Apuntes científicos desde el MIT

30 May 2008

Escrito por pere-estupinya

30 May 2008 - Enlace

Science World Festival

Hay científicos que incomodan a otros científicos.
Son los se atreven a plantear en público hipótesis poco investigadas, los que hablan desinhibidos sobre el futuro, los que simplifican al máximo conceptos complejos sin ningún perjuicio... cuánto los necesitamos!
Ayer, dentro del Festival Mundial de la Ciencia que se está desarrollando en Nueva York, pude ver en acción a tres claros representantes de estas actitudes frente a la comunicación científica:


V.Y Ramachandran es un neurólogo experto en percepción, ilusiones ópticas, miembros fantasma, engaños del cerebro, neuronas espejo… que no tiene ningún miedo a la hora de recopilar lo que sabemos sobre “ese pedazo de carne que puede contemplar a la materia contemplando”, e intentar dar respuestas a los interrogantes más fundamentales sobre la consciencia humana. Además, lo transmite fabulosamente bien.
Ray Kurzweil es un experto en inteligencia artificial, inventor y futurista. Él habla de “La Singularidad”; el momento cercano en que el aceleramiento exponencial de la tecnología desembocará en máquinas que superarán con creces la inteligencia humana. Nos encontramos de lleno en el período más revolucionario de la historia. Y según Kurtweil, nuestra fusión con la tecnología nos forzará a redefinir lo que significa ser humanos.
Lawrence Krauss es físico teórico, prolífico divulgador y autor de varios libros, entre ellos “La física de Star Trek”. No lo conocía hasta ayer, pero hacía tiempo que no escuchaba a un científico explicar de manera tan sencilla lo que sabemos y lo que no sabemos sobre el Universo.

Os digo una cosa… Geniales los tres. Casi me da igual si fueron rigurosos del todo o no, o si alguien del público salió con ideas erróneas. Lo que puedo asegurar es que en ambos eventos todos salimos encantados, y más maravillados todavía sobre lo profunda y bella que es la ciencia.
Si en un festival se trata de acercar el conocimiento científico a un público amplio, y estimular futuras vocaciones entre jóvenes, sin duda ellos saben cómo hacerlo.
Para los que cuando nos emborrachamos divagamos desordenadamente sobre neurotransmisores, quarks y antiquarks enlazados por supercuerdas, sistemas complejos, biología sintética… o la última hipótesis descabellada que hemos intentado asimilar, estos científicos forman parte de nuestra inspiración.

No tengo tiempo de desarrollar en profundidad todo lo que trataron. Dentro de poco salgo volando a escuchar a Oliver Sacks hablando sobre los efectos de la música en el cerebro, y después a observar fenómenos cuánticos de la mano de Brian Greene y algún que otro premio Nobel
Pero os dejo con algunas impresiones, que quizás vosotros podéis ampliar.

Ramachandran + Kurzweil
Tener a estos dos personajes en una misma conferencia es un lujo.

Ramachandran vinculó tres de sus grandes temas; neuronas espejo , miembros fantasma, y sinestesia.
Cuando un chimpancé mueve la mano para coger una fruta, se activan unas neuronas específicas en la región motora de su cerebro. Esto ya se sabía desde hace tiempo. Pero pocos años atrás se vio algo sorprendente: esas mismas neuronas se activan cuando el chimpancé observa a otro chimpancé realizando tal movimiento. Se pasaron a denominar neuronas espejo. Más allá del aprendizaje, no hay consenso sobre si juegan un papel muy significativo en los humanos, pero para Ramachandran pueden ser la clave celular de la empatía, de la capacidad de ponerse en lugar del otro, y de nuestra propensión a imitar conductas. Algo que se encuentra en la base de la transmisión de cultura.
Ramachandran dijo: “Esas neuronas individuales no saben si quien está moviendo el brazo eres tu o alguien que estás mirando”. ¿Cómo se puede testar esta hipótesis? Él lo ha hecho con sus pacientes con miembros fantasma (personas que han sufrido amputaciones pero todavía “notan” el brazo perdido). Ramachandran observó que cuando los amputados observan a alguien rascarse una mano, sus neuronas espejo se activan, e inmediatamente sienten que algo está rascando su miembro ausente.
Las personas sinestésicas tienen sentidos asociados. Cuando ven el número 2 (por ejemplo) para ellos físicamente puede ser rojo, y el 5 verde. Un sonido les produce sabor amargo, y otros pueden ser redondos. Ramachandran insistió en que todos tenemos un pequeño grado de sinestesia, y en esta asociación de propiedades abstractas se encuentra la base de algo tan humano como la metáfora. Fundamental en nuestro desarrollo como especie.

Ray Kurzweil lo tiene claro: la tecnología está evolucionando a un ritmo exponencial. Tarde o temprano llegaremos a “La Singularidad”, el momento en que los ordenadores serán más inteligentes que nosotros. Pero no habló sólo de computación; “la ley de Moore es un ejemplo de entre muchos otros”. Todo se acelera exponencialmente en la tecnología de la información. Empezó a mostrar datos y gráficos con el argumento de “mirad el ritmo al que está avanzando todo, e imaginaos a qué nos conducirá en el futuro”. Habló de miniaturización, potencia de cálculo, “ingeniería inversa” del cerebro, terapia génica, secuenciación de ADN, la nueva generación de energía solar, nanoestructuras dentro del cuerpo, poner nuestro cerebro en Internet, o enviarle información digital por los capilares… Muy inspirador, de verdad, pero en algún momento me recordó a la segunda parte de la expresión que utiliza Ramachandran para definir las extremidades que han sido amputadas pero todavía se nota su presencia.
Lo que más me sorprendió es un video en el que se mostraba un traductor de voz electrónico inventado por su equipo. Se veía a Kurweil leer una frase en inglés. Luego decía “French”, e inmediatamente el aparato repetía la frase en un clarísimo francés. Kurtweil dijo textualmente “dentro de pocos años seremos capaces de hablar con todo el mundo, sin importar cuál sea nuestra lengua”.

Ecos desde el inicio
El evento posterior sobre cosmología “Echoes from the beginning " fue multitudinario.

Lawrence Krauss hizo una presentación fabulosa. En escasos 20 minutos dibujó un clarísimo retrato global de los principales interrogantes en la investigación cosmológica actual. La discusión posterior con el resto de científicos fluyó a aspectos más filosóficos como qué pudo causar el Big Bang, los universos múltiple, el concepto del tiempo, qué es la nada, y si estas preguntas son científicas o no.
Hubo algo que me resultó curiosos. En un momento, alguien de refilón mencionó el principio antrópico (nuestra existencia justifica que el universo sea como es). Ninguno de los asistentes aceptaba dicho principio, pero la discusión alrededor de él duró varios minutos, e incitó un par de preguntas del público. El principio antrópico es una de esas ideas tan poderosas, que a pesar de tener una base muy poco sólida, se resiste a desaparecer.

Como en otros momentos que he padecido el Stoop Syndrome , me he dejado alienar por tanta densidad de conocimiento científico, y he abierto más temas de los que soy capaz de cerrar. Necesito ayuda!

21 May 2008

Escrito por pere-estupinya

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Cuando Ciencia y Dios se buscan

Esta semana parece que todo conduce a plantear la relación entre Ciencia y Dios.
Ayer leí el artículo de Mónica Salomone sobre neurociencia y creencias religiosas. Buenísimo, sin matices. A los pocos minutos de leerlo, mi amiga Reini me lo adjuntó en un mail aconsejándome que lo tratara en el blog. Luego Federico lo comentó en un post antiguo , y por la tarde recibí un mensaje anónimo a través del “contacto” recomendándome también abordar el tema.
Es un asunto que me incomoda un poco y del que ya se ha hablado largo y tendido. Pero reconozco que en un blog de ciencia donde se aspire a generar ciertos momentos de reflexión, tarde o temprano debíamos abrir un espacio dedicado al encuentro o desencuentro entre ciencia y divinidad.
Por si fuera poco, el martes visité a Owen Gingerich , reconocidísimo historiador de la astronomía y autor del libro “El Universo de Dios ”. Gingerich es uno de los científicos que más abiertamente defienden la compatibilidad absoluta entre ciencia y creencia religiosa, y la existencia de un Dios diseñador como explicación a la complejidad del Universo (nada que ver con la teoría del Diseño Inteligente).
Ya se… he mencionado dos aspectos del debate muy diferentes cualitativamente. La postura de Gingerich representa el intento de encajar la existencia de un Dios “real y creador” con los principios científicos. Y el artículo de Salomone plantea si, independientemente de si existe o no, la selección natural nos ha predispuesto a creer en Dios hasta el punto de poder localizarlo en el cerebro, y por tanto ser sujeto de estudio científico.
A estas alturas de post, seguro que ya tenéis comentarios. Escribidlos antes de que se enfríen. Yo a continuación me limitaré a contextualizar algunas preguntas que me gustaría formaran parte del debate.

¿Es compatible una mentalidad científica con la creencia en un Dios sobrenatural?
No me refiero a las personas que trabajan como científicos. Ni a los que hayan estudiado una licenciatura de ciencias. Sino a aquellos cuya forma de interpretar el mundo se basa en los principios básicos de la ciencia. ¿son agua y aceite? Como decía Stephen Jay Gould , ¿o pueden coexistir en un mismo individuo simultáneamente?
En EEUU (un país muy religioso y muy científico a la vez), este debate es una locura. La foto de la izquierda la tomé hace un año (disculpad la calidad), durante mis primeros días en Washington DC. Me dejó perplejo ver que en una librería corriente, en el apartado “Nuevas Tendencias en Ciencia”, había tal cantidad de libros dedicados a este asunto. Todavía continúa igual.
Entre los que se esfuerzan en fusionar ciencia y religión, en un extremo se puede encontrar la postura sencilla y conciliadora de Gingerich, difícil de rebatir científicamente: El universo, sus leyes, y las constantes de la física están tan bien afinadas que no pueden ser fruto del azar. Para él es mucho más coherente pensar que algo lo ha diseñado. De aquí a milagros, ascensiones a los cielos, o saltarse la teoría de la evolución… nada de nada. (obviamente estoy simplificando)
En el otro extremo me encontré un libro que me horrorizó, escrito por el “gran” físico Frank Tipler. En “The Physics of Christianity”, Tipler busca explicaciones científicas a la resurrección, a que una persona virgen pueda engendrar a un hijo varón… Según dice la contraportada de su libro, las creencias esenciales del cristianismo son consistentes (de forma literal) con las leyes de la física. Lo poco que leí del libro, me pareció que de ciencia sólo tenía léxico. Era dogmatismo disfrazado de investigación.
En el otro bando de la batalla se encuentra el crítico y criticado por pretensioso “God Desilusion” de Richard Dawkins , o el bestseller “Why God is no Great ” (porqué Dios no es maravilloso) del periodista Christopher Hitchens. Estos trabajos representan una lucha activa contra la religión que generaría una nueva pregunta: ¿Debe un científico -o quien sea- entrometerse en las creencias religiosas, y promulgar el ateísmo en busca de un mundo mejor?
Disculpad, he desviado del tema. Retomémoslo en el punto acerca de la búsqueda neurocientífica de Dios tratada en el artículo de Salomone , que es quizás más interesante.

¿Es Dios una lacra de nuestro pasado evolutivo?
Más allá de si Dios existe o no, y si las leyes de la física pueden acomodarlo, se asume que la evolución ha tenido motivos suficientes para seleccionar a los individuos o grupos sociales con predisposición a creer en él. Y si esto es así, alguna “marca” en el cerebro habrá quedado. Esto es lo que buscan los neuroteólogos.
Uno de los estudios más famosos fue el de Michael Persinger, que cuando estimuló partes del lóbulo temporal izquierdo de su cerebro, dijo notar una sensación de misticismo y experimentar a Dios por primera vez en su vida. En el capítulo 9 de su libro “Fantasmas en el Cerebro”, el genial V.S Ramachandran explica casos de pacientes con ataques epilépticos localizados en esa misma zona, que sufren experiencias espirituales extremadamente intensas. Algunos creen que allí estaría el “módulo de Dios” en el cerebro.
Otros estudios que tuvieron mucha repercusión fueron los realizados por Andrew Newberg utilizando imágenes de Resonancia Magnética Funcional (fMRI) para analizar los cerebros de monjes budistas Tibetanos y monjas franciscanas mientras rezaban. En su libro “Why God Won’t Go Away", explica su búsqueda de la localización en el cerebro de las experiencias místicas, y el circuito cerebral de la espiritualidad.
No se moja, claro, en si esta actividad está generada internamente por el propio cerebro, o si viene causada por “algo” externo. Los resultados de esas investigaciones se interpretan de dos formas muy diferentes. Para los creyentes son una prueba de que Dios preparó el cerebro para la espiritualidad, y hay fundaciones financiando proyectos que lo demuestren. Para los escépticos, resulta obvio que Dios sólo es un beneficioso engaño ancestral de nuestro cerebro, un órgano no diseñado para buscar la verdad sino para sobrevivir.

Sólo deciros que los links y referencias citadas son parte del curso “Neurociencia y Sociedad” que he estado realizando en el departamento de STS del MIT, y que cuando hablábamos de exageraciones en el uso del fMRI y los intentos de neuroanalizar cualquier aspecto del comportamiento humano, uno de los ejemplos que habitualmente aparecía era justamente la búsqueda de Dios en el cerebro. En este sentido, y en la línea del post sobre neuroarrogancia , ayer también me enviaron este reciente artículo de la revista Wired titulado “Escáneres cerebrales y lectores de la mente? No os creáis el bombo”.

Me he extendido demasiado, y seguro que tenéis mucho que añadir. Adelante!

14 May 2008

Escrito por pere-estupinya

14 May 2008 - Enlace

Neuroarrogancia

A principios de abril asistí a una mesa redonda titulada “Debería ser reconsiderada la ley criminal en vista a los avances de la neurociencia? ”. Se trataba de discutir hasta qué punto los recientes descubrimientos sobre las bases biológicas de nuestro comportamiento deben influir en nuestra idea de responsabilidad criminal, la forma como castigamos a los delincuentes, y llegar a identificar personas con predisposición a actos violentos. Una de las conclusiones fue “de momento no”, pero en un extremo del espectro estaba Joshua Greene , profesor de psicología en Harvard, cuya perspectiva mecanicista del cerebro me asustó un poco. Venía a decir que nuestro comportamiento está determinado por cómo tenemos cableado el cerebro, y que en el futuro seremos capaces de entender perfectamente todos los factores que influyen en nuestras acciones, e incluso predecirlas.
Su visión me sugirió un nuevo término; además del neuromarketing, neuroeconomía, neurofilosofía, neuroética, neurolaw, neuroteologia… neurotodo, parece que algunos científicos han creado el campo de la neuroarrogancia! No me malinterpretéis, no estoy diciendo que en nuestro comportamiento no sea producto exclusivo de nuestro cerebro, ni que no estemos en una época apasionante en el estudio científico de la mente, pero para hacer plausibles las asunciones de Greene había dos requerimientos básicos que me incomodaban: 1- Algún día podremos llegar a entender perfectamente el cerebro y la conducta humana. 2- Nuestras acciones están determinadas; tenemos mucha menos capacidad de decisión y libre albedrío de lo que nos creemos.
Le pedí a Joshua Greene una entrevista para debatir estos dos puntos. La semana pasada me reuní con él en su despacho de Harvard, con una grabadora de voz y 2 preguntas muy claras. Os las transcribo junto a sus respuestas.

Neurociencia y Ley (fragmento de la entrevista a Joshua Green)
Pere:
Vuestro panel me recordó una situación que podría haber sido vivida hace 60 años, cuando los meteorólogos estaban entusiasmados con la llegada de los primeros ordenadores. Ellos sabían que el clima es un sistema físico regido por las leyes de Newton. Creían que conociendo cada vez mejor los parámetros que lo regulaban, encontrando modelos más ajustados, y aprovechando el inmenso poder de cálculo de las computadoras, sin duda en el futuro se llegaría a predecir el tiempo atmosférico con total exactitud. Luego descubrieron la teoría del Caos, y que el clima era un sistema tan complejo que nunca se podría llegar a predecir con absoluta fiabilidad. ¿No crees que podría ser una situación análoga al boom de la neurociencia actual? ¿que el cerebro y el comportamiento humano son tan complejos que nunca llegaremos a entenderlos por completo, y mucho menos predecirlo?

Greene:
Aquí hay dos temas a considerar: ¿Es el comportamiento humano puramente mecánico? Esta es la pregunta más importante filosóficamente. Y luego: ¿Se puede utilizar una aproximación mecanicista para predecirlo?
Ahora sabemos que en efecto se trata de un sistema mecánico, la duda es si seremos capaces de comprenderlo y predecirlo. Efectivamente podría tratarse de un sistema determinista pero caótico. Sin embargo yo soy más optimista respecto al cerebro que a la meteorología, porque el cerebro es un órgano funcional, diseñado para producir reacciones a partir de estímulos (outputs from inputs). Puede que a nivel de neuronas, sinapsis… haya elementos caóticos, pero a un nivel superior, de comportamiento, tiene que estar organizado, ya que evolucionó para realizar funciones concretas. Por eso no creo que vaya a ser tan caótico que nunca seamos capaces de hacer buenas predicciones.

Pere:
Respecto a la libertad de decidir (free will): Imagínate que alguien tenga una relación de pareja, y en un momento determinado tiene la posibilidad de ser infliel con una persona muy atractiva. ¿Me estás diciendo que nuestro comportamiento está predeterminado, y que en el fondo no decidimos libremente? ¿Y que por tanto no deberíamos ser penalizados?

Greene:
Depende de lo que entiendas por libre albedrío (free will). Está claro que hay una diferencia entre tú y una rana hambrienta. Tú tienes una capacidad reflexiva que la rana no posee. Si tu piensas en el libre albedrío como la habilidad de reflejar valores, tener deseos de segundo orden, escoger, tener control cognitivo… de acuerdo, tiene sentido desde la perspectiva de personas individuales, que efectivamente pueden controlar impulsos.
Pero cuando nos referimos a las leyes y las penas que ejercemos, aparece en escena un nuevo concepto de free will. Imagínate alguien con un problema genético y que haya crecido en un entorno que también le conduzca a realizar actos criminales. Malos genes y malas experiencias pueden predisponer su mente a tener menos autocontrol. De alguna manera todos tenemos la sensación de que esa persona no es completamente libre. Y esa persona no escogió sus genes, ni su entorno… por tanto (pero esto es muy controvertido…) alguien puede pensar que no es del todo responsable de sus actos.
Podemos creer que si llegáramos a entender cualquier aspecto de la información biológica y ambiental de nuestro comportamiento, no encontraríamos nada de libertad en él. Y plantearte el free will en estos términos, sin duda genera dudas en la forma como castigamos a los criminales.
Simplificando mucho, hay dos motivos por los que penalizamos a los delincuentes: porque lo merecen, y para que no vuelvan a hacerlo. El primer caso es el que se ve afectado cuando pensamos sobre la conducta humana en términos mecanicistas. Imagínate un tigre que mata a un niño y atemoriza a una aldea. Puedes capturarlo y sacrificarlo por peligroso, para que no cause más daño, pero no porque lo merezca. No pensamos que el tigre haya escogido, que sea culpable. En ciertos casos, un planteamiento consecuencialista es coherente para minimizar daños en el futuro, pero la pena como retribución, devolver el daño que has causado, pierde sentido. Es un planteamiento utilitario.

Pere:
Este planteamiento utilitario me acaba de recordar la película futurista Minority Report, en la que conociendo perfectamente la conducta humana se puede predecir si cometerás un acto violento. Entonces te pueden detener incluso antes de haberlo cometido. En tus planteamientos, parece que hay lugar para esta detección precoz de futuros criminales.

Greene:
Debemos partir de una enorme presunción de inocencia, no hay duda. Pero identificar personas de riesgo tendría enormes beneficios. No para penalizarlos previamente, claro, pero sí para tomar algunas medidas. Supón un caso extremo: alguien con un gen que le predispone claramente, con un 99.99% de los casos, a trastocarse y convertirse en un psicópata o asesino en serie. Sería de locos no hacer algo al respecto. El problema está en lo fiable que pueda ser este proceso. Pero yo lo miro con lentes utilitarias. Si en el futuro la capacidad de predecir es suficientemente certera, yo en principio estoy a favor de aplicarla. Para muchos casos puede ser inservible, pero me imagino algo como la pedofilia, que es muy específica y parece que podría ser relativamente fácil identificar personas susceptibles… quizás con técnicas de neuroimagen…
Debemos ser cautos, desde luego, pero yo sí veo casos especiales en los que detectar previamente tendencias delictivas.

Vaya tema para ser tratado en un blog… hay muchísimos matices que quedan fuera, pero de nuevo pretendía ofreceros una primera lectura de los aspectos básicos que se están debatiendo. Dejadme recalcar que Joshua Green no se mostró arrogante en absoluto. Al contrario, me pareció un tipo genial, y consciente tanto de las posibilidades como de las limitaciones de la neurociencia.
Insisto también insisto en que nadie vislumbra este tipo de aplicaciones por el momento. En el fondo, porque el caso del gen con el 99.99% parece engañoso. Algo quizás más realista sería que algún día te dijeran: con un análisis genético, imágenes de tu cerebro en fMRI, y evaluación psicológica, concluimos que tu predisposición a la pedofilia es del 34%. Mis dudas iniciales continúan irresueltas: 1-¿seremos capaces algún día de dar una cifra así? 2-¿podrá esa persona controlar “libremente” esa predisposición?
Pero ahora añado un par más: 3- ¿es menos responsable esa persona que otra con una predisposición del 8%? 4- ¿A partir de qué % alguien decidirá que se tienen que tomar medidas preventivas?

11 May 2008

Escrito por pere-estupinya

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Dormir para recordar

Estoy preocupado… El pasado jueves y viernes atendí a una excelente serie de conferencias en NY: 25 charlas de veinte minutos sobre temas diversos con ponentes de primer nivel. Tenía la sensación de haberme empapado con información de muy buena calidad. Pero ayer sábado, cuando regresé a Cambridge, un amigo me pidió que le explicara los puntos clave de la conferencia, y me di cuenta que tenía bastantes lagunas a la hora de recordar datos, conceptos… ¿Y si mi cerebro no había guardado toda esa información? Qué mala pasada! (toma eufemismo…)
Entonces, en seguida me vino a la cabeza una clase de psicología el semestre pasado sobre el papel del sueño en la consolidación de recuerdos. Me pregunto si las poquísimas horas dormidas durante los últimos 3 días han debilitado mis neuronas, y evitado que aprovechara al máximo las conferencias….
Recojo los apuntes de esa clase, y comento los 3 principales artículos que nos presentaron.

Aprender descansado
Dormir después de aprender algo ayuda a consolidarlo. Esto hace tiempo que está demostrado. Pero no estaba tan claro si dormir antes del aprendizaje “prepara” de alguna manera al cerebro para fijar recuerdos.
El año pasado Nature Neuroscience publicó un artículo describiendo el siguiente experimento: Se formaron dos grupos de voluntarios. A unos les hicieron pasar una noche en vela, y a otros no. A las 6 de la tarde del día siguiente les pasaron unos tests en los que debían memorizar imágenes. Luego les dejaron ir a dormir a todos y seguir su rutina normal. Dos días más tarde les volvieron a pasar una serie de fotografías intercalando imágenes del primer test, y otras parecidas. Tenían que discernir si ya las habían visto o no. El grupo que pasó una noche sin dormir obtuvo resultados significativamente peores del que había descansado.

Dormir como fuente de inspiración
Tampoco está claro si se trata de un mito o una realidad la idea de que mientras dormimos, el cerebro reorganiza recuerdos y encuentra soluciones más creativas a problemas que nos van rondando por la cabeza.
En 2004 se realizó un estudio para ver si dormir aumentaba la perspicacia a la hora de resolver series de cifras incompletas, en las que habían reglas “ocultas”. Se hicieron tres grupos de participantes. El primero se entrenó brevemente a las 11 de la mañana, y pasó les test a las 7 de la tarde. El segundo se entrenó a las 11 de la noche, no durmió, y pasó el test a las 7 de la mañana. El tercero se entrenó también a las 11 de la noche, pero fueron a dormir tranquilamente, e hicieron la prueba a las 7 de la mañana.


Era previsible encontrar diferencias entre el grupo que había pasado una noche en vela y el que había dormido, pero no se esperaban una mejora tan grande respecto al que se había entrenado de día.
Los científicos concluyeron que dormir reestructuraba las memorias recién aprendidas, facilitaba la extracción de conocimiento explícito y aumentaba la perspicacia para solucionar problemas.

Más habilidosos si dormimos
El tercer estudio que se comentó era sobre el aprendizaje de habilidades motoras. Tenías que aprender a pulsar lo más rápido y preciso posible una sencilla serie de números en un teclado (4-1-3-2-4) en un teclado.
Un grupo se entrenaba a las 10 de la mañana, repetía la prueba a las 10 de la noche, iba a dormir, y lo volvía a hacer a las 10 de la mañana del día siguiente. El otro grupo empezaba entrenándose a las 10 de la noche, iba a dormir, repetía a las 10 de la mañana, y de nuevo a las 10 de la noche.
Como podéis ver en el gráfico de abajo, no importaba si se trataba del segundo o tercer intento. La gran mejora en precisión y rapidez motora coincidía con la prueba hecha tras dormir.

Entonces… ¿Qué ha pasado con lo “aprendido” durante mis jornadas en NY? ¿Cómo han influido las pocas horas de sueño de los últimos días? Sobretodo la juerga del jueves… ¿Evitó que se “consolidaran” las charlas de ese día, y que mi cerebro se “preparara” para las del viernes? Y no se trataba de cansancio o falta de concentración; el café y el estímulo intelectual me mantenían bien despejado y atento.
Pero quizás si en lugar de salir por ahi hubiera hecho deporte, según otros estudios que relacionan el ejercicio físico con la generación de nuevas neuronas y la mejora de capacidades mentales, ahora recordaría más detalles de la conferencia...
Ya sé que la selección natural consideró que olvidar y modificar recuerdos tenía su lado positivo, pero no creo que la evolución pensara que acabaríamos atendiendo conferencias y recibiendo tal densidad de datos. Las limitaciones de la memoria a veces son frustrantes.
En casos como estos… ¿os tomarías vosotros pastillas que aumentaran vuestras capacidades cognitivas y mejoraran la memoria?

04 May 2008

Escrito por pere-estupinya

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Matrimonio con Robots

David Levy es el autor del libro “Love and Sex with robots”, donde afirma que en el 2050 empezaremos a casarnos legalmente con robots. Habrán avanzado tanto que nos resultarán romántica y sexualmente atractivos, e incluso tendrán la capacidad de enamorarse de humanos. Para Levy, el amor y el sexo con robots es inevitable. En un artículo de Scientific American se puede leer la siguiente cita suya: “Si la alternativa es sentirte sólo, triste y miserable, ¿no es mejor estar con un robot que actúa como si te quisiera? ¿realmente importa, si en el fondo te hace ser más feliz?”. En la entrevista que acompaña al artículo, asegura que las generaciones nacidas en un mundo ciber-electrónico no verán anormal considerar a androides como amigos, compañeros, o amantes. Además, hay personas con un vacío emocional y afectivo enorme, que podrían beneficiarse de las relaciones con robots. Para él, sólo hay un pequeño paso entre enamorarse en Internet de un “desconocido”, o de un robot. Recuerda a una especie de Test de Turing .
Claro que en el fondo de sus planteamientos podríamos encontrar cierto sentido, pero no voy a dar más coba a Levy. Sus especulaciones propagandistas no me interesan en absoluto. En cambio sí es tremendamente relevante el análisis serio y meticuloso que algunos científicos y sociólogos están haciendo sobre la relación que tendremos con los nuevos robots sociales, cuando logren escapar de los laboratorios.

Robots de compañía: mejores que una mascota?
La semana pasada asistí a una discusión con Cynthia Breazeal , creadora del famoso Kismet y directora del grupo de Robots Personales en el Media Lab del MIT, y Sherry Turkle , directora del “MIT Initiative on Technology and Self ” y autora de libros como “The second self”, y “Life on the screen”, donde analiza nuestra interacción con la tecnología desde el punto de vista psicológico y social.
Un post no da para un análisis extenso, por eso permitidme que encoja las explicaciones de Breatzal y me centre en el análisis crítico de Turkle, cuyas reflexiones me parecen imprescindibles.

El objetivo del grupo de Cynthia Breatzeal es construir robots que manifiesten conductas sociales, expresen emociones, muestren empatía, y se relacionen con nosotros en términos más humanos. Más allá de ser tratados como juguetes, los robots personales podrían ser utilizados con fines educativos en niños, como compañía de personas mayores, o en hospitales donde no se pueden tener mascotas.
Kismet fue el primer robot emocional que se construyó, Leonardo es el más logrado en cuanto a expresividad, y el MDS es uno de los robots sociales humanoides más avanzados que existen.

Suficiente publicidad gratuita por hoy.
Sherry Turkle ha realizado estudios en los que reparte robots personales entre niños y personas mayores. El objetivo es investigar la naturaleza de la relación que se establece con ellos, analizar los sentimientos que evocan estos “artefactos relacionales”, y ver qué nos pueden mostrar sobre nosotros mismos.
Para Turkle, estas máquinas programadas para mostrar sensibilidad consiguen presionar los “botones darwinianos" que la evolución ha cableado en nuestro cerebro; sus grandes ojos se fijan en tu mirada, persiguen tus movimientos, reaccionan ante el tono de voz, cambian las expresiones faciales cuando se les acaricia… Estamos programados para reaccionar emocionalmente ante algo que interactúe con nosotros. Cuando la gente pasa tiempo con estos robots llega un momento en que realmente los considera criaturas con intenciones, emociones y autonomía. Entonces empiezan a tratarlos como si estuvieran vivos, se proyectan sentimientos, aparece la sensación de reciprocidad (cuidarse mutuamente), e incluso el vínculo emocional. Algunos no quieren desprenderse de ellos.
El siguiente comentario refleja una reacción bastante corriente: “es mejor que un gato… no hará nada peligroso, ni exigirá tantos cuidados, ni te traicionará… y no se morirá de golpe haciéndote sentir triste.”

La tecnología no es sólo una herramienta
Serry Turkle se define como una crítica cultural. No toméis este término como la definición de una persona rebuscada que sistemáticamente busca el aspecto negativo de cualquier avance tecnológico. Todo lo contrario. Su perspectiva desde los estudios en STS (Ciencia, Tecnología y Sociedad) es objetiva, simplemente plantea unas preguntas sobre el mundo de la ciencia que no suelen realizarse los científicos.
De hecho en sus obras siempre se ha mostrado muy positiva acerca de nuestra relación con la tecnología, pero reconoce que desde hace un par de años ha detectado un cierto tecnoentusiasmo pragmático que le preocupa . Y cita como ejemplo extremo el libro de Levy y la posibilidad de ser amigos o amantes de un robot.
Lo que más le conmociona no son las elucubraciones futuristas, sino la velocidad a la que se están aceptando tales ideas como una opción viable contra la soledad.
Turkle asegura que hace años la gente negaba tajantemente que el sentimiento “simulado” de un robot pudiera tener un efecto equivalente a un sentimiento “real”. Pero cada vez encuentra más reacciones del tipo “los humanos también fingimos y nos creemos sentimientos falsos entre nosotros”.
Entre sus encuestas ha encontrado casos de personas con varios fracasos amorosos y profundo temor a la soledad, que se mostrarían abiertas a forzar la ilusión de un robot como alguien vivo que les ofrece compañía.
O niños que en una exposición se mostraban decepcionados con la inactividad de tortugas reales, y aseguraban que ellos las sustituirían por animales artificiales. Lo que importa es el comportamiento, no si un objeto está vivo o no. Según Sherry Turkle, el concepto de “realidad” está cambiando muy rápido entre las nuevas generaciones. Se está gestando una crisis de la autenticidad en la que se difuminará la diferencia entre un gato y un robot. La combinación entre aislamiento físico e intimidad cibernética nos podría conducir a unos niveles de superficialidad y promiscuidad tecnológica impensables hace unos pocos años.

¿Beneficiarán estos robots a personas mayores? les harán sentirse mejor? Serán útiles en la educación de niños? Seguro que si. ¿Perjudicarán a nuestra integridad moral? La respuesta no depende de lo que las máquinas sean capaces de hacer hoy en día, o en el futuro, sino en qué nos convirtamos nosotros.

16 Abr 2008

Escrito por pere-estupinya

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Robar un euro o una coca cola

¿Robaríais antes una coca cola que un euro?¿lo podríais justificar racionalmente?
El profesor del MIT Dan Ariely repartió packs de 6 latas de coca-cola por diferentes frigoríficos en dormitorios de estudiantes del MIT. A los pocos días, todas habían volado. A continuación puso billetes de dólar en esos mismos frigoríficos. No desapareció ni uno.
Puede parecer un ejemplo simplista, pero según Dan Ariely el análisis de esta conducta comparte algunos principios con la actuación de personas “decentes” en el caso Enron.

Dan está arrasando con su libro “Predictably Irrational " (Irracionalidad predecible), en el que explicas sus peculiares estudios sobre economía conductual (behavioural economics). En él argumenta que todos hacemos la misma clase de errores de forma sistemática. Dan escribe contra la idea del Homo Economicus, un ser racional que usa su coherencia para tomar decisiones que maximicen sus beneficios. Según él, todos compartimos unos principios irracionales que nos inducen a errores de lo más absurdos. Por ejemplo, el efecto ancla.

El efecto ancla
Si os pregunto: ¿Cuántos habitantes tienen Sudáfrica? , y os pido que antes de dar un número me respondáis ¿Más o menos de 300 millones? Diréis: “menoooos!”, pero la cifra final que me daréis será mucho mayor que si os hubiera preguntado ¿Más o menos de 1 millón?. El 300 os ha “anclado” hacia arriba.
Dan Ariely reclutó estudiantes y les hizo escribir las dos última cifras de su número de seguridad social en un papel. A continuación les preguntó cuál sería la cantidad máxima que pagarían por una botella de vino, un libro determinado, y una caja de chocolate. Cuanto mayor era el número que habían escrito en el papel, más estaban dispuestos a pagar.
De nuevo, esto puede quedarse en una curiosidad, pero las empresas toman buena nota de estos detalles a la hora de, por ejemplo, redactar una lista de precios. Son capaces de hacernos pagar más sin que lo advirtamos. Incluso a título individual, nuestra vida está llena de negociaciones en las que conocer estratagemas para anclar la mente del otro puede ofrecer una gran ventaja.

Valoraciones desmesuradas
En un estudio sobre dating y citas a ciegas, Dan también sacó unas conclusiones interesantes. Las parejas que se habían gustado, a pesar de conocerse muy poco, se mostraban muy optimistas sobre las características ocultas de la otra persona. Rellenaban los huecos de información con expectativas bastante exageradas. La conclusión también puede resultar útil: si algo o alguien ya ha “enamorado”, cuanto menos se de a conocer, casi mejor. Tampoco parece nada muy trascendente, pero según Ariely este efecto es clave en el éxito que está teniendo Obama en la carrera presidencial estadounidense.

Moralidad subliminal
Otra investigación curiosa era sobre la tendencia a mentir. Pasó unos tests a estudiantes y les pidió que se autocorrigieran. Dan creó una situación que les inducía a falsear sus resultados sin que nadie se enterase. Todos lo hicieron en mayor o menor grado. Luego repitió el experimento pidiendo a un grupo que antes redactara una lista de 10 libros, y a otro que escribiera los 10 mandamientos. El segundo grupo mintió mucho menos. Plantear un discurso moral antes de realizar una tarea determinada puede inhibir conductas deshonestas.

Económicamente nefastos
El “efecto gratis” es algo que tampoco gestionamos de forma muy coherente. Se suele preferir comprar un chocolate muy bueno por 50 céntimos que uno horrible por 5. Pero si dan a escoger entre pagar 45 céntimos por el bueno, o coger gratis el malo, se elige el gratuito. Nos hartamos en los buffets porque el precio es fijo, ahorramos 3 céntimos de euro en el súper pero nos gastamos un dineral en el restaurante,...
Según Ariely, si aprendiéramos a identificar y corregir los errores irracionales que cometemos, mejoraría la forma en que tomamos decisiones y podríamos diseñar un mundo mejor. Ya… claro... estamos convencidos que sus alumnos de la MIT Sloan School of Management también tienen en mente educar a los futuros consumidores para que sepan cómo evitar comprar irracionalmente. Ni se les debe pasar por la cabeza montar una consultoría y aplicar estos conocimientos asesorando a empresas en temas de marketing…

Cuanto listillo
Dan da muchísimos más ejemplos, y argumenta no sólo que somos irracionales y fácilmente manipulables, sino que además lo somos de una forma predecible. Repetimos una misma tipología de errores ilógicos una y otra vez, de forma sistemática y sin darnos cuenta. ¿o sí lo hacemos? Dejo estas preguntas al aire: ¿Somos, o no somos tan tontines como algunos se creen? ¿qué conductas incoherentes habéis observado en vosotros mismos, o en vuestro entorno?

Nota:
La nueva moda en el estudio de la mente del consumidor es el Neuromarketing. El neuromarketing asume dos cosas: 1- transmitir emoción influye más que transmitir información en la toma de decisiones comerciales; 2- observar áreas del cerebro con fMRI es una herramienta mucho más útil para averiguar nuestras preferencias que las encuestas convencionales.
Se han escaneado cerebros de voluntarios bebiendo coca cola y pepsi mostrando o no las etiquetas, o comparando un vino bueno y un vino caro. Hay empresas que ofrecen estos servicios para testar campañas de marketing y saber cuál es más efectiva a partir de la observación directa de la actividad cerebral. Es un tema controvertido , y menos inocente que el anterior. Lo dejamos para un futuro post.

13 Abr 2008

Escrito por pere-estupinya

13 Abr 2008 - Enlace

Puertas, cabras, coches y sinsentido común

Muy bueno, muy bueno, muy bueno…
Ideal para la sección “Ciencia de fin de semana”!
Aunque aviso de posibles efectos secundarios: confusión inicial, aha moment desmesurado, y dudas sobre volver a utilizar el sentido común para la solución lógica de problemas.

Imaginaos que estáis en un concurso de televisión. El presentador os muestra 3 puertas cerradas, diciéndote que una esconde un coche, y detrás de las otras dos hay una cabra en cada una. Te llevarás el premio oculto en la puerta que elijas.
Escoges una al azar. Pero antes de desvelar su contenido, el presentador abre una de las dos puertas restantes y te muestra una cabra. A continuación te pregunta: ¿Quieres cambiar tu elección?
Congelemos el tiempo en ese preciso momento. ¿Importa realmente cambiar de puerta o no? La lógica te dice que es como si la elección empezara de cero otra vez. La puerta abierta ya no existe, tienes en frente dos puertas cerradas, una esconde un coche y la otra una cabra: 50% de posibilidades cada una. Correcto? No!!!!! Si cambias, tendrás más posibilidades de ganar. ¿¿¿Cómo??? ¿Por qué? Hay 2 puertas…, da igual cuál me quede… Noooooo!!!! Tienes que cambiar!!!
Antes de empezar a escribir comentarios diciendo que me he vuelto idiota, dejad que me explique.

El concurso descrito existía de verdad, se llamaba “Let’s make a Deal” (hagamos un trato). Su presentador era Monty Hall, y desde su emisión el dilema que os he citado se conoce como “Monty Hall Problem”
Leí un artículo sobre él en la sección de ciencia del New York Times el martes pasado. No me quedó muy claro, pero acabo de descubrir que en su web tienen una aplicación para tú mismo jugar todas las veces que quieras, cambiar o no cambiar puertas, y ver cómo afecta al resultado final.
Me he pasado más de 10 minutos repitiendo el experimento. Tras escoger una puerta, se abre una de las otras dos mostrándote una cabra. Entonces te dan la oportunidad de cambiar tu elección inicial. Lo he hecho en 70 ocasiones y me he llevado el coche el 68% de las veces. Las otras 70 que no he cambiado de puerta, sólo he ganado el 36% de ocasiones. Repetidlo vosotros si no os lo creéis.

A los que continuéis leyendo: La explicación es tremendamente lógica, y sorprende más, cuanto más escépticos seáis. Quizás por eso a mi me ha impactado. Ready?
Imaginaos que el coche se esconde en la puerta A, y analicemos qué ocurre cuando cambias de puerta, y cuando no cambias:

- No cambias: si inicialmente escoges A, ganas. Si escoges B o C, pierdes. La probabilidad de llevarte el coche es del 33%. Obvio.

- Cambias: Si inicialmente escoges A, pierdes. Si escoges B o C, ganas. La probabilidad de ganar es del 66%. Absolutamente irrefutable.

El truco que nos puede pasar desapercibido es que cuando el presentador tiene que abrir una puerta para mostrar una cabra, si no has acertado sólo tiene una opción. Está afectando a las posibilidades futuras. ¿No es sorprendente? Si yo hubiera participado en el concurso antes de leer esto, mi lógica me habría dicho que no importaba cambiar o no. Incluso hubiera argumentado que era un planteamiento absurdo! Ahora mi cerebro está completamente convencido de lo contrario. Fantástico…

Buscando información acabo de ver que el “Monty Hall Problem” es más viejo que ir a pie. Disculpad aquellos que ya lo conocíais, pero a mi me ha producido tanta sorpresa, que no quería dejar de citarlo como curiosidad de “ciencia de fin de semana”.
¿O no lo es?... porque si es algo ya tan visto, oído y leído…

¿Por qué aparece en el New York Times?
Resulta que según el estudio publicado por un economista de la universidad de Yale, el Monty Hall Problem sugiere que una de la asunciones básicas de las investigaciones en psicología sobre la toma de decisiones, la “disonancia cognitiva”, es errónea.
La disonancia cognitiva vendría a ser lo siguiente: Cuando escoges entre dos opciones, inconscientemente rebajas el valor del objeto rechazado. Es decir: te muestran tres regalos X, Y y Z sobre los que a priori no tienes ninguna preferencia. En principio para ti tienen el mismo valor y te da igual cuál quedarte. Entonces te piden que escojas entre X y Z. Aunque sea al tuntún, el que rechaces perderá un poco de interés. Si eliges X, cuando luego te hagan escoger entre Z o Y, es mucho más probable que te quedes Y, porque Z ya lo habías desestimado. Hace más de 50 años que los psicólogos tienen en cuenta esta disonancia cognitiva en los estudios sobre toma de decisiones. Pero según el artículo de Keith Chen , este efecto influye mucho menos de lo que se ha estado considerando. Algunos de sus estudios, y ejemplos de razonamiento con el Monty Hall Problem, demuestran que hay otros motivos por los que cambiar de elección.

No lo he leído en profundidad, pero la verdad es que el estudio de Yale no parece algo revolucionario que merezca aparecer en la versión impresa del NYT, más bien el autor del artículo lo utiliza como excusa para explicar algo tan curioso como el Monty Hall Problem… Pues si lo hace el NYT, yo también me lo permito.

10 Abr 2008

Escrito por pere-estupinya

10 Abr 2008 - Enlace

Superdiscapacitados

“Dentro de poco, los atletas discapacitados batirán los records de los deportistas convencionales”.
Hugh Herr lanzó esta contundente sentencia ayer en el Museo del MIT , avalado por ser uno de los principales expertos en prótesis del mundo, e inspirado por su experiencia personal.
Hugh Herr era un joven apasionado por la escalada hasta que un fatídico día de invierno se perdió en las montañas de New Hampshire. Lograron rescatarle con vida, pero la gangrena le costó la amputación de sus dos piernas. Ahora recuerda: “los médicos me dijeron que no volvería a escalar nunca. Se equivocaron”. El siguiente video resume su historia:

Hugh dirigió su vida profesional al diseño de prótesis ortopédicas. La referencia de la escalada estaba en su mente. Ahora es uno de los profesores más prestigiosos del MIT, y como podéis observar a partir del minuto 1:30 del video, ha cumplido con creces su objetivo.
De hecho asegura que con sus nuevas piernas sube paredes que antes le resultaban imposibles. Ataviado con el tobillo electrónico más avanzado que existe (y que él mismo ha diseñado), cuando le preguntan si preferiría tener de nuevo sus piernas orgánicas contesta: “Absolutamente no. Mi tobillo mejorará con el tiempo, al contrario que el vuestro. A los 80 años tendré un tobillo superior al de un chico de 18.”

Algo parecido opinaba la deportista y modelo Aimee Mullins en el congreso “Human 2.0 : nuevas mentes, nuevos cuerpos, nuevas identidades” que se celebró el año pasado aquí en Cambridge. Aimee tiene piernas para correr , para vestir elegante, o para ir casual. Plantaba cara a sus compañeras en las pruebas atléticas de la universidad, ha aparecido en portadas de revistas, películas, espacios de televisión, y durante su intervención hizo la siguiente reflexión: “cuál es mi identidad? Soy discapacitada? Capacitada? Supercapacitada? La gente dice que no tengo piernas, pero en realidad poseo 10 pares”. “Algunas personas me intentan piropear diciendo que no parezco discapacitada. Es gracioso, no me siento discapacitada”

Cuando lo normal no es suficiente
Os aseguro que si vierais a Hugh Herr caminando por la calle sin mostrar sus dos tobillos ortopédicos, no podrías distinguir sus movimientos de los de cualquier otro transeúnte.
Empezó su charla de ayer insistiendo en que la discapacitada es la tecnología, no los humanos. El primer objetivo es beneficiar a personas que han sufrido amputaciones, pero también están construyendo prótesis que mejoren las capacidades motoras de pacientes con embolias y pérdida de movilidad . Resulta obvio que el siguiente paso es aplicar estos avances en personas que no hayan sufrido lesión alguna. Un ejemplo sería el exosqueleto que su equipo ha diseñado y que permite a soldados aligerar cargas pesadas. Aquí es donde aparece el concepto de “Human Augmentation”, la fusión del hombre con la máquina, y la redefinición del concepto de normalidad. Aspectos que pueden sonar futuristas, pero que ganan en credibilidad cuando los oyes en boca de científicos serios del MIT durante una presentación pública como el congreso H2.o, en el que se pudieron oír frases como: “no nos conformamos sólo con devolver la normalidad a un enfermo… ¿Qué es la normalidad? queremos mejorar los cuerpos y cerebros convencionales”, o “los cuerpos y la tecnología se fusionarán para cambiar nuestro concepto de capacidad, y de identidad. La nueva era del human 2.0 ya está aquí”

Del cerebro al músculo
Volviendo a la realidad, nos encontramos todavía más fantasía. El gran reto que se está persiguiendo en este campo es la conexión sensorial. Según Herr todavía tardaremos un poco en conseguir miembros ortopédicos con sensibilidad, pero muy pronto lograrán transmitir información nerviosa desde el extremo de tu pierna orgánica hacia los circuitos de la prótesis. La misma señal eléctrica que tu cerebro envía al pie si quiere que lo gires hacia la derecha, llegaría a los mecanismos del tobillo electrónico para hacer caso a tus pensamientos.
No es ciencia ficción. Asistí a la conferencia con mi compañero John Mangels, que me explicó las investigaciones punteras que un grupo de Cleveland está haciendo sobre el control de movimientos con la mente. John me pasó un artículo suyo publicado en 2006 en el que explicaba el caso de Emma Freeman, paralizada de cuello para abajo tras un disparo durante un robo.
A Emma le implantaron un sensor en el cuello para registrar las señales nerviosas que llegaban de su cerebro. Los científicos pasaron meses pidiéndole que intentara diferentes movimientos del brazo, registrando datos en el ordenador, interpreténdolos, y finalmente ensayando movimientos con un brazo virtual. Pero cuando creyeron tener descifrado el lenguaje eléctrico de los músculos de Emma, le insertaron unas fibras bajo la piel de su brazo paralizado. Por primera vez en 12 años, Emma pudo volver a moverlo a voluntad.
Una visión más futurista es registrar directamente la actividad eléctrica del cerebro, aprender a leerla, y transmitirla a un miembro ortopédico, o una silla de ruedas. Aquí podéis ver un video explicando esta metodología. En monos, con los que se pueden realizar operaciones más invasivas directamente en el cerebro, el movimiento de brazos robóticos a partir de actividad mental lleva ya varios años dando resultados sorprendentes. No os perdais el último video , en el que un mono come frutos con un brazo mecánico que dirige con su pensamiento. Impresionante.

PD: En el campo de la aumentación humana, el tema más controvertido éticamente y que mayor repercusión puede tener en el futuro es la mejora de las capacidades cerebrales. Es tan serio, y conlleva tantos matices, que lo dejamos para un futuro post.

08 Abr 2008

Escrito por pere-estupinya

08 Abr 2008 - Enlace

Algo falla...

Estimulado por vuestra fabulosa respuesta al post sobre libros de ciencia (espero que lo continuemos alimentando), me atrevo a proponeros un reto un poquito más difícil…

En “Chaos ”, James Gleick describe un estudio realizado en los años 40 que ilustra perfectamente la tendencia que tenemos a mantener una visión “coherente” del mundo, y lo difícil que es advertir las excepciones que deberían forzar a replanteárnosla.

El experimento fue muy simple: Unos psicólogos iban mostrando cartas de póquer a voluntarios no muy familiarizados con el juego, y les pedían que las nombraran. El truco era que algunas se habían retocado (por ejemplo un 4 de picas rojas en lugar de negras, una J de diamantes negra y no roja,…)
Cuando las cartas se pasaban extremadamente rápido, la inmensa mayoría de participantes no apreciaba el cambio de color: as de corazones! 7 de tréboles! 4 de picas! 8 de diamantes!… todo parecía normal, una tarea fácil.
Si se pasaban un poco más lento, algunos empezaban a notar que ocurría algo extraño, pero no tenían tiempo suficiente para reflexionar y entender dónde estaba el “error”.
Era cuando las cartas se mostraban muy despacio, que casi todos reconocían perfectamente lo que estaba ocurriendo. (Aunque se ve que alguno quedaba desorientado y confesaba que ya no estaba seguro de si las picas eran rojas, negras o se trataba de diamantes)

En nuestra vida, a veces las cartas pasan muy rápido. ¿Qué es aquello que cuando os detenéis a meditar sobre la forma como vivimos, o la idea que tenemos del mundo, notáis que no termina de encajar?
La ciencia puede ser una fuente de luz, pero también de restricciones.

La resistencia al cambio de paradigma
Según James Gleick, Thomas Kuhn utilizó el ejemplo anterior para hablar de la naturaleza de la ciencia y de cómo los científicos reaccionan ante las excepciones e incongruencias. Kuhn escribió:
“En condiciones normales el investigador no es un innovador sino una persona que soluciona puzzles, y los puzzles en los que se concentra son sólo aquellos que puede plantear y resolver dentro de la tradición científica existente”

Normalmente el científico parte de una hipótesis preconcebida, y lo que pretende es demostrarla mediante la experimentación. Y si un cierto resultado no termina de cuadrar, cuanto más sólido es el marco teórico sobre el que investiga más fácil es presumir un error en el experimento en lugar de cuestionar todo el consenso que lo envuelve.
Para Kuhn es normal que así sea, la ciencia no progresaría de otra manera. Pero establece que una verdadera revolución científica no llega de una simple acumulación de conocimiento, sino de la rebelión contra un paradigma establecido. Y al igual que en las cartas, puede pasar desapercibida en función de los ojos con los que se observe.

A finales del siglo XIX algunos aspectos de la física de Newton no encajaban con la electrodinámica de Maxwell. Sin embargo, ambas se asumían como correctas. Se confiaba que era cuestión de tiempo y mejores experimentos terminarlas de encajar. El problema se prolongó hasta que alguien tomó la actitud descarada de pensar que una de las dos debía estar equivocada. Einstein transformó nuestra visión del mundo al demostrar que Newton, hasta el momento el mejor físico de toda la historia, estaba equivocado. Su teoría de la relatividad es uno de los ejemplos más claros de revolución científica. Y la resistencia a imaginar que los relojes no siempre avanzan a la misma velocidad, una muestra de lo costoso mentalmente que resulta el cambio de paradigma.

Por eso pregunto a los científicos: ¿qué hay en vuestras disciplinas que no todavía no encaje? ¿Hay algo que os chirría de los esquemas básicos sobre los que trabajáis? ¿o qué habéis detectado que el resto tengamos mal entendido?
Y sobretodo a los que no estáis inmersos en el mundo de la ciencia pero compartís su actitud crítica y ansias de comprender la realidad, ¿qué es lo que no termináis de creeros sobre la explicación del mundo dada por la ciencia? ¿o qué os desorienta de la sociedad, costumbres, o de lo que entendemos por “normalidad”, cuando os paráis a reflexionar y observáis las cartas pasando poco a poco? Sed desobedientes civilmente.

01 Mar 2008

Escrito por pere-estupinya

01 Mar 2008 - Enlace

Mi cerebro mientras miente

Este es mi cerebro.
Hoy mismo he pasado 2 horas dentro de un claustrofóbico aparato de resonancia magnética, inmóvil, haciendo tests mientras el escáner registraba qué zonas de mi cerebro estaban activas mientras mentía, y en qué intensidad.
El estudio lo dirige Stephen Kosslyn de la Universidad de Harvard, pero quien de verdad lo realiza es Rogier Klevit, a quien también conocí en fase nocturna, y tras varias copas me convenció para participar como voluntario en alguno de sus experimentos con fMRI.

Los preparativos empezaron ayer jueves. Acudí al despacho de Rogier y rellené el típico papeleo donde dice que si pasa algo raro es mi culpa porque ellos ya me han avisado (exagero). Entonces me pidió que resolviera unos tests para averiguar mi destreza visual, y que redactara una lista con una serie de datos (me han pedido que no los especifique). Le pregunté el porqué, pero me contestó que no podía explicarme absolutamente nada sobre el estudio. No debía condicionar mis pensamientos antes de entrar en el scanner.

Total, que hoy a mediodía me presenté en el centro de Imagen por Resonancia Magnética del Massachussets General Hospital. Tras avisarme que estaría dos horas tumbado oyendo ruidos molestos e intentando no mover un solo músculo, me pasaron una lista relacionada con los datos que yo había escrito.

El scanner es estrecho, pero no resulta incómodo. Tu cabeza está fija con una especie de espuma, por lo que resulta fácil mantenerla completamente quieta. El único contacto con los investigadores es una pequeña pantallita frente tus ojos por la que recibes la información, y dos teclas en tu dedo índice y corazón con las que contestas “si” o “no” a las preguntas que te hacen.

El primer escáner de resonancia magnética es estructural (MRI). No mide actividad, sólo hace un mapa tridimensional extremadamente completo de tu cerebro (con imágenes como las que veis en la foto de arriba, y en la pantalla de la izquierda). Sobre él insertarán después los datos de actividad cerebral.

El segundo ya es funcional (fMRI). Mide qué zonas están activas mientras piensas o realizas una serie de acciones.
La primera prueba es muy sencilla. La pregunta que debes responder es. Van pasando parte de los datos anteriores, y debo contestar cuáles tienen sentido para mi. La respuesta es "No" para todos ellos, menos para dos.
Cada tanda dura unos 4 o 5 minutos, y la repiten varias veces simplemente modificando el orden de los datos.

Luego cambian las instrucciones: Te piden que cuando veas un dato determinado que sí tiene sentido para ti, mientas. Tienes que contestar que NO en lugar de si.
En principio, cuando miento de forma consciente, una zona de mi cerebro presenta mayor actividad. Eso ya estaba demostrado, e incluso hay empresas como No Lie MRI que ofrecen sus servicios como detectores de mentiras. Te van haciendo preguntas del estilo “¿tu hija se llama ana?”, ¿tienes un coche verde?, “¿trabajas como abogado?” “¿has sido infiel a tu mujer?” y… “¡vaya! En la última pregunta una zona de tu cerebro indica que mientes…"

¿Tan sencillo? Esto es lo que intenta averiguar el estudio en el que he participado. Y por eso todavía quedaba una siguiente prueba.
Me han pedido que no explique la metodología en detalle. Sólo puedo contaros que añaden una pequeña dificultad para ver cómo se ve alterada la señal, y si interfiere de forma parecida a el hecho de mentir. En el fondo están evaluando si la técnica de fMRI es un buen detector de mentiras o no.

No puedo entrar más a fondo en el estudio, pero sí explicar un par de sensaciones.

¡Dos horas inmóvil dentro de un tubo estrecho con la posición que veis en la foto! Pues la verdad, ha resultado menos complicado de lo que pensaba. De hecho, con lo aburrido que era, varias veces casi me quedo dormido. Se lo confesé a Rogier y le pregunté si era importante. Me dijo que en mi caso no, pero que en otros estudios, si alguien se adormece los resultados en principio dejan de ser válidos.

Segunda duda: Los pensamientos son difíciles de controlar. Estás leyendo fechas y la cabeza se va donde le da la gana… te acuerdas de lo bien que te lo pasaste el fin de semana, de algo que te preocupa, reflexionas sobre el propio estudio en el que estás participando, sobre qué escribirás en el blog… ¿Afectará esto a los resultados? Rogier de nuevo afirmó que en mi caso no, pero que en otras situaciones es un factor importantísimo.

Por cierto, y como curiosidad: Me darán 100 dólares por las 4 horas invertidas durante estos dos días. No es mucho, pero precisamente ayer cuando lo comentaba con el investigador Simon Overduin, me dijo que él llevaba más de 300 horas dentro de escáneres. Le resultaba un buen sobresueldo.
Hago esta acotación porque no puedo dejar de explicaros lo que ayer por la tarde me mostró Simon en el McGovern Institute del MIT. Su grupo investiga sobre el papel del cerebro y la médula espinal en los movimientos corporales. Uno de los modelos animales que utilizan son las ranas toro, que miden más de un palmo. Pues bien, les quitan el cerebro, dejan la médula y el encéfalo, y se dedican a suministrar impulsos eléctricos y analizar cómo mueven las patas. Pero lo que me impactó es que las ranas viven sin cerebro durante dos semanas!
Incluso tienen otra preparación en la que en un medio de cultivo especial conservan sólo la médula y una pierna, para estudiar también su movilidad. Impresionante… intentaré profundizar en otro post.

Y ya termino con un último detalle, la maqueta del primer aparato de resonancia magnética que existió. Lo construyeron ingenieros del MIT, y tomó su primera medida en 1969. Es el de la derecha. El de la izquierda es donde me he metido hoy.

Pere Estupinyà

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Este blog es un volcado de reflexiones, curiosidades y enseñanzas científicas que recibo durante mis seminarios, conferencias, visitas a laboratorios y conversaciones con científicos del MIT (Massachussets Institute of Technology) y Harvard en Cambridge, EE UU donde disfruto de una Beca para periodistas científicos. Soy químico y bioquímico y llevo varios años aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.

Pere Estupinyà

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