Apuntes científicos desde el MIT

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Escrito por pestupinya

03 Nov 2009 - Enlace

El gen altruista: La evolución nos hizo bondadosos

Hace año y medio, cuando todavía residía en Boston, viví una de las situaciones más desagradables que recuerdo. Estaba tomando una copa en un bar cuando una examiga se acercó y me dijo ”te vi la semana pasada en ese evento del museo del MIT sobre ciencia para el tercer mundo”. “Ah, si!” respondí, ”Estuvo bien, no?”. Ella contestó algo parecido a:”fue interesante, pero a mi no me gustó, porque yo no creo que estemos obligados a ayudar a los países pobres. Cada uno que se cuide de los suyos”.

Os prometo que no estoy exagerando, más bien todo lo contrario. Por decoro voy a obviar las justificaciones posteriores al racismo, xenofobia y sexismo, espetadas por esa loca ante mi incrédula mirada justo antes de decir “Yo creo en el Darwinismo Social. La naturaleza nos ha hecho seres competitivos, que nos preocupamos por nuestro propio interés y el de la comunidad directa que nos acoge. En el fondo todos tenemos instinto egoísta, y defender lo contrario es una hipocresía. Mis nietos van a competir con los nietos de los países africanos”. Cuando oí “Darwinismo Social” me sulfuré. Dejé que terminara su frase, la miré directamente a los ojos, y le dije “no quiero hablar contigo nunca más”. Lo cumplí (incluso la borré de mi Facebook (1) ).

El Darwinismo social es una teoría pseudocientífica que pretende aplicar la lógica de la selección natural al funcionamiento de la sociedad. Asume que la “supervivencia del más apto” es algo positivo y a fomentar. El bien colectivo es una noción romántica; la evolución nos ha programado como seres competitivos preocupados por maximizar el beneficio propio, y todas las acciones altruistas que podamos observar dentro de una comunidad animal son en realidad un egoísmo encubierto, una estrategia para cohesionar el grupo cuando de esa manera resulte más exitoso sobrevivir.

Mi indignación con esa persona no era por pensar que no nacíamos con cierta programación genética maquiavélica, sino por utilizar el Darwinismo Social como justificación a ciertas lacras sociales, en lugar de fomentar que el progreso cultural sobrevenga a la codicia innata que pueda arrastrar nuestra especie. Pero de alguna manera, yo sí estaba asumiendo que nacíamos “malos”; que el altruismo verdadero era un bien adquirido, no genético.

Sin embargo, la semana pasada cayó en mis manos el recién publicado libro “The age of Empathy” (La época de la empatía) del primatólogo Frans de Waal, cuya tesis es: “Basta ya de creer que somos egoístas por naturaleza. ¡No lo somos! Las investigaciones en conducta animal llevan años sugiriendo que debemos cambiar este paradigma, y asumir que la evolución ha insertado la empatía y la solidaridad en nuestro comportamiento básico”.

Empatía es la palabra clave. Frans de Waal reconoce que la empatía surgió para que las madres cuidaran de sus hijos, y posteriormente se extendió a la cohesión de grupos sociales. Pero una vez instaurada en nuestros cerebros, pasó a ser un instinto que se manifiesta más allá del grado de parentesco. No vamos por ahí haciendo cálculos matemáticos de correspondencia genética para saber sobre quien debemos aplicarla. Simplemente, durante nuestro pasado evolutivo nos transformamos en seres bondadosos.

Obvio que tenemos un lado competitivo y otro social. De Waal explica que sus chimpancés se preocupan primero por el beneficio propio, luego por el de sus parientes, y finalmente por los componentes del grupo que le rodean. Pero esto no termina aquí de ninguna manera. En sus experimentos ha demostrado que la cooperación, el sentido de justicia, la aflicción, la empatía… se extiende mucho más lejos de la lógica egoísta-competitiva, y se puede observar incluso entre especies diferentes.

No es un razonamiento nuevo. Lynn Margulis lleva tiempo defendiendo la cooperación como un mecanismo más poderoso que la competencia incluso a escalas bacterianas, y libros como el Moral Minds de Marc Hauser sugieren que los valores morales forman parte intrínseca de nuestra naturaleza. Pero el cambio cultural es lento, y venimos de un siglo donde la cultura occidental ha estado promoviendo sistemas basados en la competencia. La asunción neodarwinista de que la selección natural nos hizo unos egoístas encubiertos está fuertemente instaurada, en parte gracias a obras muy influyentes como “el gen egoísta” de Richard Dawkins . Frans de Waal argumenta que no es así, en absoluto, y debemos empezar a cambiar de paradigma.

Conscientes que en el debate sobre la naturaleza humana hay más interpretación que pruebas irrefutables, la posición de De Waal parece acarrear una reflexión importante: No nacemos con un instinto codicioso y cruel que la sociedad deba corregir, sino con una profunda predisposición a la empatía y la solidaridad desinteresada que nuestras estructuras sociales no deben corromper.

(1)Hablando del caralibro… en varias ocasiones he recibido peticiones de crear una cuenta en Facebook para conocernos un poquito más, compartir enlaces, propuestas, o discutir entre amigos inquietudes científicas más allá del contenido específico de cada post.

Aquí nace el grupo “Apuntes Científicos desde el MIT” , dejando su destino en manos de mutaciones aleatorias y la más pura selección natural. Que sea lo que Darwin quiera…

Escrito por pestupinya

24 Jul 2009 - Enlace

Perros leales y gatos aprovechados (según la perspectiva evolutiva...)

La vertiente más pop-science de la psicología evolutiva dice que los aspectos más básicos de nuestra personalidad están inscritos en los genes y son consecuencia del entorno natural y social en el que sobrevivieron nuestros ancestros en los últimos centenares de miles de años.
Aunque los más deterministas suelan llevar este razonamiento a extremos casi cómicos, es indiscutible que a grandes rasgos, así es.
¿ocurrirá lo mismo con perros y gatos domésticos?
¿Estarán justificados evolutivamente los tópicos de que los primeros son leales y los segundos unos acaparadores que van absolutamente a su aire?
Según un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), la selección natural explica esto y mucho más.
Pero ojo! En el caso de los animales domesticados, debemos añadir otro factor a la ecuación: la selección artificial. Los humanos hemos dirigido a nuestra conveniencia qué vacas, cerdos, aves, caballos o perros sobreviven y dejan descendencia. ¿también los gatos? No al mismo nivel.

Empecemos por la domesticación del mejor amigo del hombre, que según el artículo de PNAS empezó antes incluso del desarrollo de la agricultura y el sedentarismo. Buscando restos de comida y cierta protección, los primeros lobos poco temerosos empezaron a acercarse a los asentamientos de cazadores recolectores ofreciéndose a cambio como centinelas nocturnos que avisaban frente a visitas indeseadas. Posteriormente nuestros antepasados los empezaron a utilizar como ayuda en sus labores de caza, y poco a poco los fueron domesticando. Primero seleccionando como acompañantes sólo a los que más se adaptaban a sus necesidades, y bastante más tarde decidiendo incluso con quien se iban a aparear.

(un inciso aquí recordando la conversación en Yellowstone con Douglas Smith , el considerado mayor experto del mundo en lobos. Dos cosas quedaron claras de esa charla: la lealtad e incluso sumisión que tienen los lobos hacia el líder de la manada, y la extrema cohesión de sus grupos sociales. Están dispuestos a compartir y arriesgar sus vidas por defender a cualquier miembro de su grupo, y al mismo tiempo atacar ferozmente a invasores aunque sean de su misma especie. Quizás tal lealtad quedó presente en los primeros lobos-perros que empezaron a identificarse como parte de un grupo que contenía humanos)

La domesticación de los gatos salvajes siguió caminos diferentes. Los análisis genéticos publicados en el artículo de PNAS demuestran que los gatos domésticos actuales son mucho menos diversos entre ellos de lo que lo son las distintas razas de perros, y que están mucho más cerca evolutivamente de los gatos salvajes de lo que están perros y lobos.
Los autores del artículo argumentan con ello y otras referencias arqueológicas que nuestra relación con los gatos empezó bastante más tarde, una vez los humanos ya vivían en asentamientos estables, y de una manera muy diferente a los perros.
Según los autores, las características iniciales de los gatos salvajes (solitarios y defensores individuales de su territorio exclusivo) los hacían poco aptos para la domesticación. Sin embargo en los primeros poblados con graneros, “corrales” y desechos abundaban las ratas, ratones, pájaros… comida fácil para los felinos y favor indirecto a los humanos. Durante mucho tiempo, la relación hombre-gato fue simplemente una tolerancia mutua, sin que interviniera en ningún aspecto la selección artificial. Convivencia sin pretensiones por ambas partes. Posteriormente en algunas culturas como la Egipcia se empezó a venerar a los gatos, pero según los datos genéticos del estudio no fue hasta una fecha muy, muy reciente que empezamos a lograr dirigir mínimamente con quien se reproducían.

Los autores del estudio dudan de la utilidad que tuvieron los gatos durante su proceso de domesticación, en el que la única característica importante que desarrollaron fue tolerancia a la gente. En la conclusión de su artículo dicen que el gato doméstico es el producto de 11 millones de años de evolución libre de hombres, 12.000 de selección natural compartiendo por interés nuestro hábitat, y sólo unos 200 en los que hemos empezado cierta selección artificial. Así opinan que la domesticación de los gatos no está completa todavía, y que no han superado su instinto de sentirse más unidos a los lugares que a las personas y ser unos acaparadores de nuestras casas.
Defensores de los gatos, podéis replicar.

Escrito por pestupinya

05 Jul 2009 - Enlace

De copas por la teoría de la evolución de Wallace

Asistes en el Museo de Historia Natural de Londres a la recepción de gala de la conferencia de periodistas científicos que estás atendiendo.
A la que te despistas, tu estómago está lleno a partes iguales de canapés y vino que empieza siendo regular y termina siendo bueno. Son las 21:15 y alguien te avisa del inicio del tour por la exposición de Darwin a la que te habías apuntado. No parece ser el momento más adecuado, pero te diriges expectante a ella todavía copa en mano. Por algunos mecanismos misteriosos tu sensación de lucidez ha aumentado y la vergüenza disminuido, y tras las explicaciones más bien extensas sobre los 20 millones de plantas e insectos que tendrá la espectacular segunda fase del centro sobre Darwin que se inaugurará el próximo septiembre en este Museo londinense que se revela como un gran centro de investigación además de exposición, y las preguntas rebuscadas del típico personaje persiguiendo más notoriedad que respuestas, te acercas sigiloso a la guía y le dices “¿Pero era Darwin un tipo feliz?”
Te mira con cara de “de donde ha salido éste…”, pero tras leer de reojo “Knight-MIT ” en la acreditación que cuelga de tu cuello, y observar el piloto rojo encendido de la grabadora de voz que tienes en tu mano con la misión de generar la seriedad que no ofrece tu cara, responde: “es difícil de decir… tanto él como su esposa venían de familias ricas y tenían una vida acomodada en una casa preciosa. Se podría decir que eran felices, pero Darwin sufría bastantes molestias por la enfermedad que arrastraba desde su viaje con el Beagle (creemos que era Chagas, pero no es seguro), y sobre todo, tenía momentos de intranquilidad porque la teoría que estaba desarrollando le hizo pasar de ser una persona creyente a perder su fe en que algún Dios hubiera creado a los seres vivos sobre la Tierra tal y como describían las escrituras bíblicas”.

- ¿era realmente muy religioso en su juventud?
- Si, si… se había preparado para ser clérigo, pero terminó siendo antirreligioso y yendo a pasear los domingos mientras su familia estaba en misa…
- ¿es verdad que su mujer le impedía publicar su teoría de la evolución por selección natural para evitar que fuera al infierno?
- Aquí hay un poco de mito. Es cierto que su mujer era muy religiosa. Sin duda era una fuente de conflicto, y a menudo le mostraba su preocupación de que ella iría al cielo y Darwin al infierno. Pero el principal motivo por el que Darwin tardó tantos años en publicar su teoría no era el miedo a las connotaciones que tenía, como muy a menudo se dice, sino el trabajo constante en pulir detalles para hacerla más consistente.
- Hasta que vio que Wallace se la iba a pisar!
- Exacto! El también naturalista Alfred Russell Wallace descubrió por su cuenta el mismo mecanismo de la evolución por selección natural, y le envió una carta a Darwin para contrastarlo con él. Darwin se quedó muy preocupado, porque reconoció las mismas ideas en las que él había estado trabajando durante 25 años.
- ¿cómo reaccionó?
- Sus colegas le aconsejaron que publicara sus descubrimientos rápido, y en Julio de 1958 se presentaron en la Linnean Society de Londres los artículos conjuntos de Wallace y Darwin.
- ¿y seguro que Darwin no había aprovechado la información recibida de Wallace?
- Bueno… se dice que efectivamente Darwin podría haber copiado algunas ideas de Wallace… En esos momentos ambos eran muy famosos. Al año siguiente todo cambió con la publicación de “El Origen de las Especies”, y Darwin tomó todo el protagonismo. Pero Wallace merece más reconocimiento. Él fue el codescubridor de la teoría de la evolución.
- ¿Uno conflicto entre ellos?
- No, no… se llevaban muy bien. Wallace era bastante más joven y sentía un profundo respeto por Darwin, e incluso llegó a nombrar el mecanismo de la selección natural como “darwinismo”. Pero debería haber solicitado más consideración para él mismo. No es la teoría de la evolución de Darwin, sino la teoría de la evolución de Darwin y Wallace.

- buen final... Ah! Por cierto, ¿cómo es que todavía hay tantas personas que no creen en la evolución?
- Eso es en EEUU, aquí en UK somos más ilustrados. (“enlightened” es el término que utilizó mostrando una de las características de la personalidad inglesa…)
- Bueno… según un estudio del British Council para el proyecto “Darwin Now ” que nos presentaron ayer en la conferencia, el 23% de los londinenses rechazan la evolución y creen en el creacionismo entendido como que “la vida en la Tierra fue creada por un Dios y siempre ha existido en su estado actual”.
- No puedo creerlo…
- Yo tampoco…

Termina el tour y continúa la fiesta, pero la semillita de las dudas sobre Wallace queda sembrada en algún rincón de mi cerebro.
A la mañana siguiente tengo la suerte de encontrarme con la biblioteca científica Mercé Piqueras , que pocas semanas antes había escrito un muy recomendable artículo sobre Emma Darwin . Le retransmito mis recuerdos de la conversación, y me dice que “si, hay discusiones constantes entre pro-Darwin y pro-Wallace... Es cierto que ambos llegaron a las mismas conclusiones de manera independiente, y las publicaron por primera vez juntos en la Linnean Society. Posiblemente Wallace sí merece más reconocimiento, pero no hay duda que el primero en idear la teoría fue Darwin, y además la publicación de El Origen de las Especies fue el gran hito… De todas formas, a mi me interesa lo de Emma Darwin”. Mercé en su artículo explica que si bien es cierto que las convicciones religiosas de Emma podrían haber influido en Darwin para publicar sus resultados, suele pasar desapercibido el rol esencial que tuvo en el apoyo a Darwin como esposa y ayudante en sus tareas. Emma fue una gran mujer sin la que posiblemente Darwin no hubiera conseguido sus hitos. Nos quedamos con la reflexión de Mercé acerca de si la popular frase “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, se puede repetir de manera muy frecuente a la inversa…

Escrito por pestupinya

01 Jun 2009 - Enlace

¿Explica la evolución nuestra naturaleza humana?

La Templeton Foundation es una organización filantrópica que estimula el diálogo abierto entre científicos y teólogos, y destina cantidades muy considerables de dinero a investigar las Grandes Preguntas de científicos y filósofos sobre cosmología, biología evolutiva, ciencia cognitiva,… y origen de las creencias religiosas.
Su último trabajo es una recopilación de reflexiones alrededor de la pregunta: “¿Explica la evolución la naturaleza humana? ”.

Que no os condicione el tufillo religioso que transpira esta fundación. La pregunta no admite respuestas simples, y han pedido participar a científicos de primerísimo nivel. No exagero. A continuación os expongo un resumen de los argumentos defendidos por cada uno.
Si no queréis ser víctimas de una inevitable distorsión, podéis consultar los textos completos en este enlace , o pedidles online que os envíen gratis un librito a vuestra casa. Yo lo hice y aquí me tenéis, leyéndolo una tarde de soleado domingo, encerrado en mi oficina alternativa del Tryst de Adams Morgan preguntándome si mis antepasados harían lo mismo.

- “Obvio, dice el mono” es la respuesta del primatólogo Frans de Waal. “Somos animales de cuerpo y de mente. Si miramos a nuestra especie desprovista de avances tecnológicos, vemos una criatura con un cerebro 3 veces más grande que el del chimpancé, pero que no contiene ninguna parte nueva”. “La moralidad tiene un sustrato biológico anterior a civilizaciones y religión”.

- “excepto donde importa”, explica el paleobiólogo evolutivo Simon Convoy Morris, quien hace la pregunta retórica “¿has visto alguna vez a un chimpancé ir a la biblioteca?”. Nuestra distancia con ellos es tan enorme que no podemos considerarnos “sólo otra especie”. No hemos llegado a ser lo que somos sólo con la evolución biológica. Como criaturas racionales la hemos trascendido.

- Lynn Margulis responde: “bastante bien”, y en la misma línea que de Waal argumenta que nuestra moralidad y comportamientos sociales son completamente acordes con la naturaleza. Incluso podemos apreciar manifestaciones de autoconciencia y libre albedrío en seres millones de años anteriores a nosotros.

- “No del todo”, opina el genetista Francis Collins. “La teoría de Darwin es incuestionable”, dice, pero “los evolucionistas teístas vemos la evolución como el método de creación de Dios”. “Vemos la ciencia como la manera de entender la maravillosa naturaleza de la creación divina, y un poderoso método para entender los ´cómos´, pero no los ¨por qué´ ”. Collins opina que hay muchos casos de comportamiento moral y altruismo radical que no se explican por la evolución, y “sería perfectamente razonable que Dios hubiera instaurado una ley moral al inicio del proceso evolutivo”. “Acepto la posibilidad de un componente espiritual en la humanidad”.

- “Más cada día”, considera el psicólogo evolutivo Geoffrey Miller fijándose en los avances en su disciplina de los últimos años. Incluidas investigaciones como las suyas del tipo “las mujeres antes de la ovulación prefieren la creatividad a la riqueza en su búsqueda de pareja”, con la explicación (si se les puede llamar así) de que un cierto instinto nos indica que la creatividad es un indicador de buenos genes.

- Joan Roughgarden lo tiene claro: “todavía no”. “Las creencias religiosas, los compromisos morales, la consciencia, y la libertad de decisión para hacer lo correcto o lo incorrecto emergen en un contexto social”. “El comportamiento social se desarrolla cuando los individuos adquieren experiencias unos con los otros”. ¿nadie había mencionado esto todavía? . “El color de una rana es un rasgo determinado a priori, el comportamiento se desarrolla durante la interacción social”. ”Ser egoísta o altruista depende en gran parte de las experiencias mientras maduras”. “La metáfora del gen egoísta es inexacta y engañosa”

- “En parte” prosigue Martin Nowak, catedrático de biología y matemáticas en Harvard, y para el que las ideas no son un producto de la evolución. “La evolución cultural nos permite una innovación rápida y es responsable de los cambios dramáticos que han ocurrido en este planeta en los últimos milenios”. “La ciencia no ofrece un contexto completo de la existencia humana”. “Estoy dentro del contexto de mi propia fe cristiana, y nuestra relación con Dios no es un producto de la evolución”

- “Si”, dice contundente Robert Wright, autor de The Moral Animal: why we are the way we are. “La explicación Darwiniana de la naturaleza humana está esencialmente completa”. Muy bien pues.

- “Hasta cierto punto”, puntualiza desde la University of California Francisco Ayala. “La evolución explica los orígenes, pero los humanos hemos propiciado un nuevo modo de evolución: la adaptación por la manipulación tecnológica y la cultura”. “La cultura incluye mucho más que la adaptación al entorno, la ciencia y la tecnología. Incluye el arte, la literatura, la historia, las organizaciones políticas, los sistemas legales, la filosofía la ética y la religión. Y estos tan importantes componentes de la naturaleza humana trascienden a la biología evolutiva y cualquier otra ciencia”. “La ciencia no es la única forma de conocimiento. La evolución nos dice mucho, pero no todo sobre la experiencia humana”

- Con un “Sí, pero…” empieza Eva Jablonka su texto. “…debemos ver qué entendemos por naturaleza humana, explicar, y evolución”. “Si me preguntas de manera menos ambigua: ¿puede un marco evolutivo expandido explicar las características específicas de los humanos que nos diferencian de los chimpancés y muchos reconocemos como constituyentes de la naturaleza humana? Mi respuesta es sí.”

- “totalmente, para un marciano”, titula su texto Jeffrey Schloss. “Las teorías evolutivas enriquecen inmensamente nuestra comprensión de la naturaleza humana. Pero no, no la explican”. “Para ello se necesitan otros conceptos fuera de la teoría evolutiva. Shakespeare también enriquece nuestro entendimiento de cómo somos los humanos.”

- “Sí y no”, matiza David Sloan Wilson, explicando que “los genes son sólo uno de los mecanismos de la herencia. Hay procesos inmunológicos, psicológicos y culturales que también son evolutivos, y no están basados en transmisión genética de padres a hijos”. “La humanidad no tiene una naturaleza. Cada persona y cultura tienen la suya”.

Opiniones muy fundadas, pero para todos los gustos. ¿cuál es el vuestro?

Yo, como ya he dejado entrever varias veces, no contemplo ningún componente divino en mi “naturaleza”, pero tampoco apruebo que alguien intente explicar mi comportamiento actual recurriendo a los genes que hicieron sobrevivir a los homínidos que me precedieron.


Levanto la mirada, y no logro encontrar la lógica evolutiva a lo que estamos haciendo en el Tryst tanta gente con portátiles abiertos un día primaveral como el de hoy.
Y me encanta! Será que como Sabina, yo no quiero domingos por la tarde .

Escrito por pere-estupinya

13 Jul 2008 - Enlace

Darwin no explica el amor

Antes de nada quiero agradecer los comentarios tan amables de la entrada anterior , y disculparme de antemano porque he escrito un texto en tono de reflexión, en lugar de continuar en la línea fresca y desenfadada que algunos me pedisteis. Lo haré, de verdad.

Me tocó dividir en dos partes el post sobre ciencia y romanticismo porque experimenté una especie de esquizofrenia intelectual tras leer el extensísimo reportaje especial del TIME , el del NewScientist sobre oxitocina , y otros que hablaban sobre la perspectiva evolutiva del amor. Pasó que encontré mezcladas referencias a estudios que me gustaron muchísimo, con otros que me daban incluso repelús.
Y es que a veces cuela todo dentro del mismo saco y se echa en falta una cierta crítica científica. No me malinterpretéis; yo adoro la ciencia, nos aporta infinidad de beneficios, debería estar más presente en la toma de decisiones políticas e individuales, es la verdadera solución a algunos de los problemas que nos acechan, y creo que los científicos merecen más reconocimiento social del que reciben. Además, es una fuente continua de novedades, y dejarte llevar mentalmente por ella resulta tremendamente estimulante. Pero cuando algo te apasiona, también te vuelves más quisquilloso. No es una contradicción. Imaginaos a ese experto en vinos que disfruta como nadie con los caldos de calidad, pero que considera horrendo un vino que nosotros catalogaríamos de aceptable. Varias veces durante el Fellowship del MIT me he sentido una especie de sommelier científico, disfrutando desmesuradamente en ocasiones, pero siendo cada vez más meticuloso con ciertas investigaciones que no me complacían.
Y justamente uno de los campos que más incertidumbre me ha generado es la aplicación de la lógica evolutiva a la explicación de la conducta humana. Mi planteamiento humilde pero radical (y del que espero objeciones) es el siguiente: la famosa frase de Dobzhansky “Nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución ” se ha exagerado. No me malinterpretéis (II); evidentemente que además de nuestros cuerpos la evolución ha ido perfilando también nuestra mente para sobrevivir y dejar descendencia. Esto está por encima de cualquier duda. Pero cuando leo algunas de las historias que se escriben (incluido mías ), me parece desorbitado el peso que se le otorga a las condiciones en que vivieron nuestros ancestros.

Por ejemplo, no me creo que hoy en día los hombres decidamos con quien compartir nuestra vida fijándonos en pechos y caderas anchas que indiquen alimento para las crías, ni las mujeres en hombros fuertes que permitan a los hombres cargar más comida en sus viajes por la sabana africana… y argumentar que la versión actual de la espalda ancha es el coche deportivo que indica status económico me parece todavía más simplista. Los genes no saben qué es el dinero, y si alguien decide dar importancia a los recursos en la selección de pareja, no veo que sea por un condicionante evolutivo inconsciente.
Se dice que las mujeres son más fieles porque claro… ellas sólo pueden tener un hijo cada 9 meses y los hombres uno cada día. Y que evitan tener sexo en la primera cita porque sus genes les dicen que necesitan más garantías de compromiso. En la sociedad actual ya no tiene sentido.
Y todavía me convence menos que el amor esté programado para durar 4 años porque éste es el tiempo idóneo para colaborar con las etapas críticas del desarrollo del bebé. Esto no es ciencia ni es nada.

No niego que tengamos los mismos genes de nuestros ancestros y compartamos una predisposición a ser monógamos sucesivos, o a encontrar unos cuerpos más atractivos que otros. Mi opinión particular es que esto nos dice cada vez menos sobre la conducta del ser humano actual. Por lo menos de los que me rodean. Me da la sensación que la ciencia explica muy bien qué le pasa a un cerebro enamorado, pero la lógica evolutiva basada en la perpetuación de la especie queda tremendamente coja para justificar por qué nos enamoramos.

Lo que ocurre es que las coherencias evolutivas resultan muy sugestivas, y cuando las explicas siempre generan un convincente “ah, claro”. Pero a veces les falta consistencia. Y no es una opinión aislada. En el potentísimo departamento de psicología de Harvard, con nombres como Pinker , Daniel Gilbert , Marc Hauser... investigan diferentes aspectos de la naturaleza humana. Hacen sus estudios de forma muy rigurosa, sacan sus conclusiones, y luego las hacen cuadrar con en el pasado evolutivo. Parece como si esto sirviera para aprobarlas. Pues bien, Marc Hauser hace lo propio con sus interesantísimas investigaciones sobre moralidad. Por eso me sorprendió muchísimo leer un escrito suyo titulado “Los límites del razonamiento darwiniano”, en el que aparecían frases como “En algunos asuntos específicos de la mente humana, he cambiado mi forma de pensar respecto al poder de la lógica darwiniana (…) He perdido la fe en el programa adaptativo para explicar o predecir algunos aspectos de nuestro pensamiento”.

Steven Pinker en su nuevo libro dirá que estamos en la época menos violenta de la historia. Esto se podría interpretar diciendo que un cerebro educado nos libera de nuestros condicionantes genéticos, y de alguna manera nos hace más libres.

Sé que la selección natural y sexual ha programado mis genes para concebir, que ellos me van indicando qué rasgos son atractivos, y que se ha inventado el amor para mantener la pareja unida. Nada en contra. Tenemos la confirmación química con las moléculas del primer post. Ahora bien, que esta programación inicial guíe a ciegas mi comportamiento, y sobretodo pueda explicar de quien me enamore o por qué, no lo creo.

Prometo continuar el tema de forma más entretenida. Tengo a mano muchísimos estudios la mar de curiosos. Por ejemplo la información química que se intercambia durante los besos, o una investigación que relaciona las propinas de las stripers con su ciclo menstrual. Las que estaban ovulando conseguían 70 dólares la hora, las que no 50$, y las que tenían el período 35$. Los autores argumentaban que segregaban menos feromonas. Puede ser. Otros dicen también que las feromonas sincronizan el ciclo menstrual de las mueres que pasan mucho tiempo juntas, porque evolutivamente era mejor que todas estuvieran fértiles a la vez y evitar que sólo una monopolizara la atención de los machos… Pues quizás…

Me duele criticar la ciencia, pero cuando quieres a alguien o algo (ciencia, cine, futbol, música..) y te defrauda, es difícil ignorarlo. Lo opuesto químicamente al amor no es el odio sino la indiferencia... Sin embargo he suavizado mi tono respecto lo que sentía el otro día cuando utilicé la exagerada palabra “patético”. Quizás habrá subido mi serotonina debido a que escribo desde Tortosa, mi pueblo, rodeado de familiares, amigos y jamón, e ilusionado en vísperas de una semana que empezará en Madrid, me llevará a Tarragona para participar en curso de verano de la URV , y terminará atendiendo al ESOF de Barcelona. Intentaré contaros todas las historias que pueda antes del regreso a los US.

Escrito por pere-estupinya

10 Ene 2008 - Enlace

Pasando un poco de los creacionistas

La visión que puedo tener desde Cambridge de algunos aspectos de la cultura estadounidense es poco representativa.
Nadie me ha confesado todavía que no cree en la evolución. Y sin embargo, según algunas encuestas la mitad de la población adulta de este país no acepta la teoría de Darwin.

Me cuesta horrores asimilarlo, pero son datos que aparecen hoy en una editorial de Nature, y que también nos ha mostrado el director del Museo del MIT John Durant, durante un curso que analiza el fenómeno del creacionismo en Estados Unidos desde un punto de vista histórico, científico y social.

No es mi intención entrar en el debate light entre Ciencia y Religión. Para muchas personas son compatibles; o al menos ocupan aspectos diferentes de sus vidas y no permiten que una interfiera demasiado en la otra. Cuestión de creencias, más que de ciencia. Pero otra historia es el creacionismo duro modelo US y el falaz diseño inteligente (ID), que reniega absolutamente de la teoría de la evolución. Esto sí que es una barbaridad.

El principal objetivo de estos fundamentalistas religiosos es disfrazar de científicas sus creencias para poder introducirlas en los programas curriculares de las escuelas públicas (las privadas que quieren ya lo hacen). Lo intentaron primero con el “Creacionismo científico”. Fracasaron. En la versión para las escuelas de su obra de referencia eliminaron todas las citas directas a Dios, pero no coló: En los ochenta un juez dictaminó que era obvio que el mensaje no era científico sino religioso. Luego se inventaron el diseño inteligente, parecido al creacionismo científico pero evitando cualquier dato que pudiera recordar al génesis bíblico. Nuevo fracaso. En la ciudad de Dover (Pennsylvania) varios padres de alumnos denunciaron al consejo de la escuela porque había incluido enseñanzas de ID. En 2005 el juez volvió a dar la razón a la biología. El ID no era parte de la ciencia, sino ideología religiosa.
(el pasado noviembre la cadena NOVA estrenó un fantástico documental sobre el proceso, que se puede ver online aquí)

De todas formas, es un tema muy vivo en US. Hay libros, artículos, webs, candidatos presidenciales que no creen tener un ancestro común con los otros primates, y aparece en las conversaciones a la menor oportunidad. Sin ir más lejos, el martes asistí a la presentación del libro “La mente en los mercados” de Michael Shermer, editor de la revista Skeptic y fundador de la Sociedad Escéptica que denuncia la pseudociencia y las explicaciones sobrenaturales. Su libro versaba sobre psicología en el mundo de la economía, pero durante la mitad de la charla habló sólo de creacionismo.

A mi este asunto me interesa desde un punto de vista sociológico, ya que es probablemente la mayor controversia actual entre la ciencia y un sector amplio de la opinión pública. Pero sinceramente, no tenía pensado escribir un post acerca del creacionismo. No quiero dar publicidad gratuita a algo tan nocivo, sobre todo cuando pensaba que en España no teníamos riesgo de infectarnos.

De hecho, cuando le dije a Boyce (mi director en el Fellowship) que asistiría a este curso, me contestó mostrando cierta resignación sobre lo que ocurre su propio país: “no te será muy útil en España…”. Sin embargo, me he enterado que en algunas ciudades españolas se están preparando charlas contrarias al Darwinismo, impartidas por líderes del ID. Se lo comenté ayer a John Durant, y no le extrañó. Tanto él como el editorial del Nature advierten que el creacionismo se empieza a expandir también fuera de US.

Yo tengo la impresión (es sólo una impresión) que este creacionismo extremo contrario a la evolución no cuajará en Europa. De todas formas me quedé pensando qué podríamos tener en cuenta de la experiencia en US, para frenarlo desde el principio.

Entre otras cosas recordé un artículo leído hace unos meses, que sugería a los biólogos no debatir con creacionistas. Muchos científicos que han analizado este problema, entre ellos Richard Dawkins, mantienen esta postura. Dicen que se debe hablar con políticos, educadores, universidades, periodistas, y explicar a la sociedad los fundamentos básicos de la evolución… pero no caer en la trampa de los creacionistas y evitar discusiones con ellos, sobre todo en los medios de comunicación. Motivos:

  • A veces los científicos pecan de ingenuos: creen que la razón es lo que se impone en un debate. Falso. En los debates públicos la capacidad oratoria es mucho más importante que las argumentaciones científicas. Y en eso, los creacionistas están muy bien entrenados.
  • Aceptar un debate puede dar la sensación que existe cierta controversia entre los científicos. No es cierto. Evidentemente quedan aspectos todavía no resueltos en la teoría de la evolución, pero para la comunidad científica el proceso evolutivo por selección natural es un hecho tan aceptado como que la Tierra da vueltas alrededor del Sol.
  • En 5 minutos un creacionista es capaz de dar una cantidad de desinformación que ningún científico podrá rebatir en 1 hora. Y en un programa de televisión van a disponer del mismo tiempo. Explicar bien la evolución requiere unas condiciones que no se suelen dar en la mayoría de programas.
  • Indirectamente se les está dando publicidad y ayudando a transmitir su mensaje. Para ellos el debate siempre termina en victoria, y con nuevos adeptos.

Se trata de no darles cancha. A veces es mejor no citar nombres, ni asociaciones, ni museos, ni flagelos. Ni tan sólo vale la pena entrar en su juego intentando rebatir sus argumentos.
Puede parecer una actitud arrogante, de presunción de certeza por parte de la ciencia. No lo consideréis así. Ya hemos dicho varias veces que la verdad tiene fecha de caducidad, y que la ciencia debe ser más humilde. No puede demostrar que algo sea cierto, sino sólo que sea falso. Pero tampoco es cuestión de ser tan inocentes y permitir que retrocedamos culturalmente sin oponer resistencia.

Escrito por pere-estupinya

12 Dic 2007 - Enlace

Wilson reinterpreta la sociobiología

Edward Wilson empezó su charla con una idea poderosa: “de la misma manera que losfísicos están intentando conciliar la teoría cuántica con larelatividad, en biología debemos empezar a pensar en una unificación dela biología molecular con la ecología”.
Estaba preparando el terrenopara una posterior crítica al excesivo reduccionismo genético que segúnél impera en el estudio evolutivo de la conducta animal.

E. O. Wilson es posiblemente el científico más carismático de Harvard. Sin duda elmás inspirador. Representa la figura del naturalista por excelencia,alguien que al minuto te contagia su amor por la comprensión científicade la naturaleza y la necesidad de su conservación. Habla con pasión debiodiversidad, de que vivimos en un planeta todavía inexplorado, delproyecto “la enciclopedia de la vida”, de insectos sociales, de feromonas, y de nuestra relación con el mundo natural…pero en esta ocasión tocaba discutir sobre otra de sus grandesaportaciones: la sociobiología, es decir, el estudio de loscomportamientos sociales desde una perspectiva biológica.

Permitidme que contextualice, simplificando quizás demasiado, y cometiendo el grave pecado de saltarme toda la evolución a nivel de microorganismos.

Cómo actúa la selección natural

La idea fundamental de la teoría de la evolución por selección natural es conceptualmente sencilla: nacen muchos individuos, pero sólo los mejor adaptados al entorno en que se encuentren son capaces de sobrevivir y trasmitir sus características físicas a la siguiente generación. Las gacelas más rápidas son las que escapan de los felinos.

Pero avancemos un poco: llegar a viejo no es lo más importante. El propio Darwin observó algunos rasgos cuya función para la supervivencia no era evidente. Si la cabellera de los leones fuera imprescindible, también la tendrían las leonas, o ¿dónde va el pavo real macho con una cola tan tediosa, que le hace más vulnerable a sus depredadores? La conclusión es que el verdadero objetivo en la evolución no es sobrevivir sino dejar descendencia, y la selección sexual también diseña los cuerpos para ser atractivos.

Vayamos un poquito más lejos: no sólo el cuerpo se adorna y adapta al entorno, el comportamiento animal también está sujeto a las leyes de la selección natural. Si nos centramos en humanos, la psicología evolutiva estudia hasta qué punto el entorno en el que vivieron nuestros ancestros ha ido configurando genéticamente nuestras emociones para guiarnos hacia la supervivencia y el éxito reproductivo.

Permitidme que deje un artículo que publiqué hace tiempo, por si alguien quiere deteneros más en estos planteamientos.

Altruismo y sociobiología

Dando un nuevo paso nos encontramos con la sociobiología de Edward Wilson.
Las conductas altruistas observadas en ciertas especies, a priori no deberían estar favorecidas en el crudo mundo de la selección natural. Pero si en un grupo los individuos colaboran, tienen más posibilidades de sobrevivir que en otro en que sus miembros compitan.
El problema es que dicho de esta forma, parece que la selección natural pueda actuar en beneficio del grupo, y el consenso actual dice que sólo actúa si existe un beneficio genético asociado.

Aquí es donde se centró la conversación entre Edward Wilson y Marc Hauser , que representa uno de los puntos claves dentro del estudio de la evolución: ¿a qué nivel actúa la selección natural?

En los años 60 y sobretodo con la llegada de “el gen egoísta” de Richard Dawkins, se impuso la idea de que la evolución actúa siempre a nivel genético. Son los genes los que buscan reproducirse, el individuo es un mero portador. Aplicado a la sociobiología, el altruismo aparente de ciertos animales sociales es en el fondo un egoísmo genético encubierto: Un individuo ayuda a otro porque comparte parte de sus genes. Cuando una hormiga estéril arriesga su vida defendiendo a la colonia, está defendiendo sus genes de forma indirecta.

Edward Wilson defendió esta interpretación al principio. Pero ahora se revela. Durante la charla y en el artículo que acaba de publicar, aseguró que según sus últimos datos y modelos matemáticos, el egoísmo genético como única explicación de la conducta animal es una visión simplista. Con todo lo que sabemos de las leyes de la complejidad y la emergencia, debemos tener una concepción más holística de la biología. Wilson considera que hay evidencias suficientes para aceptar que las adaptaciones a nivel puramente de grupo también juegan un papel muy importante en la evolución del comportamiento social, y que es necesario reinterpretar los fundamentos teóricos de la sociobiología.

Posiblemente este es una discusión demasiado interna entre los evolucionistas, pero sin duda es una de las más activas. El otro gran debate es el interminable nature vs nurture, o si en nuestro comportamiento pesa más la carga genética con la que nacemos, o el entorno en el que vivimos. Es un debate que se puede terminar rápido diciendo que ambos influyen, o resultar infinito cuando se intenta afinar el peso relativo de genes y entorno en temas específicos como la inteligencia, la conducta violenta, la tendencia sexual o incluso las normas morales.
Quizás es materia para un futuro post, porque en enero entrevistaré a Marc Hauser sobre su interpretación de la moralidad desde el punto de vista biológico. Pero si queréis, podemos empezar a opinar.

¿Vosotros sois máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el único fin de perpetuar los egoístas genes que albergáis en vuestras células?

Pere Estupinya

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Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.
Ahora continúa desde Washington DC buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.
Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.

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