través de Skype con Vaticano y Wall Street. En la de Andrés, un grupo fogoso quería hacer escrache nudista a la entrada de Pedro en su sede. En la de Felipe, un grupo celoso quería poner bombas en las clínicas sospechosas de amenaza para vidas en potencia. Y en la de Santiago, unos se encadenaban al pináculo del templo para protestar por la autonomía de Jericó... Todos, lo que se dice todos y todas, crispaditos y coleando. Se repetían las tentaciones, como en tiempo de Jesús. Nosotros queríamos contar lo que pasó con Jesús, solapándolo en el filme con lo que pasó y está pasando en las tentaciones de ayer, hoy y mañana. Así el público vive la representación y comentan en el mail: “La verdad es que cualquier hijo de mujer es dueño del sábado” (Mc 2, 27; 3, 1-6), “la opción de Jesús no es el poder” (Mc 10, 42-45).

RD: También hay en twitter quienes echan de menos a Malena.

Mc: No querrás que la saquemos de seductora, como exigen los guiones para gusto del morbo machista. Va a jugar un papel mucho mejor en próximos capítulos. Lucas prepara una secuencia en casa del fariseo Simón (Lc 7, 36-50). Hay un plano muy logrado: el cruce de miradas entre el fariseo y el celote a la espalda de Malena, mientras ella se inclina hacia Jesús para brindar. El fariseo la mira condenándola y el celote deseándola. Ambos miran a Jesús juzgándolo. Cambia la cámara al primer plano de los rostros de Jesús y Malena mirándose como personas, y Jesús dice a Simón: “¡Cuándo aprenderás que el único pecado es no amar!” El guión de Juan pone a Malena junto a la madre, apoyándola a pie de ejecución: “No hay derecho, María, lo que han hecho con este hombre clama al cielo. Pero, mira, no cede hasta el final. Le incitan a bajarse milagreramente de la cruz, pero él muere hacia la Vida”.

RD: Ya veo, ese era el “otro momento”, que decía el diablo en el guión de Lucas, esa verdaderamente la última tentación: bajarse de la cruz. Con todo, esto parece filme francés. Un guionista de Hollywood buscaría pretexto para un encuentro más romántico, aunque solo fuese al final en clima de resurrección.

Juan: Lo habrá, pero no más romántico, sino más dramático, en mi guión para el capítulo de abril. Cuando Malena abraza al Resucitado y El Que Vive le dice: “No me retengas, me voy a perderme en Abba y en el seno de su vida será el clímax del encuentro”. En ese capítulo preparamos un salto en el túnel del tiempo hasta el siglo XX y aparecerá Teilhard de Chardin hablando del Medio Divino: “Nos destroza las fibras del ser la muerte y nos desmembra la separación, para recomponernos y re-encontrarnos en el Amor al llegar al punto Omega” (Suena al fondo la Sinfonía de los Salmos, de Stravinsky).

Marcos: Pero estos anticipos de capítulos no los publiquéis, que nos restan audiencia.

RD: Llegas tarde, ya la he descargado y colgado. Pero bloquearé con un código estos párrafos y que se registre quien quiera leerlos...

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01 Mar 2014

CONFESIÓN SIN CONFESIONARIO

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 01 Mar 2014 - URL Permanente

CONFESIÓN SIN CONFESIONARIO

-Vísperas cuaresmales en un bar de Murcia-

Cayo y Tito son amigos de infancia. Misma foto en álbum de primera comunión. Hoy, ya sexagenarios, siguen “más o menos católicos”, en decir de Tito, aunque “sin pasarse de practicantes”, apostilla Gayo, porque “hay cosas que conviene dosificar (léase, religión y sexo).

Cayo y Tito son nombres ficticios (por mor de privacidad), como el del cura Juanete, de su misma promoción, que hoy va de aperitivo con ellos a un bar murciano.

“Yo hace siglos que dejé de confesarme”, dice Cayo. “Con aquella dosis de confesionario cada sábado en el colegio, ya quedé vacunado para el resto de mis días”.

“Hombre, yo no tanto”, comenta Tito, “de tarde en tarde hay que vaciar el saco”.

“Pues vacíalo a solas con Dios. No hace falta contárselo a un cura entrometido..., y conste que no va por Juanete...”

“Ya, si eso lo entiendo, Cayo, cuando de uvas a peras me asomo por el kiosko, busco un cura majo que me despache sin meterme en líos”.

“No lo dirás por Juanete”.

“¡Qué va! A la taquilla de de este ni me arrimo...

Juanete hace señal al mostrador:

“Julián, ponles otro chato, que les suelte la lengua”.

“Y otro para Juanete, que es el más callao”, añade Cayo.

“A ver, Juanete, ¿a cuál de los dos das la razón? Tú mismo, ¿con quién te confiesas, con otro cura o con Dios a solas?

“Las dos cosas están mal dichas”, protesta Juanete.

“Vaya, el chico nos salió jesuítico, se escapa por la tangente”.

“No, no es eso. Lo de ‘confesarse con’ es mala gramática. El verbo ‘confesarse”, en reflexivo, no cuadra, y la preposición ‘con’ no pega.

“Para, Juanete, que tú no cambias. Igualico que el empollón de reválida de bachilleres”.

“Julián, otro chato para el cura, a ver si le entra sueño y corta el rollo”.

“Gracias, me lo tomaré con pinchito de mojama... pero me váis a aguantar el rollo”

“Adelante, muchacho, predica como quieras”.

“Pues ya sabéis que se acerca la Cuaresma y...”

“Y quieres convencernos para que vayamos al confesionario...”

“No, Tito, no se trata de confesarse-con... Confesar (es decir, reconocer) significa afirmar públicamente dos cosas muy importantes. Os las explico, si me seguís, pero que pongan otro pinchito”.

“Vale, que sean tres de morconcico. Sigue con el rollo”.

“Los diccionarios dicen que confesonario o confesionario es el habitáculo ese que llamáis el kiosko, usado para confesarse con el cura, y a éste le llaman a veces confesor, mal llamado, porque no es él quien confiesa...”

“Qué lío, madre...”

“No es lío, es aclarar las cosas... Dice Papa Francisco que no ha de ser un lugar de tortura, sino de reconciliación. La verdad es que la manera de practicar el sacramento ha atormentado a mucha gente durante siglos y provocado neurosis, aunque también ha curado otras”.

“¿Lo ves, Tito? Nuestro Juanete me da la razón, mejor confesarse con Dios a solas que con el cura”.

“No, Cayo, no he dicho eso. Ni a solas con Dios, ni a solas con el cura. Vosotros, y yo también, todos y todas, incluído el cura que celebra, confesamos ante Dios el mal y confesamos la fe al comienzo de cada misa. Confesamos que somos pecadores y confesamos que creemos en el perdón, y recibimos la absolución. No nos confesamos, como vosotros decís, con el cura en el kiosko, ni con Dios a solas, sino confesamos en comunidad ante Dios, confesamos el pecado y confesamos la fe, pedimos y recibimos perdón cuando la comunidad y la iglesia entera se reconoce necesitada de perdón y agradecida por recibirlo. Celebramos este sacramente al comienzo de cada misa. Confesar se dice en griego homologéo, y en latín, confiteor, que significa afirmar que reconozco y creo: reconozco que soy vulnerable, vulnerador y vulnerado. Y reconozco agradecido que soy agraciable y agraciado por Dios con el perdón. Nadie vive sin herir y ser herido, nos herimos mutuamente y necesitamos perdonarnos mutuamente y dejarnos perdonar. Al confesar así en comunidad, confesamos las heridas y confesamos la fe en la sanación. Esa es la confesión que practicamos al comienzo de cada misa. La viviremos especialmente con el símbolo de la ceniza el próximo miércoles: recuerda, hombre y mujer, que, aunque seas polvo, eres polvo enamorado por Dios, del polvo del mal puedes y debes revivir siempre por el perdón y del polvo de la muerte revivirás cuando mueras hacia la vida definitiva...”

Tito dormitaba y Cayo bostezó, apropiado coro para el monólogo sermonario de Juanete.

Juaián comentó desde el mostrador: “Como se enteren en Roma de estas prédicas, vendrá un rapapolvos y las prohibirán en la iglesia. Habrá que poner el púlpito aquí”.

“Y le cambiamos el nombre a tu barra. ¿Qué tal si la llamamos Periferias de Galilea?”

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08 Ene 2014

ACOGIDA RESPONSABLE DE LA VIDA

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 08 Ene 2014 - URL Permanente

Acogida responsable de la vida

-Situaciones excepcionales de Interrupción responsable de una gestación-.

Según información publicada en el diario El País (Madrid, 27 diciembre, 2013), el Tribunal Superior de Salta permitió abortar a una niña argentina de 14 años violada por su padrastro el pasado 9 de noviembre y agredida por él con consecuencias de hospitalización. Según el corresponsal, que escribe desde Buenos Aires, la muchacha permaneció más de un mes hospitalizada en espera de que se practicase el aborto, solicitado de inmediato tras la violación, pero al que se oponía un recurso de amparo ante el juez en defensa de la vida no nacida. El máximo tribunal lo revocó, permitió el aborto e inició el proceso de remoción del juez que lo impedía.

Esta noticia se ha difundido coincidiendo con el enfrentamiento de posturas extremas en torno a la legislación sobre aborto: la que impone incondicionalmente la obligación de llevar a término todo embarazo frente a la que aboga por un derecho a abortar sin limitaciones. No voy a entrar aquí en las discusiones legales, ni en las de mi país ni en las del mencionado caso argentino. Solamente propondré, independientemente de las circunstancias legales de diversos países, el criterio general de distinción entre la interrupción responsable de un proceso de gestación embrional en sus primeras fases previas a la constitución de una nueva individualidad y el aborto como atentado contra la vida de un feto.

Evitaré plantear la cuestión como un enfrentamiento entre dos derechos –derecho de la vida nascitura frente a un presunto derecho a suprimirla-. En vez de ese enfoque de la cuestión, propongo el planteamiento como una pregunta y búsqueda: 1) sobre cómo acoger responsablemente la vida nascitura, y 2) cómo, cuando y con qué condiciones asumir la interrupción justificada del proceso de engendrar una nueva vida en aquellos casos en que sería irrresponsable no detener el proceso antes de su compleción, es decir, antes de que esa interrupción sea un aborto -en el sentido estrictamente ético o moral de “supresión injusta de la vida del feto” (independientemente de que esa supresión sea o no sea considerada por las leyes como delito).

No es lo mismo aborto que interrupción de gestación. Tampoco es lo mismo, decía santo Tomás, la mentira y el falsiloquium, ya que mentira sería por definición falsear injustamente la verdad cuando se está obligado a decirla ante quien tiene derecho a preguntarla. Puede haber ocasiones en las que sea irresponsable no interrumpir una gestación en sus fases primeras previas a la constitución de la individualidad, es decir, antes de que sea demasiado tarde para hacerlo sin que sea injusto contra el feto.

Si aborto es la interrupción injusta e irresponsable de un embarazo, no toda interrupción voluntaria del proceso iniciado de gestación constituye un aborto en el sentido moralemente negativo de este término. Pueden darse casos en que la decisión de interrumpir un embarazo se adopte precisamente para evitar un aborto. En el citado caso argentino, un embarazo como consecuencia de una violación, las fechas aducidas para `proceder a su interrupcón no pasaban del primer mes de gestación, por lo que esa interrupción temprana habría evitado evitaría el recurso al aborto estrictamente dicho en una fase mas avanzada.

Otro ejemplo sería el de una pareja que reconoce, por serias razones, que no se puede responsabilizar de dar a luz y criar una criatura (por ejemplo, en casos de malformaciones muy graves y en el contexto de una sociedad que no ayuda con leyes eficaces a proteger la dependencia ); en vez de decir que tiene derecho a abortarla, debería decirse que tiene responsabilidad de interrumpir en sus primeras fases el proceso de gestación antes de que su interrupción se convierta en un aborto. Interrumpirían, en ese caso, responsablemente un embarazo precisamente para impedir un aborto. Interrumpirían el proceso emergente del embrión durante las primeras fases antes de completarse la constitución del feto.

No se trata de una confrontacion entre dos realidades en el mismo plano, una con derecho a vivir y otra con supuesto derecho y libertad para matar, sino se trata de plantear cómo acoger responsablemente la vida nascitura (más exactamente, nascibilis –que puede llegar a nacer-, en vez de decir, sin más, nascenda-que debe nacer-) y cómo acompañar responsablemente ese proceso biológico y humano camino del nacimiento. Se trata también de cuándo y cómo podría darse una obligación de interrumpirlo responsablemente antes de que sea demasiado tarde, es decir, antes de que se haya constituído plenamente una nueva realidad viva individual nascitura (ahora ya en el sentido de nascenda)

Este enfoque general que propongo para todos los debates en torno a los procesos de concepción, gestación y alumbramiento de una nueva vida humana o de las intervenciones humanas en esos procesos para favorecerlos y ayudarlos o, cuando se presentase el caso d eplantear lo conflictivo de su interrupción, se sitúa en el marco de una ética de la responsabilidad: a) responsabilidad de adoptar una actitud de acogida ante el valor de toda vida, b) responsabilidad ante las normas –escritas o no escritas- que protegen ese valor, y 3) responsabilidad ante las circunstancias que plantearían en su caso posibles excepciones, debidamente justificadas y asumidas en conciencia, de esas normas.

En dicho marco encuadro las reflexiones siguientes sobre cinco aspectos de la responsabilidad que pueden interpelar a la conciencia de cada participante en los debates sobre estas cuestiones.

Responsabilidad lingüística de dialogar

Ante todo, la responsabilidad lingüística: responsabilidad de usar el lenguaje para finalidades apropiadas como, por ejemplo, informar, dialogar, buscar algo en común y expresarlo. Por tanto, responsabilidad de debatir correcta y serenamente, sin crispación y sin manipular el lenguaje por motivaciones ideológicas, ya sean pseudopolíticas, pseudo-científicas o pseudo-religiosas.

Responsabilidad, por tanto, de mantener conversación sobre estos temas desde una preocupación común por fomentar un debate sereno sobre cuestiones éticas en la sociedad plural y democrática.

Responsabilidad científica de aprender

La segunda responsabilidad es la de reconocer la necesidad de aprender. La ciencia baja la cabeza ante la realidad y modifica sus afirmaciones anteriores cuando nuevos datos las contradicen.

Al estudiar el proceso biológico de diferenciación del embrión pre-implantado (dos primeras semanas), de constitución del embrión implantado (tercera a octava semana) y de desarrollo y crecimiento del feto (de la novena semana en adelante), no preguntamos por el comienzo de la vida en general, sino de la realidad que llamamos una nueva vida individual y personal. La concepción no es un momento mecánico (conectar un echufe), sino un proceso vital (formarse y crecer un viviente): la interacción embrio-materna de la tercera a la octava semana, decisiva para la constitución de la vida naciente; a medida que se aproxima el tercer mes del embarazo aumenta la exigencia de ayudarle para llegar a término. Las circunstancias excepcionales deberán ser sopesadas seriamente; tendrán menos peso al aproximarse el umbral de la novena semana de gestación.

Responsabilidad moral de decidir

La responsabilidad moral de decidir ante la propia de conciencia no la ahorra nadie que pretenda sustituir a la persona embarazada (o a la pareja) en su toma de decisión: ni una instancia jurídica, ni una instancia médica, ni una instancia política, ni una instancia religiosa.

Pero sí hay una responsabilidad compartida en la implicación de diversas personas –madre, padre, entorno familiar y social- en la acogida responsable de la nueva vida. Hay también una responsabilidad en la consulta, que puede ser una consulta amistosa, o una consulta en el marco de una relación terapéutica de ayuda o “counseling”, o, a veces, en el marco de una relación de ayuda espiritual en contexto religioso. En todos estos casos habría una responsabilidad de sinceridad, por parte de quien comparte su propio problema con otra persona, y una responsabilidad, por parte de la persona consultada, para acompañar, sin imponer; ayudar, sin interferir dominantemente; y, finalmente, respetar la decisión personal intransferible.

Responsabilidad democrática de legislar

Hay una responsabilidad democrática de legislar o de modificar, mejorar o abolir las leyes para garantizar la protección de los bienes jurídicos en cuestión y el bien común de la sociedad. Pero en el ejercicio de esta responsabilidad hay que distinguir la perspectiva jurídica y la moral. Que no se exija una responsabilidad penal no significa que no haya una responsabilidad moral ante el tribunal de la conciencia. Ni todo lo moralmente reprobable conviene que sea penalizado, ni el hecho de que algo no esté penalizado lo convierte en moralmente aceptable. La legislación tiene en cuenta garantizar la protección de todos los bienes jurídidicos en cuestión, favorecer el bien posible, y reducir el mal menor inevitable; todo esto teniendo en cuenta las exigencias de una ética de mínimos de convergencia de valoraciones morales en el contexto de una sociedad plural y democrática. Ni las leyes penalizan cuanto está mal, ni la despenalización de algo lo sanciona como bueno. No constituir delito no significa estar moralmente justificado. Ni que algo esté moralmente mal justifica tipificarlo como delito.

Responsabilidad religiosa desde la fe

La postura religiosa de acogida de la vida motiva una opción valorativa y decisoria de máximos, que va más allá de los mínimos, tanto morales como legales, y promueve la opción en favor de toda vida, no como obligación impuesta por la pertenencia a un grupo creyente, sino como respuesta responsable a una llamada desde la fe en la Vida de la vida, para posicionarse en favor de la acogida favotable, a la vez que responsable, de cada nueva vida.

Pero esta responsabilidad religiosa como actitud, decisión y actuación personal no es incompatible con la aprobación de ordenamientos jurídicos de consenso social razonable y ética de mínimos compartible en una sociedad plural. Por eso es posible que un diputado/a creyente mantenga su convicción en favor de la vida naciente y, a la vez, apoye una legislación que despenalice en determinados supuestos las opciones autónomas de la gestante acerca de la interrupción de su embarazo.

Resumiendo

Para concluir, no se trata de pensar dilemática o disyuntivamente sobre la acogida de la vida frente a su supresión; tampoco se trata de confrontar una obligación incondicional de maternidad contra un presunto derecho -¡impensable!- a suprimir vidas. Optamos por la acogida responsable del proceso de vida emergente y nascente, que implica la exigencia de que, si y cuando se plantee su interrupción excepcional sea de modo responsable, justo, justificado, y en conciencia.

Por tanto, deberíamos presuponer, ante todo, una actitud básica de respetar el proceso de concebir iniciado en la fecundación; acoger la vida naciente desde el comienzo del proceso; favorecer el desarrollo saludable del proceso de gestación de cara al nacimiento; y protegerlo, haciendo todo lo posible para que no se malogre y para que no se interrumpa el proceso, ni accidentadamente, ni intencionadamente de modo injustificado. Esta acogida y protección debe llevarse a cabo de modo responsable. Pero esta postura en favor de la acogida de la vida no significa que esa vida sea absolutamente intocable. La acogida ha de ser responsable y podrán presentarse casos conflictivos que justifiquen moralmente la interrupción de ese proceso. Si no se va a poder asumir la responsabilidad de acoger, dar a luz y criar esa nueva vida, hay que prevenirlo a tiempo mediante los oportunos recursos anticonceptivos (antes del inicio de la fertilización) o interceptivos (antes de la implantación). Habrá casos límite en los que pueda darse incluso la obligación (no el derecho) de interrumpir en sus primeras fases el proceso embrional de constitución de una nueva individualidad antes de que sea demasiado tarde. Ejemplos de estos casos de conflicto de valores serían: cuando la continuación de ese proceso entra en serio y grave conflicto con la salud de la madre o el bien mismo de la futura criatura, todavía no constituída. En estos conflictos, a la hora de sopesar los valores en juego y jerarquizarlos, el criterio del reconocimiento y respeto a la persona deberá presidir la deliberación. Cuando, como consecuencia de esta deliberación, se haya de tomar la decisión de interrumpir el proceso, esta decisión corresponderá a la gestante y deberá realizarse, no arbitrariamente, sino responsablemente y en conciencia. Finalmente, estas decisiones de interrupción del proceso deberían tener en cuenta el momento de evolución en que se encuentra esa vida en esas fases anteriores al nacimiento. Esa vida sería menos intocable en las primerísimas fases y el umbral de intocabilidad, en principio, no debería estar más allá del paso de embrión a feto en torno a la novena semana. Pasado este umbral, si se presentan razones serias que obliguen a una interrupción del proceso, no debería llevarse a cabo como un pretendido derecho de la gestante, sino por razón de una justificación grave a causa de los conflictos de valores que plantearía la continuación del proceso hacia el nacimiento. Cuanto más avanzado fuera el estado de ese proceso, se exigirían razones más serias para que fuera responsable moralmente la decisión de interrumpirlo.

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01 Ene 2014

NO ES LO MISMO ABORTO QUE INTERRUPCIÓN DE GESTACIÓN

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 01 Ene 2014 - URL Permanente

NO ES LO MISMO ABORTO QUE INTERRUPCIÓN DE GESTACIÓN

No es lo mismo aborto que interrupción de gestación. Tampoco es lo mismo, decía santo Tomás, la mentira y el falsiloquium, ya que mentira sería por definición falsear injustamente la verdad cuando se está obligado a decirla ante quien tiene derecho a preguntarla. Puede haber ocasiones en las que sea irresponsable no interrumpir una gestación antes de que sea demasiado tarde para hacerlo sin que sea injusto contra el feto.

Si aborto es la interrupción injusta e irresponsable de un embarazo, no toda interrupción voluntaria del embarazo constituye un aborto en el sentido moralemente negativo de este término. Hay casos en que la decisión de interrumpir un embarazo es precisamente para evitar un aborto.

Por ejemplo, cuando una pareja reconoce que, por serias razones, no se puede responsabilizar de dar a luz y criar una criatura (por ejemplo, en casos de malformaciones muy graves y en el contexto de una sociedad que no ayuda con leyes eficaces a proteger la dependencia ), en vez de decir que tiene derecho a abortarla, debería decirse que tiene responsabilidad de interrumpir en sus primeras fases el proceso de gestación antes de que su interrupción se convierta en un aborto. Interrumpirían, en ese caso, responsablemente un embarazo precisamente para impedir un aborto. Interrumpirían el proceso emergente del embrión durante las primeras fases antes de completarse la constitución del feto.

(Para entender esto hay que entender en biología lo epigenético y hay que contar con una filosofía emergente y procesual, en vez de mitificar el mal llamado “momento de la concepción”, que no es momento, sino proceso).

Pero, lamentablemente, en los debates sobre el aborto en el estado español, llama la atención la belicosidad de dos posturas extremas: la de quienes pretenden dar muestras de identidad religiosa mediante prohibiciones legales y la reacción contraria por parte de quienes identifican a ultranza la permisividad incondicional con tomas de posición no religiosas. Aún se empeora más la tensión entre ambos extremos cuando se considera a los primeros como únicos abanderados del derecho a la vida, y a los segundos como monopolizadores del derecho a decidir. Veo incorrectos ambos extremos. Ojalá valiese la presunción de que ambos comparten la postura pro-persona, para proteger por igual el bien jurídico de madre y feto.

No ayudan para un debate sereno los planteamientos dilemáticos en términos de sí o no, blanco o negro, como, por ejemplo: “¿por la vida o contra la vida?”, o “¿por la madre o por el feto?”, y otras disyuntivas semejantes que conducen a un callejón sin salida. Esas disyuntivas condicionan el debate desde el principio como si fuera un enfrentamiento entre dos reclamaciones absolutas sin excepciones: los “guerreros del antifaz” contra los “guerreros sin antifaz”.

Pienso que el planteamiento no debe ser disyuntivo en cualquier hipótesis, sino de búsqueda de alternativas en situaciones de conflicto. La pregunta es: ¿Cuándo, con qué condiciones y limitaciones es responsable, justa y justificada la decisión autónoma de la mujer que opta por acoger la vida naciente o que se encuentra en la situación de tener que decidir la interrupción del proceso de su gestación? Cualquier legislación que se adopte deberá siempre garantizar la seguridad jurídica y los límites éticos para que dicha decisión autónoma reúna la triple condición de ser responsable, justa y justificada.

Cuando preguntaban, en 2010, parlamentarios o parlamentarias (de una y otra bancada, de gobierno y oposición) si podían votar en conciencia la ley de salud sexual y reproductiva, había que responderles: “Votar en conciencia significa que ni la afiliación política de partido ni la pertenencia confesional religiosa condicione el estar a favor o en contra. Puede haber en ambos lados del arco parlamentario, tanto quienes estén a favor como quienes estén en contra, por razones ético-legales (también científicas), y no por presiones ideológicas, ya sean político-partidistas, religiosas o irreligiosas”. Lo mismo habrá que responder si nos repiten la pregunta cuando se presente un posible proyecto de modificación de la citada ley.

Una ley de apariencia restrictiva puede, de hecho, favorecer sutilmente su aplicación permisiva, cuando se la interpreta en un contexto social favorable a la hipocresía moral bajo capa de legalidad. Podrá aducirse como ejemplo la práctica ambivalente del recurso al dictamen médico para cerciorarse del riesgo de un embarazo para la salud de la gestante con el fin de acogerse al correspondiente supuesto despenalizador. Pero prefiero citar el caso insólito del recurso al supuesto de motivación económica en la legislación japonesa, porque pone de manifiesto la ambigüedad de algunas despenalizaciones y la hipocresía de algunas penalizaciones.

Una abogada japonesa ha demandado al Estado, solicitando que se dicte sentencia (para condenarla o para absolverla con indemnización) por la interrupción del embarazo que le fue practicada en la 18 semana de gestación. La ecografía había detectado notables anomalías en un feto previsiblemente inviable y esta gestante accedió a la recomendación médica de interrumpir el embarazo. Otra opción que le ofrecían era aguardar el fallecimiento fetal antes del alumbramiento. Sin embargo, tanto retrasar la interrupción como aguardar al alumbramiento de un feto fallecido, conllevaba riesgos graves. Finalmente, ella accedió a la recomendación de interrumpir el embarazo antes de que fuera demasiado tarde, como explica ella misma respondiendo a una entrevista en el semanario Aera (7-I-2013) .

El certificado de “nacimiento sin vida”decía: “Alumbramiento artificial de feto sin vida, a petición de la gestante, por indicación económica, de acuerdo con la ley de protección materna”. La gestante no podía firmarlo, ni justificar su aborto por “indicación económica”. Su motivación se debía a las anomalías fetales. El médico le recordó lo que, como abogada, ya sabía ella: la ley japonesa no admite la indicación por malformaciones. Las clínicas japonesas, para evitar el delito, registran la operación como “aborto por indicación económica”, admitido por la “ley de protección materna”.

Desde que se promulgó (1996), jamás se han condenado abortos por malformaciones, aunque los avances en diagnóstico prenatal los incrementan; pero se salvan las apariencias, certificando “abortos por indicación económica”. “No estoy en penuria, decía la gestante, ni abortaría por ese motivo; lo hice previendo las dificultades de supervivencia del feto. Sería hipócrita aducir la razón económica”. Tal hipocresía favorece el doble estándar: una penalización, en apariencia estricta, condena el aborto por malformaciones; pero el sistema sanitario, de hecho, la infringe, acogiéndose a la indicación económica. La hipocresía social -fomentada en el caso de Japón por una ley que, con apariencia menos permisiva, ampara veladamente su violación-, es un caso paradigmático que nos hace pensar.


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30 Oct 2013

DIGNIDAD EN EL MORIR Y FE EN LA VIDA

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 30 Oct 2013 - URL Permanente

El anuncio de la publicación del tercer volumen de las memorias de Hans Küng ha vuelto a poner sobre el tapete el planteamiento de una posible opción por la eutanasia desde una postura de fe religiosa. El teólogo Hans Küng plantea, en el tercer volumen de sus memorias, la opción de asumir la muerte solicitando la aceleración médicamente asistida del fallecimiento. Lo afirma al constatar el avance de su enfermedad. Su testimonio está suscitando reacciones ambivalentes desde posturas a favor y en contra del ordenamiento jurídico despenalizador de la eutanasia. Las reacciones, tanto críticas como favorables, ante su manera de asumir el final de la vida, se han manifestado en forma de las habituales argumentaciones para proponer o para rechazar la legalización o despenalización de la eutanasia o el suicidio autónomamente solicitado, médicamente asistido y jurídicamente regulado.

Contra la opción planteada por el teólogo se ha argumentado: 1) desde algunas instancias religiosas, diciendo que no tenemos derecho a adueñarnos de la propia vida violando una ley divina; 2) desde algunas posturas humanistas no religiosas, diciendo que la autonomía personal no justifica que renunciemos voluntariamente a la vida con una elección que implicaría la destrucción de esa misma autonomía.

Para apoyar la opción de Küng se ha argumentado: 1) desde algunas posturas religiosas, diciendo que tenemos derecho a ejercitar la libertad dada por Dios para decidir el cómo y cuando del final de la vida; y 2) desde algunas posturas no religiosas, diciendo que el ejercicio de esa autonomía es un derecho humano inalienable.

Ninguna de estas cuatro maneras (religiosas o no religiosas) de argumentar, centradas en obligaciones y derechos, me parece suficientemente convincente. Además, la difusión mediática de estas cuatro argumentaciones fomenta en la opinión pública la impresión generalizada que identifica el rechazo de la eutanasia, como si fuera una señal de identidad religiosa, y su aceptación, como si coincidiese necesariamente con la actitud no religiosa o, incluso, antirreligiosa. Es decir, como si el rechazo o la aceptación fuesen cuestión de fe o increencia.

Para quienes hemos de gastar esfuerzos en la pedagogía para deshacer malentendidos sobre ética, esta mezcla y confusión de lo ético y lo religioso es preocupante, además de perjudicar con un flaco favor a ambas posturas, opuestas o favorables a la opción eutanásica.

Por supuesto, es elemental no confundir tres comportamientos completamente distintos: 1) el homicidio por compasión (llamado impropiamente eutanasia involuntaria, obviamente rechazable tanto legal como éticamente), 2) la legalización de la solicitud de eutanasia o suicidio asistido (como está en los ordenamientos jurídicos de Holanda, Bélgica o Suiza), y 3) la opción por asumir el proceso natural del morir y proteger la dignidad y autonomía de la persona moribunda: a) rechazando recursos médicos desproporcionados u onerosos para ella, b) concentrándose en los medios paliativos necesarios, y c) acompañándolos de cuidado humano apropiado.

Pero quisiera señalar otra confusión, que detecto en las reacciones suscitadas por las declaraciones de Hans Küng: hay quienes opinan que la opción de Küng es injustificable desde la fe, así como fundamentan el rechazo de esa opción como un deber impuesto por su fe.

Adelantándome a atestiguar que mi propia opción personal no es la del famoso teólogo, sino la del tercer caso antes citado, es decir, asumir la llegada de la muerte, sin exageraciones terapéuticas y con cuidado paliativo y humano, sin embargo, admito que también su opción es posible desde la fe.

Al tratar este tema, en las clases de ética, como cuestión de decisión humana razonable y responsable, presento al alumnado los ejemplos de cuatro clases de personas que hacen distintas opciones. Dos de ellas (una, no religiosa; otra, religiosa) optan por la eutanasia. Las otras dos (una, no religiosa: otra, religiosa) rechazan la opción por la eutanasia.

A (persona no religiosa): quiere ser coherente con su convicción de que es razonable y responsable pedir ayuda para determinar cómo y cuándo acelerar el final del proceso de morir en circunstancias penosas amenazadoras de su dignidad.

B (persona religiosa): está convencida en conciencia de que no contradice su fe en el Dios de la Vida la toma de decision personal acerca del momento de despedirse de esta vida y asumir la muerte que se aproxima como acto de confianza en la Vida de la vida. (Sería el caso del citado teólogo al solicitar ayuda para morir según lo legalizado en su país).

C (persona no religiosa): está convencida de que concuerda con su dignidad asumir la vulnerabilidad humana tal cual es, sin forzar la prolongación ni la aceleración del proceso de morir, sino dejándose llevar al mar del morir en que desemboca el río de su deterioro biológico y por eso no hace la opción por la eutanasia.

D (persona religiosa): se siente motivada, llamada o invitada por su fe (pero no obligada, ni por ley divina ni eclesiástica, ni por el argumento de que solo Dios sea dueño de la vida), se siente, digo, apelada a confiar en el misterio último que da sentido a su vida, dejar la determinaciónn del cuándo y el cómo de su final en manos de quien se la dio, y encomendar su espíritu confiadamente para “morir hacia la Vida de la vida”.

Reitero que mi propia opción personal es esta última (“D”), pero respeto y reconozco la validez razonable y responsable de las otras tres, no les impongo la mía en ningún caso, ni la impondría a la sociedad civil cuando esta debatiera en su día sobre la oportuna despenalización de la eutanasia.

Compartiendo la declaración, científica y teológicamente respaldada, del Instituto Borja de Bioética (Hacia una posible despenalización de la eutanasia, Barcelona, 2005), pienso que “lucidez y responsabilidad en el último acto de la vida pueden significar una firme decisión de anticipar la muerte ante su irremediable proximidad y la pérdida extrema y significativa de calidad de vida. En estas situaciones se debe plantear la posibilidad de prestar ayuda sanitaria para el bien morir, especialmente si ello significa apoyar una actitud madura que concierne al sentido global de la vida y de la muerte”.

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20 Oct 2013

DOMUND INTER-RELIGIOSO: TODOS BUSCADORES

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 20 Oct 2013 - URL Permanente

DOMUND INTER-RELIGIOSO:TODOS/AS SOMOS BUSCADORES

"Todos somos buscadores, como Jesús y como el Buda... Tan cerca de ti como tu mismo corazón y tan lejos como lo olvidado que tienes su latido"
Ya empiezan los colores otoñales en los jardines de Kyoto. Incendio de tonalidades amarillas, ocres y encarnadas caldea las maderas del templo Honganji, reflejando la vida de arces y cerezos.. Me detengo ante el pórtico oriental para copiar el lema de la semana, caligrafiado por los monjes de la escuela de Tierra Pura. “La Vida te vive”, reza la emblemática pincelada. Es una jaculatoria de Shinran, el fundador de la nueva rama que en el siglo XIII revivió con amor familiar la religiosidad anquilosada en las galerías célibes del monacato. Mientras copio el aforismo en el bloc de cabecera, se me acerca sonriente un monje de cuerpo anciano y mirada joven: “¿Lee y escribe nuestros ideogramas?” “Ustedes me los enseñaron” “¿Muchos años en Japón?” “Unos cuarenta” “¿Arraigado aquí con hijos y nietos? “No, soy religioso jesuita “Ah, ya sé, los de Francisco Javier...” (En Japón, es cultura general conocer el nombre del misionero navarro. No así la diferencia entre una secta y una orden religiosa). “Por cierto, dígame, ustedes los jesuitas ¿son católicos o cristianos?” (Me río por dentro, pensando en quienes dirían en mi país que somos heréticos) “Los jesuitas somos católicos, le respondo, y los católicos son cristianos. Una orden religiosa no es una secta, sino una comunidad comprometida con votos bajo la guía del Papa, para trabajar al servicio de un mundo más humano y más creyente, como buscaba Jesús”. “Un mundo así anhelamos también nosotros, como buscaba el Buda”. “¿Es muy numerosa su danka? (Danka equivale a la feligresía de una parroquia). “No excesiva, a pesar del sitio céntrico...”
“Pero más, sin duda, que toda nuestra diócesis católica de Kyoto”. “¿No es frustrante pasarse la vida en el extranjero, trayendo de Europa la fe de Jesús a quienes no les interesa? ¿O quizás usted anuncia y vende mejor la mercancía convirtiendo a muchos? (kyûdôsha siginifica, en japonés, “buscador de camino”; es el nombre que dan, tanto en templos budistas como en iglesias cristianas, a quienes vienen a aprender sobre la religión). “No me considero empleado de publicidad y ventas, como los pioneros de ciertos nuevos movimientos sectarios. A Jesús, más que traerle, le busco. Porque Él está ya aquí enesta cultura, antes de que vengamosa traerlo desfde fuera. Kyûdôsha, es decir, “buscadores de camino” somos todos durante toda nuestra vida. “En eso estoy de acuerdo”, contesta el monje. “Nosotros decimos que hasta que siguen creciendo las uñas del difunto, somos todos “tankyûsha”, es decir, exploradores que buscan el Camino del Buda sin acabar de encontrarle. El monje calla y sonríe significativamente, mientras señala con el dedo a mis pies. Miro al suelo intrigado y luego me quedo mirándole interrogativamente. “Cuando nos preguntan dónde está el Buda, respondemos: Aquí. La gente mira en torno y ve muchas estatuas de Buda en el templo. Siguen preguntando: ¿Cuál de ellas es el Buda auténtico? Y entonces señalamos a sus pies: El que está donde tú pisas, el que late donde tu corazón late, tan cerca de tí como tu mismo corazón y tan lejos como lo olvidado que tienes su latido”. “Claro, y por eso nos pasamos la vida buscándole” “Y sin reconocer que nos ha hallado él primero, porque es la Vida que nos vive”. Se aleja despacio en silencio el monje. Contemplo el reflejo del sol de otoño a través de los arces sobre su kimono. Respirando su aura, su imagen se me transforma como en ensueño y me veo caminando junto al Jordán a unos pasos del enigmático buscador de Galilea, pescador de buscadores que pesquen personas vivas para la vida (Lc 5, 10) y diciéndonos: “¿Qué buscáis?” (Jn 1, 38).

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30 Sep 2013

PAPA FRANCISCO:RESPONDE PREGUNTANDO

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 30 Sep 2013 - URL Permanente

PAPA FRANCISCO: RESPONDE PREGUNTANDO

Al Papa Francisco no le apuran preguntas delicadas. Con sutileza y buen humor evangélico, devuelve la pregunta y escucha. Le preguntaron, en el avión de vuelta de Brasil, sobre homosexualidad. Devolvió la pregunta diciendo: ¿Quién soy yo para juzgar? No era una escapatoria. Es que Francisco insiste en aprender de quien interroga y en escuchar antes de responder.

Un monseñor subsecretario titubea nervioso: “¿Qué se contesta, por teléfono, si te dicen: “Al habla, el Papa”? Al descolgar, le desconcierta un acento porteño: “Aquí Francisco, a la escucha”. La anécdota es sintomática: un líder que, en vez de pedir la palabra para taparnos la boca, se pone a la escucha para aprender de nuestras preguntas. Un Papa que escucha antes de hablar, y devuelve preguntas, en vez de precipitarse a responder; desconcierta a burócratas eclesiásticos, pero anima al pueblo que camina entre incertidumbres. Como le animó el día de su elección, al pedir que le bendijera antes de bendecirlo.

Está dando mucho que hablar la entrevista al papa Francisco en la revista Civiltá Católica. Al hacerse eco de ella, la prensa mundial está destacando unos cuantos temas sintomáticos de gran apertura y renovación. Por ejemplo, Francisco no tiene reparo en reconocer: “con el tiempo he aprendido muchas cosas”, y habla de sus errores de gobierno en el pasado diciendo: “Mi forma autoritaria de tomar decisiones me creó problemas”. Cuando le recomiendan que, para acelerar los cambios en la Iglesia “no consulte demasiado y decida”, responde que “consultar es muy importante. Los consistorios y los sínodos son lugares importantes para lograr que esta consulta llegue a ser verdadera y activa”. Quiere una Iglesia de acogida universal que sea “casa de todos, no una capillita en la que cabe solo un grupito de personas selectas”. Recomienda a los confesores que no actúen como jueces, sino como médicos, que los ministros del Evangelio “sean capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse. El pueblo de Dios necesita pastores y no ‘clérigos de despacho’...” Les aconseja acompañar a las personas en sus tomas de decisión, en vez de condenarlas. Y que, en sus homilías, se concentren en lo principal: dar esperanza, anunciando el amor salvífico de Dios. “No podemos, dice, seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticoncpetivos”.

Pero mucho más allá de estos comentarios, que pueden ser coyunturales, hay una línea de fondo en todas sus respuestas al entrevistador: la actitud de preguntar, discernir, dudar, buscar y, en una palabra, aprender. Se dijo de él durante los primeros meses después de su elección que era un Papa en aprendizaje. Ahora él pone del revés la frase mejorándola: no solo es que esté aprendiendo a ser Papa, sino que ser Papa consiste en estar aprendiendo siempre.

La prensa mundial, al hacerse eco de la reciente entrevista al Papa Francisco destaca sustantivos y adjetivos para titulares: reforma, misericordia, esperanza, genialidad femenina, homosexualidad no discriminada, consulta democrática.

La afición hermenéutica me invita, más bien, a subrayar los verbos, clave de actitudes, acciones y procesos del estilo menos papal del Papa. Seleccioné los siguientes: “Discernir, acompañar, aprender, estar en búsqueda, consultar, curar, salir de sí y vivir en las fronteras”. Efectivamente, en Francisco revive el discernir los signos de los tiempos, y el aprendizaje de lo humano de los Papas del Concilio: Juan XXIII y PABLO VI.

Cuando el Papa Montini visitó Naciones Unidas, en 1964, quiso matricular a la Iglesia en el “aprendizaje de lo humano”. Pero su intuición se convirtió en un desafortunado titular: “La Iglesia, experta en humanidad”. Así se repitió, en documentos eclesiásticos del último medio siglo, la impresión presuntuosa de una iglesia con respuestas para las preguntas que casi nadie hace y sin capacidad de escuchar las preguntas de casi todo el mundo. Dos Papas siguientes –Juan Pablo, moralista dogmatizador, y Benedicto, teólogo dogmático- confirmaron el malentendido sobre una “Iglesia experta”, con más respuestas que preguntas.

“Experto” puede significar “quien lo sabe todo” sobre un tema. Pero también “quien se especializa en seguir aprendiendo”. En el primer sentido, la Iglesia no es experta en todo lo humano. En el segundo, se especializa en el aprendizaje de lo humano.

En la entrevista del papa Francisco hay un giro de 180 grados en el liderazgo de la comunidad creyente: invita a dejarse enseñar por el Evangelio, por la ciencia y por la experiencia cotidiana de las personas, sobre todo de las que sufren. Dice así, con palabras conclusivas: “Si uno tiene respuestas a todas las preguntas, estamos ante una prueba de que Dios no está con él... Los grandes guías del pueblo de Dios, como Moisés, siempre han dado espacio a la duda... No se nos ha entregado la vida como un guión en el que ya todo estuviera escrito, sino que consiste en andar, caminar, hacer, buscar, ver... Hay que embarcarse en la aventura de la búsqueda, del encuentro y del dejarse buscar y dejarse encontrar por Dios... Dios está en la vida de toda persona...”.

Contra el vicio del fanatismo, la virtud de la incertidumbre. Abundan hoy los fanatismos religiosos, políticos e ideológicos. En nombre de no sé qué divinidad, se planean terrorismos. En nombre de no sé que libertad y democracia, se desencadenan guerras injustas, mal llamadas preventivas. En nombre de no sé qué ideología partidista, se disimulan corrupciones y se miente en los parlamentos desmintiendo evidencias. Y la justificación de todos estos fanatismos se afirma con la retórica de las certidumbres absolutas, apoyadas por intolerancias, a veces teístas, a veces ateas, pero siempre exclusivistas y discriminadoras: los malos son el otro equipo, se distingue claramente del nuestro y se supone que merece ser aniquilado por el hecho de ser diferente.

Por eso, lo que más me ha gustado en la tan comentada entrevista al Papa Francisco, es su capacidad de pensar dudando y creer confiando. Su relectura es una dosis medicinal de sana incertidumbre, terapia contra los fanatismos.

A Francisco no le gusta presumir del monopolio de la meta. “A Dios, dice, se le encuentra en el camino”. No le convence el tradicionalismo restauracionista cristiano, que “lo quiere todo claro y seguro”. Entre líneas atisbamos que él no va a predicar certidumbres absolutas para arrojarlas a la cabeza de un público fanático. Sabe que se expone a decepcionar a los fundamentalistas y anticipa la crítica de quienes le sospechen relativista. “No, si se entiende en el sentido bíblico, según el cuál Dios es siempre una sorpresa y jamás se sabe dónde y cómo encontrarlo, porque no eres tú quien fija el tiempo, ni el lugar para encontrarte con Él. Es preciso discernir el encuentro. Y por eso el discernimiento es fundamental.”.

Es notable el énfasis en el discernimiento en muchos párrafos de la entrevista. Cuando repito su relectura subrayando palabras clave, el bolígrafo fluorescente me pone de relieve el vocabulario de la incertidumbre confiada y la inseguridad segura que utiliza Francisco: “acompañar, buscar, ser creativo, aprender de los otros, aprender con el tiempo, consultar, síntesis de juventud y vejez, de cultura, fe y vida, caminar por caminos nuevos, salir de sí, vivir en periferias y fronteras, animar en vez de lamentarse, leer los signos de los tiempos, pensar con pensamiento abierto e incompleto, discernir más que discutir, narrar más que teorizar, tener en cuenta a las personas,...

Pensador, que sabe dudar, y creyente, que sabe confiar, opta Jorge Mario Bergolgio por la genialidad de santo Tomás en vez de por el tomismo decadente. Ese tomismo escolástico decadente prevalecía en la época de algunos manuales de filosofía que él estudió en el seminario –por cierto, con las certezas claras y distintas del mismo tomismo decadente en que se formó y enseñó su predecesor Karl Woijtila-. Pero el Papa Francisco opta hoy por la genialidad tomásica versus el tomismo decadente. Por eso elige: para pensar, dudar, y para creer, confiar.

Sigo releyendo la entrevista y coloco en un marco el párrafo conclusivo de una espiritualidad de la incertidumbre fiel: “Sí, este buscar y encontrar a Dios en todas las cosas deja siempre un margen a la incertidumbre. Si una persona dice que ha encontrado a Dios con certeza total y ni le roza un margen de incertidumbre, algo no va bien. Si uno tiene respuestas a todas las preguntas, estamos ante una prueba de que Dios no está con él...”

Francisco ha superado, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, aquella distinción entre la iglesia que enseña y la que aprende. Tengo en este momento abierto sobre mi mesa el libro de texto con el que me examiné de Religión en cuarto de bachillerato, en 1954. Decía así: “Los miembros de la Iglesia militante, por razón de su función, se dividen en dos grupos o categorías: la iglesia docente o enseñante y la Iglesia discente o enseñada. Forman la iglesia docente los que tienen derecho a a enseñar, es decir, los legítimos pastores. La Iglesia discente es el conjunto de fieles adoctrinados”. Eso ya no se puede decir desde hace medio siglo. Toda la Iglesia entera, pastores y pueblo, es discente y aprende. “El pueblo, dice Francisco, es sujeto. La iglesia es el pueblo de Dios. Sentir con la Iglesia queire decir estar en ese pueblo. No hay que pensar que sentir con la Iglesia tenga que ver únicamente con sentir con su parte jerárquica”.

Subrayo con lápiz rojo los verbos clave del estilo de hablar, tan poco papal, del Papa Francisco y selecciono los siguientes: “Discernir, acompañar, aprender, estar en búsqueda, consultar, curar, salir de sí y vivir en las fronteras”. Ciertamente, Francisco revive el discernir los signos de los tiempos, y el aprendizaje de lo humano de los Papas Juan XXIII y Pablo VI.

En la reciente entrevista del papa Francisco hay un giro de 180 grados en el liderazgo de la comunidad creyente: invita a dejarse enseñar por el Evangelio, por la ciencia y por la experiencia cotidiana de las personas, sobre todo de las que sufren. Dice así, con palabras conclusivas: “Si uno tiene respuestas a todas las preguntas, estamos ante una prueba de que Dios no está con él... Los grandes guías del pueblo de Dios, como Moisés, siempre han dado espacio a la duda... No se nos ha entregado la vida como un guión en el que ya todo estuviera escrito, sino que consiste en andar, caminar, hacer, buscar, ver... Hay que embarcarse en la aventura de la búsqueda, del encuentro y del dejarse buscar y dejarse encontrar por Dios... Dios está en la vida de toda persona...”.

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20 Ago 2013

TREN EXPRESO JAPONÉS: CONTROL DE SEGURIDAD

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 20 Ago 2013 - URL Permanente

TREN EXPRESO JAPONÉS: CONTROL DE SEGURIDAD

(Publicado en La Verdad de Murcia-Cartagena el 18 de agosto 2013)

Los turistas españoles de viaje por Japón tenían interés en fotografiar el espectáculo de los andenes en horas punta. No por el lleno de viajeros como sardinas en lata, que eso ya se ve en Madrid o Barcelona, lo mismo que en Tokyo. Lo novedoso es la salida ordenada de una riada humana por el centro de las puertas, entre dos filas de público a derecha e izquierda, que aguardan disciplinadamente para subir al tren. Pero, sobre todo, los turistas españoles no querían perderse la foto de los “empujadores”. De uniforme y con guantes blancos, dos empleados ante cada puerta comprimen literalmente las espaldas que sobresalen impidiendo el cierre automático de las puertas corredizas. Una vez cerradas, so oye la palabra mágica de la seguridad : ¡kakunin! (que significa: ¡comprobado y seguro!), acompañada del gesto ritual ineludible: Los encargados señalan con su dedo índice enguantado, primero hacia la derecha y luego hacia la izquierda, a todo lo largo del tren. Están haciendo kakunin: comprobacion. Efectivamente, no se ha quedado ninguna puerta abierta, ninguna cerrada a medias con un brazo o pierna apresada por los bordes, ningún pasajero despistado introdujo el pie entre coche y andén... El responsable alza en alto su farolillo y da la señal al maquinista para arrancar. Todo esto a toda prisa, porque cada tres minutos llega otro tren.

A mis amigos españoles no les apetecía que los aprisionaran en el tren a esas horas, solo habían sacado billete de andén para llevarse la foto de recuerdo. Pero no quise que se perdieran otra foto interesante sobre seguridad en los trenes y los invité a montar en la misma línea a media mañana. A esa hora hay holgura de asientos vacíos, pero les hago quedarse de pie en el primer vagón, junto a la ventanilla que separa la cabina del maquinista. Así podrán grabar con sus móviles la escena del conductor “haciendo kakunin”: asegurándose de que todo está en orden. Vamos por una recta larga, pero a lo lejos se divisa una baliza que anuncia proximidad de curva y disminución de velocidad. El maquinista, mano izquierda sobre manivela y pie sobre el freno, levanta solemnemente la mano derecha y con el dedo índice (por supuesto, enguantado de blanco) apunta a la baliza mientras canta por el micrófono, como un salmista en recto tono: ¡Señal! ¡Reducir velocidad!

¿Dónde se registró su voz? Dirán ustedes que en la caja negra. Cierto, pero además en otro sitio. En la cabina de cola de tren va el segundo ayudante del maquinista, el que comprueba antes de arrancar que “los comprobadores han comprobado bien” y no hay peligro de accidente en los andenes. El ayudante oye por el altavoz el canto del maquinista, anunciador de la baliza, y le responde desde su micrófono, como quien dice amén en una liturgia: ¡Comprobado!

A mis amigos turistas españoles les admira este control de seguridad que no abandona la comprobación al riesgo del fallo humano de una sola persona. Pero hay que añadir algo más. Aunque los dos maquinistas se despistasen, funcionarían los controles automáticos. Les indico a mis amigos que incluyan en el vídeo la toma de las balizas correspondientes a la derecha de las vías y entre los raíles. En el caso del tren bala de alta velocidad, viajando de Tokyo a Hiroshima en el famoso shin-kan-sen, he vivido varias veces el sobresalto de una desaceleración y parada repentina. Nos extraña, no estamos en ninguna estación. Enseguida nos tranquiliza el aviso por los altavoces. No era un accidente. Solo un pajarito atrapado en la catenaria o un ratón atascado en los raíles y apisonado por el tren bastó para desencadenar el frenado de urgencia en los sistema de seguridad. Nos avisan que llegaremos con diez minutos de retraso. Además, todo el dial se ha modificado automáticamente y el sistema ha retrasado los trenes siguientes que tenían previsto pasar cada diez minutos por la misma línea.

No acaban aquí las sorpresas para mis amigos turistas españoles en extremo oriente. Dos días después les acompañaba por el centro de Toyko. Frenó de repente el metro nada más arrancar, luego dio marcha atrás. Por los altavoces nos piden disculpas y también paciencia para esperar, porque no van a abrir las puerta hasta “comprobar la seguridad”. Es que ha sido, dicen, un “accidente personal”. Se trata del acostumbrado eufemismo para comunicar que alguien se ha arrojado al tren y tienen que venir sanitarios a reocgerlo y técnicos a dejar libres las vías. Obviamente, los sistemas de seguridad que impiden un descarrilamiento, no pueden impedir un suicidio. En un país con una tasa de suicidios de más de 35000 al año, no es raro que esto ocurra con cierta frecuencia, sobre todo en las líneas de la capital. Recientemente se han colocado al borde de los andenes unas verjas de seguridad, que se abren automáticamente solo delante de las puertas del vagón y se cierran antes de que arranque el tren. Al trabajo de los “comprobadores” se ha añadido una comprobación más. Las maravillas tecnológicas de la era informática no tiñen de color de rosa los problemas de la vida en una sociedad que vive a presión, estresada y automatizada...


(Publicado en La Verdad de Murcia-Cartagena el 18 de agosto 2013)

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17 Ago 2013

ASUNCIÓN: ABSORCIÓN POR LA VIDA DE LA VIDA

Escrito por: juan-masia-clavel-blogger- el 17 Ago 2013 - URL Permanente

-Felicitando a las Asuntas y Asunciones el 15 de Agosto-

Felicidades, prima Asunción, sobrina Asun y amigas Asuntas, todas las que celebráis onomástico el 15 de Agosto. Ya sabéis que Asunción significa Absorción y Asunta significa Absorbida por la Vida. Por lo tanto, querida Asunción, querida Asun, querida Asunta, enhorabuena por el nombre tan bonito que tenéis. Sois Asuntas quiere decir que os llamáis Asumidas, Absorbidas, Renacidas, Recreadas, Transformadas, Transfiguradas, destinadas a pasar el umbral del tránsito de crisálidas a mariposas de vida eterna.

Me preguntaron las alumnas en clase de teología si hay que creer que a la madre de Jesús no la enterraron y tuve que volver a aclararles lo que significa Asunción, para que preparen bien el examen de hermenéutica y evolución de los dogmas.

La Asunción no es un privilegio excepcional exclusivo de María, sino el símbolo de nuestro propio destino al morir para entrar en la vida definitiva.

Asunción no es transportar míticamente un cadáver por los aires para reanimarlo en lo alto de los cielos, sino pasar por la muerte y dejarse absorber por el Espíritu en el seno de la Vida de la vida.

Asunción significa que morir es nacer; nacer muriendo y morir naciendo. Si pudiéramos contemplar el nacimiento de una criatura desde el interior del seno materno, el vídeo proyectaría la imagen de alguien que desaparece por un túnel de muerte. Pero, vista desde la vida verdadera, esa presunta muerte se vería como un nacimiento, un renacer y una nueva creación.

María, como Inmaculada y Asunta, es un icono de esperanza. Por cierto, que Inmaculada y Asunción, como metáforas de fe, son algo así como en matemáticas el cero y el infinito. Cero e infinito no son como los demás números, son imágenes-límite y metáforas fronterizas. Inmaculada y Asunción son metáforas de esperanza, expresiones simbólicas de plenitud en los límites de nacimiento y muerte, y de trascendencia de los límites en el horizonte de la vida eterna…

Hubo entre el alumnado quienes no acababan de conformarse con estas interpretaciones y seguían preguntando: “Entonces, en qué quedamos? ¿qué conmemoramos el 15 de agosto, una muerte, un nacimiento, una resurrección o una asunción?”

Y hubo que insistir reiterativamente: Conmemoramos la muerte como absorción por la Vida, la muerte de María como Asunción, imagen esperanzadora de nuestra propia muerte como entrada en la Vida.

María murió y la enterraron, como Jesús murió y lo enterraron. La fe en la resurrección no necesita una tumba vacía. La Asunción no necesita “ángeles aviadores” que transporten un cadáver incorrupto, ni muchomenos un cuerpo no muerto, en “dormición”, a un paraíso en lo alto de las nubes.

Asunción no es eludir la muerte (como creyeron algunas tradiciones piadosamente extraviadas sobre la llamada ‘dormición‘, que creían que María no había muerto ni sidio enterrrada), sino ser recreada y transformada tras morir del todo, para renacer a la vida que no muere.

Lo dijo el Papa Pío XII al proclamar esta enseñanza solemnemente en 1950: “Lo esencial del mensaje es reavivar la esperanza en la propia resurrección”, que no consiste en revolotear por las nubes un alma separada, ni en reanimar un cadáver o dejar una tumba vacía o volver a esta vida, sino en ser asumida la persona en el misterio original de la Vida de la vida.

Lo dijo san Pablo escribiendo a la comunidad de Corinto: que la victoria sobre la muerte consiste en que cuando morimos la muerte es absorbida por la vida divina (cf. 1 Co 15, 54).

Y lo dijo muy bien Martín Descalzo en su poema:

Y entonces vio la luz. La luz que entraba

por todas las ventanas de su vida.

Vio que el dolor precipitó la huida

y entendió que la muerte ya no estaba.

Morir sólo es morir. Morir se acaba.

Morir es una hoguera fugitiva.

Es cruzar una puerta a la deriva

y encontrar lo que tanto se buscaba.

Acabar de llorar y hacer preguntas;

ver al Amor sin enigmas ni espejos;

descansar de vivir en la ternura;

tener la paz, la luz, la casa juntas

y hallar, dejando los dolores lejos,

la Noche-luz tras tanta noche oscura.

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SOBRE MÍ

Juan Masiá Clavel.

Jesuita, Profesor de Ética en la Universidad Sophia (Tokyo) desde 1970, ex-Director de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas,, Investigador del Centro de Estudios sobre la Paz de la Sección japonesa de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz (WCRP), en Tokyo.

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