Apuntes científicos desde el MIT

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Escrito por pestupinya

19 Ago 2009 - Enlace

Maldito Batrachochytrium dendrobatidis

A mediados de los años 80 los bosques de la región costarricense de Monteverde albergaban a miles de sapos dorados.

En 1989 fue visto el último ejemplar.

El causante de la extinción de esta especie endémica de Costa Rica fue un hongo llamado Batrachochytrium dendrobatidis, que está causando estragos entre los anfibios de Centroamérica. Dicho hongo infecta su piel provocando una enfermedad llamada quitridiomicosis, que impide la respiración cutánea propia de los anfibios y termina asfixiándolos.

El hongo crece en ambientes húmedos y a temperaturas entre 17-25ºC, por lo que diversos estudios han asociado su rápida expansión por los bosques tropicales de Centroamérica a los cambios en microclimas relacionados con el calentamiento global.

Alan Pounds no tuvo tiempo de atenderme durante mi visita al Centro Científico Tropical de Monteverde , pero los investigadores que sí me acompañaron por unos senderos considerablemente más angostos que los reservados a turistas, confirmaron que la expansión del hongo a causa del cambio climático es la hipótesis más consistente sobre la desaparición del sapo dorado y una especie de rana arlequín.

En el año 2006 Alan Pounds publicó un artículo en Nature con los resultados de sus más de 15 años recogiendo datos meteorológicos en el Bosque Nuboso de Monteverde, y relacionándolos con las fluctuaciones en la población de ranas y sapos de la zona. Pounds identificó claramente al Batrachochytrium dendrobatidis como el causante de la desaparición de anfibios, y además estableció una relación directa entre la propagación del hongo y el cambio climático.

La desaparición acelerada de anfibios es un hecho contrastado en diferentes lugares del mundo. Al tratarse de especies tan vulnerables a pequeños cambios en los ecosistemas, los anfibios son considerados indicadores biológicos y su pérdida demuestra que algo está ocurriendo en sus hábitats. Averiguar este algo es la tarea científica más complicada.

El hongo es sin duda uno de sus principales enemigos. sin embargo, a un centenar de kilómetros de Monteverde el científico Steven Whitfield estableció que el 75% de los anfibios de la Estación Biológica de la Selva habían desaparecido en los últimos 35 años, pero no a consecuencia del hongo, sino posiblemente a cambios en hojarasca del suelo, sin descartar que episodios de sequías o el uso de plaguicidas hayan podido también contribuir.

Parcelas de monitoreo: El bosque bajo control

Cuando uno se enfrenta a estas investigaciones mientras camina en medio de los bosques de un ecosistema tan complejo como Monteverde, se da cuenta de lo difícil que resulta comprender el funcionamiento interno de la naturaleza y relacionar los muchos factores que intervienen en cualquier fenómeno que en ella se produzca.

“Para ello tenemos las parcelas de monitoreo a las que te llevamos”, me dijeron los investigadores del Centro Científico Tropical.

Tras 30 minutos adentrándonos en el bosque nuboso de Monteverde llegamos a un punto en que me dijeron “esto es una parcela”. No vi nada.

En frente mío sólo tenía más bosque.

Prestando atención a las indicaciones de mis guías pude ver unas pequeñas placas en los árboles, una cajita que contenía aparatos de medidas meteorológicas y unos palos metálicos que delimitaban un terreno de 100X100 metros de bosque. Era una de las 7 parcelas esparcidas por puntos estratégicos de la región que diversos grupos de científicos estaban monitoreando constantemente para tener bajo control las fluctuaciones en temperatura, humedad relativa, viento, presión atmosférica, incidencia de luz, tipos de plantas, grosor de árboles, especies de insectos, comunidades de microorganismos, cambios en la fauna…

justo a los pocos minutos apareció un grupo de ecólogos tomando muestras de árboles y recogiendo hojas a una altura específica para ir completando su registro de la vegetación de la zona.

La idea es conceptualmente poderosa: tener fragmentos de bosque absolutamente caracterizados y monitoreados para a lo largo del tiempo tener datos con los que entender mucho mejor qué está ocurriendo en esos ecosistemas.

Cada parcela está dividida en subparcelas de 10X10 metros con el objetivo de tener un grado de precisión lo más afinado posible. En estos ambientes existen multitud de microclimas en función de cómo incide la luz, la dirección del viento, o pequeñas fluctuaciones de latitud. La posibilidad de tener un registro de todos estos datos y poder comparar la evolución de diferentes subparcelas, o parcelas situadas en otras zonas del mismo bosque, o incluso con medidas de centros de monitoreo ya en funcionamiento en otras áreas tropicales, está suministrando a los ecólogos una valiosísima herramienta para comprender la magnitud de los cambios provocados por el calentamiento global, la intromisión humana, la llegada de nuevas especies, o las medidas de protección destinadas a preservar estos paraísos de biodiversidad cada vez más endebles.

Escrito por pere-estupinya

13 Ene 2009 - Enlace

¿Están tan degradadas las selvas tropicales?

Muchos biólogos y conservacionistas aseguran que la situación de los bosques tropicales es alarmante, y que la deforestación a la que los estamos sometiendo implicará una extinción masiva de especies y una radical disminución de la biodiversidad. Pero en el 2006 el científico de la Institución Smithsonian Joseph Wright publicó un artículo diciendo que dichas previsiones eran exageradas. En su trabajo argumentaba que el aumento de las áreas protegidas y la migración de la población rural hacia las áreas urbanas haría que la pérdida de especies fuera mucho menor.
Este artículo, pero sobre todo la interpretación que algunos grupos y medios de comunicación hicieron de él, indignó a un gran número de científicos, entre ellos William Laurance , para los que decir “no hay para tanto” significaba obviar la dramática realidad que estaban observando día a día en sus investigaciones.

Para intentar llegar a un consenso sobre la situación real de las selvas tropicales se reunieron ayer Wright, Laurance y varios expertos más en el simposio “¿Sobrevivirán las selvas tropicales? ” que acogió el Museo Smithsonian de Historia Natural en Washington DC.

Sí hubo puntos de encuentro.
Una primera conclusión fue que efectivamente los mensajes catastrofistas empezados a difundir en la década de los 80 pecaron de alarmistas; la disminución radical de especies que se pronosticó en los siguientes 20 años que no se ha producido. Sin embargo, eso no implica que la situación de las selvas tropicales no sea grave. El propio Wright matizó que su “no hay para tanto” había sido malinterpretado, y reconoció sin tapujos que existe una clarísima pérdida de habitats acompañada de extinción de especies. Pero para él la verdadera gran preocupación que debemos afrontar es el cambio climático.

Efectos del calentamiento global
La media de los veintitantos modelos climáticos utilizados por el IPCC pronostica un aumento de temperatura en las áreas tropicales de 3ºC antes de que termine el siglo. Esto no hará desaparecer las selvas, ya que no habrá menos precipitaciones, pero las consecuencias en la biodiversidad pueden ser graves. Las especies que viven en los trópicos están adaptadas a una temperatura estable que apenas fluctúa entre invierno y verano. Algunos animales se podrán adaptar a los desequilibrios que supondrá un aumento de temperatura, pero quizás muchos de ellos no logren hacerlo, ni resistirán la llegada de especies invasoras, como un hongo que ya está arrasando a las ranas de Centroamérica.
Joseph Wright lo dejó claro: la temperatura aumentará más en los polos que en los trópicos, pero la gran pérdida de biodiversidad tendrá lugar en las selvas. “Ponemos mucha atención en los osos polares, pero todavía están entre nosotros. En cambio en los últimos años han desaparecido 165 especie de ranas”.

No bajar la guardia
William Laurance también reconoció al cambio climático como el principal reto que debemos afrontar, pero insistió en que las políticas de reforestación y conservación de hábitats todavía son insuficientes. Las áreas tropicales continúan en retroceso constante.
Las medidas de protección deben intensificarse con mucha más ayuda internacional, ya que los beneficios de mantener las selvas en un estado saludable son globales, y de ninguna manera los países afectados pueden hacer frente solos a estos programas de conservación.
Laurance reconoció que la pérdida de biodiversidad sufrida en los trópicos quizás es menor de la que se predijo, pero presentó unos datos contundentes sobre el ritmo al que se están degradando las selvas y desapareciendo especies, que en ningún caso conducen a un “no hay para tanto”.

El director del Museo Smithsonian, Cristian Samper resumió la situación como “preocupante pero optimista”. Quedan viejas amenazas que abordar como la caza ilegal, la deforestación, la agricultura intensiva, la abundante tala selectiva de árboles, las explotaciones mineras… y aparece en escena el turbador fantasma del calentamiento global. Pero se detecta una concienciación y predisposición política a atajar la protección del medioambiente como una obligación imprescindible del siglo XXI.
No podemos permitir que sea de otra manera.
Justo el domingo, en un contexto diferente, leí la siguiente frase de Martin L. King: “La principal amenaza del mundo no son las acciones de la gente malvada, sino la pasividad de la buenaLa principal amenaza del mundo no son las acciones de la gente malvada, sino la pasividad de la buena”.

Escrito por pere-estupinya

18 Dic 2008 - Enlace

Regalo de Navidad al planeta: no comas gambas ni atún rojo

Este es uno de los consejos que te da el ecólogo marino del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Enric Sala si quieres implicarte un poquito en la conservación de las especies en nuestros mares.

Enric Sala ha pasado más de 15 años investigando el efecto de la pesca en los ecosistemas marinos, y se muestra contundente al denunciar el daño y pérdida de biodiversidad que estamos causando en los océanos.
La labor de Enric como científico y divulgador lo han llevado a ser elegido como explorador de la National Geographic Society , y también como Joven Líder Global por el Foro Económico Mundial.
Conversamos en Washington DC.

¿Por qué sugieres no comer atún rojo?
Los tres problemas principales en el consumo de pescado son: la captura de especies en declive, la pesca con métodos destructivos para los ecosistemas marinos, y la presencia de contaminantes. El atún rojo es un claro ejemplo del primer caso. Es como si fueras a la carnicería y te ofrecieran carne de tigre. Se trata de una de las especies marinas más amenazadas, y sin embargo continuamos pescándolo porque hay gente dispuesta a pagar mucho dinero por él. En protección de los océanos estamos muy atrasados respecto lo que ocurre en los sistemas terrestres.

Seguro que no se trata de un caso aislado…
Hacemos lo mismo con la mayoría de grandes depredadores. Por desgracia nos gusta comer piezas grandes que estén en lo alto de la cadena alimentaria, como el atún, los tiburones o el pez espada, pero esto tiene muy poco sentido; es realmente como comer tigres o leones en lugar de vacas o pollos. Los grandes depredadores son mucho más vulnerables que las especies más pequeñas, porque se reproducen menos y crecen más lentamente. Además tienen un papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas. No podemos ser tan irresponsables, debemos entender cómo funcionan las cadenas alimentarias marinas para saber qué especies podemos pescar de una manera sostenible, sin causar daños irreparables.

Es decir, identificar las piezas importantes, cuya pesca causa un impacto más allá de su propia desaparición…
Dentro de un ecosistema todos los elementos están conectados, y hay piezas que si las quitas puedes causar efectos en cascada devastadores. Por ejemplo, si en la costa eliminas los peces que se alimentan de erizos de mar, estos proliferan y se comen las algas del fondo marino, y con las algas desaparecen todos los animales que vivían en ellas. Eliminar sólo un par de especies puede significar una pérdida de biodiversidad tremenda. Lo que hacemos en los mares es convertir una selva amazónica en un campo de golf.

¿Os hacen caso los políticos?
Raramente, y normalmente cuando ya es demasiado tarde. A veces parece que nos escuchen, pero el problema es que el lobby pesquero tiene mucha fuerza, y los intereses económicos prevalecen sobre los medioambientales. Por ejemplo, la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos) ha propuesto una moratoria para no pescar ningún atún rojo en los próximos 4 años, pero algunos gobiernos europeos hacen oídos sordos porque los japoneses pagan una barbaridad por él.

Suena muy catastrofista…
¿Catastrofista? Sólo estoy citando las evidencias. En sólo 100 años en el Mediterráneo han desaparecido el 99% de los tiburones, y a nivel mundial, en los últimos 50 años se han colapsado el 30 % de las pesquerías. Según un estudio que publicamos en la revista Science en 2006, a este ritmo se colapsarán todas en el año 2050. Si actuáramos como un depredador más, que comiera pescado pequeño, como las sardinas, o los calamares, no sería tan grave, pero nos obsesionamos con cazar a los grandes depredadores, que son las especies más frágiles. Esto no tiene sentido.

Las gambas no son grandes depredadores, ¿por qué te quejas también de su consumo?
Las gambas salvajes, al igual que el rape, representan otro problema: la pesca destructiva. Se capturan con arrastre, que destruye todo lo que se encuentra en el fondo marino. Es como si para coger setas arrasáramos toda la superficie del bosque, buscáramos lo que nos interesara entre lo acumulado, y dejáramos que se pudrieran el resto de animales o plantas que no quisiéramos. Yo hace ya años que no como rape ni gambas por responsabilidad con el medioambiente.

Las de piscifactoría las podemos comprar tranquilos, no?
Depende, porque también tenemos un tercer problema; el riesgo de contaminantes. Muchas de las gambas congeladas que encuentras en los supermercados vienen de Bangladesh, Vietnam, Tailandia,… allí destrozan los manglares para construir viveros, ponen las larvas de las gambas, y añaden pesticidas para que no crezcan las algas, y antibióticos para evitar las bacterias. Luego vacían el vivero y de ese caldito sacan las gambas, les meten un producto químico para que de color rosáceo, y directas al consumidor.

¿No representa la acuicultura una solución al problema de la pesca en alta mar?
Sí, la acuicultura probablemente será la única manera de mantener la futura demanda de pescado, pero también tiene algunos problemas que deberían mejorar. Muchas veces se captura pescado en el mar, se hace pienso y se da a las piscifactorías. Esto no tiene mucho sentido, ya que por cada cinco kilos de pescado capturado en el mar se genera un kilo de salmón. El salmón de granja, además, puede tener índices de mercurio bastante altos, y el hecho de transportarlo del Atlántico al Pacífico hace que cuando se escape desplace a las especies autóctonas. Otra práctica que debería limitarse es la captura y engorde de ciertas especies. Los ejemplares inmaduros de atún rojo que se atrapan y se ponen en un criadero para que engorden no se reproducirán jamás. Son asuntos complejos, pero debemos ser conscientes de nuestro poder destructivo y explotar los recursos naturales de manera sostenible, sin ceder a caprichos de navidad.

¿Qué mensaje final darías a políticos, pescadores y consumidores?
A los políticos les diría que hagan caso a los científicos que proponen una aproximación más precautoria basada en evidencia científica rigurosa. A los pescadores, que trabajen con las organizaciones conservacionistas, porque su objetivo es el mismo: que en el mar haya muchos peces. Y a los consumidores les diría que compraran pescado en la mitad baja de la cadena alimentaria, como las sardinas, el calamar, o los mejillones. Que coman pollo o vaca en lugar de tigres o leones.

Escrito por pere-estupinya

18 Sep 2008 - Enlace

Pérdida de biodiversidad por capricho

Esta fotografía tomada en 1957 muestra a turistas exhibiendo el resultado de sus pescas en la costa de Florida cuando los primeros barcos empezaron a ofrecer tal actividad.

No era una exageración, en 1958 los turistas continuaban fotografiándose orgullosos con sus trofeos a bordo del Greyhound.

En 1983 las piezas ya no resultaban tan espectaculares…

Y en 2007 ni se molestaban en aparecer en la foto…


Dicen que una imagen vale más que mil palabras… éste no será el caso más extremo de pérdida de biodiversidad causada por la actividad humana, pero quizás pocos resultan tan flagrantes y fáciles de ilustrar.

Las fotografías forman parte de un artículo del Smithsonian Magazine dedicado a los océanos . En él se cita una nueva disciplina llamada Ecología Marina Histórica, que utiliza imágenes como las anteriores, recortes de periódicos, e incluso menús de restaurantes para intentar averiguar datos sobre el pasado de los ecosistemas marinos, algo mucho más complicado que en los terrestres.
En el estudio que se realizó a partir de los archivos de la biblioteca pública de Key West (Florida) se comprobó que en esa zona del Golfo de Méjico había menos peces, eran más pequeños, y varias especies habían desaparecido.

Si los turistas dejaran de pescar podrían pasar dos cosas: que con el tiempo el ecosistema se reestableciera, o que ya estuviera tan dañado que nunca volviera a recuperar las especies que en él habitaban.

La verdad, quizás lo que ocurra en este caso concreto no es lo más relevante. Hay situaciones mucho más dramáticas de pérdidas irreparables como son los valiosísimos arrecifes de coral.

En la misma revista se narra la expedición científica a Kiribati , un conjunto de islas del Pacífico donde quedaba uno de los pocos arrecifes de coral todavía inexplorados. Los biólogos marinos explican que la diversidad de especies que encontraron era abrumadora, muchísimo mayor de lo que pensaban que podía llegar a existir.
El descubrimiento reflejó de nuevo el enorme daño que estamos causando a los arrecifes de coral, y la necesidad urgente de preservar esos delicados paraísos naturales.
Este año el archipiélago de las Islas Phoenix en Kiribati se ha convertido en el área marina protegida más extensa del mundo.
De nuevo una imagen vale más que mil palabras… En medio de las negociaciones, cuando los científicos mostraron fotografías submarinas a las autoridades locales, se ve que el ministro de pesca dijo “No teníamos ni idea que había tanta vida allí abajo”.

Escrito por pere-estupinya

22 Jun 2008 - Enlace

¿Espíritu de lobo o de perro?

La política inicial del Parque Nacional de Yellowstone respecto a los lobos era clara: matarlos a todos. Durante los años 30 fueron definitivamente exterminados.
Cuando el lobo fue catalogado como especie amenazada, empezó la idea de repoblar Yellowstone. En 1995, 31 ejemplares originales de Canadá se reintrodujeron en el parque. Ahora constituyen una población completamente recuperada de casi 200 individuos.
Douglas Smith es el director de este proyecto, ha estado siguiéndolos y estudiándolos durante todo este tiempo, y está considerado como uno de los principales biólogos de lobos que existen. Asistí a una charla sobre sus investigaciones, y luego pude charlar luego con él sobre el comportamiento de los lobos, estrategias grupales de caza, o papel que ejercen papel en el ecosistema. Dough asegura que lo suyo “no es un trabajo sino un estilo de vida. Estudiar lobos es una fascinación científica y personal”. Lo que más le sorprende es como cuidan y educan a las crías. “Son los mejores padres que hay. Mejores que yo mismo. Y tienen un sistema de enseñanza muy sofisticado”. Cuando le pregunté por los motivos últimos tras la preservación de los lobos en Yellowstone habló de ética: “no tenemos ningún derecho a ser la especie dominante y eliminar lo que nos moleste”, y de valor en el ecosistema: “Yellowstone ahora tiene una fauna más equilibrada. Los alces eran la especie dominante con diferencia. Con la introducción de los lobos, su número se ha reducido, y esto ha permitido el aumento de otros animales. Ahora tenemos un entorno más rico y diverso”.
La mañana con Dough estuvo muy bien. Fue un rascar donde no pica que resultó interesante.
Pero acompañar por la tarde al ranger Rick McIntyre durante su exploración diaria en busca de lobos, y escuchar algunas de sus historias acumuladas durante los 35 años que lleva siguiéndolos primero en Alaska y luego en Yellowstone, fue una experiencia memorable.
Lo que más impacta a Rick es la combinación entre extrema amistad dentro del grupo, y ferocidad con los invasores. Dice que “son como un equipo de fútbol. Forman grupos muy bien cohesionados. Se cuidan muchísimo entre ellos, cooperan con fines comunes… y defienden su territorio con gran agresividad contra otros grupos. Su mayor causa de mortalidad es entre ataques propios”.
Sus estudios están relacionados con la conducta social tan elaborada que tienen. “Esta mañana una manada aceptó a un individuo que venía de un clan diferente. Pero ese mismo grupo había matado a un intruso dos meses antes. Queremos entender por qué aceptan a algunos foráneos, y matan a otros.”
Rick observa muchas similitudes entre el comportamiento de lobos y humanos. Pero sobretodo, cuenta historias.

Historia nº1: La ternura de Wolf-21
“El lobo más famoso que tuvimos en Yellowstone se llamaba Wolf-21. Era un macho alfa enorme, el lobo más fuerte del parque. Era un cazador excelente, y podía luchar contra varios lobos a la vez. Un día, él sólo derrotó a 5 lobos que intentaban invadir su área. Pero cuando estaba con su familia y luchaba con sus hijos u otros machos del grupo, fingía que le derrotaban. Se dejaba ganar como forma de aprendizaje y cohesión social. Era encantador. No necesitaba imponer su respeto”.

Historia nº2: Rebelión en la granja
Por otra parte, varios años atrás teníamos a una hembra alfa muy agresiva con las otras hembras del grupo. Innecesariamente agresiva. Incluso con su madre, hermanas… pensamos que era porque llegó a ser una hembra alfa muy joven, y sentía cierta inseguridad en su posición. Durante muchísimo tiempo las otras se mantenía sumisas, no se revelaban contra sus ataques. Pero un día su hermana se enfrentó a ella. De golpe las otras hembras, que nunca habían mostrado ningún rechazo, se unieron al ataque y la mataron. Fue una reacción contra el poder injusto, una verdadera revolución.”

Historia nº3: ¿eres perro o lobo?
“Un lobo estaba pasando por malos momentos. No había comido en bastante tiempo, hacía frío, humedad… entonces se cruzó con un perro gordito, satisfecho, y la mar de feliz. Empezaron a hablar. El lobo le preguntó cómo era que le iba tan bien, y el perro de explicó que su amo le alimentaba cada día, le llevaba al veterinario, le daba cobijo… “es una vida muy confortable, deberías encontrar un amo que te cuide!”, recomendó el perro. “Oye, pues sí parece buena idea. Lo voy a hacer.”, contestó el deteriorado lobo... Pero entonces, vio algo alrededor del cuello del perro y le preguntó: “¿Qué es esto?”. “Es mi collar, donde mi amo engancha la cadena y me dirige por donde quiere. Forma parte del trato”. El lobo no dudó ni un instante: “Quédate con tu amo. Mi espíritu es libre. No quiero saber nada más”. Y se marchó.

¿Os sentís más perros o lobos?
Un apunte antes de contestar: Dough Smith explicaba orgulloso que la esperanza de vida de un lobo en Yellowstone es muy alta: 4 años. Uno de cada 5 lobos no supera el durísimo invierno en Montana, o las encarnizadas luchas entre grupos. Pero sí, son libres.

Pere Estupinya

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Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.
Ahora continúa desde Washington DC buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.
Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.

Pere Estupinya

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