Escrito por pere-estupinya
25 Sep 2008 - Enlace
Estrés asesino, por el gran Sapolsky
Un comentario habitual entre los turistas que visitan Nueva York por pocos días es “me encanta, es muy estimulante, pero no podría vivir aquí… me estresaría!”.
Tú les cuentas que la ciudad cambia de cara cuando la disfrutas con tiempo, pero sabes que en el fondo están experimentando algo parecido a subir una montaña rusa: tres minutos es excitante, te vigoriza, disfrutas, te sienta bien… pero nadie soportaría tres horas seguidos de subidas y bajadas atolondradas.
Como dice el gran Robert Sapolsky , un poco de estrés es bueno, nos pone alerta y nos permite salir airosos de situaciones conflictivas. Pero el estrés continuado es devastador. Y no se refiere sólo a ir corriendo a todos sitios, sino también a la capacidad que brinda un cerebro evolucionado de estar preocupados constantemente.
Un cuerpo desequilibrado
Vivir sin nada de estrés es utópico, todos los animales necesitamos que en algún momento nuestro cuerpo segregue de golpe adrenalina y glucocorticoides para acelerar nuestro ritmo cardíaco, dirigir energía hacia los músculos, incrementar nuestra atención y rapidez mental, e inhibir las funciones metabólicas que en momentos de riesgo no son imprescindibles como la digestión, el crecimiento y la reproducción. El mecanismo por el que actúa el estrés es uno de los más ancestrales que compartimos con el resto de animales, La diferencia es que mientras un león y una cebra sólo se estresan unos minutos al día cuando uno persigue al otro, nuestra especie es la única que puede generar esa misma reacción fisiológica y extenderla indefinidamente con sólo pensar en la hipoteca, la presión laboral, proyectar preocupaciones futuras, sueños frustrados… y muchísimos otros factores psicosociales.
Sapolsky y otros científicos han demostrado que los episodios de estrés prolongado afectan a tu memoria porque destruye neuronas de tu hipocampo, deprime el sistema inmunológico, aumenta la presión arterial, cambia la distribución de grasas en tu cuerpo, afecta a los telómeros de tu ADN causando envejecimiento prematuro, altera tu ciclo menstrual, causa disfunción eréctil, e incrementa el riesgo de enfermedad cardiaca. En los humanos, y en otros primates sociales como los babuinos.
El Gran Sapolsky
Robert Sapolsky es uno de los mejores científicos comunicadores que conozco. Lo descubrí gracias a la videoconferencia que hicimos en REDES desde su laboratorio de Stanford. La claridad de su mensaje, pero también su desparpajo casi irreverente nos entusiasmó tanto que programamos una nueva entrevista en persona pocos meses después. Maravillosa de nuevo. Desde entonces le sigo la pista y me declaro un fan suyo.
Sus libros y artículos son para mi un referente en comunicación científica, un ejemplo de que los científicos pueden utilizar un lenguaje natural y desenfadado para comunicar sus resultados al gran público. Quizás por eso National Geographic le escogió como protagonista principal del documental "Estrés asesino" que presentaron ayer en su sede central de Washington DC, y cuya posterior charla de Robert Sapolsky tuve la suerte de presenciar previo pago de 18 dólares.
Babuinos perversos como modelo para estudiar humanos
Robert Sapolsky lleva 30 años combinando sus investigaciones neurocientíficas en Stanford con el estudio de babuinos en Kenia. Para él se han convertido en un buen modelo para investigar los efectos del estrés social y prolongado. Sus babuinos no tienen depredadores naturales. Sólo invierten 3 horas al día buscando comida, y el resto se dedican a fastidiarse entre ellos. Constituyen grupos muy jerarquizados, con al menos 5 rangos diferentes, y siguen pautas de comportamiento parecidas a los humanos.
Cuando un macho increpa a otro de una categoría inferior, éste se enfada, y su reacción es ir a descargarse con otro babuino por debajo de su rango. En el documental Sapolsky dice “llevo 30 años estudiándolos, pero confieso que no me caen bien. Son extremadamente crueles entre ellos, y se inflingen una cantidad de estrés psicológico enorme”. Sapolsky ha estado tomando muestras de sangre de los babuinos para analizar su estado de salud y las hormonas relacionadas con el estrés en función de la jerarquía social que ocupan. Sus conclusiones son claras: cuanto más bajo estás en el rango, más estresado te encuentras y peor es tu salud.
Estos resultados son consistentes con un estudio parecido que Michael Marmot realizó con funcionarios británicos. Contrariamente a lo que se suele pensar, el más estresado no es el jefe sino los cargos inferiores. La falta de control es un factor directamente relacionado con el aumento de estrés. Según dijo Sapolsky ayer en el turno de preguntas, lo peor es tener responsabilidad y poca autonomía. Es decir, si algo falla sabes que la culpa será tuya a pesar de que tus superiores no te otorgan libertad para tomar decisiones. ¿Os suena?
Atajar el estrés de raíz
Sapolsky también apunta que esta terrible capacidad de estresarnos por motivos psicológicos también puede ser utilizada a nuestro favor: “podemos pensar: este trabajo infravalorado no es lo más trascendente, lo que realmente me importa es ser el capitán de mi equipo de béisbol, o formar parte de un grupo en mi parroquia”. Nuestra capacidad de abstracción mental puede conducirnos a más estrés, pero también puede jugar a nuestro favor si sabemos utilizarla correctamente. Sapolsky es muy crítico con las “presiones absurdas” que genera el estilo de vida estadounidense, y cuando le cuestionan si es necesario para ir avanzando contesta: “no compensa”. Las maneras de reducir tal presión psicológica ya las sabemos: ni dejes que te estresen ni estreses tú a nadie, mantén unas relaciones sociales satisfactorias, y cambia de perspectiva y prioridades. Alguien le preguntó por la meditación. Contestó con cierta ironía que no lo había investigado porque los babuinos son malos meditadores, pero que no tiene sentido ir 20 minutos a meditar después de comer si luego regresas 5 horas a tu trabajo angustioso.
Parece que nuestra especie es tan inteligente que puede estresarse por motivos psicosociales, pero no lo suficiente como para saber cómo evitarlo.

Porque me parece estupendo y seguro que muchos no lo habíais leído, porque también la información política, deportiva y del corazón se repite y no parece muy acomplejada, y por la ilusión que me hizo compartir mesa redonda ayer con el propio Barry Schartz en un evento organizado por el departamento de comunicación del 
En detalle: La electricidad obtenida por energía solar (o eólica) llega a un electrodo sumergido en una solución acuosa. Allí, gracias al catalizador de cobalto y fósforo se empieza a separar el H2O en oxígeno y protones (H+). Luego, otro electrodo une los protones formando hidrógeno gas (H2).
del parásito que devora la lengua de algunos peces, se engancha a sus agallas y actúa como si fuera una nueva lengua. Allí afincado va quedándose parte de la comida que el pez ingiere. Discutimos el complejísimo ciclo de vida del plasmodium responsable de la malaria, de los diversos tipos de gusanos intestinales que existen, de los que se reproducen solos y de los que copulan permanentemente, del tripanosoma que descontrola el reloj biológico de tu cerebro y provoca la enfermedad del sueño cuando la mosca tse-tse lo introduce en tu cuerpo, de parásitos multicelulares que viven dentro de una única célula como el que causa la triquinosis, y del curioso origen etimológico del vocablo para-sitos.