Apuntes científicos desde el MIT

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Escrito por pestupinya

30 Oct 2009 - Enlace

El clima desde Miami Beach

Ayer mismo estaba en la playa de Miami con Daniel, y me preguntó: “¿te has fijado de donde viene la brisa?”. “Sí... Del mar hacia la tierra, como explicaste anoche en la introducción de tu charla sobre cambio climático”.

Este ingeniero químico murciano, master en gestión medioambiental, doctor por la Universidad de Manchester en ‘aerosoles, contaminación atmosférica y cambio climático’, y actual miembro del departamento de cambio climático de la división de Latinoamérica del Banco Mundial en Washington DC, continuó: “Ocurre así en todas las zonas costeras; el Sol calienta más rápido la superficie terrestre, hace que el aire caliente suba, y el más fresquito de mar venga a reemplazarle. Lástima que debamos regresar hoy, porque esta noche notarías el efecto contrario: la costa se enfría más rápido que el agua, y como consecuencia la brisa nocturna siempre es en dirección tierra-mar. ¿No te habías dado cuenta?”.

Disfruté de dos días en Miami, porque su activísimo Centro Cultural Español me pidió coordinar un ciclo de conferencias científicas en el que investigadores españoles consiguieran demostrar que la ciencia puede ser tan hermosa e interesante como el arte, la literatura, o el cine, y merezca formar parte de cualquier programa cultural.

El Centro se volcó en el proyecto, y la charla de Daniel Mira Salama encandiló a los asistentes. De ella, extraigo tres gráficos que merece la pena no olvidar.

Hasta los topes de CO2

Daniel señala el valor actual de CO2 en la atmósfera, y dice: “El registro instrumental es inequívoco. La concentración de CO2 en la atmósfera está aumentando de manera alarmante en todo el planeta. De no cambiar sustancialmente nuestro modelo de desarrollo, se podría duplicar el máximo histórico de los últimos 800.000 años. Esto tendría consecuencias devastadoras sobre el planeta”.

800.000 años es el registro de tiempo que los paleoclimatólogos han conseguido medir perforando los hielos de la Antártica y analizando las burbujas de aire atrapadas en sus diferentes capas. Como veis en la pantalla, ha ido fluctuando, pero en ningún momento de este período se pasó de 300ppm (una medida de concentración denominada partes por millón). Debido a la quema de combustibles fósiles ahora estamos en 380ppm, y se podría llegar a 700ppm antes de finalizar el siglo.

2ºC de aumento, como mínimo

En esta imagen Daniel muestra el rango de aumento de temperatura global que sufriremos en las próximas décadas, según diferentes escenarios (colores). “El consenso científico es que aun parando de golpe todas las emisiones, la temperatura global del planeta aumentará todavía un mínimo de 2 grados centígrados respecto la de 1990. Los escenarios más pesimistas (seguir con el ritmo actual sin controlar emisiones de gases de efecto invernadeo) indican subidas de temperatura de hasta 6 grados”.

Durante su charla mostró otra fotografía (abajo) impactante por dos motivos: 1- la estrechísima relación entre aumento de CO2 y temperatura a lo largo de la historia. 2- La diferencia de temperatura (medida en la Antártica) entre los períodos de glaciaciones y los más cálidos de los últimos 400.000 años es de escasos 10ºC.

EEUU debe ser el primero en actuar

Más impresionante todavía: los valores de emisiones per cápita.

“Las responsabilidades no están equitativamente distribuidas. Como media el ciudadano estadounidense es el que más CO2 emite del mundo, y con abismal diferencia”, explica Daniel señalando un mapa en que una flecha negra distingue la discreta posición de España.

La conclusión es obvia: Sin duda todos los países industrializados deben procurar disminuir sus emisiones. Pero quien está éticamente obligado a empezar y de manera enérgica es EEUU. La cumbre de Copenhague se prevé tensa, pues cualquier acuerdo al que se llegue sólo será efectivo si EEUU reconoce su nefasta situación actual, su responsabilidad acumulada, y se compromete a actuar.

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Buenas noticias! Daniel Mira se ha convertido en un nuevo fichaje del blog. Dentro de poco empezará a hablarnos de cambio climático, y de sus futuros viajes por Perú, Bolivia, Ecuador, los Andes tropicales, o islas del pacífico como Santa Lucía, las Granadinas o Dominica. Desde allí nos explicará qué problemas medioambientales y socioeconómicos están sufriendo estos países a consecuencia del calentamiento global, y sobre todo, los proyectos de adaptación en que está trabajando para minimizarlos. Esperamos con ilusión su primera entrega sobre Dominica, y cómo hacer que no les toque retirar el loro de su bandera.

Escrito por pere-estupinya

17 Ago 2008 - Enlace

Cambio Climático: Escépticos depende, deniers no

El escepticismo en ciencia es bueno.
Más que bueno; es necesario.
Más que necesario; es un requerimiento, una obligación de cualquier persona que pretenda observar el mundo desde una perspectiva científica.
Por eso, en el post donde criticaba a los que niegan la existencia de un cambio climático provocado por la actividad humana no cité a los escépticos (un término y actitud intelectual que respeto) sino a los deniers (un término y actitud intelectual que repruebo).
Los deniers son personas cuyo escepticismo se ha ensuciado de ideología, y mantienen una postura dogmática y activista en contra del cambio climático. Cada denier tiene sus razones no científicas para ello.

Aquí no decimos que, sin lugar a dudas, el calentamiento global vaya a desembocar en una situación catastrófica. Ni negamos que haya incertidumbres por resolver todavía. Nadie dice que el dióxido de carbono sea el único responsable, ni que los modelos climáticos sean perfectos, ni que sepamos con certeza cómo reaccionará la naturaleza a un posible aumento de la temperatura.
Pero sí creemos en el mensaje básico que la inmensa mayoría de investigadores nos llevan diciendo desde hace años: la actividad humana es responsable de un cambio inusual en el clima, y en un mundo con cada vez más demanda energética, si no nos esforzamos en reducir la emisión de gases de efecto invernadero, las consecuencias a medio plazo pueden ser graves.
Ir contra corriente es tentador. Aquellos que deseen mantener una posición escéptica y desconfiar del consenso científico siempre encontrarán algún fleco por donde alimentar su inconformismo. Pero también deben considerar las peligrosas consecuencias paralizantes que pueden conllevar sus acciones.
Si las dudas en la opinión pública sirven como excusa a los gobiernos para retrasar las acciones destinadas a mitigar el cambio climático, y al final resulta que tenía razón la casi totalidad de expertos que está advirtiendo de sus posibles consecuencias, quizás habremos reaccionado demasiado tarde.
Las decisiones políticas no se toman bajo certezas incontestables. Quizás el virus de la gripe aviar nunca mutará a una cepa que sea letal y a la vez contagiosa entre humanos, pero como sí es posible, debemos confiar que la OMS esté invirtiendo dinero y esfuerzo en prepararse por si llega el momento de evitar una pandemia. En el caso del calentamiento global, no podemos permitirnos la insensatez de esperar a ver qué ocurre.

Durante mi estancia en el MIT y Harvard he conversado con muchos expertos en cambio climático. Muchos. Uno de los más reconocidos me confesó en privado: “Yo soy de los que en su momento recomendó al presidente de US no cumplir Kyoto, porque los datos de que disponíamos entonces no eran concluyentes. Ahora son incontestables”. También asistí a la asignatura “Global Climate Change: Economics, Science and Policy” de Henry Jacoby , y a unas pocas sesiones de la del meteorólogo Kerry Emanuel (recomiendo esta extensa pieza ). He atendido a sesiones sobre periodismo y cambio climático en las que una conclusión era: “No confundamos al público dando voz a los deniers y promoviendo un debate interminable cuando en realidad ya no lo hay”. Recuerdo magníficos seminarios como el de John Holdren en Harvard (recomiendo también este artículo reciente ). En algunos de ellos se replicaba científicamente los argumentos más comunes utilizados por los escépticos. Yo escuchaba con una mente abierta, crítica y en absoluto crédula. Y lo confieso, al final quedé convencido.

A pesar de ello, no voy a incitar una discusión sobre los planteamientos específicos de los deniers. No creo que un blog como éste sea el lugar adecuado para hacerlo. Además, ya hay sitios que lo han hecho muy bien (de los más asequibles para el público general es este especial de NewScientist ). Y sobretodo, porque es contraproducente. Un denier entrenado está preparado para rebatir argumentos y generar confusión.

Insisto: no decimos que no haya puntos conflictivos a debatir. Existen bastantes. Una postura escéptica está justificada y es totalmente lícita. Siempre que no genere dudas paralizantes sobre el consenso científico de que debemos reducir la emisión de gases de efecto invernadero como precaución ante las posibles consecuencias del cambio climático. Entonces puede ser peligrosa e irresponsable.
Las discusiones sobre el calentamiento global no pueden ser tratadas de la misma manera que el debate genes vs entorno, la teoría de cuerdas, el futuro de la inteligencia artificial, la coexistencia de ciencia y religión, o las características de los homínidos que nos precedieron. En ocasiones toca posicionarnos y actuar, estemos plenamente convencidos o no.

John Holdren define 3 fases de escepticismo respecto al cambio climático. La primera fue el “no lo hemos provocado nosotros”, y es propia de un denier radical poco actualizado. La segunda, el “tampoco hay para tanto”, pertenece a un ciudadano acomodado del primer mundo al que no le afectarán directamente las posibles sequías, pandemias, menor rendimiento agrícola en países pobres, huracanes más intensos, condiciones climáticas extremas, o desaparición de especies. Y el que se sitúe en la triste tercera, el “esto ya no hay quien lo arregle”, que por lo menos no interfiera en los que sí pretendan intentarlo.

Pere Estupinya

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Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.
Ahora continúa desde Washington DC buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.
Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.

Pere Estupinya

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