Escrito por pestupinya
30 Nov 2009 - Enlace
En el Museo del Creacionismo de Kentucky
Cuando entras en el Museo del Creacionismo en Kentucky (US) te recibe el lema “Prepárate para creer”.
Quizás te sorprenda encontrar en el vestíbulo principal de este centro educativo una instalación mostrando la coexistencia de humanos con dinosaurios, pero la explicación de tal aparente paradoja llega enseguida en la primera sala de exposiciones, donde al lado de un gran fósil de dinosaurio encuentras un video mostrando dos puntos de vista igualmente válidos:
El primero es el de un paleontólogo convencional explicando cómo –según su interpretación- quedó enterrado este fósil hace millones de años.
A continuación otro científico ofrece su contundente versión: “Donde Kim ve millones de años, yo veo evidencias de una historia diferente. Yo también creo que este animal murió durante una inundación. Pero no fue una inundación local, sino una masiva que cubrió toda la Tierra: El Diluvio de Noé cuando Dios juzgó al Mundo. Su cadáver fue sepultado de golpe, antes de poder ser descompuesto o devorado, en una capa de sedimentos que se extiende por todo el continente. Como según la Biblia dicho diluvio ocurrió hace 4.300 años, por tanto yo creo que ésta es la edad de este fósil. Llegamos a diferentes conclusiones debido a nuestros diferentes puntos de partida. Yo empiezo con la Biblia, mi colega no. Todos tenemos los mismos hechos, simplemente los interpretamos de manera diferente”.
Puede que después de grabar un video como éste alguien te sonría y pregunte “Interesante, no?”. No intentes convencerle de que los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años. Esto es imposible porque contradice el Génesis; algún error contendrán los datos científicos. “Claro, claro…”, añade alguna de las miradas que te contemplan como si fueras un bicho raro.
Aturdido, avanzas hacia la siguiente sala, cuyo panel de entrada explica porqué andas equivocado:
“La ‘razón humana’ pretende que nuestra mente pueda alcanzar la verdad de manera autónoma e independiente de la verdad revelada de Dios. Las filosofías y religiones que utilizan las suposiciones humanas en lugar de la palabra de Dios como punto de partida son propensas a malinterpretar los hechos que les rodean, porque parten de arbitrariedades”.
Después de tal lección de humildad, empieza el ataque contra la ‘razón humana’ (no a la ciencia):
Según la razón humana hay un único árbol evolutivo cuya primera forma de vida apareció hace 4 mil millones de años. Sin embargo, la palabra de Dios plantea un campo de la creación con diferentes árboles cuyo inicio fue aproximadamente 6.000 años atrás.

Según la razón, los humanos y primates tenemos un antecesor común, pero la palabra de Dios deja claro que su origen fue separado.

Lo mismo con el Universo: Olvídate de sus 13.700 millones de años de historia. Sólo tiene escasos miles.
Y que Descartes no te confunda con su peligroso “pienso, luego existo”. Tu eres lo que eres.
Porque además, la palabra de Dios es verdad: la arqueología ha confirmado repetidamente que los detalles históricos de la Biblia son ciertos, y cientos de profecías se han cumplido, mientras que ni una sola ha fallado.

Consciente que los defensores del creacionismo argumentan que es una teoría con base científica, y como tal piden que sea enseñada junto a la evolución en las clases de biología de los institutos estadounidenses, continué la visita esperando encontrar argumentos científicos que avalaran sus afirmaciones.
No hubo éxito por el momento. Las salas posteriores se dedicaron a explicar el Génesis y cómo era el Mundo en el que vivieron los primeros hombres.
A título de ejemplo, todos los animales eran herbívoros antes del pecado original de Adán (la muerte no existía; podían comer plantas porque no son seres vivos según la Biblia).
Curioso ver también cómo subían dinosaurios al arca de Noé, o a geólogos explicando la formación del cañón del colorado hace 4000 años tras el diluvio universal.
Toda una explicación del funcionamiento del Mundo que contrasta con la ciencia que se explica en las escuelas. Por eso, en la tienda del museo puedes encontrar materiales didácticos para educar tú mismo a tus hijos desde tu propia casa, y que sus mentes no sean corrompidas por la razón humana.
No sé qué imaginaba encontrarme en el Museo del Creacionismo. Supongo que argumentos más articulados criticando la evolución, alguna teoría alternativa que no partiera de la Biblia, y una buena exposición de los datos científicos que los creacionistas siempre aseguran respaldan sus ideas.
A punto de desistir en dicha búsqueda, y ya de regreso al vestíbulo principal, distinguí un pequeño pasillo justo al lado de la cafetería que conducía a un salón de actos. Me acerqué. Estaba cerrado, pero puede leer los pósteres que colgaban en las paredes del pasillo.
En uno de ellos había un listado de personas en posesión de títulos científicos que acreditaban todas las visiones expuestas en el Museo.
No se trata sólo de fe; hay ciencia y científicos avalando esa información.
Otro póster era del Institute for Creation Research, cuya misión es utilizar buena investigación científica para demostrar las evidencias de la veracidad y precisión de los relatos bíblicos sobre la Creación y el Diluvio Universal, así como preparar programas educativos para transmitirlos en diferentes centros y medios de comunicación.
Luego colgaban varios pósteres describiendo algunas de estas investigaciones que contradicen los datos de la ciencia convencional.
Por ejemplo (traduzco textualmente): “En el granito puedes encontrar cristales de Zirconio radiactivo que producen Helio. Este Helio debería haber escapado de los cristales rápidamente, pero todavía está allí. Eso sólo se explica si la edad de los cristales y el granito es menor a 6.000 años de antigüedad. Cierto que estas mismas rocas muestran signos de tener 1.500 millones de años, medidos con los actuales índices de decaimiento radioactivo, pero si estos índices hubieran sido más altos en el pasado, explicaría porqué estas rocas son jóvenes”.
Otro: “El Carbono-14 es una forma de Carbono inestable que decae rápidamente y debería ser inexistente en rocas anteriores a 60.000 años. Sin embargo, encontramos C-14 en carbón y restos fósiles. Por tanto, concluimos que todo el registro fósil es joven (miles de años en lugar de millones), y todos los fósiles son de la misma edad (hecho que sería explicado por el Diluvio Universal)”.
Un último que me pareció gracioso: “Diferentes métodos de datación radioactiva difieren cuando se aplican sobre la misma roca. Por ejemplo, rocas del Gran Cañón del Colorado datadas con Potasio-Argón muestran una edad de 841.5 millones de años, mientras que con Rubidio-Estroncio 1060 millones. Con Plomo-Plomo 1250 millones, y según el Samario-Neodimio tienen hasta 1379 años de antigüedad”. El póster no dice nada más. No hace falta; es obvio que tal incertidumbre demuestra que el método es erróneo, y el cañón del colorado tiene una edad de unos escasos 4.350 años, como sin incertidumbres afirma la Biblia.
Esto es lo que vi en el Museo del Creacionismo de Kentucky el pasado viernes junto a centenares de otros visitantes. Muchísimo más extremo de lo que me había imaginado. Y sin duda, algo que se escapa por completo a la razón humana.

De todas formas, es un tema muy vivo en US. Hay libros, artículos, webs, candidatos presidenciales que no creen tener un ancestro común con los otros primates, y aparece en las conversaciones a la menor oportunidad. Sin ir más lejos, el martes asistí a la presentación del libro “La mente en los mercados” de Michael Shermer, editor de la revista Skeptic y fundador de la Sociedad Escéptica que denuncia la pseudociencia y las explicaciones sobrenaturales. Su libro versaba sobre psicología en el mundo de la economía, pero durante la mitad de la charla habló sólo de creacionismo.