Apuntes científicos desde el MIT

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Escrito por pestupinya

05 Jul 2009 - Enlace

De copas por la teoría de la evolución de Wallace

Asistes en el Museo de Historia Natural de Londres a la recepción de gala de la conferencia de periodistas científicos que estás atendiendo.
A la que te despistas, tu estómago está lleno a partes iguales de canapés y vino que empieza siendo regular y termina siendo bueno. Son las 21:15 y alguien te avisa del inicio del tour por la exposición de Darwin a la que te habías apuntado. No parece ser el momento más adecuado, pero te diriges expectante a ella todavía copa en mano. Por algunos mecanismos misteriosos tu sensación de lucidez ha aumentado y la vergüenza disminuido, y tras las explicaciones más bien extensas sobre los 20 millones de plantas e insectos que tendrá la espectacular segunda fase del centro sobre Darwin que se inaugurará el próximo septiembre en este Museo londinense que se revela como un gran centro de investigación además de exposición, y las preguntas rebuscadas del típico personaje persiguiendo más notoriedad que respuestas, te acercas sigiloso a la guía y le dices “¿Pero era Darwin un tipo feliz?”
Te mira con cara de “de donde ha salido éste…”, pero tras leer de reojo “Knight-MIT ” en la acreditación que cuelga de tu cuello, y observar el piloto rojo encendido de la grabadora de voz que tienes en tu mano con la misión de generar la seriedad que no ofrece tu cara, responde: “es difícil de decir… tanto él como su esposa venían de familias ricas y tenían una vida acomodada en una casa preciosa. Se podría decir que eran felices, pero Darwin sufría bastantes molestias por la enfermedad que arrastraba desde su viaje con el Beagle (creemos que era Chagas, pero no es seguro), y sobre todo, tenía momentos de intranquilidad porque la teoría que estaba desarrollando le hizo pasar de ser una persona creyente a perder su fe en que algún Dios hubiera creado a los seres vivos sobre la Tierra tal y como describían las escrituras bíblicas”.

- ¿era realmente muy religioso en su juventud?
- Si, si… se había preparado para ser clérigo, pero terminó siendo antirreligioso y yendo a pasear los domingos mientras su familia estaba en misa…
- ¿es verdad que su mujer le impedía publicar su teoría de la evolución por selección natural para evitar que fuera al infierno?
- Aquí hay un poco de mito. Es cierto que su mujer era muy religiosa. Sin duda era una fuente de conflicto, y a menudo le mostraba su preocupación de que ella iría al cielo y Darwin al infierno. Pero el principal motivo por el que Darwin tardó tantos años en publicar su teoría no era el miedo a las connotaciones que tenía, como muy a menudo se dice, sino el trabajo constante en pulir detalles para hacerla más consistente.
- Hasta que vio que Wallace se la iba a pisar!
- Exacto! El también naturalista Alfred Russell Wallace descubrió por su cuenta el mismo mecanismo de la evolución por selección natural, y le envió una carta a Darwin para contrastarlo con él. Darwin se quedó muy preocupado, porque reconoció las mismas ideas en las que él había estado trabajando durante 25 años.
- ¿cómo reaccionó?
- Sus colegas le aconsejaron que publicara sus descubrimientos rápido, y en Julio de 1958 se presentaron en la Linnean Society de Londres los artículos conjuntos de Wallace y Darwin.
- ¿y seguro que Darwin no había aprovechado la información recibida de Wallace?
- Bueno… se dice que efectivamente Darwin podría haber copiado algunas ideas de Wallace… En esos momentos ambos eran muy famosos. Al año siguiente todo cambió con la publicación de “El Origen de las Especies”, y Darwin tomó todo el protagonismo. Pero Wallace merece más reconocimiento. Él fue el codescubridor de la teoría de la evolución.
- ¿Uno conflicto entre ellos?
- No, no… se llevaban muy bien. Wallace era bastante más joven y sentía un profundo respeto por Darwin, e incluso llegó a nombrar el mecanismo de la selección natural como “darwinismo”. Pero debería haber solicitado más consideración para él mismo. No es la teoría de la evolución de Darwin, sino la teoría de la evolución de Darwin y Wallace.

- buen final... Ah! Por cierto, ¿cómo es que todavía hay tantas personas que no creen en la evolución?
- Eso es en EEUU, aquí en UK somos más ilustrados. (“enlightened” es el término que utilizó mostrando una de las características de la personalidad inglesa…)
- Bueno… según un estudio del British Council para el proyecto “Darwin Now ” que nos presentaron ayer en la conferencia, el 23% de los londinenses rechazan la evolución y creen en el creacionismo entendido como que “la vida en la Tierra fue creada por un Dios y siempre ha existido en su estado actual”.
- No puedo creerlo…
- Yo tampoco…

Termina el tour y continúa la fiesta, pero la semillita de las dudas sobre Wallace queda sembrada en algún rincón de mi cerebro.
A la mañana siguiente tengo la suerte de encontrarme con la biblioteca científica Mercé Piqueras , que pocas semanas antes había escrito un muy recomendable artículo sobre Emma Darwin . Le retransmito mis recuerdos de la conversación, y me dice que “si, hay discusiones constantes entre pro-Darwin y pro-Wallace... Es cierto que ambos llegaron a las mismas conclusiones de manera independiente, y las publicaron por primera vez juntos en la Linnean Society. Posiblemente Wallace sí merece más reconocimiento, pero no hay duda que el primero en idear la teoría fue Darwin, y además la publicación de El Origen de las Especies fue el gran hito… De todas formas, a mi me interesa lo de Emma Darwin”. Mercé en su artículo explica que si bien es cierto que las convicciones religiosas de Emma podrían haber influido en Darwin para publicar sus resultados, suele pasar desapercibido el rol esencial que tuvo en el apoyo a Darwin como esposa y ayudante en sus tareas. Emma fue una gran mujer sin la que posiblemente Darwin no hubiera conseguido sus hitos. Nos quedamos con la reflexión de Mercé acerca de si la popular frase “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, se puede repetir de manera muy frecuente a la inversa…

Escrito por pestupinya

14 Feb 2009 - Enlace

7 eslabones perdidos de la evolución

El gran problema que tenía Charles Darwin cuando publicó “El origen de las especies por selección natural” era no poder demostrarla con fósiles de animales extintos que explicaran el paso de los peces a los anfibios, de los reptiles a los pájaros, o de los mamíferos terrestres a las ballenas.
Con motivo del 200 aniversario del nacimiento de Darwin, la revista National Geographic ha seleccionado los 7 fósiles que muestran las transiciones entre especies más relevantes hallados desde la publicación de su teoría de la evolución.

Tiktaalik
El pez que se preparó para colonizar la Tierra.
El Tiktaalik tenía branquias y escamas como cualquier otro pez, pero también algunas características de los futuros animales terrestres: un cuello flexible, costillas, pulmones primitivos; y sus aletas se habían convertido en extremidades con articulaciones y una especie de dedos que le permitía soportar su peso y caminar fuera del agua.
Un fósil de hace 375 millones de años que fue descubierto en 2004 en el Ártico canadiense representa el eslabón entre los peces y los primeros anfibios que se adentraron en el mundo terrestre.

Archaeopteryx
Un dinosaurio al que le salieron alas
En los últimos 20 años se han encontrado varios fósiles que demuestran que los pájaros descienden directamente de los dinosaurios, pero el primer resto fósil que lo sugirió fue éste encontrado en 1861, sólo dos años después de la publicación del Origen de las especies, y que fue utilizado reiteradamente como defensa de la teoría de Darwin.
Los huesos datados en 150 millones de años pertenecían a un animal idéntico a los dinosaurios, pero con cola, pelvis, articulaciones y brazos alados muy parecidos a los pájaros actuales.

Amphistium
El pez plano bizco
Una de las características de los peces planos modernos es que tienen los ojos asimétricos. Estos peces nadan como de lado, y sus ojos están desplazados hacia la parte de su cara que queda arriba (foto).
Pero todos los fósiles antiguos de peces planos que se habían encontrado hasta el momento tenían los ojos simétricos a ambos lados de la cabeza. Esta falta de ejemplares intermedios era uno de los argumentos utilizados por los partidarios del diseño inteligente para refutar la teoría de la evolución, asegurando que los ojos no pueden cambiar de posición de la noche a la mañana. Cuando en el 2008 se encontró el Amphistium de hace 50 millones de años, cuyos ojos estaban a medio camino entre la posición actual y la de los peces planos más primitivos, los creacionistas empezaron a buscar otros “argumentos”…

Ambulocetus
El mamífero que regresó a los océanos
La transformación progresiva de los mamíferos terrestres a las modernas ballenas es una de las transiciones más bonitas de la historia de la evolución. Hay varias especies intermedias, pero el fósil de Ambulocetus descubierto en Pakistan en 1992 quizás es el más representativo. Se trata de un cuadrúpedo que vivió hace 50 millones de años con una cabeza muy similar a la de las ballenas, y cuyas palmas de manos y pies ya estaban adaptadas para nadar dentro del agua.
Darwin propuso que los osos podían ser los mamíferos que empezaron a surcar los mares hasta convertirse en ballenas, pero análisis genéticos recientes sugieren que sus antepasados fueron una especie de hipopótamos primitivos.

El niño de Turkana
En 1984 cerca del lago Turkana en Kenia se encontró el esqueleto de un niño cuyo cuerpo tenía una proporción parecida a la nuestra actual, pero su cabeza considerablemente más pequeña. Era un ejemplar de los homo ergaster que vivieron hace 1.6 millones de años. Para los expertos el niño de Turkana es quizás el fósil más intermedio en la evolución de la especie humana, ya que las especies de hominidos más antiguas se podrían considerar primates que caminan erguidos, y las posteriores son ya claramente muy próximos a nuestros ancestros directos.

Eohippus
El primer caballo
Cuando Darwin presentó su teoría de la evolución no pudo acompañarla con ejemplos claros de fósiles en los que se visualizara la transición de una especie a otra. Junto con el dinosaurio alado, el Eohippus (actualmente denominado Hyracotherium) descubierto en 1867 en el sur de Estados Unidos significó la primera gran prueba que respaldaba su teoría, ya que claramente se trataba de un eslabón entre algo parecido a un zorro y los caballos actuales.

Thrinaxodon
Medio reptil, medio mamífero
El Thrinaxodon vivió durante el período Triásico hace 245 millones de años, y es uno de los muchos ejemplos de especies con características mixtas de reptiles y mamíferos.
Todavía mantenía escamas y las hembras ponían huevos, pero ya poseía los bigotes exclusivos de los mamíferos, sangre caliente, y se cree que pelo corporal.
Para algunos científicos representa el estadio intermedio más representativo entre estos dos grandes grupos.

Escrito por pestupinya

02 Feb 2009 - Enlace

Sorry, Darwin: tu árbol de la vida no existe

Como regalo para su 200 cumpleaños el próximo 12 de febrero, algunos científicos llevan tiempo preparando una sorpresa a Charles Darwin: su sueño de llegar a construir un árbol de la vida que relacione el origen de todas las especies, nunca podrá ser realizado .
Y no por limitaciones técnicas, sino porque en realidad no existe.

En una de sus libretas Darwin dibujó un esbozo que representaba a la perfección su planteamiento sobre la evolución de la vida en la Tierra: las especies iban reproduciéndose y transmitiendo sus características físicas de generación en generación hasta que… flop! Nacía un individuo con algún rasgo considerablemente diferente. Si esto le permitía adaptarse mejor al entorno y tener más posibilidades de sobrevivir, la selección natural favorecía ese rasgo y al cabo del tiempo se establecía una nueva especie.
Cuando Darwin observaba la enorme diversidad de animales y plantas, pero al mismo tiempo constataba que todos compartían estructuras comunes, imaginó que estaba viendo las ramas de un árbol desde arriba, y que si fuera retrocediendo atrás en el tiempo vería cómo esas ramas brotaban unas de las otras hasta unirse en un tallo común que representaba el origen de todas las formas de vida terrestres.
De hecho, comparando meticulosamente las características de las especies que encontraba se podía intuir el grado de parentesco existente entre ellas, y con el tiempo llegar a reconstruir este maravilloso árbol de la vida.

No era una idea del todo nueva, pero cobró vigor gracias a la gran hazaña de Darwin: proponer un mecanismo natural que explicara la generación de nuevas estructuras biológicas sin recurrir a la figura de un creador. Una de las mayores revoluciones ideológicas de la historia.
La figura simbólica del árbol de la vida empezó a popularizarse gracias a representaciones como la de Haeckel (izquierda), que con más detalle y añadiéndole una dimensión artística situó sin reparos a los humanos justo por encima de los primates, como si fuéramos la cima de la creación pero al mismo tiempo reconociendo que nuestro origen no tenía nada de especial.

Muchísimos naturalistas empezaron a comparar grupos de animales con el objetivo de reconstruir el árbol de la vida, pero pronto apareció un serio problema…: Es fácil concluir que un conejo está más emparentado con una liebre que con un caballo, y los tres más que a una sardina, pero…. ¿qué hacemos con los microorganismos? Bacterias, hongos, amebas… nos parecen insignificantes, pero al fin y al cabo constituyen la inmensa mayoría de especies vivas sobre la Tierra. La idea de construir un árbol de la vida fidedigno se esfumaba; se podían establecer grandes grupos, pero era imposible diferenciar morfológicamente a la enorme diversidad de microorganismos que existían.

La genética aparece en escena
Sin embargo la ilusión reapareció en los años 70. La llegada de nuevas técnicas de biología molecular permitían comparar secuencias de ADN. Era fantástico! Mucho mejor que ir cotejando huesos, apariencias externas, hábitats… Poder comparar directamente el material sobre el que actuaba la evolución iba a ser la herramienta definitiva. Eliminaría errores y convergencias en diferentes momentos de la evolución… y permitiría incluir a los microorganismos!
Sólo se trataba de escoger secuencias de ADN que tuvieran la misma función en todas las especies, y analizar las pequeñas mutaciones que se habían acumulado a lo largo de millones de años. Cuanto más diferentes fueran dos secuencias de un mismo gen muy conservado, mayor sería la distancia evolutiva entre ellas.
Uno de los marcadores genéticos más exitosos fueron genes relacionados con los ribosomas, unos orgánulos intracelulares responsables de sintetizar proteínas. Son genes que prácticamente no han cambiado en miles de millones de años, y comparando pequeñas diferencias azarosas podemos averiguar cuan emparentadas están las especies.
De esa época el árbol más representativo fue el de Carl Woese , quien descubrió que no todas las bacterias eran bacterias. Algunas de ellas formaban parte de un grupo de microorganismos procariotas al que llamó arqueas. A pesar de su similitud, bacterias y arqueas constituían dos reinos completamente diferentes, que se habían separado en los primeros estados de la vida sobre la tierra.

Tal éxito, la rapidez con que mejoraban las técnicas de análisis genético, y el poder creciente de los ordenadores, hicieron que el sueño de completar el árbol de la vida resurgiera con fuerza.
Debido a su complejidad iba a ser imposible mantener el valor estético de árboles como el de Haeckel, pero sí se podrían lograr diagramas que representaran la relación evolutiva entre los grandes grupos de seres vivos (derecha).
Sin embargo, ya entrados los años 90 apareció un nuevo y quizás definitivo problema: al observar los genes de los microorganismos se vio que en realidad eran un pupurri de lo más incomparable. Las bacterias tenían genes provenientes de todos lados. Esa idea de que la información genética sólo se transmitían en el momento de la reproducción era completamente errónea, las bacterias se van pasando genes unas a otras en lo que los científicos llaman una transferencia genética horizontal.
Al principio los biólogos pensaron que este efecto era minoritario y quizás podría ser despreciable, pero a medida que iban afinando, sus resultados demostraban todo lo contrario: hay cepas de bacterias E.coli que comparten sólo el 40% de sus genes, y cada vez resulta más obvio que es imposible establecer una jerarquía evolutiva entre los organismos procariotas. Incluso en los microorganismos eucariotas se ha visto que procesos como la simbiogenesis obligan a sustituir la imagen del árbol ramificado por la de una especie de arbusto en la que sus tallos se van entremezclando constantemente.

Muchos investigadores como Eugene Koolin de la National Library of Medecine del NIH están comparando secuencias genéticas para entender cómo ha evolucionado la vida en la Tierra, pero durante la charla que mantuvimos en su despacho me dijo taxativo: “las especies microbianas son una colección de genes con diferentes historias y trayectorias evolutivas. El árbol de los animales puede ser un concepto válido... claro que se pueden realizar árboles de primates, o de vertebrados, o genealógicos entre familias, pero si somos estrictos considerando el global de los seres vivos sobre la Tierra, debemos aceptar que la historia de la vida no puede ser representada como un árbol. En los últimos años esta idea ha perdido todo su sentido. Lo que ahora construimos no son árboles, ni siquiera arbustos, sino redes como éstas…” y me mostró un ejemplo de en qué se ha convertido parte del sueño de Darwin.

Por suerte, aunque la ciencia esté convirtiendo al árbol de la vida en diagramas, esquemas y representaciones bastante asépticas, continuará inspirando a quienes quieran explotar su poderosa carga conceptual.

Escrito por pere-estupinya

13 Jul 2008 - Enlace

Darwin no explica el amor

Antes de nada quiero agradecer los comentarios tan amables de la entrada anterior , y disculparme de antemano porque he escrito un texto en tono de reflexión, en lugar de continuar en la línea fresca y desenfadada que algunos me pedisteis. Lo haré, de verdad.

Me tocó dividir en dos partes el post sobre ciencia y romanticismo porque experimenté una especie de esquizofrenia intelectual tras leer el extensísimo reportaje especial del TIME , el del NewScientist sobre oxitocina , y otros que hablaban sobre la perspectiva evolutiva del amor. Pasó que encontré mezcladas referencias a estudios que me gustaron muchísimo, con otros que me daban incluso repelús.
Y es que a veces cuela todo dentro del mismo saco y se echa en falta una cierta crítica científica. No me malinterpretéis; yo adoro la ciencia, nos aporta infinidad de beneficios, debería estar más presente en la toma de decisiones políticas e individuales, es la verdadera solución a algunos de los problemas que nos acechan, y creo que los científicos merecen más reconocimiento social del que reciben. Además, es una fuente continua de novedades, y dejarte llevar mentalmente por ella resulta tremendamente estimulante. Pero cuando algo te apasiona, también te vuelves más quisquilloso. No es una contradicción. Imaginaos a ese experto en vinos que disfruta como nadie con los caldos de calidad, pero que considera horrendo un vino que nosotros catalogaríamos de aceptable. Varias veces durante el Fellowship del MIT me he sentido una especie de sommelier científico, disfrutando desmesuradamente en ocasiones, pero siendo cada vez más meticuloso con ciertas investigaciones que no me complacían.
Y justamente uno de los campos que más incertidumbre me ha generado es la aplicación de la lógica evolutiva a la explicación de la conducta humana. Mi planteamiento humilde pero radical (y del que espero objeciones) es el siguiente: la famosa frase de Dobzhansky “Nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución ” se ha exagerado. No me malinterpretéis (II); evidentemente que además de nuestros cuerpos la evolución ha ido perfilando también nuestra mente para sobrevivir y dejar descendencia. Esto está por encima de cualquier duda. Pero cuando leo algunas de las historias que se escriben (incluido mías ), me parece desorbitado el peso que se le otorga a las condiciones en que vivieron nuestros ancestros.

Por ejemplo, no me creo que hoy en día los hombres decidamos con quien compartir nuestra vida fijándonos en pechos y caderas anchas que indiquen alimento para las crías, ni las mujeres en hombros fuertes que permitan a los hombres cargar más comida en sus viajes por la sabana africana… y argumentar que la versión actual de la espalda ancha es el coche deportivo que indica status económico me parece todavía más simplista. Los genes no saben qué es el dinero, y si alguien decide dar importancia a los recursos en la selección de pareja, no veo que sea por un condicionante evolutivo inconsciente.
Se dice que las mujeres son más fieles porque claro… ellas sólo pueden tener un hijo cada 9 meses y los hombres uno cada día. Y que evitan tener sexo en la primera cita porque sus genes les dicen que necesitan más garantías de compromiso. En la sociedad actual ya no tiene sentido.
Y todavía me convence menos que el amor esté programado para durar 4 años porque éste es el tiempo idóneo para colaborar con las etapas críticas del desarrollo del bebé. Esto no es ciencia ni es nada.

No niego que tengamos los mismos genes de nuestros ancestros y compartamos una predisposición a ser monógamos sucesivos, o a encontrar unos cuerpos más atractivos que otros. Mi opinión particular es que esto nos dice cada vez menos sobre la conducta del ser humano actual. Por lo menos de los que me rodean. Me da la sensación que la ciencia explica muy bien qué le pasa a un cerebro enamorado, pero la lógica evolutiva basada en la perpetuación de la especie queda tremendamente coja para justificar por qué nos enamoramos.

Lo que ocurre es que las coherencias evolutivas resultan muy sugestivas, y cuando las explicas siempre generan un convincente “ah, claro”. Pero a veces les falta consistencia. Y no es una opinión aislada. En el potentísimo departamento de psicología de Harvard, con nombres como Pinker , Daniel Gilbert , Marc Hauser... investigan diferentes aspectos de la naturaleza humana. Hacen sus estudios de forma muy rigurosa, sacan sus conclusiones, y luego las hacen cuadrar con en el pasado evolutivo. Parece como si esto sirviera para aprobarlas. Pues bien, Marc Hauser hace lo propio con sus interesantísimas investigaciones sobre moralidad. Por eso me sorprendió muchísimo leer un escrito suyo titulado “Los límites del razonamiento darwiniano”, en el que aparecían frases como “En algunos asuntos específicos de la mente humana, he cambiado mi forma de pensar respecto al poder de la lógica darwiniana (…) He perdido la fe en el programa adaptativo para explicar o predecir algunos aspectos de nuestro pensamiento”.

Steven Pinker en su nuevo libro dirá que estamos en la época menos violenta de la historia. Esto se podría interpretar diciendo que un cerebro educado nos libera de nuestros condicionantes genéticos, y de alguna manera nos hace más libres.

Sé que la selección natural y sexual ha programado mis genes para concebir, que ellos me van indicando qué rasgos son atractivos, y que se ha inventado el amor para mantener la pareja unida. Nada en contra. Tenemos la confirmación química con las moléculas del primer post. Ahora bien, que esta programación inicial guíe a ciegas mi comportamiento, y sobretodo pueda explicar de quien me enamore o por qué, no lo creo.

Prometo continuar el tema de forma más entretenida. Tengo a mano muchísimos estudios la mar de curiosos. Por ejemplo la información química que se intercambia durante los besos, o una investigación que relaciona las propinas de las stripers con su ciclo menstrual. Las que estaban ovulando conseguían 70 dólares la hora, las que no 50$, y las que tenían el período 35$. Los autores argumentaban que segregaban menos feromonas. Puede ser. Otros dicen también que las feromonas sincronizan el ciclo menstrual de las mueres que pasan mucho tiempo juntas, porque evolutivamente era mejor que todas estuvieran fértiles a la vez y evitar que sólo una monopolizara la atención de los machos… Pues quizás…

Me duele criticar la ciencia, pero cuando quieres a alguien o algo (ciencia, cine, futbol, música..) y te defrauda, es difícil ignorarlo. Lo opuesto químicamente al amor no es el odio sino la indiferencia... Sin embargo he suavizado mi tono respecto lo que sentía el otro día cuando utilicé la exagerada palabra “patético”. Quizás habrá subido mi serotonina debido a que escribo desde Tortosa, mi pueblo, rodeado de familiares, amigos y jamón, e ilusionado en vísperas de una semana que empezará en Madrid, me llevará a Tarragona para participar en curso de verano de la URV , y terminará atendiendo al ESOF de Barcelona. Intentaré contaros todas las historias que pueda antes del regreso a los US.

Escrito por pere-estupinya

10 Ene 2008 - Enlace

Pasando un poco de los creacionistas

La visión que puedo tener desde Cambridge de algunos aspectos de la cultura estadounidense es poco representativa.
Nadie me ha confesado todavía que no cree en la evolución. Y sin embargo, según algunas encuestas la mitad de la población adulta de este país no acepta la teoría de Darwin.

Me cuesta horrores asimilarlo, pero son datos que aparecen hoy en una editorial de Nature, y que también nos ha mostrado el director del Museo del MIT John Durant, durante un curso que analiza el fenómeno del creacionismo en Estados Unidos desde un punto de vista histórico, científico y social.

No es mi intención entrar en el debate light entre Ciencia y Religión. Para muchas personas son compatibles; o al menos ocupan aspectos diferentes de sus vidas y no permiten que una interfiera demasiado en la otra. Cuestión de creencias, más que de ciencia. Pero otra historia es el creacionismo duro modelo US y el falaz diseño inteligente (ID), que reniega absolutamente de la teoría de la evolución. Esto sí que es una barbaridad.

El principal objetivo de estos fundamentalistas religiosos es disfrazar de científicas sus creencias para poder introducirlas en los programas curriculares de las escuelas públicas (las privadas que quieren ya lo hacen). Lo intentaron primero con el “Creacionismo científico”. Fracasaron. En la versión para las escuelas de su obra de referencia eliminaron todas las citas directas a Dios, pero no coló: En los ochenta un juez dictaminó que era obvio que el mensaje no era científico sino religioso. Luego se inventaron el diseño inteligente, parecido al creacionismo científico pero evitando cualquier dato que pudiera recordar al génesis bíblico. Nuevo fracaso. En la ciudad de Dover (Pennsylvania) varios padres de alumnos denunciaron al consejo de la escuela porque había incluido enseñanzas de ID. En 2005 el juez volvió a dar la razón a la biología. El ID no era parte de la ciencia, sino ideología religiosa.
(el pasado noviembre la cadena NOVA estrenó un fantástico documental sobre el proceso, que se puede ver online aquí)

De todas formas, es un tema muy vivo en US. Hay libros, artículos, webs, candidatos presidenciales que no creen tener un ancestro común con los otros primates, y aparece en las conversaciones a la menor oportunidad. Sin ir más lejos, el martes asistí a la presentación del libro “La mente en los mercados” de Michael Shermer, editor de la revista Skeptic y fundador de la Sociedad Escéptica que denuncia la pseudociencia y las explicaciones sobrenaturales. Su libro versaba sobre psicología en el mundo de la economía, pero durante la mitad de la charla habló sólo de creacionismo.

A mi este asunto me interesa desde un punto de vista sociológico, ya que es probablemente la mayor controversia actual entre la ciencia y un sector amplio de la opinión pública. Pero sinceramente, no tenía pensado escribir un post acerca del creacionismo. No quiero dar publicidad gratuita a algo tan nocivo, sobre todo cuando pensaba que en España no teníamos riesgo de infectarnos.

De hecho, cuando le dije a Boyce (mi director en el Fellowship) que asistiría a este curso, me contestó mostrando cierta resignación sobre lo que ocurre su propio país: “no te será muy útil en España…”. Sin embargo, me he enterado que en algunas ciudades españolas se están preparando charlas contrarias al Darwinismo, impartidas por líderes del ID. Se lo comenté ayer a John Durant, y no le extrañó. Tanto él como el editorial del Nature advierten que el creacionismo se empieza a expandir también fuera de US.

Yo tengo la impresión (es sólo una impresión) que este creacionismo extremo contrario a la evolución no cuajará en Europa. De todas formas me quedé pensando qué podríamos tener en cuenta de la experiencia en US, para frenarlo desde el principio.

Entre otras cosas recordé un artículo leído hace unos meses, que sugería a los biólogos no debatir con creacionistas. Muchos científicos que han analizado este problema, entre ellos Richard Dawkins, mantienen esta postura. Dicen que se debe hablar con políticos, educadores, universidades, periodistas, y explicar a la sociedad los fundamentos básicos de la evolución… pero no caer en la trampa de los creacionistas y evitar discusiones con ellos, sobre todo en los medios de comunicación. Motivos:

  • A veces los científicos pecan de ingenuos: creen que la razón es lo que se impone en un debate. Falso. En los debates públicos la capacidad oratoria es mucho más importante que las argumentaciones científicas. Y en eso, los creacionistas están muy bien entrenados.
  • Aceptar un debate puede dar la sensación que existe cierta controversia entre los científicos. No es cierto. Evidentemente quedan aspectos todavía no resueltos en la teoría de la evolución, pero para la comunidad científica el proceso evolutivo por selección natural es un hecho tan aceptado como que la Tierra da vueltas alrededor del Sol.
  • En 5 minutos un creacionista es capaz de dar una cantidad de desinformación que ningún científico podrá rebatir en 1 hora. Y en un programa de televisión van a disponer del mismo tiempo. Explicar bien la evolución requiere unas condiciones que no se suelen dar en la mayoría de programas.
  • Indirectamente se les está dando publicidad y ayudando a transmitir su mensaje. Para ellos el debate siempre termina en victoria, y con nuevos adeptos.

Se trata de no darles cancha. A veces es mejor no citar nombres, ni asociaciones, ni museos, ni flagelos. Ni tan sólo vale la pena entrar en su juego intentando rebatir sus argumentos.
Puede parecer una actitud arrogante, de presunción de certeza por parte de la ciencia. No lo consideréis así. Ya hemos dicho varias veces que la verdad tiene fecha de caducidad, y que la ciencia debe ser más humilde. No puede demostrar que algo sea cierto, sino sólo que sea falso. Pero tampoco es cuestión de ser tan inocentes y permitir que retrocedamos culturalmente sin oponer resistencia.

Pere Estupinya

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Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.
Ahora continúa desde Washington DC buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.
Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.

Pere Estupinya

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