Escrito por pere-estupinya
05 Nov 2008 - Enlace
Voluntarios por Obama; El dinero reduce la satisfacción
Anoche celebré en Washington DC la victoria demócrata rodeado de voluntarios de “DC for Obama”, muchos de los cuales han invertido gran cantidad de tiempo y esfuerzo sin ningún tipo de recompensa económica a cambio.
La pregunta que os planteo es: ¿creéis que si esa tarea hubiera sido remunerada se habrían alistado más voluntarios? ¿o su dedicación hubiera sido más intensa?
Si reflexionamos primero utilizando parámetros exclusivamente “racionales”, la respuesta debería ser sí: todo aquel que esté convencidísimo de querer luchar de manera activa por Obama lo hará igualmente, tanto si cobra como si no, pero quizás haya algunos indecisos a los que un pequeño incentivo económico hará que se decidan. En todo caso, podría ser también una justificación añadida para trabajar con más dedicación...
Este sería el razonamiento utilizado si los responsables de decidir pagar o no a los voluntarios hubieran sido economistas de la corriente más neoclásica, la que asume que los humanos somos homo economicus que calculamos “racionalmente” y de manera egoísta los beneficios y costes que derivan de nuestras decisiones. Probablemente porque ellos sí utilizan un planteamiento analítico a la hora de valorar “objetivamente” cuantos voluntarios necesitan, cuál sería el gasto de pagarles a todos, si valdría la pena o no…
En cambio, si le preguntamos a un psicólogo experto en el campo de la economía conductual (behavioral economics), nos advertiría de que a veces las emociones juegan un papel mucho más importante que la razón en la toma de decisiones, y la idea del homo economicus construida por los economistas neoclásicos es una verdadera falacia. No somos maximizadores racionales de beneficios. Introducir un premio económico puede reducir la satisfacción que sientes por tu entrega, ya que “inconscientemente” compite con los motivos intrínsecos por los que participas como voluntario.
De hecho, durante un estudio realizado en Suiza observaron que los voluntarios que colaboraban sin cobrar en un proyecto determinado, dedicaron más horas por semana que aquellos a los que se les donaba una pequeña cantidad de dinero.
El efecto contrario también existe: en una guardería de Israel estaban preocupados porque varios padres solían llegar tarde a recoger a sus hijos, y decidieron poner pequeñas multas simbólicas pensando que eso disminuir los retrasos. Sorprendentemente, no sólo más padres empezaron a llegar tarde, sino que además se demoraban más tiempo. El dinero pagaba el sentimiento de culpa por tener a tu hijo esperándote.
Porque señores, volviendo al asunto de los voluntarios, aunque algunos modelos económicos anticuados no lo predigan, la satisfacción por el altruismo sincero existe de verdad! Y si alguno todavía no se lo cree, que piense en la siguiente situación: llamáis a un buen amigo para invitarle a él y a su pareja a cenar en vuestra casa, simplemente porque hace tiempo que no le ves y te apetece charlar con ellos. Acepta encantado, pero dice que te pagará 15 euros por la comida. ¿aceptaríais? Claro que no!, a pesar de que “racionalmente” sí tenga sentido. Y en caso que insistiera hasta el extremos de no poder rechazarlo porque “él se sentiría mejor así...” ¿pondríais más esmero en la elaboración de la cena?
Podéis pensar que no es lo mismo, pero os aseguro que para algunos voluntarios por Obama con los que estuve ayer, no es tan diferente.
Sirva este sencillo post como introducción a uno venidero sobre una conferencia de behavioral economics impartida por Dan Ariely, y para transmitiros la extrema alegría e ilusión que se manifestaba y contagiaba anoche por las calles de Washington DC, por tantísima gente para la que el dinero y el beneficio propio no era su principal prioridad.
