Apuntes científicos desde el MIT

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Escrito por pestupinya

07 Nov 2009 - Enlace

Las novias reducen más mi estrés que yo el suyo

La bióloga Miriam Peláez nos ofrece una nueva entrega de las lecciones que más le han impactado durante su trabajo como editora científica del programa REDES de Televisión Española.
En esta ocasión, nos habla de unos experimentos que recomiendan a los chicos buscar apoyo en nuestras novias ante una situación de estrés, pero advierten a las chicas que para ellas es más eficiente recurrir a sus amigas.

Quién te ayuda mejor a combatir el estrés, por Miriam Peláez

¿Quién crees que te proporcionaría mayor efecto de apoyo antes de vivir una situación de estrés: tu pareja o tu mejor amig@?

Podemos contestarte: parece que depende de tu sexo.

De los experimentos que llevaron a esta conclusión y de otras muchas cosas relacionadas con el estrés nos habló en Redes la neurocientífica Sonia Lupien. Tuvimos la ocasión de disfrutar de su energía y de su contundente discurso cuando se acercó a Barcelona, invitada a las jornadas Estrés: naturaleza, consecuencias y cómo hacerle frente.

Los experimentos que describió Lupien fueron llevados a cabo por el equipo del psicólogo Clemens Kirschbaum, y se realizaron sometiendo a algunos voluntarios –mujeres y hombres- a una situación de estrés estandarizada que combina la falta de control y el sentimiento de amenaza por evaluación social, dos de los elementos característicos de cualquier escenario estresante.

El escenario consistía en una breve exposición frente a un serio tribunal, que realiza luego una serie de preguntas sobre aritmética al participante “a estresar”.

El detalle no importa. Es este test, como podía ser un enorme mamut acercándose al voluntario; al cerebro le da exactamente igual.

La situación de estrés en los voluntarios dura 10 minutos, y se desencadena de la siguiente manera: Cuando la información estresante llega al hipotálamo, alojado bien adentro en el cerebro, esta glándula desata la alarma provocando la liberación de adrenalina y cortisol en sangre. Se inicia entonces una súbita conmoción en el cuerpo: el afectado siente su corazón frenético intentando huir de la caja torácica, las glándulas del sudor segregan líquido sin control, el hígado ordena a gritos la liberación de glucosa en la sangre, no llega saliva a la boca, y las pupilas se dilatan en busca de luz y pistas que iluminen al cerebro. Además, mientras ocurren todos estos cambios, las funciones básicas como la reproducción, la digestión, o incluso el sistema inmune, se paralizan o se ven alteradas.

Antes del experimento, se informaba brevemente a los participantes sobre la situación de estrés que iban a soportar, y se les daba 10 minutos para “prepararse”. En ese tiempo podían traer a su pareja para que les apoyara. Tras medir los niveles de cortisol en la saliva, Kirschbaum y sus colegas observaron que los voluntarios hombres que habían recibido el apoyo de sus parejas femeninas, redujeron más su estrés que las mujeres que estuvieron con sus parejas masculinas justo antes de empezar la prueba.

El ensayo se rehizo, pero esta vez, la persona de apoyo durante el pre-estrés era el mejor amigo en el caso de los hombres, y la mejor amiga en el de las mujeres. Aquí el efecto relajante del apoyo social se invirtió: las mujeres eran ahora las más reconfortadas, al tener el soporte de su mejor amiga.

¿De dónde viene esa diferencia entre sexos con respecto a la ayuda psicológica frente al estrés? ¿Será cuestión de la mayor capacidad de empatía atribuida a las mujeres? ¿Influirán en algo las relaciones de competitividad que se establecen entre hombres? De momento no podemos contestar, pero vemos que ciertas personas de nuestro entorno pueden brindarnos un mayor soporte moral ante una situación de estrés.

El torrente metabólico que inunda tu organismo durante todo el episodio inesperado y amenazante de estrés es muy útil ya que te prepara para reaccionar: bien sea huyendo o atacando. Una vez fuera de peligro, las constantes vuelven a la normalidad y el cuerpo pone en marcha los mecanismos necesarios para reparar los posibles daños internos. Es un proceso natural que habita en los organismos complejos, con gran fortuna, desde hace millones de años.

El problema es que cuando se prolonga en el tiempo y cuando las situaciones que lo originan son tan diversas y numerosas como lo son en nuestra vida cotidiana, se puede convertir en un serio enemigo.

El estrés crónico, con todo el vaivén de hormonas que arrastra, acaba afectando al equilibrio físico y mental del individuo, dejando secuelas en la eficacia de la memoria, en la regulación del hambre y la saciedad, y en las defensas ante infecciones entre un largo etcétera de efectos negativos.

Para luchar contra el estrés debemos entender cuál ha sido su función en la evolución, qué papel tiene para nosotros hoy en día, y cómo actúan los mejores métodos que utilizamos con el fin de atenuarlo. No hay duda que el apoyo social es uno de los más importantes, y varias investigaciones demuestran que detrás de sus beneficioso se esconde de nuevo nuestra famosa oxitocina, la hormona clave en el amor, el afecto y la confianza.

- Miriam Peláez

Escrito por pestupinya

03 Nov 2009 - Enlace

El gen altruista: La evolución nos hizo bondadosos

Hace año y medio, cuando todavía residía en Boston, viví una de las situaciones más desagradables que recuerdo. Estaba tomando una copa en un bar cuando una examiga se acercó y me dijo ”te vi la semana pasada en ese evento del museo del MIT sobre ciencia para el tercer mundo”. “Ah, si!” respondí, ”Estuvo bien, no?”. Ella contestó algo parecido a:”fue interesante, pero a mi no me gustó, porque yo no creo que estemos obligados a ayudar a los países pobres. Cada uno que se cuide de los suyos”.

Os prometo que no estoy exagerando, más bien todo lo contrario. Por decoro voy a obviar las justificaciones posteriores al racismo, xenofobia y sexismo, espetadas por esa loca ante mi incrédula mirada justo antes de decir “Yo creo en el Darwinismo Social. La naturaleza nos ha hecho seres competitivos, que nos preocupamos por nuestro propio interés y el de la comunidad directa que nos acoge. En el fondo todos tenemos instinto egoísta, y defender lo contrario es una hipocresía. Mis nietos van a competir con los nietos de los países africanos”. Cuando oí “Darwinismo Social” me sulfuré. Dejé que terminara su frase, la miré directamente a los ojos, y le dije “no quiero hablar contigo nunca más”. Lo cumplí (incluso la borré de mi Facebook (1) ).

El Darwinismo social es una teoría pseudocientífica que pretende aplicar la lógica de la selección natural al funcionamiento de la sociedad. Asume que la “supervivencia del más apto” es algo positivo y a fomentar. El bien colectivo es una noción romántica; la evolución nos ha programado como seres competitivos preocupados por maximizar el beneficio propio, y todas las acciones altruistas que podamos observar dentro de una comunidad animal son en realidad un egoísmo encubierto, una estrategia para cohesionar el grupo cuando de esa manera resulte más exitoso sobrevivir.

Mi indignación con esa persona no era por pensar que no nacíamos con cierta programación genética maquiavélica, sino por utilizar el Darwinismo Social como justificación a ciertas lacras sociales, en lugar de fomentar que el progreso cultural sobrevenga a la codicia innata que pueda arrastrar nuestra especie. Pero de alguna manera, yo sí estaba asumiendo que nacíamos “malos”; que el altruismo verdadero era un bien adquirido, no genético.

Sin embargo, la semana pasada cayó en mis manos el recién publicado libro “The age of Empathy” (La época de la empatía) del primatólogo Frans de Waal, cuya tesis es: “Basta ya de creer que somos egoístas por naturaleza. ¡No lo somos! Las investigaciones en conducta animal llevan años sugiriendo que debemos cambiar este paradigma, y asumir que la evolución ha insertado la empatía y la solidaridad en nuestro comportamiento básico”.

Empatía es la palabra clave. Frans de Waal reconoce que la empatía surgió para que las madres cuidaran de sus hijos, y posteriormente se extendió a la cohesión de grupos sociales. Pero una vez instaurada en nuestros cerebros, pasó a ser un instinto que se manifiesta más allá del grado de parentesco. No vamos por ahí haciendo cálculos matemáticos de correspondencia genética para saber sobre quien debemos aplicarla. Simplemente, durante nuestro pasado evolutivo nos transformamos en seres bondadosos.

Obvio que tenemos un lado competitivo y otro social. De Waal explica que sus chimpancés se preocupan primero por el beneficio propio, luego por el de sus parientes, y finalmente por los componentes del grupo que le rodean. Pero esto no termina aquí de ninguna manera. En sus experimentos ha demostrado que la cooperación, el sentido de justicia, la aflicción, la empatía… se extiende mucho más lejos de la lógica egoísta-competitiva, y se puede observar incluso entre especies diferentes.

No es un razonamiento nuevo. Lynn Margulis lleva tiempo defendiendo la cooperación como un mecanismo más poderoso que la competencia incluso a escalas bacterianas, y libros como el Moral Minds de Marc Hauser sugieren que los valores morales forman parte intrínseca de nuestra naturaleza. Pero el cambio cultural es lento, y venimos de un siglo donde la cultura occidental ha estado promoviendo sistemas basados en la competencia. La asunción neodarwinista de que la selección natural nos hizo unos egoístas encubiertos está fuertemente instaurada, en parte gracias a obras muy influyentes como “el gen egoísta” de Richard Dawkins . Frans de Waal argumenta que no es así, en absoluto, y debemos empezar a cambiar de paradigma.

Conscientes que en el debate sobre la naturaleza humana hay más interpretación que pruebas irrefutables, la posición de De Waal parece acarrear una reflexión importante: No nacemos con un instinto codicioso y cruel que la sociedad deba corregir, sino con una profunda predisposición a la empatía y la solidaridad desinteresada que nuestras estructuras sociales no deben corromper.

(1)Hablando del caralibro… en varias ocasiones he recibido peticiones de crear una cuenta en Facebook para conocernos un poquito más, compartir enlaces, propuestas, o discutir entre amigos inquietudes científicas más allá del contenido específico de cada post.

Aquí nace el grupo “Apuntes Científicos desde el MIT” , dejando su destino en manos de mutaciones aleatorias y la más pura selección natural. Que sea lo que Darwin quiera…

Escrito por pestupinya

24 Jul 2009 - Enlace

Perros leales y gatos aprovechados (según la perspectiva evolutiva...)

La vertiente más pop-science de la psicología evolutiva dice que los aspectos más básicos de nuestra personalidad están inscritos en los genes y son consecuencia del entorno natural y social en el que sobrevivieron nuestros ancestros en los últimos centenares de miles de años.
Aunque los más deterministas suelan llevar este razonamiento a extremos casi cómicos, es indiscutible que a grandes rasgos, así es.
¿ocurrirá lo mismo con perros y gatos domésticos?
¿Estarán justificados evolutivamente los tópicos de que los primeros son leales y los segundos unos acaparadores que van absolutamente a su aire?
Según un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), la selección natural explica esto y mucho más.
Pero ojo! En el caso de los animales domesticados, debemos añadir otro factor a la ecuación: la selección artificial. Los humanos hemos dirigido a nuestra conveniencia qué vacas, cerdos, aves, caballos o perros sobreviven y dejan descendencia. ¿también los gatos? No al mismo nivel.

Empecemos por la domesticación del mejor amigo del hombre, que según el artículo de PNAS empezó antes incluso del desarrollo de la agricultura y el sedentarismo. Buscando restos de comida y cierta protección, los primeros lobos poco temerosos empezaron a acercarse a los asentamientos de cazadores recolectores ofreciéndose a cambio como centinelas nocturnos que avisaban frente a visitas indeseadas. Posteriormente nuestros antepasados los empezaron a utilizar como ayuda en sus labores de caza, y poco a poco los fueron domesticando. Primero seleccionando como acompañantes sólo a los que más se adaptaban a sus necesidades, y bastante más tarde decidiendo incluso con quien se iban a aparear.

(un inciso aquí recordando la conversación en Yellowstone con Douglas Smith , el considerado mayor experto del mundo en lobos. Dos cosas quedaron claras de esa charla: la lealtad e incluso sumisión que tienen los lobos hacia el líder de la manada, y la extrema cohesión de sus grupos sociales. Están dispuestos a compartir y arriesgar sus vidas por defender a cualquier miembro de su grupo, y al mismo tiempo atacar ferozmente a invasores aunque sean de su misma especie. Quizás tal lealtad quedó presente en los primeros lobos-perros que empezaron a identificarse como parte de un grupo que contenía humanos)

La domesticación de los gatos salvajes siguió caminos diferentes. Los análisis genéticos publicados en el artículo de PNAS demuestran que los gatos domésticos actuales son mucho menos diversos entre ellos de lo que lo son las distintas razas de perros, y que están mucho más cerca evolutivamente de los gatos salvajes de lo que están perros y lobos.
Los autores del artículo argumentan con ello y otras referencias arqueológicas que nuestra relación con los gatos empezó bastante más tarde, una vez los humanos ya vivían en asentamientos estables, y de una manera muy diferente a los perros.
Según los autores, las características iniciales de los gatos salvajes (solitarios y defensores individuales de su territorio exclusivo) los hacían poco aptos para la domesticación. Sin embargo en los primeros poblados con graneros, “corrales” y desechos abundaban las ratas, ratones, pájaros… comida fácil para los felinos y favor indirecto a los humanos. Durante mucho tiempo, la relación hombre-gato fue simplemente una tolerancia mutua, sin que interviniera en ningún aspecto la selección artificial. Convivencia sin pretensiones por ambas partes. Posteriormente en algunas culturas como la Egipcia se empezó a venerar a los gatos, pero según los datos genéticos del estudio no fue hasta una fecha muy, muy reciente que empezamos a lograr dirigir mínimamente con quien se reproducían.

Los autores del estudio dudan de la utilidad que tuvieron los gatos durante su proceso de domesticación, en el que la única característica importante que desarrollaron fue tolerancia a la gente. En la conclusión de su artículo dicen que el gato doméstico es el producto de 11 millones de años de evolución libre de hombres, 12.000 de selección natural compartiendo por interés nuestro hábitat, y sólo unos 200 en los que hemos empezado cierta selección artificial. Así opinan que la domesticación de los gatos no está completa todavía, y que no han superado su instinto de sentirse más unidos a los lugares que a las personas y ser unos acaparadores de nuestras casas.
Defensores de los gatos, podéis replicar.

Escrito por pestupinya

08 Jul 2009 - Enlace

Vida extraterrestre en el baño de un astrofísico, por Brunosan

Al astrofísico Bruno le conocimos hace unos posts cuando nos explicó sus investigaciones sobre el Sol en el Naval Research Laboratory de Washington DC.

Hace unos días me invitó a una fiesta en su casa, y mientras me explicaba lo último en cosmología y porqué el muy freak tenía un póster del Universo situado estratégicamente al lado de su inodoro, llegó Martin.
Tras unos segundos Martin, que no tiene formación científica alguna pero sí mucho interés, empezó a exclamar maravillas sobre lo interesante que le resultaba la ciencia, y que le encantaría saber mucho más sobre el Universo.

“Pues pregunta…” dijo Bruno.
“¿hay ovnis y extraterrestes entre nosotros?” contestó Martin…
No pude contener la risa al ver los ojos como platos del pobre Bruno… quien tras reponerse del shock contestó: “vida extraterrestre, e inteligente, es muy posible que sí haya. Pero muy lejos como para contactar con nosotros”.
Yo añadí: “Y no sólo debemos jugar con el factor distancia, sino también con el tiempo. Sería una gran casualidad que en los miles de millones de años de existencia del Universo vivieran justamente en este insignificante momento en que nosotros podríamos reconocerlos… Quizás sí hubo vida tecnológicamente más avanzada que la nuestra hace miles de millones de años, y ya se ha extinguido…”
“De eso no estoy tan seguro”, replicó Bruno. “Primero se tuvieron que formar las estrellas, fusionar los elementos químicos en su interior, esparcirse por el espacio, encontrarse en planetas, crear vida, dejar que evolucione… todo este proceso requiere un tiempo, la vida no puedo haberse formado tan y tan pronto…”

Espantamos a Martin, y convencí a Bruno Sánchez Andrade Nuño para que fuera otro fichaje del post, y que nos transmita periódicamente los ultimísimos avances y reflexiones en el campo de la cosmología en la sección “Apuntes astrofísicos desde el planeta Brunosan”.
Pero en su primera intervención… debería responder la pregunta sobre los extraterrestres, que es la que interesa a una gran parte de la población, y de paso si es posible cuando es lo más pronto que pudiera haber existido vida en algún rincón de ese Universo que Bruno tenía colgado de la pared de su baño…


Vida extraterrestre en el lavabo, por Bruno Sánchez Andrande Nuño

¿Podría una vida extraterrestre con miles de millones de años de ventaja tecnológica contactarnos? Esa fue la pregunta de Pere.

La respuesta que posiblemente daría un científico, redondeado al sí o no, es… no. No es esperable que nos vayan a contactar seres extraterrestres inteligentes. Hablar de estos temas involucra muchas ramas de la ciencia, con argumentos muy delicados y, en ningún caso, escalas fácilmente tratables. Incluso para aquellos que podamos entender mejor algunas de esas ramas involucradas, nos resulta difícil tener una idea global clara. Además, la obstinada tendencia social a lo pseudocientífico, magufadas o mitos urbanos ha convertido este tema en algo tabú, donde el optimista queda encasillado rápidamente en creyente de ovnis.

En este post intentaré dar una visión general de este problema, reconociendo su importancia y la fuente del optimismo que mucho tenemos de que sí existe vida extraterrestre, y de hecho puede que ésta sea inteligente. El optimismo no es un argumento científico pero, como trataré de argumentar los eslabones de la cadena lógica son muy holgados y dan mucho margen a la interpretación.

Creando los ingredientes de la vida

La física estelar puede aportar su grano de arena en este sentido. Para formar vida se necesita tener elementos atómicos (Oxígeno, Nitrógeno, Hierro, ... ) y éstos sabemos que se crean en el interior de las estrellas. Son las "cenizas" de la combustión estelar. Por tanto, hacen falta al menos una o dos generaciones de estrellas para tener suficientes materiales. Éstos además han de colapsar en tierras sólidas al abrigo de una estrella tranquila.
Después del Big Bang, hace 13 mil millones de años, hicieron falta unos 100 millones de años para que el universo se tranquilizara y permitiera a las primeras estrellas encenderse. Las estrellas duran típicamente entre mil millones y 10 mil millones de años, tras los cuales las nubes de elementos han de colapsar de nuevo para crear nuevos soles y, quizás una de cada 10, planetas. Este colapso puede durar unos diez millones de años. Además, estos planetas han de estar a una distancia cómoda, "habitable".

Como se puede ver, esta secuencia de sucesos sigue un curioso patrón, que se repetirá la mayoría de las suposiciones para llegar a la comunicación con vida inteligente extraterrestre. En todos ellos hay una incertidumbre o rango de valores. Cada paso puede requerir menos tiempo que la misma incertidumbre del paso anterior. Los optimistas pueden esperar un mensaje de vida inteligente en cualquier momento antes que los pesimistas piensan siquiera tener la generación de estrellas que crea los elementos.

De la tierra yerma a la vida espacial

Los ingredientes de la vida pueden estar colocados en el sitio correcto en el momento correcto. Lo que hace falta para que de ahí surja la vida, inteligente o no, es terreno desconocido. Existen varios experimentos y métodos propuestos, pero ninguno ha sido concluyente. Lo que si parece claro es que en nuestro caso no tardó mucho tiempo. Desde el punto de vista de la evolución de un planeta, nuestra Tierra no había acabado de aposentarse en un equilibrio cuando las primeras formas de vidas surgieron. Desde éstas al estado actual han pasado 4 mil millones de años. Durante este progreso el ritmo de la evolución ha sido cada vez más rápido . En esta carrera de improbabilidades mirar hacia el futuro es prometedor. Al Sol le quedan otros 4 mil millones de años de fase tranquila. ¿A dónde llegaremos entonces? En términos sociales nuestra carrera espacial ha sido un parpadeo. En términos evolutivos, los homo sapiens se volvieron inteligentes hace un momento. En términos estelares, el Sol no ha cambiado nada desde que la vida apareció en una mota de polvo (la Tierra) perdida en la distancia. En términos galácticos el Sol es una estrella del montón, de la tercera generación, que no ha acabado siquiera de dar su vigésima vuelta alrededor del centro galáctico.

La Universalidad de las cosas naturales

En esta minúscula mota de polvo que rodea al ordinario Sol nos preguntamos cómo de especiales somos. Sea como fuere, aquí en la Tierra rigen las mismas leyes naturales que en cualquier otro sitio. Y parece que existen millones de estas mismas motas de polvo. Esas mismas leyes pueden haber sido favorables en otro lugar, a cierta distancia de nosotros.
Hace unos años, el optimista Carl Sagan estimó que la distancia media entre "vecinos" es de 10.000 años luz. Aún en este caso enviar un simple pulso de luz, la máxima velocidad posible, tardaría este tiempo en llegar. Para entonces esa sociedad habría avanzado igualmente 10.000 largos años. El receptor, si está escuchando, habría de entenderlo y poder responder con suficiente potencia, y otros tantos años después, recibiría la respuesta. Todo esto suponiendo que ambos interlocutores sean de hecho capaces de desarrollar a tiempo la inteligencia de entender el mensaje.

La fuente de mi parcial optimismo parte de estas ideas. Si la improbabilidad concediere una oportunidad a la inteligencia, el resto es sólo cuestión de tiempo, muy poco tiempo en escalas geológicas. Tiempo para evolucionar, como nosotros. Tiempo para preguntarse por el Universo, como nosotros. Para descubrir las mismas leyes y las mismas galaxias. Otros nombres y otras unidades, pero las estrellas de su cielo se verán igual de intrigantes. Aventurarse, como nosotros ya hacemos, a buscar otros planetas. No lo veo descabellado. Nosotros ya hemos descubierto más de 300 planetas fuera del sistema solar. De hecho, ya somos incluso capaces de detectar la composición, temperatura y distribución de las atmósferas de algunos de ellos.

¿Hay vecinos en nuestra galaxia?

No parece imposible pensar que haya vida, ahora mismo, en algún otro lugar en nuestra misma galaxia. Y apurando el optimismo, que ésta pudiera haber evolucionado ya hacia la inteligencia. Este "ya" es en términos estelares, es decir con unos cuantos millones de años de incertidumbre. El rango que Carl Sagan estimaba la distancia entre vecinos es mucho menor que esto, por tanto no es imposible que vayamos a detectar vida "ahora". Desafortunadamente ese ahora es demasiado grande en términos humanos o sociales para que tenga algo de sentido práctico para nosotros. En última instancia, una vez obtenida la civilización inteligente, cabe preguntarnos cuánto puede durar ésta. En nuestro caso no hace ni 100 años que sabemos de la inmensidad del Universo y ya vemos que estamos poniendo nuestro propio planeta en peligro. Escenarios globales de mutua destrucción bélica, cambios climático, pandemias, ... Ser optimista respecto a la vida inteligente extraterrestre implica que la humanidad, como paradigma, pueda celebrar un lejano millardo de edad.

Platillos volantes y portales temporales

Para jugar a este juego de vida extraterrestre, inteligente o no, tenemos que poner ciertas normas. No sabemos si otras formas de vida son posibles, si se nos escapa alguna ley que permita viajes galácticos, o si existen agujeros espaciotemporales. El tiempo dirá qué maravillas, para nosotros impensables, nos descubrirán los científicos en los siglos venideros. De momento, juguemos con la reglas que conocemos, el resto no es más que ciencia ficción. Obviamente esto incluye pensar que seres verdes vienen a esta mota de polvo del Sistema Solar a abducir granjeros en mitad de la noche o construir casas en la Luna.

Y todo esto vino a cuento de un póster sobre el Universo que tengo puesto en la pared del baño, a modo de lectura para momentos de reflexión…

Escrito por pestupinya

05 Jul 2009 - Enlace

De copas por la teoría de la evolución de Wallace

Asistes en el Museo de Historia Natural de Londres a la recepción de gala de la conferencia de periodistas científicos que estás atendiendo.
A la que te despistas, tu estómago está lleno a partes iguales de canapés y vino que empieza siendo regular y termina siendo bueno. Son las 21:15 y alguien te avisa del inicio del tour por la exposición de Darwin a la que te habías apuntado. No parece ser el momento más adecuado, pero te diriges expectante a ella todavía copa en mano. Por algunos mecanismos misteriosos tu sensación de lucidez ha aumentado y la vergüenza disminuido, y tras las explicaciones más bien extensas sobre los 20 millones de plantas e insectos que tendrá la espectacular segunda fase del centro sobre Darwin que se inaugurará el próximo septiembre en este Museo londinense que se revela como un gran centro de investigación además de exposición, y las preguntas rebuscadas del típico personaje persiguiendo más notoriedad que respuestas, te acercas sigiloso a la guía y le dices “¿Pero era Darwin un tipo feliz?”
Te mira con cara de “de donde ha salido éste…”, pero tras leer de reojo “Knight-MIT ” en la acreditación que cuelga de tu cuello, y observar el piloto rojo encendido de la grabadora de voz que tienes en tu mano con la misión de generar la seriedad que no ofrece tu cara, responde: “es difícil de decir… tanto él como su esposa venían de familias ricas y tenían una vida acomodada en una casa preciosa. Se podría decir que eran felices, pero Darwin sufría bastantes molestias por la enfermedad que arrastraba desde su viaje con el Beagle (creemos que era Chagas, pero no es seguro), y sobre todo, tenía momentos de intranquilidad porque la teoría que estaba desarrollando le hizo pasar de ser una persona creyente a perder su fe en que algún Dios hubiera creado a los seres vivos sobre la Tierra tal y como describían las escrituras bíblicas”.

- ¿era realmente muy religioso en su juventud?
- Si, si… se había preparado para ser clérigo, pero terminó siendo antirreligioso y yendo a pasear los domingos mientras su familia estaba en misa…
- ¿es verdad que su mujer le impedía publicar su teoría de la evolución por selección natural para evitar que fuera al infierno?
- Aquí hay un poco de mito. Es cierto que su mujer era muy religiosa. Sin duda era una fuente de conflicto, y a menudo le mostraba su preocupación de que ella iría al cielo y Darwin al infierno. Pero el principal motivo por el que Darwin tardó tantos años en publicar su teoría no era el miedo a las connotaciones que tenía, como muy a menudo se dice, sino el trabajo constante en pulir detalles para hacerla más consistente.
- Hasta que vio que Wallace se la iba a pisar!
- Exacto! El también naturalista Alfred Russell Wallace descubrió por su cuenta el mismo mecanismo de la evolución por selección natural, y le envió una carta a Darwin para contrastarlo con él. Darwin se quedó muy preocupado, porque reconoció las mismas ideas en las que él había estado trabajando durante 25 años.
- ¿cómo reaccionó?
- Sus colegas le aconsejaron que publicara sus descubrimientos rápido, y en Julio de 1958 se presentaron en la Linnean Society de Londres los artículos conjuntos de Wallace y Darwin.
- ¿y seguro que Darwin no había aprovechado la información recibida de Wallace?
- Bueno… se dice que efectivamente Darwin podría haber copiado algunas ideas de Wallace… En esos momentos ambos eran muy famosos. Al año siguiente todo cambió con la publicación de “El Origen de las Especies”, y Darwin tomó todo el protagonismo. Pero Wallace merece más reconocimiento. Él fue el codescubridor de la teoría de la evolución.
- ¿Uno conflicto entre ellos?
- No, no… se llevaban muy bien. Wallace era bastante más joven y sentía un profundo respeto por Darwin, e incluso llegó a nombrar el mecanismo de la selección natural como “darwinismo”. Pero debería haber solicitado más consideración para él mismo. No es la teoría de la evolución de Darwin, sino la teoría de la evolución de Darwin y Wallace.

- buen final... Ah! Por cierto, ¿cómo es que todavía hay tantas personas que no creen en la evolución?
- Eso es en EEUU, aquí en UK somos más ilustrados. (“enlightened” es el término que utilizó mostrando una de las características de la personalidad inglesa…)
- Bueno… según un estudio del British Council para el proyecto “Darwin Now ” que nos presentaron ayer en la conferencia, el 23% de los londinenses rechazan la evolución y creen en el creacionismo entendido como que “la vida en la Tierra fue creada por un Dios y siempre ha existido en su estado actual”.
- No puedo creerlo…
- Yo tampoco…

Termina el tour y continúa la fiesta, pero la semillita de las dudas sobre Wallace queda sembrada en algún rincón de mi cerebro.
A la mañana siguiente tengo la suerte de encontrarme con la biblioteca científica Mercé Piqueras , que pocas semanas antes había escrito un muy recomendable artículo sobre Emma Darwin . Le retransmito mis recuerdos de la conversación, y me dice que “si, hay discusiones constantes entre pro-Darwin y pro-Wallace... Es cierto que ambos llegaron a las mismas conclusiones de manera independiente, y las publicaron por primera vez juntos en la Linnean Society. Posiblemente Wallace sí merece más reconocimiento, pero no hay duda que el primero en idear la teoría fue Darwin, y además la publicación de El Origen de las Especies fue el gran hito… De todas formas, a mi me interesa lo de Emma Darwin”. Mercé en su artículo explica que si bien es cierto que las convicciones religiosas de Emma podrían haber influido en Darwin para publicar sus resultados, suele pasar desapercibido el rol esencial que tuvo en el apoyo a Darwin como esposa y ayudante en sus tareas. Emma fue una gran mujer sin la que posiblemente Darwin no hubiera conseguido sus hitos. Nos quedamos con la reflexión de Mercé acerca de si la popular frase “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, se puede repetir de manera muy frecuente a la inversa…

Escrito por pestupinya

14 Mar 2009 - Enlace

Heredar experiencias: Algo de razón llevaba Lamarck…

Reconozco que me saltaba alguna clase, pero lo que me enseñaron durante la licenciatura de bioquímica fue que si mis genes decían que yo iba a ser delgaducho, por muchas horas que me pasara en el gimnasio la información que yo transmitiría a mis hijos eran unos genes de delgaducho.
Levantar pesas de manera regular podía cambiar la expresión de mis genes y hacer que terminara siendo un tipo bien musculado, pero eso no se reflejaba en la secuencia de ADN que contenía mis espermatozoides. Mi descendencia iba a recibir la misma información genética con la que yo nací. Insinuar que podía ser de otra manera, que caracteres adquiridos durante mi vida podían ser heredados por la siguiente generación, era un atentado contra los principios de la teoría evolutiva moderna.
Pues resulta que no lo era…

Hace un par de siglos varios naturalistas querían entender sin recurrir a fuerzas sobrenaturales el proceso por el que las especies iban cambiando poco a poco con el paso del tiempo.
Lamarck Lamarck postulaba que el cuello de las jirafas era cada vez más alto porque a base de forzarlo crecía ligeramente en cada generación, y eso se heredaba de padres a hijos.
Darwin en cambio proponía que en épocas de escasez de alimentos, las jirafas con cuellos altos tenían acceso a más hojas, y eran las que lograban sobrevivir y dejar más descendencia.

Durante un tiempo ambas teorías coexistieron. La selección natural de Darwin fue más exitosa, pero no había razones por las que negar un cierto grado de lamarckismo. Ambos mecanismos evolutivos eran absolutamente compatibles.

Pero años después, casi sin proponérselo un monje austriaco sentó las leyes de la herencia cultivando y cruzando meticulosamente diferentes variedades de guisantes. Gregor Mendel descubrió que había unidades de información individuales que se transmitían de generación en generación.
Cuando la selección natural de Darwin se fusionó con la genética mendeliana, y la biología molecular empezó a mostrar que dichas unidades de información eran genes compuestos por una larga combinación de A, G, T y C que se pasaba inalterada de padres a hijos, la idea de Lamarck quedó desterrada para siempre. Podían existir mutaciones e intercambio de genes, pero no había ningún mecanismo que explicara cómo la jirafa transmitía el esfuerzo de alargar su cuello a su descendencia. Era imposible.
Hasta el siglo XXI…

Los científicos saben desde hace tiempo que la información genética va mucho más allá de la secuencia de bases del ADN. En cada una de tus células hay un finísimo hilo de un metro empaquetado en un espacio de 0,01 milímetros. Esta cadena de ADN se enrolla con la ayuda de unas proteínas llamadas histonas. Modificaciones en estas histonas pueden hacer que un gen determinado se exprese más o menos. También hay otro proceso llamado metilación que puede silenciar o activar genes específicos en función de tus condiciones de vida. Es un proceso natural y necesario para que tu cuerpo se adapte al entorno que le toca vivir. Lo que los científicos no sabían hasta hace muy poco es que estos cambios pueden también reflejarse en las células germinales y pasar a la siguiente generación.
El cambio conceptual es profundo. Lamarck tenía parte de razón: Algunos caracteres adquiridos durante tu vida sí pueden ser transmitidos a tus hijos.

¿Evidencias? La planta arabidopsis es un modelo que lleva tiempo estudiándose en el que esta herencia epigenética está harto demostrada, pero quizás el ejemplo más espectacular es el de los experimentos con ratones agouti .
Una de las características de estos ratones agouti es que su color amarillento puede transformarse en marrón sólo con una dieta extremadamente rica en grupos metilo. La secuencia de su ADN no cambia en absoluto, pero la metilación de ciertos genes provoca un cambio de color que, y esto lo más sorprendente, es heredado por sus descendientes.

Es decir: el ratón nace amarillo, se hace más marrón debido a la metilación, y sus hijos naces marrones. Hace 10 años la inmensa mayoría de biólogos hubiera apostado por que serían amarillos de nuevo.

Muchos otros estudios han confirmado que estas modificaciones del ADN se pueden heredar. y nada hace a pensar que los humanos seamos una excepción. De hecho varios estudios epidemiológicos ya han demostrado que algunas enfermedades o condiciones adversas sufridas durante la vida de unos individuos pueden dejar huella mediante cambios en la expresión génica, cuyo origen no es una modificación secuencia de ADN. El más conocido es sobre la hambruna que sufrió suecia en el siglo XIX , y cuyos efectos se manifestaron durante varias generaciones.

El cambio de paradigma ya está establecido: lo que hagas en tu vida sí se puede transmitir por vía genética.
Falta esclarecer el grado en que esto ocurre, pero las repercusiones que puede tener esto para la teoría evolutiva son enormes. Entre otras cosas, permitiría explicar lo rápido que se han producido ciertos cambios evolutivos, sin necesariamente recurrir a las mutaciones en el código genético.

También tiene profundas implicaciones en temas médicos. Por ejemplo. se sabe que los alcohólicos suelen tener déficit de vitamina B12 debido a su malnutrición, una vitamina necesaria para la correcta y necesaria metilación del ADN. Como consecuencia, muchos alcohólicos están menos metilados de lo normal, un hecho relacionado con el cáncer de hígado y cirrosis hepática. No se conoce todavía, pero quizás sus hijos podrían heredar una cierta predisposición a estas enfermedades.

Hoy y mañana ando paseando por un congreso de epigenética (el estudio de la información genética que no tiene nada que ver con la secuencia de bases del ADN) que se está realizando en los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU en Bethesda, al lado de Washington DC.
A pesar de que yo me he centrado en la sorprendente confirmación de que las alteraciones epigenéticas son heredables, reconozco que el 99% del tiempo está dedicado a las implicaciones médicas de este campo de investigación emergente que lleva menos de 15 años explorándose; en 1995 se descubrió el primer caso de cáncer causado por la inactivación por metilación de un gen supresor de tumores.
Dedicaremos el siguiente post a la parte más biosanitaria, gracias a que por sorpresa me he topado hace escasas horas con el crack de la epigenética en España.
Continuará…

Escrito por pestupinya

02 Feb 2009 - Enlace

Sorry, Darwin: tu árbol de la vida no existe

Como regalo para su 200 cumpleaños el próximo 12 de febrero, algunos científicos llevan tiempo preparando una sorpresa a Charles Darwin: su sueño de llegar a construir un árbol de la vida que relacione el origen de todas las especies, nunca podrá ser realizado .
Y no por limitaciones técnicas, sino porque en realidad no existe.

En una de sus libretas Darwin dibujó un esbozo que representaba a la perfección su planteamiento sobre la evolución de la vida en la Tierra: las especies iban reproduciéndose y transmitiendo sus características físicas de generación en generación hasta que… flop! Nacía un individuo con algún rasgo considerablemente diferente. Si esto le permitía adaptarse mejor al entorno y tener más posibilidades de sobrevivir, la selección natural favorecía ese rasgo y al cabo del tiempo se establecía una nueva especie.
Cuando Darwin observaba la enorme diversidad de animales y plantas, pero al mismo tiempo constataba que todos compartían estructuras comunes, imaginó que estaba viendo las ramas de un árbol desde arriba, y que si fuera retrocediendo atrás en el tiempo vería cómo esas ramas brotaban unas de las otras hasta unirse en un tallo común que representaba el origen de todas las formas de vida terrestres.
De hecho, comparando meticulosamente las características de las especies que encontraba se podía intuir el grado de parentesco existente entre ellas, y con el tiempo llegar a reconstruir este maravilloso árbol de la vida.

No era una idea del todo nueva, pero cobró vigor gracias a la gran hazaña de Darwin: proponer un mecanismo natural que explicara la generación de nuevas estructuras biológicas sin recurrir a la figura de un creador. Una de las mayores revoluciones ideológicas de la historia.
La figura simbólica del árbol de la vida empezó a popularizarse gracias a representaciones como la de Haeckel (izquierda), que con más detalle y añadiéndole una dimensión artística situó sin reparos a los humanos justo por encima de los primates, como si fuéramos la cima de la creación pero al mismo tiempo reconociendo que nuestro origen no tenía nada de especial.

Muchísimos naturalistas empezaron a comparar grupos de animales con el objetivo de reconstruir el árbol de la vida, pero pronto apareció un serio problema…: Es fácil concluir que un conejo está más emparentado con una liebre que con un caballo, y los tres más que a una sardina, pero…. ¿qué hacemos con los microorganismos? Bacterias, hongos, amebas… nos parecen insignificantes, pero al fin y al cabo constituyen la inmensa mayoría de especies vivas sobre la Tierra. La idea de construir un árbol de la vida fidedigno se esfumaba; se podían establecer grandes grupos, pero era imposible diferenciar morfológicamente a la enorme diversidad de microorganismos que existían.

La genética aparece en escena
Sin embargo la ilusión reapareció en los años 70. La llegada de nuevas técnicas de biología molecular permitían comparar secuencias de ADN. Era fantástico! Mucho mejor que ir cotejando huesos, apariencias externas, hábitats… Poder comparar directamente el material sobre el que actuaba la evolución iba a ser la herramienta definitiva. Eliminaría errores y convergencias en diferentes momentos de la evolución… y permitiría incluir a los microorganismos!
Sólo se trataba de escoger secuencias de ADN que tuvieran la misma función en todas las especies, y analizar las pequeñas mutaciones que se habían acumulado a lo largo de millones de años. Cuanto más diferentes fueran dos secuencias de un mismo gen muy conservado, mayor sería la distancia evolutiva entre ellas.
Uno de los marcadores genéticos más exitosos fueron genes relacionados con los ribosomas, unos orgánulos intracelulares responsables de sintetizar proteínas. Son genes que prácticamente no han cambiado en miles de millones de años, y comparando pequeñas diferencias azarosas podemos averiguar cuan emparentadas están las especies.
De esa época el árbol más representativo fue el de Carl Woese , quien descubrió que no todas las bacterias eran bacterias. Algunas de ellas formaban parte de un grupo de microorganismos procariotas al que llamó arqueas. A pesar de su similitud, bacterias y arqueas constituían dos reinos completamente diferentes, que se habían separado en los primeros estados de la vida sobre la tierra.

Tal éxito, la rapidez con que mejoraban las técnicas de análisis genético, y el poder creciente de los ordenadores, hicieron que el sueño de completar el árbol de la vida resurgiera con fuerza.
Debido a su complejidad iba a ser imposible mantener el valor estético de árboles como el de Haeckel, pero sí se podrían lograr diagramas que representaran la relación evolutiva entre los grandes grupos de seres vivos (derecha).
Sin embargo, ya entrados los años 90 apareció un nuevo y quizás definitivo problema: al observar los genes de los microorganismos se vio que en realidad eran un pupurri de lo más incomparable. Las bacterias tenían genes provenientes de todos lados. Esa idea de que la información genética sólo se transmitían en el momento de la reproducción era completamente errónea, las bacterias se van pasando genes unas a otras en lo que los científicos llaman una transferencia genética horizontal.
Al principio los biólogos pensaron que este efecto era minoritario y quizás podría ser despreciable, pero a medida que iban afinando, sus resultados demostraban todo lo contrario: hay cepas de bacterias E.coli que comparten sólo el 40% de sus genes, y cada vez resulta más obvio que es imposible establecer una jerarquía evolutiva entre los organismos procariotas. Incluso en los microorganismos eucariotas se ha visto que procesos como la simbiogenesis obligan a sustituir la imagen del árbol ramificado por la de una especie de arbusto en la que sus tallos se van entremezclando constantemente.

Muchos investigadores como Eugene Koolin de la National Library of Medecine del NIH están comparando secuencias genéticas para entender cómo ha evolucionado la vida en la Tierra, pero durante la charla que mantuvimos en su despacho me dijo taxativo: “las especies microbianas son una colección de genes con diferentes historias y trayectorias evolutivas. El árbol de los animales puede ser un concepto válido... claro que se pueden realizar árboles de primates, o de vertebrados, o genealógicos entre familias, pero si somos estrictos considerando el global de los seres vivos sobre la Tierra, debemos aceptar que la historia de la vida no puede ser representada como un árbol. En los últimos años esta idea ha perdido todo su sentido. Lo que ahora construimos no son árboles, ni siquiera arbustos, sino redes como éstas…” y me mostró un ejemplo de en qué se ha convertido parte del sueño de Darwin.

Por suerte, aunque la ciencia esté convirtiendo al árbol de la vida en diagramas, esquemas y representaciones bastante asépticas, continuará inspirando a quienes quieran explotar su poderosa carga conceptual.

Escrito por pere-estupinya

13 Jul 2008 - Enlace

Darwin no explica el amor

Antes de nada quiero agradecer los comentarios tan amables de la entrada anterior , y disculparme de antemano porque he escrito un texto en tono de reflexión, en lugar de continuar en la línea fresca y desenfadada que algunos me pedisteis. Lo haré, de verdad.

Me tocó dividir en dos partes el post sobre ciencia y romanticismo porque experimenté una especie de esquizofrenia intelectual tras leer el extensísimo reportaje especial del TIME , el del NewScientist sobre oxitocina , y otros que hablaban sobre la perspectiva evolutiva del amor. Pasó que encontré mezcladas referencias a estudios que me gustaron muchísimo, con otros que me daban incluso repelús.
Y es que a veces cuela todo dentro del mismo saco y se echa en falta una cierta crítica científica. No me malinterpretéis; yo adoro la ciencia, nos aporta infinidad de beneficios, debería estar más presente en la toma de decisiones políticas e individuales, es la verdadera solución a algunos de los problemas que nos acechan, y creo que los científicos merecen más reconocimiento social del que reciben. Además, es una fuente continua de novedades, y dejarte llevar mentalmente por ella resulta tremendamente estimulante. Pero cuando algo te apasiona, también te vuelves más quisquilloso. No es una contradicción. Imaginaos a ese experto en vinos que disfruta como nadie con los caldos de calidad, pero que considera horrendo un vino que nosotros catalogaríamos de aceptable. Varias veces durante el Fellowship del MIT me he sentido una especie de sommelier científico, disfrutando desmesuradamente en ocasiones, pero siendo cada vez más meticuloso con ciertas investigaciones que no me complacían.
Y justamente uno de los campos que más incertidumbre me ha generado es la aplicación de la lógica evolutiva a la explicación de la conducta humana. Mi planteamiento humilde pero radical (y del que espero objeciones) es el siguiente: la famosa frase de Dobzhansky “Nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución ” se ha exagerado. No me malinterpretéis (II); evidentemente que además de nuestros cuerpos la evolución ha ido perfilando también nuestra mente para sobrevivir y dejar descendencia. Esto está por encima de cualquier duda. Pero cuando leo algunas de las historias que se escriben (incluido mías ), me parece desorbitado el peso que se le otorga a las condiciones en que vivieron nuestros ancestros.

Por ejemplo, no me creo que hoy en día los hombres decidamos con quien compartir nuestra vida fijándonos en pechos y caderas anchas que indiquen alimento para las crías, ni las mujeres en hombros fuertes que permitan a los hombres cargar más comida en sus viajes por la sabana africana… y argumentar que la versión actual de la espalda ancha es el coche deportivo que indica status económico me parece todavía más simplista. Los genes no saben qué es el dinero, y si alguien decide dar importancia a los recursos en la selección de pareja, no veo que sea por un condicionante evolutivo inconsciente.
Se dice que las mujeres son más fieles porque claro… ellas sólo pueden tener un hijo cada 9 meses y los hombres uno cada día. Y que evitan tener sexo en la primera cita porque sus genes les dicen que necesitan más garantías de compromiso. En la sociedad actual ya no tiene sentido.
Y todavía me convence menos que el amor esté programado para durar 4 años porque éste es el tiempo idóneo para colaborar con las etapas críticas del desarrollo del bebé. Esto no es ciencia ni es nada.

No niego que tengamos los mismos genes de nuestros ancestros y compartamos una predisposición a ser monógamos sucesivos, o a encontrar unos cuerpos más atractivos que otros. Mi opinión particular es que esto nos dice cada vez menos sobre la conducta del ser humano actual. Por lo menos de los que me rodean. Me da la sensación que la ciencia explica muy bien qué le pasa a un cerebro enamorado, pero la lógica evolutiva basada en la perpetuación de la especie queda tremendamente coja para justificar por qué nos enamoramos.

Lo que ocurre es que las coherencias evolutivas resultan muy sugestivas, y cuando las explicas siempre generan un convincente “ah, claro”. Pero a veces les falta consistencia. Y no es una opinión aislada. En el potentísimo departamento de psicología de Harvard, con nombres como Pinker , Daniel Gilbert , Marc Hauser... investigan diferentes aspectos de la naturaleza humana. Hacen sus estudios de forma muy rigurosa, sacan sus conclusiones, y luego las hacen cuadrar con en el pasado evolutivo. Parece como si esto sirviera para aprobarlas. Pues bien, Marc Hauser hace lo propio con sus interesantísimas investigaciones sobre moralidad. Por eso me sorprendió muchísimo leer un escrito suyo titulado “Los límites del razonamiento darwiniano”, en el que aparecían frases como “En algunos asuntos específicos de la mente humana, he cambiado mi forma de pensar respecto al poder de la lógica darwiniana (…) He perdido la fe en el programa adaptativo para explicar o predecir algunos aspectos de nuestro pensamiento”.

Steven Pinker en su nuevo libro dirá que estamos en la época menos violenta de la historia. Esto se podría interpretar diciendo que un cerebro educado nos libera de nuestros condicionantes genéticos, y de alguna manera nos hace más libres.

Sé que la selección natural y sexual ha programado mis genes para concebir, que ellos me van indicando qué rasgos son atractivos, y que se ha inventado el amor para mantener la pareja unida. Nada en contra. Tenemos la confirmación química con las moléculas del primer post. Ahora bien, que esta programación inicial guíe a ciegas mi comportamiento, y sobretodo pueda explicar de quien me enamore o por qué, no lo creo.

Prometo continuar el tema de forma más entretenida. Tengo a mano muchísimos estudios la mar de curiosos. Por ejemplo la información química que se intercambia durante los besos, o una investigación que relaciona las propinas de las stripers con su ciclo menstrual. Las que estaban ovulando conseguían 70 dólares la hora, las que no 50$, y las que tenían el período 35$. Los autores argumentaban que segregaban menos feromonas. Puede ser. Otros dicen también que las feromonas sincronizan el ciclo menstrual de las mueres que pasan mucho tiempo juntas, porque evolutivamente era mejor que todas estuvieran fértiles a la vez y evitar que sólo una monopolizara la atención de los machos… Pues quizás…

Me duele criticar la ciencia, pero cuando quieres a alguien o algo (ciencia, cine, futbol, música..) y te defrauda, es difícil ignorarlo. Lo opuesto químicamente al amor no es el odio sino la indiferencia... Sin embargo he suavizado mi tono respecto lo que sentía el otro día cuando utilicé la exagerada palabra “patético”. Quizás habrá subido mi serotonina debido a que escribo desde Tortosa, mi pueblo, rodeado de familiares, amigos y jamón, e ilusionado en vísperas de una semana que empezará en Madrid, me llevará a Tarragona para participar en curso de verano de la URV , y terminará atendiendo al ESOF de Barcelona. Intentaré contaros todas las historias que pueda antes del regreso a los US.

Pere Estupinya

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Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.
Ahora continúa desde Washington DC buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.
Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.

Pere Estupinya

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