Escrito por Pere Estupinyà
24 Ene 2008 - Enlace
¡Esto es la selva!
Os escribo desde la selva. No, no hablo en sentido figurado. En estos momentos estoy en una estacion biológica en medio de la selva costarricense, y por fin dispongo de unos minutos y conexión a Internet para daros un primer “taste” del viaje que el Knight Fellowship ha organizado con el objetivo de analizar temas cientificos, medioambientales y de salud en un pais tropical como Costa Rica. No sabeis las ganas que tenia de escribiros, de verdad. Ni la frustración que supone hacerlo con prisas, desde un teclado sin acentos (que vergüenza…) y no poder colgar ninguna de las fotos que estoy haciendo. Lo hare mas adelante, pero no podia dejar pasar la oportunidad de escribir en pleno “Stoop Syndrome”. Anoche ya me quedé con las ganas…
Como vosotros, yo también he visto por television imagenes espectaculares de erupciones volcanicas. Pero cuando el vulcanologo Gerardo Soto nos señalo un agujero de unos 5 metros a la derecha de nuestro autobus, y nos dijo que era resultado del impacto de una roca expulsada por el volcan Arenal que teniamos a nuestra izquierda, me di cuenta de que no las habia asimilado. Miras el crater, imaginas tal objeto volando hasta el agujero, y te da igual saber si la roca pesaba 10 toneladas o 100, o si la distancia recorrida era de 2 kilometros o 20. No importa. Es algo mucho mas brutal de lo que experimentaras en tu vida cotidiana.
A continuación Gerardo comenta: “aquí estaba el pueblo que arrasó la erupción del 1968”, ese estaba te sobrecoge. No ves un pueblo destruido, ni casas quemadas, ni ningún resto que indique que allí estaba Pueblo Nuevo. Simplemente no hay nada, quedo sepultado. “Fallecieron unas 70 personas”, indica Gerardo. Pero… ¿por qué vivían allí? No lo podían prever? “El volcán estaba completamente apagado, cubierto de vegetacion. Incluso la gente del lugar creia que alli no había ningún volcán. Y lo de preverlos… en eso investigamos”. Te vas haciendo a la idea, bajas del autobús, empiezas a caminar por la ladera, y de golpe oyes un estruendo. Gerardo señala arriba y ves rocas cayendo. No son llamativos ríos rojizos de lava, pero os aseguro que la impresión producida por esa explosion se ha quedado fijada en mi memoria. Fue solo la primera. Llegas de noche a tu alojamiento, pides una cerveza “imperial” y disfrutas del perfil cónico del volcán. A los pocos segundos oyes un nuevo rugido y… wow! El íltimo regalo: Algo rojizo empieza a desprenderse. Impresionante. Dura unos instantes, pero la bellísima escena se repite cada pocos minutos. “El volcán esta activo, expulsa un metro cúbico de lava cada segundo, y crece 15 metros al año” apunta Gerardo. La ventaja de viajar con un vulcanólogo es que te ofrede una dimensión extra, complementaria a la belleza que estás percibiendo. Te explica la relacion de los volcanes con la historia de la Tierra, las investigaciones científicas que estan realizando, y sus vinculos con otros procesos geologicos y ambientales. No os lo desvelo ahora, porque me prometió que también os lo contaría a vosotros en un futuro post.
Algo parecido ocurre en la selva tropical en la que me encuentro. Disfrutas observando infinidad de pajaros diferentes y una vegetacion exuberante a la que no estas acostumbrado. Todo tipo de animales se cruzan en tu camino. Incluso te hace ilusion que un mono se mee en tu cabeza desde lo alto de un arbol mientras lo estas contemplando (no es un ejemplo ficticio). Pero la estación biológica de la Selva no es un lugar dedicado al turismo. Aquí hay toda una comunidad de científicos investigando en biodiversidad, cambio climático, conservación, etología animal, botánica, captación de carbono… con proyectos interesantísimos que espero poder compartir con vosotros lo más pronto posible. Es un lujo estar aquí. Tanto en Costa Rica, como en este blog.

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