Apuntes científicos desde el MIT

25 Sep 2008

Escrito por pere-estupinya

25 Sep 2008 - Enlace

Estrés asesino, por el gran Sapolsky

Un comentario habitual entre los turistas que visitan Nueva York por pocos días es “me encanta, es muy estimulante, pero no podría vivir aquí… me estresaría!”.
Tú les cuentas que la ciudad cambia de cara cuando la disfrutas con tiempo, pero sabes que en el fondo están experimentando algo parecido a subir una montaña rusa: tres minutos es excitante, te vigoriza, disfrutas, te sienta bien… pero nadie soportaría tres horas seguidos de subidas y bajadas atolondradas.
Como dice el gran Robert Sapolsky , un poco de estrés es bueno, nos pone alerta y nos permite salir airosos de situaciones conflictivas. Pero el estrés continuado es devastador. Y no se refiere sólo a ir corriendo a todos sitios, sino también a la capacidad que brinda un cerebro evolucionado de estar preocupados constantemente.

Un cuerpo desequilibrado
Vivir sin nada de estrés es utópico, todos los animales necesitamos que en algún momento nuestro cuerpo segregue de golpe adrenalina y glucocorticoides para acelerar nuestro ritmo cardíaco, dirigir energía hacia los músculos, incrementar nuestra atención y rapidez mental, e inhibir las funciones metabólicas que en momentos de riesgo no son imprescindibles como la digestión, el crecimiento y la reproducción. El mecanismo por el que actúa el estrés es uno de los más ancestrales que compartimos con el resto de animales, La diferencia es que mientras un león y una cebra sólo se estresan unos minutos al día cuando uno persigue al otro, nuestra especie es la única que puede generar esa misma reacción fisiológica y extenderla indefinidamente con sólo pensar en la hipoteca, la presión laboral, proyectar preocupaciones futuras, sueños frustrados… y muchísimos otros factores psicosociales.
Sapolsky y otros científicos han demostrado que los episodios de estrés prolongado afectan a tu memoria porque destruye neuronas de tu hipocampo, deprime el sistema inmunológico, aumenta la presión arterial, cambia la distribución de grasas en tu cuerpo, afecta a los telómeros de tu ADN causando envejecimiento prematuro, altera tu ciclo menstrual, causa disfunción eréctil, e incrementa el riesgo de enfermedad cardiaca. En los humanos, y en otros primates sociales como los babuinos.

El Gran Sapolsky
Robert Sapolsky es uno de los mejores científicos comunicadores que conozco. Lo descubrí gracias a la videoconferencia que hicimos en REDES desde su laboratorio de Stanford. La claridad de su mensaje, pero también su desparpajo casi irreverente nos entusiasmó tanto que programamos una nueva entrevista en persona pocos meses después. Maravillosa de nuevo. Desde entonces le sigo la pista y me declaro un fan suyo.
Sus libros y artículos son para mi un referente en comunicación científica, un ejemplo de que los científicos pueden utilizar un lenguaje natural y desenfadado para comunicar sus resultados al gran público. Quizás por eso National Geographic le escogió como protagonista principal del documental "Estrés asesino" que presentaron ayer en su sede central de Washington DC, y cuya posterior charla de Robert Sapolsky tuve la suerte de presenciar previo pago de 18 dólares.

Babuinos perversos como modelo para estudiar humanos
Robert Sapolsky lleva 30 años combinando sus investigaciones neurocientíficas en Stanford con el estudio de babuinos en Kenia. Para él se han convertido en un buen modelo para investigar los efectos del estrés social y prolongado. Sus babuinos no tienen depredadores naturales. Sólo invierten 3 horas al día buscando comida, y el resto se dedican a fastidiarse entre ellos. Constituyen grupos muy jerarquizados, con al menos 5 rangos diferentes, y siguen pautas de comportamiento parecidas a los humanos.
Cuando un macho increpa a otro de una categoría inferior, éste se enfada, y su reacción es ir a descargarse con otro babuino por debajo de su rango. En el documental Sapolsky dice “llevo 30 años estudiándolos, pero confieso que no me caen bien. Son extremadamente crueles entre ellos, y se inflingen una cantidad de estrés psicológico enorme”. Sapolsky ha estado tomando muestras de sangre de los babuinos para analizar su estado de salud y las hormonas relacionadas con el estrés en función de la jerarquía social que ocupan. Sus conclusiones son claras: cuanto más bajo estás en el rango, más estresado te encuentras y peor es tu salud.
Estos resultados son consistentes con un estudio parecido que Michael Marmot realizó con funcionarios británicos. Contrariamente a lo que se suele pensar, el más estresado no es el jefe sino los cargos inferiores. La falta de control es un factor directamente relacionado con el aumento de estrés. Según dijo Sapolsky ayer en el turno de preguntas, lo peor es tener responsabilidad y poca autonomía. Es decir, si algo falla sabes que la culpa será tuya a pesar de que tus superiores no te otorgan libertad para tomar decisiones. ¿Os suena?

Atajar el estrés de raíz
Sapolsky también apunta que esta terrible capacidad de estresarnos por motivos psicológicos también puede ser utilizada a nuestro favor: “podemos pensar: este trabajo infravalorado no es lo más trascendente, lo que realmente me importa es ser el capitán de mi equipo de béisbol, o formar parte de un grupo en mi parroquia”. Nuestra capacidad de abstracción mental puede conducirnos a más estrés, pero también puede jugar a nuestro favor si sabemos utilizarla correctamente. Sapolsky es muy crítico con las “presiones absurdas” que genera el estilo de vida estadounidense, y cuando le cuestionan si es necesario para ir avanzando contesta: “no compensa”. Las maneras de reducir tal presión psicológica ya las sabemos: ni dejes que te estresen ni estreses tú a nadie, mantén unas relaciones sociales satisfactorias, y cambia de perspectiva y prioridades. Alguien le preguntó por la meditación. Contestó con cierta ironía que no lo había investigado porque los babuinos son malos meditadores, pero que no tiene sentido ir 20 minutos a meditar después de comer si luego regresas 5 horas a tu trabajo angustioso.

Parece que nuestra especie es tan inteligente que puede estresarse por motivos psicosociales, pero no lo suficiente como para saber cómo evitarlo.

11 Sep 2008

Escrito por pere-estupinya

11 Sep 2008 - Enlace

Libertad frustrante

Imagínate que acudes a una cita múltiple donde te presentarán varias parejas potenciales. ¿Prefieres poder “elegir” entre 8 o entre 20?
Vas al banco decidid@ a contratar un plan de pensiones. Mejor que te propongan bastantes y así encontrar el que mejor se adapte a tus necesidades, ¿verdad?
Tienes un comercio, ¿pondrías la mayor cantidad de chocolatinas posibles para que el cliente encuentre seguro una que le agrade?
Si tu profesor propone una serie de temas sobre los que hacer una redacción para subir nota ¿prefieres que la lista de temas sea larga o corta?

Según explica Barry Schartz , sociólogo y autor del libro “La paradoja de la elección ”, estudios realizados sobre estos casos demuestran que al final se forman más parejas en las multicitas con menos candidatos, que si en el banco te muestran muchos fondos diferentes tienes más posibilidades de irte sin firmar ninguno, que cuando las tiendas reducían su oferta de snacks vendían más, y que cuanto más largo era el listado de posibles temas, menos alumnos se lanzaban a hacer la redacción.
Conclusión: Incrementar las opciones disponibles puede no generar libertad sino parálisis.

Quizás a alguien ya le suena este asunto delpost antiguo “la infelicidad del maximizador” . ¿Por qué lo repito entonces?
Porque me parece estupendo y seguro que muchos no lo habíais leído, porque también la información política, deportiva y del corazón se repite y no parece muy acomplejada, y por la ilusión que me hizo compartir mesa redonda ayer con el propio Barry Schartz en un evento organizado por el departamento de comunicación del NIH en Washington DC, y que durante la comida posterior me explicara de primera mano más detalles de sus estudios.

La idea básica de su planteamiento es:
El dogma oficial dice que “tener más opciones te da mayor libertad, y más libertad conduce a un aumento del bienestar”. En Estados Unidos esto parece una proposición inquebrantable, y la sociedad actual nos ofrece más posibilidades que nunca para elegir a nuestra conveniencia desde las cosas más sencillas a las más trascendentes. Pero ¿es esto bueno o malo? Como las ventajas son obvias, hablemos de los inconvenientes.
El primero es la parálisis mencionada al inicio del post. En muchas ocasiones enfrentarnos a elecciones complejas nos inhibe. Pero aun cuando logramos tomar una decisión, el segundo efecto negativo del incremento de opciones es la pérdida de satisfacción final. Barry Schwartz lo llama “opportunity costs”, y aparece al considerar lo que estás perdiendo de la opción no escogida.
Imagínate que te estás acicalando para ir a una fiesta, y te llama una amiga proponiéndote otra alternativa. Dudas… y al final decides aceptar el segundo plan. A no ser que resulte excelente, quizás recordar la fiesta a la que no has acudido te creará incertidumbre y te impedirá disfrutar al máximo de la velada. Pero además, otro efecto contraproducente es que para convencerte de haber escogido la opción correcta, durante el proceso de elección has aumentado inconscientemente las expectativas de la noche que te espera, aumentando también las posibilidades de salir defraudado al contrastarlas con la realidad. La paradoja es que aunque hayas ido a una fiesta un poco mejor, te has sentido un poco peor.
Pero todavía queda otro inconveniente de tener libertad absoluta para decidir: en caso de error no puedes culpar a nadie excepto a ti mism@, y desprenderse del peso de la responsabilidad es bastante más difícil.
Por tanto, considerando todos estos factores, Barry Schwartz concluye que el dogma de maximizar el bienestar a base de maximizar la libertad es falso. “Tener algunas opciones es mejor que ninguna, pero muchas es peor que algunas”

¿Siempre? Le pregunté ayer. No, me dijo. Y me explicó que están trabajando con diversas empresas para averiguar cuál es la mejor cantidad de opciones a ofrecer en cada caso concreto. Por ejemplo, en varias tiendas online cuando buscas un producto no te muestran todo lo que tienen, sino unas pocas opciones que irán cambiando a medida que perfecciones tu búsqueda.

¿Esto afecta igual a todo el mundo? También le pregunté. “Claro que no”, y me citó un artículo suyo publicado en el NY Times , según el cual la insatisfacción constante está relacionada con el nivel de educación y la clase social.
En un estudio reclutaron voluntarios y les regalaron un bolígrafo a escoger entre cinco diferentes, pero a la mitad de ellos les dijeron “lo siento, es el último que nos queda de este tipo. Toma este otro”. A continuación todos debían rellenar una lista de preguntas, algunas de las cuales hacían referencia a las características del bolígrafo. Entre los participantes con estudios universitarios, los que habían sido obligados a cambiar de boli lo valoraron menos que aquellos que mantuvieron el bolígrafo escogido. En cambio, entre los de nivel educativo inferior no se apreciaron diferencias.
En otro estudio solicitaron clasificar 10 CD’s musicales por orden de preferencia. Luego se les dio a escoger como regalo uno que estuviera en el rango medio, y se pidió que volvieran a hacer la lista. Los universitarios solían clasificar entonces el CD elegido en mejor posición, mientras que los no universitarios lo dejaban igual.
Otras encuestas concluyeron que los trabajadores de posiciones altas se molestaban cuando un vecino compraba un coche como el suyo porque les quitaba la exclusividad de su elección, mientras que en clases más bajas les parecía perfecto porque confirmaba que su elección era correcta. Una cita del artículo de Schwartz dice: “La sociedad americana ha dado a las élites lo que pedían, junto con un incremento del estrés, la ansiedad, y la insatisfacción”.

Seguro que recordáis situaciones en las que habéis sufrido parálisis, o insatisfacción, o arrepentimiento, por el mero hecho de tener “demasiadas” buenas opciones sobre las que escoger. Quizás sí se trata de un fenómeno relativamente nuevo, que hemos considerado positivo sin reparos, y no siempre está necesariamente asociado a una mejor calidad de vida.
No deja de ser curiosos que desde hace mucho tiempo la falta de control sobre la propia vida se haya asociado a la infelicidad y ahora, en el extremo contrario, la explosión de posibilidades a que estamos expuestos también resulte ser una causa de descontento.
Quizás cuando una causa externa nos cierre alguna opción, en lugar de quejarnos deberíamos agradecerlo, y no tomarlo como una restricción sino como una liberación frente a la tiranía de la toma de decisiones.


Y después resulta que terminas de escribir un texto como este, recibes un mail con el par de fotos que le habías pedido a Chris Gunn (el fotógrafo que cubría el evento)… y tu reacción inmediata es: “xxjfhs! Podría haberme enviado unas cuantas más... para poder escoger alguna en la que Barry Schwartz no pareciera dormido ni yo tuviera cara de empanado…”

05 Ago 2008

Escrito por pere-estupinya

05 Ago 2008 - Enlace

Energía solar también de noche

En seguida os hablo del prometedor avance que científicos del MIT han realizado en el campo de la energía solar: un nuevo catalizador que descompone el agua en hidrógeno y oxígeno de forma mucho más sencilla y eficiente que hasta ahora.
Pero antes os quiero mostrar uno de los gráficos más informativos que conozco. No es nuevo en absoluto y seguro que muchísimos ya lo habíais visto. Pero a los que no os suene, merece la pena que invirtáis medio minuto observándolo. Muestra de donde viene la energía que utilizamos, y en qué nos la gastamos. Nada más, y nada menos. Es un diagrama que ayuda sobremanera a comprender el panorama energético actual, y que deberíamos tener siempre en mente a la hora de valorar las posibilidades de las renovables, el peso relativo de la nuclear, la dependencia del petróleo, la sustitución del carbón…

El ancho de cada “tubería” indica la proporción de energía que se obtiene de cada fuente, y cómo termina distribuyéndose. La línea negra es carbón, la violeta corresponde a la biomasa, solar, eólica, geotérmica… el gris indica la energía perdida y el amarillo lo que realmente se aprovecha.
Son datos de EEUU y un poco antiguos. Aquí podéis ver cifras más actuales, pero el diagrama me perece menos ilustrativo, y la visión global no cambia sustancialmente.
Si alguien tiene acceso a una mejor fuente, que no dude en añadirlo en los comentarios.
Ahora, a por el logro del MIT:

Emular a las plantas
La idea básica no es nueva: utilizar la energía del sol para disociar el agua (H2O) en hidrógeno (H2) y oxígeno (O2), guardaros por separado, y obtener energía al unirlos de nuevo en una pila de combustible.
Las plantas hacen algo parecido con la fotosíntesis, y los científicos ya hace tiempo que son capaces de reproducir este proceso en el laboratorio.
Pero en temas energéticos lo más importante no es si algo se puede hacer o no, sino a qué precio y con qué rendimiento.
Separar el oxígeno del agua era un proceso costoso que requería unas condiciones difíciles de implantar a gran escala. El hito del grupo liderado por Daniel Nocera ha sido encontrar un catalizador formado por materiales baratos (cobalto y fósforo) que permite hacer la reacción a pH neutro y en condiciones de temperatura y presión normales.
Según Nocera , “Es lo que estábamos buscando desde hace años. La energía solar siempre se había considerado limitada, una solución lejana. Ahora podemos plantearlo seriamente como algo potencialmente ilimitado y cercano.”

En detalle: La electricidad obtenida por energía solar (o eólica) llega a un electrodo sumergido en una solución acuosa. Allí, gracias al catalizador de cobalto y fósforo se empieza a separar el H2O en oxígeno y protones (H+). Luego, otro electrodo une los protones formando hidrógeno gas (H2).
Esta segunda reacción todavía necesita mejorar, porque utiliza un electrodo de platino al que se debería encontrar un sustituto más barato. Pero no es lo que más preocupa a los investigadores. El gran reto era disociar el oxígeno de forma sencilla, y esto es lo que acaban de conseguir.
Una vez separados H2 y O2, puedes guardarlos y utilizar una pila de combustible “convencional” para volver a generar agua y liberar energía cuando la necesites.
En el fondo el hidrógeno es un vector, una manera de guardar la energía del sol (o eólica) y poder utilizarla de noche, cuando esté nublado o no sople el viento.
Almacenar energía de forma barata y en dispositivos de un tamaño que puedas alojar en tu casa es uno de los grandes problemas de fuentes de energía intermitentes, como algunas renovables.
El hallazgo de Nocera está en una etapa científica, pero puede significar un punto de inflexión en las expectativas de aprovechamiento de la energía solar. Ahora falta un laborioso trabajo de ingeniería para desarrollar dispisitivos que quizás permitirán ensanchar la fina línea violeta del diagrama con que hemos abierto el post.

28 Jul 2008

Escrito por pere-estupinya

28 Jul 2008 - Enlace

La infelicidad del maximizador

Es sábado por la tarde y sales de tu casa dispuesto a comprar un jersey azul que no cueste más de 50 euros.
Llegas a la primera tienda, revuelves un par de mostradores, y… vaya! Ahí está! Un jersey azul más o menos como el que te habías imaginado. Por 47 euros. Te lo pruebas y… bueno... no es la prenda que más te favorece del mundo, pero no está nada nada mal. Es lo que andabas buscando, y en sólo 5 minutos. ¿Qué haces? ¿te lo compras?

O por el contrario piensas: “Que me lo guarden un par de horas. Ojearé más tiendas a ver si encuentro otro con un azul más bonito, o un poco más barato, o que me siente mejor… y si no lo encuentro, volveré a por este.”
Si te lo quedas, tu personalidad encaja en la categoría de “satisfiers”; personas que cuando encuentran algo que ya cumple sus expectativas, dejan de contemplar otras opciones. En cambio, si tu talante es más inconformista y necesitas conocer el máximo de alternativas para conseguir siempre “la mejor” posible, entonces quizás eres un “maximizer”.
Evidentemente esta clasificación es difusa, y decenas de otros factores influirán ese sábado en tu decisión de zanjar rápido el asunto del jersey o no. Pero en general…
Cuando escucháis la radio en el coche ¿cambiáis frecuentemente de emisora aunque lo que suene no os desagrade? A pesar de estar satisfechos en vuestro trabajo ¿estáis pendientes de que aparezca una oportunidad mejor? ¿os cuesta elegir regalos para un amigo? ¿inviertes mucho tiempo en el súper comparando etiquetas y precios? ¿sois muy exigentes con vuestras parejas? ¿os gustan las listas de rankings estilo “los 10 mejores … del año”?
Estas son algunas preguntas del test que aparece en este viejo artículo del psicólogo Barry Schwartz (autor del libro “the paradox of choice ”). Con él puedes averiguar tu grado de satisfier, o si para tu desgracia formas parte del 10% de maximizadores extremos que él ha encontrado en US.
Barry Schwartz ha estado investigando cómo influye la cantidad de opciones disponibles frente a una elección, y ha concluido que: 1-pasarse de exigente genera infelicidad, y 2- tener muchas opciones puede ser peor que disponer de pocas.

Los maximizers son menos felices
La gallega Amalia fue la única persona que me confesó abiertamente ser una satisfier. En general solemos definirnos como maximizers, y no lo consideramos algo negativo en absoluto. No lo es. Si sabemos controlarlo…
Efectivamente el maximizador acabará encontrando un jersey más bonito, un trabajo mejor valorado, o escogerá el restaurante más bueno de la ciudad turística que visita. ¿Le hace esto más feliz? No siempre. Barry Schwartz ha comprobado que cuando más esfuerzos (tiempo, coste económico, sacrificios personales) inviertas en una decisión, más exigente te volverás con ella. Y lo peor de todo, más arrepentimiento sentirás en caso de que no cumpla tus expectativas.
¿Qué pasa cuando le salen bolitas al jersey? Si has dedicado 5 minutos a comprarlo no será ningún trauma desterrarlo al fondo de un cajón. Pero si eres un maximizer e invertiste toda una tarde, la decepción por “haberte equivocado” te corroerá por dentro.
La insatisfacción permanente es otra trampa. Puede ser disfrazada de “estímulo para mejorar”, pero en el caso del maximizador extremo llega a ser traumática. Nunca se siente satisfecho. Terminará siendo la líder de la empresa, o el mejor vestido de la fiesta… pero le costará disfrutar de sus logros, y en seguida empezará a pensar patológicamente en los siguientes retos. En llegar más lejos todavía. El grupo de Schwartz ha encontrado una correlación directa entre el grado de maximizador y la propensión a la depresión.
En los maximizadores, la sensación de decepción tras una pérdida es mucho más intensa que el bienestar generado por las ganancias.

Menos es más
Si, es la frase de Mies Van der Rohe, pero en el contexto del artículo se refiere a que tener muchas opciones para elegir no siempre es positivo. La clave está en la sensación de pérdida sobre lo que has rechazado. Imagínate que en un concurso ganas un viaje a Mallorca. Perfecto, no? Pues te vas a Mallorca. Y si llueve, mala suerte.
Imagina ahora que te dan a escoger entre un viaje a Mallorca, un fin de semana en Praga, una visita a Londres, y tres o cuatro opciones más. Si en seguida lo ves claro no hay problema. Pero si empiezas a dudar y a analizar minuciosamente todos los factores, por insignificantes que sean… puedes terminar en Mallorca pensando en lo que te estás perdiendo al rechazar Praga. Si encima eres un poco mazimizer y llueve en tu viaje, te echarás las culpas por no haber contemplado los pronósticos para esa época del año.
Si después de una elección aparece el indeseable arrepentimiento, olvídate de disfrutar enteramente de la opción que hayas elegido.
Otra consecuencia negativa del incremento de opciones es el efecto bloqueo que producen. En un estudio (ya citado en un post anterior, perdón) encuestaban a personas por la calle y como compensación les daban a escoger entre 1.5 dólares o un bolígrafo valorado en 2 dólares. El 75% escogía el boli. Luego, a otro grupo de transeúntes les ofrecían 1.5$, el bolígrafo de 2 dólares, o dos bolígrafos de un dólar cada uno. La mitad se quedaba con el dinero. Tener dos opciones parecidas compitiendo entre sí creaba un cierto efecto bloqueo que inducía a preferir la otra alternativa, aunque quizás era peor.

Consejos
Soy de los que piensa que todos sabemos equivocarnos solos, y eso de las “consejos para una vida mejor" me da un poco de grima, pero aquí os dejo las lecciones que sugieren los autores del artículo:
Escoger cuando escoger: cuando una decisión no es crucial, deberíamos esforzarnos en limitar nuestras opciones. No visitar más de 4 tiendas, por ejemplo, si no tienes que lucir el jersey en ningún evento superespecial.
Aprender a aceptar el “ya va bien”: fijarnos un objetivo y cuando lo consigamos, dejar de pensar en “algo todavía mejor”
Despreocuparse por lo que te estás perdiendo: Todo tiene partes buenas y malas. Cuando eliges, a veces continúas pensando sólo en las buenas de lo rechazado, y en las malas de lo que te has quedado. Evita esta tortura.
Controla tus expectativas: Si empiezas un trabajo o una relación convencido de que todo va a ser perfecto y nunca habrá ningún tipo de problema, la llevas clara. Tienes todos los números de padecer desengaño.

Apunte personal
Cuando empecé mi Fellowship de periodismo científico en el MIT me dijeron: “tienes acceso a todo el MIT y Harvard. Puedes asistir como oyente a todas las clases que quieras”. La selección fue un estrés. No había manera de reducir el listado a 4 o 5 asignaturas. Al final la incompatibilidad de horarios eligió, pero durante mis dos primeros meses de estancia en Cambridge no me sentía relajado. Era un lujo, pero me notaba extremadamente celoso de mi tiempos y exigente con las clases, seminarios, entrevistas… constantemente tenía en mente todo lo que me perdía mientras asistía a una charla menos buena de lo que me había imaginado. Un día recordé este artículo leído tiempo atrás. Lo volví a ojear, y consciente de mi ligera tendencia maximizadora, modifiqué mi actitud. Igualmente cambié algunas asignaturas que no me convencían, y autoengañado o no, disfruté las nuevas mucho más.

24 Jul 2008

Escrito por pere-estupinya

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Viejas Nuevas historias. Parásitos manipuladores

¿No hemos hablado todavía de parásitos? ¿Cómo puede ser? Es uno de mis temas preferidos!
Descubrí estas criaturas asombrosas grabando un programa de REDES en el departamento de parasitología de la Universidad de Valencia, después leí entero el libro “Parasite Rex ” de Carl Zimmer, terminé escribiendo un artículo donde hurgaba en sus inverosímiles ciclos de vida, y desde entonces son uno de mis temas recurrentes en conversaciones apasionadas sobre ciencia. La última de ellas hace unos días en un reencuentro informal de amigos. Hablamos del parásito que devora la lengua de algunos peces, se engancha a sus agallas y actúa como si fuera una nueva lengua. Allí afincado va quedándose parte de la comida que el pez ingiere. Discutimos el complejísimo ciclo de vida del plasmodium responsable de la malaria, de los diversos tipos de gusanos intestinales que existen, de los que se reproducen solos y de los que copulan permanentemente, del tripanosoma que descontrola el reloj biológico de tu cerebro y provoca la enfermedad del sueño cuando la mosca tse-tse lo introduce en tu cuerpo, de parásitos multicelulares que viven dentro de una única célula como el que causa la triquinosis, y del curioso origen etimológico del vocablo para-sitos.

En serio que me quedé pensando porqué a estas alturas de blog no había escrito un post sobre parásitos. Quizás era porque en los últimos meses no he recibido información nueva sobre ellos. Pero… ¿es este motivo suficiente? Lo reflexionaremos al final del post. Ahora dejadme que aborde el aspecto que más sorprendió a mis compañeros: la facultad que algunos parásitos poseen para modificar el comportamiento de los animales que los hospedan.

El control mental lo diseñaron los parásitos
Hay unas hormigas que cuando están parasitadas suben a lo alto de la hierba para permitir que una vaca se las coma. El parásito necesita madurar en el hígado del rumiante, luego viajar a su intestino para reproducirse, y allí liberar huevos por las heces. Las hormigas son el vector que completa el ciclo permitiendo que el parásito regrese al hígado de la vaca.¿No os lo creéis? Mirad este video en el que un hongo parásito hace que la hormiga suba también a lo alto de una hoja para que cuando el hongo emerja de su cabeza pueda expulsar las esporas desde más alto:

Más curioso todavía: Cuando el parásito “sacculina granifera” infecta el cuerpo de un cangrejo macho, secreta unas hormonas feminizantes que le hacen comportar como si fuera una hembra. El cangrejo se dirige hacia la arena, hace un agujero y adopta la posición de expulsar larvas. Pero salen las del parásito, claro.

También hay un crustáceo llamado “Gamarus lacustris” que se alimenta en las orillas de los ríos. Cuando aparece un pato se escapa rápidamente, claro. Pero cuando está infectado de una larva que sólo se reproduce en el cuerpo de las aves, hace todo lo contrario; sale del agua y se deja devorar por los patos.

Algo parecido ocurre con el parásito por el que a las embarazadas os dicen que no estéis en contacto con los gatos…

“Alucino con el toxoplasma” (Luismi al despertar de la siesta)
La mayoría de nosotros, y con total seguridad los que hayáis convivido con gatos, tenéis el Toxoplasma Gondii enquistado en algunas de vuestras células. No os preocupéis, no es peligroso. Sólo causa problemas si vuestro sistema inmunológico se deprime por el SIDA u alguna otra patología, o no esté todavía desarrollado como en los fetos.
En estos casos es recomendable alejarse de los gatos, ya que son el único animal donde este parásito se reproduce. Lo saben los médicos, pero no los ratones, sobretodo cuando están infectados. Atentos al dato: los ratones infectados con Toxoplasma Gondii pierden el miedo a los gatos. Va en serio, el parásito viaja al cerebro y de alguna manera afecta al comportamiento de los roedores para que no eviten ser cazados por los felinos.
Manuel Berdoy de la Universidad de Oxford realizó un experimento muy sencillo: En una especie de jeroglífico puso orina de gato en un rincón. Los ratones normales evitaban a toda costa acercarse a ese lugar. En cambio, los infectados pasaban por allí sin ningún inconveniente.

Viejas Nuevas historias
Recuerdo explicar esta historia hace 2 - 3 años en el piso de unos amig@s tras leer este artículo del genial Sapolsky . En la habitación contigua al salón Luismi despertó de la siesta, y se ve que somnoliento todavía escuchó durante unos minutos la curiosa conversación. Apareció con legañas diciendo algo cercano a “Ostras, Ostras… alucinante lo del toxoplasma! Qué fuerte tío… ”. Algo parecido ocurrió durante el reencuentro que comenté al inicio del post. Y es que divagar por historias científicas aparentemente intrascendentes también tiene su gracia, aunque no sean “actuales”. De hecho, durante la conversación nos fuimos por las ramas con temas tan antiguos como el impresionante experimento con el que Eddington probó la relatividad general de Einstein, o las esterilizaciones que se realizaron a principios de siglo en nombre de la eugenesia.
Anteayer comentaba con un amigo comunicador científico que solemos estar muy preocupados por explicar siempre nuevas historias, y nos olvidamos del montón de viejas que son excelentes y todavía permanecen desconocidas para el gran público. Hoy en este blog inauguramos la sección “Viejas Nuevas historias”.

Pere Estupinyà

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Este blog es un volcado de reflexiones, curiosidades y enseñanzas científicas que recibo durante mis seminarios, conferencias, visitas a laboratorios y conversaciones con científicos del MIT (Massachussets Institute of Technology) y Harvard en Cambridge, EE UU donde disfruto de una Beca para periodistas científicos. Soy químico y bioquímico y llevo varios años aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.

Pere Estupinyà

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