Apuntes científicos desde el MIT

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Escrito por pere-estupinya

11 Sep 2008 - Enlace

Libertad frustrante

Imagínate que acudes a una cita múltiple donde te presentarán varias parejas potenciales. ¿Prefieres poder “elegir” entre 8 o entre 20?
Vas al banco decidid@ a contratar un plan de pensiones. Mejor que te propongan bastantes y así encontrar el que mejor se adapte a tus necesidades, ¿verdad?
Tienes un comercio, ¿pondrías la mayor cantidad de chocolatinas posibles para que el cliente encuentre seguro una que le agrade?
Si tu profesor propone una serie de temas sobre los que hacer una redacción para subir nota ¿prefieres que la lista de temas sea larga o corta?

Según explica Barry Schartz , sociólogo y autor del libro “La paradoja de la elección ”, estudios realizados sobre estos casos demuestran que al final se forman más parejas en las multicitas con menos candidatos, que si en el banco te muestran muchos fondos diferentes tienes más posibilidades de irte sin firmar ninguno, que cuando las tiendas reducían su oferta de snacks vendían más, y que cuanto más largo era el listado de posibles temas, menos alumnos se lanzaban a hacer la redacción.
Conclusión: Incrementar las opciones disponibles puede no generar libertad sino parálisis.

Quizás a alguien ya le suena este asunto delpost antiguo “la infelicidad del maximizador” . ¿Por qué lo repito entonces?
Porque me parece estupendo y seguro que muchos no lo habíais leído, porque también la información política, deportiva y del corazón se repite y no parece muy acomplejada, y por la ilusión que me hizo compartir mesa redonda ayer con el propio Barry Schartz en un evento organizado por el departamento de comunicación del NIH en Washington DC, y que durante la comida posterior me explicara de primera mano más detalles de sus estudios.

La idea básica de su planteamiento es:
El dogma oficial dice que “tener más opciones te da mayor libertad, y más libertad conduce a un aumento del bienestar”. En Estados Unidos esto parece una proposición inquebrantable, y la sociedad actual nos ofrece más posibilidades que nunca para elegir a nuestra conveniencia desde las cosas más sencillas a las más trascendentes. Pero ¿es esto bueno o malo? Como las ventajas son obvias, hablemos de los inconvenientes.
El primero es la parálisis mencionada al inicio del post. En muchas ocasiones enfrentarnos a elecciones complejas nos inhibe. Pero aun cuando logramos tomar una decisión, el segundo efecto negativo del incremento de opciones es la pérdida de satisfacción final. Barry Schwartz lo llama “opportunity costs”, y aparece al considerar lo que estás perdiendo de la opción no escogida.
Imagínate que te estás acicalando para ir a una fiesta, y te llama una amiga proponiéndote otra alternativa. Dudas… y al final decides aceptar el segundo plan. A no ser que resulte excelente, quizás recordar la fiesta a la que no has acudido te creará incertidumbre y te impedirá disfrutar al máximo de la velada. Pero además, otro efecto contraproducente es que para convencerte de haber escogido la opción correcta, durante el proceso de elección has aumentado inconscientemente las expectativas de la noche que te espera, aumentando también las posibilidades de salir defraudado al contrastarlas con la realidad. La paradoja es que aunque hayas ido a una fiesta un poco mejor, te has sentido un poco peor.
Pero todavía queda otro inconveniente de tener libertad absoluta para decidir: en caso de error no puedes culpar a nadie excepto a ti mism@, y desprenderse del peso de la responsabilidad es bastante más difícil.
Por tanto, considerando todos estos factores, Barry Schwartz concluye que el dogma de maximizar el bienestar a base de maximizar la libertad es falso. “Tener algunas opciones es mejor que ninguna, pero muchas es peor que algunas”

¿Siempre? Le pregunté ayer. No, me dijo. Y me explicó que están trabajando con diversas empresas para averiguar cuál es la mejor cantidad de opciones a ofrecer en cada caso concreto. Por ejemplo, en varias tiendas online cuando buscas un producto no te muestran todo lo que tienen, sino unas pocas opciones que irán cambiando a medida que perfecciones tu búsqueda.

¿Esto afecta igual a todo el mundo? También le pregunté. “Claro que no”, y me citó un artículo suyo publicado en el NY Times , según el cual la insatisfacción constante está relacionada con el nivel de educación y la clase social.
En un estudio reclutaron voluntarios y les regalaron un bolígrafo a escoger entre cinco diferentes, pero a la mitad de ellos les dijeron “lo siento, es el último que nos queda de este tipo. Toma este otro”. A continuación todos debían rellenar una lista de preguntas, algunas de las cuales hacían referencia a las características del bolígrafo. Entre los participantes con estudios universitarios, los que habían sido obligados a cambiar de boli lo valoraron menos que aquellos que mantuvieron el bolígrafo escogido. En cambio, entre los de nivel educativo inferior no se apreciaron diferencias.
En otro estudio solicitaron clasificar 10 CD’s musicales por orden de preferencia. Luego se les dio a escoger como regalo uno que estuviera en el rango medio, y se pidió que volvieran a hacer la lista. Los universitarios solían clasificar entonces el CD elegido en mejor posición, mientras que los no universitarios lo dejaban igual.
Otras encuestas concluyeron que los trabajadores de posiciones altas se molestaban cuando un vecino compraba un coche como el suyo porque les quitaba la exclusividad de su elección, mientras que en clases más bajas les parecía perfecto porque confirmaba que su elección era correcta. Una cita del artículo de Schwartz dice: “La sociedad americana ha dado a las élites lo que pedían, junto con un incremento del estrés, la ansiedad, y la insatisfacción”.

Seguro que recordáis situaciones en las que habéis sufrido parálisis, o insatisfacción, o arrepentimiento, por el mero hecho de tener “demasiadas” buenas opciones sobre las que escoger. Quizás sí se trata de un fenómeno relativamente nuevo, que hemos considerado positivo sin reparos, y no siempre está necesariamente asociado a una mejor calidad de vida.
No deja de ser curiosos que desde hace mucho tiempo la falta de control sobre la propia vida se haya asociado a la infelicidad y ahora, en el extremo contrario, la explosión de posibilidades a que estamos expuestos también resulte ser una causa de descontento.
Quizás cuando una causa externa nos cierre alguna opción, en lugar de quejarnos deberíamos agradecerlo, y no tomarlo como una restricción sino como una liberación frente a la tiranía de la toma de decisiones.


Y después resulta que terminas de escribir un texto como este, recibes un mail con el par de fotos que le habías pedido a Chris Gunn (el fotógrafo que cubría el evento)… y tu reacción inmediata es: “xxjfhs! Podría haberme enviado unas cuantas más... para poder escoger alguna en la que Barry Schwartz no pareciera dormido ni yo tuviera cara de empanado…”

Escrito por pere-estupinya

28 Jul 2008 - Enlace

La infelicidad del maximizador

Es sábado por la tarde y sales de tu casa dispuesto a comprar un jersey azul que no cueste más de 50 euros.
Llegas a la primera tienda, revuelves un par de mostradores, y… vaya! Ahí está! Un jersey azul más o menos como el que te habías imaginado. Por 47 euros. Te lo pruebas y… bueno... no es la prenda que más te favorece del mundo, pero no está nada nada mal. Es lo que andabas buscando, y en sólo 5 minutos. ¿Qué haces? ¿te lo compras?

O por el contrario piensas: “Que me lo guarden un par de horas. Ojearé más tiendas a ver si encuentro otro con un azul más bonito, o un poco más barato, o que me siente mejor… y si no lo encuentro, volveré a por este.”
Si te lo quedas, tu personalidad encaja en la categoría de “satisfiers”; personas que cuando encuentran algo que ya cumple sus expectativas, dejan de contemplar otras opciones. En cambio, si tu talante es más inconformista y necesitas conocer el máximo de alternativas para conseguir siempre “la mejor” posible, entonces quizás eres un “maximizer”.
Evidentemente esta clasificación es difusa, y decenas de otros factores influirán ese sábado en tu decisión de zanjar rápido el asunto del jersey o no. Pero en general…
Cuando escucháis la radio en el coche ¿cambiáis frecuentemente de emisora aunque lo que suene no os desagrade? A pesar de estar satisfechos en vuestro trabajo ¿estáis pendientes de que aparezca una oportunidad mejor? ¿os cuesta elegir regalos para un amigo? ¿inviertes mucho tiempo en el súper comparando etiquetas y precios? ¿sois muy exigentes con vuestras parejas? ¿os gustan las listas de rankings estilo “los 10 mejores … del año”?
Estas son algunas preguntas del test que aparece en este viejo artículo del psicólogo Barry Schwartz (autor del libro “the paradox of choice ”). Con él puedes averiguar tu grado de satisfier, o si para tu desgracia formas parte del 10% de maximizadores extremos que él ha encontrado en US.
Barry Schwartz ha estado investigando cómo influye la cantidad de opciones disponibles frente a una elección, y ha concluido que: 1-pasarse de exigente genera infelicidad, y 2- tener muchas opciones puede ser peor que disponer de pocas.

Los maximizers son menos felices
La gallega Amalia fue la única persona que me confesó abiertamente ser una satisfier. En general solemos definirnos como maximizers, y no lo consideramos algo negativo en absoluto. No lo es. Si sabemos controlarlo…
Efectivamente el maximizador acabará encontrando un jersey más bonito, un trabajo mejor valorado, o escogerá el restaurante más bueno de la ciudad turística que visita. ¿Le hace esto más feliz? No siempre. Barry Schwartz ha comprobado que cuando más esfuerzos (tiempo, coste económico, sacrificios personales) inviertas en una decisión, más exigente te volverás con ella. Y lo peor de todo, más arrepentimiento sentirás en caso de que no cumpla tus expectativas.
¿Qué pasa cuando le salen bolitas al jersey? Si has dedicado 5 minutos a comprarlo no será ningún trauma desterrarlo al fondo de un cajón. Pero si eres un maximizer e invertiste toda una tarde, la decepción por “haberte equivocado” te corroerá por dentro.
La insatisfacción permanente es otra trampa. Puede ser disfrazada de “estímulo para mejorar”, pero en el caso del maximizador extremo llega a ser traumática. Nunca se siente satisfecho. Terminará siendo la líder de la empresa, o el mejor vestido de la fiesta… pero le costará disfrutar de sus logros, y en seguida empezará a pensar patológicamente en los siguientes retos. En llegar más lejos todavía. El grupo de Schwartz ha encontrado una correlación directa entre el grado de maximizador y la propensión a la depresión.
En los maximizadores, la sensación de decepción tras una pérdida es mucho más intensa que el bienestar generado por las ganancias.

Menos es más
Si, es la frase de Mies Van der Rohe, pero en el contexto del artículo se refiere a que tener muchas opciones para elegir no siempre es positivo. La clave está en la sensación de pérdida sobre lo que has rechazado. Imagínate que en un concurso ganas un viaje a Mallorca. Perfecto, no? Pues te vas a Mallorca. Y si llueve, mala suerte.
Imagina ahora que te dan a escoger entre un viaje a Mallorca, un fin de semana en Praga, una visita a Londres, y tres o cuatro opciones más. Si en seguida lo ves claro no hay problema. Pero si empiezas a dudar y a analizar minuciosamente todos los factores, por insignificantes que sean… puedes terminar en Mallorca pensando en lo que te estás perdiendo al rechazar Praga. Si encima eres un poco mazimizer y llueve en tu viaje, te echarás las culpas por no haber contemplado los pronósticos para esa época del año.
Si después de una elección aparece el indeseable arrepentimiento, olvídate de disfrutar enteramente de la opción que hayas elegido.
Otra consecuencia negativa del incremento de opciones es el efecto bloqueo que producen. En un estudio (ya citado en un post anterior, perdón) encuestaban a personas por la calle y como compensación les daban a escoger entre 1.5 dólares o un bolígrafo valorado en 2 dólares. El 75% escogía el boli. Luego, a otro grupo de transeúntes les ofrecían 1.5$, el bolígrafo de 2 dólares, o dos bolígrafos de un dólar cada uno. La mitad se quedaba con el dinero. Tener dos opciones parecidas compitiendo entre sí creaba un cierto efecto bloqueo que inducía a preferir la otra alternativa, aunque quizás era peor.

Consejos
Soy de los que piensa que todos sabemos equivocarnos solos, y eso de las “consejos para una vida mejor" me da un poco de grima, pero aquí os dejo las lecciones que sugieren los autores del artículo:
Escoger cuando escoger: cuando una decisión no es crucial, deberíamos esforzarnos en limitar nuestras opciones. No visitar más de 4 tiendas, por ejemplo, si no tienes que lucir el jersey en ningún evento superespecial.
Aprender a aceptar el “ya va bien”: fijarnos un objetivo y cuando lo consigamos, dejar de pensar en “algo todavía mejor”
Despreocuparse por lo que te estás perdiendo: Todo tiene partes buenas y malas. Cuando eliges, a veces continúas pensando sólo en las buenas de lo rechazado, y en las malas de lo que te has quedado. Evita esta tortura.
Controla tus expectativas: Si empiezas un trabajo o una relación convencido de que todo va a ser perfecto y nunca habrá ningún tipo de problema, la llevas clara. Tienes todos los números de padecer desengaño.

Apunte personal
Cuando empecé mi Fellowship de periodismo científico en el MIT me dijeron: “tienes acceso a todo el MIT y Harvard. Puedes asistir como oyente a todas las clases que quieras”. La selección fue un estrés. No había manera de reducir el listado a 4 o 5 asignaturas. Al final la incompatibilidad de horarios eligió, pero durante mis dos primeros meses de estancia en Cambridge no me sentía relajado. Era un lujo, pero me notaba extremadamente celoso de mi tiempos y exigente con las clases, seminarios, entrevistas… constantemente tenía en mente todo lo que me perdía mientras asistía a una charla menos buena de lo que me había imaginado. Un día recordé este artículo leído tiempo atrás. Lo volví a ojear, y consciente de mi ligera tendencia maximizadora, modifiqué mi actitud. Igualmente cambié algunas asignaturas que no me convencían, y autoengañado o no, disfruté las nuevas mucho más.

Pere Estupinya

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Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.
Ahora continúa desde Washington DC buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.
Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.

Pere Estupinya

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