Escrito por pestupinya
19 Oct 2009 - Enlace
¿Cómo invertirías mil millones contra el cambio climático?
Pero antes, dejadme contaros dos de los momentos que más reflexión conjunta generaron.
Soy consciente de que prometí ir informándoos de manera contínua y explicar más anécdotas sobre la encerrona. Al final el tiempo se me echó encima, pero si tenéis cuestiones, esta vez prometo participar activamente en los comentarios.
Ya adelanto que finalmente sí corrió el vino pero no hubo aproximaciones que pasaran del flirteo entre los/las habitantes de la casa (qué raritos somos los human@s; porque ganas sí se percibían…)
¿Cómo invertirías mil millones de dólares?
Después de haber discutido en profundidad las implicaciones medioambientales y socioeconómicas del cambio climático, se nos propuso el siguiente ejercicio: “Imaginad que sois las Naciones Unidas, un gobierno, o una ONG, y tenéis mil millones de dólares –suena mucho pero no es tanto- para invertir en una acción concreta e inmediata frente al cambio climático. ¿Por donde empezaríais? ¿en base a qué criterios habéis tomado la decisión? Hablamos desde energías limpias a control demográfico; de intentar mitigar el cambio climático o de priorizar la adaptación a sus inevitables efectos en las regiones más vulnerables; de responsabilidad frente a los países en vías de desarrollo o de interés directo de los ciudadanos que te han votado. Propongo pensar en ello e intercambiar opiniones, pues el esfuerzo de ponderar tu decisión te posiciona frente a la complejidad del problema, y en definitiva esta “hoja de ruta” debería ser el acuerdo a llegar en la próxima Cumbre de Copenhague.
Interpretación arbitraria de estudios científicos
Bert Drake tiene 73 años y está a punto de jubilarse tras pasar los últimos 23 años estudiando aspectos relacionados con el cambio climático y el flujo de CO2 en los ecosistemas.
No está influido por ningún lobby, no tiene intereses económicos, ni presión alguna en publicar trabajos que le den notoriedad. Transpira objetividad en sus opiniones, y representa a la perfección al investigador que lee de manera crítica todos los estudios y saca sus conclusiones a partir de los datos científicos más fiables. Además de un sabio, es encantador.
Nos acompañó por una área al lado del río Rhode donde han instalado una especie de pequeños invernaderos estancos donde monitorean el crecimiento de plantas con 700ppm de CO2 en el aire; una concentración el doble de la actual y a la que se podría llegar en unas décadas si continuamos con el ritmo actual de emisiones. Bert Drake demostró ya hace tiempo que las plantas aumentan su eficiencia en tales condiciones, y crecen más rápido y más anchas. Pero el pasado abril presentaron un estudio más sorprendente: estos niveles elevados de CO2 también estimulan el crecimiento de raíces, la actividad biogénica en el subsuelo, la acumulación de materiales, y contribuye a la elevación del suelo de los pantanos.
El autor principal de la investigación, Patrick Megonigal, aseguró que este efecto podría compensar el futuro aumento del nivel del mar. “Sólo en algunas zonas!”, se apresuró a matizar Patrick, mostrando su disconformidad en que sus resultados y los de Drake hayan sido utilizados por algunas fuentes negacionistas para minimizar la gravedad de los efectos del cambio climático.
Ambos reconocieron que sus estudios añaden un grado de incertidumbre y muestran lo compleja que es la tareas de prever la reacción de los ecosistemas al cambio climático, pero no albergan duda alguna que el el fenómeno es real, sus consecuencias son muy preocupantes, y debemos empezar a hacer algo al respeto de manera inmediata.
Este último aspecto es el que discutimos con Bert Drake ya calentitos dentro de la casa del Gran Hermano. “Yo apuesto por la energía nuclear”, nos dijo al más puro estilo Lovelock. Drake duda de que logremos reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera, pero según él, la manera más efectiva a medio plazo es la energía nuclear. Ya hemos debatido esto en otros posts. En seguida tras sus palabras aparecieron otras: gestión de residuos, costes económicos, proliferación... Drake se encogía de hombros reconociendo que eran aspectos no solucionados, pero pensaba que no eran tan graves. (Pensaba… al final, por fuerza recurrimos a la valoración subjetiva). Es obvio que Drake no tiene ningún interés en defender la energía nuclear, pero he estado con científicos que tampoco lo tienen y aseguran lo contrario. Las incertidumbres reaparecen… y a pesar de ello, cada vez es más urgente tomar decisiones. ¿Cómo lo hacemos? Pues por doloroso que sea, dejando de lado el carácter inconformista de la investigación científica. No podemos esperar más a que la ciencia nos de la respuesta; toca apostar ya. Uno de los momentos más tensos de las jornadas se produjo el último día cuando un científico repitió consabido “el problema es que los políticos no nos escuchan”. “Claro que os escuchan!” repliqué; “pero no necesariamente están obligados a haceros caso. Ni que el cambio climático fuera el principal problema del mundo…”. Algunos científicos andan demasiado ensimismados en sus datos, y parece que vivan en una sociedad utópica donde la razón siempre pueda imponerse. Recordé las palabras a la BBC de Steven Chu (Premio Nobel de física, experto en renovables, y recién secretario de energía estadounidense): "Como alguien muy preocupado por el clima me gustaría ser lo más agresivo posible, pero sé que siéndolo generaríamos demasiada oposición, y eso podría retrasar el proceso varios años”. Esta estrategia no se puede medir en el laboratorio.
La única mejora que sugerí en mi hoja de evaluación de las jornadas del Earthwatch Institute fue que, además de oír a científicos repitiendo los datos de siempre, ahora llegaba el momento de escuchar a gobernantes, empresarios y gestores acostumbrados a saltarse la paralizante incertidumbre y tomar decisiones prácticas. No pueden/deben excusarse más. A ellos les debemos exigir medidas y un acuerdo definitivo sobre el cambio climático el próximo diciembre en Copenhague.


No pienses que tampoco hay para tanto. Los corales alojan al 25 % de especies marinas, y muchas más dependen de su riqueza biológica. Son imprescindibles para el ecosistema y la protección de las costas. La desaparición que ya están sufriendo en el Caribe afectará a la pesca, al turismo, y a la vulnerabilidad de las costas. Se esperan fuertes impactos medioambientales y económicos. 
En la foto, David Beerling no se parece a uno de esos científicos que se sientan cómodamente en su despacho con aire acondicionado para hacer correr en su súper ordenador el último modelo climático que incentivará la compra de coches híbridos, pero un poco sí lo es.
"Las plantas producen oxígeno mediante la fotosíntesis, proceso por el cual también generan su biomasa, hojas, tallos y raíces -aclara Beerling-". Cuando las plantas mueren, numerosos animales, bacterias y hongos celebran un festín que genera la descomposición y en el que se consume el mismo oxígeno que esas plantas habían producido. "Pero una pequeña fracción de biomasa vegetal producida anualmente no sucumbe a ese destino", dice Beerling. Esa pequeña fracción de biomasa se arrastra en forma de partículas por las cuencas de los ríos hasta acumularse en sedimentos en el fondo de los mares donde no llegan a descomponerse por la falta de oxígeno. Algo parecido ocurre en las zonas árticas, donde el frío reduce la descomposición y la biomasa se hunde en la costra terrestre bajo la tundra. Sólo una centésima parte del 1% de la producción anual de biomasa escapa a la descomposición. "Parece muy poco -observa Beerling-, pero si lo sumas a lo largo de millones de años, el resultado es oxígeno que se agrega a la atmósfera."
Los murciélagos son unos animales excepcionales. Son los únicos mamíferos que vuelan, y lo hacen con unas alas cuyo origen evolutivo es totalmente independiente a las de los pájaros.
Una vez localizada su presa, el vampiro busca una zona de la piel rica en vasos sanguíneos, los rasga con sus afilados incisivos, introduce un poderoso anestesiante y una proteína anticoagulante (ambos utilizados con fines farmacéuticos), y va chupando la sangre a medida que sale por la herida. Puede llegar a ingerir su propio peso en sangre. Cuando está harto, regresa a su guarida para digerirla y compartirla con sus compañeros que no han conseguido alimentarse. Éste es uno de los comportamientos que Ragde Sánchez destacó. Según los estudios realizados en La Selva, los vampiros son unos animales mucho más sociales de lo que se creía. Mueren si durante dos noches no comen nada, por esto se ayudan mutuamente. Se ha observado que las hembras regurgitan la sangre para ofrecerla a sus hijos, pero si es necesario, alimentan también a jóvenes con los que no tienen parentesco alguno, un comportamiento poco frecuente en la mayoría de animales.
Hillary Clinton apuesta por la ciencia. Es el único candidato que ha impartido un discurso específico sobre política científica. Cuenta con gran parte de la red de asesores de su marido, pero se esfuerza en matizar que los retos del 2008 son diferentes a los del 2002. Propone una inversión de 50 mil millones de dólares y un plan de trabajo concreto sobre energías renovables dirigido a eliminar el 80% de las emisiones de CO2 de aquí al 2050. También pretende doblar los 30 mil millones anuales del presupuesto de los Institutos Nacionales de la Salud, y aumentar los programas de la NASA. Es la que promete más. Tanto, que algunos dudan que pueda cumplir sus propuestas. Una de sus bazas más fuertes es el prestigio de los expertos en política científica que la rodean.
Uno de los objetivos de Barack Obama también es rebajar el 80% de las emisiones hasta el 2050. Pretende invertir 150 mil millones de dólares en el desarrollo de biocombustibles, algo por lo que ha sufrido algunas críticas. Los que han trabajado con él aseguran que siempre toma sus decisiones en función de “evidencias y hechos”, y una de sus máximas es “utilizar la investigación científica para hacer política pública inteligente” Quiere doblar el presupuesto dirigido a investigación básica, mejorar el acceso de Internet en zonas remotas, e invertir 18 mil millones de dólares en educación científica. Fue valiente al anunciar que este dinero lo sacará retrasando la exploración de Marte, y el programa de la NASA que pretende enviar una nave tripulada a la luna. Defiende la investigación en células madre y la aplicación de la ciencia en los retos de salud pública.
John Edwards propone terminar con la “anticiencia” que ha practicado G.W. Bush. También incrementará los presupuestos para la investigación científica. Trabajará para conseguir una Internet universal de bajo coste, defiende sin miedo la inversión pública en células madre que incluya transferencia nuclear, y habla de un sistema de salud universal respaldado por el gobierno. En temas energéticos se opone tanto a la energía nuclear como a cualquier combustible fósil. Financiará la investigación en nuevas tecnologías solares, eólicas y biocombustibles.
Rudolph Giuliani tiene fama de pragmático y de ser un enamorado de las estadísticas. En Nueva York creó un sistema para analizar estadísticamente los crímenes de la ciudad y tomar decisiones policiales a partir de ellos. Propone diseñar nuevos modelos para temas de salud, energía y educación. Paradójicamente, se le acusa de cometer un grave error durante su campaña en la interpretación de las estadísticas sobre cáncer de próstata. En temas energéticos propone potenciar las fuentes internas de US como el carbón, energía nuclear, etanol y renovables. Opina que el calentamiento global es real, pero no tiene propuestas concretas al respecto. Se muestra abierto a la posibilidad de investigar con células madre embrionarias.
Durante un debate nacional Mike Huckabee afirmó sin reparos que él no creía en la teoría de la evolución. Se opone a la investigación con células madre embrionarias, y defiende la enseñanza de los 10 mandamientos en la escuela. Ha prometido que realizará enmiendas constitucionales para prohibir el aborto y el matrimonio homosexual. Durante su pasado político hizo una destacable labor expandiendo la cobertura de salud pública y educación entre las clases más pobres. Los temas sanitarios son importantes para él, y es un ferviente defensor de la prevención. Sí que se muestra preocupado por temas medioambientales, ya que “nuestra responsabilidad frente a Dios es ser buenos guardianes de esta Tierra”.
Para John McCain el cambio climático es, junto a la inmigración y la guerra de Irak, uno de los tres problemas más urgentes a abordar. Lo equipara a una cuestión de seguridad nacional, y considera vergonzosa la política de Bush en este aspecto. Según las personas que le han conocido, es alguien que se rodea de expertos, les escucha atentamente, y confía en su opinión. Se opone al aborto. Deja la puerta abierta a la investigación en células madre embrionarias siempre que no impliquen transferencia nuclear. En 2005 manifestó que no consideraba negativo enseñar en colegios las diferentes teorías sobre la creación del mundo, pero el año pasado dijo que “probablemente” el creacionismo no debería impartirse en las escuelas.
Mitt Romney se opone a la investigación en células madre embrionarias y duda del papel que ejercemos los humanos en el cambio climático. A pesar de eso, es un claro impulsor de la investigación científica y aprecia los beneficios que ésta aporta a la sociedad, sobre todo en cuanto a desarrollo económico. Promete incrementar el presupuesto en educación y estimular la enseñanza de matemáticas y ciencia en las escuelas, donde considera que no debe constar el diseño inteligente. La economía está muy por delante que el “controvertido “cambio climático. En temas energéticos habla de alguna iniciativa valiente y a largo plazo que signifique una revolución en nuestra era, equivalente a la llegada del hombre a la luna o el Manhattan Project.
A Fred Thompson la ciencia le interesa poco. No sabe nada de ella ni le importa. Son famosas sus metidas de pata en asuntos científicos. Según él, la reprogramación de células madre epiteliales se consiguió gracias a no investigar con células madre embrionarias. Considera que mientras no estemos seguros de por qué hay un cambio climático, no tienen sentido reducir el CO2. En un programa de radio dijo: “pocos planetas de nuestro sistema solar se están calentando. Y ni Marte ni Júpiter firmaron Kyoto”. Gracias a sus comentarios ha recibido calificativos que van desde desde “desinformado” a “ridículo”.
John P. Holdren