Escrito por Pere Estupinyà
21 Mar 2008 - Enlace
Los millonarios del MIT Blackjack Team
La semana que viene se estrena la película “21” , inspirada en el equipo de estudiantes del MIT que se hicieron millonarios contando cartas en los casinos de Las Vegas, y diseñando elaboradas estrategias para que no les descubrieran.
La historia es verídica, y dos de los antiguos miembros del famoso MIT Blackjack Team nos la explicaron en persona el pasado martes ante cientos de asistentes.
El Blackjack (el clásico “21”) es el único juego de los casinos en el que un jugador experimentado puede tener ventaja sobre la banca.
El motivo es simple: tu ves las cartas que van apareciendo durante la partida, y si las cuentas, podrás identificar ciertos momentos en los que (en función de las figuras y ases que hayan salido) tus opciones serán ligeramente superiores a las del crupier. Si entonces apuestas fuerte, a la larga saldrás ganando.
¿Tan sencillo? No. Contar las cartas y saber la estrategia a seguir es difícil y requiere mucho entrenamiento. Pero esto no es lo más complicado; lo peliagudo es que no te descubran contando. Según los casinos es ilegal y te pueden expulsar.
Desde los años 60 han existido contadores de cartas en el Blackjack, pero los casinos los identificaban rápido, quedaban “fichados”, y no les permitían entrar en ninguna sala de juego. El éxito sin precedentes del equipo del MIT se debió a dos factores: tenían a algunos de los mejores contadores del mundo, y -lo más decisivo- actuaban en grupo para no ser atrapados.
Estrategia de grupo
Antes de la charla que nos ofrecieron Dave Irvine (arriba) y Mike Aponte (izquierda), nos pasaron un reportaje con la grabación en cámara oculta de una de sus actuaciones:
Dave estaba sentado en una mesa de blackjack apostando cantidades normales. Su única misión era contar las cartas, pasar desapercibido, e identificar el momento exacto en el que la banca estaba en desventaja. Entonces cruzaba los brazos. Inmediatamente aparecía Mike, caracterizado de joven rico despreocupado, y empezaba a apostar cantidades descomunales. Si lo hubiera hecho Dave, el cambio radical de cantidades apostadas hubiera advertido a los vigilantes y le habrían expulsado de la mesa. De hecho, en el documental se ve un momento en el que sospechan de ellos, se acerca alguien, les retira las fichas, y les obliga a irse del casino en medio de amenazas.
La estrategia anterior era sencilla, pero durante varios años y una rotación de decenas de miembros, el MIT Blackjack Team consiguió burlar a los casinos con las más ingeniosas estratagemas. Amasaron millones y millones de dólares. Dave Irving dijo que en un fin de semana normal ganaban unos 100.000 dólares, y que en uno bueno llegaban a los 500.000.
La doble vida que llevaban era realmente de película. Entre semana eran estudiantes “normales” del MIT que mantenían su vinculación al equipo en un riguroso secreto. Y cuando llegaba el viernes, cogían un avión hacia Las Vegas o Atlantic City con la misión de ampliar su fortuna. Dave y Mike explicaron muchas anécdotas sobre las estrictas pruebas de selección de candidatos, cómo escondían el dinero en los aeropuertos, los extravagantes lujos que se permitían, sus aventurillas en otros países que visitaron, y los serios problemas que tuvieron con los detectives privados de los casinos.
Quizás el detalle que me pareció curioso, por lo nerds que pueden llegar a ser los estudiantes del MIT, fue la forma como se repartían el dinero. Una parte se la quedaban los inversores, y el resto se repartía entre los jugadores. Para ello, diseñaron un programa informático que repartía las ganancias a partir de un complejo análisis de expectativas y un seguimiento estadístico constante.
Cuentacuentos?
Una advertencia: la historia que os he contado no es conocimiento científico sino revelado. No está basada en la experimentación sino en hechos relatados por personas.
Es obvio que el MIT Blackjack Team existió durante varios años y sus decenas de miembros ganaron muchísimo dinero. Además de la película hay un libro (Bringing Down The House ), artículos en el New York Times y wired magazine, una página en wikipedia, e incluso una empresa llamada Blackjack Institute que te enseña las claves para forrarte en los casinos (no como otros). Pero no he encontrado una actitud crítica que aplique el principio de falsabilidad Popperiano e intente demostrar que los hechos en ellos descritos no se han exagerado, al menos un poquito.

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