Escrito por pestupinya
23 Oct 2009 - Enlace
¿Estás preparad@ para ver animales de laboratorio?
“¿Has padecido alguna vez lepra? Gracias a la investigación con animales, nunca lo harás”.
Éste es el mensaje del cartel fotografiado en Boston de la campaña “Research Saves”, cuyo objetivo es concienciar a la población estadounidense sobre la necesidad de la experimentación animal en biomedicina.
En EEUU sólo el 52% de ciudadanos se declara a favor de utilizar animales en investigación científica, quizás por las persistentes campañas de asociaciones como PETA o Human Society, que se oponen a cualquier tipo de investigación animal diciendo que sus resultados no se pueden trasladar a humanos y, aunque así fuera, no resulta ético matar un animal para salvar una vida humana.
Lo segundo puede ser discutible, pero lo primero rotundamente falso, y los científicos están empezando a contraatacar activamente con campañas como la de Research Saves. Pero esta es la versión light y educativa que exponen al público. En realidad, están muy indignados y en sus discusiones internas se muestran cada vez más agresivos contra las asociaciones protectoras de animales. Empiezan a pensar que la mejor defensa es un buen ataque.
“Los activistas por los derechos de los animales engañan a la gente”
Lo dice textualmente un editorial publicado hace pocas semanas en la revista Journal of Neuroscience.
“Sus tácticas son vergonzosas, ilegales, inmorales, y el gobierno de EEUU las ha etiquetado de terrorismo”, asegura otra editorial en la misma revista, que denuncia las agresiones físicas, coches incendiados, destrozos en hogares, y amenazas de muerte que científicos de la Universidad de California han recibido por parte de extremistas defensores de los animales. Algunos de estos activistas consideran moralmente justificable asesinar a un científico que “torture” animales, promueven la quema de laboratorios, y reclaman derechos legales idénticos entre humanos y animales.
Según los artículos de SfN las amenazas y ataques también se han perpetrado en otros estados, y sobre científicos que cumplían con todos los protocolos establecidos por los Institutos Nacionales de Salud de EEUU. Al principio se ensañaron con quienes utilizaban monos, pero ya han comenzado a agredir a investigadores que trabajan con ratones.
Independientemente de estos casos extremos, los investigadores se quejan de que la opinión pública está distorsionada porque a la población sólo le llegan mensajes falsos y exageradísimas imágenes sacadas de contexto.
Dicen que falta una información objetiva. Y aquí, atención, empiezan a culparse a ellos mismos.
En la editorial reconocen que no pueden continuar con su actitud pasiva. Deben empezar a explicar muy bien porqué necesitan trabajan con animales, y las fuertes restricciones que cumplen respecto a su trato. Pero además, algunos sugieren abrir sus instalaciones al público y dejarle ver cuál es la realidad de la investigación animal. Otros opinan que no estáis preparad@s para verlo.
Yo he visto un mono encadenado de pies y manos con un electrodo insertado en su cabeza.
Fue en un laboratorio de neurociencia, hace un año y medio.
La imagen es impactante, y la sensación inmediata es de pena hacia el animal. Sin embargo, tras unos segundos ves que su cara no expresa sufrimiento alguno, y que tras el experimento responde con cariño al investigador amigo que ha estado cuidándolo durante varios años.
Yo saqué mis propias conclusiones de la experiencia, pero por lo menos tuve la oportunidad de hacerlo viendo el proceso completo.
Pedí al investigador hacer una foto del mono encadenado. Se negó, porque estaba terminantemente prohibido. Dijo que ante una imagen así se les echaría la gente encima. Repliqué que esa era la realidad, y que mi tratamiento iba a ser objetivo. No hubo manera.
La situación se repitió casi idéntica en un laboratorio diferente hace unos pocos meses.
Muy bien, no hay problema. Yo no explico lo que vi en el laboratorio, pero entonces no os quejéis si a la población sólo le llegan imágenes extremas y distorsionadas. El secretismo es sospechoso, y no os favorece.
Muchos somos los que confiamos en vuestras palabras y estamos convencidos de la necesidad de la investigación animal, pero no nos pidáis que os creamos a ciegas. PETA no lo hace.
Abrir o no de verdad los laboratorios al público es una de las discusiones activas dentro del mundo de la ciencia.

Vicky y Miquel son dos neurocientíficos que realizan su investigación post-doctoral en el Picower Institute del Massachussets Institute of Technology (MIT) de Boston.
El estudio se ha publicado recientemente en la revista
En la actualidad existen muchos animales genéticamente modificados que se utilizan como modelo de enfermedades psiquiátricas y neurodegenerativas como el autismo, la esquizofrenia o el Alzheimer. La mayoría son familias de ratones a las que les han quitado un gen importante para el funcionamiento normal de las células, o en las que han introducido un gen con mutaciones específicas detectadas en familias humanas. Se utilizan preferentemente ratones, y no otras especies, porque los ratones son pequeños y fáciles de manejar, se reproducen muy rápido, y su anatomía y fisiología se conoce muy bien. La experimentación con estos animales pretende comprender mejor las causas que generan las enfermedades y permite probar posibles terapias.
La comunidad científica está haciendo un gran esfuerzo para crear modelos de enfermedades mentales en monos. Ahora hace un año, se crearon monos transgénicos con el gen de la enfermedad de 

Un ejemplo parecido es el de Eero Mäntyranta, campeón olímpico de esquí de fondo en el año 1964. Tiempo después de ganar su medalla se descubrió que tenía una mutación el receptor de la hormona EPO, hecho que le proporcionaba una cantidad de glóbulos rojos en sangre mucho más elevada de lo normal.
Por suerte dentro de un rato iré a tomar algo al lugar idóneo para repasar de forma inspiradora las enseñanzas de mi supermartes científico: el bar “The Miracle of Science”. Cuando leí su nombre y vi el menú escrito en una pizarra en forma de tabla periódica, supe que sería uno de mis lugares predilectos. Allí puedes encontrarte a una holandesa como Elke Scholten, que se pide un pastis (anís), le dice al camarero que le sirva el hielo aparte, y te exige que prestes atención. Pone el hielo en el anís, lo remueve, y empieza a explicarte su último